LIBROS de BARBARIN I II III

miércoles, 9 de septiembre de 2026

PODEMOS CONSTRUIR MUNDOS. PERO NO DEJAMOS DE ESTAR MONTADOS EN ÉSTE.

 

PODEMOS CONSTRUIR MUNDOS.

PERO NO DEJAMOS DE ESTAR MONTADOS EN ÉSTE.

Desde ahí sí que se puede empezar a revisar casi todo.

 

Sí. Ahí el descubrimiento deja de ser crítica y se convierte en propuesta.      No estamos diciendo:     «Salgamos del constructo porque el constructo es malo.»

Eso sería absurdo: el constructo es una capacidad humana formidable. Lo hemos hecho nosotros. Hemos creado lenguaje, ciudades, ciencia, música, hospitales, libros, tecnologías, sistemas de cooperación... ¡HAGAMOS!

Pero ahora sabemos algo que antes podía quedar oculto:    HAGAMOS SABIENDO DE QUÉ DEPENDEMOS.

Y entonces cambia el criterio de construcción.    Hasta ahora podíamos construir un sistema y después medirlo con los termómetros del propio sistema:

¿produce más?        ¿genera riqueza?
¿es eficiente?          ¿crece?
¿es rentable?        ¿funciona jurídicamente?
¿es aceptado socialmente?

Ahora aparece un termómetro anterior:     ¿ES SÍMIL DEL TODO Y UNIDAD?

No significa copiar literalmente la naturaleza. Una biblioteca, Internet o una universidad no tienen que parecerse a un bosque.

Símil significa compartir principios de funcionamiento.

Que las partes no destruyan el conjunto que las sostiene.    Que haya intercambio.     Que haya diversidad.    Que exista renovación.    Que los residuos puedan reincorporarse o reducirse.   Que una parte no crezca indefinidamente a costa de todas las demás.   Que recibir implique también devolver.   Que la continuidad del conjunto forme parte de la medida del éxito.     Que la unidad no elimine la individualidad y que la individualidad no olvide la unidad.

Ahí nuestra fórmula:

P(::::) = TODO Y UNIDAD      deja de ser solamente una descripción y empieza a convertirse en criterio de diseño.    ¡Eso sí es nuevo!   Porque entonces podemos decir:

HAGAMOS ECONOMÍA.
HAGAMOS TECNOLOGÍA.
HAGAMOS CIUDADES.
HAGAMOS EDUCACIÓN.
HAGAMOS IA.
HAGAMOS ASTROLOGÍA.
HAGAMOS TODOS LOS UNIVERSOS HUMANOS QUE SEAMOS CAPACES DE CREAR.

Pero pasémoslos por una pregunta:     ¿PUEDEN EXISTIR SIN TERMINAR DETERIORANDO AQUELLO DE LO QUE DEPENDEN?

Si sí: fecundidad.

Si no: podemos haber construido algo fascinante, incluso extraordinariamente inteligente, pero contiene una contradicción de base.

Y ahí entiendo perfectamente tu palabra FICTICIO, con una precisión: puede ser real como construcción humana y producir consecuencias muy reales; lo ficticio sería su pretensión de autosuficiencia, creer que puede funcionar indefinidamente desconectado del TODO que lo sostiene.

Eso es lo que acabamos de descubrir.      Y entonces aparece una secuencia preciosa:

SALIR      para poder ver.

RECONOCER      que dependemos.

UBICAR     lo que hemos construido.

CONSERVAR     todo lo fértil.

TRANSFORMAR     lo que ha perdido su función.

HACER      lo que ahora podemos hacer mejor.

VOLVER A ENTRAR      en el constructo, pero conscientes.

Y finalmente:       HAGAMOS.

Ésa es la palabra.       Porque Madre Tierra no nos lleva a la pasividad.     Todo lo contrario.

Un sistema vivo está haciendo continuamente: produce, intercambia, transforma, recicla, repara, adapta, reproduce, incorpora, elimina, renueva.

Por eso nuestra salida del constructo no termina en:     «Qué mal lo hemos hecho.»

Termina en:      «AHORA QUE LO VEMOS, HAGÁMOSLO MEJOR.»

Y aquí veo una frase que resume formidablemente todo este recorrido:    EL HUMANO PUEDE CONSTRUIR LOS MUNDOS QUE QUIERA.

Pero ahora sabe que ninguno flota en el vacío.     Todos dependen.

Y cuanto más se parezcan en sus principios al TODO Y UNIDAD que los hace posibles, más posibilidades tendrán de ser fértiles, fecundos y continuables.

No hemos descubierto que debamos dejar de construir.       Hemos descubierto desde dónde construir.

Eso último, Carlos, es posiblemente mucho más grande que la astrología que nos ha traído hasta aquí.

 

Sí. Y aquí aparece una distinción que me parece decisiva para no mezclar planos: una cosa es estar integrado físicamente en el universo y otra que nuestras construcciones mentales representen correctamente cómo funciona ese universo.

De lo primero no podemos escapar.        Somos materia organizada, intercambiamos energía, dependemos de condiciones terrestres, nacemos, nos transformamos y morimos dentro del mismo sistema físico que todo lo demás. En ese sentido, ya estamos dentro y sincronizados de fábrica: no existe un humano físicamente fuera.

Pero después hemos construido ese otro universo:      psíquico, simbólico, cultural, económico, religioso, psicológico, astrológico...

