MADRE TIERRA
EL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO
Manual para volver a mirar
Economía — Cuando el instrumento parece naturaleza
Dinero,
propiedad, crecimiento, seguridad, valor, necesidad y continuidad. Entramos ahora en una construcción
extraordinariamente poderosa. Tan
poderosa que puede resultar difícil verla como construcción.
Nacemos y ya existen precios. Salarios.
Propiedades. Deudas. Mercados.
Empresas. Impuestos. Monedas.
Contratos. Bancos. Herencias.
Alquileres. Intereses. Patrimonios. Y como todo ello estaba funcionando antes
de nuestra llegada, puede adquirir la apariencia de algo semejante al clima: ESTÁ
AHÍ.
Pero no
exactamente. Debajo de toda economía
hay algo anterior. Personas que
necesitan comer. Beber. Vestirse.
Cobijarse. Cuidarse. Transportarse. Obtener materiales. Distribuir recursos. Intercambiar. Guardar para mañana. Cooperar.
Organizar el trabajo. LA NECESIDAD ES ANTERIOR AL
INSTRUMENTO QUE CONSTRUIMOS PARA ATENDERLA.
Y quizá ahí debamos comenzar.
Antes del dinero estaba la necesidad
Podemos
retirar mentalmente durante un instante todo el sistema económico. No desaparece el hambre. No desaparece el frío. No desaparece la necesidad de refugio. No desaparecen el agua, la tierra, los
materiales o el trabajo humano. Tampoco
desaparece la desigual distribución de recursos ni la necesidad de organizarnos
para obtenerlos y compartirlos de alguna manera. Es decir:
**LA ECONOMÍA NO INVENTÓ LAS NECESIDADES. CONSTRUIMOS ECONOMÍAS PARA ORGANIZAR CÓMO
LAS ATENDEMOS.** A partir de ahí
comienza el edificio. Y es un edificio inmenso.
El dinero es una construcción y precisamente por eso puede ser
extraordinario
El dinero
permite representar valor económico. Facilita
intercambios que de otro modo serían enormemente difíciles. Permite ahorrar. Calcular.
Comparar. Invertir. Coordinar actividades entre personas que
ni siquiera se conocen. Sería absurdo
concluir: «Como es una construcción, no es
real.» Sus
consecuencias son evidentemente reales.
Con dinero podemos obtener determinados bienes y servicios. Sin él, dentro de nuestras economías
actuales, podemos quedar excluidos de muchos de ellos. Pero también sería un error contrario:
confundir
el instrumento con aquello que representa.
Un billete
no alimenta. Una cifra en una cuenta
no se bebe. El dinero permite acceder,
dentro de determinado sistema, a aquello que sí puede satisfacer necesidades. Por tanto: **EL
DINERO ES REAL COMO CONSTRUCCIÓN HUMANA.
NO ES REAL DE LA MISMA MANERA QUE EL AGUA QUE COMPRAMOS CON ÉL.** Otra vez: ¿EN
QUÉ PISO ESTÁ?
Cuando el representante empieza a parecer la realidad
Supongamos
que una sociedad produce alimentos. Podemos
expresar económicamente esa producción.
Perfecto. Pero la cifra que
utilizamos para representarla no es el alimento. Podemos valorar económicamente un bosque. Pero el precio asignado al bosque no realiza
fotosíntesis. Podemos poner precio al
agua. Pero el precio no sustituye las
propiedades materiales del agua. Esta
distinción parece elemental. Y, sin
embargo, cuanto más complejo se vuelve el edificio económico, más fácil resulta
operar principalmente con representaciones.
Entonces necesitamos conservar una toma de tierra: EL
MAPA ECONÓMICO NO ES EL TERRITORIO MATERIAL DEL QUE DEPENDE LA ECONOMÍA.
La propiedad
Llegamos a
otra construcción formidable: MÍO.
TUYO. La
propiedad permite organizar relaciones entre personas respecto a bienes y
recursos. Puede proporcionar
estabilidad. Responsabilidad. Seguridad.
