MADRE TIERRA y JUNG
JUNG
ENTRA EN LA CASA
¿Qué encontró Jung? Su enorme ampliación del territorio
psicológico
Ahora sí. Tenemos la casa preparada. Antes de dejar entrar a Jung hemos
colocado el suelo. Hay VIDA. Hay un organismo dependiente de Madre
Tierra. Hay una arquitectura humana
de capacidades y posibilidades. Hay
habitaciones que van adquiriendo contenido.
Hay un itinerario. Hay
biografías alrededor de nuestra biografía.
Hay un mundo construido que entra en nosotros. Hay conciencia capaz de encender la luz. Y hay un margen de libertad que permite
reconsiderar lo encontrado. Ahora
podemos abrir la puerta:
JUNG, ENTRA.
Y lo primero que corresponde hacer no es preguntarle qué vamos a
corregirle. Es preguntarle: ¿QUÉ
VISTE? Porque vio
muchísimo.
JUNG
ENCUENTRA UNA CASA MUCHO MAYOR
Una de las
grandes aportaciones de Jung fue negarse a reducir la vida psíquica a aquello
que el Yo consciente sabe de sí mismo.
El ser humano decía: «YO.» Y Jung preguntaba, en el
fondo: ¿ESTÁS SEGURO DE QUE ESO ES TODO?
Observó
sueños. Fantasías. Símbolos.
Religiones. Mitos. Imágenes espontáneas. Conflictos. Complejos. Conductas que parecían contradecir las
intenciones conscientes. Creaciones
artísticas. Experiencias interiores. Repeticiones. Transformaciones personales.
Y empezó a
aparecer una evidencia psicológica decisiva:
EL YO CONSCIENTE
NO AGOTA TODO LO QUE OCURRE EN LA VIDA PSÍQUICA. La casa tenía más
habitaciones.
EL YO NO
ERA EL PROPIETARIO ABSOLUTO
Esto debió
de ser una enorme apertura. El Yo
puede creer: «Yo decido.» «Yo sé quién soy.» «Yo sé por qué hago lo que hago.» «Yo conozco mis motivos.»
Y Jung
encuentra fenómenos que obligan a ser mucho más prudentes. Hay emociones que irrumpen. Asociaciones inesperadas. Sueños que desconciertan. Reacciones
desproporcionadas. Partes de nosotros
que no encajan con la imagen que tenemos de nosotros mismos. Complejos que parecen adquirir una relativa
autonomía.
El Yo
descubre que no
administra conscientemente toda la casa. Eso no significa que exista necesariamente
otro pequeño individuo escondido dentro.
Significa que:
HAY
MÁS ACTIVIDAD PSÍQUICA QUE LA QUE EL YO TIENE PRESENTE EN CADA MOMENTO. Y ahí Jung ensancha el mapa.
ENCUENTRA
EL INCONSCIENTE PERSONAL
Jung
conserva y desarrolla el gran descubrimiento del inconsciente. Pero no lo limita a una especie de
depósito de material problemático. Encuentra
recuerdos olvidados. Experiencias. Asociaciones. Contenidos rechazados. Complejos. Pero también posibilidades creativas y
materiales que pueden participar en el desarrollo de la persona.
Aquí Madre
Tierra todavía no pregunta nada. ESCUCHA. Porque primero queremos
permitir que Jung termine de enseñarnos la casa. Después volveremos con nuestra linterna y
preguntaremos: ¿CÓMO LLEGÓ CADA COSA HASTA AQUÍ?
En nuestros
apuntes ya habíamos llegado precisamente a esta posición: no negar el
inconsciente, sino negarnos a utilizar la palabra «inconsciente» como explicación final;
después de nombrarlo comienza la investigación de qué está ocurriendo en este
ser humano concreto y en este momento de su itinerario.
ENCUENTRA
LOS COMPLEJOS
Jung observa
que determinados conjuntos de recuerdos, emociones, asociaciones e imágenes
pueden organizarse alrededor de temas especialmente cargados. Y eso explica algo que todos podemos
reconocer en distintos grados: NO SIEMPRE RESPONDEMOS A LO QUE ESTÁ
OCURRIENDO AHORA.
A veces
responde también nuestra historia. Una
palabra pequeña puede producir una reacción enorme. Una situación actual puede tocar una
acumulación anterior. Alguien pulsa un
botón que aparentemente tenía dos centímetros... y se mueve media casa.
Jung dice: AQUÍ
HAY ALGO ORGANIZADO. Complejo. Madre Tierra, después, preguntará: PERFECTO.
¿CON QUÉ SE ORGANIZÓ? Y
ahí volveremos al itinerario.
ENCUENTRA
LA PERSONA
Jung observa
también que necesitamos desenvolvernos en el mundo social. Nos presentamos. Adoptamos funciones. Papeles.
Maneras de comportarnos. Construimos
una determinada cara social. Y
aparece la PERSONA.
Otra
habitación extraordinariamente útil. Porque
permite comprender que: LA MANERA COMO ME PRESENTO AL MUNDO NO
TIENE POR QUÉ SER LA TOTALIDAD DE LO QUE SOY.
Esto por sí
solo puede liberar muchísimo. Soy
médico. Pero no soy únicamente médico. Soy padre. Pero no soy únicamente padre. Soy profesor. Soy empresario. Soy obediente. Soy fuerte.
Soy el gracioso. Soy quien
nunca tiene problemas. Soy quien
siempre ayuda.
Cuidado. Quizá estamos nombrando una forma de
presentarnos y funcionar. NO LA CASA ENTERA. Jung acaba de abrir otra
puerta.
ENCUENTRA
LA SOMBRA
Y si
construimos una imagen de nosotros mismos, inevitablemente habrá aspectos que
no encajen cómodamente en ella. Aparece
la SOMBRA. Aquello que no reconocemos
suficientemente. Aquello que
rechazamos. Aquello que resulta
incompatible con la imagen que queremos conservar de nosotros mismos.
Y Jung hace
algo extraordinariamente valiente: NO DICE SIMPLEMENTE QUE HAY QUE
TIRARLO. Dice: MÍRALO. Conócelo. Reconoce que también pertenece a la
realidad psíquica de la persona.
Aquí Jung ya
está llevando una linterna. Todavía
discutiremos muchísimo sobre qué contiene esa habitación, cómo llegó allí y
desde qué criterios fue convertido en «sombra». Pero el movimiento inicial es formidable: NO
AMPUTES LO QUE NO TE GUSTA ANTES DE CONOCERLO. Ahí Madre Tierra y
Jung empiezan a caminar muy cerca.
Y JUNG
SIGUE BAJANDO
Pero no se
detiene en el inconsciente personal.
Encuentra semejanzas entre imágenes, mitos, sueños, relatos religiosos y
producciones simbólicas de personas y culturas diferentes. Y se atreve a formular una hipótesis
muchísimo mayor: INCONSCIENTE COLECTIVO.
Ahí
aparecerán los ARQUETIPOS. Y aquí tendremos muchísimo trabajo. Porque tendremos que distinguir
cuidadosamente: estructura, predisposición, biología,
experiencias humanas compartidas,
transmisión cultural, historia, símbolos aprendidos, contenidos concretos.
No
necesitamos resolverlo hoy. Lo
importante es reconocer el tamaño del salto de Jung. No se conformó con: «¿Qué
te ocurrió personalmente?» Preguntó
también: «¿Existe una arquitectura psíquica
humana más profunda y compartida?» Eso
abre un territorio inmenso.
ENCUENTRA
QUE LA PSIQUE HABLA EN IMÁGENES
Jung presta
una atención enorme a los sueños y a los símbolos. No considera que toda imagen pueda
reducirse automáticamente a una explicación única. La imagen merece ser observada. Relacionada. Amplificada. Comprendida dentro de la vida psíquica de
quien la produce.
Y esto
vuelve a ensanchar la casa. Porque la
persona descubre que no sólo «piensa» mediante razonamientos conscientes. Aparecen imágenes. Metáforas.
Sueños. Fantasías. Asociaciones. Creación.
Intuición. El territorio
psicológico se vuelve muchísimo más amplio.
Y en tus
notas ya habías empezado a llevar esas imágenes de nuevo hacia la biografía:
antes de convertirlas en habitantes misteriosos, preguntabas por lo visto,
imaginado, recibido, asociado y vivido durante el propio itinerario.
Ésa será
nuestra ampliación posterior. Pero
primero: GRACIAS, JUNG, POR HABER ABIERTO LA HABITACIÓN.
ENCUENTRA
DIFERENTES MANERAS DE ORIENTARNOS
Jung observa
además que no todos nos relacionamos de la misma manera con el mundo. Introversión. Extraversión. Pensamiento. Sentimiento. Sensación.
Intuición.
Y construye
una tipología. Otra herramienta. Otra manera de decir: NO
TODOS LOS CAMINANTES UTILIZAN LAS HABITACIONES DE LA MISMA MANERA. Después tendremos que
impedir que la herramienta se convierta en cárcel.
«Soy
introvertido.» Cuidado. Quizá sea una descripción útil. Pero no necesariamente una sentencia. Madre Tierra preguntará: ¿QUÉ
POSIBILIDADES SIGUEN DISPONIBLES?
ENCUENTRA
ALGO TODAVÍA MAYOR: EL SELF
Y Jung
realiza otro movimiento extraordinario.
El Yo consciente no es la totalidad.
Por tanto, el centro de la experiencia consciente no puede confundirse
automáticamente con todo
el ser psíquico. Aparece
el Self,
el Sí-Mismo. Una referencia a una
totalidad mayor.
Ahora la
casa tiene una organización mucho más amplia que la habitación desde la que el
Yo estaba mirando. Esto será
importantísimo para nosotros. Porque
Madre Tierra podrá formular una pregunta que no destruye el Self. Lo expande: ¿TOTALIDAD DE QUÉ?
¿Puede
hablarse de totalidad humana olvidando el cuerpo? ¿La dependencia? ¿El entorno? ¿La historia? ¿El desarrollo? ¿La relación con otros? ¿La Tierra que hace posible al propio
organismo? Ahí quizá el Self de Jung
pueda salir a pasear.
Y ENCUENTRA
UN CAMINO: INDIVIDUACIÓN
Quizá éste
sea uno de los grandes regalos de Jung.
No presenta al ser humano únicamente como alguien que debe eliminar
síntomas para regresar a una normalidad establecida.
Hay un
proceso. Un camino hacia mayor
integración. Hacia reconocimiento de
partes no asumidas. Hacia una relación
más amplia entre consciente y no consciente.
Hacia una personalidad menos reducida a la máscara social. Hacia una totalidad mayor. INDIVIDUACIÓN.
Jung
convierte la psicología también en camino. Y aquí nuestra conversación con él puede
llegar a ser extraordinaria. Porque
Madre Tierra no tiene que eliminar la individuación. Puede ponerle zapatos. Abrir la puerta. Y decir:
CAMINEMOS.
En tus
apuntes ya habías llevado esta idea hasta una formulación muy nuestra: no una
autorrealización única y final, sino autorrealización continua; «solo existen caminantes, nunca
metas». Eso no
destruye la individuación. LA PONE EN MOVIMIENTO OTRA VEZ.
JUNG
AMPLIÓ LA CASA
Ahora
podemos contemplar lo que hizo en conjunto.
El Yo creía conocer la casa. Jung
encontró más habitaciones. Encontró
material personal no consciente. Complejos. Persona.
Sombra. Funciones psicológicas. Orientaciones. Sueños.
Símbolos. Arquetipos. Una posible dimensión colectiva. Un Self que desborda al Yo.
Y un proceso
de individuación que invita al habitante a relacionarse con una totalidad mayor
de sí mismo. No necesitamos estar de
acuerdo desde el principio con cada interpretación para reconocer el tamaño de la
obra.
JUNG
AMPLIÓ EL TERRITORIO DE LO QUE PODÍAMOS PREGUNTARNOS SOBRE NOSOTROS MISMOS. Y quizá ahí está una de las razones
por las que continúa siendo fértil. No
cerró todas las habitaciones. ABRIÓ MUCHAS.
Y
AHORA ENTRA MADRE TIERRA Pero no entra con una
piqueta. Entra con nuestra linterna. Mira toda aquella enorme casa y dice: MUY
BIEN. Ahora veamos.
¿Qué
pertenece al modelo? ¿Qué pertenece al
contenido? ¿Qué pertenece al
itinerario? ¿Qué entró mediante otras
biografías? ¿Qué pertenece al
constructo? ¿Qué pudo ser aprendido? ¿Qué puede tener bases biológicas? ¿Qué sabemos? ¿Qué estamos interpretando? ¿Qué sigue sin saberse? ¿Qué función cumple? ¿Qué continúa siendo útil? ¿Qué puede reubicarse? ¿Qué posibilidades abre?
Y, sobre
todo: ¿DÓNDE ESTÁ EL SER HUMANO VIVO EN TODO ESTO? Porque quizá ésta sea la gran
oportunidad. No sacar a Jung de la
casa que descubrió.
ABRIR
LA PUERTA DE ESA CASA. Que entre aire. Que entre Sol. Que podamos entrar y salir. Que la Sombra pueda mirarse a plena luz. Que el inconsciente recupere itinerario. Que la Persona recuerde a qué mundo se estaba
adaptando. Que el arquetipo pueda
preguntarse qué es estructura y qué es contenido. Que el
Self recuerde que tiene cuerpo y suelo.
Y que la
individuación deje de tener aspecto de llegada definitiva para convertirse otra
vez en lo que quizá siempre fue: CAMINO.
Jung hizo
muchísimo. Por eso precisamente
podemos continuar. No tenemos que
rescatarlo. JUNG YA ESTABA CAMINANDO. Nos toca recorrer el tramo
que podemos ver desde aquí.
Y nuestra
primera pregunta, en el próximo capítulo, irá directamente al habitante que
creía gobernar la casa: EL YO.