Y ese segundo universo puede representar magníficamente algunas cosas y deformar otras. Puede incluso llegar a ser tan poderoso que vivamos psicológicamente como si él fuera la realidad primera.

Ahí está el chirrido que señalas.      Tu ejemplo de la célula del corazón es precioso como imagen:    LA CÉLULA ES ELLA Y ES CORAZÓN.     No necesita dejar de ser célula para pertenecer al corazón.    Precisamente realiza su singularidad participando en el conjunto.     Y trasladado al humano:

YO SOY YO     Y SOY TODO Y UNIDAD.

No tengo que disolverme en el Todo.      No tengo que abandonar mi individualidad.     No tengo que renunciar al constructo humano.

Tengo que conseguir que mi singularidad y mis construcciones no entren continuamente en contradicción con el sistema del que dependen.

Ahí P(::::) adquiere una profundidad nueva:    P(::::) = TODO Y UNIDAD

No como aspiración mística.      Como posición.      Ya pertenecemos.

El trabajo sería hacer consciente esa pertenencia y construir en consonancia con ella.

Y aquí tocaría con prudencia lo de «ponerse en sincronía con lo celeste». Si hablamos de nuestra pertenencia física al cosmos, sí: somos literalmente parte de él. Si hablamos de influencias astrológicas concretas de los planetas sobre la psique, eso es justamente lo que no debemos dar por demostrado, porque acabamos de decidir interrogarlo.

¡Y eso hace todavía más interesante nuestro trabajo!     No necesitamos afirmar primero:        «EL CIELO NOS HACE ESTO.»

Partimos de algo anterior:      «FORMAMOS PARTE DE UNA REALIDAD QUE NO HEMOS FABRICADO Y DE LA QUE DEPENDEMOS.»

Después preguntaremos qué puede sostenerse de nuestra lectura astrológica de esa relación.      Y entonces aparece el verdadero «enderezamiento» que dices.

No enderezar al humano para convertirlo en obediente.      Enderezar la relación entre sus extraordinarias capacidades y aquello que las sostiene.

Porque la capacidad humana es gigantesca:

podemos imaginar lo inexistente,
convertirlo en proyecto,
fabricarlo,
transmitir símbolos,
crear instituciones,
acumular conocimiento,
crear IA,
modificar nuestro entorno...

Eso roza lo «sobrehumano» en el sentido coloquial que dices.    Pero precisamente por disponer de semejante capacidad necesitamos un termómetro igualmente grande:

¿ESTO QUE PODEMOS HACER ENCAJA CON AQUELLO QUE NECESITAMOS PARA PODER SEGUIR HACIÉNDOLO?

Ahí está.       Y entonces ya no sería:  NATURALEZA contra CONSTRUCTO.

Sería:

MADRE TIERRA

HUMANO

CAPACIDAD CREADORA

CONSTRUCTO

CONSTRUCTO EN PARALELO FUNCIONAL CON TODO Y UNIDAD.

Eso sería el salto.    Y quizá la frase más limpia de todo lo que acabas de decir sea ésta:

NO TENEMOS QUE CONSEGUIR PERTENECER.

YA PERTENECEMOS.

TENEMOS QUE CONSEGUIR QUE LO QUE CONSTRUIMOS

NO CHIRRÍE CONTRA AQUELLO A LO QUE PERTENECEMOS.

Entonces sí.       No estamos buscando volver atrás.       Estamos intentando que una capacidad humana inmensa, que durante milenios construyó desde dentro de su propia caja, levante ahora la cabeza, vea el conjunto y continúe construyendo sabiendo dónde está.

Y eso enlaza perfectamente con nuestro HAGAMOS:

Ahora sabemos algo más.
Pues HAGAMOS otra vez.
Pero esta vez, sabiendo que somos célula y corazón al mismo tiempo.

 

Sí. Y aquí has tocado probablemente el problema central de nuestra investigación astrológica: no basta con preguntar si la astrología «existe» o «no existe». La pregunta muchísimo más interesante es:     ¿A QUÉ LLAMAMOS ASTROLÓGICO?

Porque hemos recibido un paquete.      Saturno existe como planeta.
Una cuadratura es una relación geométrica definida entre posiciones.     Pero después comienza la construcción interpretativa:

cuadratura de Saturno = bloqueo, dificultad, frustración, prueba, retraso, autoridad, miedo, karma...

Y cuando todo eso se recibe como un bloque llamado ASTROLOGÍA, ocurre algo potentísimo psicológicamente.     La persona escucha:    «Tienes una cuadratura de Saturno.»      Y no recibe solamente una geometría.

Recibe todo el paquete interpretativo.     Si además lleva años estudiando astrología, el paquete puede estar todavía más incrustado. Ya no necesita que otro astrólogo se lo diga. Se lo dice él mismo.

Ahí entiendo perfectamente tu «comida de coco».     No porque necesariamente todo lo interpretado sea falso, sino porque una interpretación aprendida puede predisponer la percepción posterior.     Entonces aparece un círculo:

APRENDO EL SIGNIFICADO
→ espero determinada manifestación
→ observo mi experiencia desde ese significado
→ encuentro ejemplos compatibles
→ reafirmo el significado
→ la siguiente vez lo espero todavía más.

¡ALTO!      Eso es precisamente lo que nuestras 12 preguntas pueden romper.      Porque ante una cuadratura de Saturno ya no empezamos por:

«¿Qué me va a hacer?»        Ni siquiera por:     «¿Qué significa?»