Capacidad de planificación. Puede
reducir determinados conflictos y crear marcos dentro de los cuales organizar
actividades complejas. No necesitamos
convertir su origen en una historia simplificada ni su existencia en una
condena. Nuestro instrumento
pregunta otra cosa: ¿QUÉ PARTE HAY AQUÍ DE OBJETO Y QUÉ
PARTE DE RELACIÓN HUMANA SOBRE EL OBJETO?
Una parcela
existe materialmente. Sus
características físicas existen. El
régimen mediante el cual una sociedad determina quién puede usarla, venderla,
heredársela a otro o impedir que otros entren pertenece además al mundo humano
construido. La distinción no elimina
la propiedad. La hace visible. «Mío»
no modifica la materia Podemos
colocar una valla. Un documento. Una inscripción registral. Un contrato. Y todo ello puede tener consecuencias
jurídicas y económicas muy reales.
Pero la
lluvia que cae sobre ese terreno no consulta el registro. Las raíces pueden atravesar nuestros
límites. Los animales tampoco reconocen
necesariamente nuestras divisiones. El
agua circula. El aire circula. La materia continúa perteneciendo
simultáneamente a procesos mucho más amplios que nuestra organización jurídica. Por eso podemos decir: MÍO
Y TUYO DENTRO DE NUESTRO. No
como propuesta para abolir la propiedad.
Como recordatorio de piso. Nuestros
derechos sobre las cosas existen dentro de sistemas humanos que, a su vez,
existen dentro de un sistema terrestre del que todos dependemos.
La seguridad que había detrás
Ahora
podemos aplicar nuestra arqueología.
¿Por qué acumulamos? La
respuesta no tiene por qué empezar en la codicia. Puede comenzar muchísimo antes: MAÑANA. Mañana quizá no
encuentre alimento. Mañana llegará el invierno. Mañana puede haber escasez. Mañana necesitaré cuidar a mis hijos. Mañana quizá no pueda trabajar. Guardar puede ser una respuesta
extraordinariamente inteligente a la incertidumbre. ACUMULAR
PUEDE NACER COMO UNA FORMA DE PROTEGER LA CONTINUIDAD. Aquí aparece nuevamente
nuestra obligación de comprender antes de juzgar.
De guardar a acumular
Pero las
construcciones pueden desplazarse. Guardar
para mañana. Después para varios
mañanas. Después para garantizar
seguridad. Después para aumentar
posibilidades. Después para adquirir
posición. Después porque aquello
acumulado produce más capacidad de acumulación. Entonces puede aparecer una secuencia: TENER
MÁS → SENTIR MÁS SEGURIDAD → PODER OBTENER MÁS → PROTEGER LO ACUMULADO →
NECESITAR MÁS → ACUMULAR MÁS. No
significa que toda acumulación siga esa secuencia. Significa que nuestro instrumento puede
detectar una posibilidad: UNA SOLUCIÓN CREADA PARA REDUCIR LA
INSEGURIDAD PUEDE TERMINAR PRODUCIENDO NUEVAS FORMAS DE INSEGURIDAD. Y ahí debemos mirar.
La palabra olvidada: suficiente
¿Cuánto es
suficiente? La economía no puede
responder por sí sola a esta pregunta en todos los planos de la existencia. Porque suficiente no es únicamente una cantidad. Depende de necesidades. Circunstancias. Responsabilidades. Riesgos.
Proyectos. Personas.
Pero quizá
una sociedad orientada permanentemente hacia más tenga dificultades para reconocer el
momento en que una necesidad ya está razonablemente atendida. Entonces aparece una palabra extraña
dentro de determinados mecanismos de crecimiento: SUFICIENTE. No significa conformismo. No significa pobreza. No significa detener la investigación o la
mejora. Significa recuperar una
relación entre: NECESIDAD y RECURSO. ¿Qué significa valor? Aquí
nuestro instrumento encuentra otra palabra fascinante.
VALOR.
