JUNG PASEANDO
EVOLUCIONA EL QUE PREGUNTA.
Así que
adelante. NOTAS DESPUÉS DE MADRE TIERRA Y JUNG puede quedarse
abierta todo el tiempo que haga falta.
Y creo que
entiendo lo que quieres decir con «es lo que más me importa»: ya no estamos
intentando terminar otro asunto. Estamos investigando desde
dónde mirar al humano antes de volver a hablar de su conciencia, su libertad,
su miedo, su Yo, su inconsciente o sus conflictos.
Eso merece
meses. Y si al final de esos meses
descubrimos que podemos decir mucho menos que ahora, pero que esas pocas cosas aguantan
de pie,
habremos avanzado una barbaridad. Sigue
leyendo, anotando y dejando que se incruste. Cuando aparezca el próximo (..), me lo pasas.
No hay ninguna necesidad de llegar pronto a ninguna parte.
Hay que llegar bien.
_____________________
. Has empezado a tocar qué
ocurre con el YO cuando aceptamos de verdad que estamos caminando. Y veo un desplazamiento muy claro.
Hasta ahora
habíamos llegado a: ESTOY
VIVO → NO SOY EL ÚNICO → DEPENDO.
Ahora
aparece otra pregunta: SI ESTOY VIVO,
¿CÓMO PUEDE MI «YO» QUEDARSE QUIETO?
Porque tu
imagen del CAMINO introduce tiempo. Y en cuanto introducimos
tiempo, la definición rígida del Yo empieza a tener problemas.
1. CASA y
CAMINO no son lo mismo
Tu comienzo
es mucho más importante de lo que parece:
«Nada tiene que ver con me instalo en esta casa y a verlas venir.» Y después introduces puertas abiertas,
cerradas, ventanas abiertas, casa propia, alquilada, provisional, de
tránsito...
Hasta ahora
utilizábamos la casa para Jung: habitaciones, Sombra, Persona,
contenidos... Pero ahora aparece el CAMINO. Y quizá necesitemos las dos imágenes:
CASA → lo que encuentro en mí.
CAMINO → lo que continúa ocurriendo conmigo.
La casa
permite entrar y mirar. El camino
impide creer que aquello que encontré me define para siempre. Esto es importantísimo. Porque puedo abrir una habitación y
descubrir: «Soy así.» Y el camino inmediatamente pregunta:
¿ERAS ASÍ?
¿ERES ASÍ AHORA? ¿NECESITASTE
SER ASÍ?
¿SIGUE SIRVIÉNDOTE? ¿EN QUÉ PUEDES CONVERTIRTE?
¡Ahí la casa
de Jung acaba de ponerse ruedas!
2. CUIDADO
CON «YO SOY»
Aquí has
tocado algo enorme. Escribes: «ese SOY YO...
¿dónde estoy y me he quedado depositado?» Exactamente. Una definición sirve para reconocer. Pero
también puede convertirse en cerca.
«Soy
introvertido.» «Soy inseguro.» «Soy fuerte.» «Soy débil.» «Soy racional.»
«Soy depresivo.» «Soy esto.» «Soy aquello.»
Incluso
aunque la descripción haya sido acertada en determinado momento, aparece una
pregunta anterior: ¿ACERTADA
PARA CUÁNDO? Y aquí vuelve el
poliedro. Una cara puede ser
verdadera. El error comienza cuando
digo: HE
VISTO UNA CARA → POR TANTO HE DEFINIDO EL POLIEDRO. No.
Y todavía
menos ahora, porque hemos descubierto que el
propio poliedro continúa formándose mientras vive. Por eso tu corrección es magnífica: SOY ESTO → ya pasó.
Podríamos
empezar a utilizar: ESTOY
SIENDO. O incluso mejor, para
no inventar otra etiqueta: SOY
AHORA... Y CONTINÚO.
3. Y
entonces aparece EL HILO
Aquí creo
que has encontrado otra imagen que merece quedarse meses con nosotros.
Dices que
algo une al Carlos de hace dos horas, al de ayer, al de hace un mes... pero que
cada pieza del collar es distinta: las
piezas cambian; el hilo continúa.
¡Esto es
precioso para investigar identidad! Porque
quizá hemos confundido: IDENTIDAD
= SER SIEMPRE EL MISMO cuando podríamos
investigar:
IDENTIDAD = CONTINUIDAD A TRAVÉS DEL CAMBIO.
