JUNG PASEANDO - SINCRONICIDAD
CICLO
El peregrino
ya ha visto ritmo, cadencia y repetición.
Ahora permanece suficiente tiempo en el camino para descubrir algo más. Hay acontecimientos que no solamente se
repiten.
Regresan
después de haber recorrido una serie de transformaciones.
Amanece. La luz aumenta. Llega el mediodía. Declina.
Anochece. Llega la noche. Y vuelve a amanecer. No hemos regresado al amanecer anterior. Ha transcurrido algo. Hay recorrido. Eso es lo primero que el ciclo nos
enseña:
VOLVER NO SIGNIFICA QUE NADA HAYA PASADO.
EL CICLO ES CONTINUIDAD CON RECORRIDO
Una semilla
germina. Crece. La planta se desarrolla. Florece. Produce fruto. Aparecen nuevas semillas. Y nuevamente puede comenzar. Podríamos mirar solamente: semilla → semilla y decir que hemos vuelto al mismo
punto. Pero no.
Entre ambas
semillas ha
ocurrido una historia completa.
Entonces el ciclo nos obliga a introducir algo que hasta ahora estaba
apareciendo poco a poco:
EL TIEMPO NO ES SOLAMENTE EL ESPACIO
ENTRE DOS ACONTECIMIENTOS.
Durante ese
tiempo ocurren transformaciones. Y
esas transformaciones hacen posible que algo continúe. Por eso podríamos añadir a lo que acabas
de decir:
LA REPETICIÓN PUEDE SER CONTINUIDAD.
EL
CICLO ES CONTINUIDAD QUE HA ATRAVESADO UN PROCESO.
NACER, DESARROLLARSE, TRANSFORMARSE, TERMINAR
Y aquí el
peregrino puede recibir otro pequeño golpe.
Porque cuando contempla los ciclos de Madre Tierra descubre que terminar también puede
formar parte de continuar.
Cae una
hoja. Muere una planta. Un fruto se descompone. Un organismo termina. La materia no desaparece del escenario
terrestre. Entra en otros procesos.
Esto no
elimina la pérdida individual ni convierte la muerte en algo trivial. Pero desde el conjunto aparece otra
perspectiva: la continuidad de la
vida no exige la permanencia indefinida de cada individuo.
Esto nos
coloca nuevamente en nuestro tamaño.
Yo quiero continuar. Mi
organismo trabaja continuamente para continuar. Pero Madre Tierra muestra una
continuidad mucho mayor que mi biografía.
YO TENGO UN ITINERARIO.
LA
VIDA TIENE CONTINUIDAD.
No son
exactamente la misma cosa. EL CICLO NO ES UN CÍRCULO PERFECTO
Y aquí
debemos evitar otra trampa. Dibujamos
los ciclos como círculos porque resulta cómodo. Pero Madre Tierra no tiene obligación de
obedecer nuestros dibujos.
La primavera
siguiente no es la anterior. El árbol
ha crecido. El suelo ha cambiado. El clima concreto ha cambiado. Los organismos presentes han cambiado. Yo he cambiado.
Por eso
quizá sería mejor imaginar muchos ciclos como una espiral. Algo vuelve a una posición reconocible,
pero después de haber recorrido tiempo y transformación.
SE PARECE AL PUNTO ANTERIOR,
PERO
NO ES EL PUNTO ANTERIOR.
Esto será
importantísimo cuando lleguemos a la psique.
Porque una persona puede decir:
«Otra vez me ocurre lo mismo.»
¿Lo mismo? Quizá sí. Pero antes tendremos que preguntar: ¿en qué punto del ciclo estás ahora?
Porque tú
tampoco eres exactamente quien eras la vez anterior. ESTAMOS
ATRAVESADOS POR CICLOS Y vuelve
la sorpresa: el peregrino no está observando ciclos desde fuera.
Él
también está ciclando. Sueño y vigilia. Actividad y descanso. Hambre y saciedad. Inspiración y espiración. Renovación celular. Etapas de desarrollo. Nacimiento, crecimiento, envejecimiento.
Y alrededor:
día y noche. Estaciones. Ciclos reproductivos. Agua.
Vegetación. Migraciones. Mareas.
De pronto la
existencia individual aparece insertada en ciclos que se cruzan con
otros ciclos. Y esto empieza a complicar
extraordinariamente nuestra futura pregunta sobre la sincronicidad.
¿COINCIDENCIA O CRUCE DE CICLOS?
Aquí hay que
caminar despacio. Dos
acontecimientos coinciden. A y B. Nos sorprende que hayan aparecido
juntos. Pero ahora tenemos una
pregunta nueva:
¿CONOCEMOS LOS CICLOS A LOS QUE
PERTENECEN A Y B?
Quizá no
exista ninguna relación. Quizá sea
azar. Quizá nuestra mente haya
seleccionado la coincidencia. Quizá
exista una relación todavía desconocida.
Pero también puede ocurrir algo mucho más sencillo:
dos ciclos han llegado simultáneamente a
determinados puntos de su recorrido.
Y nosotros
hemos observado solamente el lugar donde se cruzaron. Eso es enorme. Porque si miro únicamente el instante:
A
+ B parece una
coincidencia aislada.
Pero si
pudiera ampliar el plano: ...A₁ — A₂ — A₃ — A₄... y ...B₁ — B₂ — B₃ — B₄... quizá aquel encuentro dejaría de estar
aislado. O quizá seguiría siendo
extraordinario.
Todavía
no lo sabemos. Pero nuevamente
tenemos una pregunta mejor.
Y AQUÍ APARECE EL PELIGRO DE NUESTRO TIEMPO
CORTO
Nuestra
biografía dura un tiempo limitado. Nuestra
conciencia observa fragmentos todavía menores. A veces unos segundos. Un día.
Un año. Unas décadas. Entonces:
¿CUÁNTOS CICLOS PUEDEN SER MÁS LARGOS QUE
NUESTRA VENTANA DE OBSERVACIÓN?
Si observo
un proceso durante cinco minutos, puedo pensar que algo es lineal. Si pudiera observarlo durante cien años,
quizá descubriría retorno. Si
pudiera observarlo durante mil, quizá vería otra cosa.
Y al
contrario: procesos que desde lejos parecen ciclos perfectos, examinados de
cerca contienen irregularidades, bifurcaciones y acontecimientos únicos. Esto introduce humildad.
NUESTRO TIEMPO DE OBSERVACIÓN NO ES LA
MEDIDA DEL TIEMPO DE LO OBSERVADO.
Y AHORA VOLVAMOS AL PEREGRINO
Sale por la
mañana. Camina. Encuentra un árbol florecido. Meses después vuelve. Hay frutos. Tiempo después vuelve nuevamente. Las hojas han caído.
Si hubiese
pasado solamente una vez, habría visto un estado. Porque regresó, pudo descubrir un proceso. Porque siguió regresando, descubrió un ciclo. Esto me parece fundamental:
UNA FOTOGRAFÍA NOS ENSEÑA UN MOMENTO.
LA
REPETICIÓN NOS PERMITE COMPARAR.
EL
CICLO NOS PERMITE DESCUBRIR EL RECORRIDO.
Y quizá una
parte de nuestro problema al estudiar acontecimientos extraordinarios sea
precisamente éste: queremos explicar
fotografías sin conocer suficientemente la película.
PRIMERA CONSECUENCIA PARA LA SINCRONICIDAD
Cuando
aparezca una coincidencia significativa, ya no podremos preguntar solamente: «¿Por qué ha ocurrido esto ahora?»
Tendremos
también que preguntar:
¿De dónde venía cada acontecimiento?
¿Qué proceso llevaba detrás?
¿En qué fase estaba yo?
¿Qué llevaba tiempo desarrollándose sin
que yo lo advirtiera?
¿Qué parece comenzar ahora pero quizá
comenzó mucho antes?
Y aquí
volvemos directamente a una intuición de tus apuntes: aquello que nosotros
consideramos futuro quizá, en determinados casos, ya estaba en marcha
mucho antes y no lo habíamos percibido.
No afirmamos
que sea así. Pero ahora entendemos
perfectamente cómo
podría ocurrir sin necesidad de recurrir inmediatamente a nada extraordinario. Y eso,
paradójicamente, hace todavía más interesantes aquellos casos que después de
todo este examen continúen
sin explicación. Yo cerraría CICLO con una frase:
QUIZÁ MUCHAS VECES NO NOS SORPRENDE LO
QUE ACABA DE EMPEZAR.
NOS SORPRENDE AQUELLO QUE ACABAMOS DE
VER.
No es lo
mismo. Y ahora sí, Carlos, viene el 12. CAMBIO. Porque si ritmo, cadencia, repetición y
ciclo sostienen continuidad, tenemos que mirar la otra cara: para que algo pueda
continuar, continuamente algo tiene que dejar de ser exactamente como era.
Exactamente. Y aquí CAMBIO deja de ser una
palabra que significa simplemente «algo diferente». Después de ritmo, cadencia,
repetición y ciclo, empezamos a descubrir que el cambio es casi el idioma que
permite reconocer en qué momento está aquello que continúa.
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