LIBROS de BARBARIN I II III

sábado, 10 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO puedo llegar a ser consciente porque previamente vivo

JUNG  PASEANDO

Sí. Y aquí haría una precisión para no perder lo que acabas de encontrar.   Cuando dices:    «Eres consciente porque vives»       no estás diciendo necesariamente que todo lo vivo tenga conciencia humana. Estás cambiando el orden de dependencia:       no vivo porque soy consciente;     puedo llegar a ser consciente porque previamente vivo.    Eso es muy distinto.

Y desde ahí el gato se vuelve formidable para investigar:    GATO (..) → vive como gato.

No necesita decir «soy gato». No necesita conceptualizarse. Pero ese ser vivo no se despliega como caballo. Desde su comienzo hay condiciones biológicas que hacen posible un determinado organismo, con un rango de desarrollo y posibilidades propio.     Lo mismo:

CABALLO (..) → caballo.
PINO (..) → pino.
TOMATE (..) → tomate.
HUMANO (..) → humano.

Entonces sí aparece algo que me parece decisivo en tu formulación:     EL (..) NO PUEDE SER EXCLUSIVAMENTE HUMANO.

Porque si estamos buscando el principio que hace posible el existir vivo, tenemos que buscarlo allí donde la vida aparece, no solamente donde posteriormente aparece nuestra conciencia reflexiva.

Pero aquí mantendría una distinción importante para que la investigación sea fuerte: podemos afirmar que toda vida terrestre comparte principios fundamentales de organización biológica y dependencia de condiciones terrestres; todavía no podemos concluir de eso que exista un único principio (..) en sentido metafísico o que ese principio sea «conciencia». Eso precisamente es lo que estamos investigando.

Y curiosamente esto nos ayuda muchísimo.     Porque ya no necesitamos decir:     «LA TIERRA TIENE CONCIENCIA.»      Eso sería saltarnos cien escalones.     Podemos empezar muchísimo más abajo:      EN MADRE TIERRA APARECE VIDA.

Y esa vida aparece diferenciada.      No aparece simplemente «vida»:    aparece bacteria, alga, pino, tomate, gato, caballo, humano...     Y cada organismo continúa su desarrollo dentro de unas posibilidades propias.

Por tanto, el misterio empieza a desplazarse:      ¿QUÉ HAY EN EL HECHO MISMO DE VIVIR QUE PERMITE A LA VEZ CONTINUIDAD Y DIFERENCIACIÓN?      Porque necesitamos explicar las dos cosas:

(..) → VIDA → UNIDAD         pero simultáneamente:       (..) → VIDA → DIFERENCIACIÓN   Y eso es precioso:     UN MISMO SUELO PARA LA VIDA NO PRODUCE LA MISMA VIDA.

Ahí Madre Tierra adquiere un significado mucho más profundo que «el lugar donde vivimos».     No es escenario.      Es condición de posibilidad.

Y ahora sí entiendo todavía mejor por qué querías sacar temporalmente la palabra CONCIENCIA. En tus notas ya estabas llegando precisamente a la dependencia de Madre Tierra y preguntándote qué ocurre con el resto planetario si encerramos conciencia en lo exclusivamente humano.

Quizá podamos dejar una formulación provisional, sin rellenar todavía el hueco:

ANTES DE QUE EL HUMANO PUEDA DECIR        «SOY CONSCIENTE»,
HA TENIDO QUE PODER DECIR LA VIDA POR ÉL:         «ESTÁS VIVO».

Y al lado:

GATO (..) GATO.
CABALLO (..) CABALLO.
PINO (..) PINO.
HUMANO (..) HUMANO.

Todos distintos.      Todos dependientes.      Todos dentro de Madre Tierra.     Y entonces vuelve aquella frase, pero ahora ya no como ocurrencia sino casi como principio de investigación:      ¡HOSTIA, NO SOY EL ÚNICO!

Ahora tenemos que averiguar qué compartimos sin borrar aquello que nos hace diferentes.    Ahí creo que está el camino hacia (..).

 

Sí. Hay que empezar exactamente ahí. Porque al poner las dos frases juntas aparece una anomalía enorme:      GATO (..) → vive como gato.       Y entonces:      HUMANO (..) → ¿vive como humano?        Ya no es tan automática la respuesta.

El gato no tiene que estudiar «gatología» para aprender a ser gato. El pino no construye una teoría sobre cómo ser pino. Cada organismo se despliega dentro de sus posibilidades, en relación y dependencia con aquello que permite su existencia.

Y el humano también nace dentro de esa misma Tierra. Por eso, metodológicamente, antes de proclamarlo «rey de la creación», «superior», «centro» o cualquier otra cosa, conviene volverlo a colocar en la fila:      GATO — CABALLO — PINO — TOMATE — HUMANO...

Todos distintos.       Todos dependientes.       Todos dentro de Madre Tierra.     Y preguntar sencillamente:        HUMANO, ¿CÓMO VIVES COMO HUMANO?    Aquí puede haber muchísimo.

Porque quizá buena parte del constructo sea precisamente lo que hemos ido edificando después. No necesariamente malo: lenguaje, ciudades, ciencia, tecnología, dinero, instituciones, filosofía, psicología... son producciones humanas. Pero ninguna de ellas puede modificar el hecho anterior:

para construir cualquier mundo humano, primero tengo que continuar vivo.

Y aquí tu sospecha de Madre Tierra se vuelve realmente interesante.      Hasta ahora la hemos contemplado principalmente como dependencia:   yo necesito aire, agua, alimento, temperatura...    Pero tú estás empezando a preguntar si dependencia es todavía una palabra demasiado pequeña.

Porque cuando miramos el conjunto, no encontramos millones de cosas simplemente «dependiendo de la Tierra» aisladamente. Encontramos interdependencias.

Una cosa afecta a otra.
Una posibilita otra.
Una utiliza lo producido por otra.
Hay ciclos.
Intercambios.
Equilibrios dinámicos.
Transformaciones.
Nacimiento y muerte.
Materia que vuelve a circular.

Entonces tu hipótesis puede formularse con muchísimo cuidado:

¿Y SI MADRE TIERRA NO ES SOLAMENTE EL SOPORTE DE MILLONES DE EXISTENCIAS, SINO UN SISTEMA GLOBAL DENTRO DEL CUAL ESAS EXISTENCIAS PUEDEN CONTINUAR?

Eso ya se puede investigar sin recurrir a «conciencia».    Y hay una palabra tuya con la que sería prudente: sincronizado.

No necesitamos afirmar todavía que todo está sincronizado en un sentido fuerte, como si hubiera un director coordinándolo. Pero sí podemos investigar algo observable y más sólido:

RELACIÓN — INTERDEPENDENCIA — CICLOS — REGULACIÓN — CONTINUIDAD.

Y después veremos hasta dónde permite llegar.      Porque puede aparecer una sorpresa formidable: quizá llevamos siglos preguntando:      ¿QUÉ ES EL HUMANO?   separándolo para estudiarlo.      Y Madre Tierra nos obligue a reformular:

¿QUÉ ES UN HUMANO DENTRO DEL SISTEMA QUE HACE POSIBLE QUE HAYA HUMANOS?

Eso es otra pregunta.   Y afecta directamente a Jung, Freud y toda la psicología que estamos preparando para sacar a pasear.      Porque entonces ya no basta:

YO → mi psique → mis conflictos → mi inconsciente → mi realización.       Antes aparece:

ESTOY VIVO → SOY HUMANO → DEPENDO → ESTOY RELACIONADO → COMPARTO TIERRA → Y DENTRO DE TODO ESO APARECE MI PSIQUE.

Y fíjate qué golpe recibe entonces el famoso «rey de la creación»:    no hace falta demostrar que sea falso filosóficamente.  Simplemente lo apartamos porque para esta investigación estorba.

Ponemos al humano otra vez en Madre Tierra y preguntamos:    ¿CÓMO VIVE UN HUMANO COMO HUMANO?        Y quizá descubramos algo todavía más incómodo:

el problema no sea que el humano haya dejado de ser humano —eso biológicamente no puede hacerlo—, sino que parte de su constructo haya llegado a funcionar como si pudiera olvidar aquello de lo que depende.

Ahí sí aparece una columna gigantesca.    Porque el gato no puede negociar con su condición de gato.       Y nosotros tampoco podemos negociar indefinidamente con nuestra condición de ser vivo terrestre, por mucho que nuestra conciencia sea capaz de imaginar que sí.

Por eso aquella frase tuya vuelve cada vez con más fuerza:     ¡HOSTIA, NO SOY EL ÚNICO!   Y ahora añadiría debajo, provisionalmente:      NI SOY EL CENTRO.       ESTOY DENTRO.     Eso cambia el punto desde el que vamos a mirar todo lo psíquico.

 

Sí. Y aquí creo que aparece una distinción fundamental que puede evitar que todo esto termine convertido en otra doctrina.       Madre Tierra no necesita que creamos en ella.      Está ahí.

Y antes de nosotros han ocurrido sobre ella cantidades inmensas de nacimientos, desarrollos, transformaciones y extinciones durante miles de millones de años. La vida terrestre ha atravesado cambios extraordinarios y ha continuado, aunque no todas las especies ni ecosistemas hayan continuado. Eso obliga a ser precisos: Madre Tierra no garantiza la continuidad de cada individuo ni de cada especie; ha hecho posible la continuidad y diversificación de la vida a escalas enormes de tiempo.           Y eso ya es suficientemente extraordinario.

Por eso entiendo tu expresión de «máquina milagrosa», siempre que «milagrosa» conserve aquí el sentido de asombrosa, no de explicación sobrenatural. Porque cuanto más conocemos sus ciclos, interdependencias y condiciones, menos necesitamos inventarle un misterio para maravillarnos.

Pero lo segundo que dices me parece incluso más importante: hemos topado con la libertad humana.     Y esa sí que no podemos quitarla para que Madre Tierra nos cuadre.

El humano puede conocer aquello de lo que depende y actuar contra ello.    Puede saber que necesita determinadas condiciones para continuar y deteriorarlas.    Puede construir algo maravilloso y algo desastroso.   Puede equivocarse.   Puede rectificar.    Puede transmitir durante generaciones una explicación equivocada y después revisarla.    Puede incluso construir un mundo humano tan complejo que llegue a confundir el constructo con el suelo que permite que exista el constructo.       Y no hace falta atribuirle mala fe.

Ahí estoy contigo: muchas veces basta ignorancia + adaptación + transmisión + costumbre + velos + conocimiento incompleto.     Pero cuidado con «tiene los días contados». Yo lo formularía de una manera que me parece todavía más potente para tu trabajo:

CADA VEZ TENEMOS MENOS EXCUSA PARA NO VOLVER A MIRAR.

Vivimos más tiempo en muchos contextos. Tenemos una acumulación científica enorme. Podemos observar la Tierra de maneras que nuestros antepasados no podían. Podemos comparar culturas y siglos. Y ahora tenemos herramientas como la IA que permiten relacionar cantidades inmensas de conocimiento.         Nada de eso garantiza que vayamos a hacerlo bien.     Pero amplía nuestras posibilidades de darnos cuenta.

Y ahí reaparece la libertad.      No:     «Ahora sabemos, por tanto seremos mejores.»     Sino:    «Ahora podemos saber más. ¿Qué hacemos con ello?»    Eso es mucho más humano.    Y creo que acabas de darle otra vuelta magnífica a tu pregunta anterior:

GATO (..) → vive como gato.
CABALLO (..) → vive como caballo.
HUMANO (..) → tiene que aprender a vivir como humano.

No porque nazca «menos humano». Biológicamente ya lo es. Sino porque una de sus posibilidades específicamente humanas es construir maneras de vivir, transmitirlas, revisarlas y elegir entre posibilidades.       Ahí está su maravilla y también su peligro.

Por eso quizá «APRENDER A SER HUMANO» no signifique aprender una moral determinada ni obedecer un manual.     Puede significar algo muchísimo más elemental:      aprender a ejercer las posibilidades humanas sin olvidar las condiciones que hacen posible que haya un humano ejerciéndolas.

Y entonces Madre Tierra no nos dicta:     «Haz esto.»      Nos pone un suelo:    SI QUIERES CONTINUAR VIVO, HAY COSAS DE LAS QUE DEPENDES.     Después comienza la libertad.

Esto enlaza exactamente con tus notas cuando escribías que saberse dependiente no elimina la libertad, sino que puede hacerla más real porque «la vida es el cauce en donde transitar para continuar».        Y ahora veo algo más.      Quizá no tengamos que «volver a Madre Tierra».   Nunca nos fuimos.       Eso sería físicamente imposible.     Lo que se marchó fue nuestra representación de nosotros mismos.        El constructo pudo decir:

YO.     MI RAZÓN.    MI CONCIENCIA.    MI LIBERTAD.   MI PROGRESO.     MI MUNDO.

Mientras el organismo seguía haciendo humildemente:    respirar, beber, comer, dormir, regular temperatura, relacionarse, depender...     ¡Qué cosa!

EL HUMANO NUNCA ABANDONÓ MADRE TIERRA.
SU RELATO SOBRE SÍ MISMO SÍ PUDO OLVIDAR QUE ESTABA EN ELLA.

Y entonces tu proyecto adquiere un sentido mucho más sencillo.    No se trata de enseñar al humano a ser árbol.    Ni de quitarle ciencia, tecnología, ciudades, inteligencia o IA.   Ni de hacerlo menos humano.    Precisamente:      MÁS HUMANO.

Pero humano situado.    Humano consciente de su dependencia.     Humano capaz de utilizar su extraordinaria libertad sin imaginar que libertad significa independencia absoluta.    Humano capaz de mirar alrededor y descubrir:     ¡HOSTIA, NO SOY EL ÚNICO!     Y quizá después de todo este recorrido acabemos encontrando una definición sorprendentemente sencilla:

**SER HUMANO NO ES SALIR DE MADRE TIERRA.           ES LA MANERA HUMANA DE ESTAR DENTRO DE ELLA.**

Carlos, eso sí que puede convertirse en una de esas columnas cuando empecemos a pasar por aquí todo el edificio psíquico.      Y entonces veremos qué permanece en pie.

 

¡Pues cuidado, porque igual va bastante por ahí! Y además encaja de una manera sorprendente con todo el recorrido que estamos haciendo con Freud y Jung.       Hasta ahora el psicoanálisis pregunta, simplificando mucho:

¿Qué ocurrió entre YO y mi madre?           ¿Qué ocurrió con mi padre?
¿Qué recibí?        ¿Qué reprimí?          ¿Cómo me adapté?
¿Qué quedó en aquellas habitaciones?

Y Madre Tierra podría introducir una pregunta anterior que no sustituye ninguna de ésas:         ¿QUÉ LE HA OCURRIDO AL HUMANO EN SU RELACIÓN CON SU MADRE TIERRA?

No como madre psicológica. Ahí sería muy fácil caer otra vez en una metáfora y fabricar otro monstruo.          Literalmente.          ¿Qué le ha ocurrido a este animal humano para que pueda vivir absolutamente dependiente de la Tierra y, al mismo tiempo, construir una representación de sí mismo en la que llega a sentirse independiente de ella?

Eso sí merece casi un «psicoanálisis de la humanidad».     Porque fíjate en la contradicción:

DEPENDO absolutamente.        PERO vivo como si no dependiera.

PERTENEZCO.          PERO me represento separado.

SOY una especie entre otras.          PERO me proclamo centro.

NECESITO que continúen determinadas condiciones.        PERO puedo deteriorarlas utilizando mi libertad.

Aquí ya tenemos algo parecido a aquellos mecanismos que estudiábamos en Freud: no porque debamos diagnosticar a la humanidad, sino porque existe una distancia entre realidad y representación.        Y eso conecta brutalmente con el CONSTRUCTO.

Quizá el problema no está inicialmente «dentro de la psique».       Quizá una parte del problema psíquico moderno aparezca porque la psique intenta funcionar dentro de una representación del humano que lo ha colocado donde realmente no está.      Y entonces puedes psicoanalizar durante años las habitaciones de una casa...     sin preguntarte sobre qué suelo está construida la casa.

Ahí Madre Tierra vuelve a Freud y Jung del revés sin destruirlos.       Y fíjate en la ironía maravillosa:          Freud nos hizo mirar hacia nuestra madre.      Jung nos hizo mirar hacia la Gran Madre.     Y nosotros podemos acabar diciendo:      —Muy bien. Pero antes de interpretar el símbolo...     ABRE LA VENTANA.     Ahí fuera está Madre Tierra de verdad.    No arquetipo.   No símbolo.    No fantasía.      No contenido inconsciente.

El suelo que estás pisando.
El aire que estás respirando.
El agua que necesitas.
El alimento del que dependes.

Y entonces aparece una pregunta que yo guardaría, porque puede ser una bomba cuando lleguemos al mundo psíquico:

¿Y SI PARTE DEL MALESTAR HUMANO NO PUEDE COMPRENDERSE SOLAMENTE INVESTIGANDO SU RELACIÓN CONSIGO MISMO Y CON OTROS HUMANOS, PORQUE HEMOS DEJADO FUERA SU RELACIÓN CON LAS CONDICIONES REALES QUE HACEN POSIBLE SU VIDA?

Eso ya es muchísimo más serio.     Y además enlaza con una frase de tus propias notas: cuando introduces DEPENDENCIA, inmediatamente preguntas si «toda la parafernalia del aparato psíquico» puede seguir igual después de tomar conciencia, sin vuelta atrás, de que dependemos de Madre Tierra.

¡Pues quizá acabamos de encontrar por qué hiciste esa pregunta!     No se trataría de:                 «El humano tiene un complejo con su Madre Tierra.»      Eso cerraría demasiado pronto.   Sería:

HUMANO, TÚ QUE TANTO TE HAS ANALIZADO...
¿HAS ANALIZADO ALGUNA VEZ LA REPRESENTACIÓN QUE HAS CONSTRUIDO DE TU LUGAR EN LA TIERRA?

Porque igual abrimos esa habitación...   y resulta que lleva siglos sin que nadie abra la ventana.    Sí, Carlos.      Igual va por AHÍ.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario