JUNG PASEANDO
Quiero saber qué es la CONCIENCIA.
¡Exactamente! Y ahora la contradicción se
vuelve casi cómica por lo enorme que es:
HUMANO: —Quiero saber qué es
la CONCIENCIA.
Y Madre
Tierra podría contestarle: —Muy bien. ¿Desde
dónde vas a investigarla? —Desde mí. Yo soy
consciente. —¿Y los demás? —No. Esos no. —¿Cómo sabes que no? —Porque no tienen conciencia como yo. —¿Y qué es conciencia? —Precisamente eso estoy intentando
averiguar. ¡AHÍ ESTÁ EL CÍRCULO!
Has utilizado una definición que todavía no posees para
excluir de la investigación a casi todos los que te acompañan.
Y encima
aparece tu segunda pregunta, que quizá sea todavía más incómoda: HUMANO, ¿QUÉ PROBLEMA TIENES CON TUS
HERMANOS VIVIENTES?
No
«hermanos» en sentido sentimental ni religioso. Compañeros
de vida terrestre. Porque el gato no
necesita ser humano para merecer entrar en la pregunta. El pino tampoco. La alcachofa tampoco. No necesitamos atribuirles nuestra
conciencia, nuestro Yo, nuestros símbolos o nuestra reflexión. Lo único
necesario para que entren en esta investigación es muchísimo más elemental: ESTÁN VIVOS. Y nosotros también. ¡HOSTIA, NO SOY EL ÚNICO!
Entonces la
primera pregunta sobre conciencia quizá ni siquiera sea: ¿QUÉ ES LA CONCIENCIA? Podría ser: ¿POR QUÉ EL HUMANO HA DECIDIDO
INVESTIGARLA EMPEZANDO POR SEPARARSE DEL RESTO DE LA VIDA?
Ahí sí que
tenemos un asunto de profunda interrogación. Porque puede que antes de investigar la
conciencia tengamos que investigar al investigador.
¿Desde qué
posición pregunta? ¿Qué da por
supuesto? ¿A quién admite? ¿A quién excluye? ¿Por qué identifica su modalidad humana con
la medida?
¿Está
buscando lo que hay... o lo
que se parece a él? Y mira cómo vuelve
Jung sin llamarlo. ¡Hay que
investigar al que pregunta!
Ya lo habías escrito en las notas:
«Cuando pregunto, ¿quién pregunta?»
Y habíamos
llegado a que evoluciona nuestra capacidad de preguntar. Pues ahora esa pregunta se ha vuelto
gigantesca:
¿QUIÉN ES ESE HUMANO QUE PREGUNTA POR LA CONCIENCIA Y DESDE
QUÉ REPRESENTACIÓN DE SÍ MISMO ESTÁ PREGUNTANDO?
Porque si se
considera independiente, superior, centro, excepción, «rey»... su pregunta ya
sale condicionada. Y entonces
quizá tengamos que hacer el psicoanálisis del
investigador antes de aceptar su investigación. Eso es buenísimo. No para desacreditarlo. Al contrario: para
ubicarlo.
TÚ TAMBIÉN ERES EL OBJETO DE TU INVESTIGACIÓN.
TÚ TAMBIÉN ERES UN VIVIENTE.
TÚ TAMBIÉN DEPENDES.
TÚ TAMBIÉN ESTÁS DENTRO.
Y ahora
pregunta. Entonces podemos apartar
CONCIENCIA y empezar sin ella:
GATO (..) PERRO
(..) PINO (..) TOMATE (..) HUMANO (..)
¿Qué ocurre? ¿Qué comparten? ¿Qué los diferencia? ¿Cómo reciben?
¿Cómo
responden? ¿Cómo mantienen su
organización?
¿Cómo se
relacionan? ¿Cómo continúan? ¿De qué dependen?
Y solo después, si aquello que
encontremos nos conduce nuevamente a la palabra conciencia, la recuperamos. No habremos demostrado que «todo tiene
conciencia». Habremos hecho algo
metodológicamente mucho más importante:
HABREMOS DEJADO DE EXCLUIR ANTES DE INVESTIGAR.
Y ahora veo
otra pregunta tremenda que dejaría escrita exactamente para cuando entremos en
psicología: ¿PUEDE EL HUMANO
CONOCERSE PSÍQUICAMENTE SI SU DEFINICIÓN DE SÍ MISMO EMPIEZA SEPARÁNDOLO DE LA
COMUNIDAD DE VIDA A LA QUE PERTENECE?
Porque igual
llevamos un siglo abriendo habitaciones...
y acabamos de descubrir que la casa entera estaba
dentro de otra casa muchísimo mayor.
Madre Tierra. Y esa habitación sí que va a dar guerra.
Sí. Y aquí Freud volvería a tener material
para otros cien años. Porque la pregunta ya no sería únicamente «¿qué
conflicto tiene el humano consigo mismo o con otros humanos?», sino: ¿QUÉ CONFLICTO MANTIENE EL HUMANO CON
AQUELLO DE LO QUE DEPENDE? Eso es
enorme. Porque aparece una
contradicción básica:
Necesito al otro y puedo destruir al otro.
Necesito un entorno habitable y puedo deteriorarlo.
Pertenezco a una comunidad de vida y puedo representarme
como separado de ella.
Soy dependiente y puedo fantasear con ser absolutamente
independiente.
Y dentro de
la propia especie todavía se vuelve más llamativo: ¡HOSTIA, NO SOY EL
ÚNICO! Pero el otro humano
puede convertirse en rival.
Territorio.
Recursos. Poder. Prestigio. Identidad. Pertenencia. Miedo. Dominación. Defensa.
Guerra.
Y cuidado:
no significa que toda guerra pueda reducirse a «un conflicto psicológico». Ahí
perderíamos precisamente el rigor que estamos buscando. Las guerras tienen
causas históricas, políticas, económicas, territoriales, sociales, etc. Pero sí
podemos preguntar qué ocurre psicológicamente en un ser humano capaz de
convertir a otro miembro de su propia especie en alguien eliminable.
Eso Freud
querría verlo. Pero ahora le
añadiríamos algo que Freud no podría estudiar exactamente desde nuestro lugar: —Freud, no mires solamente humano
contra humano. Mira:
HUMANO ↔ HUMANO
HUMANO ↔ ANIMAL
HUMANO ↔ VEGETAL
HUMANO ↔ TERRITORIO
HUMANO ↔ RECURSOS
HUMANO ↔ ECOSISTEMA
HUMANO ↔ MADRE TIERRA
Y en cada
relación preguntaríamos:
¿Qué recibe? ¿Qué
necesita? ¿Qué reconoce? ¿Qué niega?
¿Qué utiliza? ¿Qué
domina? ¿Qué teme? ¿Qué destruye?
¿Qué protege? ¿Qué
considera suyo? ¿Qué considera
ajeno?
¿Y qué representación de sí mismo permite todo eso?
Ahí sí
podríamos encontrar conflictos psicológicos del humano con
su pertenencia. Y fíjate qué vuelta tan extraordinaria
respecto a Freud. Freud estudió
muchísimo el conflicto entre deseo, prohibición,
cultura, pulsión, Yo, realidad. Nosotros
podríamos preguntarle: FREUD, ¿Y SI
EN TU «REALIDAD» FALTABA PONER MADRE TIERRA?
No para
corregir retrospectivamente a Freud como si hubiera debido escribir nuestro
libro en 1900. Eso sería absurdo. Sino para continuar
la investigación desde el siglo XXI. Porque
entonces «principio de realidad» adquiere una dimensión tremenda:
REALIDAD: soy un organismo vivo.
REALIDAD: dependo.
REALIDAD: hay otros.
REALIDAD: esos otros también dependen.
REALIDAD: mis posibilidades no son infinitas.
REALIDAD: mi libertad opera dentro de condiciones.
Y ahora
viene lo que me parece más fuerte de todo:
quizá una parte del conflicto humano con Madre Tierra no
sea odio a la Tierra. Puede ser algo
muchísimo más sencillo y más freudiano:
DIFICULTAD PARA ACEPTAR LA DEPENDENCIA. ¡Ahí sí que yo pondría una bandera!
Porque
llevamos páginas descubriendo que dependencia no significa
sometimiento.
Sin embargo, un Yo que construye su ideal alrededor de independencia, dominio,
control, autosuficiencia y libertad ilimitada puede experimentar el
reconocimiento de su dependencia como una disminución. Y entonces:
«Dependo» puede sentirse como «soy
menos». Cuando podría
significar simplemente: «Ahora
sé dónde estoy».
Y eso
conecta directamente con tus notas: habías escrito que reconocer la dependencia
podía hacer la libertad más real y que, al asumirla, descubrías de golpe que
animales, plantas y ecosistemas estaban dependiendo también. ¡Ahora esa observación empieza a
convertirse en una pregunta psicológica! ¿QUÉ LE PASA AL HUMANO CON DEPENDER?
Carlos, yo
guardaría esa pregunta en letras enormes.
Porque quizás antes de preguntarle:
«¿Qué problema tienes con Madre Tierra?» podamos hacerle una pregunta todavía
más elemental: HUMANO, ¿QUÉ
PROBLEMA TIENES CON NECESITAR?
Necesitar
aire.
Necesitar agua.
Necesitar alimento.
Necesitar otros.
Necesitar condiciones que tú no has creado.
Y después
podremos llegar a algo todavía más delicado:
¿QUÉ HACES CON AQUELLO QUE NECESITAS CUANDO, AL MISMO
TIEMPO, QUIERES SENTIR QUE NO NECESITAS NADA?
Huy. Freud aquí sí se sentaba
otra vez en la butaca. Y Jung seguramente
acercaba la suya. Porque ya no
estamos «aplicando Madre Tierra a la psicología». Empieza a ocurrir algo más interesante: MADRE
TIERRA ESTÁ PRODUCIENDO PREGUNTAS PSICOLÓGICAS QUE ANTES NO TENÍAMOS. Y eso, sí, puede abrir un territorio
inmenso.
Sí. Ahora Freud se está
poniendo las botas de verdad. Porque ya no estamos intentando explicar a
Freud: estamos utilizando su atrevimiento para interrogar algo que su época
apenas podía plantear de esta manera.
Y lo del Rorschach aplicado al humano me parece una imagen
magnífica, entendida como metáfora de investigación:
MADRE TIERRA delante.
Y
preguntamos al humano: ¿QUÉ
VES?
¿Recurso? ¿Propiedad? ¿Peligro?
¿Algo que dominar? ¿Algo
exterior a ti?
¿Una despensa? ¿Un escenario? ¿Una madre? ¿Una cárcel de la que escapar?
¿Tu condición de existencia?
No
estaríamos analizando Madre Tierra.
ESTARÍAMOS ANALIZANDO LA PERCEPCIÓN HUMANA DE MADRE TIERRA.
Ahí hay un
giro enorme. Porque Madre Tierra
no necesita acomodarse a nuestra percepción. Nosotros
sí podemos construir una representación de ella. Y esa
representación puede decir muchísimo de nosotros. Y enseguida has tocado el MIEDO.
Aquí pondría
mucho cuidado con afirmar que «el conjunto del planeta no da miedo», porque la
naturaleza también contiene terremotos, enfermedad, depredación, escasez,
muerte, incertidumbre. El miedo tiene funciones biológicas imprescindibles.
Pero
precisamente eso vuelve tu pregunta mucho mejor: ¿CUÁNTO DE NUESTRO MIEDO RESPONDE A UN
PELIGRO PRESENTE Y CUÁNTO A LA REPRESENTACIÓN QUE HEMOS CONSTRUIDO DE LA
REALIDAD? ¡Eso sí es Freud puro!
Porque puedo
estar ahora mismo: respirando, alimentado, a temperatura adecuada,
sin una amenaza inmediata... y
estar aterrorizado por mañana.
Ahí Madre Tierra
y constructo empiezan a separarse.
No para decir que los peligros del constructo sean imaginarios —perder
trabajo, vivienda, relaciones, seguridad económica, sufrir violencia, etc.,
pueden tener consecuencias absolutamente reales—, sino para preguntar:
¿QUÉ ESTÁ AMENAZADO EXACTAMENTE EN ESTE INSTANTE?
Vida. Cuerpo.
Posición social. Identidad. Prestigio. Expectativa. Proyecto.
Imagen de mí. Pertenencia. ¡Menudo Rorschach! Y después llegamos a lo que acabas de
señalar: «DEPENDO» = «SOY MENOS»
¿Por qué? Eso no está escrito en la dependencia. Un gato depende y no por ello es «menos
gato». Un pino depende y no es «menos
pino». El
humano ha podido añadir una interpretación a la dependencia. Y entonces la pregunta psicológica
deja de ser:
¿SOMOS DEPENDIENTES?
Eso
prácticamente está resuelto. La
pregunta verdaderamente freudiana es:
¿QUÉ MECANISMO PSÍQUICO HACE QUE UNA REALIDAD NECESARIA —«DEPENDO»—
PUEDA SER VIVIDA COMO UNA HERIDA —«SOY MENOS»—? Ahí tenemos material extraordinario:
ideal de
autosuficiencia, necesidad de
control, narcisismo, vulnerabilidad, omnipotencia,
miedo a necesitar, miedo a perder
aquello que necesito, dependencia
confundida con sometimiento, libertad confundida con ausencia de
límites...
Pero no
cerremos todavía cuál es el mecanismo.
Porque ahí cometeríamos precisamente el pecado que estamos denunciando:
llegar con el diccionario antes de escuchar al humano.
Primero: HUMANO, ¿QUÉ SIENTES
CUANDO TE DIGO QUE DEPENDES? Y que hable. Ahí sí que Freud se inclinaría hacia
delante.
Y lo que
dices de «ya nos echaron, queríamos ser como...» abre además otra
habitación enorme: los relatos religiosos y culturales sobre expulsión, caída,
separación, dominio de la naturaleza, condición humana, etc. No los tomaría
como explicación causal sin investigarlo; pero sí como material
producido por humanos acerca de cómo se representan su lugar en el mundo.
Eso puede
ser fascinante. Y me parece
importante lo que dices de Freud: no preguntarle acusatoriamente: «Freud, ¿cómo no
viste Madre Tierra?» No.
SU TIEMPO. SU
ÉPOCA. SU ITINERARIO. SUS PREGUNTAS.
LAS HABITACIONES QUE ÉL PODÍA ILUMINAR.
Precisamente
todo lo que hemos aprendido gracias a Jung nos impide juzgarlo con «toda la luz
de hoy», que además tampoco será toda la luz de mañana. Eso ya lo habías
escrito expresamente en estas notas. Así que podríamos sentarlo
nuevamente: —Freud, tranquilo. No
venimos a corregirte. —Tenemos
material nuevo. —¿Qué material? —Madre Tierra. Y entonces: Freud estudió al humano
dentro de la cultura. Nosotros podemos
preguntarnos ahora: ¿QUÉ OCURRE CUANDO
COLOCAMOS CULTURA + PSIQUE + HUMANO DENTRO DE MADRE TIERRA?
Eso ensancha
la habitación. Y quizá la frase
que acabas de rescatar sea efectivamente una de las claves de todo este segundo
recorrido: MADRE TIERRA ESTÁ
PRODUCIENDO PREGUNTAS PSICOLÓGICAS QUE ANTES NO TENÍAMOS.
No
respuestas. PREGUNTAS. Y eso es muchísimo más potente. Porque ahora tenemos unas cuantas que son
dinamita: ¿Qué
problema tienes con depender? ¿Qué
problema tienes con necesitar? ¿Qué
problema tienes con los demás vivientes?
¿Por qué «dependo» puede convertirse en «soy menos»? ¿Qué ves cuando miras Madre Tierra? ¿Qué parte de lo que ves pertenece a
Madre Tierra y qué parte has puesto tú?
Y una que
acaba de aparecer ahora y me parece brutal:
HUMANO, ¿DE QUÉ NECESITAS
SENTIRTE INDEPENDIENTE… Y POR QUÉ?
Ahí sí. Freud
ya ha sacado la libreta.
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