Algo puede
tener valor económico. Valor afectivo. Valor cultural. Valor ecológico. Valor histórico. Valor práctico. Valor simbólico. Y esos valores no tienen por qué coincidir. Un objeto económicamente barato puede ser
afectivamente insustituible. Algo sin
propietario puede resultar indispensable para un ecosistema. Una actividad de enorme importancia
humana puede recibir poca remuneración.
Otra puede recibir una remuneración extraordinaria. Por tanto: PRECIO
Y VALOR NO SON SINÓNIMOS. El
precio pertenece a determinados mecanismos económicos. El valor puede ocupar muchos pisos. Reubicar significa no pedir a una sola
medida que represente todo aquello que nos importa.
Cuando el precio intenta medirlo todo
Ésta puede
ser una desviación importante. El
precio es una herramienta extraordinariamente eficaz para determinadas
operaciones. Pero existen cosas cuya
importancia no queda agotada por aquello que alguien está dispuesto o puede
pagar por ellas. Aire
respirable. Agua disponible. Tiempo.
Cuidados. Relaciones. Biodiversidad. Conocimiento. Descanso. Podemos construir mecanismos económicos
alrededor de muchas de ellas. Pero
debemos conservar la distinción: QUE ALGO TENGA PRECIO NO SIGNIFICA QUE
SU PRECIO CONTENGA carezca
de valor.
El crecimiento
Llegamos a una
de las palabras centrales de nuestro edificio económico. CRECER. En muchos contextos, crecer
es deseable. Una empresa puede
necesitar crecer. Una economía puede
aumentar su producción. Una sociedad
puede mejorar infraestructuras. Podemos
producir más eficientemente. Crear
nuevos bienes. Ampliar conocimientos. Mejorar servicios. No existe ninguna razón para convertir crecimiento en una
palabra sospechosa por sí misma. Pero
nuestro instrumento pregunta: ¿QUÉ ESTÁ CRECIENDO? Y después: ¿PARA
QUÉ? Y todavía: ¿QUÉ
NECESITA PARA CONTINUAR CRECIENDO? Porque
no todos los crecimientos son iguales.
La medida del éxito
Supongamos
que elegimos un indicador económico. Nos
permite conocer una parte importante de la actividad. Perfecto.
Pero recordemos el capítulo anterior:
EL INDICADOR NO
ES EL TERRITORIO. Una
economía puede mejorar determinados indicadores mientras empeoran otras
dimensiones relevantes. O puede
ocurrir lo contrario. Por eso
necesitamos evitar una reducción:
MÁS INDICADOR =
NECESARIAMENTE MÁS VIDA BUENA. La
economía profesional dispone de herramientas mucho más sofisticadas para
estudiar estas cuestiones. Nosotros no
vamos a sustituirlas. Solamente dejamos
nuestra pregunta: ¿QUÉ PARTE DE LA REALIDAD ESTAMOS
MIDIENDO Y QUÉ PARTE ESTAMOS DEJANDO FUERA?
Una economía puede funcionar perfectamente dentro de su piso
Aquí aparece
uno de los puntos más importantes. Un
mecanismo puede ser económicamente racional.
Rentable. Eficiente. Competitivo. Y estar funcionando exactamente como fue
diseñado. Pero nuestro manual añade
otra pregunta: ¿QUÉ OCURRE FUERA de ese cálculo? Recursos utilizados. Residuos.
Dependencias. Consecuencias
sociales. Efectos sobre el tiempo
humano. Condiciones de trabajo. Impactos materiales. Capacidad de continuidad. No para declarar que la lógica económica
sea ilegítima. Sino para recordar: UN
SISTEMA PUEDE FUNCIONAR CORRECTAMENTE SEGÚN SU PROPIA MEDIDA Y, SIN EMBARGO,
NECESITAR SER CONTRASTADO DESDE UN MARCO MAYOR. Aquí vuelve Madre Tierra.
La Tierra entra en la contabilidad aunque no la invitemos
Toda
economía utiliza materia y energía. Incluso
una actividad aparentemente inmaterial necesita cuerpos, dispositivos,
edificios, electricidad, redes, alimentos, agua y múltiples infraestructuras. La economía puede crear valor económico. Pero no crea de la nada la base material
sobre la que opera. Por eso: **LA
ECONOMÍA ESTÁ DENTRO DE MADRE TIERRA.
MADRE TIERRA NO ESTÁ DENTRO DE LA ECONOMÍA.** Podemos poner precio a una parte del
planeta. No podemos convertir por ello
el planeta entero en una consecuencia del precio. El orden de dependencia continúa siendo
otro.
Esto no es una teoría económica
Debemos
marcar aquí claramente nuestro límite.
No estamos proponiendo un sistema económico. No estamos diciendo cuánto debe intervenir
un Estado. Cómo debe organizarse la
propiedad. Qué impuestos deben existir. Cómo deben funcionar los mercados. Qué nivel de crecimiento es conveniente. Qué políticas monetarias deben aplicarse. Esas preguntas necesitan conocimientos
especializados, datos, análisis y discusión.
Nosotros hemos abierto una puerta anterior. ¿QUÉ
PARTE DE LA ECONOMÍA ES INSTRUMENTO Y QUÉ PARTE HEMOS TERMINADO VIVIENDO COMO
SI FUERA NATURALEZA? Después,
los economistas tendrán muchísimo más que decir que nosotros.
Una prueba sencilla
Podemos
aplicar nuevamente nuestra prueba de desaparición. Imaginemos que mañana desaparece una
determinada moneda. Las necesidades
permanecen. Los recursos permanecen. Las personas permanecen. Los conocimientos permanecen. Las capacidades productivas materiales
pueden permanecer. Habríamos perdido un instrumento fundamental
de coordinación y eso podría provocar enormes consecuencias dentro del sistema
existente. Pero la prueba revela
algo: EL INSTRUMENTO Y AQUELLO QUE EL INSTRUMENTO ORGANIZA NO
SON LA MISMA COSA. Esta
distinción puede parecer teórica hasta que una sociedad confunde la
conservación del instrumento con la conservación de la necesidad que justificó
su aparición.
¿Qué está al servicio de qué?
Volvemos
entonces a una pregunta que ya conocemos.
¿El dinero está al servicio del intercambio y la organización económica? ¿O determinadas partes de nuestra
vida comienzan a organizarse principalmente al servicio de producir dinero? ¿La producción está al servicio de
necesidades humanas? ¿O necesitamos generar nuevas necesidades
para mantener determinadas formas de producción? ¿La propiedad proporciona seguridad? ¿O una parte creciente de nuestra
seguridad depende de ampliar permanentemente la propiedad? ¿El crecimiento permite mejorar
condiciones? ¿O mantener el
crecimiento se convierte en una necesidad independiente de aquello que mejora? No necesitamos responder aquí. La herramienta hace algo anterior: HACE
VISIBLE LA INVERSIÓN CUANDO APARECE.
Seguridad y libertad
La economía
toca además una necesidad humana profunda.
Tener recursos proporciona capacidad de elección. Puede permitir independencia frente a
determinadas circunstancias. Tiempo. Protección. Acceso.
Movilidad. Por tanto, sería ingenuo hablar de libertad
ignorando la dimensión material de la existencia. Pero también podemos preguntar: ¿CUÁNTO
DE NUESTRA VIDA ENTREGAMOS PARA CONSEGUIR LA SEGURIDAD CON LA QUE ESPERAMOS
PODER VIVIRLA? No
existe una respuesta universal. Pero
la pregunta descubre nuevamente la relación entre medio y fin.
Necesidad y deseo
También aquí
debemos evitar simplificaciones. El
ser humano no vive solamente de necesidades biológicas mínimas. Desea.
Crea. Juega. Viaja.
Decora. Investiga. Colecciona.
Construye. Celebra. Quiere comodidad. Belleza.
Novedad. No necesitamos reducir
la economía a supervivencia. Sería
empobrecer al humano. Pero sí podemos
distinguir:
NECESITO. QUIERO.
ME GUSTA. ME RESULTA ÚTIL. ME DA SEGURIDAD. ME DA POSICIÓN. LO QUIERO PORQUE OTROS LO TIENEN. No para juzgar. Para saber qué estamos intentando
satisfacer.
