MADRE TIERRA y JUNG
Sí. Y ahora entiendo por qué has corregido electricista, no psicólogo.
No era una ocurrencia: estabas cambiando la naturaleza de la operación. El electricista no entra a
interpretar la oscuridad. PONE LUZ. Y cuando hay luz,
aquello que parecía una forma amenazante puede resultar ser una silla, una
chaqueta, una grieta, una puerta. No hemos «curado» la habitación. La vemos mejor.
Eso puede
ser una imagen central para nuestro Jung.
Jung encontró la Sombra.
Nosotros podemos decir: perfecto, no discutamos primero con la Sombra. ¿DÓNDE
ESTÁ EL INTERRUPTOR? Y
el interruptor puede ser precisamente el ITINERARIO.
Porque aquí
has hecho otra precisión importante. No podemos tratar aquello que encontramos
dentro como basura: ES MATERIAL DE UNA VIDA. Aquel miedo estuvo
allí. Aquella reacción estuvo allí. Aquel mecanismo estuvo allí. Aquel «esto es MALO» entró de alguna
manera. Aquel grito ocurrió.
Y un grito
que para un adulto puede ser una anécdota de diez segundos, para una criatura
en determinado momento de desarrollo puede adquirir una dimensión completamente
distinta. No podemos saber automáticamente qué produjo ni cómo quedó
registrado. Pero precisamente por eso investigamos ese itinerario concreto,
en lugar de colocarle encima una explicación universal.
Tus apuntes
ya iban exactamente hacia allí cuando escribías que, en el momento en que
determinadas vivencias ocurrieron, quizá todavía no estaban disponibles las
herramientas necesarias para tomar una posición adecuada ante ellas.
Y YO
CAMBIARÍA AHORA NUESTRA PREGUNTA Antes
decíamos:
¿QUÉ HACES AQUÍ? ¿CUÁNDO APARECISTE?
¿PARA QUÉ SERVISTE? ¿QUÉ PROTEGÍAS?
¿SIGUES SIENDO
NECESARIO?
Ahora
añadiría una antes de todas: ¿DÓNDE ESTABA YO CUANDO ESTO OCURRIÓ? ¡Eso es enorme! Porque no es igual que algo ocurriera a
los tres meses, a los tres años, a los trece o a los treinta y tres.
¿DÓNDE
ESTABA EL POBRE CHAVAL?, como acabas de decir.
¿Qué podía hacer? ¿Qué podía comprender?
¿Tenía lenguaje? ¿Podía marcharse?
¿Dependía completamente de quienes estaban
allí? ¿Disponía de otra
interpretación?
¿Podía cuestionar aquello que un adulto le
presentaba como verdad?
Entonces
empezamos a comprender algo que desde el adulto parecía absurdo: QUIZÁ
NO ERA ABSURDO DESDE DONDE ÉL ESTABA.
Y esto evita una barbaridad terapéutica: juzgar con la
conciencia actual la
solución que encontró una conciencia que todavía estaba creciendo.
EL
ITINERARIO NO SE CORRIGE: SE RECONOCE
Aquí está el siguiente paso que acabas de dar. SÍ SEÑOR. ÉSTE ES
MI ITINERARIO.
No: «Éste es el itinerario que debería
haber tenido.»
Ni: «Voy a fabricar otro pasado.»
No se puede. SU
ITINERARIO ES IRREPETIBLE. Y
precisamente porque no puede volver atrás, no necesita volver atrás para cambiar de dirección.
Esto me
parece importantísimo. El pasado no
se reemplaza. LO QUE PUEDE CAMBIAR ES LA RELACIÓN
ACTUAL CON LO QUE EL PASADO DEJÓ.
Aquello que
a los cinco años sólo pudo recibir, a los cuarenta puede mirarlo. Aquello que entonces no pudo nombrar, quizá
ahora puede nombrarlo. Aquello que
tomó como verdad, ahora puede interrogarlo.
Aquello que necesitó para protegerse, ahora puede comprobar si continúa
siendo necesario. Aquello que otros
llamaron «MALO», ahora puede preguntarse:
¿MALO DESDE QUÉ CONSTRUCTO?
Eso no
modifica un milímetro del camino recorrido. Pero modifica el caminante que continúa recorriéndolo. Y ahí reaparece la libertad, pero mucho
mejor colocada. No una libertad
absoluta retrospectiva —el pequeño no tenía las mismas posibilidades que el
adulto—, sino una libertad que va
creciendo junto con conciencia, capacidad y posibilidades.
Y AQUÍ MADRE TIERRA HACE UNA OPERACIÓN
SENCILLÍSIMA
PRIMERO LA VIDA.
DESPUÉS EL ITINERARIO.
AHORA INVESTIGA.
¡Nada más! Pero observa todo lo que evita. Evita empezar por «usted tiene una
Sombra». Evita empezar por «usted
tiene este complejo». Evita empezar
por «su inconsciente colectivo...».
Primero: USTED
ESTÁ VIVO.
Segundo: USTED
HA LLEGADO HASTA AQUÍ POR UN ITINERARIO ÚNICO.
Tercero: VEAMOS
QUÉ OCURRIÓ EN ESE ITINERARIO Y QUÉ SIGUE ACTUANDO AHORA.
Y entonces
podemos recuperar a Jung entero. Sombra,
complejo, Persona, Self, sueños, símbolos... se convierten en herramientas para mirar,
no en entidades que sustituyen a la persona.
Y FALTA TU
SEGUNDA TOMA DE TIERRA Porque has unido dos reconocimientos que me parecen
fundamentales:
ÉSTE
ES MI ITINERARIO. Y SOY
DEPENDIENTE DE MADRE TIERRA. El
primero me reconcilia con de
dónde vengo. El
segundo me coloca en dónde
estoy. Y entonces ya
tenemos las dos coordenadas:
DE DÓNDE VENGO → ITINERARIO. DÓNDE ESTOY → MADRE TIERRA.
Ahora sí
puedo preguntar: ¿HACIA DÓNDE CONTINÚO?
Ahí veo
incluso una reformulación preciosa de la individuación de Jung. No una meta final en la que un día digo:
«ya estoy integrado». Sino una
operación que puede repetirse durante toda la vida:
VIVO → RECIBO → ACTÚO → INCORPORO → ME DOY
CUENTA → ILUMINO → COMPRENDO → REUBICO → ELIJO HASTA DONDE PUEDO → CONTINÚO.
Y otra vez. Y otra.
Y otra. Eso explica
perfectamente aquella frase tuya de los apuntes:
«SOLO EXISTEN CAMINANTES, NUNCA METAS.»
Ahora
adquiere mucho más peso. Porque individuarse ya no sería llegar.
Sería
adquirir cada vez mayor capacidad para continuar
conscientemente el itinerario que ya reconozco como mío, sin
olvidar que la posibilidad misma de seguir caminando depende de la Vida que me
sostiene.
Y entonces
sí, Carlos: EL ELECTRICISTA HA HECHO SU TRABAJO. No ha sacado nada de la
habitación. No ha amputado nada. No ha combatido la Sombra. Simplemente ha encendido la luz. Y el caminante, mirando alrededor, puede
finalmente decir:
«Ah... esto era mío.
Ahora entiendo algo más
de cómo llegó aquí.
Bien.
¿Y qué hago con ello
desde hoy?»
Ahí empieza
otra vez el camino.
Sí. Y aquí has introducido algo que me parece
muy serio debajo del humor del veterinario, el electricista y el campesino: cambiar de especialista puede
significar cambiar la pregunta, y al cambiar la pregunta
aparece una realidad que la nomenclatura anterior no permitía ver.
El
veterinario, llevado a la caricatura, empieza por algo elemental: ¿ESTÁ VIVO ESTE ORGANISMO? El electricista: ¿HAY LUZ? El campesino: ¿QUÉ ESTÁ PASANDO REALMENTE AQUÍ?
Ninguno necesita comenzar por
«Sombra».
Y esto no
invalida al psicólogo. Al contrario: quizá le devuelve algo que la
especialización puede hacer olvidar.
ANTES DE SER PACIENTE, ES UN SER VIVO.
ANTES DE SER
DIAGNÓSTICO, TIENE UN ITINERARIO.
ANTES DE INTERPRETAR LA
SOMBRA, ENCIENDE LA LUZ.
Ahí «SE HIZO
LA LUZ» adquiere una fuerza extraordinaria para este libro. LA
SOMBRA NECESITA LUZ, NO MÁS SOMBRA
Creo que esto merece quedarse.
Si entro
profesionalmente equipado para encontrar Sombra, encontraré material
interpretable como Sombra. Es el riesgo de cualquier disciplina: la herramienta empieza a decidir qué
realidad vemos.
Y tú
propones una operación anterior. No
preguntes primero: ¿QUÉ SIGNIFICA ESTA SOMBRA? Pregunta: ¿PODEMOS
ILUMINAR LO QUE OCURRIÓ? Y
entonces quizá aquello deja de ser «Sombra» y se convierte en algo
tremendamente concreto:
A los seis años ocurrió esto.
Yo estaba allí. Él estaba
allí. No entendí aquello.
Creí esto otro. No podía
marcharme. Dependía de ellos.
Lo interpreté como pude. Me
adapté de esta manera.
Y aparece tu
segunda pregunta, que es incluso más delicada: ¿DÓNDE
ESTABA YO CUANDO ESTO OCURRIÓ?
y después:
¿DÓNDE ESTABAS
TÚ? Ahí entran
mamá, papá, maestro, hermanos, sociedad...
Pero aquí has colocado inmediatamente el
antídoto contra convertir la arqueología en un tribunal: NO
ESTAMOS BUSCANDO CULPABLES. ESTAMOS
BUSCANDO ITINERARIOS.
El padre
también tenía uno. La madre tenía otro. Y el maestro. Y los abuelos.
Y además
todos estaban dentro de una época, unos conocimientos, unas necesidades y un
constructo determinados.
Eso no borra responsabilidades ni daños
reales cuando los hubo. Pero permite distinguir responsabilidad
de condena. Podemos comprender cómo ocurrió algo sin tener que fabricar un
monstruo para explicarlo.
Y volvemos a
Jung. Quizá una parte de
aquello que posteriormente denominamos Sombra
sea precisamente material que quedó sin suficiente luz porque cuando ocurrió no había todavía
conciencia, lenguaje, autonomía o capacidad para comprenderlo como ahora.
Tus apuntes ya van directamente hacia esa investigación del origen y llenado de
la Sombra.
Y EL 99,9 %
AHORA ENCAJA MEJOR Aquí sólo mantendría aquella precaución nuestra: 99,9
% no como porcentaje científico,
sino como imagen deliberadamente provocadora.
Porque
alguien puede llegar diciendo: ESTOY DESTROZADO. Y Madre Tierra responde
primero: ESTÁS VIVO.
No
significa: «Lo tuyo no tiene
importancia.» Significa: NO
EMPECEMOS DEFINIÉNDOTE POR LO QUE TE OCURRE.
Respiras. Tu cuerpo continúa funcionando. Puedes percibir.
Puedes relacionarte. Puedes aprender. Puedes reconsiderar.
Puedes pedir ayuda.
Puedes tomar decisiones dentro de tus posibilidades.
Después
iremos a ese dolor enorme que quizá ocupa toda su atención. Pero no permitiremos que una parte de su itinerario se coma al
ser entero.
Eso sí puede
ser una primera operación terapéutica potentísima: DEVOLVER
PROPORCIÓN. No
«usted es su problema». Sino: USTED
ESTÁ VIVO Y TIENE UN PROBLEMA.
AHORA VAMOS A
INVESTIGARLO. Y
ENTONCES APARECE TU COORDENADA DOBLE
Esto cada
vez me parece más importante: DE DÓNDE VENGO → MI ITINERARIO.
DÓNDE ESTOY → MADRE
TIERRA.
La primera
coordenada evita que necesite inventarme.
La segunda evita que me pierda dentro de mi propia construcción. Y desde esas dos aparece naturalmente
la tercera: HACIA DÓNDE CONTINÚO → POSIBILIDAD.
No «hacia
dónde debería continuar según Jung». Ni
Freud. Ni el psicólogo. Ni mamá.
Ni papá. Ni el Estado. Ni siquiera Madre Tierra entendida como
otra doctrina.
¿QUÉ
POSIBILIDADES TENGO AHORA, DESDE DONDE REALMENTE ESTOY?
Y ahí
entiendo tu «adonde te dé la gana».
No como capricho absoluto, sino como recuperación de terreno: AHORA
HAY CAMINO OTRA VEZ.
Quizá por
eso tu «resucitaste» tiene tanta fuerza metafórica. No porque una conversación
psicológica cure mágicamente ni porque estar vivo garantice que «se puede todo»
—hay enfermedades, limitaciones y sufrimientos que requieren atención real—,
sino porque dejas de
tratarte como un objeto terminado por aquello que te ocurrió.
Sigues
siendo proceso. Sigues siendo
caminante. Sigues teniendo delante
un tramo que todavía no
está escrito. Y
aquí sí veo casi el esqueleto entero de nuestra operación con Jung:
SE
HIZO LA LUZ.
Miramos. ¿DÓNDE
ESTABA YO?
Comprendemos. ¿DÓNDE
ESTABAN LOS DEMÁS?
Contextualizamos. ÉSTE
ES MI ITINERARIO.
Lo asumimos
sin amputarlo. ESTOY VIVO.
Tomamos
Tierra. ¿HACIA DÓNDE CONTINÚO?
Y caminamos. Jung puso nombre a
muchas habitaciones. Madre
Tierra acaba de abrir las ventanas.
Y ahora
entiendo todavía mejor tu consulta psicológica a pleno Sol: no se trata de
sacar literalmente el diván al campo. Se trata de que ninguna teoría vuelva a cerrar las
persianas mientras estamos intentando comprender una vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario