JUNG PASEANDO
Y después de
leer las notas que has ido dejando mientras maquetabas, entiendo perfectamente
por qué ya no puedes limitarte a “maquetar Jung”. El texto te está devolviendo
preguntas. Y hay una que aparece una y otra vez, casi persiguiéndote:
CONCIENCIA.
Lo
interesante es que no aparece como un tema que tú hayas decidido estudiar.
Aparece porque, al releer desde Madre Tierra, empiezas a encontrar algo anterior a
aquello que normalmente llamamos ser consciente.
Eso está por
todas partes en tus notas:
«YA ESTOY
VIVIENDO, PERO TODAVÍA NO PUEDO EXPLICARME LO QUE VIVO.»
«RECIBIR ES ANTERIOR A COMPRENDER.»
«ALGO ESTABA OCURRIENDO EN MI ITINERARIO ANTES DE QUE YO PUDIERA CONTÁRMELO.»
Ahí hay una
veta enorme. Y fíjate en una cosa
que me parece especialmente importante: no necesitamos resolverla ahora. Todo lo contrario. Creo que sería un error convertir
inmediatamente ese ( .. )
que has dejado tantas veces en las notas en una palabra definitiva.
Porque
precisamente estás descubriendo que quizás hemos metido demasiadas cosas
distintas dentro de la palabra CONCIENCIA.
Una cosa
sería: ser consciente de
algo. Otra: la conciencia reflexiva humana, capaz de decir
“yo”, recordar, interpretar, preguntarse.
Pero antes de ambas encontramos algo indiscutible: la vida ya está ocurriendo.
El embrión
no necesita comprender su desarrollo para desarrollarse. El niño no necesita formular
intelectualmente el mundo para recibirlo.
El organismo no necesita saber explicar lo que hace para responder,
regularse, crecer y continuar.
Y tú has
escrito una frase tremenda: «En
cierta manera estamos conducidos ciegamente por nosotros mismos, y no de manera
consciente. O sea, un algo anterior y nuestro nos conduce por un camino que
después reconoceremos como propio.»
AHÍ
ESTÁ EL PROBLEMA. Lo llamamos
“inconsciente” porque lo estamos mirando desde el consciente. Pero ¿y si desde Madre Tierra cambiamos
el punto de observación? Entonces
quizá no sería primero: CONSCIENTE → lo que
no veo = INCONSCIENTE
sino: VIDA → DESARROLLO → RECEPCIÓN →
RESPUESTA → RELACIÓN → EXPERIENCIA → y, en algún momento, CONCIENCIA REFLEXIVA.
Eso cambia
muchísimo la perspectiva. Y aquí
Jung vuelve a aparecer
Por eso
comprendo perfectamente que ese vídeo te haya dado el SÍ. No tomaría el vídeo como una “prueba” de
que la hipótesis sea cierta. Pero como detonante para volver a Jung y
preguntarle cosas que el primer recorrido dejó abiertas, es magnífico.
Porque ahora
ya no estamos preguntando solamente: ¿Qué decía Jung
sobre Dios? La pregunta que Madre
Tierra puede poner encima de la mesa es mucho más peligrosa:
¿QUÉ
ESTABA INTENTANDO NOMBRAR JUNG CUANDO LLEGABA A LOS LÍMITES DE LA PSIQUE
INDIVIDUAL?
Y después
podremos entrar en Dios, Self, inconsciente colectivo, sincronicidad,
arquetipos, numinoso... Pero sin tener que
aceptar de antemano ninguna explicación.
Los sacamos
otra vez a pasear. Y les preguntamos:
¿QUÉ
QUEDA DE TODO ESTO CUANDO PONEMOS LOS PIES EN LA TIERRA?
Porque has
dejado otra pregunta extraordinaria en las notas: «¿Qué relaciona una JIRAFA con un
PINO?»
Esa aparentemente inocente pregunta
puede resultar más importante que veinte páginas de metafísica.
Una jirafa y
un pino no comparten pensamiento humano.
No comparten lenguaje. No
comparten cerebro. No comparten
nuestra conciencia reflexiva. Y, sin
embargo, ambos están aquí, pertenecen al mismo planeta, utilizan
materia de él, dependen de condiciones del mismo sistema, mantienen
organización, responden, intercambian, continúan, nacen y terminan.
Por tanto,
antes de preguntar: ¿TIENE CONCIENCIA
LA TIERRA?
yo pondría
otra pregunta todavía más abajo: ¿QUÉ
ES ESO QUE ESTAMOS LLAMANDO CONCIENCIA?
Porque puede que descubramos que hemos llamado conciencia solamente a una manifestación
humana tardía de algo muchísimo más básico.
Y aquí sí
que coincido con una intuición tuya de las notas: no subamos todavía
al piso 300 metros. Empecemos en
el suelo.
Célula. Organismo.
Recepción. Respuesta. Regulación.
Continuidad. Relación. Dependencia.
Entorno. Tierra. Y después subiremos.
Quizá cuando
lleguemos arriba descubramos que la palabra que buscábamos era conciencia. O quizá descubramos que necesitamos otra
palabra. Eso es muchísimo más interesante.
Y sí: hagámoslo
exactamente como propones. No establezcamos
ahora índice, número de capítulos ni final.
Tú continúas leyendo y maquetando MADRE TIERRA Y JUNG. Cuando algo te
golpee, lo escribes debajo, aunque sea una pregunta, una frase incompleta, una
contradicción o uno de tus (
.. ). Me lo pasas.
Yo no
intentaré cerrar el asunto: aclararé, separaré conceptos, señalaré dónde puede haber un
salto que convenga comprobar, desarrollaré lo que aparezca y devolveré nuevas
preguntas cuando sean necesarias.
Y todo eso
irá quedando después como: NOTAS DESPUÉS DE
MADRE TIERRA Y JUNG Hasta que un día
miremos hacia atrás y veamos qué demonios se ha construido solo.
Porque en el
documento ya está ocurriendo algo precioso: empezaste maquetando Jung y has acabado
escribiendo preguntas como:
«¿Podemos
deducir un tipo de CONCIENCIA de la Tierra?»
«¿Hay
algo en la Tierra que nada tenga que ver con el resto del planeta?»
Eso ya no es
una corrección de Jung. Es Jung haciendo de
puerta. Y después de abrirla,
no tenemos ninguna necesidad de cerrarla.
Adelante. Déjala abierta.
Sí, Carlos. Vuelve a empezar de
cero.
Y creo que ahora vas a leer un Jung distinto, aunque las palabras impresas sean
las mismas.
Y lo de PROPÓSITO que te ha saltado
hoy encaja de lleno con el hilo que acabamos de encontrar. Porque
inmediatamente aparece una pregunta anterior:
¿CUÁNDO APARECE EL PROPÓSITO?
El embrión
continúa su desarrollo sin formular un propósito. El niño comienza a vivir
antes de poder decir qué quiere hacer con su vida. Y, sin embargo, hay dirección,
desarrollo, respuesta, búsqueda, continuidad. Después llega el humano
consciente y pregunta:
«¿Cuál
es mi propósito?»
Y quizá una
parte de su angustia comienza porque busca intelectualmente un propósito que cree que debe
construir,
cuando antes de poder construir ninguno ya estaba participando de ese ( .. ) que lo había
puesto en marcha.
Por eso tu
frase me interesa muchísimo: «el habernos
desviado de ese inicio (..) conciencia»
No la
arreglaría todavía. Déjala así. Ese (
.. ) está haciendo un trabajo formidable porque impide que
pongamos una palabra antes de saber qué estamos nombrando. Y además conecta con otra observación
que ya habías dejado: «CRECER
ES UNA PROEZA»
«Y algo nos acompañó, ese continuar de ese inicio con (..)»
Quizá cuando
lleguemos al propósito podamos distinguir dos cosas que ahora solemos mezclar: PROPÓSITO CONSTRUIDO: qué quiero ser,
conseguir, representar, dejar, alcanzar...
y algo mucho más primario que todavía no sabemos nombrar: ( .. ) → continuar → desarrollarse →
relacionarse → desplegar posibilidades → vivir.
