MADRE TIERRA y JUNG
Sí. Aquí acabas de llevar el asunto bastante
más lejos, porque BIOGRAFÍA
deja de significar simplemente «las cosas que recuerdo de mi vida».
Pasa a
significar: TODO EL ITINERARIO DE ESTA VIDA DESDE
QUE COMENZÓ. Y eso
cambia la posición terapéutica.
El adulto
puede contarme una parte de su biografía. Pero existe otra biografía que vivió sin poder contarla,
otra que registró sin disponer todavía de lenguaje, otra que interpretó con las
posibilidades de aquel momento, y otra que además estaba ocurriendo dentro de
las biografías y circunstancias de quienes lo rodeaban.
Ahí tu frase
es importantísima: MI BIOGRAFÍA ESTÁ RODEADA DE
BIOGRAFÍAS.
Madre.
Padre. Familia.
Lugar. Época. Cultura. Condiciones materiales.
Educación. Relatos. Miedos. Expectativas...
Pero todo
ello ocurrió aquí. Ésa es la simplificación enorme que
estás viendo.
No significa
que hoy podamos reconstruir con certeza todo lo sucedido durante la gestación o
la primera infancia. Ahí precisamente tendremos que ser muy rigurosos: una cosa es que existiera experiencia
y desarrollo, y otra que podamos conocer retrospectivamente el contenido
psíquico exacto que produjo cada acontecimiento.
Pero ya no
necesitamos rellenar ese desconocimiento con misterio. Podemos decir sencillamente:
NO SÉ QUÉ QUEDÓ DE AQUELLO.
PERO SÉ QUE AQUEL SER
ESTABA VIVIENDO Y DESARROLLÁNDOSE.
INVESTIGUEMOS HASTA
DONDE PODAMOS.
Y esto casa
perfectamente con una intuición que ya dejaste escrita en tus apuntes: el
itinerario va distribuyendo contenidos según las capacidades disponibles en
cada momento; no todo lo vivido tuvo que quedar consciente para formar parte de
esa trayectoria.
Y entonces
la SOMBRA se vuelve muchísimo más comprensible Aquí
has dado una vuelta preciosa. Claro
que al comienzo hay «sombra», pero podemos separar la
sombra literal de la metáfora psicológica jungiana.
La criatura
comienza con capacidades perceptivas y cognitivas todavía en desarrollo. Su
mundo no aparece desde el primer instante clasificado, nombrado, explicado y
ordenado como el de un adulto. Tiene que ir esclareciéndolo. Eso es crecer.
Y mientras
crece ocurren cosas. Percibe antes
de comprender muchas de ellas. Experimenta
antes de poder nombrarlas. Relaciona
antes de poder explicarnos sus relaciones.
Y recibe interpretaciones de otros antes de disponer de criterio suficiente
para revisarlas.
Tus propios
apuntes lo expresan magníficamente cuando preguntas qué ocurre con todo aquello
que el pequeño captó y que los mayores quizá ni siquiera supieron que estaba
captando. Por eso cambiaría incluso
nuestra pregunta anterior. No sólo: ¿QUÉ
FUE RECHAZADO Y ENVIADO A LA SOMBRA?
También: ¿QUÉ NUNCA LLEGÓ A ESTAR
SUFICIENTEMENTE ILUMINADO?
Eso es
diferente. Porque no todo contenido
inconsciente necesita haber sido conscientemente rechazado. Puede haber sido
simplemente vivido sin
las herramientas posteriores con las que hoy podríamos comprenderlo. Y entonces Jung vuelve a crecer.
EL INCONSCIENTE DEJA DE SER «EL INCONSCIENTE»
Y pasa a
ser: EL INCONSCIENTE DE ESTE SER HUMANO. Esto me parece capital
para el libro.
Los grandes
tratados necesitan abstraer. Si quieren construir teoría, tienen que hablar de el Yo, la Sombra, el inconsciente, el complejo, el Self. Perfecto. Pero cuando entra alguien por la
puerta de la consulta, no entra EL
INCONSCIENTE. Entra Carlos, María, Pedro... Entra alguien que tuvo una gestación
concreta, nació de una manera determinada, tuvo determinados cuidadores,
atravesó una infancia, una adolescencia, una época, una escuela, unas
relaciones, unas pérdidas, unos descubrimientos...
