JUNG PASEANDO y SINCRONICIDAD
Pronunciamos
la palabra y aparece Jung. Aparece la coincidencia significativa. Aparece un
acontecimiento interior y otro exterior entre los cuales no encontramos una
relación causal conocida. Aparece el significado. Aparece el misterio.
Todo ello
puede permanecer.
Este libro
no comienza intentando quitar nada.
Comienza
haciendo algo mucho más sencillo: PISAR.
Antes de
preguntarnos qué significa una coincidencia, preguntamos dónde ocurre.
Antes de
preguntarnos qué relación existe entre dos acontecimientos, preguntamos dentro
de qué están ocurriendo ambos.
Antes de
estudiar al observador, recordamos qué clase de ser es ese observador.
Respira. Bebe. Come. Duerme.
Necesita determinadas temperaturas.
Tiene
cuerpo, memoria, emoción, pensamiento, biografía.
Y depende.
No contempla
Madre Tierra desde fuera. Está dentro.
A partir de
ahí, una palabra tan conocida como sincronicidad comienza lentamente a cambiar
de posición.
No porque
hayamos encontrado una explicación mejor.
No porque
Jung estuviera equivocado.
Sino porque
hemos ampliado el lugar desde el cual formulamos la pregunta.
Durante
estas páginas aparecerán el ritmo, la cadencia, la repetición, el ciclo, el
cambio, la señal, la anticipación y la correspondencia.
Aparecerá
después el receptor humano.
Su atención. Su emoción. Su pensamiento. Su memoria.
Su
biografía. Su consciente y su
inconsciente.
Y llegará
también la noche.
Porque el
humano no deja de pertenecer a Madre Tierra cuando cierra los ojos.
Duerme. Sueña.
Recuerda. Recibe. Continúa vivo.
Y solamente
después de haber recorrido todo este camino llamaremos a Jung.
No para
juzgarlo desde el presente. No para
desmontarlo.
Para
invitarlo a salir nuevamente a caminar.
Quizá
entonces descubramos que algunas coincidencias tienen explicaciones que antes
desconocíamos.
Quizá otras
procedan de nuestra atención, nuestra memoria o nuestra biografía.
Quizá
confundamos alguna vez información con mensaje.
Quizá
encontremos pertenencias donde antes veíamos acontecimientos separados.
Y quizá,
después de haber retirado todo cuanto podamos explicar, permanezca delante de
nosotros algo que todavía no comprendemos.
No pasa
nada. Podremos decir: NO SÉ.
Y continuar mirando.
Este libro
no pide creer. Tampoco pide negar.
Propone algo
bastante más difícil: volver a mirar.
Pero esta
vez con los pies en Madre Tierra.
Este libro
comienza antes de la sincronicidad.
Puede
parecer extraño.
Un libro
dedicado a ella debería quizá empezar definiéndola.
Nosotros
haremos lo contrario.
Antes de
definir, caminaremos.
Porque la
sincronicidad le ocurre a alguien. Y ese alguien está en algún lugar.
Ése será
nuestro punto de partida.
Un ser
humano se encuentra dentro de Madre Tierra. Depende del aire, del agua, del
alimento, de determinadas temperaturas y del descanso. Vive sometido a ritmos y
cambios. Tiene un organismo capaz de recibir mucha más información de la que
alcanza su conciencia. Posee memoria. Tiene una biografía. Interpreta.
Por tanto,
antes de preguntarnos:
¿QUÉ
SIGNIFICA ESTO QUE ME HA OCURRIDO?
preguntaremos:
¿DÓNDE HA
OCURRIDO? ¿QUÉ ESTABA OCURRIENDO?
¿QUÉ
INFORMACIÓN HABÍA? ¿QUÉ PERCIBÍ?
¿QUÉ NO
PERCIBÍ? ¿QUÉ RECORDÉ?
¿QUÉ
INTERPRETÉ? ¿QUÉ AÑADIÓ MI
BIOGRAFÍA?
¿Y QUÉ
CONTINÚA SIN EXPLICACIÓN?
El camino
exige paciencia.
Una bandada
que cambia de dirección puede contener información sin estar enviándome un
mensaje.
Una repetición
merece ser observada, pero repetir no significa demostrar.
