MADRE TIERRA y CONSTRUCTO HUMANO
El constructo toma vida
Una
construcción humana produce consecuencias reales cuando millones de humanos la
habitan, utilizan, transmiten y continúan construyendo. Una construcción humana puede comenzar siendo
apenas una idea.
Alguien
propone una manera de organizar algo.
Alguien encuentra una explicación.
Alguien crea una palabra. Alguien
establece una regla. Alguien atribuye
un significado.
Al principio
puede ser solamente una posibilidad entre otras. Pero otro ser humano la recoge. La utiliza. La transmite. Otro la modifica. Otro encuentra una aplicación nueva. Otro la enseña.
Y poco a poco
aquello que nació en una mente empieza a circular entre muchas. Después entre miles. Quizá entre millones. Entonces ocurre algo extraordinario:
EL
CONSTRUCTO EMPIEZA A PRODUCIR REALIDAD HUMANA.
No porque
haya adquirido vida biológica. No porque
exista independientemente de nosotros. Sino porque los humanos comenzamos a vivir dentro
de él.
Necesita habitantes Pensemos en el dinero. Una moneda funciona porque una comunidad
humana reconoce determinado valor y organiza intercambios a partir de él.
Pensemos en
una frontera. Sobre el terreno
puede no existir ninguna línea física equivalente a la que aparece en el mapa.
Sin embargo, esa línea puede determinar dónde podemos vivir, trabajar o
circular.
Pensemos en
una profesión. La naturaleza no
produce abogados, arquitectos, economistas o profesores como produce árboles o
ríos. Pero una sociedad crea esas funciones, las reconoce, las regula y
millones de personas organizan alrededor de ellas buena parte de su existencia.
El
constructo tiene consecuencias porque lo
habitamos colectivamente.
Ésta es la diferencia fundamental.
Una construcción abandonada deja de organizar la vida humana. Una construcción habitada puede adquirir
una fuerza inmensa. Por eso podríamos
decir: EL CONSTRUCTO NECESITA HUÉSPEDES.
Necesita
personas que crean en sus reglas o, al menos, actúen conforme a ellas. Necesita transmisión. Necesita repetición. Necesita instituciones en algunos casos. Necesita memoria. Y, sobre todo, necesita continuidad humana.
Cada nuevo habitante encuentra algo ya
funcionando Éste es el
mecanismo que hace crecer el edificio.
El recién llegado no suele recibir la construcción desde su comienzo. Recibe el
resultado acumulado.
Quien
aprende una lengua no reconstruye su historia palabra por palabra. Quien utiliza dinero no necesita conocer el
origen de cada mecanismo económico. Quien
entra en una profesión encuentra terminologías, procedimientos, jerarquías y
criterios ya establecidos. Quien entra
en una religión recibe siglos de interpretaciones anteriores. Quien entra en astrología encuentra
signos, planetas, casas, aspectos y significados que otros han desarrollado y
transmitido.
El nuevo
habitante aprende a desenvolverse dentro del edificio. Y después puede añadir otro ladrillo. Ahí empieza un proceso fascinante:
CONSTRUCCIÓN
→ HABITACIÓN → TRANSMISIÓN → AMPLIACIÓN → NUEVA HABITACIÓN.
Una
generación entrega el edificio a la siguiente. Pero nunca exactamente igual.
El juego del
teléfono Aquí aparece una imagen muy
sencilla. Alguien dice una frase al
oído de otra persona. Ésta la
transmite a otra. Después otra. Y otra.
Cuando la frase llega al final puede parecerse muy poco a la primera.
Con las
construcciones humanas puede ocurrir algo semejante, aunque de una manera
infinitamente más compleja. Una
observación inicial recibe una interpretación. La interpretación se transmite. Alguien la amplía. Otro intenta explicarla. Otro la relaciona con algo distinto. Otro convierte aquella relación en una
regla.
Después
aparece una escuela. Después una
excepción. Después una explicación de
la excepción. Después una tradición. Y quizá siglos más tarde resulte
dificilísimo saber qué
había realmente al comienzo.
El constructo no solamente ha sobrevivido. HA
CRECIDO.
El ejemplo astrológico permite verlo casi en directo
Los cuerpos
descubiertos más recientemente nos ofrecen un laboratorio especialmente
interesante. Aparece un nuevo objeto
astronómico. El objeto es una
realidad astronómica independientemente de la interpretación astrológica que
hagamos de él. Pero después comienza
otro proceso. Algunos astrólogos
estudian casos. Proponen asociaciones. Relacionan el nombre o la mitología con
determinadas experiencias.
Otros
recogen esas propuestas. Las prueban,
las modifican o las amplían. Aparecen
artículos. Libros. Cursos.
Consultas. Nuevos significados. Y puede llegar un momento en que una
generación posterior reciba directamente:
«Este objeto
significa esto.»
Entre el
objeto astronómico y aquella frase puede haber ya décadas de construcción humana. Eso no demuestra automáticamente que la interpretación
sea correcta ni incorrecta. Nos
muestra algo diferente y quizá más importante para nuestra investigación: PODEMOS
OBSERVAR CÓMO SE LEVANTA EL EDIFICIO.
Y entonces
aparece una responsabilidad nueva para quien coloca un ladrillo:
¿Estoy descubriendo algo?
¿Estoy interpretándolo?
¿Estoy participando también en la
construcción de algo que otros recibirán después como establecido?
Y todavía
una pregunta más profunda: ¿Sé distinguir esas tres cosas?
Cuando una construcción empieza a sostenerse socialmente
Llega un
momento en que ningún individuo controla ya el conjunto. Nadie «dirige» completamente una lengua. Nadie posee por sí solo una economía. Nadie controla toda una tradición cultural. Millones de personas participan simultáneamente. Unos conservan. Otros modifican. Otros rechazan. Otros inventan. Otros transmiten sin preguntarse demasiado
por el origen. Entonces aparece la
impresión de que el sistema funciona
por sí mismo.
Y en cierto
sentido social, así ocurre: hemos construido redes de comportamientos, normas,
instituciones y expectativas que continúan operando aunque cambien las personas
concretas ue las integran.
Pero hay
algo que no deberíamos olvidar: SIGUE NECESITÁNDONOS.
El dinero
necesita humanos. Una frontera
necesita humanos. Una institución
necesita humanos. Una astrología
necesita humanos. Una realidad virtual
necesita humanos. La Tierra no
necesita que nosotros creamos en la gravedad para que nuestro cuerpo esté
sometido a ella. Ésa vuelve a ser
nuestra toma de tierra.
Lo construido puede producir sufrimiento
real Y aquí el asunto deja de
ser solamente filosófico. Porque
podemos padecer un constructo. Una persona
puede sufrir realmente por perder dinero.
Por perder una posición profesional.
Por no alcanzar determinado modelo social de éxito. Por encontrarse al otro lado de una
frontera. Por una categoría que ha
incorporado como definición completa de sí misma. Por no cumplir unas expectativas
culturales.
El
sufrimiento puede ser auténtico aunque una parte del escenario en el que se
produce haya sido construida por humanos.
Esto será fundamental cuando lleguemos a psicología. No podremos decir: «Como
es construido, no existe.» Sería
absurdo. Tendremos que decir:
«Existe
y está produciendo consecuencias. Ahora averigüemos en qué nivel existe y qué
parte de ese escenario puede ser reubicada.»
Ahí puede
comenzar un saneamiento enorme. El
constructo parece tomar vida Ahora
podemos precisar nuestra expresión. El
constructo no está vivo como un organismo.
Pero puede:
crecer, transformarse, reproducirse culturalmente, ramificarse,
adaptarse, ocupar nuevos
espacios, sobrevivir a quienes lo iniciaron y condicionar profundamente a quienes nacen
dentro de él. Por eso parece tomar vida.
Pero
reconocer cómo funciona nos devuelve algo decisivo: no
estamos completamente indefensos ante él.
Si nosotros
participamos en su continuidad, también podemos participar en su revisión. Podemos dejar de transmitir una parte. Podemos recuperar un significado olvidado. Podemos modificar una regla. Podemos contrastar nuevamente una
interpretación. Podemos conservar
aquello que funciona. Podemos retirar
aquello que ya no cumple su función. Y
podemos añadir algo nuevo. Eso nos
conduce directamente a una de las claves de todo este libro: CONSTRUIR
SABIENDO QUE CONSTRUIMOS.
Pero todavía
falta comprender por qué resulta tan difícil hacerlo. Porque quien nace dentro de un edificio que
lleva siglos levantado no
ve cómo fueron colocándose sus paredes. Las encuentra allí. Y lo que encontramos allí desde que
abrimos los ojos puede terminar pareciéndonos tan natural como el aire, el agua
o la propia Tierra. Ése será nuestro
siguiente paso: 5. El edificio heredado
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