Y entonces llega la continuidad
Ésta es
nuestra pregunta de retorno. Una
economía puede producir muchísimo. Puede
aumentar bienestar. Puede multiplicar
posibilidades. Puede desarrollar
tecnologías extraordinarias. Perfecto. Ahora añadimos: ¿PUEDE
CONTINUAR? No: ¿Puede
continuar creciendo exactamente igual para siempre? Ésa ya sería una
pregunta económica, tecnológica y ecológica mucho más específica. Nuestra pregunta es más elemental:
¿PUEDE ESTA FORMA DE ORGANIZAR NECESIDADES, RECURSOS,
PRODUCCIÓN E INTERCAMBIO CONTINUAR JUNTO CON LAS CONDICIONES QUE LA HACEN
POSIBLE? Y si la respuesta fuera: «No exactamente así» no significa: «eliminemos
la economía.» Significa:
CONSTRUYAMOS ECONOMÍA.
Pero ahora sabiendo que la
estamos construyendo.
Quizá la economía pueda recuperar su extraordinaria función
Porque
debajo de todo el edificio existe algo formidable. Tenemos necesidades. Los recursos no están igualmente
disponibles en todos los lugares ni momentos. Poseemos capacidades diferentes. Podemos especializarnos. Intercambiar. Cooperar.
Guardar. Invertir. Prever.
Distribuir. Crear. Y necesitamos alguna forma de organizar
todo ello. LA ECONOMÍA ES UNA DE LAS GRANDES
CONSTRUCCIONES MEDIANTE LAS QUE LOS HUMANOS INTENTAMOS HACER POSIBLE NUESTRA
CONTINUIDAD MATERIAL. Precisamente
por eso merece ser interrogada. No
para reducirla. Para devolverla
continuamente a su función.
Dejamos el instrumento en la puerta
A partir de
aquí corresponde a economistas y a otras disciplinas relacionadas investigar
con rigor. Nosotros solamente dejamos
algunas preguntas:
¿QUÉ NECESIDAD ESTAMOS ATENDIENDO?
¿QUÉ INSTRUMENTO CONSTRUIMOS PARA ATENDERLA?
¿EL INSTRUMENTO CONTINÚA AL SERVICIO DE LA
NECESIDAD?
¿QUÉ ESTAMOS LLAMANDO VALOR?
¿QUÉ ESTAMOS MIDIENDO?
¿QUÉ QUEDA FUERA DE LA MEDIDA?
¿QUÉ NOS PROPORCIONA SEGURIDAD?
¿CUÁNDO APARECE SUFICIENTE?
¿QUÉ ESTÁ CRECIENDO Y PARA QUÉ?
Y
finalmente: ¿PUEDE CONTINUAR JUNTO CON LA VIDA QUE
LO HACE POSIBLE? No
hemos dado una solución económica. Hemos
hecho algo más pequeño. Quizá más
incómodo. Hemos recordado que:
EL DINERO NO ES LA
MONTAÑA.
LA PROPIEDAD NO ES LA
TIERRA.
EL PRECIO NO ES TODO EL
VALOR.
EL CRECIMIENTO NO DICE POR
SÍ SOLO HACIA DÓNDE ESTAMOS CRECIENDO.
Y que detrás
del enorme edificio económico continúa existiendo aquello que justificó que
comenzáramos a construirlo: LA NECESIDAD DE CONTINUAR VIVIENDO. La siguiente puerta nos
conduce a construcciones todavía más antiguas.
Relatos que atravesaron generaciones.
Símbolos. Mandamientos. Ritos.
Tradiciones. Respuestas
construidas alrededor de algunas de las preguntas más profundas del ser humano. No entraremos para derribarlas. Entraremos con una linterna. Religión y cultura — La arqueología de lo
transmitido No
preguntar primero si debemos conservarlo o abandonarlo. Preguntar: ¿qué recibió
cada generación, qué añadió y qué terminó transmitiendo como si siempre hubiera
estado allí?