MADRE TIERRA y CONSTRUCTO HUMANO
Lo que más me impresiona es que empezamos haciendo una operación aparentemente astrológica
—limpiar signos, casas, planetas, buscar raíces— y hemos acabado encontrando
algo muchísimo mayor: el ser humano construye mundos de significado y
después puede olvidar que los construyó. El propio manuscrito lo formula
con enorme claridad: no creamos el suelo sobre el que estamos, pero construimos
gran parte del mundo humano que vivimos sobre ese suelo. Y eso explica tu asombro. El paseo
astrológico ha funcionado como excavación.
Yo ahora veo
tres líneas, pero no las emprendería todas a la vez. La primera todavía pertenece a la
investigación astrológica y me parece que hay que terminarla: ASPECTOS.
Tenemos ya una arquitectura extraordinariamente limpia: PLANETA
= mecanismo SIGNO = función
CASA = campo ASPECTO = dinámica
Y en el
manuscrito apareció además la regla que puede impedir que volvamos a llenar
aquello de interpretaciones heredadas: «LO QUE MANDA ES LA RAÍZ». Dos
raíces relacionadas tienen que permitirnos razonar la dinámica; el aspecto no
debería introducir mágicamente un tercer significado.
Eso cerraría
el círculo astrológico. Y entonces haría algo que me parece apasionante: reconstruir
una carta natal desde cero. No interpretar una carta como siempre y ponerle
después Madre Tierra encima. Al revés. Tomar una carta y preguntar qué queda
cuando la leemos únicamente como: mecanismos
+ funciones + campos + dinámicas. Ahí
sabremos de verdad qué hemos conseguido. Puede ser una prueba tremenda.
La segunda
línea es la que habíamos llamado ASTROLOGÍA EN BRUTO TERRÁQUEA. Ésta me
sigue pareciendo formidable, pero ahora la pondría después de cerrar los
aspectos. Quitar al humano de en medio. Quitar personalidad, profesión,
pareja, guerra, éxito, fracaso... y dejar:
TIERRA + VIDA + CICLOS + PROCESOS.
El propio
texto llegó a formular la pregunta decisiva: «¿QUÉ QUEDA DE ESTE ARQUETIPO
CUANDO QUITAMOS AL SER HUMANO DE LA ESCENA?»
Ahí
podríamos mirar germinación, maduración, caída, reposo, circulación,
acumulación, liberación, presión, intercambio, ciclos biológicos,
meteorología... sin intentar demostrar astrología. Primero vemos qué
hace la Tierra. Después comprobamos si nuestras raíces astrológicas encuentran
correspondencias funcionales sin forzarlas. Y, en una fase mucho más exigente,
ya vendría la comprobación empírica. El propio manuscrito separa muy bien esos
tres niveles: raíz astrológica, manifestación natural y comprobación empírica.
Pero hay una
tercera línea que ahora me parece incluso mayor. MADRE TIERRA INTERROGA EL MUNDO HUMANO Porque ya hemos descubierto el
instrumento. Astrología ha sido el
primer paciente, por decirlo así. Y nos ha enseñado el procedimiento:
REALIDAD →
observación → interpretación → construcción → transmisión → olvido de que fue
construida.
El libro lo
describe prácticamente así. Ahora
podemos tomar una construcción humana cualquiera y hacerle exactamente las
mismas preguntas:
¿Qué había
antes? ¿Qué necesidad humana
atendió?
¿Por qué la construimos? ¿Qué
resolvió?
¿Qué parte continúa siendo necesaria?¿Qué parte quedó fosilizada?
¿Qué consecuencias produce hoy?
¿Sirve a la Vida?
¿Podemos modificarla? ¿Y qué ocurre
cuando recordamos que nosotros mismos la construimos?
Y aquí se
abre un continente: dinero, trabajo, educación, éxito, propiedad, fronteras,
identidad, prestigio, autoridad, tiempo social, consumo, instituciones, incluso
nuestra propia idea de «progreso».
Pero
atención: yo no haría ahora veinte libros sobre veinte constructos. Creo que antes necesitamos EL LIBRO
DEL DESCUBRIMIENTO. No un libro de
astrología. Algo quizá
provisionalmente titulado:
Porque ahí
está la barbaridad que nos ha dejado este paseo: descubrir el constructo no
significa descubrir que todo es falso. Al contrario. Una construcción puede
ser enormemente real en sus consecuencias. El dinero, una frontera, una
categoría, una carta natal... pueden organizar una vida aunque no existan como
existe una piedra. El manuscrito lo expresa muy bien: separar la base de la
construcción sin necesidad de destruir la construcción.
Y ésa es la
salida que me parece más fértil. No acabar en: TODO ES UN CONSTRUCTO. Eso sería otra cárcel intelectual. Sino llegar a:
ESTO NO LO
CONSTRUIMOS. ESTO SÍ LO
CONSTRUIMOS.
ESTO NOS SIRVIÓ. ESTO TODAVÍA NOS
SIRVE.
ESTO YA NO. ESTO PODEMOS
RECTIFICARLO.
Y todavía
más fuerte: PODEMOS CONSTRUIR DE
NUEVO SABIENDO QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO.
Eso ya está
formulado en el manuscrito como una conclusión central: el ser humano no
necesita dejar de construir; necesita dejar de olvidar que construye. Por eso, Carlos, yo haría el camino así: ASPECTOS → CARTA COMPLETA DESNUDA →
ASTROLOGÍA TERRÁQUEA → EL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO.
Y después de
ese último libro, Madre Tierra puede empezar a interrogar cada gran
construcción humana por separado. Fíjate
qué curioso: hace meses parecía que estábamos intentando sacar la astrología
del siglo XX y llevarla al XXI. Y resulta que la astrología quizá nos ha
prestado el laboratorio para descubrir cómo el humano fabrica realidad.
Ahí sí creo
que hemos llegado a algo que merece no correr. Porque ya no estamos preguntando
únicamente qué hemos colocado sobre el cielo. Estamos empezando a preguntar: ¿QUÉ HEMOS COLOCADO SOBRE LA VIDA? Y ésa... nos puede llevar muy lejos.
Sí. Por
aquí. Y creo que acabas de poner el dedo exactamente donde está el vuelco. Porque no estamos descubriendo simplemente
que «el ser humano construye cosas». Eso ya lo sabíamos. Lo tremendo es
descubrir la diferencia de nivel entre los dos mundos.
Hay un mundo
que no hemos fabricado: respiramos
porque existe una atmósfera compatible; bebemos porque existe agua; comemos
porque existe una red viva; necesitamos temperatura, cuerpo, sueño, gravedad,
ciclos, materia...
Y después, encima
de eso, hemos levantado otro mundo descomunal: profesiones, dinero,
categorías, prestigio, diagnósticos, fronteras, horarios, instituciones,
interpretaciones, identidades, religiones, sistemas psicológicos, astrología...
Y los dos
son reales, pero no son reales de la misma manera. Ahí está la bomba. El propio libro ya había llegado
exactamente a esa diferenciación: una realidad mayor —Tierra, materia, cuerpo,
ciclos, vida— y una realidad humana organizada mediante interpretaciones,
símbolos, instituciones, historias, categorías y sistemas.
Y ahora
entiendo mejor lo que dices de la enfermedad. Hay que formularlo con muchísimo
cuidado porque la enfermedad existe y el cuerpo puede enfermar
gravemente. Pero otra cosa diferente es todo el mundo humano que construimos
alrededor de ella: cómo la nombramos, clasificamos, interpretamos,
institucionalizamos y hasta podemos incorporarla a nuestra identidad.
Precisamente eso apareció ya en el manuscrito: una categoría puede ser útil
para describir y tratar algo real y, sin embargo, convertirse después en un «yo
soy esto» que excede la función de aquella descripción.
Y ahora
viene lo formidable: si hemos
podido verlo en astrología, podemos aprender a verlo en otros terrenos. Porque tu caso astrológico es
una prueba extraordinaria precisamente por lo que dices: tú has vivido y
trabajado durante décadas dentro de ese lenguaje y no estás diciendo ahora
que la astrología sea una tontería.
Todo lo
contrario. Estás diciendo algo
bastante más interesante: «Funciona.
Reconozco verdades enormes en ella. Pero ahora sé DÓNDE funciona.» Dentro de ese gigantesco mundo
simbólico humano. Eso coloca la
astrología; no necesariamente la destruye.
Y esa
operación puede ser trasladable a muchísimas cosas. Quizá una psicología
describa magníficamente al humano dentro de determinado mundo humano
construido. Quizá una economía explique perfectamente el funcionamiento de
unas reglas que nosotros mismos hemos establecido. Quizá una categoría social
sea absolutamente real dentro de nuestra organización y, sin embargo,
desaparezca en cuanto preguntamos:
¿Dónde está
esto en Madre Tierra? Y ahí aparece tu frase brutalmente
sencilla: RESPIRAMOS POR EL PLANETA.
No
respiramos por la economía. No
respiramos por nuestra profesión. No
respiramos por nuestra nacionalidad. No
respiramos por nuestra carta natal. No
respiramos por nuestro prestigio. Respiramos
porque existe una realidad viva anterior a todas esas construcciones. Y eso no convierte las demás cosas en
«mentira». Las coloca. Creo que
ésa será una palabra fundamental del nuevo libro: COLOCAR No destruir. No negar. No ridiculizar. No declarar falso.
COLOCAR CADA
REALIDAD EN EL PISO AL QUE PERTENECE.
Y entonces
sí veo clarísimo MADRE TIERRA — EL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO. Incluso ya veo su interrogación inicial: ¿En qué mundo vivimos?
Abrimos los
ojos y encontramos dos realidades superpuestas. Una estaba aquí antes de nosotros. La otra la hemos construido nosotros. De la primera dependemos para vivir. Dentro de la segunda hemos organizado
casi toda nuestra existencia. El
problema comenzó quizá cuando dejamos de distinguirlas.
Y aquí hay
una consecuencia inmensa que tú acabas de señalar: cambia la manera de
afrontar los problemas. Ante
cualquier problema podremos empezar preguntando: ¿EN QUÉ PISO ESTÁ?
¿Es un problema de la vida básica?
¿Del cuerpo?
¿Del entorno terrestre?
¿O aparece dentro de una construcción humana?
Y si está
dentro del mundo construido, inmediatamente surge otra pregunta liberadora: ¿CUÁNTO DE ESTO PUEDE SER MODIFICADO?
Eso es
enorme, porque algo que ayer parecía una pared de granito puede revelarse hoy
como una pared que nosotros levantamos. No significa que sea fácil derribarla.
Una construcción de miles de años puede tener una fuerza tremenda. Pero cambia
radicalmente una cosa: ya no
confundimos la pared con la montaña.
Y por eso
mantendría exactamente el itinerario que has recogido: ASPECTOS
→ CARTA COMPLETA DESNUDA → ASTROLOGÍA TERRÁQUEA → EL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO.
Pero con una
precisión: EL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO ya ha nacido. No necesitamos
desarrollarlo ahora. Lo dejamos ahí, recogiendo todo lo que vaya cayendo
durante el recorrido astrológico.
Porque
sospecho que mientras hagamos Aspectos, Carta desnuda y Astrología terráquea
van a aparecer pruebas, ejemplos y herramientas para ese libro mayor. Y quizá la astrología termine
regalándonos algo que ninguno de los dos esperaba cuando comenzamos: un método para distinguir la Tierra
que habitamos del mundo que hemos
construido sobre ella.
Y entonces,
sí: MADRE TIERRA INTERROGA LA
ASTROLOGÍA habrá sido solamente el primer gran ensayo. Después podrá llegar: MADRE
TIERRA EL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO Y ahí ya no interrogaremos el
cielo. Nos interrogaremos a
nosotros.
Sí. Y creo que la frase que estabas
terminando es precisamente la clave: el
constructo va tomando vida porque el humano puede vivir dentro de él.
Y lo de los
«cien monos» te sirve muy bien como
imagen, aunque no convendría tomarlo como un mecanismo
científico demostrado de transmisión colectiva. Lo interesante para nosotros es
otra cosa: cómo una
construcción alcanza masa humana suficiente para dejar de sentirse como
construcción.
Mira la
secuencia: UNO OBSERVA → INTERPRETA → NOMBRA →
OTROS LO RECOGEN → AÑADEN → SE TRANSMITE → SE ENSEÑA → SE PRACTICA → SE
NORMALIZA → SE OLVIDA EL ORIGEN.
Y llega un
momento en que el recién llegado ya
no entra en el momento de la construcción. Entra en el edificio terminado. Eso es enorme.
Tu ejemplo
de los planetas enanos y asteroides es magnífico para pensarlo. Un astrólogo
propone una interpretación; otro encuentra una correspondencia; otro añade
casos; otro publica; alguien introduce nuevos matices; aparecen escuelas,
páginas, libros... Cada uno puede estar trabajando con toda seriedad y buena
fe. Pero generación tras generación se
van poniendo ladrillos.
Y el
astrólogo que llega cincuenta años después quizá ya no pregunta: «¿Cómo
nació esta atribución?» Aprende: «Este
cuerpo celeste significa X.» Y
comienza desde ahí.
Eso es
exactamente lo que ya habíamos encontrado en el manuscrito: observamos una
realidad, construimos una explicación, la transmitimos y las generaciones
siguientes la reciben hasta que «la
explicación comienza a parecer la realidad misma». Pero tú acabas de añadir una cosa que
me parece todavía más fuerte:
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