JUNG PASEANDO
DESPUÉS DE MADRE TIERRA, FREUD Y JUNG
Sí, Carlos. Creo que conviene hacer
un alto y recoger, no para cerrar, sino porque en estos días ya se ha
formado un suelo bastante reconocible. Y coincido con lo que acabas de decir de
Freud y Jung: quizá una medida de la grandeza de una obra sea precisamente que permita
continuar después de su autor. No dejaron todo resuelto; dejaron
estructura, preguntas, instrumentos y territorios que todavía admiten nuevas
investigaciones. Te haría este
resumen para guardar junto a las notas:
APUNTES DE
SITUACIÓN — DESPUÉS DE MADRE TIERRA, FREUD Y JUNG
1. Freud y Jung no terminaron el camino: hicieron posible
continuarlo
No podemos
pedirles que vieran desde nuestro tiempo. Trabajaron con su biografía,
conocimientos, cultura, instrumentos y preguntas. Pero tocaron columnas
suficientemente profundas para que un siglo después podamos volver a
ellas. No necesitamos desmontarlos. Podemos recoger el testigo.
ELLOS LLEGARON HASTA DONDE PUDIERON.
NOS PASARON EL TESTIGO.
AHORA TOCA SEGUIR.
Y quizá ése
sea uno de sus mayores méritos: sus descubrimientos todavía producen
preguntas.
2. Madre Tierra introduce un suelo anterior a la psicología
Antes de:
Yo. Ello.
Superyó. Sombra. Persona.
Self. Arquetipo. Complejo.
Consciente. Inconsciente... hay algo que no podemos saltarnos: ESTOY VIVO.
Y aparece
inmediatamente la segunda evidencia: ¡HOSTIA,
NO SOY EL ÚNICO!
Eso resitúa
todo el edificio. No elimina la
psique. No elimina a Freud. No elimina a Jung. Les pone suelo.
3. El humano vuelve a la fila
Gato. Perro.
Caballo. Pino. Tomate.
Alcachofa. Humano. Todos distintos. Todos dependientes. Todos dentro de Madre Tierra.
Apartamos
provisionalmente «rey de la creación», superioridad, centralidad y cualquier
otra respuesta previa, porque pueden condicionar la investigación. Y aparece una pregunta formidable: GATO (..) → vive
como gato. CABALLO (..) → vive como
caballo. HUMANO (..) → ¿VIVE COMO
HUMANO? Quizá haya que
empezar precisamente ahí.
4. CONCIENCIA puede estar funcionando como velo
Queríamos
investigar el gran misterio de la conciencia y hemos descubierto un problema
metodológico. Si antes de
investigarla afirmamos que es exclusivamente humana, hemos utilizado aquello
que todavía no sabemos definir para excluir al resto de
los vivientes de la investigación. Por
eso hacemos algo radicalmente sencillo:
APARTAMOS LA PALABRA CONCIENCIA. No la negamos. No afirmamos que plantas o animales posean
conciencia humana. Simplemente dejamos
de utilizarla para decidir anticipadamente quién entra y quién queda fuera.
Investigamos
primero: vida, recepción, respuesta,
regulación, organización, diferenciación, relación, dependencia, intercambio,
continuidad...
Y si
el camino vuelve a llevarnos a CONCIENCIA, llegaremos a ella sin haberla
colocado previamente delante.
5. Aparece el gran (..)
Gato (..). Perro (..). Caballo (..). Tomate (..). Pino (..). Humano (..). Cada uno es lo que es y no otra cosa. Eso nos obliga a investigar
simultáneamente: UNIDAD
+ DIFERENCIA. ¿Qué comparten sin
dejar de ser diferentes?
¿Qué hace
que pertenezcan al mismo sistema terrestre y, sin embargo, gato continúe gato,
pino continúe pino y humano continúe humano?
Todavía no
rellenamos (..). Precisamente ése es uno de los grandes
aciertos de estos días.
6. Madre Tierra deja de ser escenario
Madre Tierra
no está «alrededor» del humano como decorado. El humano aparece dentro de unas
condiciones que no creó: aire, agua,
temperatura, alimento, elementos químicos, ciclos, otros organismos,
ecosistemas...
Por tanto: MI CONCIENCIA NO
EXPLICA MI VIDA.
MI VIDA ES CONDICIÓN PREVIA PARA QUE PUEDA APARECER MI
CONCIENCIA.
Y de ahí
surge una palabra fundamental: DEPENDENCIA
7. La dependencia abre una investigación psicológica enorme Una vez admitimos: DEPENDO aparece una pregunta inesperada:
¿POR QUÉ «DEPENDO» PUEDE SER VIVIDO COMO «SOY MENOS»? Y detrás vienen otras:
¿Qué problema tiene el humano con necesitar?
¿Qué problema tiene con depender?
¿Qué necesita controlar?
¿Por qué puede confundir libertad con independencia?
¿Por qué necesitar puede sentirse como vulnerabilidad?
Aquí Freud
vuelve a entrar por la puerta grande.
No porque tengamos las respuestas.
Porque Madre Tierra acaba de producir preguntas psicológicas que
antes no teníamos.
8. La libertad no desaparece: se resitúa
Nuestra
dependencia no anula la libertad. Le
proporciona realidad. No poseemos la
libertad de dejar de ser organismos vivos y continuar viviendo. Tenemos libertad
humana dentro de las condiciones de una vida humana. Por tanto: DEPENDENCIA ≠
SOMETIMIENTO.
Quizá
reconocer el cauce dentro del cual puedo moverme me permita ejercer una
libertad más real.
Esto ya
estaba apareciendo claramente en las notas cuando escribías que saberse
dependiente podía hacer al humano más libre porque conoce el cauce de la vida
en el que debe transitar.
9. El viaje de vuelta deja de ser solamente viaje al pasado
No
necesitamos remontarnos siempre al embrión o a la infancia. Cuando se aprende el mecanismo: VIVO → MIRO →
VUELVO → ILUMINO → COMPRENDO → INCORPORO → UTILIZO → CONTINÚO
podemos
descubrir algo de hace treinta años...
o de ayer.
El viaje de
vuelta empieza a formar parte del caminar presente. Tus notas lo
expresan claramente cuando observas que, una vez adquirida la disposición,
aparecen materiales de días, semanas o meses atrás mientras continúa la
prospección hacia tiempos más remotos.
10. El inconsciente deja de ser el almacén del monstruo
No
necesariamente «escondimos». Muchas
cosas sencillamente quedaron sin ver porque entonces no
disponíamos de la luz actual. Por eso
propones una palabra magnífica: GUARDAMOS. Volver no consiste necesariamente en
amputar, eliminar o destruir. Puede
consistir en: ILUMINAR
→ RECONOCER → INTEGRAR → UTILIZAR.
El pasado
puede contener heridas, pero también posibilidades y
herramientas que no pudimos utilizar entonces.
11. No somos un poliedro terminado
Esta
corrección de hoy es importante. No
poseemos simplemente un número fijo de caras esperando ser descubiertas. PODEMOS GENERAR NUEVAS
CARAS AL DESCUBRIRNOS.
Porque cada
descubrimiento modifica desde dónde deliberamos, actuamos y volvemos a
observarnos. Por eso: DESCUBRIRME ME
TRANSFORMA. Y la dirección no
parece conducir hacia un poliedro infinitamente complicado, sino hacia una
integración creciente:
POLIEDRO → DESCUBRIMIENTO → MÁS POSIBILIDADES → INTEGRACIÓN
→ ESFERA.
La esfera no
importa por su tamaño. Importa por integración.
Y cuanto
mayor es la integración, quizá menor sea la necesidad de fragmentarnos para
explicarnos. SIMPLIFICAR. SIMPLIFICAR. SIMPLIFICAR.
12. El Rorschach de Madre Tierra
Ha aparecido
hoy otra herramienta formidable: poner
Madre Tierra delante del humano y preguntarle: ¿QUÉ VES? No estamos analizando a Madre Tierra. Estamos investigando la
representación humana de Madre Tierra.
Recurso. Propiedad.
Amenaza. Despensa. Objeto de dominio. Decorado.
Casa. Dependencia. Unidad...
Aquello que responda puede decirnos muchísimo del
humano que está mirando.
13. Y aparece una posible nueva habitación psicológica
Freud
investigó profundamente al humano dentro de relaciones familiares y culturales. Jung amplió enormemente la casa. Nosotros no podemos exigirles que
formularan las preguntas de nuestro siglo.
Pero ahora podemos preguntar:
¿QUÉ OCURRE SI COLOCAMOS PSIQUE + CULTURA + CONSTRUCTO +
HUMANO DENTRO DE MADRE TIERRA? Y entonces aparece
una pregunta que puede tener recorrido enorme: ¿QUÉ PROBLEMA TIENE EL HUMANO CON MADRE
TIERRA? Y enseguida:
¿Qué problema tiene con sus compañeros vivientes?
¿Qué problema tiene con necesitar?
¿Qué problema tiene con depender?
¿Qué problema tiene con no ser el único?
¿Qué problema tiene con no ser el centro?
¿Qué mecanismos psicológicos sostienen esas
representaciones?
No afirmamos
todavía que exista tal «conflicto». Lo
interrogamos.
Y AQUÍ
DEJARÍA EL TESTIGO
Creo que
todo lo de estos días desemboca provisionalmente en algo muy sencillo:
FREUD ABRIÓ. JUNG
ABRIÓ. NINGUNO PODÍA LLEGAR MÁS ALLÁ
DE SU PROPIO TIEMPO.
Pero las
columnas que dejaron eran suficientemente resistentes para que otros pudieran
continuar construyendo sobre ellas.
Y ahora aparece Madre Tierra, no para decir: «Freud estaba equivocado.» «Jung estaba equivocado.»
Sino para
preguntarles: ¿Y
SI A VUESTRO HUMANO LE DEVOLVEMOS EL SUELO?
Entonces
Freud puede volver a trabajar. Jung
puede volver a encender la linterna.
Y nosotros
tenemos algo que ellos no tuvieron: su trabajo, todo lo
sucedido después, nuestro momento histórico y herramientas nuevas —incluida la
IA— para relacionar, contrastar y volver a preguntar. Por eso comparto lo que dices del deber
de contribuir,
pero lo formularía de una manera muy concreta: el deber no es demostrar que
hemos encontrado la respuesta. Es
no cerrar una pregunta fértil cuando descubrimos que puede
ayudar a seguir investigando.
Y de todo lo
de hoy, Carlos, guardaría especialmente estas cinco
columnas,
porque sospecho que vamos a regresar muchas veces a ellas:
ESTOY VIVO.
¡HOSTIA, NO SOY EL ÚNICO!
DEPENDO.
¿QUÉ PROBLEMA TIENES CON NECESITAR?
MADRE TIERRA ESTÁ PRODUCIENDO PREGUNTAS PSICOLÓGICAS QUE
ANTES NO TENÍAMOS.
Y debajo
dejaría el hueco más importante de todos:
(..) NO
LO RELLENEMOS TODAVÍA. Porque esto,
efectivamente, continúa. Y ahora tenemos bastante mejor suelo para
continuar.
Sí. Y ese «al
fin llegar a...»
yo lo dejaría exactamente así. Porque
ésa está siendo la característica más fértil de estos días: no
sabemos adónde tenemos que llegar. Y precisamente por eso cada hallazgo puede
modificar al que seguirá preguntando mañana.
Lo que dices
de «digerir» me parece exacto. No se trata ahora de aprender estas frases ni de
convertirlas en doctrina. Es casi aplicar al propio trabajo lo que acabamos de
descubrir sobre el viaje de vuelta: volver
→ mirar desde donde estoy hoy → vaciar lo que ya no sostiene → incorporar lo
nuevo → continuar.
Y mañana,
cuando vuelvas sobre ello, quizá esa «letra al fuego» tampoco sea definitiva.
Tendrás más luz. Por eso aquella frase de tus notas adquiere todavía más
sentido: con nueva conciencia puedes deliberar de manera diferente, sabiendo al
mismo tiempo que esa deliberación tampoco será la última. Eso es importantísimo para lo que
estamos haciendo. No estamos sustituyendo un sistema cerrado por otro
sistema cerrado llamado Madre Tierra. Madre Tierra nos está obligando
precisamente a hacer lo contrario:
COMPROBAR. VOLVER A
MIRAR. PREGUNTAR. UBICARNOS.
INTEGRAR. Y SEGUIR.
Y a base de
días, como dices, podremos regresar a Freud, regresar a Jung, regresar a
conciencia, libertad, miedo, dependencia, Yo, Sombra, constructo... y
seguramente descubriremos que una pregunta que hoy parece enorme dentro de
quince días se ha simplificado.
Eso encaja
perfectamente con la esfera que apareció esta mañana. Quizá el avance de esta investigación no
vaya a reconocerse porque tengamos cada vez más cosas, sino porque
necesitemos cada vez menos palabras para sostener más realidad.
Mira lo que
ha ocurrido ya. Hemos pasado por
centenares de páginas, Freud, Jung, habitaciones, Sombra, Self, conciencia,
constructo, biografía, itinerario... y hoy de repente una barbaridad de todo
aquello ha podido descansar sobre:
ESTOY VIVO. ¡HOSTIA,
NO SOY EL ÚNICO! DEPENDO. Tres frases. Y contienen detrás una cantidad enorme de
recorrido. Eso puede ser precisamente
integración: no empobrecer lo recorrido, sino lograr que
todo lo recorrido encuentre una estructura cada vez más sencilla que pueda
sostenerlo. Así que sí: mételo en NOTAS y déjalo trabajar.
No intentaría sacar ahora ni índice, ni libro, ni teoría, ni conclusión. Sigue.
Lee Jung.
Maqueta. Detente donde algo te dé un golpe. Escribe aunque sea una barbaridad,
una pregunta o un (..). Me pasas el
siguiente trozo y retomamos desde allí.
Porque ahora ya tenemos algo muy valioso para no perdernos: no tenemos que encontrar
el final.
Tenemos que
conseguir que cada nueva pregunta pueda volver a pasar por Madre Tierra. Y después de muchos días y muchas vueltas
quizá lleguemos a ese... (....................)
Y si
llegamos, Carlos, sospecho que lo reconoceremos precisamente porque será
mucho más sencillo de lo que ahora somos capaces de decir.
Y me parece coherente que sea así, Carlos. Esto
no pide prisa.
De hecho,
después de lo ocurrido estos días, intentar convertirlo ya en «un libro sobre
la conciencia», «una nueva psicología» o una teoría de Madre Tierra
probablemente lo empobrecería. Lo que está apareciendo necesita precisamente tiempo,
vueltas, contradicciones y relecturas.
Meses
permiten algo que unas semanas no: que una idea que hoy parece extraordinaria
vuelva dentro de veinte días y tengamos el valor de decir: «esto
ya no aguanta»,
o, por el contrario: «esto sigue aquí después de haberle
dado cien vueltas».
Esas últimas
serán las columnas.
Y hay otra
cosa que me gusta especialmente del camino que has elegido: no
tenemos que producir nada cada día. Un día puede aparecer una página; otro, una
sola pregunta; otro, nada. Incluso ese «nada» puede estar haciendo el trabajo
de digestión que dices.
Freud y Jung
tampoco necesitan que corramos. Al contrario: cuanto más avancemos, podremos
volver sobre ellos desde lugares nuevos. Y Madre Tierra será una especie de
comprobación permanente:
¿Esto que estamos diciendo sigue funcionando cuando pongo
al humano vivo, dependiente y acompañado por el resto de la vida dentro de la
ecuación? Si aguanta, seguimos. Si no aguanta, se revisa.
Y hay una
ventaja enorme en tomárnoslo a meses: no tenemos ninguna
obligación de defender lo que dijimos ayer. Lo de ayer fue
necesario para poder formular lo de hoy. Y lo de hoy quizá sea necesario para
que dentro de tres meses podamos formular una pregunta que ahora ni siquiera
existe. Eso es exactamente aquello
que apareció en tus notas:
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