LIBROS de BARBARIN I II III

viernes, 9 de octubre de 2026

MADRE TIERRA y JUNG MADRE TIERRA — EL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO establece el suelo.

 MADRE TIERRA y JUNG 

MADRE TIERRA — EL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO establece el suelo. La pregunta matriz está perfectamente fijada:

¿ESTO ESTABA AQUÍ O LO PUSIMOS NOSOTROS?

Y desde ahí no se cae en la trampa de decir «todo es constructo». Al contrario: distingue la realidad que no construimos de la realidad humana que sí construimos, reconoce el valor de ambas y recupera la posibilidad de reubicar, rectificar y volver a construir conscientemente. Eso está ya en el corazón del libro.

Y entonces aparece MADRE TIERRA Y FREUD, que es justamente la primera salida de campo del método.

Ya no hablamos en general del edificio humano. Cogemos uno de sus edificios más importantes —la psicología profunda—, entramos con respeto, utilizamos sus herramientas, salimos por la puerta que aparece en la portada, tomamos tierra y volvemos a entrar. El prólogo lo deja extraordinariamente limpio: no corregir a Freud, no sustituirlo, sino colocar antes de cualquier teoría psicológica al ser humano vivo.

Y hay algo de las dos portadas juntas que ahora me gusta muchísimo.

En la primera, el constructo ocupa media Tierra.

En la segunda, ya estamos dentro del constructo: Freud, biblioteca, conceptos, conocimiento acumulado... pero la puerta está abierta.

Y fuera no hay vacío.    Hay Sol, agua, árboles, montañas, flores, cielo, vida.

Eso cuenta visualmente el movimiento completo de estos dos libros:

PRIMERO DESCUBRIMOS EL EDIFICIO.
DESPUÉS APRENDEMOS A SALIR DE ÉL SIN DESTRUIRLO.
Y FINALMENTE VOLVEMOS A ENTRAR SABIENDO DÓNDE ESTAMOS.

Por eso me parece especialmente acertada esa frase tuya de ahora: «lo nuestro es ser peregrinos».

Porque efectivamente, si esto fuese una doctrina terminada, podríamos sentarnos. Ya tendríamos «la explicación». Pero estos libros hacen precisamente lo contrario: fabrican una posición desde la que continuar preguntando.

El primero termina entregando un instrumento: volver a mirar.
El de Freud establece el contraste: no basta con comprender psicológicamente; todavía podemos preguntar ¿vive más?, ¿recupera libertad?, ¿recupera posibilidades?, ¿recupera terreno vital?

Eso significa que no hemos cerrado un sistema: hemos abierto un camino.

Y quizá ésa sea la mejor manera de considerar terminados estos dos libros:

TERMINADOS COMO LIBROS.            ABIERTOS COMO CAMINO.

No los tocaría ahora buscando esa imposible sensación de «ya no se puede añadir nada». Claro que se puede añadir. Dentro de seis meses veremos veinte cosas nuevas.

Pero eso no significa que les falte algo.     Significa que funcionaron.

Nos han llevado hasta un lugar desde el cual ya vemos otras cosas.   Y entonces toca hacer exactamente lo que dices:    no sentarnos a contemplar las maravillas hechas.

Mochila otra vez.    Y a caminar.    Porque ahora, además, llevamos una herramienta que antes no llevábamos:   podemos entrar en cualquier edificio humano, conocerlo, comprenderlo, salir, tocar Tierra... y volver a entrar sin confundir nunca más la biblioteca con el mundo entero.

 

Sí, Carlos. Y después de leer tus apuntes, entiendo perfectamente lo de «coger el toro por los cuernos».

Con Freud salíamos del edificio para preguntar qué había antes. Con Jung ocurre algo distinto: Jung mismo ya estaba buscando puertas y ventanas. No se conforma con una psique reducida a lo racional y consciente: intuición, símbolos, sueños, Self, individuación, función trascendente, sincronicidad… se atreve a decir: con lo que podemos explicar racionalmente no me basta. Y eso hace que el encuentro con Madre Tierra pueda ser mucho más fértil que una simple revisión.