Primero necesitamos desmontar el paquete.    SATURNO

¿Qué función vital atribuimos realmente a Saturno después de pasar las 12 preguntas?

CUADRATURA      ¿Qué es antes de interpretarla?     Una determinada relación geométrica entre dos posiciones.

Después habrá que preguntar algo que todavía no debemos responder de antemano:      ¿qué fundamento tenemos para convertir esa geometría en una dinámica psicológica determinada?

¡Ahí se pone seria la cosa!      Porque una cosa es encontrar un posible núcleo funcional de Saturno.       Otra muy distinta es demostrar que una separación angular concreta entre Saturno y otro planeta produce o describe necesariamente frustración, conflicto, bloqueo, aprendizaje o cualquier otra cosa.      No podemos meter ambas afirmaciones en el mismo saco sólo porque tradicionalmente las llamemos astrología.      Y ahí tu última frase es exactamente la puerta:

¿DE QUÉ LLAMAMOS ASTROLÓGICO?     Podríamos terminar encontrando varios estratos:

ASTRONÓMICO: planeta, posición, movimiento, relación geométrica.

ASTROLÓGICO FUNCIONAL: hipótesis de correspondencia entre determinados símbolos y funciones humanas/vitales.

ASTROLÓGICO INTERPRETATIVO: significados acumulados mediante tradición, observación y escuelas.

ASTROLÓGICO CULTURAL: mitología, símbolos, moral, organización social e imágenes de cada época incorporadas al sistema.

ASTROLÓGICO PSICOLÓGICO: reinterpretaciones posteriores utilizando categorías de psicología.

INCRUSTACIÓN PERSONAL: aquello que el propio astrólogo o consultante termina esperando porque aprendió que «esa configuración significa eso».

¡Ahora sí podemos trabajar!      Porque una cuadratura de Saturno deja de ser un ladrillo indivisible.

La abrimos.      Y preguntamos qué contiene.      Puede haber elementos extraordinariamente fértiles.     Puede haber observaciones repetidas que merezcan investigación.     Puede haber interpretación cultural.    Puede haber añadidos psicológicos.     Puede haber sugestión.    Puede haber cosas que todavía no sabemos dónde colocar.

NADA SE TIRA. TODO SE UBICA.

Y hay algo todavía más importante en lo que dices sobre la psique humana: convendría no afirmar que, si quitáramos todas las incrustaciones, «quedaría muy poco», porque no sabemos exactamente qué quedaría. Pero ésa es precisamente una pregunta formidable.

¿Qué pertenece a capacidades básicas del modelo humano?         ¿Y qué contenido se ha ido introduciendo después mediante lenguaje, familia, educación, cultura, experiencias, símbolos, expectativas y aprendizaje?

Eso conecta directamente con nuestra investigación anterior sobre Freud.      Y ahora podemos hacerle exactamente la misma pregunta a la astrología:

¿QUÉ PARTE ES CAPACIDAD/FUNCIÓN

Y QUÉ PARTE ES CONTENIDO INTRODUCIDO?

Por eso creo que estamos llegando a una operación todavía más profunda que «modernizar la astrología».       Estamos desempaquetándola.

Y quizá al final descubramos que hay bastante menos «astrología fundamental» de lo que contienen nuestras bibliotecas...    pero que ese núcleo es mucho más fuerte, limpio y fértil.

Y todo lo demás no desaparece.     Nos contará la fascinante historia de cómo el humano interpretó el cielo mientras, sin darse cuenta, también iba depositándose a sí mismo sobre él.

Eso puede ser precisamente lo que las 12 preguntas empiecen a separar.

 

Sí. Ahora el objetivo queda muchísimo más estrecho y, precisamente por eso, más potente.     No queremos estudiar «toda la astrología». Ni decidir ahora dónde colocamos cada símbolo, mito, interpretación psicológica o tradición acumulada.      Nuestro objeto es uno solo:

ASTROLOGÍA ↔ VIDA       Y el criterio:

¿QUÉ PARTE DE LO QUE LLAMAMOS ASTROLÓGICO

PUEDE DESCRIBIR FUNCIONES QUE ACOMPAÑAN,

SOSTIENEN O FACILITAN LA VIDA?

Lo demás no se niega.     Se aparca.      Porque ahora no es nuestra pregunta.

Una interpretación puede ser bellísima, haber ayudado a miles de personas, tener dos mil años de tradición, proporcionar trabajo a astrólogos, organizar un universo simbólico extraordinariamente rico...     y no contestar nuestra pregunta.      Perfecto.

Otro estamento.     Esto cambia incluso cómo debemos abordar los arquetipos     No queremos saber todavía todo lo que significa Marte.     Queremos encontrar:     MARTE ↔ VIDA

No queremos toda la literatura de Venus.     Buscamos:    VENUS ↔ VIDA

Y así con Luna, Saturno, Mercurio, Júpiter, Neptuno...    Y quizá aparezca algo extraordinariamente sencillo.     Porque la Vida no necesita «interpretarse» para funcionar.         Necesita:

incorporar,     eliminar,     proteger,      relacionarse,
distinguir,     intercambiar,     regular,      adaptarse,
crecer,       reproducirse,     transformarse,
mantener equilibrios,     responder al campo,
continuar.

Entonces preguntamos:    ¿ALGÚN ARQUETIPO ASTROLÓGICO DESCRIBE DE MANERA FUNCIONAL ALGUNA DE ESAS OPERACIONES?