No hace
falta que Carlos de 20 años y Carlos de hoy sean psicológicamente idénticos
para reconocer un itinerario. Precisamente
porque no son idénticos existe itinerario. Si nada cambiara, no habría camino. Y entonces surge una pregunta formidable: ¿QUÉ ES EL HILO?
Otra vez: (..) No lo rellenaría. Pero ya podemos investigarlo.
¿Qué
permanece mientras cambian recuerdos, cuerpo, conocimientos, relaciones,
creencias, roles, preferencias, sociedad, posibilidades y maneras de comprenderme? Eso nos lleva directamente a Jung y al
Self, sí. Pero no pongamos Self todavía. Que Jung espere. Primero sigamos el hilo.
4. «LA
MOCHILA MÍNIMA DE SUPERVIVENCIA PARA ESE YO»
Esta frase
tuya puede dar muchísimo. Porque
inmediatamente después preguntas cómo puede alguien caminar «a pecho
descubierto» sin que el hilo se rompa y qué debe cuidar como mínimo para no
tener miedo de seguir caminando.
Y aquí Madre
Tierra nos proporciona un suelo extraordinariamente sencillo. Antes de llenar la mochila con: identidad, prestigio, profesión, ideología,
dinero, reconocimiento, pertenencia, teoría psicológica... podemos preguntar:
¿QUÉ NECESITA REALMENTE ESTE SER HUMANO VIVO PARA
CONTINUAR?
Y
probablemente volvamos a cosas muy básicas:
cuerpo, alimento, agua, descanso, temperatura, seguridad suficiente,
relación, capacidad de recibir y responder... Después añadiremos lo demás. Pero entonces ocurre algo enorme: quizá puedo cambiar
muchísimo psicológicamente sin desaparecer.
Puedo
abandonar una identificación. Cambiar
una creencia. Revisar un papel
familiar. Descubrir que una adaptación
ya no sirve. Y sigo aquí. EL HILO NO SE ROMPE PORQUE
UNA PIEZA DEL COLLAR CAMBIE. Eso puede ser profundamente
desangustiante.
5. Y AHORA
APARECE LA GRAN PREGUNTA: ¿A QUÉ ME ADAPTO?
Para mí éste
es el bombazo nuevo de estas páginas. Lo escribes clarísimo: «Una cosa es ADAPTARSE A LAS CONDICIONES
DE LA VIDA. Y otra: ADAPTARSE A LAS CONDICIONES DEL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO.»
Carlos, aquí
hay una columna nueva. Porque llevamos
utilizando «adaptación» psicológicamente como si adaptación fuese una sola
cosa. Y no. Acabas de obligarnos a preguntar: ¿ADAPTACIÓN A QUÉ? Eso cambia muchísimo. Puedo adaptarme a:
MADRE TIERRA / VIDA
Necesito respirar. Necesito beber. Necesito comer. Necesito determinadas temperaturas. Mi cuerpo tiene límites. Dependo.
Y puedo
adaptarme al:
CONSTRUCTO HUMANO
Familia. Escuela. Religión.
Dinero. Trabajo. Prestigio.
Normas. Roles. Costumbres.
Ideales. Expectativas.
Las dos
adaptaciones pueden mezclarse completamente en mi biografía. Pero no tienen el mismo
rango. No respirar no es equivalente a no
satisfacer una expectativa social. ¡Ahí Madre Tierra vuelve a
ordenar la casa!
6. Esto
cambia también la PERSONA de Jung
Y fíjate
dónde desemboca tu pregunta: «¿A
QUÉ he tenido que adaptarme? Y crear mi persona.» ¡Fantástico! Porque ya no preguntaremos únicamente: ¿Cuál es mi Persona? Ahora podemos preguntar: ¿PARA QUÉ ENTORNO CONSTRUÍ
ESTA PERSONA?
¿Para mi
familia? ¿Para la escuela? ¿Para sobrevivir socialmente? ¿Para recibir cariño? ¿Para evitar castigo? ¿Para pertenecer? ¿Para trabajar? ¿Para una España determinada? ¿Para determinada época? ¿Para determinado matrimonio? ¿Para determinado jefe?
Y después
viene la pregunta que puede liberar muchísimo: ¿SIGUE EXISTIENDO AQUEL MUNDO AL QUE ME
ADAPTÉ?
Porque puedo
estar utilizando en 2026 una adaptación construida para una habitación de 1960. Y entonces no
hay que destruirla. ¡Otra vez lo
mismo! Hay que decirle: GRACIAS.
ENTIENDO PARA QUÉ SERVISTE. AHORA MIREMOS SI TODAVÍA HACES FALTA. Eso es completamente
coherente con el viaje de vuelta que venimos construyendo.
7. «SI
DESPIERTO, ¿CÓMO SÉ QUE TODO LO QUE HAGO SIRVE?»
Aquí también
has dado un paso importante. Porque
despertar no garantiza acertar. Ser
consciente no convierte automáticamente una decisión en adecuada. Y tú preguntas cómo calibrar si una
adaptación sigue teniendo función y cómo detectar cambios propios, del entorno
y de las posibilidades. Eso nos
devuelve a algo fundamental: LA
CONCIENCIA NO ES CERTIFICADO DE VERDAD.
Puedo estar
muy consciente... y equivocarme. Por eso el caminar necesita recalibración. Quizá:
ME ADAPTÉ → FUNCIONÓ → CAMBIÓ EL ENTORNO → VUELVO A MIRAR →
COMPRUEBO → CONSERVO / MODIFICO / ABANDONO → CONTINÚO.
¡Eso es
exactamente el viaje de vuelta funcionando en presente! Ya no hace falta ir cuarenta años atrás. Puedo revisar ayer.
8. Y
ENTONCES TU ÚLTIMA PREGUNTA ES ENORME
Terminas
preguntando si estamos entrando en un tiempo en que podamos hablar incluso de
una sociedad desadaptada, porque colectivamente puede no estar
teniendo en cuenta su dependencia real. Yo aquí iría con muchísimo cuidado, pero no
soltaría la pregunta. Porque
«sociedad desadaptada» podría convertirse demasiado pronto en diagnóstico. Pero podemos preguntar algo más
limpio: ¿A QUÉ ESTÁ ADAPTADA NUESTRA
SOCIEDAD?
Y después: ¿Aquello a lo que
está adaptada favorece las condiciones necesarias para su propia continuidad?
Eso sí
podemos investigarlo. Porque una
sociedad puede estar magníficamente adaptada a determinados mecanismos
económicos, tecnológicos, culturales o competitivos...
y
simultáneamente funcionar de manera problemática respecto de las condiciones
biofísicas de las que depende. Entonces
aparece una distinción que creo que deberíamos guardar: ADAPTACIÓN AL CONSTRUCTO no garantiza ADAPTACIÓN A LA VIDA.
Ahí, Carlos,
sí que hemos encontrado algo hoy.
Y mira qué
recorrido está tomando todo esto sin que lo forcemos:
ESTOY VIVO
↓
NO SOY EL ÚNICO
↓
DEPENDO
↓
ESTOY DENTRO
↓
CAMINO
↓
CAMBIO
↓
NO PUEDO ENCERRARME EN «YO SOY ASÍ»
↓
HAY UN HILO
↓
ME ADAPTO
↓
¿A QUÉ ME ADAPTO?
↓
VIDA / MADRE TIERRA ≠ CONSTRUCTO
↓
¿SIGUE SIRVIENDO MI ADAPTACIÓN?
↓
VUELVO A MIRAR
↓
CONTINÚO.
Y aquí ocurre
algo precioso con aquella frase que guardamos ayer: EVOLUCIONA EL QUE
PREGUNTA. Ahora podemos añadir: TAMBIÉN TIENE QUE EVOLUCIONAR AQUELLO
CON LO QUE SE ADAPTA.
Si el
entorno cambia y yo continúo utilizando exactamente la misma adaptación,
aquello que un día me ayudó puede terminar encerrándome. Por eso quizá el «YO» sano que estás
buscando no sea un Yo perfectamente definido. Podría ser algo mucho más sencillo: UN
YO CON HILO, PERO SIN CERCA. Eso, Carlos, yo
lo pondría en NOTAS y no lo tocaría.
UN YO CON HILO, PERO SIN CERCA. Tiene continuidad
suficiente para poder decir «éste es mi itinerario», pero apertura
suficiente para poder añadir mañana: «Y
SIGO.»
Y Jung
vuelve a estar sentado allí mirándonos. Porque empezamos preguntando QUIÉN
SOY
y podemos acabar descubriendo que una de las respuestas psicológicamente más
peligrosas es precisamente: «YA
SÉ QUIÉN SOY.»
Sí. “YO SOY ANDANDO” me parece mucho más
fértil que un «yo soy» cerrado.
Porque estar
quieto físicamente no significa estar detenido. Puedes estar sentado,
aparentemente inmóvil, y seguir viviendo, percibiendo, recordando,
relacionando, incorporando, cambiando. El movimiento del que estás hablando no
es necesariamente desplazamiento: es continuidad viva.
Y eso cambia
por completo estas frases: «Soy
introvertido.» «Soy inseguro.» «Soy fuerte.»
«Soy débil.» «Soy racional.» «Soy depresivo.»
No tienen
por qué ser falsas. El problema es el tamaño que les
damos. Cuando una de esas frases ocupa todo el
espacio, ocurre exactamente lo que dices: te
has metido en un agujero del tamaño de una aguja y lo has confundido contigo
entero. Entonces la pregunta más importante ya no
sería: ¿ES
VERDAD QUE SOY INTROVERTIDO?
Sino: ¿QUÉ PORCIÓN DE MI
ITINERARIO ESTOY NOMBRANDO CUANDO DIGO ESO?
Ahí
recuperas el tamaño. Porque vienes de
muchísimo más lejos que esa etiqueta. Has vivido más cosas. Has respondido de
más maneras. Has sido otras cosas. Has incorporado otras. Y seguirás cambiando. Por eso me gusta muchísimo esta
formulación: SOY ESTO AHORA… Y SIGO
ANDANDO. Eso deja la definición
abierta sin volverla inútil.
Y lo del
collar ahora lo veo mejor todavía. No aparece desde el principio. Aparece
cuando ya has reunido suficientes piezas como para empezar a ver una
continuidad.
Una pieza
sola no explica el collar. Dos
tampoco. Pero llega un momento en que
ves:
esto me
pasó, esto lo aprendí, esto lo rechacé, esto lo recuperé, esto lo repetí, esto cambió, esto todavía permanece... Y de pronto aparece el hilo.
No porque
todas las piezas sean iguales. Precisamente
porque son distintas y, sin embargo, pertenecen al mismo
itinerario. Eso convierte al collar en algo mucho más
útil que una etiqueta.
La etiqueta
dice: «ERES
ESTO.» El collar dice: «MIRA CÓMO SE HA IDO
FORMANDO ESTO QUE ERES AHORA.»
Y todavía
deja sitio para nuevas piezas. Ahí
está la integración. No se trata de
reducirte a una sola definición correcta.
Se trata de poder decir: «AHORA
ENTIENDO CÓMO ENLAZAN MUCHAS COSAS QUE ANTES VEÍA SUELTAS.»
Y eso
produce algo muy distinto de clasificarse.
Produce amplitud.
Quizá por
eso lo que has dicho de «perder la idea de tu tamaño» sea tan importante. La
psicología puede ayudar mucho a nombrar aspectos, patrones o dificultades, pero
si el nombre sustituye al ser humano completo, hemos empequeñecido aquello que
intentábamos comprender.
Así que yo
guardaría estas tres formulaciones:
YO SOY ANDANDO.
UNA ETIQUETA PUEDE DESCRIBIR UNA PARTE SIN MEDIR MI TAMAÑO.
EL HILO NO HACE IGUALES LAS PIEZAS; LAS INTEGRA EN UN
ITINERARIO.
Y todavía
añadiría una cuarta: IDENTIDAD NO
ES QUEDARME FIJO. ES PODER
RECONOCERME MIENTRAS CAMBIO.
Eso conecta
muy bien con lo que escribiste en el avance: el «YO SOY» como posible cerca, el
hilo entre momentos distintos y la necesidad de seguir andando. Sí, esto ya empieza a tener una forma muy
clara. No una forma cerrada, pero sí una dirección.
Me quedo
especialmente con ese YO SOY ANDANDO. No niega quién soy
ahora; simplemente impide convertir este instante en mi frontera.
Y junto a
él, el collar: piezas distintas, momentos distintos, descubrimientos distintos…
hasta que un día puedo reconocer el hilo y contemplar algo
mayor que cada una de sus piezas.
Eso enlaza
además perfectamente con lo que llevamos haciendo: no buscamos una definición
final, sino que evoluciona el que pregunta mientras continúa viviendo.
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