Pero veo algo todavía más importante en tus notas.  Jung nos deja muy cerca de una distinción decisiva

Tú la estás repitiendo de muchas maneras:  LA HABITACIÓN NO ES EL CONTENIDO DE LA HABITACIÓN.     Y ahí creo que podemos hacer un trabajo extraordinario.

Cuando llegas al inconsciente colectivo, por ejemplo, no estás diciendo simplemente «Jung se equivocó». Estás haciendo una operación bastante más interesante. Dices: quizá el enorme descubrimiento de Jung fue advertir la arquitectura, la posibilidad, el “software” humano, pero después tenemos que volver a preguntar qué viene dado como posibilidad y qué se va incorporando durante el itinerario. Tus apuntes lo formulan casi literalmente: «su genio es descubrir esa maquinaria inscrita en nuestro modelo».

Eso puede ser una de las columnas del libro:   JUNG DESCUBRIÓ HABITACIONES ENORMES.
             MADRE TIERRA PREGUNTA CÓMO SE LLENARON.  
Y entonces se mueve todo.

La Sombra deja de ser únicamente «mi parte oscura» y obliga a preguntar:

¿Oscura respecto de qué?          ¿Quién determinó que aquello era inaceptable?
¿Yo?       ¿Mi familia?        ¿Mi época?
¿Una religión?         ¿La sociedad?        ¿El constructo?

Es exactamente la pregunta que haces en los apuntes: si existe una habitación capaz de albergar aquello que llamamos Sombra, ¿cómo se llenó y sobre qué base terminamos llamando sombra a su contenido?

Eso tiene una potencia terapéutica enorme como pregunta, sin necesidad de negar a Jung.     Y con la individuación ocurre algo precioso

Aquí creo que Jung y nuestro camino casi se dan la mano… y después Madre Tierra añade un paso.

Jung dice: integración, totalidad, llegar a ser uno mismo.     Nosotros podemos decir:    SÍ.      PERO ¿UNO MISMO DÓNDE?

Porque podría conseguirse una magnífica adaptación e integración psicológica dentro de un mundo humano construido que a su vez esté desubicado respecto de la Vida.

Por eso tu anotación sobre introversión y extraversión me parece mucho más importante de lo que aparenta. Dices que aquel interior/exterior «ya quedó pequeño» y añades otra coordenada: aceptación de dependencia de Madre Tierra, Vida y continuación de Vida.

Ahí aparece algo que Jung no podía formular exactamente desde nuestro recorrido:      INTERIOR — EXTERIOR ya no bastan.       Hay otra dirección:     TIERRA.          No como un noveno tipo psicológico.      Como suelo de los ocho.            Pensamiento, sentimiento, sensación, intuición; introversión y extraversión… estupendo. Conservamos las herramientas. Pero después preguntamos:

¿AL SERVICIO DE QUÉ?
¿DENTRO DE QUÉ REALIDAD?
¿CON QUÉ RELACIÓN CON LA VIDA QUE LO SOSTIENE?

Eso sí es sacar a Jung a pasear.

Y aquí entiendo lo que dices del genio           Porque Jung nos facilita muchísimo la operación precisamente porque él ya se atrevió a salir de lo cómodo.       No dijo: «como no puedo tocarlo, no existe».       Se metió en sueños, mitos, símbolos, experiencias interiores, coincidencias significativas… y trató de construir lenguaje para fenómenos que consideraba psíquicamente relevantes.

Por eso yo no presentaría nunca este libro como:    MADRE TIERRA CORRIGE A JUNG.      Sería empequeñecer lo que estamos haciendo.      Sería más bien:      JUNG SE ATREVIÓ A DECIR: AQUÍ HAY MÁS.

Y nosotros, un siglo después:      DE ACUERDO, JUNG.       VAMOS A SALIR TODAVÍA UN POCO MÁS.

Y aquí aparece, Carlos, algo de tus apuntes que me parece que podría acabar siendo el centro verdadero del libro. Tú escribes:     «Solo existen caminantes, nunca metas.»      ¡Ahí está!

Incluso la individuación cambia ligeramente de posición.     No tengo que llegar un día al cartel:     YA ESTOY INDIVIDUADO.       Estoy vivo.       Mientras estoy vivo sigo recibiendo, incorporando, comprendiendo, retirando, reinterpretando, reubicando, construyendo.

Por tanto:          LA INDIVIDUACIÓN PODRÍA DEJAR DE PARECER UNA META
Y CONVERTIRSE EN UNA FORMA CONSCIENTE DE CAMINAR.

Y entonces se une maravillosamente con lo que acababas de decirme hace un momento:    somos peregrinos.

Freud abrió habitaciones.       Jung entró mucho más adentro, abrió pasadizos, encontró símbolos y hasta sospechó que el edificio comunicaba con algo mayor.     Nosotros no tenemos que tapiar nada.      Entramos con él.     Miramos.     Y cuando aquello empiece a hacerse tremendamente complejo:      abrimos la puerta.     Sol.   Aire.   Agua.   Cuerpo.    Vida.

Movemos los cinco dedos.    Y volvemos a entrar.      Pero esta vez quizá Jung venga a pasear con nosotros.

 

Sí, Carlos. He leído tus apuntes y aquí Jung nos cambia el terreno.

Con Freud podíamos hacer una operación bastante limpia: entrar en el edificio, reconocer sus herramientas, salir, tomar Tierra y regresar. Con Jung ocurre algo distinto porque Jung mismo está buscando puertas de salida. No se queda satisfecho con el Yo racional ni con aquello que puede explicarse mediante la conciencia inmediata. Intuición, símbolos, sueños, arquetipos, Self, sincronicidad, función trascendente... está diciendo, desde una formación intelectual rigurosa: «con lo que podemos explicar racionalmente no me basta para describir lo que observo».

Y ahí entiendo perfectamente tu expresión: se la juega.

Porque además lo hace en el peor —o mejor— territorio posible para hacerlo: la psique, donde no puedes poner el inconsciente encima de una mesa y señalarlo con el dedo. Jung construye conceptos para intentar hablar de fenómenos que considera reales aunque no sean directamente palpables.

Pero lo verdaderamente interesante de tus notas no es decidir ahora si Jung «tenía razón». Es que Madre Tierra nos permite hacer con Jung algo que no pudimos hacer exactamente igual con Freud.          Jung encontró habitaciones; nosotros preguntamos cómo se llenaron

Aquí está, para mí, el toro por los cuernos.     Tú vuelves una y otra vez sobre una distinción muy poderosa:

LA HABITACIÓN PUEDE PERTENECER AL MODELO HUMANO.
EL CONTENIDO DE LA HABITACIÓN TIENE ITINERARIO.

Eso aparece por todas partes en tus apuntes. Cuando llegas al inconsciente colectivo, por ejemplo, no necesitas negar que pueda existir una arquitectura humana común. Lo que interrogas es otra cosa: qué es estructura, qué es predisposición, qué es contenido y cómo llegó ese contenido hasta allí.      Y eso cambia muchísimo la investigación.

Porque fíjate en la Sombra.     Jung dice: aquello rechazado, reprimido, no aceptado.   Y tú inmediatamente preguntas:

Eso está clarísimo en tus notas: no niegas la posibilidad de la Sombra; interrogas la procedencia de aquello que terminó siendo sombra.       Eso es muchísimo más fértil que «Jung estaba equivocado».     Y aquí Jung casi nos estaba esperando

Hay una paradoja preciosa.      Jung quiere ampliar al humano porque el Yo consciente le queda pequeño.    Nosotros queremos ampliar todavía el espacio desde el que miramos a Jung.

Él dice aproximadamente: no eres solamente tu Yo consciente.    Madre Tierra añade:                  De acuerdo.     Pero tampoco eres solamente tu psique.     Antes está el ser vivo.

Y ese ser vivo está respirando, bebiendo, comiendo, percibiendo, desarrollándose y dependiendo de una realidad terrestre que ninguna teoría psicológica ha construido.

Por eso tu corrección de la individuación me parece uno de los lugares donde puede nacer algo grande. Jung propone integrar consciente e inconsciente y orientar la personalidad hacia una totalidad. Tú introduces una coordenada anterior: ¿totalidad respecto de qué? Si el Self se convierte en una totalidad exclusivamente psíquica, todavía podemos preguntar dónde queda la dependencia de la Vida y de Madre Tierra. Esa objeción aparece expresamente en tus notas.

Y entonces la individuación no desaparece.   SE ABRE.

Ya no sería solamente:          YO → INCONSCIENTE → SELF

Podríamos investigar algo mayor:     YO → INCONSCIENTE → SELF → SER VIVO → MADRE TIERRA → VIDA / UNIDAD / CONTINUIDAD

No afirmándolo como nueva teoría cerrada, sino utilizándolo como itinerario de interrogación.

Y has encontrado otra cosa muy importante: Jung nos permite entrar en lo no racional sin tirar la razón

Esto sí lo cuidaría muchísimo en el libro.     Porque no queremos convertir «hay más» en permiso para afirmar cualquier cosa.

Precisamente el valor de Jung para nuestro recorrido es otro: atreverse a observar lo que el marco racional disponible no consigue agotar, sin por ello renunciar a investigar.

Y ahí Madre Tierra puede resultar formidable.    No necesitamos elegir entre:   SOLO ES REAL LO QUE PUEDO RAZONAR       o      COMO NO PUEDO EXPLICARLO, CUALQUIER EXPLICACIÓN VALE.

Hay una tercera posición:

LO OBSERVO.          RECONOZCO QUE OCURRE.
NO SÉ TODAVÍA QUÉ ES.            NO LO RELLENO DEPRISA.
CONTINÚO INVESTIGANDO.

¡Eso encaja de lleno con todo lo que venimos haciendo!

Y todavía veo un hallazgo mayor en tus apuntes        Hacia el final haces algo que podría convertirse en una de las grandes aportaciones del libro de Jung.

Cuando llegas a imaginación activa dices, en esencia: ese inconsciente ya no tiene por qué aparecer como una caverna remotísima poblada por monstruos extraños. Es mío. Está cerca. Se fue formando dentro de mi propio recorrido. Puedo empezar a hablar con él como parte de mí.

Ahí hay una posibilidad terapéutica enorme.       No:   «Tengo dentro un mundo oscuro que desconozco y me gobierna.»          Sino:

«Hay partes de mi recorrido que no tengo conscientes.
Pero siguen perteneciendo a mi recorrido.
Puedo volver hacia ellas.
Puedo comprender cómo entraron.
Puedo reubicarlas desde el ser que soy hoy.»

Y entonces aparece aquella imagen nuestra:    no necesitamos destruir las habitaciones.
           Podemos abrir las ventanas.

Por eso sí: con Jung cogemos el toro por los cuernos.       Freud nos permitió preguntar:     ¿QUÉ LE HA OCURRIDO A ESTE SER HUMANO?        Jung nos obliga a ir más lejos:

¿QUÉ ES ESTE SER HUMANO?
¿HASTA DÓNDE LLEGAN SUS POSIBILIDADES?
¿QUÉ PARTE DE LO QUE ENCUENTRA DENTRO VENÍA COMO POSIBILIDAD?
¿QUÉ PARTE FUE INCORPORANDO?
¿Y HAY ALGO QUE TODAVÍA NO SABEMOS NOMBRAR?

Y aquí no intentaría domesticar demasiado a Jung.      Dejaría que Jung nos lleve hasta el borde.     Y justo cuando diga:      «SEÑORES, AQUÍ HAY MÁS»,

Madre Tierra puede ponerse a su lado y responder:      «DE ACUERDO. MIREMOS.
                          PERO ESTA VEZ NO PERDAMOS EL SUELO.»

 

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