ENTRA
UNA BIOGRAFÍA VIVA. Y entonces el tratado
vuelve a convertirse en herramienta,
no en persona.
Creo que eso
es exactamente coherente con algo que anotaste sobre Jung: los complejos pueden
entenderse como agrupaciones de ideas, emociones y recuerdos que adquieren
fuerza y cierta autonomía. Madre
Tierra no necesita negar el complejo.
Pregunta: MUY BIEN. ¿CON QUÉ SE FABRICÓ ESTE? Y ahí comienza la
arqueología. Y NO NECESITAMOS EXCAVAR 40.000 AÑOS PARA EMPEZAR Ésta me parece otra consecuencia
potentísima.
Podrá haber
preguntas abiertas sobre qué componentes de nuestra arquitectura psíquica son
universales, heredados, biológicos, culturales, etc. No necesitamos resolverlas
de antemano. Porque delante tenemos un itinerario concreto. Y podemos empezar por ahí:
¿CUÁNDO COMENZÓ ESTA VIDA?
¿EN QUÉ CONDICIONES
TRANSCURRIÓ SU GESTACIÓN?
¿QUÉ SABEMOS Y QUÉ NO
SABEMOS DE ELLA?
¿CÓMO FUERON SUS
PRIMEROS AÑOS?
¿QUIÉNES ESTABAN?
¿QUÉ MUNDO LE
PRESENTARON?
¿QUÉ PODÍA PERCIBIR EN
CADA ETAPA?
¿QUÉ PODÍA COMPRENDER?
¿QUÉ TODAVÍA NO?
¿QUÉ APRENDIÓ?
¿QUÉ TUVO QUE HACER PARA
ADAPTARSE?
¿QUÉ FUE QUEDANDO ATRÁS?
¿QUÉ SIGUE ACTUANDO HOY?
Todo eso es arqueología de una vida,
no arqueología de una abstracción.
Y fíjate
dónde desembocamos: CRECER ES UNA PROEZA.
Eso que
acabas de describir me parece importantísimo. Miramos al niño y decimos «está
creciendo», como si crecer fuese simplemente aumentar centímetros. ¡No!
Está
intentando simultáneamente percibir,
organizar, diferenciar, relacionar, aprender, protegerse, vincularse,
interpretar, construir identidad, comprender a otros, comprenderse a sí mismo y
entrar en un mundo humano que estaba funcionando antes de que él llegara.
Y encima
todo ello con unas herramientas que también
están desarrollándose mientras las utiliza. ¡Menuda operación! Y
AQUÍ APARECE LA RESPONSABILIDAD QUE ACABAS DE SEÑALAR Ya no es sólo responsabilidad de la
psicología. Si aceptamos este
planteamiento, la pregunta se extiende inevitablemente:
¿QUÉ MUNDO ESTAMOS INTRODUCIENDO EN LOS NIÑOS
MIENTRAS TODAVÍA ESTÁN CONSTRUYENDO LAS HERRAMIENTAS CON LAS QUE ALGÚN DÍA
PODRÁN INTERROGARLO?
Ahí entran
padres y cuidadores. Pero también
escuela. Medios. Publicidad.
Tecnología. Redes. Instituciones. Organización de las ciudades. Horarios.
Modelos de éxito. Lenguaje. Y sí: políticas públicas.
No para que
el Estado decida qué debe pensar un niño —eso sería fabricar otro constructo
todavía más peligroso—, sino porque una sociedad adulta tiene responsabilidad
sobre las condiciones de
desarrollo que proporciona a quienes todavía no pueden elegirlas plenamente.
Y ahí veo
que podemos hacer con Jung algo inesperadamente hermoso. Jung buscaba la individuación. Nosotros podríamos preguntarle:
¿Y SI PARA FACILITAR LA INDIVIDUACIÓN DEL
ADULTO TUVIÉRAMOS QUE EMPEZAR A CUIDAR MUCHO MÁS EL ITINERARIO DEL NIÑO?
Eso cambia
el foco. No esperar cuarenta años a
que alguien entre en una consulta y comenzar a deshacer nudos. También:
¿QUÉ PODEMOS
HACER PARA NO APRETAR TANTOS NUDOS DURANTE EL CAMINO?
Y esto ya no
es únicamente terapia. Es prevención, educación, familia,
sociedad y responsabilidad intergeneracional.