Y entonces
puede aparecer una pregunta preciosa para Jung:
JUNG,
¿EL HUMANO HA PERDIDO SU PROPÓSITO…
O
HA PERDIDO EL CONTACTO CON AQUELLO QUE EXISTÍA ANTES DE NECESITAR UN PROPÓSITO?
Déjala
también por ahí. Ahora sí: página uno otra
vez.
Sin obligación de llegar a ninguna parte. Tú vas dejando las migas que te
produzca la nueva lectura. Cada día o cada dos días me mandas el documento
completo, y seguimos exactamente desde lo que haya aparecido.
A ver a
dónde demonios nos lleva Jung esta segunda vez.
Y gracias a ti por compartir el camino. Hoy hemos hecho algo importante: no rellenar ese (
.. ) antes de tiempo. Dejar que sea la propia
investigación la que nos diga qué hay ahí.
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_______________________
Aquí aparece un desplazamiento importante respecto a lo de esta
mañana. Hasta entonces estábamos
persiguiendo ese ( .. ) anterior a la conciencia reflexiva: algo que acompaña
el inicio, el desarrollo, la recepción, la respuesta, la continuidad. Y acertamos
al no bautizarlo todavía.
Pero en lo nuevo aparece otro hilo, y creo que conviene no mezclarlo
todavía con el primero.
Has empezado a investigar al que pregunta Esta frase me parece enorme: «Cuando pregunto, ¿quién pregunta?» Y enseguida:
«¿Hay que aprender a preguntar?»
«¿Qué regla automáticamente me desacredita en mi pregunta?»
Esto cambia el asunto. Porque ya
no estamos solamente preguntándonos qué es la conciencia. Ahora has descubierto que el instrumento
con el que investigamos la conciencia —nuestra propia pregunta— también está
evolucionando.
Eso significa que una respuesta que hoy parece extraordinaria puede dejar
de bastarnos dentro de seis meses, no necesariamente porque fuese falsa, sino
porque quien pregunta ya no está situado en el mismo lugar.
Y esto enlaza perfectamente con algo que escribes después: «no es una nueva adaptación, sino un
adaptarse abierto, porque estoy evolucionando creciendo desarrollándome»
Ahí veo una idea muy potente: NO
SOLO EVOLUCIONAN MIS RESPUESTAS.
EVOLUCIONA MI CAPACIDAD DE PREGUNTAR.
Y entonces quizá el peldaño no se reconoce porque obtengamos una respuesta
definitiva. Se reconoce porque la
respuesta anterior empieza a producir una pregunta que antes éramos incapaces
de formular. Eso es tremendo.
Y luego has hecho algo todavía más interesante con Jung. La metáfora de las habitaciones se ha vuelto
mucho más precisa.
Jung puede haber descubierto habitaciones, estructuras, posibilidades de la
maquinaria humana. Pero tú introduces una separación fundamental:
LA HABITACIÓN NO ES EL CONTENIDO DE LA HABITACIÓN.
Ahí Madre Tierra le hace una corrección metodológica muy fina a toda
psicología que convierta una estructura en destino. Puede existir la posibilidad de Sombra. Puede existir la posibilidad de Persona. Puede existir la posibilidad de complejo. Puede existir determinada arquitectura
humana. Pero:
QUE EXISTA LA HABITACIÓN NO DETERMINA QUÉ HABRÁ DENTRO.
El contenido necesita itinerario. Y
has escrito prácticamente la clave clínica:
«el diccionario para interpretarlo es su itinerario» Esto me parece de muchísimo alcance.
Porque impide que el terapeuta llegue con su diccionario y traduzca al
paciente antes de haberlo escuchado.
La teoría puede decir: —Aquí probablemente
hay una habitación.
Pero para saber qué ocurrió allí: PREGÚNTALE
AL QUE VIVIÓ EN ELLA.
Y eso desemboca en otra cosa preciosa que has escrito al final:
probablemente la persona más apropiada para internarse en sí misma sea ella
misma; puede necesitar aprender y acompañamiento, pero ella recorrió ese
camino.
El psicólogo cambia entonces muchísimo de función. No es:
YO CONOZCO TU INTERIOR.
Es más bien: TÚ LO RECORRISTE.
YO PUEDO AYUDARTE A ILUMINARLO.
