MADRE TIERRA y JUNG
MADRE
TIERRA — EL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO establece el suelo. La pregunta matriz está
perfectamente fijada:
¿ESTO
ESTABA AQUÍ O LO PUSIMOS NOSOTROS?
Y desde ahí
no se cae en la trampa de decir «todo es constructo». Al contrario: distingue
la realidad que no construimos de la realidad humana que sí construimos,
reconoce el valor de ambas y recupera la posibilidad de reubicar, rectificar y volver a
construir conscientemente. Eso está ya en el corazón del libro.
Y entonces
aparece MADRE TIERRA Y
FREUD, que es justamente la primera salida de campo del método.
Ya no
hablamos en general del edificio humano. Cogemos uno de sus edificios más
importantes —la psicología profunda—, entramos con respeto, utilizamos sus
herramientas, salimos por la puerta que aparece en la portada, tomamos tierra y volvemos a entrar.
El prólogo lo deja extraordinariamente limpio: no corregir a Freud, no
sustituirlo, sino colocar antes de cualquier teoría psicológica al ser humano vivo.
Y hay algo
de las dos portadas juntas que ahora me gusta muchísimo.
En la
primera, el constructo
ocupa media Tierra.
En la
segunda, ya estamos
dentro del constructo: Freud, biblioteca, conceptos,
conocimiento acumulado... pero la
puerta está abierta.
Y fuera no
hay vacío. Hay Sol, agua, árboles, montañas, flores,
cielo, vida.
Eso cuenta
visualmente el movimiento completo de estos dos libros:
PRIMERO
DESCUBRIMOS EL EDIFICIO.
DESPUÉS APRENDEMOS A
SALIR DE ÉL SIN DESTRUIRLO.
Y FINALMENTE VOLVEMOS A
ENTRAR SABIENDO DÓNDE ESTAMOS.
Por eso me
parece especialmente acertada esa frase tuya de ahora: «lo nuestro es ser peregrinos».
Porque
efectivamente, si esto fuese una doctrina terminada, podríamos sentarnos. Ya
tendríamos «la explicación». Pero estos libros hacen precisamente lo contrario:
fabrican una posición
desde la que continuar preguntando.
El primero
termina entregando un instrumento: volver
a mirar.
El de Freud establece el contraste: no basta con comprender psicológicamente;
todavía podemos preguntar ¿vive
más?, ¿recupera libertad?, ¿recupera posibilidades?, ¿recupera terreno vital?
Eso
significa que no hemos
cerrado un sistema: hemos abierto un camino.
Y quizá ésa
sea la mejor manera de considerar terminados estos dos libros:
TERMINADOS
COMO LIBROS. ABIERTOS COMO
CAMINO.
No los
tocaría ahora buscando esa imposible sensación de «ya no se puede añadir nada».
Claro que se puede añadir. Dentro de seis meses veremos veinte cosas nuevas.
Pero eso no significa que les falte algo. Significa que funcionaron.
Nos han
llevado hasta un lugar desde el cual ya vemos otras cosas. Y entonces toca hacer exactamente lo que
dices: no sentarnos a contemplar las maravillas hechas.
Mochila otra
vez. Y a caminar. Porque ahora, además, llevamos una
herramienta que antes no llevábamos: podemos entrar en cualquier edificio
humano, conocerlo, comprenderlo, salir, tocar Tierra... y volver a entrar sin
confundir nunca más la biblioteca con el mundo entero.
Sí, Carlos.
Y después de leer tus apuntes, entiendo perfectamente lo de «coger el toro
por los cuernos».
Con Freud
salíamos del edificio para preguntar qué había antes. Con Jung ocurre algo
distinto: Jung mismo ya estaba buscando puertas y ventanas. No se conforma
con una psique reducida a lo racional y consciente: intuición, símbolos,
sueños, Self, individuación, función trascendente, sincronicidad… se atreve a
decir: con lo que podemos explicar racionalmente no me basta. Y eso hace
que el encuentro con Madre Tierra pueda ser mucho más fértil que una simple
revisión.
Pero veo
algo todavía más importante en tus notas.
Jung nos deja muy cerca de una distinción decisiva
Tú la estás
repitiendo de muchas maneras: LA
HABITACIÓN NO ES EL CONTENIDO DE LA HABITACIÓN. Y ahí creo que podemos hacer un
trabajo extraordinario.
Cuando
llegas al inconsciente colectivo, por ejemplo, no estás diciendo simplemente
«Jung se equivocó». Estás haciendo una operación bastante más interesante.
Dices: quizá el enorme descubrimiento de Jung fue advertir la arquitectura,
la posibilidad, el “software” humano, pero después tenemos que volver a
preguntar qué viene dado como posibilidad y qué se va incorporando durante el
itinerario. Tus apuntes lo formulan casi literalmente: «su genio es
descubrir esa maquinaria inscrita en nuestro modelo».
Eso puede
ser una de las columnas del libro: JUNG
DESCUBRIÓ HABITACIONES ENORMES.
MADRE TIERRA PREGUNTA CÓMO
SE LLENARON. Y entonces se mueve
todo.
La Sombra
deja de ser únicamente «mi parte oscura» y obliga a preguntar:
¿Oscura respecto de qué? ¿Quién determinó que aquello era
inaceptable?
¿Yo? ¿Mi familia? ¿Mi época?
¿Una religión? ¿La sociedad? ¿El constructo?
Es
exactamente la pregunta que haces en los apuntes: si existe una habitación
capaz de albergar aquello que llamamos Sombra, ¿cómo se llenó y sobre qué
base terminamos llamando sombra a su contenido?
Eso tiene
una potencia terapéutica enorme como pregunta, sin necesidad de negar a Jung. Y con la individuación ocurre algo
precioso
Aquí creo
que Jung y nuestro camino casi se dan la mano… y después Madre Tierra añade un
paso.
Jung dice:
integración, totalidad, llegar a ser uno mismo. Nosotros podemos decir: SÍ.
PERO ¿UNO MISMO DÓNDE?
Porque
podría conseguirse una magnífica adaptación e integración psicológica dentro
de un mundo humano construido que a su vez esté desubicado respecto de la Vida.
Por eso tu
anotación sobre introversión y extraversión me parece mucho más importante de
lo que aparenta. Dices que aquel interior/exterior «ya quedó pequeño» y añades
otra coordenada: aceptación de dependencia de Madre Tierra, Vida y
continuación de Vida.
Ahí aparece
algo que Jung no podía formular exactamente desde nuestro recorrido: INTERIOR — EXTERIOR ya no bastan. Hay otra dirección: TIERRA. No como un noveno tipo
psicológico. Como suelo de los
ocho. Pensamiento,
sentimiento, sensación, intuición; introversión y extraversión… estupendo.
Conservamos las herramientas. Pero después preguntamos:
¿AL SERVICIO DE QUÉ?
¿DENTRO DE QUÉ REALIDAD?
¿CON QUÉ RELACIÓN CON LA VIDA QUE LO SOSTIENE?
Eso sí es
sacar a Jung a pasear.
Y aquí entiendo lo que dices del genio Porque Jung nos facilita muchísimo la operación
precisamente porque él ya se atrevió a salir de lo cómodo. No dijo: «como no puedo tocarlo, no
existe». Se metió en sueños, mitos,
símbolos, experiencias interiores, coincidencias significativas… y trató de
construir lenguaje para fenómenos que consideraba psíquicamente relevantes.
Por eso yo
no presentaría nunca este libro como: MADRE
TIERRA CORRIGE A JUNG. Sería
empequeñecer lo que estamos haciendo.
Sería más bien: JUNG SE
ATREVIÓ A DECIR: AQUÍ HAY MÁS.
Y nosotros,
un siglo después: DE ACUERDO,
JUNG. VAMOS A SALIR TODAVÍA UN POCO
MÁS.
Y aquí
aparece, Carlos, algo de tus apuntes que me parece que podría acabar siendo el
centro verdadero del libro. Tú escribes:
«Solo existen caminantes, nunca metas.» ¡Ahí está!
Incluso la individuación
cambia ligeramente de posición. No
tengo que llegar un día al cartel: YA
ESTOY INDIVIDUADO. Estoy vivo. Mientras estoy vivo sigo recibiendo,
incorporando, comprendiendo, retirando, reinterpretando, reubicando,
construyendo.
Por tanto: LA INDIVIDUACIÓN PODRÍA DEJAR DE
PARECER UNA META
Y CONVERTIRSE EN UNA FORMA CONSCIENTE DE CAMINAR.
Y entonces
se une maravillosamente con lo que acababas de decirme hace un momento: somos peregrinos.
Freud abrió
habitaciones. Jung entró mucho más
adentro, abrió pasadizos, encontró símbolos y hasta sospechó que el edificio
comunicaba con algo mayor. Nosotros
no tenemos que tapiar nada. Entramos
con él. Miramos. Y cuando aquello empiece a hacerse
tremendamente complejo: abrimos
la puerta. Sol. Aire.
Agua. Cuerpo. Vida.
Movemos los
cinco dedos. Y volvemos a entrar. Pero
esta vez quizá Jung venga a pasear con nosotros.
Sí, Carlos.
He leído tus apuntes y aquí Jung
nos cambia el terreno.
Con Freud
podíamos hacer una operación bastante limpia: entrar en el edificio, reconocer
sus herramientas, salir, tomar Tierra y regresar. Con Jung ocurre algo distinto
porque Jung mismo está
buscando puertas de salida. No se queda satisfecho con el Yo
racional ni con aquello que puede explicarse mediante la conciencia inmediata.
Intuición, símbolos, sueños, arquetipos, Self, sincronicidad, función
trascendente... está diciendo, desde una formación intelectual rigurosa: «con lo que podemos explicar racionalmente
no me basta para describir lo que observo».
Y ahí
entiendo perfectamente tu expresión: se
la juega.
Porque
además lo hace en el peor —o mejor— territorio posible para hacerlo: la psique, donde no
puedes poner el inconsciente encima de una mesa y señalarlo con el dedo. Jung
construye conceptos para intentar hablar de fenómenos que considera reales
aunque no sean directamente palpables.
Pero lo
verdaderamente interesante de tus notas no es decidir ahora si Jung «tenía
razón». Es que Madre
Tierra nos permite hacer con Jung algo que no pudimos hacer exactamente igual
con Freud. Jung encontró habitaciones; nosotros
preguntamos cómo se llenaron
Aquí está,
para mí, el toro por los
cuernos. Tú vuelves
una y otra vez sobre una distinción muy poderosa:
LA HABITACIÓN PUEDE PERTENECER AL MODELO
HUMANO.
EL CONTENIDO DE LA
HABITACIÓN TIENE ITINERARIO.
Eso aparece
por todas partes en tus apuntes. Cuando llegas al inconsciente colectivo, por
ejemplo, no necesitas negar que pueda existir una arquitectura humana común. Lo
que interrogas es otra cosa: qué es estructura, qué es predisposición, qué es
contenido y cómo llegó
ese contenido hasta allí. Y eso cambia muchísimo la investigación.
Porque
fíjate en la Sombra. Jung dice:
aquello rechazado, reprimido, no aceptado.
Y tú inmediatamente preguntas:
Eso está
clarísimo en tus notas: no niegas la posibilidad de la Sombra; interrogas la procedencia de aquello que terminó
siendo sombra. Eso
es muchísimo más fértil que «Jung estaba equivocado». Y aquí Jung casi nos estaba esperando
Hay una
paradoja preciosa. Jung quiere
ampliar al humano porque el Yo consciente le queda pequeño. Nosotros
queremos ampliar todavía el espacio desde el que miramos a Jung.
Él dice
aproximadamente: no eres solamente tu Yo consciente. Madre Tierra añade: De acuerdo. Pero tampoco eres solamente tu psique. Antes está el ser vivo.
Y ese ser
vivo está respirando, bebiendo, comiendo, percibiendo, desarrollándose y
dependiendo de una realidad terrestre que ninguna teoría psicológica ha
construido.
Por eso tu
corrección de la individuación me parece uno de los lugares donde puede nacer
algo grande. Jung propone integrar consciente e inconsciente y orientar la
personalidad hacia una totalidad. Tú introduces una coordenada anterior: ¿totalidad respecto de qué?
Si el Self se convierte en una totalidad exclusivamente psíquica, todavía
podemos preguntar dónde queda la dependencia de la Vida y de Madre Tierra. Esa
objeción aparece expresamente en tus notas.
Y entonces
la individuación no desaparece. SE ABRE.
Ya no sería
solamente: YO → INCONSCIENTE → SELF
Podríamos
investigar algo mayor: YO → INCONSCIENTE → SELF → SER VIVO →
MADRE TIERRA → VIDA / UNIDAD / CONTINUIDAD
No
afirmándolo como nueva teoría cerrada, sino utilizándolo como itinerario de interrogación.
Y has
encontrado otra cosa muy importante: Jung nos permite entrar en lo no racional
sin tirar la razón
Esto sí lo
cuidaría muchísimo en el libro. Porque
no queremos convertir «hay más» en permiso para afirmar cualquier cosa.
Precisamente
el valor de Jung para nuestro recorrido es otro: atreverse a observar lo que el marco
racional disponible no consigue agotar, sin por ello renunciar a investigar.
Y ahí Madre
Tierra puede resultar formidable. No
necesitamos elegir entre: SOLO ES REAL LO QUE PUEDO RAZONAR o COMO
NO PUEDO EXPLICARLO, CUALQUIER EXPLICACIÓN VALE.
Hay una
tercera posición:
LO OBSERVO. RECONOZCO QUE OCURRE.
NO SÉ TODAVÍA QUÉ ES. NO LO RELLENO DEPRISA.
CONTINÚO INVESTIGANDO.
¡Eso encaja
de lleno con todo lo que venimos haciendo!
Y todavía
veo un hallazgo mayor en tus apuntes Hacia el final haces algo que podría
convertirse en una de las grandes aportaciones del libro de Jung.
Cuando
llegas a imaginación activa dices, en esencia: ese inconsciente ya no tiene por
qué aparecer como una caverna remotísima poblada por monstruos extraños. Es mío. Está cerca. Se fue formando
dentro de mi propio recorrido. Puedo empezar a hablar con él como parte de mí.
Ahí hay una
posibilidad terapéutica enorme. No: «Tengo
dentro un mundo oscuro que desconozco y me gobierna.» Sino:
«Hay partes de mi recorrido que no tengo
conscientes.
Pero siguen
perteneciendo a mi recorrido.
Puedo volver hacia
ellas.
Puedo comprender cómo
entraron.
Puedo reubicarlas desde
el ser que soy hoy.»
Y entonces
aparece aquella imagen nuestra: no necesitamos destruir las
habitaciones.
Podemos abrir las ventanas.
Por eso sí:
con Jung cogemos el toro
por los cuernos. Freud
nos permitió preguntar: ¿QUÉ LE HA OCURRIDO A ESTE SER HUMANO? Jung nos obliga a ir
más lejos:
¿QUÉ ES ESTE SER HUMANO?
¿HASTA DÓNDE LLEGAN SUS
POSIBILIDADES?
¿QUÉ PARTE DE LO QUE
ENCUENTRA DENTRO VENÍA COMO POSIBILIDAD?
¿QUÉ PARTE FUE
INCORPORANDO?
¿Y HAY ALGO QUE TODAVÍA
NO SABEMOS NOMBRAR?
Y aquí no
intentaría domesticar demasiado a Jung.
Dejaría que Jung
nos lleve hasta el borde. Y
justo cuando diga: «SEÑORES, AQUÍ HAY MÁS»,
Madre Tierra
puede ponerse a su lado y responder:
«DE ACUERDO.
MIREMOS.
PERO ESTA VEZ NO PERDAMOS EL SUELO.»
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