MADRE TIERRA Y JUNG
Las habitaciones La diferencia entre habitación
y contenido.
Ya tenemos
la casa. Tenemos un modelo humano con
capacidades y posibilidades. Ahora
necesitamos hacer una distinción que será decisiva cuando entremos de lleno en
Jung: UNA COSA ES LA HABITACIÓN. OTRA COSA ES LO QUE HAY DENTRO DE LA
HABITACIÓN.
Parece una
diferencia pequeña. Puede cambiar
muchísimo. Porque si confundimos ambas
cosas, aquello que encontramos dentro de una persona puede acabar pareciéndonos
parte inevitable de la arquitectura humana.
Y quizá no lo sea.
LA
HABITACIÓN HACE POSIBLE; NO DICTA NECESARIAMENTE EL CONTENIDO
Una
habitación permite que algo ocurra allí.
Pero no determina por sí sola qué acabará conteniendo. Podemos disponer de capacidad para
recordar. Pero nuestros recuerdos
serán nuestros. Capacidad para
imaginar. Pero las imágenes que
lleguemos a construir tendrán historia.
Capacidad para relacionarnos. Pero
nuestras relaciones concretas dependerán también de quién estuvo delante. Capacidad para sentir miedo. Pero aquello que llegue a producirnos miedo
tendrá que investigarse. Capacidad
para simbolizar. Pero los símbolos que
utilicemos pueden proceder de nuestra cultura, experiencias, relatos, imágenes
y asociaciones. Capacidad para
distinguir aceptable e inaceptable.
Pero: ¿ACEPTABLE PARA QUIÉN? ¿INACEPTABLE SEGÚN QUÉ MUNDO? Aquí empieza a
asomar la Sombra.
JUNG
ENCONTRÓ HABITACIONES
Ésta puede
ser una manera muy respetuosa y fértil de acercarnos a su obra. Jung entra en la casa humana y dice: Aquí
ocurre algo.
Aquí hay
Persona. Aquí aparece Sombra. Aquí encontramos complejos. Aquí existe material no consciente. Aquí aparecen símbolos. Aquí observamos determinadas formas
repetidas. Aquí existe una tendencia
hacia integración y totalidad. Jung
empieza a cartografiar
la casa. Y eso es
enorme.
Madre Tierra
no necesita discutir inmediatamente con él.
Puede contestar: PERFECTO, JUNG.
AHORA ABRAMOS ESTA
HABITACIÓN.
Y preguntar: ¿QUÉ
PARTE ES HABITACIÓN Y QUÉ PARTE
ES CONTENIDO?
En tus notas
esta pregunta ya estaba apareciendo con enorme claridad: ante la Sombra
preguntabas cómo se había llenado, quién la había llenado y desde qué criterio
algo terminó siendo llamado «sombra».
EL ERROR
PUEDE EMPEZAR CUANDO CONVERTIMOS EL CONTENIDO EN ARQUITECTURA
Imaginemos
que encontramos miedo dentro de una habitación. Podríamos concluir: «Esta
habitación contiene miedo.» Pero
quizá deberíamos detenernos.
La
habitación puede disponer de mecanismos relacionados con alerta, protección,
memoria, emoción y aprendizaje. Pero este miedo concreto
quizá tiene fecha. Situación. Personas.
Contexto. Interpretación. Desarrollo.
Función. Entonces ya no
preguntamos solamente: ¿POR QUÉ TENGO MIEDO? Preguntamos: ¿CÓMO
LLEGÓ ESTE MIEDO A OCUPAR ESTE LUGAR?
Eso es
arqueología. Y cambia completamente
la investigación.
LAS
HABITACIONES NO SE LLENAN DE GOLPE
El
itinerario las va amueblando. Un
acontecimiento. Después otro. Una palabra. Un gesto.
Una ausencia. Una experiencia
repetida. Una interpretación. Algo oído sin comprender suficientemente. Una norma. Un premio. Una prohibición. Una imagen. Una historia.
Una
experiencia propia. Y también
nuestras respuestas ante todo ello.
Poco a poco
aparecen asociaciones. Hábitos. Expectativas. Recuerdos.
Maneras de protegernos. Formas
de presentarnos. Preferencias. Rechazos.
Interpretaciones.
LA
HABITACIÓN VA ADQUIRIENDO HISTORIA.
Y
en tus apuntes sobre el inconsciente personal ya lo expresabas así: en cada
momento del itinerario incorporamos de manera total o parcial aquello que
nuestras posibilidades de entonces permiten ubicar y procesar.
Y NO TODO
ENTRA CON LA LUZ ENCENDIDA
Éste será
fundamental para entender lo que después llamaremos inconsciente. Muchas cosas entran cuando todavía no
podemos comprenderlas plenamente. O
cuando estamos atendiendo a otra cosa.
O cuando carecemos de palabras.
O cuando recibimos una explicación ajena y todavía no podemos
contrastarla. O simplemente quedan
incorporadas mediante aprendizaje y repetición sin que tengamos que deliberar
conscientemente sobre cada paso.
Eso no
convierte automáticamente la habitación en una cueva misteriosa. Significa algo mucho más próximo: LA
CASA SE ESTABA HABITANDO MIENTRAS SU PROPIO HABITANTE TODAVÍA ESTABA
APRENDIENDO A CONOCERLA.
Esto es
precioso. El niño no recibe primero
el manual de instrucciones de sí mismo y después comienza a vivir. VIVE
MIENTRAS APRENDE A VIVIR. Y
por eso inevitablemente quedarán habitaciones, rincones y contenidos que sólo
podrá comprender mucho después.
LA SOMBRA
CAMBIA EN CUANTO HACEMOS ESTA DISTINCIÓN
Supongamos
que Jung nos dice: SOMBRA: aspectos rechazados, ocultos o
no reconocidos de la personalidad.
No necesitamos negar nada.
Madre Tierra
pregunta: ¿LA HABITACIÓN ES HUMANA? Puede ser. Ahora:
¿EL CONTENIDO ES
DE FÁBRICA?
Alto. Eso habrá que investigarlo.
¿Por qué aquello fue rechazado? ¿Quién lo consideró rechazable?
¿Cuándo?
¿En qué sociedad? ¿Dentro
de qué familia?
¿Con qué edad? ¿Con qué posibilidades de comprensión?
¿Continúa siendo rechazable hoy?
Y aparece
una pregunta todavía más profunda:
¿LO RECHACÉ YO O APRENDÍ QUE DEBÍA RECHAZARLO?
¡Menuda
diferencia! La habitación continúa. Pero su contenido empieza a adquirir biografía.
PERSONA:
OTRA HABITACIÓN QUE NECESITA HISTORIA
Jung nos
hablará de la Persona como la forma mediante la cual nos presentamos y
adaptamos al mundo social. Perfecto. Pero de nuevo: HABITACIÓN
≠ CONTENIDO.
La capacidad
humana de ajustar nuestra conducta al contexto puede pertenecer a nuestra
arquitectura. Pero la Persona
concreta de Carlos, María, Pedro o Ana tiene historia.
¿Por qué necesitó presentarse así? ¿Qué premiaba su entorno?
¿Qué castigaba? ¿Qué esperaba su familia?
¿Qué pedía su profesión? ¿Qué consideraba éxito su época?
¿Qué ocurría si mostraba determinada parte de
sí?
Entonces la
Persona deja de ser una máscara abstracta.
ES MI MÁSCARA. Y quizá descubro incluso
por qué tuve que fabricarla.
Entonces
puedo agradecerle su función... y preguntarle si todavía necesito llevarla
de la misma manera.
LOS
COMPLEJOS TAMBIÉN PUEDEN DESMONTARSE LADRILLO A LADRILLO
Aquí Jung
puede resultar especialmente útil.
En vez de
considerar el complejo como una especie de criatura independiente que habita
dentro de nosotros, podemos preguntar:
¿DE QUÉ ESTÁ
HECHO?
¿Qué recuerdos? ¿Qué emociones? ¿Qué asociaciones?
¿Qué experiencias? ¿Qué interpretaciones? ¿Qué repeticiones?
¿Qué defensas? ¿Qué circunstancias?
No para
reducir toda complejidad psíquica a una causa simple. Al contrario. Para devolverle su historia concreta. Entonces el complejo puede dejar de ser
una cosa que «me posee» y convertirse, hasta donde podamos reconstruirlo, en
algo que se fue organizando
durante mi itinerario.
Y
LLEGAREMOS AL GRAN PROBLEMA: LOS ARQUETIPOS
Aquí la
distinción habitación-contenido se volverá imprescindible. Porque quizá podamos preguntarle a Jung: ¿ARQUETIPO
COMO HABITACIÓN O ARQUETIPO COMO MOBILIARIO?