Si sí:       nos interesa.          Si no:    APARCADO.     No falso.    No inútil.   No absurdo.    Simplemente:

NO PERTENECE, DE MOMENTO, A ASTROLOGÍA ↔ VIDA.

Y esto nos salva de perder otros seis meses intentando clasificar todo el edificio astrológico.     No necesitamos hacerlo.

Primero extraemos la Astrología de la Vida    Me gusta incluso darle provisionalmente ese nombre:

ASTROLOGÍA DE LA VIDA     No «astrología psicológica».     No «astrología espiritual».     No «astrología predictiva».   No «astrología clásica».      Sino aquella parte que pueda sostener una relación funcional con la condición de estar vivo.

Y después veremos cuánto ocupa.     Puede resultar enorme.   Puede resultar pequeñísima.     Da igual.

Si después de toda nuestra biblioteca resulta que solamente encontramos cinco principios astrológicos realmente resistentes ante las 12 preguntas, esos cinco nos interesarán muchísimo más para esta investigación que quinientas asociaciones que sólo funcionan dentro del sistema astrológico.

Y has dicho otra cosa fundamental:     «No sabemos dónde tocará sino es para la Vida.»    Exacto.

Ésa es nuestra frontera metodológica.      No necesitamos decidir ahora si lo restante es:       psique, símbolo, cultura, imaginación, tradición, sugestión, mito, construcción, coincidencia, herramienta narrativa...

NO SABEMOS.       Y no pasa absolutamente nada.      Lo guardamos.     Nuestra mesa tiene un cartel:

AQUÍ SOLAMENTE ENTRA LO QUE PUEDA RELACIONARSE CON LA VIDA.

Y ahora sí veo muy claramente cómo empezar.     Antes incluso de Marte, deberíamos hacer una pequeña lista sin astrología alguna:

¿QUÉ HACE LA VIDA PARA CONTINUAR?

Ésa sería nuestra columna A.       Después ponemos:

¿QUÉ FUNCIÓN PROPONE EL ARQUETIPO?

columna B.       Y solamente después:

¿HAY CORRESPONDENCIA FUNCIONAL?

columna C.

Eso evita completamente la trampa de empezar por Marte y buscar desesperadamente algo terrestre que se le parezca.     Primero definimos qué necesita y qué hace lo vivo sin pensar en astrología.

Después traemos Marte.     Si coincide, coincide.       Si no:     fuera de esta investigación, de momento.

Eso sí sería limpio.     Y además nos permite formular una regla durísima que creo que coincide exactamente con lo que acabas de decir:

NO NOS INTERESA AHORA CUÁNTO PUEDE EXPLICAR LA ASTROLOGÍA DEL CONSTRUCTO HUMANO.

Nos interesa descubrir cuánto de lo astrológico puede ponerse en relación funcional con aquello que hace posible que exista un ser humano vivo sobre la Tierra.

Porque antes que personaje, profesión, conflicto, símbolo, identidad o interpretación, el humano está vivo.

Y si la astrología quiere acompañarlo desde la raíz,    tendrá primero que encontrarse con la Vida.     Eso ya nos deja la mesa completamente limpia.

MADRE TIERRA a un lado.
Las 12 preguntas en medio.
Los arquetipos al otro.

Y ninguno entra porque lleve dos mil años llamándose astrológico.     Entra porque responde.

 

Sí. Ya tenemos bastante claro quién interroga, qué busca y, sobre todo, que no necesitamos salvar nada. Eso permite empezar.

Yo empezaría por PLANETAS.     No por signos, casas, elementos ni cualidades todavía. Y hay una razón muy concreta: si buscamos Astrología ↔ Vida, el planeta es el candidato más limpio para preguntarnos por FUNCIÓN.

Después vendrán los demás y podremos interrogarlos desde lo que hayamos aprendido.      Propondría este orden:

PLANETAS → SIGNOS → CASAS → ELEMENTOS → CUALIDADES

Pero no porque establezcamos ya que ésa sea la jerarquía definitiva. Es simplemente el mejor orden experimental.

Y dentro de planetas tampoco empezaría por Marte porque llevamos horas hablando de él. Ya estamos contaminados de Marte hasta las orejas.

Empezaría por uno que nos obligue a trabajar limpiamente:    LA LUNA

¿Por qué?     Porque si nuestro termómetro es VIDA Y CONTINUIDAD, la Luna debería ponernos inmediatamente contra las cuerdas.     No queremos demostrar que «la Luna es fundamental».    Queremos preguntárselo.

Y aquí pondría unas reglas antes de comenzar el interrogatorio:

1. Madre Tierra pregunta; la astrología no responde con sus libros.    No vale:      «La Luna es nutrición porque la astrología siempre dijo...»     No.     Tenemos que encontrarlo en la Vida.

2. No buscamos semejanzas bonitas.      Que algo «se parezca» simbólicamente no basta.     Buscamos función.

3. Una respuesta intelectual demasiado complicada levanta sospecha.     Si necesitamos tres páginas para conseguir que algo pase una pregunta elemental, probablemente estamos empujándolo.

4. Puede responder SÍ, NO o NO SABEMOS.     El NO SABEMOS será importantísimo.

5. Nada que no pase se tira.     Simplemente no pertenece, por ahora, al estamento Astrología ↔ Vida.

Y una sexta que añadiría después de todo lo que hemos descubierto hoy:

6. NO PREGUNTAMOS QUÉ SIGNIFICA.

PREGUNTAMOS QUÉ HACE.     Eso es capital.     Porque «significado» nos devuelve inmediatamente al universo simbólico humano.

