MADRE TIERRA y JUNG
. Recibir antes de comprender Lo que puede entrar cuando todavía no
podemos explicarlo.
Hay un
momento extraordinario en todo itinerario humano: YA
ESTOY VIVIENDO,
PERO TODAVÍA NO PUEDO
EXPLICARME LO QUE VIVO.
Y no dura un
instante. Forma parte del desarrollo. Primero ocurre la vida. Después, progresivamente, aparecen
posibilidades para distinguir, relacionar, nombrar, interpretar y comprender lo
que está ocurriendo.
Por eso
podemos formular algo muy sencillo: RECIBIR ES ANTERIOR A COMPRENDER. Y esta diferencia puede
ayudarnos muchísimo cuando lleguemos al inconsciente de Jung.
LA VIDA NO
ESPERA A QUE YO ESTÉ PREPARADO
El mundo no
dice: «Esperaremos hasta que este
niño disponga de lenguaje, memoria autobiográfica, pensamiento crítico y
suficiente experiencia para empezar a relacionarnos con él.» No.
LA VIDA YA ESTÁ
OCURRIENDO.
Hay voces. Contacto. Ausencias.
Presencias. Temperatura. Movimiento.
Sonidos. Rostros. Ritmos.
Tensiones. Calma. Repeticiones. Sorpresas.
Después aparecerán palabras. Gestos
que empiezan a adquirir significado. Normas. Premios.
Prohibiciones. Historias. Imágenes.
Expectativas.
Y el ser
humano en desarrollo va relacionándose con todo ello con las posibilidades disponibles en
cada momento. No con las que tendrá
treinta años después.
ENTRA MÁS
DE LO QUE PUEDO EXPLICAR Aquí necesitamos precisión.
No estamos
afirmando que todo lo que sucede quede grabado intactamente en algún misterioso
archivo interior. Tampoco podemos
reconstruir con certeza qué efecto tuvo cada acontecimiento temprano. Pero sí podemos afirmar algo mucho más
elemental:
PODEMOS
SER AFECTADOS, APRENDER, ASOCIAR Y RESPONDER ANTES DE PODER EXPLICAR CON
PALABRAS TODO LO QUE NOS OCURRE.
Eso basta. No necesitamos añadir fantasmas. Y tampoco necesitamos negar aquello que
todavía no comprendemos. Podemos
decir: ALGO ESTABA OCURRIENDO EN MI
ITINERARIO ANTES DE QUE YO
PUDIERA CONTÁRMELO.
EL NIÑO NO
ES UN ADULTO PEQUEÑO
Ésta será
una regla importantísima para nuestra arqueología. Cuando volvamos hacia atrás no podemos
introducir nuestra conciencia actual en el niño que fuimos. Hoy puedo decir:
«Aquella persona estaba nerviosa.» «Mis padres tenían problemas.»
«Aquella prohibición pertenecía a su
educación.»
«Ese profesor reproducía un modelo de su
época.» «Aquello no tenía nada que
ver conmigo.»
Perfecto. HOY. Pero quizá el niño no
disponía de esas explicaciones.
Recibió el acontecimiento desde su posición. Desde su dependencia. Desde sus capacidades de entonces. Desde lo que ya había aprendido. Desde lo que otros le explicaban. Y también desde su propia manera de
organizar aquello que estaba viviendo.
Por eso nuestra pregunta vuelve a ser: ¿QUÉ
PODÍA COMPRENDER YO ENTONCES?
No: ¿QUÉ
COMPRENDO HOY SOBRE LO QUE OCURRIÓ ENTONCES? Son dos preguntas
distintas.
ENTRE LO
QUE OCURRE Y LO QUE COMPRENDO
Aquí aparece
un territorio enorme. Sucede algo. Lo percibo hasta dónde puedo. Lo relaciono con lo que ya conozco. Quizá alguien me lo explica. Quizá nadie lo explica. Quizá lo interpreto de una determinada manera. Quizá simplemente respondo. Y sigo caminando.
Años después
puedo conservar una emoción, una expectativa, una asociación, una forma de
reaccionar o una interpretación cuyo origen ya no tengo presente. Entonces digo: «NO
SÉ POR QUÉ ME PASA ESTO.» Y
aquí la psicología puede abrir una puerta.
Pero Madre
Tierra nos pide que no atravesemos inmediatamente esa puerta diciendo: MISTERIO. Primero: ITINERARIO.
«NO SÉ DE
DÓNDE VIENE» NO SIGNIFICA «VIENE DE OTRO MUNDO»
Ésta podría
ser una frase central. No conocer el
origen de algo no demuestra que carezca de historia. Simplemente significa: TODAVÍA
NO CONOZCO SU HISTORIA.
Quizá
podamos reconstruir parte. Quizá
encontremos personas. Situaciones. Repeticiones. Aprendizajes. Documentos.
Relatos familiares. Recuerdos
posteriores. Contexto histórico. Quizá no encontremos suficiente. Entonces dejamos una habitación con un
cartel muy digno: NO LO SÉ.
Y no ocurre
nada. No saber también forma parte
de una investigación seria.
LO
DESCONOCIDO NO TIENE OBLIGACIÓN DE CONVERTIRSE EN MISTERIOSO.
AQUÍ
EMPIEZA A CAMBIAR NUESTRA RELACIÓN CON EL INCONSCIENTE
Cuando
lleguemos a Jung podremos conservar una gran parte de su herramienta y
modificar nuestra posición frente a ella.
En lugar de imaginar inmediatamente:
«Tengo dentro un
territorio oscuro que sabe cosas extrañas sobre mí»
podemos
comenzar: «Hay aspectos de mi propio
funcionamiento y de mi itinerario a los que actualmente no tengo acceso
completo.»
Menuda
diferencia. Sigue existiendo lo no
consciente. Sigue existiendo aquello
que desconocemos de nosotros. Siguen
existiendo automatismos, asociaciones, recuerdos no disponibles en un momento
determinado, emociones cuyo origen no identificamos, imágenes, sueños,
respuestas aprendidas... Pero todo
ello ocurre en: ESTE SER HUMANO. No necesitamos
crear otro habitante dentro del habitante.
¿Y LA
SOMBRA? Aquí también empezamos a acercarnos a ella. Tal vez algunas cosas fueron
conscientemente rechazadas. Pero no
necesariamente todo lo que no conocemos de nosotros fue rechazado
conscientemente. Puede haber cosas
que:
nunca
comprendimos suficientemente, no
supimos nombrar, no atendimos, aprendimos sin deliberar, interpretamos con capacidades limitadas, olvidamos,
o simplemente nunca habíamos tenido motivo para revisar.
Por eso,
cuando lleguemos a la Sombra, tendremos que evitar convertirla en un saco donde
meter todo lo
desconocido. Jung
nos dirá qué entiende por Sombra. Lo
escucharemos primero. Y después Madre
Tierra preguntará: ¿QUÉ HAY AQUÍ EXACTAMENTE?
EL GRITO Pensemos
en aquel ejemplo que apareció en nuestra conversación.
UN
GRITO.
Para un
adulto puede ser simplemente alguien que perdió la paciencia durante unos
segundos. Para un niño pequeño,
dependiendo de quién gritó, dónde estaba, qué estaba ocurriendo, su edad, la
relación, la repetición y lo que sucedió después, puede adquirir otra
dimensión. No porque exista una ley: GRITO
= TRAUMA.
Eso sería
otra simplificación. Precisamente
porque no sabemos de
antemano qué significó para ese niño. Hay que investigar.
¿Dónde estabas? ¿Qué edad tenías? ¿Quién gritó?
¿Qué estaba ocurriendo? ¿Era habitual? ¿Qué pasó después?
¿Qué entendiste? ¿Recuerdas algo? ¿Qué cuentan otros?
¿Hay alguna relación razonable con lo que
ocurre hoy?
Y si no
podemos establecerla: NO LA INVENTAMOS. Ésa es nuestra linterna.
RECIBIMOS
TAMBIÉN LO MARAVILLOSO
Otra vez
debemos impedir que la psicología convierta todo lo temprano en problema.
Recibimos
antes de comprender también: una
voz tranquilizadora, un abrazo, una canción, el rostro de alguien, un juego,
seguridad, curiosidad, naturaleza, humor,
música, confianza, la sensación de que explorar es posible, el placer de descubrir. Todo eso también pertenece al itinerario. Quizá muchas capacidades posteriores
encontraron allí condiciones para desplegarse.
NO
SÓLO ENTRAN HERIDAS. Entra mundo. Y dentro de ese mundo también entran
posibilidades.
Y AQUÍ JUNG
VUELVE A CRECER
Porque Jung
no redujo lo inconsciente exclusivamente a un cubo donde arrojamos aquello que
no queremos. Encontró allí
creatividad, imágenes, intuiciones, símbolos y posibilidades de transformación. Nuestra lectura desde Madre Tierra puede
acercar todavía más ese territorio. Quizá
parte de aquello que descubrimos al conocernos no sea algo que debamos «curar». Puede ser algo que todavía no habíamos utilizado. Una capacidad. Una asociación. Una inclinación. Una manera de percibir. Una posibilidad creativa. Una parte de nuestra historia cuya
significación cambia al verla desde el presente. Por eso investigar nuestro itinerario no
necesariamente nos hace más pequeños. Puede
ocurrir exactamente lo contrario:
CADA
HABITACIÓN ILUMINADA PUEDE AUMENTAR EL TERRITORIO DISPONIBLE.
COMPRENDER
DESPUÉS NO SIGNIFICA CORREGIR AL NIÑO
Esto merece
quedar muy claro. Cuando el adulto
vuelve sobre su itinerario no llega para decir: «Niño, lo entendiste mal.» No.
Aquel niño comprendió, reaccionó y organizó su experiencia con las posibilidades que tenía
entonces. Nosotros
llegamos después. Con más lenguaje. Más experiencia. Más autonomía. Más información. Más capacidad para relacionar acontecimientos. Por eso nuestra operación es otra: NO
CORREGIMOS AL NIÑO.
LE
AÑADIMOS LA CONCIENCIA QUE ENTONCES NO PODÍA TENER.
Y entonces
aquello que estaba fijado a una única interpretación puede adquirir otra
posibilidad. No borramos la anterior. La ponemos en relación con algo nuevo.
AQUÍ
EMPIEZA LA INTEGRACIÓN
Mucho antes
de llegar al capítulo de individuación ya podemos intuir qué podría significar
integrar desde Madre Tierra. No unir
dos seres que estaban separados. No
conseguir que «mi consciente» haga las paces con otro personaje llamado «mi
inconsciente». Sino permitir que una misma vida reconozca cada vez más
partes de su propio itinerario.
Esto lo
viví. Esto lo recibí. Esto lo interpreté así. Esto no pude entenderlo. Esto lo aprendí. Esto
lo rechacé. Esto todavía no sé de
dónde viene. Esto me sirvió. Esto me sigue condicionando. Esto puedo reconsiderarlo. Esto quiero conservarlo. Esto ya no lo necesito. Esto acaba de abrirme una posibilidad que no
sabía que tenía.
TODO
ERA MI ITINERARIO. Distintos grados de
luz.
RECIBIR ANTES DE COMPRENDER
Quizá
podamos condensar todo el capítulo en una secuencia:
VIVO. RECIBO. PERCIBO HASTA DONDE PUEDO. INTERPRETO CON LAS POSIBILIDADES QUE
TENGO. RESPONDO. INCORPORO. CONTINÚO.
Y mucho
después puede aparecer algo extraordinario:
ME DOY CUENTA.
Entonces
vuelvo. No físicamente. No para fabricar recuerdos. No para reconstruir un pasado perfecto que
ya no existe. Vuelvo con la linterna
de hoy.
Y pregunto:
¿QUÉ OCURRIÓ AQUÍ? ¿DÓNDE ESTABA YO? ¿QUÉ PODÍA COMPRENDER?
¿QUIÉN ESTABA CONMIGO? ¿QUÉ INTERPRETÉ? ¿QUÉ HICE CON AQUELLO?
¿QUÉ SIGO HACIENDO HOY?
Y cuando
algo aparece: SE HACE LA LUZ. No
porque ya sepamos todo. Sino porque
ahora podemos ver algo
que antes no podíamos ver.
Y cada vez empieza a adquirir más sentido nuestra fórmula: HÁGASE
LA LUZ.
Que pueda
verse. Que pueda comprenderse. Que pueda integrarse. Que pueda reconsiderarse. Que pueda elegirse de nuevo. Y, sobre todo: QUE
PUEDA TODO LO QUE PUEDA.
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