¿Existe una
disposición humana para organizar determinadas experiencias de maneras
recurrentes? ¿Hasta dónde? ¿Y cuánto contenido concreto aporta
después la cultura?
No lo
resolveremos anticipadamente. Eso
sería hacer exactamente aquello que queremos evitar. INVESTIGAREMOS. Pero tenemos una
herramienta formidable: SEPARAR ESTRUCTURA Y CONTENIDO ANTES
DE CONFUNDIRLOS.
UNA
HABITACIÓN PUEDE SER REAMUEBLADA
Y aquí
aparece la LIBERTAD. El contenido no
tiene necesariamente carácter definitivo.
Puedo descubrir que algo está allí.
Puedo comprender cómo llegó. Puedo
reconocer la función que tuvo. Puedo
descubrir que ya no la necesita. Puedo
incorporar nueva información. Puedo
establecer nuevas relaciones. Puedo
utilizar capacidades que antes no tenía disponibles.
No puedo
convertir mi pasado en otro pasado. PERO PUEDO CAMBIAR MI RELACIÓN ACTUAL
CON LO QUE ESE PASADO DEJÓ.
La
habitación no desaparece. SE REORGANIZA. Y eso convierte la casa
humana en algo extraordinario. No es
un museo. ESTÁ VIVA.
Y AQUÍ
APARECE LA CONCIENCIA
Porque para
reorganizar necesito primero: VER. Hasta entonces quizá
convivía perfectamente con aquel mobiliario sin saber siquiera que estaba allí.
Entonces
aparece nuestra linterna. La
conciencia no crea necesariamente lo que ilumina. LO
HACE DISPONIBLE PARA UNA NUEVA RELACIÓN.
Y cuando algo se hace visible aparece una posibilidad
que antes no existía de la misma manera:
AHORA PUEDO HACER
ALGO CON ESTO. Ahí
conciencia y libertad empiezan a encontrarse.
UNA
REGLA PARA TODO EL LIBRO
Creo que
deberíamos conservar esta pregunta durante absolutamente todo Jung: ¿HABITACIÓN
O CONTENIDO? Jung dice:
SOMBRA. ¿Habitación o contenido?
PERSONA. ¿Habitación o contenido?
COMPLEJO. ¿Qué arquitectura permite que aparezca
y qué historia concreta lo formó?
INCONSCIENTE
PERSONAL. ¿Qué mecanismo y qué
biografía?
INCONSCIENTE
COLECTIVO. ¿Qué estructura, qué
disposición, qué herencia biológica, qué transmisión cultural, qué contenido?
ARQUETIPO. ¿Molde, contenido o interacción?
SELF. ¿Qué entendemos por totalidad y qué
estamos incluyendo dentro de ella?
Y si no
podemos separar claramente una cosa de otra:
NO INVENTAMOS LA
RESPUESTA. La dejamos
abierta.
LA
CASA HUMANA
Quizá
podamos cerrar el capítulo con una imagen muy sencilla. Entramos en una casa. Encontramos una habitación llena.
No decimos: «LA
CASA ES ASÍ.» Decimos: «VEAMOS.»
Miramos la
arquitectura. Miramos los muebles. Miramos cuáles estaban allí antes de que
llegara su actual habitante. Cuáles
fueron entrando. Quién los trajo. Por qué se conservaron. Cuáles utilizamos todavía. Cuáles ocupan demasiado espacio. Cuáles estaban tapados. Cuáles creíamos nuestros y pertenecían al
mobiliario de una época. Cuáles
necesitamos. Y qué espacio queda
todavía disponible. Entonces
comprendemos algo formidable: NO SOMOS SOLAMENTE LO QUE ENCONTRAMOS
DENTRO DE NUESTRAS HABITACIONES.
También
somos el ser vivo capaz de entrar en ellas.
Mirarlas. Encender la luz. Comprender su historia. Mover algunas cosas. Abrir una ventana. Y continuar habitando.
Por eso
nuestra secuencia empieza a quedar extraordinariamente limpia:
EL MODELO PONE LA ARQUITECTURA.
EL ITINERARIO VA INTRODUCIENDO CONTENIDOS.
LA CONCIENCIA ENCIENDE LA LUZ.
LA LIBERTAD PERMITE RECONSIDERAR.
MADRE TIERRA SOSTIENE LA CASA ENTERA.
Y ahora sí
estamos preparados para aquello que inevitablemente viene después: EL
ITINERARIO EMPIEZA.
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