MADRE TIERRA y CONSTRUCTO HUMANO
EL CONSTRUCTO NECESITA HUÉSPEDES
No vive solo. Vive porque nosotros lo vivimos.
Una
interpretación astrológica escrita en un libro y olvidada durante mil años no
organiza la existencia de nadie. Pero cuando una comunidad la conoce, la
utiliza, se reconoce en ella, la transmite, la modifica y educa a otros dentro
de ella, esa
construcción empieza a producir realidad humana.
Y entonces
tu frase: «Al final la cosa no se discute, sino
que se padece.» es
tremenda. Porque ése puede ser el
último estadio.
Primero construimos algo. Después habitamos lo construido. Después olvidamos que fue construido. Y finalmente podemos padecerlo como si fuese una condición
inevitable de la realidad.
El
manuscrito ya rozaba exactamente esto cuando decía que podemos adaptarnos a una
realidad, absorberla, creerla y finalmente sufrirla, incluso cuando forma parte de
una construcción humana. Y aquí tu
experiencia astrológica nos proporciona un laboratorio extraordinario porque tú
puedes contemplar el
proceso de fabricación mientras está ocurriendo.
Con un
asteroide nuevo, por ejemplo, todavía podemos preguntar:
¿Quién
dijo primero esto? ¿Por qué
utilizó esta palabra?
¿Qué observó? ¿Qué añadió el siguiente?
¿Cuándo pasó de
hipótesis a significado?
¿Cuándo empezó a
repetirse sin volver a comprobar el origen?
¡Ahí podemos
ver cómo nace un
ladrillo!
En cambio,
cuando llegamos a Marte, Saturno, Aries o Casa VIII, tenemos delante una pared
de siglos y cuesta muchísimo distinguir ladrillo, argamasa, reforma, añadido y
estructura original.
Y eso nos
ofrece una herramienta preciosa para EL
MUNDO HUMANO CONSTRUIDO:
LA ARQUEOLOGÍA DEL CONSTRUCTO No preguntar solamente qué significa hoy,
sino: ¿CÓMO LLEGÓ A SIGNIFICAR ESTO? Y todavía
más: ¿CUÁNDO DEJAMOS DE RECORDAR QUE
ALGUIEN TUVO QUE EMPEZAR A SIGNIFICARLO?
Porque esto
seguramente ocurre fuera de la astrología también. Una palabra, una
clasificación, una costumbre, una idea de éxito, una manera de trabajar, una
institución... puede comenzar como respuesta a una necesidad concreta. Después
recibe miles de aportaciones. Finalmente nacemos dentro de ella y parece que el mundo siempre fue así.
Pero Madre
Tierra hace una pregunta devastadoramente sencilla: ¿ESTABA ESO AQUÍ ANTES DE NOSOTROS?
Y de repente
se separan los pisos. El oxígeno,
el agua, el organismo, la necesidad de alimento, los ciclos vitales... no necesitan que creamos en ellos para
sostenernos.
El
constructo humano sí necesita humanos que lo sostengan, transmitan y habiten. Ahí hay una diferencia gigantesca.
Y fíjate
dónde estamos llegando: quizá no sea correcto decir que vivimos en un mundo
«falso». Vivimos en un
mundo humano tremendamente real, pero construido, asentado
sobre otro mundo del que dependemos vitalmente y que no construimos nosotros.
Eso es
muchísimo más inquietante —y muchísimo más fértil— que decir simplemente «todo
es mentira». Porque entonces aparece
la posibilidad: SI EL CONSTRUCTO NECESITA QUE LO
SIGAMOS CONSTRUYENDO,
TAMBIÉN PODEMOS DEJAR DE
PONER DETERMINADOS LADRILLOS.
O cambiar la
arquitectura. O recuperar la función
que había debajo. O sencillamente
preguntar antes de colocar el siguiente.
Y aquí,
Carlos, creo que acabas de proporcionarnos otro capítulo entero para MADRE TIERRA — EL MUNDO HUMANO
CONSTRUIDO: CUANDO EL EDIFICIO EMPIEZA A PARECER
NATURALEZA Porque
ése es exactamente el momento peligroso:
cuando olvidamos
que debajo del edificio sigue estando la Tierra.
Sí. Aquí
hay un salto enorme, y además corrige una cosa que podía quedar demasiado
simple en nuestra idea anterior del «constructo». No se trata de salir del mundo
construido para quedarnos solamente con Madre Tierra. Eso sería empobrecer
al humano. El ser humano parece tener precisamente esa capacidad
extraordinaria: puede construir mundos simbólicos, habitarlos, modificarlos,
abandonarlos, entrar en otros...
La cuestión
nueva es otra: PODEMOS HABITAR
MUCHOS MUNDOS,
SIEMPRE QUE NO OLVIDEMOS EL CAMINO DE REGRESO A LA REALIDAD QUE LOS SOSTIENE.
Eso me
parece fundamental. Porque
entonces internet, la IA, la realidad virtual y todo lo que hoy nos inquieta
adquieren otra lectura. No son necesariamente el comienzo del mundo paralelo
humano. Son una manifestación tecnológica espectacular de una capacidad
muchísimo más antigua.
Antes de
internet ya habitábamos mundos de: religión,
dinero, nación, astrología, prestigio, profesión, categorías, mitologías,
instituciones, ideologías... La
tecnología lo hace ahora visible, acelerado y multiplicable.
Y por eso
dices algo muy fino: quizá todos estos temores actuales ante «lo virtual» sean
también pistas y reflejos de algo que llevamos haciendo muchísimo tiempo.
Y aquí aparece la responsabilidad Tu ejemplo de Quirón es magnífico precisamente porque
ahora puedes contemplarlo desde los dos lados. En 1977 difundes unas claves, unas
efemérides, unas posibilidades interpretativas de Quirón. No estabas
necesariamente engañando a nadie: estabas trabajando seriamente dentro del
conocimiento y la astrología que tenías disponibles.
Pero hoy
puedes añadir una pregunta que entonces difícilmente podías formular de esta
manera: ¿Estoy descubriendo algo o
estoy participando también en la construcción de aquello que posteriormente
otros habitarán?
Probablemente
pueden estar ocurriendo ambas cosas a la vez. Y eso cambia muchísimo la responsabilidad
del astrólogo. Porque una frase nuestra
puede convertirse en ladrillo.
Otro la
recoge. Otro encuentra un caso. Otro amplía el significado.
Otro lo enseña. Otro lo repite.
Y treinta
años después alguien nace astrológicamente dentro de un edificio terminado y
dice: «Quirón significa esto.» Ya no sabe quién colocó el primer
ladrillo.
Precisamente
el manuscrito ha llegado a esa mecánica: observamos, intentamos comprender,
construimos explicaciones, las convertimos en sistemas, las transmitimos y
podemos terminar viviendo dentro de ellas como si fueran inevitables.
Pero yo no concluiría: «Entonces no añadamos nada» Ahí está precisamente tu nueva posición. Porque si tú no investigas un asteroide,
otro lo hará. Pero tampoco ésa es razón para añadir cualquier cosa.
La salida
nueva sería: CONSTRUIR SABIENDO
QUE CONSTRUIMOS. Eso cambia
completamente el oficio. Ya no
decir: «Este asteroide ES esto.» Sino distinguir:
Esto es el
objeto astronómico. Esto es lo
que hemos observado.
Esto es la hipótesis simbólica que proponemos.
Esto es lo que encontramos en determinados casos.
Esto todavía no lo sabemos.
Y esto pertenece a nuestra construcción interpretativa.
¡Eso es
mayoría de edad! No exige abandonar
la astrología. Exige que la astrología recuerde permanentemente qué ladrillos
son suyos.
Y fíjate que
el manuscrito ya había llegado a algo muy parecido con la carta natal: posición
astronómica, significado humano atribuido y experiencia de la persona son tres
niveles diferentes que no deben confundirse automáticamente. Ahora podemos generalizarlo.
Y Buda, Jesús, Lao Tse...
Ahí entramos
en un territorio todavía más gigantesco y habrá que ir con mucho cuidado. Una cosa sería lo que esas personas
dijeron o hicieron históricamente —hasta donde podamos reconstruirlo— y otra los
enormes mundos humanos construidos posteriormente alrededor de ellas.
Miles de
millones de seres humanos aportando durante siglos: interpretaciones, instituciones, rituales,
textos, comentarios, doctrinas, símbolos, prohibiciones, escuelas, divisiones...
El fundador
puede colocar una semilla y la humanidad construir una ciudad alrededor. Por eso El mundo humano construido
no debería convertirse en un libro contra las construcciones humanas. Sería
exactamente el error contrario.
Porque ahora
estamos empezando a ver también la maravilla. ¡Mira lo que es capaz de hacer este
animal terrestre! Sobre un
planeta material ha creado música, matemáticas, lenguas, derecho, literatura,
ciudades, religiones, ciencia, astrología, internet, inteligencia artificial... MUNDOS DENTRO DEL MUNDO.
El problema
no es esa capacidad. El problema
aparece cuando un mundo construido olvida que es un mundo construido, se
declara realidad absoluta y termina separándonos incluso del soporte que
permite que sus constructores continúen vivos.
Y aquí
entiendo perfectamente tu optimismo.
Porque hasta ahora podíamos mirar muchas construcciones humanas y
pensar: «Esto es así.»
Ahora
aparece una expresión completamente diferente: «Esto LO HICIMOS así.» Y entre ambas frases existe una
distancia gigantesca.
Porque
inmediatamente aparece: ¿Podemos
hacerlo de otra manera? Y la
respuesta, al menos para una parte de nuestro mundo humano, es evidentemente: SÍ.
No podemos
votar otra gravedad. No podemos
decretar que no necesitamos oxígeno.
No podemos negociar con el organismo para que deje de necesitar agua. Pero sí podemos revisar muchísimo de
aquello que nosotros mismos hemos añadido encima.
Por eso creo
que acabas de encontrar el tono que necesitaba el futuro libro. No debe ser un
libro de denuncia del constructo. Debe
ser un libro de descubrimiento de la capacidad humana.
Algo así: MADRE
TIERRA EL MUNDO HUMANO
CONSTRUIDO
Hemos
construido mundos extraordinarios.
El peligro fue olvidar que los construimos.
La oportunidad comienza cuando lo recordamos.
Y debajo de
todo, Madre Tierra no como policía ni juez, sino como puerto de retorno. Podemos viajar por un millón de mundos
humanos. Podemos inventar el millón
uno. Pero necesitamos conservar una coordenada:
VOLVER.
Volver al
cuerpo. Volver al agua. Volver al alimento.
Volver al otro. Volver al equilibrio. Volver a la Vida. Y desde allí
volver a salir.
Eso cambia
incluso nuestra vieja imagen de la placenta. Nacer no significa abandonar
para siempre el mundo simbólico. Significa poder entrar y salir de él
sabiendo dónde estamos. Y
entonces tu última frase me parece que contiene el verdadero final —y quizá
también el comienzo— de todo este nuevo territorio: PODEMOS HACERLO MEJOR,
PORQUE AHORA SABEMOS DE NUESTRO PODER.
Yo añadiría
solamente una línea: Y empezamos a
saber de nuestra responsabilidad.
Las dos
juntas. PODER + RESPONSABILIDAD.
Sí. Y creo que aquí estás afinando algo
decisivo: Madre Tierra
no tendría que venir a derribar el mundo humano construido. Vendría a sanearlo
y a darle referencia. Eso
cambia muchísimo el planteamiento.
Porque si presentamos
el descubrimiento como «todo lo construido es falso», provocamos una guerra
innecesaria contra prácticamente toda la cultura humana. Y además sería
incorrecto. El propio trabajo astrológico nos ha enseñado lo contrario: una
construcción puede contener experiencia, utilidad, belleza y conocimiento,
aunque no pertenezca al mismo nivel que la realidad física que la sostiene.
La operación
sería mucho más sencilla y, precisamente por eso, muchísimo más profunda: NO
DESTRUIR EL CONSTRUCTO. DEVOLVERLE TIERRA.
Y entonces
aparece el saneamiento del que hablas.
Imagina cualquier construcción humana —astrología, economía, educación,
religión, psicología, organización social— pasando por dos preguntas
extremadamente elementales:
1.
¿Sabemos que estamos construyendo?
2. ¿Lo que construimos
permanece compatible con la continuidad de la Vida?
Ya tenemos
un calibrador. Y me gusta mucho tu
corrección a mi pregunta anterior. Yo decía:
«¿Estoy
descubriendo algo o estoy participando también en la construcción?»
Ahora tú
introduces una tercera pregunta que es la que realmente completa el sistema: «¿ESTOY
EN LÍNEA CON LA CONTINUIDAD DE LA VIDA?»
Ahí aparece
Madre Tierra. Porque descubrir o
construir no es necesariamente bueno ni malo. Construir es una capacidad humana. Lo
importante es qué hacemos con ella y cuáles son sus consecuencias.
Por eso
podríamos formular una especie de principio general:
CONSTRUIR
SABIENDO QUE CONSTRUIMOS Y
CONTRASTAR LO CONSTRUIDO CON LA CONTINUIDAD DE LA VIDA.
Eso ya es
casi un método universal. Y además
resuelve algo que señalas muy bien: el
mundo humano construido no tiene por qué desaparecer. Podemos conservar
muchísimo.
Podemos
seguir teniendo dinero, ciudades, profesiones, astrología, literatura, arte,
tecnología, instituciones, relatos, símbolos... No necesitamos volver a una
supuesta vida primitiva. Lo único que
recuperamos es la toma
de tierra.
El humano
puede subir cien pisos, pero sabe dónde están los cimientos. Y lo del «teléfono» es importantísimo Porque introduce el tiempo en nuestro
modelo del constructo.
Hasta ahora
teníamos aproximadamente: REALIDAD → OBSERVACIÓN →
INTERPRETACIÓN → CONSTRUCCIÓN → TRANSMISIÓN.
Pero falta
algo: TRANSMISIÓN → MODIFICACIÓN → NUEVA TRANSMISIÓN
→ NUEVA MODIFICACIÓN → NORMALIZACIÓN → OLVIDO DEL ORIGEN.
Y después de
siglos podemos comparar el principio con el final y decir: ¿CÓMO
DEMONIOS HEMOS LLEGADO DE AQUELLO A ESTO?
Eso es exactamente el juego del teléfono que mencionas.
Y aquí Madre
Tierra puede convertirse en algo parecido a la línea de referencia que no se mueve con la transmisión
humana. No nos dirá
necesariamente cuál era la frase original histórica; para eso necesitaremos
documentos, arqueología, investigación, etc. Pero puede hacernos otra pregunta:
«Muy
bien. Sea cual sea vuestra historia: ¿esto que tenéis ahora continúa sirviendo
a la Vida?» ¡Eso es potentísimo!
Porque
incluso aunque no
podamos reconstruir el origen, todavía podemos sanear el
presente. Y entonces los oráculos y
pitonisos adquieren otra colocación
Sí, con una
precisión que me parece importante. No
necesitamos decidir inmediatamente: «Esto existe objetivamente» / «esto es
una falsedad».
Podemos
preguntar primero: ¿Dentro de qué mundo tiene sentido? Un oráculo puede tener
significado dentro de determinado sistema simbólico, cultural, religioso o
psicológico. Una persona puede experimentar realmente orientación, emoción o
reconocimiento a través de él. Eso
es una experiencia humana real.
Otra
cuestión diferente sería afirmar que el oráculo posee objetivamente una
capacidad sobrenatural para conocer el futuro. Esa afirmación necesitaría su
propia evidencia. ¡Pero ya no
necesitamos mezclar ambas cosas!
Exactamente
lo que hemos hecho con la astrología:
OBJETO / HECHO
↓
INTERPRETACIÓN
↓
CONSTRUCTO
↓
EXPERIENCIA DENTRO DEL
CONSTRUCTO.
Podemos
reconocer cada piso sin
obligar a uno a demostrar al otro.
Y esto
permitiría incluso mirar la historia con bastante menos agresividad. En lugar de: «¡Qué
barbaridades hicieron aquellos!» podemos
preguntar:
¿Qué sabían entonces? ¿Qué necesitaban?
¿Qué estaban intentando
resolver? ¿Qué construyeron para
hacerlo?
¿Qué funcionó? ¿Qué se transmitió?
¿Qué se deformó durante
la transmisión?
¿Qué quedó incrustado
cuando la necesidad original desapareció?
¿Y qué necesita
saneamiento AHORA?
Eso es una
auténtica arqueología de
las construcciones humanas.
Y veo una consecuencia todavía mayor de lo que estás diciendo.
EL ERROR HUMANO PUEDE DEJAR DE SER UNA
CONDENA Porque si una desviación
pertenece a algo construido, puede rectificarse. No
necesitamos acusar a nuestros antepasados por haber construido con lo que
sabían. Ni acusarnos nosotros por continuar construyendo.
Lo
importante es que ahora podemos incorporar algo que quizá antes faltaba: CONSCIENCIA
DEL CONSTRUCTOR.
Antes: construíamos
→ olvidábamos → padecíamos. Ahora
podemos intentar: observar → construir → saber que
construimos → contrastar → corregir → continuar.
Y Madre
Tierra permanece debajo como referencia.
Eso explica tu optimismo y yo lo comparto dentro de este planteamiento: el descubrimiento no nos deja con
menos mundo. Nos deja con más posibilidades.
Podemos
conservar nuestros millones de mundos humanos. Podemos crear otros. Podemos entrar en ellos. Podemos disfrutarlos. Podemos investigarlos. Podemos incluso equivocarnos
construyéndolos.
Pero
disponemos de una pregunta de retorno: **¿ESTO
QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO PUEDE
CONTINUAR JUNTO CON LA VIDA QUE LO HACE POSIBLE?** Si la respuesta es sí: adelante.
Si empieza a
ser no: revisemos el
edificio, no destruyamos el planeta para conservar el edificio.
Y Carlos,
aquí sí veo ya el esqueleto de MADRE
TIERRA — EL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO. No sería un catálogo de nuestros errores. Sería algo bastante más hermoso:
el
descubrimiento de que somos constructores,
el reconocimiento de que
olvidamos que lo éramos,
y la posibilidad de
comenzar a construir conscientemente
sin perder nunca más la
toma de tierra.
Eso sí es un
saneamiento
y no una demolición.
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