MADRE TIERRA y JUNG
. El itinerario empieza Una vida concreta comienza a recorrer un
mundo concreto.
Tenemos
VIDA. Tenemos MADRE TIERRA. Tenemos un MODELO HUMANO con capacidades y
posibilidades. Tenemos una
arquitectura cuyas habitaciones irán adquiriendo contenido. Y ahora sucede lo verdaderamente
irrepetible: EMPIEZA EL ITINERARIO.
Hasta aquí
podíamos hablar del ser humano. A
partir de aquí tendremos que empezar a hablar de: ESTE
SER HUMANO.
Porque el
modelo puede ser compartido. La vida
puede tener necesidades comunes. Las
capacidades pueden pertenecer a nuestra condición humana. Pero nadie recorrerá exactamente el mismo
camino. EL ITINERARIO ES PARTICULAR.
NO LLEGO A
UN MUNDO VACÍO Cuando comienza mi vida, el mundo ya está
funcionando. Hay una Tierra que no me
esperaba para existir. Pero también
hay un inmenso mundo humano construido que tampoco me ha preguntado si estoy de acuerdo
con él. Ya existe un idioma. Una familia. Una época.
Una
determinada organización social. Costumbres. Creencias.
Normas. Valores. Objetos.
Horarios. Historias. Miedos.
Esperanzas. Conflictos. Conocimientos. Errores.
Instituciones. Tecnologías. Símbolos.
Maneras de
entender lo bueno y lo malo. Formas de
explicar qué significa triunfar, fracasar, comportarse correctamente, ser
hombre, ser mujer, pertenecer, destacar, obedecer, amar, trabajar, morir... LLEGO
A UN MUNDO QUE YA ESTÁ INTERPRETADO POR OTROS.
Y yo todavía
no tengo posibilidades para revisar esas interpretaciones. Éste es un punto enorme.
MI
BIOGRAFÍA EMPIEZA RODEADA DE BIOGRAFÍAS
Mi
itinerario es mío. Pero no comienza
solo. Antes incluso de que yo pueda
contar mi historia, estoy dentro de historias que ya estaban ocurriendo. Mi madre tiene la suya. Mi padre tiene la suya. Mi familia tiene historia. Mi localidad tiene historia. Mi cultura tiene historia. Mi época tiene historia. Las personas que me rodean no llegan
limpias de itinerario para relacionarse conmigo.
ME
RECIBEN DESDE EL SUYO. Sus alegrías. Sus conocimientos. Sus temores.
Sus expectativas. Sus heridas. Sus costumbres. Sus creencias. Sus posibilidades. Sus limitaciones. Y por eso aquella frase que nos apareció
antes adquiere aquí todo su significado:
MI
BIOGRAFÍA ESTÁ RODEADA DE BIOGRAFÍAS. No para buscar
culpables. Para comprender cómo
comienza realmente una vida humana.
EL
ITINERARIO EMPIEZA ANTES DE QUE PUEDA EXPLICÁRMELO
Ésta será
una de las claves para nuestra lectura de Jung. Vivir empieza antes que explicar. Percibir empieza antes que teorizar. Relacionarse empieza antes que disponer de
un relato autobiográfico organizado. El
desarrollo va haciendo disponibles capacidades progresivamente.
Por eso,
durante una parte fundamental del itinerario, ocurren cosas que el niño todavía
no puede comprender como las comprenderá muchos años después. No significa que sepamos exactamente qué
quedó registrado de cada experiencia temprana. Eso sería inventar. Significa algo mucho más firme:
EL SER HUMANO YA ESTÁ VIVIENDO MIENTRAS
TODAVÍA ESTÁ DESARROLLANDO LAS HERRAMIENTAS CON LAS QUE ALGÚN DÍA PODRÁ
COMPRENDER SU VIDA.
Ahí empieza
a resultar mucho menos extraño que existan aspectos de nosotros mismos cuya
procedencia no podamos explicar inmediatamente. No necesitamos fabricar un fantasma. TENEMOS
UN ITINERARIO.
PRIMERO
RECIBO; MUCHO DESPUÉS PODRÉ REVISAR
Imaginemos
algo elemental. El niño escucha: «ESO
ESTÁ MAL.»