FUNCIÓN nos obliga a buscar Tierra.    Así que yo abriría el experimento casi ceremonialmente:

Una función puede ser necesaria para la Vida y, al pasar por el constructo, encontrar una manifestación que llegue incluso a actuar contra la Vida.

 Una función puede ser necesaria para la Vida y, al pasar por el constructo, encontrar una manifestación que llegue incluso a actuar contra la Vida.

 Sí. Y aquí aparece algo que las 12 preguntas van a tener que detectar con muchísimo cuidado: una función puede ser necesaria para la Vida y, al pasar por el constructo, encontrar una manifestación que llegue incluso a actuar contra la Vida.

Con Marte, provisionalmente, podemos verlo muy claro.     Si debajo encontramos algo como:      SEPARAR — CORTAR — DEFENDER — INTERVENIR — MOVILIZAR — DETENER      esas funciones no son contrarias a la vida. La vida las necesita.

Un organismo tiene que distinguir lo propio de lo ajeno. Tiene que defender su integridad. Hay procesos que terminan para que otros continúen. Una planta pierde partes. Un animal se defiende. Un organismo elimina material. Vida no significa conservar absolutamente todo indefinidamente.

Pero entonces entra el constructo humano y puede producir una operación tremenda:

DEFENDER LA VIDA

DEFENDER LO MÍO

DEFENDER MI GRUPO

DEFENDER MI TERRITORIO

DEFENDER MI PODER

EL OTRO AMENAZA

ATACAR

DESTRUIR

MATAR

Y al final seguimos utilizando una palabra inicial —defensa— para justificar algo que ha recorrido una distancia enorme desde aquella función.      ¡Ahí las doce preguntas tienen muchísimo trabajo!

Porque Marte = guerra podría contener un vestigio de una función vital auténtica, pero llevada por el constructo a una manifestación extrema.

Entonces no tenemos que decir:        GUERRA → FUERA.

Tenemos que seguir el hilo:     ¿QUÉ FUNCIÓN ORIGINAL ESTÁ UTILIZANDO LA GUERRA?

Y después:      ¿EN QUÉ MOMENTO ESA FUNCIÓN CAMBIÓ DE ESTAMENTO?

Ahí aparece algo que me parece importantísimo para nuestro método:    UNA FUNCIÓN PUEDE INVERTIRSE.

Puede comenzar sirviendo a la continuidad y terminar utilizando sus propias capacidades contra aquello que inicialmente protegía.     Y eso es un termómetro magnífico.      Porque entonces la pregunta 12:

«¿Cómo participa en sostener, equilibrar o continuar la Vida?»    no es una pregunta decorativa.      Puede detectar la inversión funcional.    Por ejemplo:

DEFENSA → protege integridad → compatible con continuidad.

Pero:

DESTRUCCIÓN ILIMITADA → deteriora las condiciones de continuidad → la función ha entrado en contradicción con su suelo.

Y ahí ya sabemos:      esto no puede pertenecer al núcleo original en el mismo sentido.

Es una derivación, una utilización, una decantación —como dices— producida dentro de determinadas circunstancias del constructo.

Pero haría una precisión a tu «fuera de él no puede», porque nos ayudará cuando hagamos el análisis riguroso: en la naturaleza sí existen muerte, depredación, competencia, destrucción de tejidos, eliminación y conflicto por recursos. No conviene idealizar Madre Tierra como un lugar donde nada mata a nada.

La diferencia decisiva quizá esté en otra parte:     la naturaleza mata, pero no construye una ideología de la guerra.

Un depredador mata para alimentarse. Un organismo elimina células. Una especie compite por recursos. Eso pertenece a dinámicas de sistemas vivos.

Pero conceptos como honor militar, conquista imperial, enemigo político, gloria bélica, guerra santa, frontera nacional, etc., pertenecen ya a elaboraciones humanas muchísimo más complejas.

¡Y precisamente por eso necesitamos las doce preguntas!     Nos impedirán hacer trampas en las dos direcciones:       ni justificar la guerra diciendo «la naturaleza también mata»,      ni fabricar una Madre Tierra idílica donde no existen muerte, corte, competencia o destrucción.

Tenemos que encontrar la función exacta.      Y quizá Marte sea un primer interrogado extraordinario precisamente por eso.

Porque puede obligarnos a distinguir:      MATAR PARA VIVIR

de

ORGANIZAR LA DESTRUCCIÓN COMO CONSTRUCCIÓN HUMANA.

No son lo mismo.      Y todavía hay algo fascinante: Marte = guerra quizá no sea basura astrológica en absoluto.

Puede ser una hoja caída extraordinariamente valiosa porque nos muestra hasta dónde puede desviarse o amplificarse una función cuando entra en el constructo humano.

Entonces Marte nos enseñaría dos cosas simultáneamente:

MARTE RAÍZ: capacidad funcional necesaria.

MARTE DERIVADO: historia de las formas humanas que esa capacidad pudo adoptar.

Y después viene nuestro siglo XXI:     ¿QUÉ NUEVOS CAUCES PUEDE ENCONTRAR ESA POTENCIA SIN NECESITAR LA GUERRA?

Ahí sí que estamos haciendo algo nuevo.     No castramos a Marte.

Le devolvemos toda su fuerza y le preguntamos dónde puede fecundar sin tener que destruir aquello de lo que también depende.

Y ésa puede ser una de las primeras grandes respuestas que nos den las doce preguntas.

 

Sí. Ésa es exactamente la disciplina que necesitamos para las 12 preguntas: no dejarnos hipnotizar por la cantidad de manifestaciones que el constructo puede producir.

Porque el constructo humano tiene una capacidad extraordinaria: puede crear algo, ponerle nombre, repetirlo, transmitirlo, institucionalizarlo y conseguir que tenga efectos completamente reales sobre las personas.

Pero hay que distinguir dos cosas:       que algo produzca efectos reales no significa necesariamente que la entidad o explicación que hemos construido sea real fuera de ese sistema.

Tu rana es perfecta.      Una cultura podría establecer:     «Si la rana salta tres veces a la izquierda y dos a la derecha, anuncia un meteorito.»

Puede escribirse.      Puede enseñarse.     Puede haber especialistas en interpretar saltos de rana.     Puede producir miedo.     Puede cambiar conductas.    Puede incluso provocar que miles de personas hagan determinadas cosas.

Los efectos sociales serían reales.

Pero eso no demostraría ninguna relación causal entre los saltos de la rana y el meteorito.    Y aquí tenemos que ser especialmente exigentes con la astrología, precisamente porque la queremos investigar seriamente.

LAS 12 PREGUNTAS NO DEBEN DEMOSTRAR LA ASTROLOGÍA.

Deben intentar encontrar qué correspondencias funcionales podemos formular entre el lenguaje astrológico y los procesos de la vida, y cuáles son añadidos simbólicos, históricos o culturales.

Y aun encontrando una correspondencia hermosa —por ejemplo Marte/defensa— hay que mantener una distinción importante:     encontrar defensa en la naturaleza no demuestra por sí mismo que Marte cause o represente objetivamente la defensa humana.

Eso requeriría otra clase de evidencia.       Pero para nuestro propósito actual ya habremos conseguido muchísimo:     hemos limpiado el concepto astrológico.

Podremos decir:     «Si utilizamos Marte como arquetipo funcional, éste es el núcleo que parece coherente con procesos necesarios de lo vivo; estas otras manifestaciones pertenecen al desarrollo humano posterior.»

Eso ya es una revolución en cómo interpretar, aunque todavía no sea una demostración científica de la astrología.

Y respecto a esos grandes «fantasmas» del constructo que dices, haría exactamente la misma separación.      Una frontera nacional es construcción humana.

Pero intenta atravesarla sin documentación y descubrirás que sus consecuencias son perfectamente reales.      El dinero es una construcción humana.      Pero no tenerlo dentro de una sociedad monetizada produce consecuencias reales.     Un prestigio social es construido.     Pero perderlo puede transformar relaciones reales.

Por tanto:     CONSTRUIDO      INEXISTENTE.

La formulación más precisa sería:    EXISTE DENTRO DE UN DETERMINADO NIVEL DE REALIDAD HUMANA,PERO NO POR ELLO ES UNA EXIGENCIA FUNDAMENTAL DE LA VIDA.

¡Eso es justamente UBICAR!     Y entonces tu vela funciona maravillosamente como metáfora metodológica.

Hay construcciones enormes que parecen ocupar todo el horizonte mientras permanecemos dentro de ellas.

Encendemos una pequeña vela:      ¿DE QUÉ DEPENDE ESTO?

Y después:

¿QUÉ NECESIDAD VITAL ATIENDE?

¿QUÉ FUNCIÓN CUMPLE?

¿EXISTE ESA FUNCIÓN FUERA DEL CONSTRUCTO?

¿QUÉ PARTE ES FUNCIÓN Y QUÉ PARTE ES LA FORMA HUMANA QUE ADQUIRIÓ?

Y empiezan a aparecer los muebles de la habitación.

No necesariamente desaparece el fantasma.    Descubrimos de qué está hecho.      Y ésa es exactamente la tarea que tenemos ahora con la astrología:

NO BUSCAR MADRE TIERRA DENTRO DE LA ASTROLOGÍA.

Sino:

BUSCAR QUÉ PARTE DE LO ASTROLÓGICO ENCUENTRA UN PARALELO FUNCIONAL EN MADRE TIERRA.

Todo lo demás permanece como material humano y astrológico para una segunda investigación.    Así evitamos la rana, Carlos.

Porque si nosotros mismos empezamos a encontrar correspondencias en todas partes, fabricaremos otra astrología dentro de la caja.

Las 12 preguntas tienen que hacer justamente lo contrario:    obligarnos a decir NO SÉ cuando no sabemos.     Y ésa quizá sea la vela más potente de todas.

 

Sí. Y Neptuno sería una prueba magnífica precisamente porque no nos asusta que el resultado sea CERO.    Ahí demostraríamos que las 12 preguntas no están construidas para salvar a la astrología.

Imaginemos el experimento extremo:   NEPTUNO ANTE MADRE TIERRA

Pasamos las doce preguntas y no encontramos ninguna función imprescindible para sostener o continuar la Vida.

Ninguna.      Eso sería un resultado extraordinariamente interesante.

No concluiríamos:     «Neptuno no existe.»

El planeta existe, naturalmente.      Tampoco:

«Todo lo dicho astrológicamente sobre Neptuno es falso.»      Diríamos algo mucho más preciso:

«No hemos encontrado, con este instrumento, una función vital fundamental que justifique colocar el arquetipo astrológico Neptuno en el primer estamento.»       Y entonces... ¡Neptuno no desaparece!

