MADRE TIERRA
La Ciencia de la Continuidad
de la Vida.
¿Dónde estoy?
¿Qué realidad me sostiene?
PASOS PARA EVOLUCIONAR Y MANTENER LA UNIDAD
Sí. Eso
lo veo necesario. No como advertencia alarmante, sino como instrucciones de recorrido.
Porque este segundo libro no conviene leerlo como una novela ni como un manual
que hay que terminar cuanto antes.
Precisamente
por su densidad, una idea puede tocar algo que el lector llevaba años dando por
supuesto y producir un reajuste inmediato: «¿Cómo no había visto esto?»,
«Entonces aquello que yo creía que era una limitación quizá no lo era», «¿Y si
empiezo a utilizar también esta parte de mí?».
Y ahí hay
que impedir dos errores: querer
cambiarlo todo inmediatamente y convertir cada descubrimiento en una nueva obligación.
Yo pondría,
después del prólogo y antes de entrar propiamente en el libro, algo así:
ANTES DE EMPEZAR
Algunas
indicaciones para recorrer este libro
Este libro
contiene muchas ideas. Algunas
probablemente te resultarán conocidas.
Otras pueden parecerte evidentes en cuanto las leas. Y quizá algunas produzcan una reacción
diferente:
«Nunca
lo había pensado así.»
Cuando
ocurra, no tengas prisa.
Este libro
no está hecho para ser consumido rápidamente ni para que cada descubrimiento se
transforme inmediatamente en una decisión.
Está hecho
para reconocer
posibilidades.
Tú no partes
de cero. Ya eres una Unidad humana
viva.
Tienes una
historia, unas capacidades desarrolladas, unas costumbres, una determinada
manera de relacionarte contigo mismo, con los demás y con el mundo.
Por eso,
mientras recorras estas páginas, conviene recordar algunas cosas.
No
conviertas cada página en una tarea.
Descubrir una posibilidad no significa que tengas que desarrollarla
inmediatamente.
No
desmontes lo que funciona.
Este libro no pretende quitarte aquello que has conseguido, sino mostrarte
otras capacidades que quizá puedan incorporarse a ello.
No
intentes equilibrarlo todo de golpe.
Unidad no significa que todas tus dimensiones deban ocupar exactamente el mismo
espacio. Significa que puedan participar armónicamente en el conjunto.
Detente
cuando una idea te toque especialmente.
Quizá ese día no necesites continuar leyendo. Observa cómo aparece esa cuestión
en tu vida cotidiana.
Distingue
comprender de incorporar.
Una cosa puede entenderse en un minuto y necesitar mucho más tiempo para encontrar
naturalmente su lugar en nuestra manera de vivir.
Permite
el desconcierto.
Algunas páginas pueden cuestionar ideas que llevabas muchos años considerando
evidentes. No necesitas decidir inmediatamente cuál es la nueva respuesta.
No
hagas de este libro otra exigencia.
No se trata de conseguir una versión perfecta de ti mismo.
Se trata de
descubrir cuánto más de
ti puede participar en tu propia vida.
Y, sobre
todo, conserva durante todo el recorrido una pregunta:
¿CÓMO ENTRA ESTO EN LA UNIDAD QUE YA SOY?
No:
«¿Qué tengo que cambiar?»
No:
«¿Qué estoy haciendo mal?»
Sino:
«¿Esto también forma parte de mis
posibilidades?»
«¿Lo utilizo?»
«¿Lo había olvidado?»
«¿Qué ocurriría si le diera un poco más de
espacio?»
Algunas
respuestas pueden tener efectos muy sencillos y cotidianos.
Quizá
camines de otra manera. Mires más. Escuches mejor. Descanses cuando corresponde. Utilices capacidades que tenías
prácticamente olvidadas. Te
relaciones de otra forma.
Descubras posibilidades
en Madre Tierra que siempre estuvieron delante de ti.
No necesitas
precipitar ninguna de ellas. Reconoce primero.
Después
observa.
Y deja que
aquello que verdaderamente pertenece a tu Unidad vaya encontrando su sitio.
Este libro
no es una carrera. Tampoco un
programa de transformación. Es un
recorrido de reconocimiento.
Puede que en
algunas páginas tengas la extraña sensación de haber ganado algo que siempre
fue tuyo:
«¡No
sabía que esto también lo tenía!»
Cuando
ocurra, no corras hacia la página siguiente. Quizá acabes de encontrar uno de tus
colores.
Míralo. Reconócelo. Déjalo participar.
Y continúa
cuando quieras.
Y añadiría
todavía una frase final, separada, porque puede ser la consigna protectora de todo el libro:
NO CAMBIES TU VIDA PORQUE LO HAS LEÍDO.
OBSERVA TU VIDA DESPUÉS
DE HABERLO LEÍDO.
Eso me
parece muy importante.
Porque si
algo es verdaderamente incorporable a la Unidad, la propia experiencia cotidiana irá
mostrando dónde encaja. No necesitamos que el lector salga
corriendo a reorganizar su existencia después de cada diez páginas.
Este libro
puede necesitar incluso descansos
de lectura. Y eso no sería leerlo mal. Puede ser precisamente
leerlo bien.
Hay libros
que uno termina.
Éste quizá haya páginas que necesiten
terminar de leerse viviendo.
El primer
libro nos ha hecho tocar suelo:
Madre Tierra
→ Vida → Continuidad → Humano.
Este segundo
ya parte de ahí y pregunta algo diferente:
Bien, estamos aquí. Somos está determinada forma de
Vida. ¿Cómo evolucionamos sin fragmentarnos?
Por eso no
lo trataría como una repetición de Madre Tierra. Es el paso siguiente.
El primero
mira fundamentalmente las condiciones que hacen posible la continuidad.
El segundo
empieza a mirar al HUMANO que tiene que continuar.
Y aparece
esa palabra decisiva: UNIDAD
No basta con
desarrollar muchísimo una parte. No
basta inteligencia sin cuerpo. Ni
cuerpo sin afectividad. Ni tecnología
sin relación. Ni libertad sin realidad. Ni individuo sin otros. Ni humano sin Madre Tierra.
EVOLUCIONAR tendría que significar desarrollar más
plenamente el conjunto, no hipertrofiar una parte y llamar progreso al
resultado.
Y aquí haría
exactamente lo mismo que acabamos de hacer con el primero: no tocar todavía
el recorrido original para perfeccionarlo retrospectivamente.
Lo
respetamos como paso auténtico.
Lo que sí
podemos hacer ahora, desde donde hemos llegado, es ponerle delante una buena
puerta y detrás una buena salida:
PRÓLOGO →
INTRODUCCIÓN CARTOGRÁFICA → LIBRO TAL COMO NACIÓ → EPÍLOGO → CONTRAPORTADA.
Y después su
imagen, que ya no debería ser la del bebé llegando ni solamente la de
los pies tocando suelo.
Aquí
necesitamos representar otra cosa:
UN HUMANO ENTERO DESARROLLÁNDOSE DENTRO DE UNA
REALIDAD ENTERA.
No escapar
de Madre Tierra para evolucionar. No
superar su condición humana. Al
contrario:
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