LIBROS de BARBARIN I II III

lunes, 12 de octubre de 2026

MADRE TIERRA y JUNG JUNG ENTRA EN LA CASA ¿Qué encontró Jung?

 MADRE TIERRA y JUNG

JUNG ENTRA EN LA CASA

 ¿Qué encontró Jung?       Su enorme ampliación del territorio psicológico

Ahora sí.    Tenemos la casa preparada.     Antes de dejar entrar a Jung hemos colocado el suelo.    Hay VIDA.     Hay un organismo dependiente de Madre Tierra.     Hay una arquitectura humana de capacidades y posibilidades.    Hay habitaciones que van adquiriendo contenido.    Hay un itinerario.    Hay biografías alrededor de nuestra biografía.    Hay un mundo construido que entra en nosotros.     Hay conciencia capaz de encender la luz.     Y hay un margen de libertad que permite reconsiderar lo encontrado.     Ahora podemos abrir la puerta:

JUNG, ENTRA.       Y lo primero que corresponde hacer no es preguntarle qué vamos a corregirle.    Es preguntarle:     ¿QUÉ VISTE?       Porque vio muchísimo.


JUNG ENCUENTRA UNA CASA MUCHO MAYOR

Una de las grandes aportaciones de Jung fue negarse a reducir la vida psíquica a aquello que el Yo consciente sabe de sí mismo.        El ser humano decía:     «YO.»      Y Jung preguntaba, en el fondo:         ¿ESTÁS SEGURO DE QUE ESO ES TODO?

Observó sueños.     Fantasías.    Símbolos.    Religiones.    Mitos.    Imágenes espontáneas.   Conflictos.    Complejos.    Conductas que parecían contradecir las intenciones conscientes.    Creaciones artísticas.   Experiencias interiores.    Repeticiones.   Transformaciones personales.

Y empezó a aparecer una evidencia psicológica decisiva:     EL YO CONSCIENTE NO AGOTA TODO LO QUE OCURRE EN LA VIDA PSÍQUICA.     La casa tenía más habitaciones.


EL YO NO ERA EL PROPIETARIO ABSOLUTO

Esto debió de ser una enorme apertura.      El Yo puede creer:     «Yo decido.»     «Yo sé quién soy.»      «Yo sé por qué hago lo que hago.»      «Yo conozco mis motivos.»

Y Jung encuentra fenómenos que obligan a ser mucho más prudentes.     Hay emociones que irrumpen.    Asociaciones inesperadas.    Sueños que desconciertan.    Reacciones desproporcionadas.     Partes de nosotros que no encajan con la imagen que tenemos de nosotros mismos.    Complejos que parecen adquirir una relativa autonomía.

El Yo descubre que no administra conscientemente toda la casa.    Eso no significa que exista necesariamente otro pequeño individuo escondido dentro.    Significa que:

HAY MÁS ACTIVIDAD PSÍQUICA QUE LA QUE EL YO TIENE PRESENTE EN CADA MOMENTO.       Y ahí Jung ensancha el mapa.


ENCUENTRA EL INCONSCIENTE PERSONAL

Jung conserva y desarrolla el gran descubrimiento del inconsciente.      Pero no lo limita a una especie de depósito de material problemático.    Encuentra recuerdos olvidados.    Experiencias.   Asociaciones.    Contenidos rechazados.    Complejos.    Pero también posibilidades creativas y materiales que pueden participar en el desarrollo de la persona.

Aquí Madre Tierra todavía no pregunta nada.    ESCUCHA.     Porque primero queremos permitir que Jung termine de enseñarnos la casa.     Después volveremos con nuestra linterna y preguntaremos:      ¿CÓMO LLEGÓ CADA COSA HASTA AQUÍ?

En nuestros apuntes ya habíamos llegado precisamente a esta posición: no negar el inconsciente, sino negarnos a utilizar la palabra «inconsciente» como explicación final; después de nombrarlo comienza la investigación de qué está ocurriendo en este ser humano concreto y en este momento de su itinerario.


ENCUENTRA LOS COMPLEJOS

Jung observa que determinados conjuntos de recuerdos, emociones, asociaciones e imágenes pueden organizarse alrededor de temas especialmente cargados.     Y eso explica algo que todos podemos reconocer en distintos grados:       NO SIEMPRE RESPONDEMOS A LO QUE ESTÁ OCURRIENDO AHORA.

A veces responde también nuestra historia.    Una palabra pequeña puede producir una reacción enorme.     Una situación actual puede tocar una acumulación anterior.    Alguien pulsa un botón que aparentemente tenía dos centímetros...   y se mueve media casa.

Jung dice:    AQUÍ HAY ALGO ORGANIZADO.     Complejo.    Madre Tierra, después, preguntará:   PERFECTO. ¿CON QUÉ SE ORGANIZÓ?      Y ahí volveremos al itinerario.


ENCUENTRA LA PERSONA

Jung observa también que necesitamos desenvolvernos en el mundo social.     Nos presentamos.    Adoptamos funciones.    Papeles.    Maneras de comportarnos.    Construimos una determinada cara social.     Y aparece la PERSONA.

Otra habitación extraordinariamente útil.     Porque permite comprender que:     LA MANERA COMO ME PRESENTO AL MUNDO NO TIENE POR QUÉ SER LA TOTALIDAD DE LO QUE SOY.

Esto por sí solo puede liberar muchísimo.   Soy médico.   Pero no soy únicamente médico.    Soy padre.    Pero no soy únicamente padre.    Soy profesor.   Soy empresario.   Soy obediente.  Soy fuerte.   Soy el gracioso.    Soy quien nunca tiene problemas.    Soy quien siempre ayuda.

Cuidado.     Quizá estamos nombrando una forma de presentarnos y funcionar.    NO LA CASA ENTERA.      Jung acaba de abrir otra puerta.


ENCUENTRA LA SOMBRA

Y si construimos una imagen de nosotros mismos, inevitablemente habrá aspectos que no encajen cómodamente en ella.      Aparece la SOMBRA.     Aquello que no reconocemos suficientemente.    Aquello que rechazamos.     Aquello que resulta incompatible con la imagen que queremos conservar de nosotros mismos.

Y Jung hace algo extraordinariamente valiente:    NO DICE SIMPLEMENTE QUE HAY QUE TIRARLO.     Dice:     MÍRALO.     Conócelo.    Reconoce que también pertenece a la realidad psíquica de la persona.

Aquí Jung ya está llevando una linterna.   Todavía discutiremos muchísimo sobre qué contiene esa habitación, cómo llegó allí y desde qué criterios fue convertido en «sombra».    Pero el movimiento inicial es formidable:     NO AMPUTES LO QUE NO TE GUSTA ANTES DE CONOCERLO.         Ahí Madre Tierra y Jung empiezan a caminar muy cerca.


Y JUNG SIGUE BAJANDO

Pero no se detiene en el inconsciente personal.       Encuentra semejanzas entre imágenes, mitos, sueños, relatos religiosos y producciones simbólicas de personas y culturas diferentes.    Y se atreve a formular una hipótesis muchísimo mayor:       INCONSCIENTE COLECTIVO.

Ahí aparecerán los ARQUETIPOS.     Y aquí tendremos muchísimo trabajo.    Porque tendremos que distinguir cuidadosamente:    estructura,   predisposición,   biología,   experiencias humanas compartidas,   transmisión cultural,   historia,   símbolos aprendidos,   contenidos concretos.

No necesitamos resolverlo hoy.    Lo importante es reconocer el tamaño del salto de Jung.  No se conformó con:      «¿Qué te ocurrió personalmente?»     Preguntó también:     «¿Existe una arquitectura psíquica humana más profunda y compartida?»     Eso abre un territorio inmenso.


ENCUENTRA QUE LA PSIQUE HABLA EN IMÁGENES

Jung presta una atención enorme a los sueños y a los símbolos.      No considera que toda imagen pueda reducirse automáticamente a una explicación única.     La imagen merece ser observada.    Relacionada.    Amplificada.     Comprendida dentro de la vida psíquica de quien la produce.

Y esto vuelve a ensanchar la casa.    Porque la persona descubre que no sólo «piensa» mediante razonamientos conscientes.    Aparecen imágenes.   Metáforas.   Sueños.   Fantasías.   Asociaciones.   Creación.    Intuición.    El territorio psicológico se vuelve muchísimo más amplio.

Y en tus notas ya habías empezado a llevar esas imágenes de nuevo hacia la biografía: antes de convertirlas en habitantes misteriosos, preguntabas por lo visto, imaginado, recibido, asociado y vivido durante el propio itinerario.

Ésa será nuestra ampliación posterior.      Pero primero:     GRACIAS, JUNG, POR HABER ABIERTO LA HABITACIÓN.


ENCUENTRA DIFERENTES MANERAS DE ORIENTARNOS

Jung observa además que no todos nos relacionamos de la misma manera con el mundo.   Introversión.    Extraversión.   Pensamiento.    Sentimiento.   Sensación.   Intuición. 

Y construye una tipología.   Otra herramienta.   Otra manera de decir:   NO TODOS LOS CAMINANTES UTILIZAN LAS HABITACIONES DE LA MISMA MANERA.     Después tendremos que impedir que la herramienta se convierta en cárcel.

«Soy introvertido.»    Cuidado.   Quizá sea una descripción útil.   Pero no necesariamente una sentencia.    Madre Tierra preguntará:     ¿QUÉ POSIBILIDADES SIGUEN DISPONIBLES?


ENCUENTRA ALGO TODAVÍA MAYOR: EL SELF

Y Jung realiza otro movimiento extraordinario.   El Yo consciente no es la totalidad.    Por tanto, el centro de la experiencia consciente no puede confundirse automáticamente con todo el ser psíquico.        Aparece el Self, el Sí-Mismo.    Una referencia a una totalidad mayor.

Ahora la casa tiene una organización mucho más amplia que la habitación desde la que el Yo estaba mirando.    Esto será importantísimo para nosotros.   Porque Madre Tierra podrá formular una pregunta que no destruye el Self.          Lo expande:    ¿TOTALIDAD DE QUÉ?

¿Puede hablarse de totalidad humana olvidando el cuerpo?    ¿La dependencia?    ¿El entorno?   ¿La historia?   ¿El desarrollo?   ¿La relación con otros?    ¿La Tierra que hace posible al propio organismo?     Ahí quizá el Self de Jung pueda salir a pasear.


Y ENCUENTRA UN CAMINO: INDIVIDUACIÓN

Quizá éste sea uno de los grandes regalos de Jung.     No presenta al ser humano únicamente como alguien que debe eliminar síntomas para regresar a una normalidad establecida.

Hay un proceso.    Un camino hacia mayor integración.   Hacia reconocimiento de partes no asumidas.   Hacia una relación más amplia entre consciente y no consciente.   Hacia una personalidad menos reducida a la máscara social.   Hacia una totalidad mayor.  INDIVIDUACIÓN.

Jung convierte la psicología también en camino.    Y aquí nuestra conversación con él puede llegar a ser extraordinaria.    Porque Madre Tierra no tiene que eliminar la individuación.   Puede ponerle zapatos.   Abrir la puerta.    Y decir:    CAMINEMOS.

En tus apuntes ya habías llevado esta idea hasta una formulación muy nuestra: no una autorrealización única y final, sino autorrealización continua; «solo existen caminantes, nunca metas».      Eso no destruye la individuación.     LA PONE EN MOVIMIENTO OTRA VEZ.


JUNG AMPLIÓ LA CASA

Ahora podemos contemplar lo que hizo en conjunto.     El Yo creía conocer la casa.    Jung encontró más habitaciones.    Encontró material personal no consciente.     Complejos.    Persona.   Sombra.    Funciones psicológicas.    Orientaciones.   Sueños.   Símbolos.   Arquetipos.   Una posible dimensión colectiva.     Un Self que desborda al Yo.

Y un proceso de individuación que invita al habitante a relacionarse con una totalidad mayor de sí mismo.     No necesitamos estar de acuerdo desde el principio con cada interpretación para reconocer el tamaño de la obra.

JUNG AMPLIÓ EL TERRITORIO DE LO QUE PODÍAMOS PREGUNTARNOS SOBRE NOSOTROS MISMOS.     Y quizá ahí está una de las razones por las que continúa siendo fértil.    No cerró todas las habitaciones.      ABRIÓ MUCHAS.


Y AHORA ENTRA MADRE TIERRA         Pero no entra con una piqueta.    Entra con nuestra linterna.     Mira toda aquella enorme casa y dice:      MUY BIEN.     Ahora veamos.

¿Qué pertenece al modelo?    ¿Qué pertenece al contenido?    ¿Qué pertenece al itinerario?   ¿Qué entró mediante otras biografías?    ¿Qué pertenece al constructo?    ¿Qué pudo ser aprendido?   ¿Qué puede tener bases biológicas?    ¿Qué sabemos?   ¿Qué estamos interpretando?   ¿Qué sigue sin saberse?   ¿Qué función cumple?   ¿Qué continúa siendo útil?   ¿Qué puede reubicarse?     ¿Qué posibilidades abre?

Y, sobre todo:    ¿DÓNDE ESTÁ EL SER HUMANO VIVO EN TODO ESTO?     Porque quizá ésta sea la gran oportunidad.     No sacar a Jung de la casa que descubrió.

ABRIR LA PUERTA DE ESA CASA.       Que entre aire.   Que entre Sol.   Que podamos entrar y salir.   Que la Sombra pueda mirarse a plena luz.   Que el inconsciente recupere itinerario.  Que la Persona recuerde a qué mundo se estaba adaptando.  Que el arquetipo pueda preguntarse qué es estructura y qué es contenido.   Que el Self recuerde que tiene cuerpo y suelo.

Y que la individuación deje de tener aspecto de llegada definitiva para convertirse otra vez en lo que quizá siempre fue:      CAMINO.

Jung hizo muchísimo.     Por eso precisamente podemos continuar.    No tenemos que rescatarlo.      JUNG YA ESTABA CAMINANDO.     Nos toca recorrer el tramo que podemos ver desde aquí.

Y nuestra primera pregunta, en el próximo capítulo, irá directamente al habitante que creía gobernar la casa:       EL YO.

 

MADRE TIERRA y JUNG LIBERTAD Posibilidad de reconsiderar, reubicar y volver a elegir dentro de nuestras posibilidades.

 MADRE TIERRA y JUNG

LIBERTAD     Posibilidad de reconsiderar, reubicar y volver a elegir dentro de nuestras posibilidades.

Hemos encendido la luz.      Ahora puedo ver algo que antes no veía.     Puedo reconocer que determinada reacción tiene historia.    Que una prohibición entró en determinado momento.    Que una forma de comportarme me ayudó a adaptarme.     Que una idea que consideraba absolutamente mía llegó desde mi familia, mi cultura o mi época.    Que aquello que llamaba:     «YO SOY ASÍ»              quizá pueda decirse ahora de otra manera:      «YO HE LLEGADO HASTA AQUÍ SIENDO ASÍ.»

Y entonces aparece una pregunta enorme:    ¿TENGO QUE CONTINUAR EXACTAMENTE IGUAL?        Aquí entra la LIBERTAD.


LIBERTAD NO ES PODER HACER CUALQUIER COSA

Ésta es nuestra primera toma de tierra.    La libertad humana no necesita convertirse en omnipotencia para ser extraordinaria.    No puedo volver a tener cinco años.      No puedo deshacer un acontecimiento.      No puedo elegir otro cuerpo como si cambiara de traje.     No puedo prescindir de las condiciones que hacen posible mi existencia.     No puedo conseguir que todo el mundo responda como deseo.     No puedo elegir entre posibilidades que realmente no existen.      Por eso:      LIBERTAD ≠ OMNIPOTENCIA.       Nuestra libertad ocurre dentro de una vida concreta y de unas posibilidades concretas.       Y precisamente cuando dejamos de exigirle que sea absoluta podemos empezar a reconocerla y utilizarla.


NO ELEGÍ EL PRINCIPIO DE MI ITINERARIO

Esto es fundamental.     No elegí a mis padres.    No elegí mi época.    No elegí mi lengua inicial.    No elegí las primeras interpretaciones que recibí.     No elegí muchas de las circunstancias en las que comenzó mi desarrollo.    Muchísimas cosas entraron en mis habitaciones antes de que pudiera someterlas a consideración.     Por tanto sería absurdo decir:       «Todo lo que eres lo elegiste tú.»      No.

Pero tampoco necesitamos saltar al extremo contrario:       «Como no elegí aquello, ya no puedo hacer nada.»         Entre ambas posiciones aparece el espacio que nos interesa:      AHORA QUE PUEDO VERLO,       ¿QUÉ MARGEN TENGO?       Ésta es nuestra libertad practicable.


LA CONCIENCIA ABRE LA POSIBILIDAD; LA LIBERTAD EMPIEZA A UTILIZARLA

Hasta hace un momento aquella habitación estaba oscura.      Ahora veo un mueble.      La conciencia dice:     «ESTÁ AHÍ.»     La libertad puede preguntar:    «¿TIENE QUE SEGUIR AHÍ?»

Quizá sí.   Quizá no.   Quizá no pueda moverlo todavía.   Quizá descubra que me resulta útil.   Quizá sólo necesite colocarlo de otra manera.   Quizá no sea mío y pueda devolverlo simbólicamente a la época de la que procede.     Quizá deba convivir con algo que no puedo cambiar, pero sí puedo modificar la relación que mantengo con ello.     Por eso la secuencia es preciosa:      VER → COMPRENDER → REUBICAR → ELEGIR HASTA DONDE PUEDA.


RECONSIDERAR

Ésta puede ser una de las expresiones más limpias de libertad.     VOLVER A CONSIDERAR.

Algo fue considerado cuando yo tenía siete años.     Perfecto.      Pero ahora tengo cincuenta.    ¿Por qué la consideración de aquel niño tendría que permanecer como sentencia definitiva?

Algo me enseñaron.    Quizá era correcto.    Lo conservo.    Quizá tenía sentido en aquellas circunstancias.    Lo comprendo.    Quizá era una construcción propia de aquella época.   La sitúo.    Quizá hoy ya no sirve.   

La reconsidero.   Esto no desprecia al caminante anterior.   Al contrario.LE PERMITE CONTINUAR.


REUBICAR

Y aquí recuperamos una palabra esencial de Madre Tierra.     No todo lo que descubrimos debe ser destruido.      A veces basta con devolverlo a su lugar.     Una experiencia dolorosa:     OCURRIÓ.      Pero no tiene por qué ocupar toda la casa.     Una antigua prohibición:      TUVO UNA HISTORIA.       Pero no tiene por qué seguir presentándose como ley universal.       Una Persona:      ME SIRVIÓ PARA ADAPTARME.        Pero quizá no necesito llevarla veinticuatro horas.        Una reacción defensiva:       ME PROTEGIÓ.            Pero quizá ahora existe otra respuesta.

Un símbolo:     SIGNIFICÓ ALGO PARA MÍ.     Pero no necesito convertirlo en una realidad exterior independiente.      Eso es reubicar.

NO BORRAR.      NO NEGAR.      NO AMPUTAR.      PONER EN SU SITIO.


VOLVER A ELEGIR

Aquí ocurre algo extraordinario.      Muchas cosas que hoy hago comenzaron antes de que pudiera elegirlas con la conciencia actual.      Pero si consigo verlas ahora, puedo someterlas por primera vez a una consideración diferente.        Entonces quizá diga:      

LO QUIERO.       Y algo que había recibido se convierte ahora también en algo conscientemente asumido.

O:        YA NO LO QUIERO.      Y comienzo a modificarlo.

O:       TODAVÍA NO SÉ.     Y sigo investigando.

Las tres respuestas son posibles.      Porque libertad tampoco significa obligación de cambiar.    SER LIBRE TAMBIÉN ES PODER CONSERVAR CONSCIENTEMENTE.      Esto es importante.    No hemos venido a desmontar una persona para fabricar otra.      Hemos venido a aumentar su participación en su propio camino.


AQUÍ LA SOMBRA EMPIEZA A PERDER PODER SIN SER DESTRUIDA

Imaginemos que encuentro una parte de mí rechazada durante años    .  Primero:      LA VEO.     Después:         ¿por qué fue rechazada?         ¿Quién la consideró inaceptable?        ¿Yo?     ¿Mi familia?      ¿Mi sociedad?        ¿Mi época?      ¿Para qué me sirvió mantenerla fuera?      ¿Continúa siendo necesario?      Y entonces aparece una pregunta que antes quizá ni siquiera podía formular:    ¿QUIERO SEGUIR RECHAZÁNDOLA?

Ésa es libertad.      No sabemos cuál será la respuesta.      Y eso es precisamente lo hermoso.      Madre Tierra no nos entrega la respuesta correcta.      NOS DEVUELVE LA PREGUNTA.


AQUÍ TAMBIÉN CAMBIA LA PERSONA

Jung nos mostrará la máscara social.       Pero Madre Tierra podrá decir:    NO LA ARRANQUES TODAVÍA.      Pregúntale primero:

¿Para qué apareciste?      ¿Dónde?         ¿Cuándo?

¿A qué mundo necesitaba adaptarme?     ¿Qué conseguiste?

¿Qué protegiste?      ¿Dónde sigues siendo útil?        ¿Dónde me estás limitando?

Entonces puedo utilizar una Persona sin confundirme completamente con ella.    PUEDO PONERME EL TRAJE SIN CREER QUE SOY EL TRAJE.      Eso ya es una enorme libertad.


LA LIBERTAD NO CONDENA EL PASADO

Ésta es quizá una de las consecuencias más humanas de nuestro método.      Cuando miro hacia atrás con mis capacidades actuales puedo caer fácilmente en:          «¡QUÉ TONTO FUI!»          Pero no.          Pregunta primero:         ¿DÓNDE ESTABA YO?

¿Qué edad tenía?        ¿Qué sabía?         ¿Qué podía comprender?

¿Qué alternativas veía?        ¿Qué dependencia tenía?       ¿Qué estaba ocurriendo alrededor?

Tal vez hice exactamente aquello que podía hacer entonces.       Tal vez me equivoqué.       Tal vez hice daño.        Tal vez alguien me hizo daño.

Comprender las circunstancias no elimina automáticamente responsabilidades.       Pero evita una crueldad absurda:    JUZGAR AL CAMINANTE DE AYER COMO SI HUBIERA DISPUESTO DE TODA LA LUZ DE HOY.             La libertad actual no sirve para condenar al anterior.       Sirve para continuarlo.


LA LIBERTAD TAMBIÉN NECESITA MADRE TIERRA

Y aquí aparece nuestra segunda coordenada.    Puedo reconsiderar mi itinerario.     Pero sigo siendo un ser vivo dependiente.     Eso no me quita libertad.     Le da dirección y suelo.    Podemos construir miles de mundos.     Miles de identidades.       Miles de tecnologías.    Miles de interpretaciones.

Pero ninguna libertad humana elimina la pregunta:    ¿ESTO ES COMPATIBLE CON LA VIDA QUE LO HACE POSIBLE?

Ahí Madre Tierra no se convierte en policía.    Se convierte en referencia.     LIBERTAD SIN VALLAS,        PERO CON TOMA DE TIERRA.


Y AHORA JUNG SE VUELVE TODAVÍA MÁS INTERESANTE

Porque podemos releer la individuación desde aquí.     Jung no quiere simplemente que una persona se adapte mejor.        Quiere que vaya reconociendo una totalidad mayor de sí misma.     Que encuentre aquello que había quedado fuera.      Que dialogue con aspectos no reconocidos.    Que deje de identificarse exclusivamente con su Yo consciente o con su Persona.

Ahí Jung ya estaba abriendo puertas.         Madre Tierra puede añadir:        Y CUANDO LO ENCUENTRES,        ¿QUÉ QUIERES HACER CON ELLO?      No basta integrar para quedar terminado.      Porque el caminante continúa.

Tus apuntes ya lo expresaban de manera radical: la autorrealización no tendría una única llegada; sería continua, porque «solo existen caminantes, nunca metas».

Entonces la individuación deja de parecer una cima donde por fin encontramos el Self definitivo.     Puede convertirse en algo vivo:       VERME → RECONOCERME → INTEGRARME → RECONSIDERARME → CONTINUAR.


ME TOMO LA LIBERTAD DE CONOCERME

Esta frase que apareció en nuestra conversación merece conservarse casi como declaración del libro:        ME TOMO LA LIBERTAD DE CONOCERME.

No para encontrar qué tengo mal.      No para descubrir un monstruo.      No para obedecer una teoría sobre quién debería ser.       Sino porque soy el único caminante que ha recorrido exactamente mi itinerario.

Tengo derecho a entrar en mis habitaciones.    A encender luces.    A preguntar.    A descubrir qué llegó hasta mí.    A comprender hasta donde pueda.    A reconocer qué hice con ello.      Y a decidir qué quiero seguir haciendo.      La investigación psicológica cambia entonces de tono.     Ya no:

«¿QUÉ HORROR HABRÁ ESCONDIDO DENTRO?»       Sino:       «¿QUÉ MÁS PUEDO DESCUBRIR DE MÍ?»        Eso es muchísimo más jungiano de lo que podría parecer.


LIBERTAD NO ES LLEGADA

Y éste puede ser nuestro último cuidado.       No llegaremos a un momento en que podamos decir:      «Ya soy completamente consciente y completamente libre.»

Sería otra fantasía.    Mañana ocurrirá algo nuevo.    Entrará información.    Cambiarán circunstancias.     Descubriremos otra habitación.    Aparecerá otra pregunta.     Tendremos otras posibilidades.      

Por eso la libertad también es itinerario.     No un título que se obtiene.    UNA CAPACIDAD QUE SE EJERCE.     Hoy puedo ver algo que ayer no veía.    Por tanto hoy tengo una posibilidad que ayer no tenía.    Mañana quizá aparezca otra.      Y sigo caminando.


CONCIENCIA + LIBERTAD

Ahora podemos unir los dos capítulos anteriores.    La CONCIENCIA dice:    AHORA LO VEO.

La LIBERTAD pregunta:    ¿QUÉ HAGO AHORA CON LO QUE VEO?

Y Madre Tierra recuerda:        SIGUES VIVO.      SIGUES DEPENDIENDO.     SIGUES TENIENDO POSIBILIDADES.         SIGUE EL CAMINO.

Entonces nuestra secuencia empieza a quedar completa:    VIDA.   ITINERARIO.    CONCIENCIA.   LUZ.    COMPRENSIÓN.    REUBICACIÓN.   LIBERTAD.   NUEVA POSIBILIDAD.   CONTINUACIÓN.

Y quizá aquí podamos formular una definición muy sencilla para todo el libro:      LIBERTAD ES PODER VOLVER A MIRAR       Y NO ESTAR OBLIGADO A REPETIR      ÚNICAMENTE PORQUE HASTA AHORA FUE ASÍ.

No significa que siempre pueda cambiarlo.     No significa que cambiarlo sea fácil.   No significa que todas las posibilidades estén disponibles.     Significa algo más terrestre y, quizá, más poderoso:      SI PUEDO VER UNA POSIBILIDAD REAL,        PUEDO EMPEZAR A RELACIONARME CON ELLA.

La conciencia enciende la luz.    La libertad no nos dice adónde ir.    NOS DEVUELVE EL CAMINO.    Y con esto termina nuestra primera preparación.

Ahora sí.    Estamos vivos.    Tenemos suelo.    Tenemos arquitectura.    Tenemos habitaciones.    Tenemos itinerario.    Tenemos mundo recibido.    Tenemos conciencia.    Tenemos libertad.

JUNG YA PUEDE ENTRAR EN LA CASA.

MADRE TIERRA y JUNG . CONCIENCIA Sin darse cuenta no puede comenzar la investigación consciente.

  MADRE TIERRA y JUNG

. CONCIENCIA      Sin darse cuenta no puede comenzar la investigación consciente.

Hasta ahora el itinerario ha estado ocurriendo.     La vida comenzó.     El organismo se desarrolló.    Las habitaciones fueron recibiendo contenido.    Entraron personas, palabras, afectos, prohibiciones, símbolos, relatos, expectativas.     El caminante respondió con las posibilidades que tenía en cada momento.      Muchísimo pudo ocurrir antes de que pudiera preguntarse qué estaba ocurriendo.     Y entonces aparece una posibilidad extraordinaria:    DARSE CUENTA.

No significa que antes no hubiera actividad psíquica.      No significa que el niño careciera de conciencia en cualquier sentido.      Significa algo mucho más concreto para nuestro trabajo:

APARECE LA POSIBILIDAD DE VOLVER LA MIRADA SOBRE LO QUE ESTOY VIVIENDO Y SOBRE MÍ MISMO.

Ya no sólo vivo.     Puedo empezar a observar que estoy viviendo.     Ya no sólo reacciono.    Puedo llegar a observar mi reacción.    Ya no sólo tengo una idea.       Puedo preguntarme:    ¿POR QUÉ PIENSO ESTO?        Aquí comienza nuestra investigación consciente.


LA CONCIENCIA NO INVENTA EL ITINERARIO

Cuando enciendo una luz en una habitación, los muebles no aparecen porque los haya creado la bombilla.        YA ESTABAN ALLÍ.

La luz cambia otra cosa:     AHORA PUEDO VERLOS.       Ésta es una imagen magnífica para lo que estamos construyendo.          La conciencia no necesita fabricar aquello que descubre.

Hace posible que determinados aspectos de mi experiencia entren en un campo donde puedo:    verlos,    distinguirlos,    nombrarlos,    relacionarlos,    preguntarme por ellos,    y quizá actuar de otra manera frente a ellos.            Por eso nuestra LUZ no es decoración poética.    Representa una operación fundamental:     HACER DISPONIBLE.


ANTES PODÍA ACTUAR SIN SABER POR QUÉ     Todos conocemos algo parecido.

«Siempre hago esto.»         «No sé por qué reacciono así.»

«Esa persona me pone nervioso.»          «Nunca he soportado aquello.»

«Yo soy así.»

Y quizá durante años no ocurre nada más.      Hasta que un día aparece una pregunta:              ¿POR QUÉ?      Parece poca cosa.      Pero en ese instante acaba de abrirse una puerta.

Lo que hasta entonces simplemente funcionaba puede convertirse ahora en objeto de investigación.       Ahí empieza nuestro detective.


SHERLOCK HOLMES ENTRA EN LA CASA

No entra armado con una conclusión.     Entra con curiosidad.      Encuentra algo.    Mira.   Pregunta.      Busca relaciones.

¿Desde cuándo ocurre?      ¿Dónde estaba yo?         ¿Qué edad tenía?

¿Con quién?      ¿En qué circunstancias?           ¿Recuerdo cuándo empezó?

¿Alguien puede aportar información?          ¿Se repite siempre?

¿En qué situaciones no ocurre?        ¿Qué función pudo tener?

¿Qué siento exactamente?           ¿Qué estoy interpretando?

¿Qué sé?       ¿Qué supongo?       ¿Qué no sé?

Eso es importantísimo:        LA CONCIENCIA NO SÓLO ILUMINA RESPUESTAS.

También ilumina la diferencia entre:    LO QUE SÉ     Y LO QUE CREO SABER.

Menuda linterna.


HÁGASE LA LUZ           Ahora nuestra frase empieza a adquirir toda su profundidad.

HÁGASE LA LUZ         no significa:    «ya tenemos la explicación.»      Significa:    QUE PUEDA VERSE.

Incluso puede ocurrir que al encender la luz descubramos que nuestra explicación anterior era equivocada.     Perfecto.     Eso también es luz.     O que descubramos algo desagradable.   También.     Porque:        LUZ NO SIGNIFICA QUE ME GUSTE LO QUE VEO.

Significa:     PUEDO VER MEJOR.      Ésta debería ser una regla fundamental de Madre Tierra.


LA LUZ TAMPOCO INVENTA RECUERDOS

Esto será especialmente importante cuando investiguemos la infancia.     Hay zonas del itinerario que no recordamos.     Hay testimonios incompletos.     Recuerdos reconstruidos.    Versiones familiares diferentes.    Asociaciones cuya procedencia ignoramos.    Nuestra investigación no debe rellenar los huecos para conseguir una historia bonita o coherente.

Si encontramos evidencia, la utilizamos.      Si encontramos una hipótesis, la llamamos hipótesis.     Si encontramos incertidumbre:      NO SÉ.        Y dejamos la habitación abierta.    Porque una luz que inventa lo que ilumina ya no es luz.     Por eso podríamos establecer una norma para todo el libro:       ILUMINA HASTA DONDE PUEDAS.           LO QUE NO PUEDAS ILUMINAR, NO LO INVENTES.


CONCIENCIA NO SIGNIFICA SABERLO TODO

Ésta es otra posible trampa.       Si convertimos la conciencia en una especie de omnisciencia interior, hemos creado otro constructo.        Nunca tendremos acceso completo y simultáneo a todo lo que ocurre en nuestro organismo y nuestra actividad mental.       Ni necesitamos tenerlo.

Nuestra conciencia es limitada.    Selectiva.   Cambiante.   Puede equivocarse.   Puede revisar.   Puede ampliar relaciones.    Por eso hacerse consciente no significa convertirse en dueño absoluto de uno mismo.    Significa aumentar aquello que puede ser observado y reconsiderado.     Y eso ya es muchísimo.


AQUÍ JUNG NOS ESTÁ ESPERANDO

Porque una parte fundamental de la psicología de Jung consiste precisamente en ampliar la relación entre consciente y no consciente.          La individuación requiere encontrarse con aspectos de uno mismo que el Yo no reconocía suficientemente.

La Sombra debe ser reconocida.     Los complejos pueden hacerse visibles.    Los sueños aportan material.      Los símbolos pueden relacionar aspectos que la conciencia ordinaria no había unido.

Jung quiere ampliar conciencia.     Ahí estamos extraordinariamente cerca de él.

Madre Tierra no necesita decir:     «Jung, deja el inconsciente.»

Puede decir:      «Jung, sigamos iluminando.»     Y añadir una pregunta:

¿PODEMOS DEVOLVER CADA VEZ MÁS DE ESE MATERIAL AL ITINERARIO CONCRETO DEL SER HUMANO QUE LO ESTÁ VIVIENDO?

En tus propias notas sobre Jung ya habías llegado a esa dirección: hacer consciente lo inconsciente siempre será parcial, y la pregunta no termina al nombrar «Sombra», sino que comienza al investigar desde qué base se construyó y cómo se llenó esa habitación.


EL INCONSCIENTE EMPIEZA A PERDER SU SÁBANA

Aquí podemos recuperar nuestra imagen.      Una habitación está oscura.    Desde la puerta veo algo extraño.    Mi imaginación completa lo que no veo.    Parece enorme.    Amenazante.   Quizá llevo años evitando entrar.    Hasta que aparece el electricista.

CLIC.        Hay una silla.   Una caja.   Un abrigo.   Un objeto roto.   Tal vez también algo doloroso que realmente necesita atención.