Para un
adulto son tres palabras. Para el
niño pueden intervenir muchas cosas: quién
las dice, tono, momento, repetición, vínculo, dependencia, contexto, edad,
consecuencias... Y sobre todo:
¿QUÉ
POSIBILIDADES TENÍA ENTONCES PARA VALORAR POR SÍ MISMO AQUEL “ESTÁ MAL”? Quizá ninguna
comparable a las actuales. No
reúne a la familia y dice: «He
analizado vuestro sistema moral y considero que esta prohibición es una
construcción cultural históricamente contingente.»
Recibe. Interpreta hasta donde puede. Responde. Continúa. Y aquello puede ir formando parte de su
manera de estar en el mundo.
Muchos años
después quizá diga: «YO SIEMPRE HE SIDO ASÍ.» Y Madre Tierra podrá
preguntarle: ¿SIEMPRE? Vamos a caminar hacia
atrás.
AQUÍ NACE
NUESTRA ARQUEOLOGÍA
No buscamos
cuarenta mil años de entrada. Empezamos
por esta vida.
¿Cuándo aparece esto que hoy considero mío?
¿Dónde estaba yo? ¿Qué edad tenía? ¿Qué podía comprender?
¿Quién estaba conmigo? ¿Qué ocurría alrededor? ¿Qué explicación recibí?
¿Qué interpretación pude hacer? ¿Qué hice entonces? ¿Para qué pudo servirme?
¿Se repitió? ¿Sigue funcionando hoy?
Y una
pregunta especialmente importante: ¿LO ELEGÍ O LO INCORPORÉ ANTES DE
PODER ELEGIRLO CONSCIENTEMENTE?
No estamos
afirmando que podamos reconstruir perfectamente el pasado. Muchas veces no podremos. Entonces nuestra respuesta deberá ser
limpia: NO LO SÉ.
No lo
sabemos no significa: «debe de proceder de una profundidad
ancestral misteriosa».
Significa: NO
LO SABEMOS. Y seguimos
investigando.
EL MISMO
HECHO NO ES EL MISMO ITINERARIO
Aquí debemos
evitar otra simplificación. Dos
niños pueden presenciar un mismo acontecimiento. Eso no significa que hayan vivido
psicológicamente lo mismo. Tienen
posiciones diferentes. Edades
diferentes. Relaciones diferentes con
las personas implicadas. Experiencias
anteriores diferentes. Temperamentos
y sensibilidades diferentes. Posibilidades
diferentes para interpretar lo sucedido.
Y además lo que ocurre después también cambia el significado de lo
anterior.
Por eso no
basta: «¿QUÉ OCURRIÓ?» Necesitamos añadir: «¿DÓNDE
ESTABAS TÚ CUANDO OCURRIÓ?» Ésta
puede ser una de las grandes preguntas de todo el libro.
¿DÓNDE
ESTABA YO? No sólo físicamente. ¿DÓNDE ESTABA YO EN
MI DESARROLLO?
Eso devuelve
proporción. Porque muchas veces el
adulto contempla una respuesta infantil y pregunta: «¿Cómo
pude hacer aquello?» Pero
está formulando la pregunta con las capacidades de hoy. La pregunta correcta puede ser: ¿QUÉ
PODÍA HACER AQUEL QUE YO ERA ENTONCES?
Quizá
aquella respuesta no fue perfecta. Quizá
hoy resulte inútil. Quizá incluso
produzca problemas. Pero antes de
condenarla: COMPRENDÁMOSLA.
Tal vez fue
la solución disponible para aquel caminante en aquel tramo del camino. Y aquí el itinerario empieza a resultar
profundamente liberador. No porque
convierta todo lo ocurrido en bueno. No
porque elimine responsabilidades. Sino
porque sustituye: «YO SOY ESTO» por: «ESTO
SE ENCUENTRA EN MI ITINERARIO.» Menuda
diferencia.
EL
ITINERARIO NO ES UNA SENTENCIA
Precisamente
porque ha ocurrido, no puede desocurrir.
No podemos volver a tener cinco años con la conciencia actual. No podemos sustituir nuestra infancia por
otra. No podemos recorrer nuevamente
el mismo camino.
EL
ITINERARIO ES IRREVERSIBLE. Pero eso no significa
que sea una condena. Porque el
caminante continúa. Y ahora puede
aparecer algo que antes no estaba disponible de la misma manera: CONCIENCIA
ACTUAL.
Puedo mirar
aquello desde otro momento. Añadir
información. Comprender
circunstancias. Reconocer mis
limitaciones de entonces. Reconocer
también las limitaciones de quienes estaban conmigo. Separar lo mío de lo recibido. Descubrir una función antigua. Reconsiderar una interpretación. Y decidir, hasta donde pueda, qué hago ahora con aquello.
No modifico
el hecho. MODIFICO LAS POSIBILIDADES QUE TENGO
FRENTE A ÉL.
AQUÍ JUNG
EMPIEZA A ACERCARSE
Todavía no
hemos entrado formalmente en Jung. Pero
ya empezamos a reconocer el terreno donde aparecerán muchas de sus
observaciones. Persona. Sombra.
Complejos. Sueños. Símbolos. Material inconsciente. Formas de adaptación. Partes reconocidas y no reconocidas de uno
mismo. Todo eso empieza a adquirir
una pregunta anterior: ¿CUÁL ES SU ITINERARIO?
Cuando Jung
diga: COMPLEJO, preguntaremos: ¿cómo pudo ir organizándose éste?
Cuando diga: SOMBRA,
preguntaremos: ¿qué terminó allí y
desde qué criterio?
Cuando diga: PERSONA,
preguntaremos: ¿qué mundo encontró esta
persona para necesitar presentarse así?
Cuando diga: INCONSCIENTE
PERSONAL, responderemos:
PERFECTO. AHORA
HABLEMOS DE ESTA VIDA.
Esto encaja
con algo que ya estaba apareciendo en tus notas: el inconsciente deja de ser
una explicación final y vuelve a ponerse en movimiento cuando preguntamos qué
está ocurriendo en este
ser humano, en este momento de su itinerario.
Y EL
ITINERARIO NO ES SÓLO LO MALO Esto es importantísimo.
Si
utilizamos la biografía únicamente para buscar traumas, errores, represiones y
problemas, volveremos a fabricar un sótano.
EL ITINERARIO
ENTERO CUENTA. También hubo
descubrimientos. Afectos. Personas.
Juegos. Curiosidad. Aprendizajes. Paisajes.
Música. Libros. Amistades.
Momentos de seguridad. Imaginación. Capacidades descubiertas. Decisiones acertadas. Errores fecundos. Casualidades. Belleza.
Creaciones. Puertas que se
abrieron.
NO
INVESTIGAMOS SOLAMENTE QUÉ ME HIZO DAÑO.
Investigamos: ¿CÓMO
HE LLEGADO HASTA AQUÍ?
Y entonces
el inconsciente puede dejar de parecernos exclusivamente un almacén de
problemas. Puede contener también
posibilidades no suficientemente utilizadas, relaciones todavía no vistas,
capacidades, intuiciones, materiales creativos y caminos pendientes.
Ahí Jung
vuelve a hacerse enorme. Porque él ya
amplió el inconsciente mucho más allá de un simple depósito de lo reprimido. Y nosotros podremos continuar desde allí.
EL
CAMINANTE APARECE
Ahora ya no
tenemos solamente un modelo humano. Tenemos: CARLOS. MARÍA.
ANA. PEDRO. Cada uno llegó en un
momento. A unas personas. A una familia. A una sociedad. A una época.
A un mundo construido.
Con unas
posibilidades determinadas en cada etapa.
Y comenzó a caminar. Recibió. Percibió.
Interpretó. Respondió. Aprendió.
Se protegió. Se vinculó. Se equivocó.
Acertó. Incorporó. Olvidó.
Recordó. Construyó.
Y siguió. Hasta llegar aquí. Por eso quizá una de las primeras cosas que
podríamos decirle a quien viene buscando comprenderse sería: NO
VAMOS A EMPEZAR PREGUNTANDO QUÉ TIENES MAL.
Vamos a preguntar:
¿POR DÓNDE HAS CAMINADO?
Porque antes
de diagnosticar la habitación, queremos
conocer al habitante. Antes de temer
lo que está oscuro, queremos
reconstruir hasta donde podamos cómo llegó allí.
Y antes de
decidir qué debemos quitar, queremos
saber para qué estuvo
sirviendo. Entonces el
pasado deja de ser una condena. Se
convierte en territorio
recorrido. Y aparece
nuestra primera gran libertad: ESE ITINERARIO ES EL MÍO.
No puedo
cambiar el camino ya recorrido. Pero
puedo conocerlo. Puedo iluminarlo. Puedo comprenderlo. Puedo recuperar partes de mí que quedaron
allí. Y, sobre todo,
EL
CAMINO NO TERMINA DONDE EMPIEZA MI EXPLICACIÓN. Sigo vivo.
Por tanto, SIGUE EL ITINERARIO.
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