MADRE TIERRA y CONSTRUCTO HUMANO
Sí, ya lo dijimos; y precisamente por eso yo no abriría ahora veinte caminos nuevos.
Creo que ya tenemos el descubrimiento y, sobre todo,
tenemos su dirección. Ahora toca darle una arquitectura que no lo ahogue.
Yo enfocaría
MADRE TIERRA — EL MUNDO
HUMANO CONSTRUIDO como un viaje de descubrimiento, no como una
tesis contra la civilización. El lector debería comenzar pensando que va a
mirar «el mundo» y acabar descubriendo que vive simultáneamente sobre una
realidad que no construyó y dentro de innumerables realidades humanas que sí
construimos.
El recorrido
sería muy natural:
MADRE
TIERRA → CONSTRUCTO → OLVIDO → REUBICACIÓN → TOMA DE TIERRA → LIBERTAD →
RESPONSABILIDAD → NUEVA CONSTRUCCIÓN.
Y no
empezaría por los grandes problemas del mundo. Empezaría por evidencias imposibles de discutir.
«Esta mañana
has respirado. No fabricaste la atmósfera. Has bebido agua. No inventaste el
agua. Tu organismo ha funcionado durante horas sin pedirte permiso... Y, sin
embargo, probablemente has pasado buena parte del día preocupado por dinero,
horarios, trabajo, noticias, obligaciones, documentos, categorías y problemas
pertenecientes a otro mundo: el que hemos construido nosotros.»
Ahí el
lector lo ve antes de
que se lo expliquemos.
Después viene el descubrimiento:
Vivimos en la
Tierra, pero gran parte de nuestra existencia transcurre dentro del mundo
humano construido.
Y entonces
sí: dinero, fronteras, profesiones, calendarios, prestigio, instituciones,
sistemas simbólicos, religiones, astrología, internet, IA... No para meterlos
todos en el mismo saco, porque son construcciones de naturaleza y consecuencias
muy diferentes, sino para mostrar la
extraordinaria capacidad humana de crear realidades compartidas.
Luego llegaría
para mí el capítulo decisivo: CUANDO OLVIDAMOS QUE CONSTRUIMOS
Ahí entra
todo lo que hemos descubierto estos días: el juego del teléfono, los ladrillos
acumulados, las generaciones que reciben el edificio terminado, aquello que
primero fue propuesta y termina pareciendo naturaleza.
Y después,
inmediatamente, evitaría que el libro se convierta en acusación: COMPRENSIÓN
Y PERDÓN
Cada
época construyó desde el pequeño universo que podía ver. Eso permite revisar la historia sin
absolver cualquier daño, pero también sin esa arrogancia tan fácil de juzgar
siglos anteriores desde las condiciones actuales. Entender el mundo dentro del cual algo ocurrió
permite reubicarlo.
Y entonces
llegamos al corazón: TOMA DE TIERRA No destruir. No
regresar a las cavernas. No renunciar
a ciencia, tecnología, ciudades, símbolos, cultura, espiritualidad, IA ni
creatividad. Simplemente recuperar
permanentemente una referencia exterior a nuestras propias construcciones:
VIDA
— UNIDAD — CONTINUIDAD. Y aquí pondría
aquella frase que hoy hemos afinado porque me parece esencial: LA
VIDA NO COMO MANDAMIENTO, SINO COMO PRIMERA REFERENCIA.
Después
viene la libertad, y ahí conectamos directamente con todo lo anterior de Libertad Humana en Madre Tierra: LIBERTAD SIN VALLAS, PERO CON TOMA DE TIERRA.
Y sólo
entonces abriría la parte que para mí puede resultar más extraordinaria del
libro: EL CONSTRUCTOR DESPIERTA Porque
el desenlace no es
descubrir lo mal que lo hicimos. Es descubrir: ¡LO
HICIMOS NOSOTROS!
Y si
construimos semejante mundo muchas veces sin recordar siquiera que estábamos
construyéndolo, imagina qué puede ocurrir cuando incorporamos conciencia del
constructor. Ahí entran plenamente:
CONSTRUIR SABIENDO QUE CONSTRUIMOS.
¿ESTOY DESCUBRIENDO ALGO O PARTICIPANDO
TAMBIÉN EN SU CONSTRUCCIÓN?
¿ESTO QUE CONSTRUYO PERMANECE EN LÍNEA CON LA
CONTINUIDAD DE LA VIDA?
