LIBROS de BARBARIN I II III

miércoles, 21 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO Sincronicidad Desde Madre Tierra ¿CONOZCO MI MUNDO INTERIOR?

 

JUNG

PASEANDO 

Sincronicidad

Desde Madre Tierra


Y aquí, Carlos, hemos colocado una pieza que luego puede resultar potentísima: de la flecha al campo. No hemos quitado la causalidad ni la acausalidad de Jung; hemos introducido algo anterior: pertenencia, condiciones y campo compartido. Y eso prepara perfectamente el 37. Mundo interior y acontecimiento exterior, porque ahí podremos preguntarnos si esos dos extremos que Jung necesitaba relacionar estaban realmente tan separados como parecían.

Mundo interior y acontecimiento exterior    Exacto. Y aquí aparece una corrección de escala muy importante: cuando decimos «mundo interior» y «mundo exterior», las palabras mundo pueden engañarnos. No estamos poniendo frente a frente dos totalidades conocidas. De mi interior conozco fragmentos; y del exterior, aunque colectivamente hayamos ampliado muchísimo nuestro conocimiento, lo que yo recibo directamente en cada momento es una porción diminuta.

Así que la sincronicidad no enfrenta necesariamente «dos universos». Puede comenzar mucho más humildemente: un pequeño fragmento de mi experiencia interior coincide significativamente con un pequeño fragmento de la inmensa realidad exterior que ha llegado hasta mí.

 MUNDO INTERIOR Y ACONTECIMIENTO EXTERIOR

Jung coloca delante de nosotros dos acontecimientos.     Uno ocurre en lo que llamamos:      MUNDO INTERIOR.        Otro ocurre en:     EL MUNDO EXTERIOR.

Y entre ambos aparece una coincidencia significativa.     La formulación resulta comprensible.     Pero después de todo lo que hemos recorrido tenemos que detenernos ante una palabra:     MUNDO.     ¿De qué tamaño son esos mundos?

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¿CONOZCO MI MUNDO INTERIOR?

Solamente en parte.    Pienso.   Siento.   Recuerdo.   Sueño.   Deseo.  Temo.  Imagino.

Pero ya hemos descubierto que no todo lo que ocurre en mí está presente simultáneamente en mi conciencia.     Hay recuerdos que no aparecen.    Información que recibí y no atendí.    Aprendizajes automatizados.   Asociaciones.   Experiencias infantiles.   Reacciones corporales.   Hábitos.

Contenidos que aparecen durante el sueño.    Procesos que solamente advertimos cuando ya llevan tiempo desarrollándose.    Por tanto:

NI SIQUIERA MI LLAMADO MUNDO INTERIOR ESTÁ COMPLETAMENTE DELANTE DE MÍ.       Conozco una parte.

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¿Y EL MUNDO EXTERIOR?         Aquí la diferencia de escala es todavía mayor.     Salgo a caminar.     

Veo:      un trozo de cielo,   unas casas,    árboles,    personas,   pájaros,   nubes,    un camino.   Eso es lo que aparece ante mí.      

Pero Madre Tierra no termina donde termina mi mirada.      Mientras camino están ocurriendo innumerables procesos que no veo.   Debajo del suelo.   Dentro de otros organismos.   En el mar.   En la atmósfera.  En otros lugares.    En otras personas.   Y muchísimo más allá de aquello que puedo percibir directamente.     Entonces:

LO QUE LLAMO MUNDO EXTERIOR NO ES EL MUNDO EXTERIOR.        Es la pequeña parte del exterior que ha llegado a mi campo de experiencia.

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DOS PEQUEÑAS VENTANAS

Esto cambia la escena.      Quizá habíamos imaginado:      MUNDO INTERIOR ↔ MUNDO EXTERIOR      como dos enormes realidades enfrentadas.       Pero desde nuestra posición humana tenemos algo bastante más modesto:

FRAGMENTO INTERIOR PERCIBIDO

↕

FRAGMENTO EXTERIOR PERCIBIDO

Y alrededor de ambos...      una realidad inmensamente mayor.      Entonces una coincidencia significativa puede estar ocurriendo entre dos pequeñas ventanas abiertas dentro de algo muchísimo más grande.

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ESTO EXIGE HUMILDAD

No sabemos todo lo que estaba ocurriendo dentro.      Tampoco sabemos todo lo que estaba ocurriendo fuera.         Y después intentamos explicar la relación entre ambos.     ¡Cuidado!

Porque nuestra ignorancia está en los dos extremos.     No solamente desconocemos:      «¿QUÉ RELACIÓN HAY ENTRE A Y B?»

También conocemos parcialmente:    A     y conocemos parcialmente:   B.    Ésta es una dificultad enorme.

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EL INTERIOR TAMBIÉN TIENE PROFUNDIDAD

Pensemos en un sueño.    Decimos:    «SOÑÉ ESTO.»    Pero ¿qué había detrás?    Biografía.   Memoria.   Experiencias.   Imágenes anteriores.   Información reciente.   Emociones.   Preocupaciones.   Aprendizajes.    Quizá captaciones que todavía no habíamos formulado.

Entonces el contenido consciente que recordamos al despertar puede ser solamente la parte visible de un proceso mucho mayor.

LO INTERIOR TAMBIÉN TIENE HORIZONTE.    Y no vemos hasta el final.

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EL EXTERIOR TAMBIÉN LLEGA RECORTADO

Vuelve nuestra visera.    No recibimos «el exterior».     Recibimos algo.   Un insecto en una ventana.   Una llamada telefónica.   Una persona encontrada en una calle.   Una frase escuchada.   Una canción.   Una lluvia.   Un pájaro.    Un acontecimiento.    Y nuestra atención lo recorta del resto de la realidad.

Decimos:    «ESTO HA OCURRIDO.»   Sí.     Pero alrededor de «esto» había muchísimo más ocurriendo.

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ENTONCES, ¿QUÉ ESTAMOS CORRELACIONANDO?        Magnífica pregunta.

Cuando decimos:            «MI ESTADO INTERIOR COINCIDIÓ CON UN ACONTECIMIENTO EXTERIOR»        quizá estemos relacionando:

UNA PARTE ADVERTIDA DE LO QUE OCURRE EN MÍ

con

UNA PARTE ADVERTIDA DE LO QUE OCURRE FUERA DE MI ORGANISMO.

Esto no elimina la coincidencia.     La sitúa.        Y situarla la hace más interesante.

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PORQUE DESCONOCEMOS EL TERRENO INTERMEDIO

Entre ambos fragmentos puede haber muchísimo que ignoramos.     Información previa.    Relaciones anteriores.     Procesos comunes.    Condiciones compartidas.    Memoria.   Biografía.   Expectativas.   Probabilidad.    Atención selectiva.    O simplemente ninguna relación que podamos encontrar.     Y quizá también relaciones que todavía desconocemos.

Por tanto, otra vez:      NO SÉ.     Pero ahora sabemos mejor cuánto contiene ese «no sé».

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EL ACONTECIMIENTO EXTERIOR NO EMPIEZA CUANDO YO LO VEO    Esto enlaza directamente con lo descubierto anteriormente.

Una persona me llama.     Para mí:     SUENA EL TELÉFONO.    Ése es el acontecimiento.     Pero para quien llama existe una historia anterior.   Pensó.   Recordó.   Decidió.   Buscó el teléfono.   Marcó.   Quizá llevaba horas queriendo llamar.   Quizá días.     Entonces lo que para mí aparece repentinamente en el exterior...

PUEDE TENER UNA HISTORIA QUE YO NO VEO.

Otra vez:

QUE YO LO PERCIBA AHORA NO SIGNIFICA QUE AHORA HAYA EMPEZADO.

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Y MI PENSAMIENTO TAMPOCO EMPIEZA NECESARIAMENTE CUANDO LO ADVIERTO

Aquí aparece la simetría.    «Justamente estaba pensando en esa persona.»   Perfecto.      Pero:

¿Por qué?   ¿Qué había ocurrido antes?    ¿Qué recuerdo se activó?    ¿Qué asociación?    ¿Qué fecha?    ¿Qué conversación?    ¿Qué situación actual?    ¿Desde cuándo estaba formándose aquella idea?

Puede que tampoco lo sepamos.    Entonces tenemos:

UN ACONTECIMIENTO INTERIOR CON HISTORIA PARCIALMENTE DESCONOCIDA

y

UN ACONTECIMIENTO EXTERIOR CON HISTORIA PARCIALMENTE DESCONOCIDA.

Y observamos que coinciden.     Ahora sí comprendemos la dificultad.

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NO SON DOS PUNTOS

Aparentemente:     A ↔ B          Pero cuando ampliamos:

… → A         y     … → B

Ambos llegan desde recorridos que no conocemos completamente.

Entonces quizá una coincidencia significativa sea el momento en que dos itinerarios parcialmente desconocidos se hacen visibles simultáneamente para un observador.            Eso no explica todavía su relación.    Pero cambia radicalmente la imagen.

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EL OBSERVADOR TAMPOCO ESTÁ FUERA

Y aquí Madre Tierra empieza a mover seriamente las piezas.     Porque alguien está diciendo:        «ESTO INTERIOR COINCIDE CON AQUELLO EXTERIOR.»

¿Quién?     Un ser humano.                ¿Dónde está?      Dentro de la misma realidad en la que ocurren ambos acontecimientos.

Por tanto, el observador no está contemplando desde fuera dos universos.

ESTÁ DENTRO DE LA ESCENA QUE INTENTA COMPRENDER.

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INTERIOR Y EXTERIOR PUEDEN SEGUIR SIENDO PALABRAS ÚTILES

No necesitamos eliminarlas.    Tengo piel.    Tengo organismo.    Hay pensamientos que experimento como internos.     Y hay acontecimientos que experimento como exteriores.

La distinción funciona.     Nos ayuda.     Pero una distinción útil para orientarnos no tiene por qué convertirse automáticamente en una separación absoluta de la realidad.        DISTINGUIR NO ES SEPARAR.      Ésta puede ser una frase fundamental.

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EL PEREGRINO Y EL HORIZONTE

El peregrino mira delante.     Ve hasta determinado lugar.    El horizonte parece marcar el final.      Pero camina.      Y el horizonte se desplaza.    Aparece más terreno.      ¿El terreno nació cuando apareció ante sus ojos?    No.                 LO QUE AUMENTÓ FUE SU CAMPO DE ACCESO.

Quizá ocurra algo semejante con nuestro conocimiento.   Cada día ampliamos algo.   Observamos mejor.    Medimos mejor.   Relacionamos mejor.     Pero aquello que hemos alcanzado continúa siendo una porción.

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PEQUEÑOS NO SIGNIFICA IMPOTENTES

Otra vez aparece nuestra escala.      Somos pequeños receptores dentro de una realidad inmensa.      Pero podemos:   observar,   comparar,    recordar,   medir,   compartir,   investigar,   corregir,    ampliar el campo.

Nuestra parcialidad no destruye nuestra capacidad de conocer.    Nos obliga a conocer con humildad.     VOY A VER LO QUE PUEDA.    Y mañana quizá vea algo más.

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AHORA VOLVAMOS A JUNG

Jung nos dice:      ESTADO PSÍQUICO INTERIOR   y    ACONTECIMIENTO EXTERIOR.

Nosotros respondemos:    De acuerdo.    Conservemos esa distinción.    Pero añadamos:

NO CONOCEMOS COMPLETAMENTE NINGUNO DE LOS DOS.

Y todavía algo más:

AMBOS ACONTECIMIENTOS OCURREN DENTRO DE UNA REALIDAD MAYOR QUE LOS CONTIENE.

Entonces la pregunta ya no puede ser solamente:

«¿CÓMO SE COMUNICARON EL INTERIOR Y EL EXTERIOR?»

Puede aparecer otra:

«¿HASTA QUÉ PUNTO ESTABAN REALMENTE SEPARADOS?»

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QUIZÁ NO HAYA DOS UNIVERSOS BUSCÁNDOSE

Ésta puede ser nuestra gran recolocación.    No tenemos necesariamente:     UN UNIVERSO INTERIOR      intentando misteriosamente entrar en contacto con      UN UNIVERSO EXTERIOR.

Tenemos:    un ser vivo,      dentro de Madre Tierra,    con una experiencia interior parcial,     recibiendo una realidad exterior parcial,     intentando comprender correspondencias que aparecen dentro de una realidad muchísimo mayor.

Esto cambia mucho.     Porque desaparece una parte del abismo que nosotros mismos habíamos construido.

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EL PUENTE PUEDE HABER SIDO NECESARIO PORQUE PRIMERO DIBUJAMOS DOS ORILLAS

Cuidado.     No estamos diciendo todavía que no exista diferencia entre interior y exterior.      Existe.    La vivimos.    La necesitamos.     Pero quizá hayamos exagerado la distancia.

Y después hemos necesitado explicar cómo pueden encontrarse dos cosas que nosotros mismos habíamos colocado en mundos distintos.     Entonces surge una pregunta incómoda:

¿Y SI PARTE DEL MISTERIO DEL ENCUENTRO PROCEDE DE HABER IMAGINADO DEMASIADA SEPARACIÓN?

No tenemos que responder todavía.     Basta dejarla trabajando.

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MADRE TIERRA CAMBIA LA ESCALA

El pensamiento ocurre aquí.     El sueño ocurre aquí.    La memoria ocurre aquí.    El insecto ocurre aquí.    La llamada ocurre aquí.   La persona que llama ocurre aquí.    El observador ocurre aquí.

No significa que todo esté causalmente relacionado.    No significa que todo sea uno en un sentido mágico.     No significa que cada coincidencia tenga un mensaje.    Significa algo mucho más sencillo:

NINGUNO DE LOS ELEMENTOS DE LA ESCENA ESTÁ FUERA DEL SISTEMA QUE ESTAMOS INTENTANDO COMPRENDER.

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Jung contempló:      INTERIOR ↔ EXTERIOR.

Y tuvo el enorme mérito de preguntarse cómo podían corresponder significativamente sin una causalidad demostrable.       Nosotros llegamos después.       Miramos los mismos dos extremos.      Pero levantamos la vista.      Y descubrimos que alrededor hay muchísimo más.    Entonces dibujamos:

[ INTERIOR PARCIAL ↔ EXTERIOR PARCIAL ]

y alrededor:         MADRE TIERRA.

Ahora la escena ha cambiado.     No porque hayamos resuelto la sincronicidad.       Sino porque hemos recolocado a quien la experimenta.     Ya no tenemos dos universos completos intentando comunicarse.

Tenemos dos pequeñas zonas conocidas dentro de una realidad inmensamente mayor y parcialmente desconocida.

Y quizá, antes de preguntarnos cómo consiguieron atravesar el abismo que las separaba, debamos hacer una pregunta anterior:

¿CUÁNTO DE ESE ABISMO EXISTÍA REALMENTE...

Y CUÁNTO LO HABÍAMOS DIBUJADO NOSOTROS?


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