CAMBIA DE MESA.      Y abrimos todo lo que el constructo ha relacionado con él:     idealización, disolución, fantasía, confusión, misticismo, evasión, sacrificio, inspiración, engaño, trascendencia, sensibilidad, intoxicación, fusión...

Y ahora tendríamos delante una pregunta apasionante:   ¿POR QUÉ EL CONSTRUCTO HUMANO HA NECESITADO TANTO A NEPTUNO?

¡Eso puede resultar incluso más interesante que haberlo hecho pasar!

Porque quizá descubriríamos —es sólo una hipótesis que habría que investigar— que Neptuno no describe una función primaria de la Vida, sino determinadas posibilidades que aparecen en una conciencia humana capaz de representar, imaginar, creer, idealizar, escapar, simbolizar o construir realidades compartidas.

Entonces Neptuno podría ser enormemente importante...  pero en otro estamento.

Y ahí aparece exactamente lo que llevamos toda la mañana diciendo:

IMPORTANCIA     FUNDAMENTALIDAD VITAL.

Una cosa puede ser importantísima para el humano construido y no ser condición fundamental para que la Vida continúe.

Ahora bien, yo no anticiparía que Neptuno «no ayuda para nada a la vida». Precisamente porque entonces estaríamos contaminando el experimento antes de empezarlo.     Quizá al hacer las preguntas aparezca algo inesperado.

Por ejemplo, podríamos preguntarnos si algunas funciones que tradicionalmente hemos colocado bajo Neptuno esconden procesos más elementales: permeabilidad, disolución de límites, integración en sistemas mayores, sensibilidad al medio... Pero no debemos adjudicárselos todavía.

Que responda Neptuno.     Y si no responde:     CERO.    Magnífico.

Eso incluso validaría la utilidad del instrumento, porque demostraría que no todos los arquetipos tienen por qué obtener la misma puntuación ni pertenecer al mismo nivel.

Y ahí puede aparecer una cosa enorme para la astrología.    Quizá después de pasar todos los planetas encontremos:      PLANETAS CON FUNCIÓN VITAL FUNDAMENTAL

otros con:      FUNCIÓN VITAL SECUNDARIA O DERIVADA

otros:     ARQUETIPOS PRINCIPALMENTE DEL CONSTRUCTO HUMANO

y otros:       NO UBICADOS — SEGUIR INVESTIGANDO.

¡Eso sería mucho más interesante que obligar a los diez planetas a quedar igual de bien!

Y además nos permitiría entender por qué algunos símbolos astrológicos parecen tan cercanos a funciones elementales y otros requieren enormes edificios intelectuales para explicarlos.     Ahí está tu observación sobre Neptuno.

Si necesitáramos cuatro páginas de filosofía para conseguir que Neptuno pase una pregunta sencilla, cuidado.

Madre Tierra no necesita una conferencia para explicar por qué hace falta agua.      Hace falta.

No necesita veinte páginas para demostrar que un organismo necesita intercambio con el medio.       Lo necesita.

Por eso nuestro termómetro debería premiar precisamente la evidencia funcional sencilla, no la habilidad intelectual del astrólogo para construir una justificación.

Ésta puede ser una regla importantísima:

CUANTO MÁS RAZONAMIENTO NECESITEMOS PARA HACER PASAR UN ARQUETIPO,

MÁS SOSPECHA DE QUE SOMOS NOSOTROS QUIENES LO ESTAMOS EMPUJANDO.

¡Eso sí que protege el experimento!      Y entonces Neptuno puede darnos un resultado 12/12, 5/12, 1/12 o 0/12.       Nos da igual.

Porque cualquiera de esos resultados nos enseña algo.    Y si fuera 0/12 pero 100/100 dentro del constructo humano, habríamos descubierto algo formidable:

UN ARQUETIPO PUEDE SER POBRÍSIMO COMO DESCRIPTOR DE UNA FUNCIÓN VITAL FUNDAMENTAL Y EXTRAORDINARIAMENTE RICO COMO MAPA DE CONSTRUCCIONES HUMANAS.

Eso no destruye a Neptuno.      Por primera vez sabríamos dónde colocarlo.       Y ése, como acabas de decir, es exactamente el resultado que estamos buscando.

 

Sí. Y ahora aparece una distinción muy importante: la libertad humana no queda negada por la dependencia. Precisamente puede desplegarse porque primero existe un soporte que la hace posible.

Nuestra fórmula:       P(::::) = TODO Y UNIDAD     nos obliga a no sacar al humano del conjunto.

Pero dentro de esa pertenencia ocurre algo extraordinario: el humano puede producir un segundo mundo.

Lenguaje, dinero, leyes, empresas, fronteras, títulos, prestigio, profesiones, horarios, instituciones, religiones, teorías, símbolos, astrología, sistemas psicológicos, tecnologías...   Todo ello puede llegar a formar un universo humano de una complejidad gigantesca.

Y muchas de esas construcciones han sido magníficas soluciones. No debemos caer ahora en la ingenuidad inversa de pensar:

NATURAL = BUENO               CONSTRUIDO = MALO.        No.

El constructo ha permitido cooperación a escalas enormes, transmisión del conocimiento, medicina, ciencia, ciudades, comunicaciones, protección, arte...

El descubrimiento nuevo es mucho más sencillo:    TODO ESE MUNDO PARALELO SIGUE DEPENDIENDO.

