MADRE TIERRA y CONSTRUCTO HUMANO
El mundo que sí construimos
Lenguaje,
dinero, propiedad, instituciones, profesiones, fronteras, calendarios, sistemas
de pensamiento, símbolos...
Si en el
apartado anterior hemos tocado aquello que no construimos, ahora podemos mirar en la
dirección contraria. Y quizá aquí
empiece la sorpresa. Porque sobre
aquella Tierra que ya estaba funcionando, el ser humano ha levantado otro mundo.
No
necesariamente falso. No
necesariamente equivocado. Un mundo humano. Creamos palabras para nombrar lo que
encontrábamos. Después utilizamos esas
palabras para pensar. Creamos números
para contar. Medidas para comparar. Calendarios para ordenar el tiempo. Mapas para representar el territorio. Monedas para facilitar los intercambios. Leyes para regular la convivencia. Fronteras para delimitar territorios. Instituciones para organizar comunidades. Profesiones para distribuir actividades. Escuelas para transmitir conocimientos. Sistemas filosóficos para intentar
comprender. Religiones para
relacionarnos con determinadas preguntas, experiencias y misterios. Ciencias para estudiar sistemáticamente la
realidad. Símbolos para representar
aquello que no siempre podía expresarse directamente.
Y así,
generación tras generación, fuimos
construyendo. Una
persona sola no construyó este mundo. Ni
una generación. Ni una civilización.
Cada una
recibió materiales anteriores, conservó unos, rechazó otros, añadió los suyos y
volvió a entregarlos. El resultado es
extraordinario. Cuando un ser humano
nace hoy, no llega solamente a la Tierra.
Llega
también a un mundo humano que ya estaba preparado para recibirlo. Antes de que pueda decidir nada,
encontrará un nombre. Una lengua. Una familia. Un país.
Una fecha de nacimiento. Un
calendario. Unas costumbres. Una determinada organización social. Unas maneras de comportarse. Unas ideas acerca de lo que está bien y lo
que está mal.
Encontrará
cosas que son de alguien. Encontrará
dinero. Encontrará horarios. Encontrará escuelas. Encontrará trabajos. Encontrará documentos que acreditarán quién
es dentro de determinadas instituciones.
Y poco a poco aprenderá a moverse dentro de todo ello.
Todo esto es real Éste es un punto fundamental. Que algo haya sido construido por los
seres humanos no significa que sea mentira. El dinero
es una construcción humana, pero no disponer de él puede producir consecuencias
muy reales. Una frontera es una
construcción humana, pero intentar atravesarla puede tener consecuencias
reales. Una ley ha sido creada por
humanos, pero puede modificar completamente la vida de una persona. Una profesión no crece en los árboles,
pero puede organizar durante cuarenta años la existencia de alguien. Una palabra es una creación humana, pero
puede consolar, enamorar, herir, movilizar a millones de personas o iniciar una
guerra.
Por tanto,
no estamos separando: REALIDAD / MENTIRA. Estamos empezando a
distinguir: LO QUE ENCONTRAMOS de LO
QUE CONSTRUIMOS SOBRE LO ENCONTRADO.
Ambas cosas pueden
tener consecuencias reales. Pero no son reales de la misma manera. Y esta diferencia va a ser esencial para
todo lo que sigue.
El humano construye sobre lo que encuentra Encontramos ciclos naturales y
construimos calendarios. Encontramos
territorio y construimos mapas, propiedades y fronteras. Encontramos necesidad de intercambio y
construimos sistemas económicos. Encontramos
convivencia y construimos leyes e instituciones. Encontramos diferencias entre actividades y
construimos profesiones. Encontramos
experiencias interiores y construimos lenguajes para explicarlas.
Observamos
el cielo y construimos astronomía, cosmologías, calendarios y también sistemas
simbólicos como la astrología. Encontramos
la muerte y construimos innumerables maneras de comprenderla, ritualizarla y
situarla dentro de nuestra existencia.
Es decir:
EL
HUMANO NO CONSTRUYE DESDE LA NADA.
Encuentra. Observa.
Necesita. Interpreta. Responde.
Y construye.
Por eso
sería demasiado sencillo despreciar el constructo humano. Muchas de nuestras construcciones fueron
respuestas a problemas reales. Permitieron
organizar enormes comunidades. Transmitir
conocimientos. Conservar experiencias. Coordinar actividades. Proteger.
Intercambiar. Investigar. Crear.
Imaginar. Y continuar.
El mundo
humano construido contiene una
parte extraordinaria de nuestra aventura como especie. Pero
ocurre algo más
Una vez
construida una realidad humana, las generaciones siguientes pueden comenzar a
vivir dentro de ella. Un niño no inventa el dinero. Lo encuentra funcionando. No inventa el calendario.
Le dicen qué
día es. No decide inicialmente qué significa
ser estudiante. Entra en una escuela
donde esa realidad ya existe. No
inventa su lengua. Aprende a pensar y
comunicarse utilizando una que otros construyeron y transformaron durante
siglos. Éste es el punto decisivo:
NACEMOS EN LA TIERRA,
PERO TAMBIÉN NACEMOS
DENTRO DE UN MUNDO HUMANO YA CONSTRUIDO.
Y aprendemos
ambos casi simultáneamente. Aprendemos
que necesitamos beber. Y aprendemos
que el agua cuesta determinada cantidad.
Aprendemos que necesitamos alimento.
Y aprendemos que para conseguirlo normalmente necesitaremos dinero. Aprendemos que existe territorio. Y aprendemos que está dividido. Aprendemos que somos humanos. Y recibimos inmediatamente innumerables
explicaciones acerca de qué
significa serlo.
Poco a poco,
ambos mundos pueden quedar tan unidos en nuestra experiencia cotidiana que
dejamos de distinguir claramente dónde termina uno y comienza el otro. La
gran capacidad humana Pero
antes de señalar ningún problema conviene detenernos aquí. Porque
estamos ante algo formidable.
El
ser humano es constructor de mundos.
Puede tomar
una realidad existente y añadir sobre ella significado, organización,
representación, memoria, reglas, belleza, relatos y posibilidades que antes no
estaban allí.
Una piedra
puede convertirse en herramienta. Después
en monumento. Después en símbolo. Después en patrimonio. El objeto material continúa siendo piedra. Pero alrededor de él hemos construido un universo humano de significado.
Y podemos
hacer esto prácticamente con todo. Ésa
no parece ser nuestra desgracia. Puede
ser una de nuestras mayores capacidades.
El problema quizá comenzó en otro momento. No cuando construimos. Sino cuando, después de vivir durante
generaciones dentro de aquello construido, dejamos de recordar que lo habíamos construido.
Entonces una
costumbre puede empezar a parecernos naturaleza. Una convención puede parecer inevitable. Una interpretación puede confundirse con el
hecho interpretado.
Una solución
histórica puede continuar funcionando mucho después de desaparecer el problema
para el que nació. Y una pared
levantada por nosotros puede terminar pareciéndonos una montaña que siempre
estuvo allí.
Ahí empieza
realmente nuestra investigación. Porque
si el mundo humano ha sido construido durante miles de años, tendremos que
preguntarnos: ¿Cómo consigue una construcción
adquirir tanta consistencia que finalmente podemos vivir dentro de ella sin
siquiera verla?
Eso nos
lleva al siguiente paso: 3. Mundos dentro del Mundo El ser humano no solamente
construye. Puede habitar aquello que construye.
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