LIBROS de BARBARIN I II III

domingo, 11 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO ¿QUIÉN SOY? Y llegamos a una formulación muy fértil: YO SOY ANDANDO.

 JUNG PASEANDO

Y me parece que has hecho algo importante sin darte cuenta del todo: has cambiado de problema.

Hasta ayer estábamos preguntando por la identidad:     ¿QUIÉN SOY?      Y llegamos a una formulación muy fértil:    YO SOY ANDANDO.

La etiqueta puede ser verdadera —«introvertido», «inseguro», «racional»—, pero solo nombra una porción del itinerario. Cuando esa porción pretende nombrar el conjunto, el humano pierde la noción de su propio tamaño. El collar apareció precisamente como respuesta: cada pieza pertenece a mí, pero ninguna pieza es todo el collar.

Pero ahora das otro paso.     Estás empezando a preguntar:    ¿DESDE DÓNDE MIRO?    Y eso cambia muchísimo.     Tu frase:     MIRAR. Y después: PENSAR SOBRE LO MIRADO.     me parece capital. Porque introduces una separación que hasta ahora estaba implícita.

No sería simplemente:    PIENSO → luego interpreto el mundo.    Ahora estás intentando colocar algo delante:     ESTOY VIVO → MIRO → DESPUÉS PIENSO SOBRE LO MIRADO.

Y ahí entiendo perfectamente por qué vuelves a los cinco dedos. No son una demostración filosófica. Son casi un ejercicio de reubicación del instrumento:     Muevo los dedos.

Antes de Jung.
Antes de una teoría psicológica.
Antes de decir si soy introvertido o extravertido.
Antes incluso de interpretar qué significa lo que estoy viendo.

Hay un ser humano vivo mirando.     Y solo después aparece:     «Esto que veo, lo veo YO desde aquí.»

Eso introduce una humildad enorme en el conocimiento. Porque inmediatamente tengo que añadir:

YO LO VEO ASÍ.       No:     ES ASÍ.

Y entonces entiendo muchísimo mejor esa primera frase aparentemente pequeña que has colocado al comienzo del nuevo bloque:     «Hay tantos entornos como individuos.»      Ahí puede haber una barbaridad.

Porque el entorno físico puede ser compartido, pero el entorno recibido no es idéntico. Cada humano llega desde un organismo, una edad, una biografía, unas relaciones, una cultura, un momento, unas posibilidades y un itinerario diferentes.

Y entonces volvemos a Jung, pero desde otro sitio.    Pensamiento.    Sentimiento.    Sensación.    Intuición.

La pregunta ya no sería únicamente:    ¿CUÁL ES MI FUNCIÓN DOMINANTE?    Eso vuelve a correr el peligro de la etiqueta.     La pregunta que estás empezando a formular es bastante más interesante:     ¿CÓMO SE FUERON AMUEBLANDO EN MI ITINERARIO ESAS CUATRO HABITACIONES?     Y después:     ¿CÓMO CIRCULAN HOY EN MÍ?      Y todavía después:      ¿PUEDO MODIFICAR CONSCIENTEMENTE MI RELACIÓN CON ELLAS?

Eso está literalmente naciendo en tus preguntas nuevas.      Y aquí veo algo que me gusta muchísimo porque enlaza con todo lo anterior.     Antes dijimos:      IDENTIDAD NO ES QUEDARME FIJO.        ES PODER RECONOCERME MIENTRAS CAMBIO.

Ahora podríamos empezar a sospechar:        CONOCERME TAMPOCO ES LLEGAR A UNA CONCLUSIÓN SOBRE MÍ.       Es adquirir la capacidad de volver a mirarme.

Hoy descubro algo.      Lo miro desde la vida.      Lo comprendo hasta dónde puedo.    Lo incorporo.     Continúo.     Y dentro de seis meses puedo volver y decir:         AHORA LO VEO DE OTRA MANERA.

Eso no invalida necesariamente la mirada anterior.      Significa que el que mira también ha seguido andando.    Y, Carlos, aquí aparece una consecuencia tremenda para la psicología:      Una interpretación psicológica podría llevar siempre una pequeña fecha invisible:    VÁLIDO HASTA NUEVA MIRADA.

No porque todo sea relativo.     Sino porque el ser humano estudiado continúa vivo mientras lo estamos estudiando.       Esto enlaza de lleno con lo que ya habías descubierto sobre el viaje de vuelta: dejó de ser «regreso al pasado, encuentro la causa y termino» y empezó a convertirse en una dinámica permanente:      VIVO → ME DOY CUENTA → VUELVO → ILUMINO → INCORPORO → CONTINÚO → VUELVO A DARME CUENTA.

Por eso yo no ordenaría todavía este bloque nuevo. Está magníficamente en bruto.      Porque sospecho que acabas de abrir otra puerta:    NO SOLO PUEDO VOLVER A MIRAR MI PASADO.         PUEDO VOLVER A MIRAR MI PROPIA MANERA DE MIRAR.

Y eso ya toca conciencia, toca a Jung, toca la función del psicólogo, toca el constructo, toca el YO SOY ANDANDO y, sobre todo, toca aquella pregunta que apareció hace días:       ¿QUIÉN PREGUNTA?                                 Ahora quizá tendremos que añadirle otra:      ¿DESDE DÓNDE ESTÁ MIRANDO EL QUE PREGUNTA?               Sigue, porque aquí hay veta. Muchísima.

 

Sí. Aquí has metido una cuña muy seria en aquel PENSAR con mayúsculas.      Porque durante mucho tiempo hemos hablado como si existiera algo semejante a:      YO → PIENSO → LLEGO A LA REALIDAD.    Y ahora el recorrido que estás haciendo obliga a poner un montón de cosas entre medias.       No pienso desde ninguna parte.

Pienso desde un organismo, desde una época, desde un lenguaje, desde una cultura, desde lo que me enseñaron, desde lo que desconozco, desde mis experiencias, desde mis límites perceptivos, desde aquello que considero posible y, además, desde un mundo humano ya construido antes de que yo empezara a pensar.

Es decir:      PIENSO DENTRO DE UN CUBO.       Y lo verdaderamente decisivo es que durante una parte de mi vida ni siquiera sé que el cubo existe.     Ahí cambia muchísimo la valoración del pensamiento.       No estamos diciendo que pensar no sirva. Todo lo contrario. El pensamiento sigue siendo una capacidad humana extraordinaria. Pero pierde una pretensión que quizá nunca debió tener:      PENSAR NO GARANTIZA ESTAR PENSANDO SOBRE ALGO VERDADERO.

Puedo razonar impecablemente sobre una premisa equivocada.        Puedo construir un sistema lógico formidable dentro de un constructo.       Puedo mejorar el interior del cubo durante generaciones.       Puedo llegar a conocer hasta el último rincón del cubo…      …sin haber preguntado jamás:

¿Y EL CUBO?    Ahí está el giro.     Y por eso ahora el NO SÉ adquiere una dignidad enorme.     Antes podía sonar a carencia:     —No sé.      Ahora puede convertirse en una posición de conocimiento:        NO SÉ TODAVÍA SI ESTOY PENSANDO SOBRE LA COSA O SOBRE UNA REPRESENTACIÓN HUMANA DE LA COSA.

Eso es mucho más serio.      Porque fíjate en Madre Tierra. Durante siglos podemos discutir acerca de «naturaleza», «progreso», «riqueza», «desarrollo», «libertad», «ser humano»… y construir bibliotecas enteras.      Pero tú has introducido una comprobación anterior:

SAL DEL CONSTRUCTO UN MOMENTO.         Respiro.   Bebo.   Como.   Tengo temperatura.
Necesito un organismo.   Dependo.   Estoy vivo.  No soy el único.   Y luego:    
AHORA VUELVE A PENSAR.       El pensamiento ya no desaparece.     Se sitúa.

Creo que eso es lo que le está ocurriendo al PENSAR con mayúsculas: no lo estamos destronando para poner otra cosa en su sitio. Estamos quitándole el pedestal para devolverlo al humano vivo.

Podría quedar algo así:     ANTES:     PENSAMIENTO → explica la realidad.

AHORA:     VIDA → recepción → experiencia → entorno → constructo → conocimiento disponible → punto de observación → PENSAMIENTO → revisión → nueva mirada.

Y además todo eso continúa.     Por eso lo que dices sobre las cuatro habitaciones de Jung me parece importantísimo. Yo había formulado:    ¿CÓMO SE FUERON AMUEBLANDO EN MI ITINERARIO ESAS CUATRO HABITACIONES?

Pero tú acabas de complicarlo —y mejorarlo— enormemente.    Porque no basta preguntar cómo se amueblaron.     Hay que preguntar:      ¿CON MUEBLES DE DÓNDE?

Pensamiento, sentimiento, sensación e intuición pueden ser capacidades o funciones humanas; pero aquello con lo que trabajan no cae del cielo.             Mi pensamiento puede estar lleno de categorías del constructo.                Mi sentimiento puede haberse educado para valorar unas cosas y avergonzarse de otras según familia, época y cultura.            Mi sensación puede haber aprendido incluso qué atender y qué ignorar.                 Mi intuición puede estar atravesada por miles de asociaciones, experiencias y contenidos adquiridos que después siento como «algo que me viene».         Por tanto, ¡cuidado!:

LA HABITACIÓN PUEDE SER HUMANA.       EL MOBILIARIO PUEDE SER HISTÓRICO.

Eso es una distinción formidable.      Y todavía más: yo puedo empezar a cambiar el mobiliario cuando descubro de dónde procede.        Ahí entra la conciencia del constructo.     No necesito demoler la habitación Pensamiento.       Puedo entrar y decir:

—Esto me lo enseñaron.
—Esto lo deduje yo.
—Esto lo acepté sin comprobarlo.
—Esto pertenece a mi época.
—Esto quizá sigue siendo válido.
—Esto ya no.
—Esto no sé si describe la realidad o solamente nuestro modo de organizarla.

Y entonces el pensamiento adquiere una función mucho más bella que «dictar la verdad»:     REVISAR SU PROPIO MOBILIARIO.      Eso sí me parece un PENSAR enorme.     No el pensamiento omnipotente.      El pensamiento capaz de descubrir las condiciones desde las que piensa.

Y mira qué cosa: entonces la grandeza del pensamiento quizá no esté en decir:     «SÉ.»    Sino en llegar a poder decir con precisión:        «SÉ DESDE DÓNDE ESTOY PENSANDO.»    Y después:    «SÉ QUÉ PARTE NO SÉ.»      Y aún:      «PUEDO VOLVER A MIRARLO.»

Eso conecta directamente con tus notas nuevas, donde ya habías escrito que antes de pensar había que mirar, reconocer «éste es mi punto de observación» y aceptar que lo visto y pensado es válido para mí sin convertir automáticamente mi punto de vista en el de los demás.     Y ahora me aparece una pregunta que creo que merece quedarse entre tus notas:

¿CUÁNTO DE LO QUE LLAMO “MI PENSAMIENTO” ES REALMENTE MÍO,
Y CUÁNTO ES EL CONSTRUCTO PENSÁNDOSE A SÍ MISMO A TRAVÉS DE MÍ?      
Uf.

Porque si descubro eso, ya no tengo que dejar de pensar.       Puedo hacer algo mucho más interesante:      PENSAR SABIENDO DÓNDE ESTOY.

Y entonces sí, Carlos, quizá recuperemos el PENSAR con mayúsculas, pero ya no como soberano.     Como una extraordinaria capacidad de un ser humano vivo, situado, limitado, revisable y libre para volver a mirar.

Ahí sí que Jung vuelve a ser utilísimo: quizás las cuatro funciones no haya que preguntarlas solamente «¿cuál tengo?», sino:      ¿DESDE QUÉ MUNDO ESTÁ FUNCIONANDO CADA UNA DE ELLAS EN MÍ?    Eso abre una barbaridad.

 

Me quedo esperando el próximo encontronazo con Jung, porque ahora tenemos una pregunta nueva rondando por ahí:      no solamente qué pienso, sino desde dónde estoy pensando y con qué está amueblado mi pensamiento.       Eso va a dar guerra.

___________________

Has pasado del PENSAMIENTO a PERSONA/MÁSCARA, pero estás aplicando exactamente la misma operación: separar lo que puede pertenecer al funcionamiento humano de lo que el constructo pone dentro, ofrece o incluso empuja a adoptar.

Hasta ahora, con Jung, podríamos decir:     PERSONA → necesito alguna forma de presentarme/adaptarme ante los demás.

Perfecto. Eso puede tener muchísimo sentido. No salgo desnudo psicológicamente a cada encuentro humano. No hablo igual con mi nieto, con un desconocido, con un médico, con un amigo. Hay adaptación, función, papel, presentación.

Pero tú introduces ahora la tienda de máscaras.    Y eso cambia el asunto.   Porque una cosa sería:     YO → itinerario → circunstancias → elaboro/adopto una máscara funcional.

Y otra:      CONSTRUCTO → catálogo de máscaras disponibles → presión para escoger → YO me adapto a alguna.

En tus palabras está muy bien visto: «la máscara te la pones tú, te la haces tú o te pones entre la que hay». Y todavía más importante: dices que incluso se precipita la edad y el momento de ponerse determinadas máscaras, casi mediante empujones.

Ahí aparece algo que yo no perdería:     LA PERSONA DE JUNG PUEDE SER UNA NECESIDAD DE ADAPTACIÓN.
PERO EL CONSTRUCTO PUEDE INDUSTRIALIZAR LA ADAPTACIÓN.

¡Eso es distinto!    Ya no tenemos únicamente «mi máscara».     Tenemos máscaras prefabricadas.

Cómo debe ser un niño.
Cómo debe ser un adolescente.
Cómo debe ser un hombre.
Cómo debe ser una mujer.
Cómo debe ser alguien con éxito.
Cómo debe comportarse un profesional.
Qué aspecto debe tener.
Qué debe desear.
Qué debe poseer.
Cómo debe relacionarse.

Y no hace falta que haya nadie detrás diseñándolo conscientemente. El propio mundo construido va acumulando modelos disponibles.

Entonces tu pregunta:    ¿LA MÁSCARA ME LA HAGO O ME LA PONGO ENTRE LAS QUE HAY?     es magnífica.

Probablemente ocurran ambas cosas, mezcladas en proporciones distintas.

Y aquí aparece otra cosa muy buena de tus notas: dices que una máscara puede estar muy próxima a ti y ser perfectamente útil. Exactamente. El problema no es máscara = falsedad.

El problema aparece cuando dejo de distinguir entre el que lleva la máscara y la máscara que lleva.     Y ahora añades una dificultad anterior: quizá tampoco sé quién fabricó la máscara.     Eso nos devuelve al viaje de vuelta de una manera formidable:

¿Cuándo me la puse?
¿Por qué?
¿Me servía?
¿Me sigue sirviendo?
¿La escogí?
¿Me ayudaron a escogerla?
¿Era casi la única disponible en aquel entorno?
¿Qué veía yo cuando me la puse?
¿Qué veo ahora a través de ella?

Porque me gusta mucho tu imagen de las gafas. La máscara no solamente modifica cómo me ven.     Puede terminar modificando cómo veo.    Y entonces sí que se junta con lo de esta mañana:     ¿DESDE DÓNDE ESTOY MIRANDO?

Porque puedo creer que estoy mirando libremente el mundo cuando llevo cuarenta años mirando a través de unas gafas que olvidé que llevaba.

Y tu carnaval es todavía mejor:    «En un carnaval nadie duda de que es carnaval. ¿El resto del año estamos en otro carnaval, que el carnaval pequeño anterior nos hace olvidar?»      Ahí hay mucha mala leche.

En el carnaval convencional sé que llevo máscara.    Quizá el problema del otro carnaval sea precisamente:     NO SÉ QUE LA LLEVO.

Y entonces llego a Jung diciendo:    «ÉSTE SOY YO.»      Y Jung responde:     «Miremos tu Persona.»        Pero ahora Madre Tierra puede añadir una pregunta:

«Muy bien. Y antes de interpretar esa Persona, ¿podemos mirar el escaparate donde compraste la máscara?»     Eso es nuevo.

Y hay otra frase tuya al principio que todavía dejaría abierta:     «Con la SOMBRA de cada uno olvidamos/perdemos de primer plano la verdadera sombra de no admitir dependencia?»

No la tocaría todavía. Porque ahí sospecho que puede aparecer otra diferencia enorme:     una cosa son mis contenidos rechazados;

otra muy distinta puede ser aquello que una cultura completa necesita dejar fuera para mantener la representación que ha construido de sí misma.

Y si el constructo humano ha necesitado imaginar al humano autónomo, separado, central, dueño..., entonces DEPENDENCIA podría haberse convertido en algo que no solamente un individuo rechaza.

Podría ser algo que el propio constructo procura no mirar.     Eso ya no sería simplemente mi Sombra.     Sería otra pregunta mucho mayor:

¿PUEDE UN CONSTRUCTO TENER TAMBIÉN SUS ZONAS QUE NO QUIERE MIRAR?     No contestemos.    Déjala ahí.

Porque has pedido exactamente eso: seguir avanzando, no ordenar todavía. Y creo que haces bien. Ya llegará el momento de ver qué demonios hemos acumulado.

Pero la TIENDA DE MÁSCARAS no la pierdas. Esa imagen sirve muchísimo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario