LIBROS de BARBARIN I II III

sábado, 10 de octubre de 2026

MADRE TIERRA y CONSTRUCTO HUMANO Cuando olvidamos que construimos

  MADRE TIERRA y CONSTRUCTO HUMANO

Cuando olvidamos que construimos

La explicación acaba pareciendo realidad.
La costumbre, naturaleza.
La convención, necesidad.

La convención, necesidad.      Y quizá éste sea uno de los momentos más delicados de toda construcción humana.    No porque hayamos construido mal.    Ni siquiera porque aquello construido haya dejado de ser útil.    Sino porque hemos perdido conciencia de nuestra participación en su construcción.   Ya no vemos el proceso.       Vemos solamente el resultado.

Encontramos el edificio terminado y, después de habitarlo durante generaciones, podemos llegar a pensar que el edificio forma parte del paisaje.     El olvido ocurre poco a poco      Probablemente nadie decide:

«A partir de hoy olvidaremos que esto lo hemos construido nosotros.»

Ocurre de una manera mucho más natural.      Una generación encuentra un problema.    Busca una solución.    La solución funciona.    Se transmite.       La generación siguiente ya no recibe solamente el problema inicial: recibe también la solución preparada.         La utiliza.    La adapta.   Le añade algo.    La transmite nuevamente.

Después de varias generaciones puede haberse perdido incluso el recuerdo preciso de la necesidad que dio origen a aquella construcción.      Pero la construcción continúa.      Y entonces puede aparecer una frase aparentemente inocente:      «Siempre se ha hecho así.»

Ahí deberíamos prestar atención.      Porque «siempre» puede significar simplemente:     «No recuerdo cuándo empezamos a hacerlo.»       De explicación a realidad

El mecanismo puede producirse también con nuestras explicaciones.    Observamos algo.     Intentamos comprenderlo.    Proponemos una interpretación.    La interpretación resulta útil.     La transmitimos.    Otros trabajan sobre ella.

Aparecen conceptos, categorías y terminologías.     Y finalmente las generaciones siguientes pueden encontrarse con el concepto antes que con aquello que el concepto intentaba explicar.

Entonces la dirección se invierte.     Ya no miramos la realidad para construir una explicación.      Miramos la realidad a través de la explicación que hemos heredado.    Y encontramos, naturalmente, muchas cosas que encajan en ella.      Esto no demuestra que la explicación sea falsa.   Puede ser excelente.

El problema aparece cuando dejamos de distinguir:    LO OBSERVADO   de   LO INTERPRETADO.      Cuando el mapa deja de ser mapa y empieza a confundirse con el territorio.       De costumbre a naturaleza

Algo semejante ocurre con las costumbres.     Una manera determinada de organizar la familia puede parecernos natural.    Una determinada forma de trabajar puede parecernos natural.      Una idea de éxito puede parecernos natural.     Una distribución de funciones puede parecernos natural.

Una determinada relación con la propiedad puede parecernos natural.      Pero basta mirar otras culturas o épocas para descubrir que seres humanos igualmente humanos organizaron muchas de esas cuestiones de maneras diferentes.

Entonces aparece una pregunta extraordinariamente liberadora:     ¿ES NATURAL O ES NORMAL DENTRO DEL MUNDO EN EL QUE HE NACIDO?     No son necesariamente lo mismo.     Lo normal puede ser una construcción extraordinariamente estable.    Puede ser incluso conveniente y deseable.      Pero reconocerlo como construcción nos permite preguntarnos por qué existe y si continúa cumpliendo su función.

De convención a necesidad

Y todavía podemos dar otro paso.     Algo que comenzó siendo un acuerdo puede terminar pareciendo imprescindible.

Necesitamos respirar.      Necesitamos determinadas condiciones para que nuestro organismo continúe funcionando.       Pero ¿necesitamos necesariamente todas las formas concretas mediante las cuales hemos organizado nuestra existencia?      Aquí conviene no precipitarse.

Que algo sea construido no significa que podamos retirarlo mañana sin consecuencias.      Una ciudad es construida y millones de personas dependen de su funcionamiento.      Un sistema económico es construido y condiciona la alimentación y seguridad de poblaciones enteras.    Una institución es construida y puede desempeñar funciones indispensables.

Precisamente porque las construcciones humanas producen realidad, rectificarlas exige responsabilidad.     Nuestro descubrimiento no concede permiso para destruir.      Concede algo anterior:     permiso para volver a preguntar.

El gran peligro: padecer lo modificable como inevitable      Aquí aparece una consecuencia enorme.      Cuando confundimos construcción y naturaleza podemos terminar padeciendo algo humano como si perteneciera al orden inevitable de la existencia.

«No tengo otra posibilidad.»           «Tengo que ser esto.»

«Mi vida debería haber sido así.»

«A esta edad tendría que haber conseguido aquello.»

«Valgo según esto.»          «Necesito tener aquello para ser alguien.»

Algunas de esas afirmaciones pueden contener necesidades reales.       Otras pueden contener una mezcla de realidad, historia personal, cultura, expectativas y construcciones sociales.      Mientras todo permanece mezclado, resulta dificilísimo saber dónde podemos actuar.

Y esto será especialmente importante cuando lleguemos a psicología y terapia.      No para decir a una persona:     «Tu problema es imaginario.»    Sino para poder preguntarle:      «¿QUÉ PARTE DE LO QUE ESTÁS PADECIENDO ES INEVITABLE Y QUÉ PARTE ESTÁ OCURRIENDO DENTRO DE UN ESCENARIO QUE LOS HUMANOS HEMOS CONSTRUIDO?»

La diferencia puede ser enorme.     También podemos olvidar dentro de nuestros conocimientos

La ciencia, la filosofía, la religión, la economía, la psicología, la astrología y cualquier sistema humano de conocimiento necesitan especialmente esta vigilancia.      Porque cuanto más desarrollado está un sistema, más fácil resulta comenzar a trabajar desde sus conceptos ya establecidos.

Cada especialidad crea su lenguaje.    Sus clasificaciones.     Sus métodos.   Sus preguntas.   Sus problemas.   Sus respuestas acumuladas.     Eso permite profundizar enormemente.     Pero también puede ocurrir que una disciplina termine interrogándose exclusivamente desde dentro de sí misma.

La astrología nos proporcionó precisamente esta experiencia.    Mientras preguntábamos a la astrología desde la propia astrología, las respuestas continuaban apareciendo dentro de su edificio.

El cambio comenzó cuando introdujimos una pregunta exterior:    ¿ESTO ESTÁ EN LA VIDA O LO HEMOS PUESTO NOSOTROS?      No para destruir la astrología.      Para recuperar la posibilidad de distinguir raíz, manifestación, interpretación y construcción.

Y entonces ocurrió algo inesperado.      La pregunta dejó de pertenecer solamente a la astrología.     La toma de tierra rompe el hechizo sin romper el edificio       Aquí Madre Tierra empieza a mostrar su verdadera función.

No viene a sustituir nuestras construcciones.     No trae otra economía.   Otra religión.    Otra psicología.    Otra astrología.    Otra organización política.

Simplemente proporciona un punto exterior de contraste.    Aire.   Agua.   Cuerpo.   Alimento.    Condiciones de vida.    Interdependencia.    Continuidad.          Desde ahí podemos regresar al edificio y preguntar:

¿Qué hay aquí porque pertenece a las condiciones de la Vida?

¿Qué hemos añadido nosotros?

¿Por qué lo añadimos?             ¿Continúa sirviendo?

De pronto la pared vuelve a ser pared.     Y eso no significa que haya que derribarla.       Significa que volvemos a verla.     El olvido también merece comprensión

Incluso aquí sería injusto acusarnos demasiado.     Olvidar que construimos puede ser, hasta cierto punto, una consecuencia normal del éxito de nuestras propias construcciones.

Si cada mañana tuviéramos que cuestionar nuevamente el lenguaje, el dinero, las señales de tráfico, el calendario, las leyes y cada convención cotidiana, probablemente no podríamos vivir.

Necesitamos automatizar.     Necesitamos confiar.     Necesitamos recibir muchísimo ya preparado.         El problema no es que una construcción llegue a funcionar sin que pensemos constantemente en ella.

El problema aparece cuando perdemos también la posibilidad de volver a verla como construcción cuando deja de funcionar, comienza a dañarnos o necesita adaptarse.

Ésa es la diferencia.    No necesitamos vivir interrogándolo todo.    Necesitamos conservar la capacidad de interrogar nuevamente.

Recordar que construimos

Quizá éste sea uno de los grandes despertares posibles para nuestra época.    No descubrir que nuestras construcciones son falsas.    No descubrir que nuestros antepasados estaban equivocados.    No descubrir que tenemos que comenzar otra vez desde cero.       Algo mucho más sencillo:

RECORDAR.

Recordar que construimos.      Recordar que heredamos.    Recordar que añadimos.     Recordar que interpretamos.    Recordar que algunas paredes fueron levantadas por nosotros.    Y entonces recuperamos una posibilidad que parecía perdida:

PODEMOS MIRARLAS DE NUEVO.        No con desprecio.    Con curiosidad.    Porque cada construcción contiene una historia.    Hubo un momento en que todavía no existía.

Algo ocurrió.    Alguna necesidad apareció.    Alguien tomó una dirección.   Otros continuaron por ella.    Y quizá, para comprender realmente nuestro mundo, tengamos que regresar hasta allí.

No para buscar culpables.    Sino para descubrir:     ¿POR QUÉ TOMAMOS PRECISAMENTE ESA RUTA?       Ahí comienza la segunda parte de nuestro recorrido:

 

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