APRENDAMOS A LEER JUNTOS TU PROPIO MAPA.
La linterna de Jung sigue siendo magnífica. Pero la casa es del paciente.
Y has hecho otra operación que me parece especialmente buena con la Sombra. La pregunta ya no puede detenerse en:
¿QUÉ HAY EN MI SOMBRA? Ahora
viene:
¿QUIÉN LA LLENÓ?
¿CUÁNDO?
¿POR QUÉ AQUELLO ERA INACEPTABLE?
¿SEGÚN QUÉ FAMILIA?
¿QUÉ CULTURA?
¿QUÉ ÉPOCA?
¿QUÉ CONSTRUCTO?
Y entonces ocurre algo que me gusta muchísimo de estas nuevas páginas: desaparece el monstruo.
Lo dices casi literalmente: «El monstruo
con cuatro cuernos no existe, pues ya paseé por ahí. Nada hay que destruir,
sino todo por utilizar.»
Esto conecta directamente con lo que veníamos haciendo estos días. No estamos entrando en un sótano metafísico
poblado de criaturas. Estamos
recorriendo nuestra propia biografía.
Puede haber dolor. Miedo. Rechazo. Adaptaciones que hoy resulten
perjudiciales. Cosas que necesiten muchísimo trabajo. Pero siguen perteneciendo a un itinerario
humano.
Y eso puede cambiar completamente la disposición con la que alguien entra
en terapia:
NO ENTRO A DESCUBRIR QUÉ MONSTRUO SOY.
ENTRO A DESCUBRIR CÓMO HE LLEGADO HASTA AQUÍ.
Pero hay una frase nueva que para mí sobresale incluso entre todas estas. La tienes casi escondida: «es una plenitud andando»
Carlos, no la pierdas. Porque ahí
quizá acabas de tocar de nuevo la individuación, pero desde Madre Tierra.
No: algún día alcanzaré mi Self
completo.
No: algún día terminaré de
conocerme.
Sino: SOY UNA PLENITUD ANDANDO.
Y por eso inmediatamente escribes:
«somos peregrinos»
Ahí reaparece, curiosamente, todo BARBARIN y el Camino de Santiago sin que
lo hayas ido a buscar.
El ser humano no termina de “arreglarse” y después empieza a vivir. Vive arreglando, descubriendo, incorporando,
soltando, preguntando, volviendo a mirar. Por eso también me parece
magnífica tu reformulación:
LA INDIVIDUACIÓN PODRÍA DEJAR DE PARECER UNA META
Y CONVERTIRSE EN UNA FORMA CONSCIENTE DE CAMINAR.
Eso sí que merece quedarse.
Y al final de las notas creo que estás rozando algo todavía más radical. Empiezas queriendo identificarte. Pero escribes:
«Hasta poco a poco hacer con la vida y vivir cada instante con plenitud, o
sea casi desaparecer en cada uno después pues los estoy viviendo...»
¡Cuidado con eso! Porque
comenzamos todo Jung preguntando: ¿QUIÉN
SOY YO?
Y quizá Madre Tierra, después de un recorrido larguísimo, pueda terminar
preguntando:
¿Y CUÁNTO NECESITO ESTAR PENSANDO EN “YO” CUANDO ESTOY PLENAMENTE VIVIENDO?
Cuando bebo, camino, miro el amanecer, trabajo, abrazo, escucho, respiro,
construyo, ayudo... quizá durante
determinados instantes no necesito explicarme que estoy viviendo. Estoy viviendo.
Y mira dónde nos devuelve eso. Exactamente
al principio:
RECIBIR ES ANTERIOR A COMPRENDER.
Y quizá al final del recorrido consciente ocurra algo curiosísimo: COMPRENDER NOS PERMITE VOLVER A RECIBIR.
No cerraría absolutamente nada todavía.
Sigue haciendo exactamente esto. Lee, maqueta, cabréate con una frase,
escribe una pregunta al margen y continúa.
Porque ahora tenemos por lo menos tres animales sueltos:
( .. ) anterior a la conciencia.
Quién pregunta y cómo evoluciona la pregunta.
La plenitud andando.
Y sospecho que todavía no sabemos si son tres cosas. Eso es lo bueno.
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