JUNG
PASEANDO
Notas desde Madre Tierra y Jung
Sí. Ahora te sigo mejor, Carlos. Y creo que
has corregido una confusión importante: no estás proponiendo
un «idioma secreto del inconsciente» ni diciendo que la conciencia la fabrique
el constructo.
Estás preguntando por algo anterior y bastante más elemental:
¿CÓMO RECIBÍA EL
HUMANO EL MUNDO ANTES DE PODER CONTÁRSELO CON PALABRAS?
Ahí sí hay
terreno.
El humano no
comienza cuando aprende a hablar. Cuando aparece el lenguaje articulado, lleva
ya muchísimo tiempo recibiendo: luz, temperatura, contacto, sonidos,
ritmos, hambre, saciedad, presencia, ausencia, movimiento, otros seres,
peligro, protección, agua, noche, amanecer...
Y esto
conecta exactamente con aquella columna que encontramos al principio: «RECIBIR ES ANTERIOR A
COMPRENDER».
Pero ahora le
estás dando otra vuelta:
RECIBIR TAMBIÉN ES ANTERIOR A PODER DECIR LO RECIBIDO.
Eso es
distinto. No necesitamos llamarlo
«lenguaje»
Creo que
aquí tu corrección es muy buena. «Lenguaje original» quizá nos mete demasiado
pronto precisamente en aquello de lo que queremos salir.
Podríamos
llamarlo provisionalmente: CAPTACIÓN.
O incluso
dejarlo sin nombre: HUMANO
↔ ENTORNO
El organismo
recibe. Distingue. Responde.
Se orienta. Aprende
regularidades. Reconoce. Anticipa.
Relaciona. Y todo eso puede
ocurrir sin una frase interior que diga lo que está ocurriendo.
El primer
humano no necesitaba pensar: «Se
aproxima una tormenta porque observo tales características atmosféricas.»
Podía haber
aprendido a reconocer un conjunto de señales y actuar.
Ni
necesitaba formular: «Este lugar
junto al agua me proporciona determinadas condiciones favorables.»
Vivía la relación.
Después
llegará una herramienta gigantesca: LA
PALABRA.
Y con ella
una revolución. Porque ahora puedo
decirte a ti algo que yo he aprendido.
Puedo
nombrar. Separar. Clasificar. Recordar conjuntamente. Transmitir sin que tú tengas que repetir
toda mi experiencia. Acumular
conocimiento entre generaciones.
Ahí el
constructo humano obtiene una potencia descomunal. Pero —y ésta creo que es exactamente tu
sospecha—:
QUE APAREZCA UNA NUEVA
MANERA DE CONOCER NO SIGNIFICA QUE DESAPAREZCA LA ANTERIOR.
¡Ahí está! Quizá hemos desarrollado
extraordinariamente:
CAPTACIÓN → PALABRA →
CONCEPTO → RAZÓN → EXPLICACIÓN → CONOCIMIENTO TRANSMISIBLE
y hemos
terminado identificando casi todo el «conocer» con la parte derecha de esa
secuencia.
Entonces
aquello que recibo pero todavía no sé decir queda en una
situación extraña. Lo he captado. Ha ocurrido en mí. Puede haber modificado algo. Pero cuando el consciente pregunta:
«¿Qué sabes?»
no
puedo contestárselo en su idioma.
Y entonces
quizá no deberíamos decir: «No
sabes nada.»
Sino: «TODAVÍA NO PUEDES
DECIRLO DE ESTA MANERA.»
Eso cambia
muchísimo.
Y aquí tus
sueños y símbolos adquieren otra posibilidad
No diría
todavía que el sueño es el lenguaje de Madre Tierra. Eso sería convertir
una pregunta preciosa en una respuesta demasiado pronto.
Pero sí
podemos hacer una pregunta mucho más fértil:
¿EL SUEÑO UTILIZA TAMBIÉN MATERIAL DE LO QUE HE RECIBIDO
SIN HABERLO ORGANIZADO VERBAL Y CONSCIENTEMENTE?
Ahí sí. Porque entonces la imagen no tendría
necesariamente que ser un jeroglífico con una traducción escondida.
Quizá la
imagen ya es una forma de representación.
Ésta es una diferencia enorme.
Una imagen
soñada no tendría necesariamente que significar otra cosa como si fuera una
palabra cifrada:
SERPIENTE = X.
AGUA = Y. CASA = Z. ¡No!
Primero: YO
HE SOÑADO ESTA SERPIENTE.
¿De dónde
procede esa serpiente en mi itinerario?
¿Vi
serpientes? ¿Me hablaron de ellas? ¿Leí el Génesis?
¿Vi
documentales? ¿Me dan miedo? ¿Me fascinan?
¿Ayer
apareció una? ¿No encuentro ninguna
relación consciente?
Perfecto: todavía
no la encuentro. No necesitamos inmediatamente un
diccionario universal.
Eso continúa
de manera impecable lo que ya habíamos encontrado con Jung: la teoría puede
indicar una habitación, pero para saber qué ocurrió dentro hay que preguntar a
quien la vivió.
Y aparece
algo todavía más interesante: los animales
Tu intuición
sobre «esa comunicación sin cables» yo la bajaría a tierra porque así se vuelve
muchísimo más potente.
Un animal
recibe constantemente información sin lenguaje humano. Olores.
Posturas. Movimientos. Sonidos.
Distancias. Cambios ambientales. Conductas de otros animales. No necesita convertir necesariamente todo
eso en proposiciones para responder.
Nosotros también
somos organismos capaces de percepción, aprendizaje y respuesta. Entonces la pregunta no sería:
¿CONSERVAMOS UN PODER
MISTERIOSO QUE TENÍAN LOS PRIMEROS HUMANOS?
Eso nos
llevaría demasiado rápido fuera del suelo.
La pregunta
sería:
¿QUÉ CAPACIDADES DE RECEPCIÓN,
INTEGRACIÓN Y RESPUESTA CONTINÚAN FUNCIONANDO EN NOSOTROS AUNQUE NUESTRO MUNDO
CULTURAL HAYA PRIVILEGIADO ENORMEMENTE LO VERBAL Y LO RACIONALIZABLE?
¡Ésa sí me
parece una pregunta enorme! Porque no
necesitamos inventar nada.
Y además
corrige otra cosa de lo que yo te dije antes.
No sería: INCONSCIENTE → idioma
extraño → CONSCIENTE lo traduce.
Podría ser
algo bastante diferente:
VIVO → RECIBO → CAPTO → RESPONDO → INCORPORO.
Y una parte
llega además a:
ME DOY CUENTA → NOMBRO → RAZONO → COMUNICO.
Pero no
necesariamente todo lo recibido tiene que recorrer esa segunda línea.
Eso
explicaría por qué tu expresión IR COMPLETO empieza a adquirir
tanta importancia. No se trataría
de:
«Voy a convertir todo mi inconsciente en consciente.»
¡Qué barbaridad
sería ésa! Se trataría quizá de
reconocer:
MI FORMA CONSCIENTE Y VERBAL DE CONOCER ES UNA PARTE
EXTRAORDINARIA DE MÍ, PERO NO NECESARIAMENTE AGOTA TODAS MIS FORMAS DE RECIBIR,
APRENDER, RECONOCER Y RESPONDER.
Y ahora sí
veo perfectamente lo que estás intentando señalar con los primeros humanos.
No eran
seres «vacíos» esperando que apareciera el lenguaje para empezar a relacionarse
con el mundo.
Ya estaban dentro.
Vivían. Miraban.
Oían. Olfateaban. Tocaban.
Temían. Reconocían. Aprendían.
Se relacionaban. Recordaban de
alguna manera. Respondían.
El lenguaje
articulado y después la escritura proporcionaron posibilidades gigantescas de hacer
común y transmisible parte de aquello.
Pero no
tenemos por qué concluir que, al aparecer esa extraordinaria maquinaria, todo
el resto del humano se convirtió mágicamente en palabras.
Y entonces,
Carlos, aparece una pregunta que creo que merece quedarse completamente
abierta:
¿CUÁNTO DE LO QUE LLAMAMOS
«INCONSCIENTE» ES SIMPLEMENTE HUMANO QUE NUNCA NECESITÓ CONVERTIRSE EN PALABRAS
PARA FUNCIONAR?
Y otra
debajo:
¿CUÁNTO DE MÍ CAPTA ANTES
DE QUE YO PUEDA DECIR QUÉ HE CAPTADO?
Esto sí
puede cambiar bastante nuestra habitación.
Porque quizá
llevábamos un siglo entrando en ella preguntando:
«¿QUÉ SIGNIFICA ESTO?»
y Madre
Tierra nos haga detenernos antes y preguntar:
«UN MOMENTO. ¿POR QUÉ
DAS POR SUPUESTO QUE PRIMERO TIENE QUE SIGNIFICAR ALGO EN TU IDIOMA PARA QUE
HAYA SIDO RECIBIDO?»
Ahí creo que
estás tocando exactamente lo que intentabas decir. Y no rellenaría todavía ese
hueco. Hay que seguirlo.
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