JUNG PASEANDO - SINCRONICIDAD
REPETICIÓN El peregrino continúa. Ve una cosa. Puede ser casual. La vuelve a ver. Le llama la atención. La encuentra una tercera vez. Y entonces ocurre algo inevitable: empieza a preguntar.
No porque
tres apariciones demuestren nada. Sino
porque la repetición transforma nuestra relación con el acontecimiento.
Una piedra
en el camino es una piedra. Diez
piedras semejantes colocadas a intervalos regulares empiezan a plantearnos otra
pregunta.
¿Por
qué están así? Todavía no sabemos la
respuesta. Pero ya no miramos igual. REPETIR
NO ES DEMOSTRAR
Esto debe
quedar clarísimo desde el principio.
Que algo se repita no significa que tenga un significado oculto. No significa que alguien nos esté
enviando una señal. No significa que
Madre Tierra esté contestándonos. No
significa siquiera que las diferentes apariciones estén relacionadas.
Significa
solamente: HA OCURRIDO MÁS DE UNA
VEZ. Pero eso ya merece
atención. Porque gran parte de
nuestro conocimiento empieza precisamente así. Observamos. Volvemos a observar. Comparamos. Encontramos semejanzas. Encontramos diferencias. Y solamente después intentamos comprender. Por tanto:
LA REPETICIÓN NO ES UNA RESPUESTA.
ES UNA INVITACIÓN A MIRAR MEJOR.
MADRE TIERRA ESTÁ LLENA DE REPETICIONES
Volvamos a
lo sencillo. Día tras día amanece. Respiramos una vez y otra. El corazón vuelve a latir. Las estaciones regresan. Determinadas plantas vuelven a florecer. Los animales repiten conductas. Las aguas recorren nuevamente cauces. Las mareas vuelven. Dormimos.
Despertamos. Comemos. Volvemos a necesitar alimento.
Pero ahora
ya sabemos algo gracias al apartado anterior:
repetición
no significa copia. El amanecer de hoy no
es el de ayer. Esta respiración no es
la anterior. La ola que llega no es la
que se fue. Yo tampoco soy exactamente
el mismo que ayer.
Entonces
aparece una idea preciosa: LA VIDA REPITE SIN
DEJAR DE CAMBIAR. Eso es enorme. Porque significa que repetición y novedad
no son necesariamente contrarias. Puede
haber una estructura que vuelve y un contenido que cambia.
¿CUÁNDO UNA
REPETICIÓN SE CONVIERTE EN PATRÓN?
Aquí empieza
lo interesante. Una vez. Dos.
Tres. Diez. ¿Cuándo puedo decir: «Aquí hay un patrón»?
No basta
contar. Tengo que mirar qué se repite
realmente. ¿El acontecimiento? ¿El momento? ¿La secuencia? ¿Las circunstancias? ¿Mi estado interior? ¿Mi manera de interpretarlo? ¿La consecuencia? ¿O solamente una semejanza que yo he
seleccionado?
Esto va a
ser importantísimo cuando lleguemos a la sincronicidad. Porque una persona puede decir: «Esto me ocurre continuamente.»
Muy bien. Entonces Madre Tierra nos enseña una
disciplina muy sencilla: ANÓTALO.
Cuándo
ocurrió. Dónde. Qué ocurrió antes. Qué ocurrió después. Qué estabas pensando. Qué esperabas. Qué no esperabas. Cuántas veces ocurrió. Y —esto será todavía más
importante— cuántas
veces esperaste que ocurriera y no ocurrió. Ahí empezamos a separar
descubrimiento de deseo. LA REPETICIÓN PUEDE ESTAR FUERA...
El peregrino
observa varias veces que determinados animales modifican su comportamiento
antes de determinadas condiciones ambientales. No concluye inmediatamente: «Los animales predicen.»
Anota. Observa.
Compara. Quizá descubre una
regularidad. Entonces puede empezar a buscar qué
información están captando ellos que él no capta. Aquí la repetición ha permitido
pasar de la sorpresa a la investigación.
...PERO
TAMBIÉN PUEDE ESTAR DENTRO Y aquí
volvemos a la psique. Porque quizá
lo que se repite no está fuera. Quizá
soy yo quien
repite. Una imagen. Un miedo.
Una asociación. Un sueño. Una manera de fijarme en determinados
acontecimientos. Una pregunta. Una expectativa.
Entonces
aparece una cuestión extraordinariamente importante: CUANDO DIGO «ESTO SE REPITE», ¿QUÉ ES
EXACTAMENTE LO QUE SE ESTÁ REPITIENDO?
¿El mundo? ¿Yo?
¿Nuestra interacción? ¿Mi
interpretación? ¿Una situación
objetiva? ¿Una asociación biográfica?
No sabemos. Pero ahora podemos investigarlo. Y eso nos salva de dos extremos. Uno:
«Todo
son señales.»
El otro: «Todo son imaginaciones.»
No. Primero observemos qué se repite.
Y AHORA
RECUPEREMOS TU CASCADA En
tus apuntes apareció una pregunta estupenda: si repetidamente aparece una
cascada, después otra, ¿nos está indicando que hay pendiente?
Fíjate en lo
diferente que podemos leerla ahora. Una
cascada aislada puede sorprenderme.
Varias cascadas empiezan a proporcionarme información sobre el
terreno por el que estoy caminando.
No necesito
que la cascada quiera comunicar conmigo.
No necesito atribuirle intención.
La
repetición me permite inferir algo del conjunto.
Esto es
importantísimo. Porque quizá hemos
confundido muchas veces: INFORMACIÓN con MENSAJE.
La realidad
puede contener información sin que haya un emisor intentando comunicarse
conmigo. Y yo puedo aprender a leer
esa información porque también estoy dentro de esa realidad.
AHORA LA SINCRONICIDAD SE COMPLICA
Imaginemos
que una coincidencia significativa ocurre una vez. Nos sorprende. Ocurre otra semejante. Y otra. Entonces podemos sentir: «Esto ya no puede ser casualidad.»
Cuidado. Precisamente ahí empieza el trabajo, no
termina. Porque ahora tendremos que
estudiar: qué se está
repitiendo, con qué frecuencia, en qué circunstancias, qué seleccionamos, qué olvidamos, qué esperábamos, qué parte corresponde a nuestra
biografía, y si realmente existe una
regularidad que pueda ser contrastada.
Pero tampoco
tenemos que cometer el error contrario y decir: «Como puede haber sesgos, no hay nada que
investigar.» Si algo se repite, se investiga. Sin convertirlo previamente ni en
milagro ni en error. EL PEREGRINO APRENDE OTRA REGLA
Y aquí creo
que ya estamos construyendo, sin pretenderlo, una especie de método de Madre
Tierra:
UNA VEZ: OBSERVA.
DOS VECES: RECUERDA.
VARIAS VECES: REGISTRA.
SI CONTINÚA: INVESTIGA.
Y SOLO DESPUÉS: INTERPRETA.
Esto me
parece potentísimo para todo el libro.
Porque seguimos sin pedir al lector que crea absolutamente nada. Le estamos diciendo: mira mejor.
Y ahora podemos
volver a aquella frase tuya: estamos dentro de eso. Exactamente.
Porque
también nosotros somos repetición. Nuestra
biografía está llena de ella. Nuestros
aprendizajes se construyen mediante ella. Nuestros automatismos se consolidan
mediante ella. Nuestros errores
pueden repetirse. Nuestros
descubrimientos también. Y entonces
aparece naturalmente el apartado siguiente:
11. CICLO
Porque hay
un momento en que descubrimos que algunas repeticiones no vuelven simplemente. Vuelven después de haber recorrido un
trayecto. Y entonces la repetición
empieza a tener forma. Ahí el peregrino quizá descubre algo
todavía más desconcertante:
VOLVER NO SIEMPRE SIGNIFICA REGRESAR AL
MISMO SITIO.
Exacto. La repetición deja de ser «otra vez
lo mismo» y empieza a mostrarse como mecanismo de continuidad. Y cuando esa
repetición además tiene recorrido, fases y retorno, aparece el ciclo. Otra cosa
aparentemente elemental que, mirándola desde dentro, se vuelve enorme.
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