JUNG PASEANDO - SINCRONICIDAD
CAMBIO
El peregrino
vuelve al mismo camino. Pero ya no
encuentra el mismo camino. Ha
llovido. El riachuelo lleva más
agua. Un árbol que estaba desnudo
tiene brotes. Los pájaros que
escuchaba semanas atrás ya no están.
El Sol aparece desde otro punto.
Hace más calor. El trigo ha
crecido. Nada de ello necesita
pronunciar una palabra. Y, sin
embargo, todo
está diciendo en qué momento se encuentra.
Ahí aparece
una primera idea: EL CAMBIO INFORMA.
No
necesariamente me informa a mí. No necesariamente pretende comunicar. No necesariamente contiene un mensaje. Pero contiene información sobre el estado
de aquello que está ocurriendo. El
peregrino que aprende a mirar puede leerla.
LO MISMO YA NO ES LO MISMO
Volvemos al
árbol. Ayer estaba allí. Hoy sigue allí. Decimos: «Es el mismo árbol.» Correcto.
Pero no es
exactamente el mismo estado del árbol.
Algo ha cambiado. Ha crecido. Ha perdido una hoja. Ha absorbido agua. Ha intercambiado gases. Quizá ha producido nuevas células.
Está un día
más avanzado en su itinerario. Entonces
aparece algo precioso: CONTINUIDAD Y CAMBIO NO
SON CONTRARIOS.
Quizá ocurre
justamente lo contrario. PARA CONTINUAR VIVO,
HAY QUE CAMBIAR.
Esto vale
para el árbol. Para el animal. Para nosotros. Y para multitud de sistemas terrestres. La permanencia absoluta no parece ser
la condición de la vida. La vida
permanece transformándose.
CADA CAMBIO HABLA DEL MOMENTO
Aquí entra
exactamente lo que acabas de decir. Cada
ciclo es parecido y diferente. Cada
amanecer pertenece a una repetición y, sin embargo, este amanecer solo
ocurre ahora.
Esta
temperatura. Estas nubes. Este viento. Esta humedad. Estos pájaros. Este estado de mi organismo. Este momento de mi biografía.
Por tanto,
el ciclo nos proporciona estructura, pero el cambio nos proporciona actualidad. Podríamos decir:
EL CICLO ME DICE POR DÓNDE ANDAMOS.
EL CAMBIO ME DICE CÓMO ESTÁ SIENDO ESTE
PASO CONCRETO.
Y esto
empieza a acercarnos muchísimo a aquello que buscábamos.
EL PROBLEMA ES QUE YA NO ESCUCHAMOS
Durante gran
parte de la historia humana, multitud de cambios del entorno tenían
consecuencias inmediatas.
Mirar el
cielo. Reconocer una estación. Observar el agua. Advertir comportamientos animales. Conocer el estado del suelo. Distinguir temperaturas. Percibir cambios del viento. No era poesía. Era información.
Y muchas
veces información necesaria para continuar.
Ahora buena parte de esa información nos llega mediada. Una pantalla nos dice la temperatura. Un reloj nos dice la hora. Un calendario nos dice la estación. Una aplicación nos anuncia que lloverá. Un supermercado hace que encontremos
productos fuera de su temporada natural.
No significa que esas herramientas sean malas.
Significa
que hemos
externalizado parte de la escucha. Y
podemos terminar sabiendo que mañana lloverá sin haber advertido absolutamente
ningún cambio en aquello que nos rodea.
Eso es
fascinante. Tenemos más información. Pero quizá, en determinados aspectos, menos captación directa.
Y ENTONCES SOLO VEMOS «ESTO» Y «AQUELLO»
Aquí creo
que has tocado algo importantísimo.
Acontecimiento. Acontecimiento. Acontecimiento. Esto. Aquello. Lo inmediato.
Pero el
cambio necesita comparación. Para
reconocerlo tengo que conservar algo de lo anterior. ERA ASÍ. AHORA ES ASÍ.
Si pierdo la
continuidad, solamente veo dos fotografías. Si la conservo, descubro: TRANSFORMACIÓN. Y eso cambia completamente la lectura.
Porque
aquello que hoy parece un acontecimiento súbito quizá sea solamente el momento en que me he
dado cuenta de un cambio que llevaba tiempo produciéndose. Otra vez estamos rozando la futura
sincronicidad.
EL CAMBIO PUEDE EMPEZAR ANTES DE QUE YO LO
PERCIBA
Esto es
fundamental. Algo cambia. Pero:
¿cuándo
comenzó a cambiar? No necesariamente
cuando yo lo vi.
El cielo
llevaba transformándose antes de que yo levantara la cabeza. El río aumentaba antes de que yo llegara. La planta llevaba creciendo antes de que
apareciera la flor que finalmente llamó mi atención. Mi propio organismo puede estar
modificándose antes de que yo tenga conciencia de ello. Entonces:
EL MOMENTO DE MI DESCUBRIMIENTO
NO
ES NECESARIAMENTE
EL
MOMENTO EN QUE COMENZÓ EL ACONTECIMIENTO.
Esto,
Carlos, va a ser capital cuando lleguemos a sueños anticipatorios, presentimientos
y sincronicidades. Porque tendremos
que preguntar siempre: ¿Esto apareció ahora...
o yo lo percibí ahora?
Son dos
cosas completamente diferentes. EL CUERPO TAMBIÉN ESCUCHA CAMBIOS
Y nuevamente
el peregrino descubre que no solamente observa. Participa. Cambia la temperatura y su organismo
responde. Cambia la luz y responde. Cambia la disponibilidad de alimento y
responde. Cambia el esfuerzo y
responde. Cambia el peligro y
responde.
Muchas
respuestas comienzan antes de que formulemos conscientemente una explicación. Entonces vuelve aquella pregunta que
dejamos abierta:
¿CUÁNTOS CAMBIOS CAPTAMOS SIN SABER
CONSCIENTEMENTE QUE LOS HEMOS CAPTADO?
Aquí nuestra
habitación de captación vuelve a asomar.
Todavía no necesitamos convertirla en nada misterioso. Antes tenemos una posibilidad mucho más
elemental:
el organismo puede disponer de
información que todavía no ha llegado a convertirse en pensamiento formulado.
Y después
quizá soñamos. Sentimos inquietud. Nos viene una imagen. Nos fijamos repentinamente en algo. Y decimos: «¿De dónde ha salido esto?» Excelente pregunta.
Pero ya no
responderemos inmediatamente: «del inconsciente», «de una premonición», «de una
sincronicidad», «de un arquetipo». Ahora
tenemos una pregunta anterior:
¿QUÉ CAMBIOS HABÍA RECIBIDO YA ESTE
ORGANISMO?
EL CAMBIO COMO SEÑAL
Y aquí ya
podemos empezar a afinar las palabras.
Un cambio puede funcionar como
señal
sin ser un mensaje intencionado. El
humo señala combustión. Un cambio
brusco del cielo puede señalar determinadas condiciones atmosféricas. Una modificación repetida en la conducta
de un animal puede señalar que algo de su entorno ha cambiado. Mi sed señala una necesidad del organismo. Ninguna de esas señales necesita decir:
«Carlos, esto es para ti.»
Simplemente
están disponibles. Y el organismo
capaz de captarlas puede utilizarlas.
Esto nos devuelve completamente a Madre Tierra:
NO TODO LO QUE INFORMA HABLA.
NO
TODO LO QUE HABLA NECESITA PALABRAS.
Y
NO TODO LO QUE YO INTERPRETO COMO MENSAJE ES NECESARIAMENTE UN MENSAJE.
Estamos
afinando muchísimo. Y AHORA LA SINCRONICIDAD ESPERA
Imaginemos
más adelante: pienso intensamente
en algo.
Salgo. Encuentro una imagen exterior que
corresponde extraordinariamente con mi pensamiento. Antes quizá habríamos saltado
directamente: «¡Sincronicidad!» Ahora tendremos que detenernos.
¿Qué cambió antes? ¿Qué venía ocurriendo?
¿Qué había captado? ¿Qué estaba buscando?
¿Qué esperaba?
¿Qué parte de la escena estaba disponible
desde hacía tiempo?
¿Qué parte seleccioné yo?
¿Qué apareció realmente de manera inesperada?
Y después de
quitar todo aquello que podamos explicar...
quizá
quede algo. Y entonces será
muchísimo más interesante. Porque
no habremos fabricado el misterio. Habremos llegado hasta
él andando.
Yo cerraría CAMBIO con una frase que me
parece central para todo lo que estamos construyendo:
QUE YO ME DÉ CUENTA AHORA
NO
SIGNIFICA QUE AHORA HAYA EMPEZADO.
Y debajo:
APRENDER A OBSERVAR EL CAMBIO
ES
APRENDER A DESCUBRIR
QUE
EL PRESENTE TIENE HISTORIA.
Ahora sí
viene el 13.
SEÑAL. Y ahí habrá que andar con muchísimo
cuidado, porque después de ritmo, cadencia, repetición, ciclo y cambio ya
podemos preguntar seriamente:
¿CUÁNDO
UN CAMBIO PASA A SER INFORMACIÓN PARA ALGUIEN? Ahí empieza otra liga.
Sí. Y esa precisión sobre cambio es importante
conservarla: no es borrón y cuenta nueva. Es variación dentro de una
continuidad.
El árbol cambia porque continúa siendo árbol vivo; cada modificación informa de
dónde está en su proceso. Eso prepara perfectamente «Señal», porque una señal
es precisamente algo que permite conocer algo que no estamos viendo directamente.
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