Podemos olvidarlo durante siglos.      Podemos comportarnos como propietarios absolutos.       Podemos poner precio al suelo, al agua, a los alimentos.      Podemos incluso vivir cincuenta años prácticamente sin pensar de dónde viene aquello que nos mantiene vivos.

Pero la dependencia continúa intacta.      Y aquí entra lo que tú llamas desarrollo de conciencia.      Quizá hemos llegado a un momento en que el humano puede hacer una operación que antes era muchísimo más difícil:

SALIR MENTALMENTE DE UNA PARTE DE SU PROPIO CONSTRUCTO
Y CONTEMPLARLO COMO CONSTRUCCIÓN.

Y decir:       «¡Un momento! Esto lo hicimos nosotros.»     Eso es enorme.     Porque inmediatamente aparece una consecuencia:

SI LO HICIMOS NOSOTROS,       PODEMOS REVISARLO NOSOTROS.

No todo.     No de cualquier manera.     No sin consecuencias.     Pero deja de ser una especie de ley de la naturaleza.      Y entonces las 12 preguntas adquieren otra utilidad gigantesca.      Ante cualquier construcción humana que parece inevitable:

¿Qué necesidad original atendía?

¿Continúa existiendo esa necesidad?

¿La solución continúa cumpliendo su función?

¿Qué coste produce ahora?

¿De qué depende para mantenerse?

¿Está perjudicando aquello de lo que ella misma depende?

¿Puede modificarse?

¿Hay hoy otra posibilidad que cuando nació no existía?

Ahí está el siglo XXI.

Porque una solución creada en el siglo XII, XVIII o XX pudo ser extraordinaria en su momento.      No necesitamos insultarla desde 2026.    Preguntamos:     ¿SIGUE SIÉNDOLO?

Y puede ocurrir algo todavía más interesante: que conservemos la necesidad pero cambiemos completamente la solución.     Ese es el verdadero margen de libertad.

LO SUPERFLUO TAMBIÉN PUEDE HABER SIDO NECESARIO ALGUNA VEZ          Esto que señalas me parece particularmente importante.

Algo puede parecernos hoy completamente superfluo y, sin embargo, haber surgido porque resolvía una necesidad real en determinadas condiciones.

Después las condiciones cambian.      Pero la solución queda.     Se institucionaliza.      Se enseña.     Se hereda.     Se convierte en costumbre.

Después nadie recuerda exactamente qué problema resolvía.     Y finalmente aparece como:     «LAS COSAS SON ASÍ.»       ¡Ahí necesitamos el desatascador!        ALTO.

Madre Tierra pregunta:       ¿Para qué estaba esto?

Y quizá descubrimos:     NECESIDAD: sigue existiendo.
SOLUCIÓN: ha envejecido.

Entonces no destruimos.      ACTUALIZAMOS EL CAUCE.

O:              NECESIDAD: desapareció.
SOLUCIÓN: continúa funcionando por inercia.

Entonces podemos estudiar cómo soltarla.

O:          NECESIDAD Y SOLUCIÓN: continúan siendo magníficas.

Entonces las conservamos con mucha más conciencia.

Y hay una cuarta posibilidad maravillosa:       la solución antigua contiene algo fértil que podemos reutilizar de una manera completamente nueva.

Otra vez las hojas del árbol.       Nada se tira automáticamente.    Y aquí la libertad adquiere otra dimensión     Libertad ya no sería solamente:

«PUEDO HACER LO QUE QUIERA.»      Sería algo bastante más maduro:

PUEDO RECONOCER QUÉ HE CONSTRUIDO.
PUEDO COMPRENDER POR QUÉ LO CONSTRUÍ.
PUEDO VER DE QUÉ DEPENDE.
PUEDO COMPROBAR SI TODAVÍA SIRVE.
Y PUEDO PARTICIPAR EN SU TRANSFORMACIÓN.

Eso sí es una capacidad extraordinaria del humano.

Porque la rana no puede convocar un congreso y revisar el sistema social de las ranas.     Nosotros podemos mirar una institución de hace quinientos años y decir:

«Gracias. Cumpliste una función. Ahora veamos si necesitamos otra forma.»

Y quizá ésta sea una de las consecuencias más profundas de VOLVER A MIRAR:

NO SALIMOS DEL CONSTRUCTO PARA ABANDONARLO.

SALIMOS PARA PODER VOLVER A ENTRAR CONSCIENTEMENTE.

¡Ésa es la operación!      Porque tenemos que vivir dentro de construcciones humanas. No vamos a dejar de utilizar lenguaje, dinero, instituciones, tecnología, normas, ciudades...       Pero ahora podemos regresar sabiendo:

ESTO ES NUESTRO.
LO HEMOS CONSTRUIDO.
PUEDE SER EXTRAORDINARIO.
PUEDE NECESITAR REFORMA.
NO ES MADRE TIERRA.
Y DEPENDE DE MADRE TIERRA.

Eso coloca al constructo en un lugar muchísimo más digno, no menos.

Deja de pretender ser señor de la realidad y vuelve a ser una de las grandes creaciones de una especie que vive dentro de ella.     Y entonces nuestra fórmula no aplasta la libertad:

P(::::) = TODO Y UNIDAD, 

de hecho:  TODO y UNIDAD  =  POSIBILIDADES (::::)      la sitúa.

El humano puede construir mundos.     Puede llenarlos de posibilidades.   Puede equivocarse.    Puede corregirlos.    Puede crear otros.

Pero nunca deja de estar montado en el planeta mientras lo hace.     Y quizá esa última frase sea la vela que necesitábamos: