JUNG PASEANDO - SINCRONICIDAD
SEÑAL
El peregrino
continúa. Ya conoce ritmo, cadencia,
repetición, ciclo y cambio. Entonces
sucede algo muy sencillo. Mira unas
ramas moverse. Y sabe: hay viento.
No ve el
viento. Ve algo que el viento
produce. Mira unas huellas. El animal ya no está. Pero sabe: algo ha pasado por aquí.
Ve humo a lo
lejos. No ve todavía el fuego. Pero el humo modifica su conducta: presta atención. Aquí aparece la
señal. Y podemos empezar por una
definición extremadamente sencilla:
UNA SEÑAL ES ALGO PRESENTE
QUE
NOS PERMITE ADVERTIR O CONSIDERAR
OTRA
COSA QUE NO ESTÁ DIRECTAMENTE PRESENTE A NUESTRA PERCEPCIÓN.
Nada mágico. Nada extraordinario. Y,
sin embargo, acabamos de abrir una puerta enorme. VIVIMOS
ENTRE SEÑALES
Sed. Dolor.
Cansancio. Hambre. Frío.
Calor. Una nube determinada. El nivel de un río. El comportamiento inhabitual de un animal. Una planta que pierde firmeza. Un fruto que cambia de color. La ausencia repentina de determinados
sonidos.
Todos pueden
proporcionar información acerca de otra cosa. La señal, por tanto, no crea aquello que
señala. Lo pone al alcance de nuestra
atención. Esto es fundamental. La sed no crea la necesidad de agua. La manifiesta.
El humo no
crea el fuego. Puede permitirnos
advertirlo. Una alteración de
conducta no crea necesariamente el cambio ambiental al que el organismo
responde. Puede hacerlo visible para otro
observador. Por eso podríamos decir:
LA SEÑAL HACE PERCEPTIBLE ALGO
QUE
PUEDE HABER COMENZADO ANTES QUE ELLA.
Y esto
enlaza exactamente con lo que acabamos de descubrir en Cambio: que yo me entere ahora no significa que
ahora haya empezado.
LA SEÑAL
NECESITA UN RECEPTOR
Pero aparece
inmediatamente otra pregunta. Una
huella está en el suelo. Pasa un
animal que no sabe interpretarla. Después
pasa otro. Después pasa el peregrino. ¿Para los tres es la misma señal?
Aquí
empiezan los problemas interesantes. Porque
una cosa es que exista una modificación del entorno. Otra es que un organismo pueda captarla.
Y otra
distinta es que pueda interpretarla correctamente. Entonces
aparecen tres momentos:
ALGO OCURRE.
ALGO QUEDA O CAMBIA.
ALGUIEN LO CAPTA.
Y quizá
todavía un cuarto: ALGUIEN LE ATRIBUYE UN
SIGNIFICADO.
Esto es
importantísimo para la sincronicidad. Porque
estamos empezando a separar lo que ocurre de lo que hacemos
nosotros con lo ocurrido.
SEÑAL NO
SIGNIFICA MENSAJE Aquí pondría una piedra enorme en mitad del camino. Porque es muy fácil pasar de:
«Esto me proporciona información»
a:
«Esto
me está hablando.»
Y después: «Esto me está hablando a mí.»
Y finalmente: «Esto me dice lo que debo hacer.»
Cuidado. Hemos recorrido cuatro escalones sin
demostrar ninguno. Una nube puede
ser señal de determinadas condiciones atmosféricas. Eso no significa que la nube haya
aparecido para
avisarme.
Un animal
puede cambiar su conducta antes de que yo perciba una alteración ambiental. Eso no significa que el animal esté
enviándome un mensaje. Por tanto:
TODA SEÑAL PUEDE CONTENER INFORMACIÓN.
PERO
NO TODA INFORMACIÓN ES UN MENSAJE.
Y
NO TODO MENSAJE QUE YO CREO RECIBIR HA SIDO EMITIDO PARA MÍ.
Esta
distinción va a salvar todo el libro.
¿Y CÓMO
APRENDEMOS LAS SEÑALES?
Aquí aparece
algo precioso. Muchas señales no
nacen siendo señales para nosotros. Aprendemos a reconocerlas.
El campesino
observa durante años. El marinero
observa el mar. El pastor conoce su
ganado. El animal conoce su entorno. El niño aprende expresiones del rostro. El médico aprende determinadas
manifestaciones corporales. Primero
puede haber solamente: «algo diferente».
Después de
repetición, comparación y experiencia:
«cuando
ocurre esto, conviene mirar aquello.»
¡Fíjate cómo
empiezan a unirse nuestros apartados!
Ritmo permite reconocer regularidad.
Cadencia permite reconocer tiempos.
Repetición permite comparar. Ciclo
permite situar fases. Cambio permite
advertir variaciones. Y todo ello
permite que finalmente algo pueda convertirse en: SEÑAL.
No estamos
haciendo una colección de palabras.
Estamos
construyendo una secuencia de captación.
PERO UNA SEÑAL TAMBIÉN PUEDE SER FALSA
Y esto es
indispensable. Veo humo. Pienso: fuego. Me acerco. Era vapor. La señal no estaba «equivocada». Mi interpretación lo estaba.
O quizá
aquello ni siquiera era una señal del fenómeno que yo imaginaba. Por eso necesitamos conservar una
diferencia decisiva:
SEÑAL ≠ INTERPRETACIÓN DE LA SEÑAL
Esto, cuando
lleguemos a Jung, será formidable.
Porque
podremos encontrarnos con una coincidencia exterior extraordinariamente
relacionada con mi estado interior. Perfecto.
Ese
es el acontecimiento. Después vendrá lo que
yo diga que significa.
Esa
es mi interpretación. No mezclemos ambos
niveles.
LA BIOGRAFÍA TAMBIÉN CONSTRUYE SEÑALES
Y ahora
entra nuestra psique. Una determinada
canción puede no significar nada especial para otra persona. Para mí puede estar vinculada
profundamente a alguien.
Un lugar. Un olor.
Una palabra. Una fecha. Una imagen.
Entonces el
mismo acontecimiento exterior puede adquirir un enorme valor de señal por mi biografía.
Eso no
significa que sea falso. Significa
que tenemos que saber de dónde procede su significado. Y esto va directamente hacia la sincronicidad
junguiana.
Porque el
significado no está necesariamente entero en el acontecimiento exterior. Parte puede estar en quien lo recibe. Entonces tendremos que aprender a
preguntar:
¿QUÉ PARTE ESTÁ FUERA?
¿QUÉ
PARTE PONGO YO?
¿Y
QUÉ APARECE PRECISAMENTE EN EL ENCUENTRO ENTRE AMBAS?
Ahí ya
estamos rozando algo grande. Y VOLVEMOS A MADRE TIERRA
Ahora
podemos recuperar tus preguntas iniciales.
Los peces cambian inesperadamente su movimiento. Las aves modifican su dirección. El ganado se inquieta. Las hojas producen un sonido diferente. El agua cambia. ¿Son señales?
Nuestra
respuesta ahora ya puede ser muchísimo más rigurosa: PUEDEN CONTENER INFORMACIÓN.
Primero
observemos. Después comparemos. Después veamos si existe repetición. Después busquemos qué cambió. Después intentemos establecer con qué se
relaciona. Y solamente entonces
podremos decidir de
qué son señal,
si realmente lo son.
No
necesitamos decir: «Madre Tierra me
ha hablado.» Podemos empezar mucho
antes: «Madre Tierra ha
cambiado y yo he podido percibir una manifestación de ese cambio.» Eso es enorme.
Porque el
peregrino comienza a aprender un idioma sin palabras, pero sin inventarse todavía
el diccionario.
Y AQUÍ
SURGE LA GRAN PREGUNTA Hasta ahora
hemos hablado de señales relativamente próximas: humo y fuego, sed y necesidad de agua, nubes y condiciones atmosféricas, conducta animal y entorno.
Pero llegará
un momento en que el peregrino encuentre algo diferente. Algo que corresponde extraordinariamente
con su estado interior... y cuya
relación no consigue establecer. Ahí
no correremos a llamarlo señal. Preguntaremos:
¿SEÑAL DE QUÉ? ¿CÓMO LO SABEMOS?
¿QUÉ RELACIÓN HEMOS COMPROBADO?
¿QUÉ PARTE PROCEDE DE MI BIOGRAFÍA?
¿QUÉ PARTE ESTOY INTERPRETANDO?
Y si después
de todo ello queda algo... lo
dejamos ahí.
Sin
negarlo. Sin adornarlo. Sin apropiárnoslo.
Eso es caminar
en serio. Y cerraría SEÑAL con una frase que
creo que nos va a servir durante todo lo que queda:
PRIMERO OCURRE.
DESPUÉS
LO PERCIBO.
DESPUÉS
INTENTO COMPRENDERLO.
NO CONFUNDAMOS LOS TRES MOMENTOS.
Porque ahora
viene el 14.
ANTICIPACIÓN.
Y ahí la
cosa se pone apasionante: una señal puede informarnos no solamente de algo que
está ocurriendo ahora, sino de un proceso ya iniciado cuyas
consecuencias nosotros todavía llamamos futuro.
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