Y mientras exista
VIDA y CONCIENCIA
todavía existe posibilidad de…
Durante mucho tiempo creí
que las preguntas importantes tenían que ver con el miedo, las heridas, la
identidad, la libertad o la reconstrucción.
Y todas ellas siguen
siendo importantes.
Pero con el paso de los
años apareció una pregunta más sencilla y más profunda:
¿Qué significa realmente
estar vivo?
No saber que estoy vivo.
Descubrirlo.
Reconocerlo.
Participar de ello.
Porque quizá la mayor
parte de nuestras confusiones comienzan cuando dejamos de participar plenamente
en la vida que ya está ocurriendo.
Entonces empezamos a
buscar fuera aquello que creemos que nos falta.
Depositamos partes de
nosotros en deseos, proyectos, reconocimientos, posesiones, expectativas o
ideales.
Y poco a poco olvidamos
algo esencial.
Que la vida ya estaba
aquí.
Esperándonos.
En una conversación.
En una brisa.
En un árbol floreciendo.
En unas patatas recién
llegadas de la tierra.
En unas flores compradas
sin necesidad.
En la mirada de otro ser
humano.
Este libro no pretende
enseñar una verdad.
Pretende recordar una
evidencia.
Que estamos vivos.
Y que mientras exista
vida y conciencia, todavía existe posibilidad.
Posibilidad de
comprender.
Posibilidad de
rectificar.
Posibilidad de
reorganizarse.
Posibilidad de volver a
elegir.
Posibilidad de participar
más plenamente en la existencia.
Porque vivir no consiste
en alcanzar una meta definitiva.
Consiste en aprender a
corresponder cada vez mejor con la vida que se nos ofrece.
Y si alguna idea
atraviesa estas páginas, quizá sea esta:
No necesitamos ser
perfectos.
Necesitamos permanecer suficientemente
despiertos para seguir volviendo a la vida una y otra vez.
Al terminar estas páginas
no espero que el lector haya encontrado respuestas definitivas.
Tampoco estoy seguro de
que existan.
La vida continúa siendo
más grande que cualquier explicación.
Más amplia que cualquier
teoría.
Más profunda que
cualquier conclusión.
Si algo he aprendido
durante este recorrido es que vivir no consiste en tener razón.
Consiste en participar.
Participar del instante
que se presenta.
Participar de aquello que
florece.
Participar de aquello que
necesita ser comprendido.
Participar de aquello que
todavía puede corregirse.
La conciencia madura no
deja de equivocarse.
Simplemente aprende a
rectificar antes.
Aprende a reorganizarse.
Aprende a volver.
Por eso quizá la
verdadera sabiduría no consista en llegar.
Consista en conservar la
capacidad de regresar una y otra vez a aquello que reconocemos como verdadero.
Si me equivoco,
rectificaré.
Si me desvío, volveré.
Si cambia la realidad,
volveré a ordenar.
Mientras la conciencia
conserve esa capacidad, el camino continúa abierto.
Y mientras exista vida y conciencia, todavía
existe posibilidad.
No siempre nos falta
algo.
A veces simplemente hemos
dejado de participar plenamente en la vida que ya está ocurriendo.
Este libro es una
invitación a mirar de nuevo.
A reconocer aquello que
permanece vivo debajo de las heridas, los miedos, los automatismos y las
distracciones.
A descubrir que la
libertad no consiste en hacer cualquier cosa, sino en recuperar la capacidad de
escoger conscientemente.
A comprender que la
reconstrucción no es una obligación, sino una posibilidad permanente.
Y, sobre todo, a recordar
algo tan sencillo como extraordinario:
Estamos vivos.
Desde esa evidencia nacen
el agradecimiento, la conciencia, la libertad, la capacidad de rectificar y la
posibilidad de seguir creciendo.
Porque mientras exista vida y conciencia,
todavía existe camino.
“¿hacia dónde
está orientándose realmente mi conciencia?”
“mientras
exista conciencia, todavía existe posibilidad.”
“¿mi vida todavía respira?”
“¿estoy
viviendo… o solamente protegiéndome?”
“¿qué sigue
todavía vivo debajo de la herida?”
“¿estoy
viviendo desde verdad… o desde personaje?”
“¿todavía puedo
encontrar humanidad en los demás y en mí?”
“¿qué parte de
mí todavía observa?”
“¿qué
significado profundo tiene estar vivo?”
“¿qué todavía
puede desarrollarse en mí?”