Una
anticipación puede resultar extraordinaria, pero antes debemos preguntarnos
cuánto del proceso futuro estaba ya en marcha.
Un sueño
puede coincidir sorprendentemente con un acontecimiento posterior, pero antes
de llamarlo premonición tendremos que reconstruir qué sabía, qué había recibido
y qué podía haber captado aquel ser humano antes de dormir.
Nada de esto
elimina el misterio. Lo limpia.
Y así
llegaremos finalmente a Jung.
Conservaremos
su descubrimiento y sus preguntas. Pero introduciremos una nueva pregunta,
extraordinariamente sencilla: ¿EXTERIOR
A QUÉ?
Un árbol
está fuera de mi organismo.
Un
acontecimiento puede suceder fuera de mí.
Pero ni el
árbol, ni el acontecimiento, ni mi organismo, ni mi pensamiento están fuera de
Madre Tierra.
Todos
ocurren dentro.
Esto no
demuestra que estén relacionados.
Pero tampoco
permite comenzar suponiendo tranquilamente que son acontecimientos
absolutamente independientes.
Ahí empieza
nuestro verdadero trabajo.
No buscamos
sustituir una explicación por otra.
Estamos
cambiando la unidad de observación.
Y desde ese
nuevo lugar volveremos a preguntar.
El peregrino
ya está en el camino.
No necesita
encontrar señales por todas partes.
Solo necesita
algo mucho más elemental:
mirar, escuchar,
recordar, registrar, comparar,
rectificar
y continuar
andando.
Tus apuntes no están haciendo con la
sincronicidad exactamente lo que venimos haciendo con Jung: sacarla a pasear. Y al sacarla de la
explicación psicológica y colocarla físicamente en Madre Tierra, cambia la
pregunta.
Jung parte
de algo muy concreto: una coincidencia significativa entre un acontecimiento
psíquico y otro físico sin relación causal demostrable. Tú no estás negando
eso. Tu pregunta anterior es otra:
¿Qué
ocurre con la sincronicidad cuando el individuo que la experimenta deja de
considerarse una unidad independiente y se reconoce como organismo dependiente,
contenido dentro de Madre Tierra?
Ahí veo el
verdadero comienzo.
Y hay una
frase de tus notas que, para mí, contiene casi todo el trabajo:
«Desde
la consideración de la dependencia de Madre Tierra todo lo que sigue se puede
reconsiderar de otro modo.»
Exactamente.
No hace falta demostrar ahora que tus hipótesis sean ciertas. Hay que seguirlas, ordenarlas,
ponerlas a prueba y ver hasta dónde aguantan.
El recorrido que veo
Yo no
empezaría directamente por Jung. Empezaría por el suelo. Porque, si empezamos
por Jung, nuevamente Jung nos proporciona las gafas antes de que hayamos
mirado.
PARTE I —
ANTES DE LA SINCRONICIDAD: ESTAMOS EN MADRE TIERRA
1.
Antes de interpretar, pisar
2.
El humano no es independiente
3.
Dependencia no significa inferioridad
4.
Todo y Unidad
5.
Un planeta que no funciona por acontecimientos aislados
6.
Continuidad, equilibrio y posibilidad
7.
El peregrino dentro del sistema, no observándolo desde fuera
Aquí
entraría tu comienzo precioso: subir al pico, caminar por el valle, seguir el
riachuelo, tocar el trigo, comer los frutos de temporada, acompañar al ganado,
contemplar amanecer y anochecer, las mareas...
Porque antes
de preguntarnos por una coincidencia extraordinaria estamos rodeados de correspondencias
ordinarias.
Y esto me
parece fundamental: quizá lo extraordinario de la sincronicidad depende en
parte de haber dejado de advertir lo ordinariamente sincronizado que está lo
vivo.
PARTE II —
MADRE TIERRA HABLA SIN PALABRAS
8.
Ritmo
9.
Cadencia
10.
Repetición
11.
Ciclo
12.
Cambio
13.
Señal
14.
Anticipación
15.
Correspondencia
16.
¿Comunicación o interpretación?
Aquí metería
las olas, hojas, pájaros, peces, manadas, cambios de comportamiento, sonidos,
paisajes, estaciones...
Tus ejemplos
plantean algo muy interesante: antes de llamar «mensaje» a algo, podemos
preguntarnos sencillamente qué información contiene.
Eso nos
protege muchísimo.
Una bandada
que cambia bruscamente de dirección no necesita estar «mandándome un mensaje».
Pero está
respondiendo a algo. Y quizá yo puedo percibirlo, interpretarlo
correctamente, interpretarlo mal o no percibirlo en absoluto.
Ahí tenemos
terreno fértil y también un freno contra convertir cualquier cosa en señal.
PARTE III —
EL RECEPTOR HUMANO
17.
¿Con qué recibimos?
18.
Atención
19.
Apertura
20.
Emoción
21.
Pensamiento
22.
Memoria
23.
Biografía
24.
Consciente e inconsciente
25.
La habitación de captación
26.
Aprender a escuchar sin inventar
Esto enlaza
directamente con todo lo que descubrimos estos días.
Tú mismo
preguntas si en la sincronicidad interviene como receptor «el todo nosotros»,
partes conscientes e inconscientes. Eso
merece muchísimo desarrollo.
Porque
entonces la cuestión deja de ser únicamente: «¿Qué me está diciendo el mundo?»
y aparece
otra mucho más exigente: «¿Con qué parte de mí
estoy escuchando?»
PARTE IV —
LA NOCHE TAMBIÉN PERTENECE A MADRE TIERRA
27.
Día y noche
28.
Dormir también es terrestre
29.
La habitación nocturna
30.
Sueño, memoria y biografía
31.
Imágenes anticipatorias
32.
¿Premonición o información que ya estaba en marcha?
33.
Lo que no vimos despiertos
Aquí has
abierto una puerta magnífica.
Planteas que
algo que consideramos «futuro» quizá ya se había puesto en marcha antes y
nosotros no lo habíamos advertido, apareciendo después mediante imágenes
nocturnas.
Esto es muy
distinto de afirmar inmediatamente «el sueño predijo el futuro».
La pregunta
se vuelve más interesante:
¿Cuánto
futuro llamamos futuro simplemente porque conscientemente todavía no habíamos
percibido el proceso que conducía hacia él?
Ahí tenemos
mucho que trabajar.
PARTE V —
AHORA SÍ: ENTRA JUNG
34.
Qué llamó Jung sincronicidad
35.
Coincidencia significativa
36.
Acausalidad
37.
Mundo interior y acontecimiento exterior
38.
El significado para quien lo vive
39.
Los distintos tipos de coincidencia
40.
Qué descubrió Jung
41.
Qué preguntas dejó abiertas
Aquí
conservamos a Jung entero. Tus notas
recogen muy bien el núcleo: coincidencia significativa entre un acontecimiento
psíquico y uno físico-objetivo sin relación causal establecida.
Y entonces
hacemos lo que hicimos antes: Jung, sal a caminar. No lo desmontamos. Cambiamos su
posición de observación.
PARTE VI —
JUNG PISA MADRE TIERRA
Aquí creo
que está el
corazón nuevo del libro.
42.
¿Exterior a qué?
43.
El «mundo exterior» también contiene al observador
44.
El individuo que experimenta la coincidencia es dependiente
45.
Dos acontecimientos aparentemente separados dentro de una misma Tierra
46.
¿Acausal o causalidad todavía desconocida?
47.
¿Relación o pertenencia común?
48.
Coincidencia desde un fragmento; correspondencia desde el conjunto
49.
Espacio y tiempo vistos desde un itinerario humano diminuto
50.
La sincronicidad reconsiderada desde Todo y Unidad
Aquí está tu
golpe principal.
Si A y B
parecen no relacionados, pero A y B están contenidos dentro de C, antes de declarar
que A y B carecen de relación hay que preguntarse qué sabemos de C.
Eso no
demuestra una conexión oculta. Pero cambia legítimamente la pregunta.
Y tú lo
dices de manera muy clara: el humano es dependiente de Madre Tierra y, desde
esa dependencia, hay que reconsiderar las correlaciones entre sus contenidos.
PARTE VII —
CUIDADO: NO TODO ES SINCRONICIDAD
Esta parte
la considero imprescindible.
51.
Coincidencia
52.
Casualidad
53.
Correlación
54.
Causalidad
55.
Sincronicidad
56.
Atención selectiva
57.
