MADRE TIERRA y JUNG
Mi biografía está rodeada de biografías Madre, padre, familia, sociedad, época,
cultura.
Mi
itinerario es único. Pero hay algo que
debemos corregir inmediatamente si queremos comprenderlo: MI
ITINERARIO NUNCA EMPEZÓ SOLO.
Cuando mi
vida comienza, ya hay otras vidas en marcha. Mi madre no comienza a existir conmigo. Mi padre tampoco. Mis abuelos ya recorrieron sus caminos. Mi familia tiene una historia.
La sociedad
en la que nazco lleva siglos construyéndose.
Mi cultura dispone de palabras, símbolos, prohibiciones, conocimientos,
prejuicios, costumbres y relatos anteriores a mí. Y mi época me recibe con un mundo que ya
considera normales determinadas cosas y extrañas otras. Por tanto: MI BIOGRAFÍA ESTÁ
RODEADA DE BIOGRAFÍAS.
Ésta puede
ser una de las claves más importantes para comprender aquello que después
llamaremos inconsciente
personal. Porque
lo personal no significa: FABRICADO POR MÍ EN SOLITARIO. Significa que todo eso
terminó formando parte de mi
itinerario particular.
MI MADRE YA
VENÍA CAMINANDO
Antes de que
yo pudiera conocerla, mi madre tenía una biografía. Había sido niña. Había tenido padres. Había aprendido una lengua. Había recibido afectos, normas, miedos,
maneras de entender el mundo. Había
vivido dentro de una sociedad y una época.
Había tenido experiencias. Había
construido expectativas. Y cuando mi
vida comienza, no me recibe una abstracción llamada MADRE.
Me recibe esta mujer concreta. Con su cuerpo. Su momento vital. Su historia. Sus circunstancias. Sus conocimientos. Sus posibilidades. Sus limitaciones.
Esto será
muy importante cuando lleguemos a los arquetipos. Porque antes de convertir «la madre» en una
gran figura universal tendremos que conservar una pregunta elemental: ¿QUIÉN
FUE MI MADRE? No
«la Madre». LA MÍA.
Y MI PADRE
TAMPOCO LLEGA VACÍO
Exactamente
igual. No aparece una función
psicológica denominada PADRE. Aparece un hombre concreto. Con un itinerario anterior. Quizá con maneras de amar aprendidas. Con temores. Con silencios. Con expectativas. Con una idea de lo que significa educar. Con una idea de lo que debe ser un hijo. Con una determinada relación con su propia
historia.
Y esa
biografía entra en contacto con la mía.
Por tanto, cuando muchos años después investigue una parte de mí mismo,
quizá descubra algo fascinante: ESTOY INVESTIGANDO MI BIOGRAFÍA Y APARECE LA BIOGRAFÍA DE OTRO. No porque yo sea mi
padre. Ni porque yo sea mi madre. Sino porque ellos estuvieron en mi camino.
UNA
BIOGRAFÍA TOCA OTRA BIOGRAFÍA
Aquí podemos
abandonar una imagen demasiado simple de causa y efecto. No somos bolas de billar psicológicas. Mi padre hizo A y por eso yo soy B. Mi madre dijo C y por eso apareció D. No.
Una vida
humana es mucho más compleja. Podemos
decir algo más prudente y mucho más útil:
SU ITINERARIO SE
ENCONTRÓ CON EL MÍO. Y
ocurrió en determinado momento de mi desarrollo.
Eso nos
obliga a preguntar:
¿Quién era él entonces? ¿Quién era ella? ¿Qué les estaba ocurriendo?
¿Qué podían comprender? ¿Qué mundo habían recibido ellos?
¿Dónde estaba yo? ¿Qué edad tenía? ¿Qué podía comprender?
¿Qué interpretación pude hacer? ¿Qué ocurrió después?
Esto no
disuelve la responsabilidad. Pero
sustituye la caricatura por contexto.
¿DÓNDE
ESTABAS TÚ? Aquí aparece la segunda gran pregunta que habíamos
encontrado.
Primero: ¿DÓNDE
ESTABA YO CUANDO ESTO OCURRIÓ? Después: ¿DÓNDE ESTABAS TÚ?
Y de pronto
una escena que durante décadas parecía tener un solo protagonista adquiere
profundidad. Quizá mi padre estaba
atravesando algo que yo desconocía.
Quizá mi madre vivía circunstancias que nunca pude imaginar. Quizá un profesor reproducía exactamente
el modelo educativo con el que había sido formado. Quizá una determinada prohibición
familiar venía de los abuelos. Quizá
una manera de entender el éxito pertenecía a toda una época. Quizá una vergüenza que yo creía
exclusivamente mía llevaba circulando varias generaciones como aprendizaje familiar o cultural,
sin necesidad de suponer que heredé psíquicamente su contenido.
Esto último
será decisivo cuando lleguemos al inconsciente colectivo. Porque una cosa puede ser anterior a mí
sin ser necesariamente innata. PUEDO RECIBIR ALGO MUY ANTIGUO DURANTE
MI PROPIA VIDA.
NO NECESITO
HABER CONOCIDO A QUIEN INICIÓ LA CADENA
Éste es un
punto extraordinario. Supongamos
que una manera de educar lleva cuatro generaciones en una familia. Yo no conocí a mi bisabuelo. Pero mi abuelo fue educado de determinada
manera. Mi abuelo participó en la
educación de mi padre. Mi padre llegó
hasta mí con parte de aquello incorporado.
Y yo lo recibí.
No
necesitamos afirmar que existe una memoria psíquica misteriosa viajando intacta
a través de generaciones para empezar la investigación. Tenemos un mecanismo muchísimo más
próximo:
SERES HUMANOS CON BIOGRAFÍA RELACIONÁNDOSE
CON OTROS SERES HUMANOS EN DESARROLLO.
Eso no
resuelve por sí solo todas las preguntas sobre herencia biológica o
predisposiciones. Las dejaremos abiertas donde corresponda. Pero nos proporciona un lugar firme
desde el que comenzar.
LA FAMILIA
TAMBIÉN TIENE BIOGRAFÍA
Y todavía
podemos ampliar la imagen. Una
familia no es únicamente un conjunto de individuos. Tiene acontecimientos compartidos. Relatos.
Silencios. Costumbres. Papeles asignados. Formas de expresar afecto. Maneras de discutir. Cosas de las que se habla. Cosas de las que nunca se habla. Ideas sobre dinero. Trabajo.
Sexo. Enfermedad. Muerte.
Religión. Prestigio. Fracaso.
Autoridad. Educación. Todo ello puede formar parte del mundo que
encuentra un niño.
Y durante
mucho tiempo puede no saber que existen
otras maneras de organizar esas mismas cosas. Para
él: EL MUNDO ES ÉSTE.
Mucho después descubrirá: NO.
ÉSTA ERA UNA MANERA DE CONSTRUIR EL MUNDO.
Menudo descubrimiento. Ahí puede empezar una auténtica
liberación del constructo.
PERO LA
FAMILIA TAMPOCO ESTÁ SOLA
La familia
está dentro de una sociedad. Y la
sociedad también estaba caminando antes de que yo llegara. Tiene leyes. Instituciones. Religiones.
Modelos educativos. Formas de
producción. Jerarquías. Profesiones. Medios de comunicación. Ideas sobre normalidad. Criterios de éxito. Modas.
Tecnologías. Guerras. Crisis.
Descubrimientos.
Y todo eso
llega hasta el individuo de múltiples maneras.
Por eso cuando una persona dice:
«YO SOY ASÍ» nuestra linterna puede
preguntar: ¿CUÁNTO
DE ESTE “ASÍ” ES TUYO? No
para arrancárselo. Para conocerlo.
LA ÉPOCA
ENTRA EN LA HABITACIÓN
Esto puede
ser importantísimo para releer al propio Jung. Jung también tuvo biografía. También tuvo familia. También tuvo cultura. También tuvo una época. También recibió una determinada ciencia,
religión, filosofía, medicina, antropología y concepción del ser humano. Por tanto, cuando lo estudiemos, no
preguntaremos solamente: ¿QUÉ DIJO JUNG? También: ¿DÓNDE
ESTABA JUNG CUANDO LO DIJO?
Eso no
disminuye su obra. La hace más
comprensible. Y evita cometer una
injusticia enorme: exigirle que dispusiera de herramientas, conocimientos y
perspectivas que pertenecen a generaciones posteriores. JUNG
TAMBIÉN FUE UN CAMINANTE. Precisamente
por eso podemos continuar su camino.
LA CULTURA
PUEDE PARECER NATURALEZA
Aquí aparece
una de las confusiones más profundas del constructo. Cuando algo lleva siglos haciéndose de
determinada manera puede llegar a parecernos: NATURAL.
Pero
antigüedad no significa naturaleza.
Repetición no significa inevitabilidad. Aceptación colectiva no significa ley de la
vida. Y cuando lleguemos a Jung habrá
que mirar esto con enorme cuidado.
Una imagen
aparece repetidamente en una cultura.
¿Eso demuestra que es innata?
No necesariamente.
Una
determinada división de papeles aparece durante siglos. ¿Pertenece a la arquitectura humana o al
mobiliario histórico? Habrá que
investigarlo.
Una figura simbólica
aparece en diferentes lugares. ¿Tiene
un origen biológico compartido?
¿Responde a experiencias humanas similares? ¿Hubo transmisión cultural? ¿Hay varias cosas actuando
simultáneamente? NO LO DECIDIREMOS ANTES DE MIRAR. Ésta
será nuestra disciplina.
MI
BIOGRAFÍA CONTIENE MUNDO
Y llegamos a
algo formidable. Cuando investigo mi
interior no encuentro solamente «cosas mías».
Encuentro rastros de mundo. Palabras
que alguien me enseñó. Historias que
escuché. Formas de comportamiento que observé. Miedos que aprendí. Símbolos que recibí. Normas que interioricé. Experiencias que interpreté con las
herramientas disponibles entonces.
Y también mi
manera particular de responder a todo ello.
Por eso: MI
INTERIOR NO ESTÁ AISLADO DEL EXTERIOR.
El exterior fue entrando. Y yo fui transformándolo al incorporarlo. Esto complica muchísimo la vieja separación
entre «dentro» y «fuera». Y al mismo
tiempo la vuelve más comprensible.
AQUÍ
EMPIEZA A ACLARARSE LO COLECTIVO
Todavía no
estamos estudiando el inconsciente colectivo de Jung. Pero ya hemos encontrado algo colectivo
indiscutiblemente presente en una biografía:
EL
MUNDO COMPARTIDO QUE EL INDIVIDUO RECIBE.
Lengua. Cultura.
Historia. Familia. Instituciones. Símbolos.
Relatos. Costumbres. No necesitamos decidir todavía cuánto más
existe. Jung llegará y nos propondrá
mucho más. Lo escucharemos. Pero ahora ya tenemos una pregunta poderosa:
¿CUÁNTO DE LO QUE LLAMAMOS COLECTIVO PUDO
ENTRAR EN MÍ DURANTE MI PROPIO ITINERARIO?
Eso merece
ser investigado antes de viajar más lejos.
NO
BUSCAMOS CULPABLES. BUSCAMOS ITINERARIOS.
Esta frase
necesita una precisión. Comprender el
itinerario de alguien no
borra el daño que pudo causar. Comprender no significa absolver
automáticamente. Puede haber
responsabilidad. Puede ser necesaria
reparación. Puede haber decisiones
que hoy consideremos claramente dañinas.
Pero para comprender cómo se llegó hasta allí necesitamos algo más que
condenar. Necesitamos: LUZ.
¿Dónde estaba yo? ¿Dónde estabas tú? ¿Qué mundo había alrededor?
¿Qué sabíamos? ¿Qué no sabíamos? ¿Qué posibilidades teníamos?
¿Qué se esperaba de nosotros? ¿Qué hicimos? ¿Qué consecuencias tuvo?
¿Qué sigue actuando hoy?
Entonces
aparece una comprensión que no necesita fabricar santos ni monstruos. APARECEN
CAMINANTES.
MI
BIOGRAFÍA ESTÁ RODEADA DE BIOGRAFÍAS
Yo no empecé
solo. Llegué a brazos que ya tenían
historia. Escuché voces que ya tenían
historia. Aprendí palabras que
llevaban siglos circulando. Entré en
una familia que no empezó conmigo. Entré
en una sociedad que ya había construido su mundo. Entré en una cultura llena de símbolos. Entré en una época determinada. Y mientras todo aquello llegaba hasta mí, YO
TAMBIÉN ESTABA EMPEZANDO A CONSTRUIR MI PROPIA BIOGRAFÍA.
Por eso
cuando años después encienda la linterna y mire dentro quizá encuentre muchas
voces. No necesito convertirlas en
fantasmas. Puedo preguntar:
¿DE DÓNDE VIENE ESTO? ¿CUÁNDO ENTRÓ?
¿QUIÉN ESTABA ALLÍ? ¿QUÉ PODÍA COMPRENDER YO?
¿QUÉ PODÍA COMPRENDER EL OTRO? ¿QUÉ PERTENECÍA A NUESTRA FAMILIA?
¿QUÉ PERTENECÍA A NUESTRA ÉPOCA? ¿QUÉ PERTENECÍA AL CONSTRUCTO?
¿QUÉ HICE YO CON TODO ELLO?
Y después
aparece la pregunta que devuelve el presente: ¿QUÉ QUIERO HACER AHORA CON LO QUE HE RECIBIDO?
Ahí mi
biografía deja de ser solamente aquello que me ocurrió. Empieza a convertirse también en material disponible para continuar. Y cuanto más avanzamos, más cerca estamos
de Jung. Porque pronto tendremos que
enfrentarnos a una situación extraordinaria:
MUCHO ANTES DE QUE YO SUPIERA QUE EXISTÍA UN
“INCONSCIENTE”, YA HABÍA UN MUNDO ENTERO ENTRANDO EN MÍ.
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