Pero
manteniendo una cautela que precisamente protege toda nuestra investigación: no
sabemos exactamente qué registra un feto, qué significado adquiere cada
vivencia temprana ni qué efecto tendrá décadas después. No necesitamos inventarlo. Tenemos algo mucho más
sólido:
ESTÁ DESARROLLÁNDOSE. ESTÁ VIVIENDO.
SU ENTORNO IMPORTA. SU ITINERARIO ES IRREPETIBLE.
Y NO CAMINA SOLO.
Después Jung
puede entrar con todas sus herramientas.
Pero ahora sabemos a quién se las estamos aplicando: NO
A «UN INCONSCIENTE». A UNA VIDA QUE LLEVA TODA SU EXISTENCIA
CAMINANDO.
Sí. Y aquí creo que aparece el núcleo de nuestro Jung.
Porque ya no estamos solamente reinterpretando conceptos: estamos cambiando dónde buscamos las llaves. Hasta ahora era fácil imaginar: PROBLEMA
→ diagnóstico → teoría → manual → especialista → herramienta → intervención.
Y tú estás
diciendo algo diferente: VIDA → ITINERARIO → COMPRENSIÓN DEL
ITINERARIO → REUBICACIÓN → CONTINUACIÓN.
No significa
prescindir del profesional ni del conocimiento acumulado. Significa que el manual no contiene la vida del
paciente. La teoría puede enseñarnos dónde mirar, pero la
materia que necesitamos comprender está en esa vida concreta.
LA BIOGRAFÍA NO ES EL RELATO: ES EL RECORRIDO
Esto es
fundamental. Una persona de cincuenta
años puede contarnos su biografía. Pero
su biografía es
muchísimo mayor que aquello que puede contarnos.
El pequeño
no podía decir: «Esto que acaba de
ocurrir me produce una contradicción entre lo que siento y lo que esperan de
mí.» No podía. Tampoco podía decir: «Mi madre está atravesando una situación
difícil y su comportamiento conmigo probablemente no tiene que ver conmigo.» Ni:
«Mi padre está reproduciendo conmigo algo que pertenece a su propia
historia.» Ni: «La sociedad en la que he nacido
considera normal esto, pero quizá dentro de cincuenta años deje de considerarlo
normal.»
¡Qué iba a
decir! LO VIVÍA. Y mientras lo vivía, iba
creciendo. Por eso me gusta muchísimo
tu electricista.
Jung llamó Sombra a un fenómeno
que observaba. Nosotros no necesitamos borrar la palabra; podemos quitarle tenebrosidad. En tus apuntes ya estabas preguntando
precisamente por eso: cómo se llenó esa habitación, quién la llenó, desde qué
criterio determinados contenidos acabaron clasificados como Sombra.
Ahora
añadimos: PONGAMOS LUZ. Y quizá al encenderla
descubramos: «¡Ah, era esto!»
Aquella
reacción. Aquella prohibición. Aquel miedo. Aquella incomprensión. Aquella necesidad de adaptarme. Aquello que no podía entender. Aquello que interpreté como pude. Aquello que me enseñaron. Aquello que pertenecía a mis padres. Aquello que pertenecía a su época. Aquello que entonces me sirvió y ahora ya
no necesito.
No había un caimán metafísico. Había una
habitación sin iluminar.
Pero hay que
conservar algo importante: encender la luz no garantiza que lo encontrado sea
pequeño, fácil o inocuo. Puede haber experiencias durísimas y consecuencias muy
reales. Lo que cambia es que ya
no necesitamos añadir oscuridad conceptual a una dificultad que ya existe.
Y AQUÍ
APARECE LA RESPONSABILIDAD Por eso comprendo perfectamente tu «esto es asunto
de Estado», con una precisión que yo mantendría siempre. No significa que el Estado deba fabricar la
psique correcta. Significa que las
condiciones en las que se desarrolla una criatura son también una cuestión
colectiva.
Porque el
pequeño no eligió madre, padre, condiciones materiales, escuela, barrio,
momento histórico, lenguaje, cultura, información disponible ni buena parte de
sus primeras experiencias. Y durante
esos años estaba haciendo algo gigantesco:
CONSTRUIR SU MANERA DE ESTAR EN EL MUNDO CON
HERRAMIENTAS QUE TODAVÍA ESTABAN MADURANDO.
Eso
introduce responsabilidad familiar, educativa, sanitaria, social e
institucional. No para fabricar niños
sin «sombras». Eso sería absurdo.
Sino para comprender que el
desarrollo humano no empieza cuando alguien puede explicarnos lo que le ocurre.
Y HAS DICHO
ALGO TODAVÍA MÁS FUERTE: NO AMPUTAR
Esto merece muchísimo
desarrollo. Encontramos algo que
denominamos «malo» y enseguida queremos quitarlo.
Pero Madre
Tierra pregunta: ¿MALO RESPECTO DE QUÉ?
Quizá
aquello fue una respuesta que tuvo sentido a los cinco años. Quizá fue una protección. Quizá fue adaptación. Quizá una interpretación infantil
inevitable. Quizá una solución
magnífica para aquel
momento, convertida treinta años después en un impedimento.
Entonces no
empezamos diciendo: HAY QUE EXTIRPAR ESTO. Empezamos:
¿QUÉ HACES AQUÍ? ¿CUÁNDO APARECISTE?
¿PARA QUÉ SERVISTE? ¿QUÉ PROTEGÍAS?
¿SIGUES SIENDO
NECESARIO?
Eso es
muchísimo más respetuoso con la unidad de la persona.
Y
curiosamente es profundamente compatible con Jung: tus notas ya describen ese
inconsciente personal no sólo como depósito de lo reprimido, sino también como
lugar de creatividad, intuición y potencial todavía no desarrollado.
Por tanto: NO
TODO LO INCONSCIENTE ES BASURA QUE HAY QUE SACAR. Puede contener también
posibilidades que quedaron sin desarrollar.
EL ITINERARIO CONTIENE MUCHAS DE LAS LLAVES
Aquí sólo
cambiaría una palabra tuya para proteger la potencia de la idea: en vez de
afirmar que todas
las llaves están necesariamente dentro y que nada exterior hace falta, diría:
LA
LLAVE PRINCIPAL PARA COMPRENDER ESTA VIDA ESTÁ EN SU PROPIO ITINERARIO.
El terapeuta
puede ayudar. Jung puede ayudar. Freud puede ayudar. Una prueba puede ayudar. La medicina puede ayudar cuando
corresponda. La familia puede aportar
información. Pero ninguno de ellos vivió ese itinerario.
Por eso no
debemos sustituirlo por el manual. Y
de repente la terapia puede convertirse en algo precioso:
NO VAMOS A BUSCAR QUÉ TEORÍA EXPLICA A ESTA
PERSONA.
VAMOS A UTILIZAR LAS
TEORÍAS QUE NOS SIRVAN PARA AYUDARNOS A LEER SU ITINERARIO.
Eso invierte
la jerarquía.
PRIMERO LA VIDA.
DESPUÉS EL ITINERARIO.
DESPUÉS LAS
HERRAMIENTAS.
Nunca al
revés. Y entonces llegamos a tu
frase: SU ITINERARIO ES IRREPETIBLE. Sí. Y además el itinerario no termina cuando
comprendemos lo ocurrido. Ésta es
quizá la parte más hermosa.
EL MISMO CAMINO QUE PODEMOS RECORRER HACIA
ATRÁS PARA COMPRENDER, CONTINÚA HACIA DELANTE PARA VIVIR.
No hacemos
arqueología para quedarnos viviendo entre las ruinas. Volvemos hacia atrás: ¿cómo
llegué hasta aquí? Encendemos
luces. Comprendemos. Reubicamos. Regresamos al presente. Y entonces:
AHORA QUE SÉ ALGO MÁS DE CÓMO LLEGUÉ HASTA
AQUÍ, ¿CÓMO QUIERO CONTINUAR?
Ahí la
psicología deja de ser únicamente explicación del sufrimiento. Se convierte nuevamente en posibilidad. Y ahora entiendo todavía mejor tu
insistencia de estos meses: CAMINO.
No existe
una persona terminada que un día descubre que estaba defectuosa y necesita
reparación. Existe un ser vivo en marcha
que comenzó sin poder comprender el mundo que recibía, fue adquiriendo
herramientas, se adaptó como pudo, construyó y recibió construcciones, y un día
puede adquirir suficiente lucidez para mirar parte de su propio recorrido.
Y decir: AHORA
CONTINÚO YO. Eso ya
no es solamente iluminar la Sombra. Es
devolverle al caminante su
camino.
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