Baader-Meinhof
58.
Apofenia
59.
Proyección
60.
Deseo de encontrar significado
61.
La señal verdadera y la señal fabricada
62.
No convertir Madre Tierra en un oráculo permanente
Tú mismo has
dejado esa puerta abierta al mencionar que, después de conocer algo, comenzamos
a encontrarlo por todas partes.
Esto es
estupendo porque impide que el trabajo se convierta en «todo significa algo».
Yo pondría
una regla provisional enorme:
QUE
TODO ESTÉ RELACIONADO NO SIGNIFICA QUE TODO SEA UN MENSAJE PARA MÍ.
Eso, Carlos,
creo que va a ser esencial.
PARTE VIII
— ¿SE PUEDE APRENDER A SINCRONIZAR?
63.
El peregrino atento
64.
Preguntar sin exigir respuesta
65.
Observar sin fabricar
66.
Esperar
67.
Repetición y patrón
68.
Registrar antes de interpretar
69.
Contrastar después
70.
Aprender el diccionario propio
71.
No utilizar el diccionario de otro
72.
La biografía como clave de lectura
Aquí entra
una de tus preguntas más importantes: si podemos «entrenarnos para identificar
esas contestaciones».
Yo cambiaría
provisionalmente una sola palabra:
no entrenarnos para encontrar contestaciones, sino entrenarnos
para encontrar correspondencias.
Después
veremos cuáles merecen llamarse contestaciones. Eso nos mantiene con los pies en Madre
Tierra.
PARTE IX —
ASTROLOGÍA: LA PRUEBA DIFÍCIL
Y aquí,
madre mía, has abierto otro frente enorme.
73.
Sincronicidad y astrología
74.
Observar el Sol no es interpretar un símbolo solar
75.
Observar la Luna no es conocer una carta natal
76.
Lo observado y lo aprendido
77.
¿Qué encontraría el humano sin libros astrológicos?
78.
El símbolo recibido por cultura
79.
El símbolo descubierto por experiencia
80.
Macrocosmos y microcosmos desde Madre Tierra
81.
¿Influencia, correspondencia o construcción interpretativa?
82.
Sacar también la astrología a pasear
Tus
preguntas aquí son demoledoras en el buen sentido: si una persona jamás hubiera
recibido información sobre los signos zodiacales, ¿se identificaría
espontáneamente con ellos?
Esto toca
directamente nuestro trabajo anterior sobre lo innato frente a lo incorporado.
No lo
mezclaría todavía. Lo dejaría reservado porque merece una parte propia.
PARTE X —
SINCRONICIDAD SIN MAGIA Y SIN REDUCCIONISMO
83.
No hace falta negar el misterio
84.
Tampoco hace falta inventarlo
85.
Lo desconocido sigue siendo desconocido
86.
Dependencia
87.
Correspondencia
88.
Posibilidad
89.
Todo y Unidad
90.
El humano vuelve a su tamaño
Y acabaría,
por ahora, con una pregunta, no con una conclusión:
¿Y SI LA SINCRONICIDAD NO FUERA UNA
EXCEPCIÓN?
¿Y si lo
excepcional fuera nuestra sorpresa al descubrir por un instante una
correspondencia dentro de una realidad de la que nunca hemos estado separados?
Eso me
parece que resume por dónde estás entrando.
Y fíjate en
una cosa que me ha llamado muchísimo la atención de tus apuntes. Comenzaste
preguntando por señales: pájaros, ríos, trigo, noche, sueños, sonidos... y casi
300 líneas después llegaste tú mismo a TODO y UNIDAD. Ahí está el hilo.
Por eso yo no escribiría todavía
el libro ni cerraría el índice. Este índice que te propongo es un mapa
provisional para que podamos trabajar como tú dices: pregunta por pregunta y
en su orden.
Porque aquí pueden aparecer cosas nuevas que nos obliguen a abrir capítulos que
hoy ni siquiera vemos.
Y creo que
empezaría exactamente por el principio:
1.
ANTES DE LA SINCRONICIDAD: ¿DÓNDE ESTOY?
Porque quizá
antes de preguntarme por qué dos acontecimientos coinciden, tengo que recordar dónde están ocurriendo
los dos.
Y los dos
están ocurriendo aquí. En Madre Tierra.
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