Pero ahora tiene forma.    Tamaño.   Lugar.   Relaciones.    PROPORCIÓN.    Ésta es la diferencia.    No afirmamos que todo problema psicológico desaparezca al comprenderlo.     Sería absurdo.    Algunas experiencias requieren mucho trabajo, tiempo, apoyo y tratamiento.

Pero comprender puede quitar una carga añadida:    EL TERROR PRODUCIDO POR NO SABER QUÉ ESTAMOS MIRANDO.     Los fantasmas empiezan a perder la sábana.


LA CONCIENCIA RECUPERA PROPORCIONES

Aquí vuelve nuestro sótano.     Durante años:    «MI VIDA ES ESTE PROBLEMA.»

Encendemos luces.    Subimos.   Bajamos.   Recorremos la casa.   Y quizá descubrimos:           «NO. ESTE PROBLEMA ESTÁ EN MI VIDA.»     No es lo mismo.    No hemos eliminado el problema.    Hemos recuperado la casa.

MI VIDA NO CABE EN ESTE RINCÓN.        ESTE RINCÓN CABE EN MI VIDA.     Ésta puede ser una de las funciones terapéuticas más importantes de la conciencia:     DEVOLVER PROPORCIÓN.


PERO HAY ALGO TODAVÍA MAYOR

Hasta ahora hemos hablado de conciencia para comprender problemas.       Sería quedarse muy corto.      Porque la luz también puede descubrir:     una capacidad que no utilizaba,    un deseo que nunca atendí,     una relación que no había visto,   una posibilidad creativa,   una contradicción fecunda,    una curiosidad abandonada,    una manera distinta de relacionarme,   una parte de mí que confundí con algo prohibido,    un camino que nunca consideré.

Entonces ocurre algo extraordinario.    CONOCERME NO ME REDUCE.     Me aumenta.    No porque añada mágicamente algo que no existía.     Sino porque aumenta lo disponible.     Y aquí Jung vuelve a crecer muchísimo.

Su inconsciente no es solamente el lugar donde escondemos problemas.     También contiene potencialidad, creatividad y posibilidades de transformación.      Madre Tierra puede tomar esa puerta y abrirla completamente:        ¿QUÉ MÁS PUEDO?


CONCIENCIA Y POSIBILIDAD

Aquí empezamos a tocar nuestra fórmula:        HÁGASE LA LUZ.

Que pueda verse.    Que pueda distinguirse.    Que pueda comprenderse hasta donde sea posible.   Que pueda relacionarse.    Que pueda integrarse.    Que pueda reutilizarse.   Que pueda    reconsiderarse.        Y entonces:       QUE PUEDA ELEGIRSE DE NUEVO.

Todavía no hemos llegado a la LIBERTAD.    Será el capítulo siguiente.   Pero ya vemos cómo se acerca.       Porque mientras algo permanece completamente fuera de mi campo de consideración, no puedo deliberar sobre ello de la misma manera.

Cuando aparece:      AHORA HAY UNA POSIBILIDAD MÁS.     La luz no decide por mí.      ME PERMITE VER DESDE DÓNDE DECIDO.


CONCIENCIA Y MADRE TIERRA

Y aquí debemos conservar nuestra toma de tierra.     Podemos desarrollar hipótesis filosóficas mucho mayores sobre qué es la conciencia y qué lugar ocupa en el TODO Y UNIDAD.          Llegaremos donde corresponda.             Pero no necesitamos resolver ese enorme problema para utilizar aquí una evidencia mucho más próxima:

EL SER HUMANO PUEDE DARSE CUENTA DE ASPECTOS DE SU PROPIO FUNCIONAMIENTO Y RECONSIDERARLOS.

Eso nos basta para empezar.            No necesitamos convertir nuestra herramienta en una teoría cósmica antes de usarla.        Primero:       ESTOY VIVO.         Después:       ME DOY CUENTA DE QUE ESTOY VIVO Y DE ALGO QUE ME ESTÁ OCURRIENDO.     Y aparece la investigación.


CONCIENCIA

El itinerario ocurrió antes de que pudiera explicarlo.     Mucho entró antes de que pudiera revisarlo.      Aprendí antes de saber que estaba aprendiendo.     Me adapté antes de preguntarme a qué me estaba adaptando.     Interpreté con las posibilidades que tenía.     Construí respuestas.   

Seguí caminando.   Y un día puedo volverme.    Mirar.    Y decir:    QUIERO SABER.

Ahí comienza algo nuevo.     No porque empiece mi vida.   Mi vida lleva mucho tiempo ocurriendo.     Empieza mi participación consciente en la investigación de mi propio itinerario.

Cojo la linterna.   Entro.   No busco monstruos.   No busco culpables.   No busco confirmar una teoría.     BUSCO VER.     Y cuanto más puedo ver, más de mi propia vida vuelve a estar disponible.

Por eso:     HÁGASE LA LUZ.    Que pueda verse.    Que pueda comprenderse.    Que pueda integrarse.     Que pueda reutilizarse.     Que pueda reconsiderarse.

Y cuando la luz haya permitido ver el camino,    aparecerá la siguiente pregunta inevitable:     AHORA QUE LO VEO,                ¿QUÉ PUEDO HACER?

Ahí comienza nuestro próximo capítulo:      LIBERTAD.