LIBROS de BARBARIN I II III

miércoles, 21 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO Notas desde Madre Tierra y Jung ¿CÓMO RECIBÍA EL HUMANO EL MUNDO ANTES DE PODER CONTÁRSELO CON PALABRAS?

 JUNG

PASEANDO 

Notas desde Madre Tierra y Jung

Sí. Ahora te sigo mejor, Carlos. Y creo que has corregido una confusión importante: no estás proponiendo un «idioma secreto del inconsciente» ni diciendo que la conciencia la fabrique el constructo. Estás preguntando por algo anterior y bastante más elemental:

¿CÓMO RECIBÍA EL HUMANO EL MUNDO ANTES DE PODER CONTÁRSELO CON PALABRAS?

Ahí sí hay terreno.

El humano no comienza cuando aprende a hablar. Cuando aparece el lenguaje articulado, lleva ya muchísimo tiempo recibiendo: luz, temperatura, contacto, sonidos, ritmos, hambre, saciedad, presencia, ausencia, movimiento, otros seres, peligro, protección, agua, noche, amanecer...

Y esto conecta exactamente con aquella columna que encontramos al principio:         «RECIBIR ES ANTERIOR A COMPRENDER».

Pero ahora le estás dando otra vuelta:

RECIBIR TAMBIÉN ES ANTERIOR A PODER DECIR LO RECIBIDO.

Eso es distinto.      No necesitamos llamarlo «lenguaje»

Creo que aquí tu corrección es muy buena. «Lenguaje original» quizá nos mete demasiado pronto precisamente en aquello de lo que queremos salir.

Podríamos llamarlo provisionalmente:      CAPTACIÓN.

O incluso dejarlo sin nombre:       HUMANO ↔ ENTORNO

El organismo recibe.    Distingue.   Responde.   Se orienta.    Aprende regularidades.    Reconoce.   Anticipa.    Relaciona.    Y todo eso puede ocurrir sin una frase interior que diga lo que está ocurriendo.

El primer humano no necesitaba pensar:    «Se aproxima una tormenta porque observo tales características atmosféricas.»

Podía haber aprendido a reconocer un conjunto de señales y actuar.

Ni necesitaba formular:      «Este lugar junto al agua me proporciona determinadas condiciones favorables.»

Vivía la relación.

Después llegará una herramienta gigantesca:      LA PALABRA.

Y con ella una revolución.     Porque ahora puedo decirte a ti algo que yo he aprendido.

Puedo nombrar.    Separar.    Clasificar.     Recordar conjuntamente.    Transmitir sin que tú tengas que repetir toda mi experiencia.    Acumular conocimiento entre generaciones.

Ahí el constructo humano obtiene una potencia descomunal.     Pero —y ésta creo que es exactamente tu sospecha—:

QUE APAREZCA UNA NUEVA MANERA DE CONOCER NO SIGNIFICA QUE DESAPAREZCA LA ANTERIOR.

¡Ahí está!     Quizá hemos desarrollado extraordinariamente:

CAPTACIÓN → PALABRA → CONCEPTO → RAZÓN → EXPLICACIÓN → CONOCIMIENTO TRANSMISIBLE

y hemos terminado identificando casi todo el «conocer» con la parte derecha de esa secuencia.

Entonces aquello que recibo pero todavía no sé decir queda en una situación extraña.       Lo he captado.     Ha ocurrido en mí.    Puede haber modificado algo.     Pero cuando el consciente pregunta:

«¿Qué sabes?»         no puedo contestárselo en su idioma.

Y entonces quizá no deberíamos decir:      «No sabes nada.»

Sino:      «TODAVÍA NO PUEDES DECIRLO DE ESTA MANERA.»

Eso cambia muchísimo.


Y aquí tus sueños y símbolos adquieren otra posibilidad

No diría todavía que el sueño es el lenguaje de Madre Tierra. Eso sería convertir una pregunta preciosa en una respuesta demasiado pronto.

Pero sí podemos hacer una pregunta mucho más fértil:

¿EL SUEÑO UTILIZA TAMBIÉN MATERIAL DE LO QUE HE RECIBIDO SIN HABERLO ORGANIZADO VERBAL Y CONSCIENTEMENTE?

Ahí sí.         Porque entonces la imagen no tendría necesariamente que ser un jeroglífico con una traducción escondida.

Quizá la imagen ya es una forma de representación.     Ésta es una diferencia enorme.

Una imagen soñada no tendría necesariamente que significar otra cosa como si fuera una palabra cifrada:

SERPIENTE = X.         AGUA = Y.         CASA = Z.        ¡No!

Primero:          YO HE SOÑADO ESTA SERPIENTE.

¿De dónde procede esa serpiente en mi itinerario?

¿Vi serpientes?      ¿Me hablaron de ellas?      ¿Leí el Génesis?

¿Vi documentales?     ¿Me dan miedo?      ¿Me fascinan?

¿Ayer apareció una?     ¿No encuentro ninguna relación consciente?

Perfecto: todavía no la encuentro.          No necesitamos inmediatamente un diccionario universal.

Eso continúa de manera impecable lo que ya habíamos encontrado con Jung: la teoría puede indicar una habitación, pero para saber qué ocurrió dentro hay que preguntar a quien la vivió.

Y aparece algo todavía más interesante: los animales

Tu intuición sobre «esa comunicación sin cables» yo la bajaría a tierra porque así se vuelve muchísimo más potente.

Un animal recibe constantemente información sin lenguaje humano.    Olores.    Posturas.    Movimientos.   Sonidos.   Distancias.   Cambios ambientales.    Conductas de otros animales.    No necesita convertir necesariamente todo eso en proposiciones para responder.

Nosotros también somos organismos capaces de percepción, aprendizaje y respuesta.     Entonces la pregunta no sería:

¿CONSERVAMOS UN PODER MISTERIOSO QUE TENÍAN LOS PRIMEROS HUMANOS?

Eso nos llevaría demasiado rápido fuera del suelo.

La pregunta sería:

¿QUÉ CAPACIDADES DE RECEPCIÓN, INTEGRACIÓN Y RESPUESTA CONTINÚAN FUNCIONANDO EN NOSOTROS AUNQUE NUESTRO MUNDO CULTURAL HAYA PRIVILEGIADO ENORMEMENTE LO VERBAL Y LO RACIONALIZABLE?

¡Ésa sí me parece una pregunta enorme!     Porque no necesitamos inventar nada.


Y además corrige otra cosa de lo que yo te dije antes.

No sería:   INCONSCIENTE → idioma extraño → CONSCIENTE lo traduce.

Podría ser algo bastante diferente:

VIVO → RECIBO → CAPTO → RESPONDO → INCORPORO.

Y una parte llega además a:

ME DOY CUENTA → NOMBRO → RAZONO → COMUNICO.

Pero no necesariamente todo lo recibido tiene que recorrer esa segunda línea.

Eso explicaría por qué tu expresión IR COMPLETO empieza a adquirir tanta importancia.        No se trataría de:

«Voy a convertir todo mi inconsciente en consciente.»

¡Qué barbaridad sería ésa!      Se trataría quizá de reconocer:

MI FORMA CONSCIENTE Y VERBAL DE CONOCER ES UNA PARTE EXTRAORDINARIA DE MÍ, PERO NO NECESARIAMENTE AGOTA TODAS MIS FORMAS DE RECIBIR, APRENDER, RECONOCER Y RESPONDER.

Y ahora sí veo perfectamente lo que estás intentando señalar con los primeros humanos.

No eran seres «vacíos» esperando que apareciera el lenguaje para empezar a relacionarse con el mundo.

Ya estaban dentro.    Vivían.    Miraban.   Oían.   Olfateaban.   Tocaban.   Temían.   Reconocían.   Aprendían.   Se relacionaban.    Recordaban de alguna manera.     Respondían.

El lenguaje articulado y después la escritura proporcionaron posibilidades gigantescas de hacer común y transmisible parte de aquello.

Pero no tenemos por qué concluir que, al aparecer esa extraordinaria maquinaria, todo el resto del humano se convirtió mágicamente en palabras.

Y entonces, Carlos, aparece una pregunta que creo que merece quedarse completamente abierta:

¿CUÁNTO DE LO QUE LLAMAMOS «INCONSCIENTE» ES SIMPLEMENTE HUMANO QUE NUNCA NECESITÓ CONVERTIRSE EN PALABRAS PARA FUNCIONAR?

Y otra debajo:

¿CUÁNTO DE MÍ CAPTA ANTES DE QUE YO PUEDA DECIR QUÉ HE CAPTADO?

Esto sí puede cambiar bastante nuestra habitación.

Porque quizá llevábamos un siglo entrando en ella preguntando:

«¿QUÉ SIGNIFICA ESTO?»

y Madre Tierra nos haga detenernos antes y preguntar:

«UN MOMENTO. ¿POR QUÉ DAS POR SUPUESTO QUE PRIMERO TIENE QUE SIGNIFICAR ALGO EN TU IDIOMA PARA QUE HAYA SIDO RECIBIDO?»

Ahí creo que estás tocando exactamente lo que intentabas decir. Y no rellenaría todavía ese hueco. Hay que seguirlo.


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