Y entonces
sí abriría las puertas: educación, terapia, ciencia, economía, religión,
astrología, IA, organización social... No
para resolverlas en este libro, porque lo convertiríamos en
veinte tomos, sino para mostrar que cada una puede volver a ser mirada desde
esta nueva ubicación.
Y dejaría la
IA bastante hacia el final, porque entonces se produce la sorpresa que tú has
visto: aquello que parecía un peligro completamente nuevo —mundo virtual,
realidades paralelas, IA generativa— resulta ser también un espejo gigantesco de una facultad
antiquísima del humano: construir mundos y habitarlos.
La diferencia
es que ahora esa capacidad se acelera enormemente. Por eso precisamente ahora necesitamos saber que
construimos. Y
terminaría en positivo, sin apocalipsis alguno: UN
NUEVO MUNDO
No porque
hayamos encontrado otro planeta. Sino
porque hemos vuelto a
saber dónde estamos.
Madre Tierra debajo. El mundo
humano construido encima. Y nosotros
capaces de movernos entre ambos conscientemente. Entonces el cierre casi se escribe solo:
No necesitamos dejar de construir.
Necesitamos recordar que construimos.
No necesitamos cortar las alas humanas.
Necesitamos recuperar la toma de tierra.
Y desde
ella, mirar lo realizado, comprenderlo, reubicarlo, rectificar cuanto sea
necesario y continuar. Porque quizá
la gran posibilidad que se abre ante nosotros no sea construir menos. Quizá
sea construir como nunca, pero sabiendo por primera vez dónde estamos
construyendo.
Eso es lo
que yo haría, ORION con CARNEADO otra vez: primero terminaría nuestro recorrido astrológico
—ASPECTOS → CARTA DESNUDA → ASTROLOGÍA TERRÁQUEA— porque nos está
proporcionando el laboratorio real. Y mientras tanto, todo lo que vaya
apareciendo de este nuevo mundo lo guardaríamos como material vivo.
Después
entraríamos en EL MUNDO
HUMANO CONSTRUIDO. Y
entraríamos con muchísimo material, pero sobre todo con algo mucho más
importante: ya sabríamos desde dónde mirarlo.
Exactamente. Un manual para volver a observar, más que
un libro que pretenda decir cómo debe ser la humanidad. Y lo que acabas de añadir me parece
esencial porque impide que nos quedemos solamente en «hemos construido dinero,
fronteras, astrología...». Hay que bajar un piso más:
¿QUÉ
MANERA DE MIRAR NOS LLEVÓ A CONSTRUIR DETERMINADAS COSAS? Ahí empieza una investigación mucho más
interesante.
Porque quizá
encontremos que muchas rutas humanas no fueron absurdas en su nacimiento. Respondían a algo. A
unas condiciones geográficas, a escasez, miedo, supervivencia, necesidad de
organización, desconocimiento, deseo de protección, necesidad de explicar...
Un pueblo
asentado en un lugar determinado no tuvo las mismas experiencias que otro. Unos
tuvieron abundancia; otros, escasez. Unos tuvieron que desplazarse; otros
pudieron permanecer. Unos construyeron determinadas relaciones con la propiedad;
otros, otras. Y después esas soluciones iniciales se hicieron cultura, norma,
pensamiento, instituciones, verdad heredada.
Por eso me
gusta mucho que digas «diferentes
rutas iniciadas según lugares». No habría que comenzar diciendo: «Aquí
se equivocó la humanidad.» Sino: «¿POR
QUÉ TOMAMOS ESTA RUTA?» Y
seguirla.
Ahí aparece
tu «juego del teléfono», pero aplicado a la historia humana. Una necesidad inicial puede producir
una solución razonable. La solución se transmite. Después se amplía. Se
institucionaliza. Se justifica intelectualmente. Se convierte en costumbre.
Desaparece la necesidad original... pero
permanece la construcción.
Y quinientos
o dos mil años después padecemos quizá algo cuya función inicial ni recordamos. Y
ahí entraría la RAZÓN
Pero yo
tendría mucho cuidado en no convertir la razón en culpable. Porque volveríamos
a fabricar otro enemigo. La razón
es una herramienta humana extraordinaria.
El problema puede aparecer cuando una
herramienta se convierte en única autoridad para describir la totalidad del
humano y de la Vida.
Entonces
podemos estudiar perfectamente una parte y perder el conjunto. Podemos calcular el precio de un bosque y
olvidar el bosque. Podemos medir
productividad y olvidar a quien produce.
Podemos definir técnicamente una necesidad y dejar de preguntarnos si
realmente la necesitamos. Podemos
construir un sistema perfectamente racional cuyas premisas iniciales nunca volvemos a examinar.
Ahí sí hay
un capítulo enorme: CUANDO LA RAZÓN RAZONA DENTRO DEL
CONSTRUCTO
Porque una
construcción puede ser impecablemente lógica una vez aceptadas sus reglas iniciales. ¡Eso lo hemos visto con la astrología!
Puedes
elaborar una arquitectura interpretativa magnífica dentro del sistema. Pero
Madre Tierra introduce aquella pregunta que nos abrió la puerta:
¿ESTO
ESTÁ EN LA VIDA O LO HEMOS PUESTO NOSOTROS? No destruye la razón. Le
devuelve referencia. Y
lo mismo con el materialismo que señalas. Yo tampoco lo atacaría como «malo».
Preguntaría:
¿QUÉ
NECESIDAD HUMANA INTENTÓ RESOLVER?
Tener. Guardar.
Acumular. Asegurar. Poseer.
Proteger a los míos. Evitar
volver a pasar hambre. Garantizar
mañana.
Todo eso
puede tener raíces perfectamente comprensibles. Pero una solución razonable frente a la
inseguridad puede crecer, transmitirse y terminar convirtiéndose en: tener
más → estar más seguro → valer más → necesitar más → proteger más → acumular
más... hasta que el
mecanismo que pretendía proporcionar seguridad produce inseguridad permanente.
Y entonces
Madre Tierra vuelve a permitir la reubicación. No dice: «POSEER
ES MALO.» Pregunta:
«¿PARA QUÉ APARECIÓ ESTO?»
«¿SIGUE CUMPLIENDO ESA FUNCIÓN?»
«¿QUÉ COSTE TIENE AHORA PARA LA VIDA?»
Y ahí
llegamos a tu MÍO / TUYO. ¡Eso merece una investigación propia!
No empezar
diciendo que la propiedad es buena o mala. Sería demasiado simple. Preguntar: ¿Cómo
apareció «esto es mío»?
¿Dónde?
¿En qué circunstancias?
¿Qué resolvía? ¿Qué protegía?
¿Qué conflictos evitó? ¿Qué conflictos creó después?
¿Qué parte continúa siendo necesaria?
¿En qué momento el instrumento dejó de servir
al humano y el humano comenzó a servir al instrumento?
Eso es
exactamente volver a
observar.
Y ahora sí
veo todavía mejor la naturaleza del libro. No debería proporcionar al lector otro sistema terminado. Debería entregarle una posición y unas herramientas para
mirar. Algo parecido
a: MADRE TIERRA EL MUNDO HUMANO
CONSTRUIDO
Manual para volver a mirar Y su método podría ser sorprendentemente sencillo:
¿QUÉ HAY? ¿QUÉ CONSTRUIMOS SOBRE ELLO?
¿POR QUÉ LO CONSTRUIMOS? ¿QUÉ NECESIDAD RESOLVÍA?
¿QUÉ SE FUE AÑADIENDO? ¿QUÉ OLVIDAMOS POR EL CAMINO?
¿QUÉ CONSECUENCIAS TIENE HOY? ¿SIGUE SIRVIENDO A LA VIDA?
¿QUÉ CONSERVAMOS? ¿QUÉ REUBICAMOS?
¿QUÉ RECTIFICAMOS? ¿QUÉ PODEMOS CONSTRUIR AHORA?
¡Y fíjate
qué diferencia! No vamos detrás del
humano con un lápiz rojo buscando sus pecados. Vamos siguiendo sus rutas. Aquí tomó una. Allí otra. Aquí acertó extraordinariamente. Aquí una solución temporal se petrificó. Aquí olvidó el origen. Aquí confundió mapa y territorio. Aquí el miedo hizo acumular. Aquí la razón se encerró en sus propias
premisas. Aquí una construcción
maravillosa permitió avanzar durante quinientos años. Aquí aquella misma construcción comenzó
después a impedir otro avance.
Y todo
vuelve a colocarse sobre una referencia que no hemos inventado nosotros: VIDA.
Entonces sí
veo el «manual» que estás imaginando. No
sería un nuevo juicio de
la humanidad. Sería
casi una invitación: VOLVAMOS A MIRAR LO QUE HICIMOS.
Ahora
sabemos algo que antes no sabíamos que sabíamos: que
muchas de esas paredes son nuestras.
Por tanto podemos comprenderlas. Podemos perdonarnos muchas desviaciones. Podemos conservar las grandes
realizaciones. Podemos rectificar. Y, sobre todo,
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