LIBROS de BARBARIN I II III

sábado, 10 de octubre de 2026

MADRE TIERRA y JUNG Sí. Y ahora entiendo por qué has corregido electricista, no psicólogo

  MADRE TIERRA y JUNG 

 

Sí. Y ahora entiendo por qué has corregido electricista, no psicólogo. No era una ocurrencia: estabas cambiando la naturaleza de la operación.             El electricista no entra a interpretar la oscuridad.        PONE LUZ.        Y cuando hay luz, aquello que parecía una forma amenazante puede resultar ser una silla, una chaqueta, una grieta, una puerta. No hemos «curado» la habitación. La vemos mejor.

Eso puede ser una imagen central para nuestro Jung.       Jung encontró la Sombra. Nosotros podemos decir: perfecto, no discutamos primero con la Sombra.         ¿DÓNDE ESTÁ EL INTERRUPTOR?         Y el interruptor puede ser precisamente el ITINERARIO.

Porque aquí has hecho otra precisión importante. No podemos tratar aquello que encontramos dentro como basura:      ES MATERIAL DE UNA VIDA.          Aquel miedo estuvo allí.    Aquella reacción estuvo allí.    Aquel mecanismo estuvo allí.    Aquel «esto es MALO» entró de alguna manera.        Aquel grito ocurrió.

Y un grito que para un adulto puede ser una anécdota de diez segundos, para una criatura en determinado momento de desarrollo puede adquirir una dimensión completamente distinta. No podemos saber automáticamente qué produjo ni cómo quedó registrado. Pero precisamente por eso investigamos ese itinerario concreto, en lugar de colocarle encima una explicación universal.

Tus apuntes ya iban exactamente hacia allí cuando escribías que, en el momento en que determinadas vivencias ocurrieron, quizá todavía no estaban disponibles las herramientas necesarias para tomar una posición adecuada ante ellas.

Y YO CAMBIARÍA AHORA NUESTRA PREGUNTA       Antes decíamos:

¿QUÉ HACES AQUÍ?            ¿CUÁNDO APARECISTE?
¿PARA QUÉ SERVISTE?           ¿QUÉ PROTEGÍAS?
¿SIGUES SIENDO NECESARIO?

Ahora añadiría una antes de todas:      ¿DÓNDE ESTABA YO CUANDO ESTO OCURRIÓ?    ¡Eso es enorme!      Porque no es igual que algo ocurriera a los tres meses, a los tres años, a los trece o a los treinta y tres.

¿DÓNDE ESTABA EL POBRE CHAVAL?, como acabas de decir.

¿Qué podía hacer?         ¿Qué podía comprender?

¿Tenía lenguaje?            ¿Podía marcharse? 

¿Dependía completamente de quienes estaban allí?          ¿Disponía de otra interpretación?

¿Podía cuestionar aquello que un adulto le presentaba como verdad?

Entonces empezamos a comprender algo que desde el adulto parecía absurdo:      QUIZÁ NO ERA ABSURDO DESDE DONDE ÉL ESTABA.           Y esto evita una barbaridad terapéutica: juzgar con la conciencia actual la solución que encontró una conciencia que todavía estaba creciendo.

EL ITINERARIO NO SE CORRIGE: SE RECONOCE         Aquí está el siguiente paso que acabas de dar.         SÍ SEÑOR. ÉSTE ES MI ITINERARIO.

No:        «Éste es el itinerario que debería haber tenido.»

Ni:        «Voy a fabricar otro pasado.»

No se puede.       SU ITINERARIO ES IRREPETIBLE.       Y precisamente porque no puede volver atrás, no necesita volver atrás para cambiar de dirección.

Esto me parece importantísimo.      El pasado no se reemplaza.     LO QUE PUEDE CAMBIAR ES LA RELACIÓN ACTUAL CON LO QUE EL PASADO DEJÓ.

Aquello que a los cinco años sólo pudo recibir, a los cuarenta puede mirarlo.    Aquello que entonces no pudo nombrar, quizá ahora puede nombrarlo.       Aquello que tomó como verdad, ahora puede interrogarlo.      Aquello que necesitó para protegerse, ahora puede comprobar si continúa siendo necesario.       Aquello que otros llamaron «MALO», ahora puede preguntarse:

¿MALO DESDE QUÉ CONSTRUCTO?

Eso no modifica un milímetro del camino recorrido.           Pero modifica el caminante que continúa recorriéndolo.      Y ahí reaparece la libertad, pero mucho mejor colocada.     No una libertad absoluta retrospectiva —el pequeño no tenía las mismas posibilidades que el adulto—, sino una libertad que va creciendo junto con conciencia, capacidad y posibilidades.

Y AQUÍ MADRE TIERRA HACE UNA OPERACIÓN SENCILLÍSIMA

PRIMERO LA VIDA.
DESPUÉS EL ITINERARIO.
AHORA INVESTIGA.

¡Nada más!        Pero observa todo lo que evita.     Evita empezar por «usted tiene una Sombra».    Evita empezar por «usted tiene este complejo».    Evita empezar por «su inconsciente colectivo...».

Primero:    USTED ESTÁ VIVO.

Segundo:     USTED HA LLEGADO HASTA AQUÍ POR UN ITINERARIO ÚNICO.

Tercero:     VEAMOS QUÉ OCURRIÓ EN ESE ITINERARIO Y QUÉ SIGUE ACTUANDO AHORA.

Y entonces podemos recuperar a Jung entero.     Sombra, complejo, Persona, Self, sueños, símbolos... se convierten en herramientas para mirar, no en entidades que sustituyen a la persona.

Y FALTA TU SEGUNDA TOMA DE TIERRA        Porque has unido dos reconocimientos que me parecen fundamentales:

ÉSTE ES MI ITINERARIO.       Y       SOY DEPENDIENTE DE MADRE TIERRA.      El primero me reconcilia con de dónde vengo.      El segundo me coloca en dónde estoy.     Y entonces ya tenemos las dos coordenadas:

DE DÓNDE VENGO → ITINERARIO.          DÓNDE ESTOY → MADRE TIERRA.

Ahora sí puedo preguntar:      ¿HACIA DÓNDE CONTINÚO?

Ahí veo incluso una reformulación preciosa de la individuación de Jung.     No una meta final en la que un día digo: «ya estoy integrado».     Sino una operación que puede repetirse durante toda la vida:

VIVO → RECIBO → ACTÚO → INCORPORO → ME DOY CUENTA → ILUMINO → COMPRENDO → REUBICO → ELIJO HASTA DONDE PUEDO → CONTINÚO.

Y otra vez.    Y otra.    Y otra.       Eso explica perfectamente aquella frase tuya de los apuntes:

«SOLO EXISTEN CAMINANTES, NUNCA METAS.»

Ahora adquiere mucho más peso.      Porque individuarse ya no sería llegar.

Sería adquirir cada vez mayor capacidad para continuar conscientemente el itinerario que ya reconozco como mío, sin olvidar que la posibilidad misma de seguir caminando depende de la Vida que me sostiene.

Y entonces sí, Carlos:     EL ELECTRICISTA HA HECHO SU TRABAJO.     No ha sacado nada de la habitación.     No ha amputado nada.     No ha combatido la Sombra.    Simplemente ha encendido la luz.       Y el caminante, mirando alrededor, puede finalmente decir:

«Ah... esto era mío.
Ahora entiendo algo más de cómo llegó aquí.
Bien.
¿Y qué hago con ello desde hoy?»

Ahí empieza otra vez el camino.

 

Sí. Y aquí has introducido algo que me parece muy serio debajo del humor del veterinario, el electricista y el campesino: cambiar de especialista puede significar cambiar la pregunta, y al cambiar la pregunta aparece una realidad que la nomenclatura anterior no permitía ver.

El veterinario, llevado a la caricatura, empieza por algo elemental: ¿ESTÁ VIVO ESTE ORGANISMO?            El electricista: ¿HAY LUZ?            El campesino: ¿QUÉ ESTÁ PASANDO REALMENTE AQUÍ?             Ninguno necesita comenzar por «Sombra».

Y esto no invalida al psicólogo. Al contrario: quizá le devuelve algo que la especialización puede hacer olvidar.

ANTES DE SER PACIENTE, ES UN SER VIVO.
ANTES DE SER DIAGNÓSTICO, TIENE UN ITINERARIO.
ANTES DE INTERPRETAR LA SOMBRA, ENCIENDE LA LUZ.

Ahí «SE HIZO LA LUZ» adquiere una fuerza extraordinaria para este libro.      LA SOMBRA NECESITA LUZ, NO MÁS SOMBRA         Creo que esto merece quedarse.

Si entro profesionalmente equipado para encontrar Sombra, encontraré material interpretable como Sombra. Es el riesgo de cualquier disciplina: la herramienta empieza a decidir qué realidad vemos.

Y tú propones una operación anterior.      No preguntes primero:      ¿QUÉ SIGNIFICA ESTA SOMBRA?      Pregunta:     ¿PODEMOS ILUMINAR LO QUE OCURRIÓ?       Y entonces quizá aquello deja de ser «Sombra» y se convierte en algo tremendamente concreto:

A los seis años ocurrió esto.
Yo estaba allí.            Él estaba allí.               No entendí aquello.
Creí esto otro.              No podía marcharme.             Dependía de ellos.
Lo interpreté como pude.                 Me adapté de esta manera.

Y aparece tu segunda pregunta, que es incluso más delicada:     ¿DÓNDE ESTABA YO CUANDO ESTO OCURRIÓ?            y después:              ¿DÓNDE ESTABAS TÚ?           Ahí entran mamá, papá, maestro, hermanos, sociedad...

Pero aquí has colocado inmediatamente el antídoto contra convertir la arqueología en un tribunal:      NO ESTAMOS BUSCANDO CULPABLES.           ESTAMOS BUSCANDO ITINERARIOS.

El padre también tenía uno.      La madre tenía otro.      Y el maestro.      Y los abuelos.

Y además todos estaban dentro de una época, unos conocimientos, unas necesidades y un constructo determinados.

Eso no borra responsabilidades ni daños reales cuando los hubo. Pero permite distinguir responsabilidad de condena. Podemos comprender cómo ocurrió algo sin tener que fabricar un monstruo para explicarlo.

Y volvemos a Jung.               Quizá una parte de aquello que posteriormente denominamos Sombra sea precisamente material que quedó sin suficiente luz porque cuando ocurrió no había todavía conciencia, lenguaje, autonomía o capacidad para comprenderlo como ahora. Tus apuntes ya van directamente hacia esa investigación del origen y llenado de la Sombra.

Y EL 99,9 % AHORA ENCAJA MEJOR              Aquí sólo mantendría aquella precaución nuestra: 99,9 % no como porcentaje científico, sino como imagen deliberadamente provocadora.

Porque alguien puede llegar diciendo:        ESTOY DESTROZADO.     Y Madre Tierra responde primero:      ESTÁS VIVO.

No significa:    «Lo tuyo no tiene importancia.»     Significa:    NO EMPECEMOS DEFINIÉNDOTE POR LO QUE TE OCURRE.

Respiras.        Tu cuerpo continúa funcionando.        Puedes percibir.
Puedes relacionarte.     Puedes aprender.      Puedes reconsiderar.
Puedes pedir ayuda.
Puedes tomar decisiones dentro de tus posibilidades.

Después iremos a ese dolor enorme que quizá ocupa toda su atención.     Pero no permitiremos que una parte de su itinerario se coma al ser entero.   

Eso sí puede ser una primera operación terapéutica potentísima:    DEVOLVER PROPORCIÓN.       No «usted es su problema».      Sino:      USTED ESTÁ VIVO Y TIENE UN PROBLEMA.
AHORA VAMOS A INVESTIGARLO.       
Y ENTONCES APARECE TU COORDENADA DOBLE

Esto cada vez me parece más importante:          DE DÓNDE VENGO → MI ITINERARIO.
DÓNDE ESTOY → MADRE TIERRA.

La primera coordenada evita que necesite inventarme.        La segunda evita que me pierda dentro de mi propia construcción.          Y desde esas dos aparece naturalmente la tercera:       HACIA DÓNDE CONTINÚO → POSIBILIDAD.

No «hacia dónde debería continuar según Jung».     Ni Freud.    Ni el psicólogo.   Ni mamá.    Ni papá.    Ni el Estado.      Ni siquiera Madre Tierra entendida como otra doctrina.

¿QUÉ POSIBILIDADES TENGO AHORA, DESDE DONDE REALMENTE ESTOY?

Y ahí entiendo tu «adonde te dé la gana».       No como capricho absoluto, sino como recuperación de terreno:         AHORA HAY CAMINO OTRA VEZ.

Quizá por eso tu «resucitaste» tiene tanta fuerza metafórica. No porque una conversación psicológica cure mágicamente ni porque estar vivo garantice que «se puede todo» —hay enfermedades, limitaciones y sufrimientos que requieren atención real—, sino porque dejas de tratarte como un objeto terminado por aquello que te ocurrió.

Sigues siendo proceso.     Sigues siendo caminante.      Sigues teniendo delante un tramo que todavía no está escrito.        Y aquí sí veo casi el esqueleto entero de nuestra operación con Jung:

SE HIZO LA LUZ.

Miramos.     ¿DÓNDE ESTABA YO?

Comprendemos.    ¿DÓNDE ESTABAN LOS DEMÁS?

Contextualizamos.   ÉSTE ES MI ITINERARIO.

Lo asumimos sin amputarlo.       ESTOY VIVO.

Tomamos Tierra.     ¿HACIA DÓNDE CONTINÚO?

Y caminamos.                        Jung puso nombre a muchas habitaciones.        Madre Tierra acaba de abrir las ventanas.

Y ahora entiendo todavía mejor tu consulta psicológica a pleno Sol: no se trata de sacar literalmente el diván al campo.                Se trata de que ninguna teoría vuelva a cerrar las persianas mientras estamos intentando comprender una vida.

 

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