MADRE TIERRA
Y
JUNG
. ¿Qué edad tenía? Desarrollo y posibilidades disponibles
entonces.
La pregunta
anterior fue: ¿DÓNDE ESTABA YO CUANDO ESTO OCURRIÓ?
Ahora
acercamos todavía más la lupa. No
basta con saber dónde estaba. Necesitamos
preguntar: ¿QUÉ EDAD TENÍA? Porque
decir: «ESTO ME OCURRIÓ A MÍ» es cierto. Pero falta algo decisivo. ¿A
QUÉ «MÍ» LE OCURRIÓ?
Al de cuatro
años. Al de ocho. Al adolescente. Al joven de veinte. Al adulto de cuarenta. Es la misma biografía. El mismo caminante. Pero:
NO DISPONÍA DE LAS MISMAS
POSIBILIDADES.
Y esto puede
cambiar completamente nuestra manera de mirar la Sombra.
NO PONGAMOS
AL ADULTO DENTRO DEL NIÑO
Éste es uno
de los errores más fáciles de cometer retrospectivamente. Miramos hacia atrás desde nuestra
conciencia actual.
Tenemos: lenguaje,
experiencia, comparaciones, conocimientos, autonomía,
capacidad para alejarnos, otras relaciones, años vividos.
Y desde aquí
preguntamos: «¿POR QUÉ NO LO ENTENDÍ?» Porque quizá: TODAVÍA
NO PODÍAS ENTENDERLO ASÍ.
No porque el
niño estuviera vacío. No porque no
percibiera. No porque no sintiera. No porque no aprendiera. Sino porque estaba: DESARROLLÁNDOSE.
EL
MODELO ESTABA DESPLEGÁNDOSE
Volvamos a
nuestra casa. Las habitaciones
existen como posibilidades del modelo.
Pero eso no significa que todas estén disponibles de la misma manera
desde el primer día.
La casa está
viva. Se desarrolla. Las capacidades van desplegándose. Lenguaje.
Regulación. Comprensión. Razonamiento. Perspectiva. Autonomía.
Capacidad para interpretar situaciones complejas. Posibilidad
de revisar una interpretación anterior.
Por eso: TENER LA HABITACIÓN NO
SIGNIFICA TENERLA YA COMPLETAMENTE HABILITADA. Esto es crucial.
EL NIÑO
VIVE ANTES DE PODER EXPLICAR SU VIDA
Ya lo
vimos. Recibir es anterior a comprender
plenamente. Un niño puede
percibir: una voz, una ausencia, un gesto,
una discusión, un abrazo, una tensión, una prohibición, una celebración. Todo eso ocurre.
Pero la
capacidad para contextualizarlo está todavía desarrollándose. Entonces puede quedar algo extraordinariamente
sencillo: EXPERIENCIA SIN EXPLICACIÓN
SUFICIENTE. O con una explicación
provisional. La mejor disponible
entonces.
Y ESA
EXPLICACIÓN PUEDE QUEDARSE
Aquí aparece
la cuestión. Imaginemos que algo
ocurre a los siete años. El caminante
lo interpreta con las posibilidades de siete años. Perfecto.
El problema
no es ése. ¿Qué otra cosa iba a hacer? La pregunta aparece treinta años después: ¿VOLVÍ
ALGUNA VEZ A MIRARLO CON TREINTA Y SIETE?
Porque quizá
el acontecimiento pasó. La vida
siguió. La interpretación quedó. Y nadie volvió a encender la luz en aquella
habitación.
UNA
INTERPRETACIÓN PUEDE TENER EDAD
Esto me
parece enorme. Decimos: «YO
PIENSO QUE...» Y quizá
sería más preciso decir:
«UNA PARTE DE MÍ
SIGUE ORGANIZANDO ESTO CON UNA INTERPRETACIÓN QUE APARECIÓ EN OTRO MOMENTO DE
MI DESARROLLO.»
No significa
que podamos fechar siempre su origen. Ni
que exista un pequeño niño literalmente hablando dentro de nosotros. Es una manera de investigar la continuidad
de aprendizajes anteriores. Pero la
pregunta es formidable: ¿QUÉ EDAD TIENE ESTA EXPLICACIÓN? No la persona. La
explicación.
«FUE POR MI
CULPA»
Un niño
puede interpretar un acontecimiento complejo atribuyéndose una responsabilidad
que no podía valorar adecuadamente. Años
después, con más información, puede descubrir: «YO
NO TENÍA EL CONTROL QUE CREÍA TENER.»
No cambiamos
el acontecimiento. No negamos lo que
sintió. Añadimos: CONTEXTO. Y contexto puede modificar significado.
TAMBIÉN
PUEDE OCURRIR LO CONTRARIO
No
utilicemos la infancia como absolución automática. Un adulto puede revisar algo y descubrir:
«ENTONCES
NO COMPRENDÍA TODO, PERO AHORA SÍ PUEDO RECONOCER QUE AQUELLO QUE HICE CAUSÓ
DAÑO.»
La
conciencia actual puede: aliviar
culpas que no correspondían, pero
también: ASUMIR RESPONSABILIDADES QUE ENTONCES NO PODÍAMOS COMPRENDER
COMPLETAMENTE.
La luz no
viene a declararnos inocentes.
Viene a
permitirnos ver mejor.
¿QUÉ
POSIBILIDADES TENÍA DISPONIBLES ENTONCES?
Ésta es la
segunda mitad del capítulo. Porque la
edad no nos interesa como número. Nos
interesa como: MOMENTO DEL
DESARROLLO.
¿Qué podía hacer? ¿Qué podía comprender? ¿De quién dependía?
¿Podía marcharme? ¿Podía pedir ayuda? ¿Sabía poner palabras a aquello?
¿Conocía alternativas? ¿Tenía otras referencias?
¿Podía comparar aquel mundo con otro?
No demos las
respuestas por anticipado. Preguntémoslas
para esa persona
concreta.
A LOS CINCO
AÑOS NO PUEDO CAMBIAR DE FAMILIA
Parece una
obviedad. Pero cambia muchísimo
nuestra lectura. El niño depende
enormemente del mundo en el que está creciendo. No dispone de la libertad práctica de un
adulto. Por tanto, algunas adaptaciones que
después nos parecen incomprensibles quizá tuvieron una lógica muy sencilla:
ÉSE ERA EL
MUNDO DISPONIBLE. No podía salir del
constructo y analizarlo. Estaba
aprendiendo el mundo dentro
de él.
EL NIÑO NO SABE
QUE SU MUNDO ES «UN» MUNDO
Esto conecta
directamente con Madre Tierra.
El niño
recibe: familia, idioma,
costumbres, valores, roles,
normas, creencias. No dispone al principio de una
perspectiva histórica y comparativa que le permita decir: «INTERESANTE.
ÉSTA ES UNA CONSTRUCCIÓN CULTURAL PARTICULAR ENTRE OTRAS POSIBLES.»
¡Claro que
no! Para él: EL
MUNDO ES ESTO. Más tarde podrá
descubrir: «NO. ÉSTA ERA UNA MANERA DE CONSTRUIR
EL MUNDO.» Menudo
salto de conciencia.
LA
EDAD CAMBIA EL CONSTRUCTO DISPONIBLE
A los seis
años quizá mi universo son: casa, escuela,
familia, calle. Después aparecen: amigos,
libros, otros hogares, viajes,
estudios, trabajo, otras culturas, otras ideas, otras maneras de vivir.
El mundo se
ensancha. Y al ensancharse ocurre algo
decisivo: PUEDO COMPARAR. Antes: «LAS
COSAS SON ASÍ.»
Después: «EN
MI CASA LAS COSAS ERAN ASÍ.» Esa
pequeña diferencia lingüística puede ser una revolución psicológica.
«MI PADRE
DECÍA...» Antes quizá significaba: ASÍ ES.
Después
puede significar: MI PADRE PENSABA ASÍ. No estamos atacando al
padre. Estamos diferenciando. Su pensamiento vuelve a ocupar su lugar: UNA
BIOGRAFÍA DENTRO DE OTRA BIOGRAFÍA.
Entonces
algo que había entrado como realidad puede ser revisitado como: interpretación, criterio,
consejo, creencia, costumbre,
acierto, error.
Ahora puedo
elegir hasta donde pueda qué hago con ello.
DESARROLLO
NO SIGNIFICA UNA ESCALERA PERFECTA
Cuidado
aquí. No vamos a fabricar otra
rigidez. No existe una tabla sencilla
que permita decir: «A los siete años
todo humano puede exactamente esto.»
El
desarrollo tiene regularidades, pero también enormes diferencias individuales y
contextuales. Por eso nuestra
pregunta no es: «¿QUÉ HACE UN NIÑO DE OCHO AÑOS?»
Sino: ¿QUÉ
PODÍA HACER YO ENTONCES? Hasta
donde podamos reconstruirlo. Sin
inventar.
TAMPOCO
TODO LO ANTIGUO ES INFANTIL
Otro cuidado. Que una reacción empezara temprano no
significa que hoy sea: «INFANTIL.» Puede haberse convertido
en una capacidad adulta perfectamente válida. Algo aprendido en la infancia puede ser
magnífico.
Responsabilidad. Curiosidad.
Afecto. Prudencia. Sentido del humor. Perseverancia. No estamos buscando infantilismos. Estamos investigando: SI UNA RESPUESTA SIGUE AJUSTADA AL PRESENTE.
Ésa es la
pregunta.
LO QUE PODÍA HACER ENTONCES
Supongamos
que ante determinada situación sólo veía dos posibilidades: CALLAR o PELEAR.
Quizá hoy
dispone de veinte. Hablar. Esperar.
Preguntar. Negociar. Poner un límite. Marcharse.
Pedir ayuda. No responder. Buscar información. Reconocer que no sabe.
Entonces aparece
algo precioso: LA LIBERTAD PUEDE CRECER POR AUMENTO DE POSIBILIDADES DISPONIBLES.
No libertad
infinita. Pero sí: MÁS
MARGEN.
LO QUE
ENTONCES ERA IMPOSIBLE PUEDE SER POSIBLE HOY
Antes
dependía económicamente. Hoy quizá no.
Antes no
tenía lenguaje para decirlo. Hoy sí.
Antes no
conocía otra forma de relación. Hoy ha
visto muchas.
Antes
necesitaba pertenecer a aquel grupo. Hoy
puede elegir otros.
Antes una
autoridad parecía absoluta. Hoy puede
cuestionarla.
Entonces: ¿POR
QUÉ SEGUIR RESPONDIENDO CON EL CATÁLOGO DE POSIBILIDADES DE ENTONCES? Ahí la arqueología se convierte en
presente.
UNA
RESPUESTA PUEDE QUEDAR CONGELADA EN SU CATÁLOGO ANTIGUO
No
necesariamente porque haya un misterioso mecanismo encerrado en una cueva
interior. Puede haber algo más
sencillo: APRENDÍ UNA RESPUESTA.
Funcionó. La repetí.
Se volvió disponible. Y otras
posibilidades no se desarrollaron igual.
Ahora aparece una situación parecida.
La vieja respuesta llega primero.
Entonces: HÁGASE
LA LUZ. No para destruirla. Para añadir alternativas.
«¿QUÉ MÁS
PUEDO HACER AHORA?»
Menuda
pregunta terapéutica. No: «¿QUÉ
DEBERÍA HABER HECHO ENTONCES?» Eso
puede ser tremendamente injusto. La
pregunta viva es: ¿QUÉ PUEDO HACER AHORA QUE ENTONCES NO PODÍA?
Ahora tengo: otra edad,
otro cuerpo, otra experiencia, otras relaciones, otros conocimientos, otros recursos, otra capacidad de comprensión. El pasado no cambia. EL
CATÁLOGO ACTUAL DE POSIBILIDADES SÍ PUEDE CAMBIAR.
ESTO CAMBIA
TAMBIÉN LA SOMBRA
Porque quizá
algo quedó en Sombra precisamente porque el caminante de entonces no podía
integrarlo dentro del mundo disponible.
No tenía
lenguaje. No tenía permiso. No tenía contexto. No tenía autonomía. No tenía otra interpretación. Hoy quizá sí. Entonces podemos preguntar: ¿SIGUE
NECESITANDO ESTAR EN SOMBRA? No
sabemos. Miremos.
UNA
CAPACIDAD PUEDE LLEGAR TARDE A UNA HABITACIÓN
Qué imagen
tan bonita. La experiencia ocurrió
primero. La capacidad para
comprenderla plenamente llegó después.
Pero nadie volvió a presentarlas. Ahí puede estar parte
de nuestro trabajo: PRESENTARLE AL ADULTO DE HOY ALGO QUE FUE VIVIDO CON LOS RECURSOS
DE ENTONCES.
No para
hacer teatro con el pasado. Para
actualizar información.
«AHORA
ENTIENDO ALGO QUE ENTONCES NO PODÍA ENTENDER»
Eso sí es
posible. Y puede ocurrir a cualquier
edad. También podemos mirar algo
vivido a los cuarenta desde los sesenta y descubrir: «AHORA
VEO ALGO QUE ENTONCES NO VEÍA.»
Por eso esto
no es una teoría sobre niños. Es una
teoría sobre: ITINERARIO. Siempre
estamos viviendo desde el momento de desarrollo, conocimiento y posibilidades
en que nos encontramos.
Y siempre
podemos llegar después con otra luz.
LA
BIOGRAFÍA NO ES UN EXPEDIENTE CERRADO
Los hechos
ocurridos no cambian. Pero nuestra
capacidad para: comprenderlos, contextualizarlos, relacionarlos, valorarlos,
integrarlos, puede continuar
desarrollándose.
Por eso: LA
BIOGRAFÍA TERMINADA NO EXISTE MIENTRAS EL CAMINANTE SIGA CAMINANDO.
Hay páginas
escritas. Sí. Pero la relación actual con esas páginas
sigue viva.
Y AQUÍ
APARECE ALGO MUY JUNGIANO
Jung
entendió la vida psicológica como proceso.
La individuación no es simplemente arreglar una infancia y terminar. Es un camino de diferenciación e
integración. Eso encaja magníficamente
con nuestra idea: SÓLO EXISTEN CAMINANTES, NUNCA METAS.
Pero Madre
Tierra añade una coordenada decisiva:
EN
CADA MOMENTO DEL CAMINO DISPONÍAMOS DE UNAS POSIBILIDADES CONCRETAS.
No juzguemos
todo el itinerario desde la última etapa.
NO
PREGUNTES SÓLO «¿POR QUÉ?»
Añade: ¿CUÁNDO?
Y después: ¿CON QUÉ RECURSOS? Eso puede evitar toneladas de
juicios retrospectivos. «¿Por qué
permití aquello?» ¿Qué edad tenías?
«Diecinueve.» ¿Qué sabías? ¿Qué relaciones habías conocido? ¿De qué dependías? ¿Qué alternativas veías? ¿Qué considerabas normal? ¿Qué mundo tenías disponible? No buscamos justificarlo todo.
BUSCAMOS ENTENDER EL TERRENO SOBRE EL QUE
OCURRIÓ. Después vendrá la
responsabilidad que corresponda.
EDAD
CRONOLÓGICA Y POSIBILIDADES NO SON LO MISMO
Dos personas
de veinte años pueden disponer de recursos muy distintos. Por historia. Experiencia. Entorno.
Desarrollo. Apoyos. Aprendizaje.
Por eso la
edad es una puerta. No la explicación. La pregunta completa sería:
¿QUÉ EDAD TENÍA Y QUÉ
POSIBILIDADES TENÍA REALMENTE DISPONIBLES ENTONCES? Ahí sí.
MADRE
TIERRA PONE RELOJ EN LA HABITACIÓN
Jung nos
enseñó a mirar hacia lo que no reconocemos.
Nosotros estamos añadiendo: FECHA. ETAPA. CONTEXTO. CAPACIDADES DISPONIBLES. POSIBILIDADES DE RESPUESTA.
Y la Sombra
empieza a dejar de ser una oscuridad intemporal. Puede contener cosas que fueron quedando
fuera: EN MOMENTOS CONCRETOS DE UN DESARROLLO CONCRETO.
En nuestros
trabajos anteriores ya habíamos llegado al mismo punto desde otra dirección:
antes de cualquier etiqueta, está el ser humano vivo y en desarrollo, con
posibilidades dentro de las condiciones de su momento; el itinerario va
incorporando y organizando contenidos, pero no convierte automáticamente una
dificultad en condena.
¿QUÉ
EDAD TENÍA? Ya
no es una pregunta para rellenar una ficha.
Es una linterna. Porque detrás
vienen inmediatamente:
¿QUÉ
PODÍA COMPRENDER? ¿QUÉ PODÍA
ELEGIR?
¿DE
QUIÉN DEPENDÍA? ¿QUÉ MUNDO
CONOCÍA?
¿QUÉ
ALTERNATIVAS PODÍA IMAGINAR?
¿QUÉ
CAPACIDADES TODAVÍA SE ESTABAN DESPLEGANDO?
Y
finalmente: ¿QUÉ PUEDO HOY QUE ENTONCES NO PODÍA?
Ahí aparece
algo precioso. No necesitamos viajar
al pasado para salvar al caminante que fuimos. El caminante llegó hasta aquí.
AQUÍ ESTÁ. Con todo el itinerario. Con las respuestas que le sirvieron. Con las que dejaron de servirle. Con habitaciones abiertas. Con otras apenas exploradas. Y ahora dispone de algo que entonces no
podía disponer: TODO EL CAMINO RECORRIDO DESDE ENTONCES.
Eso también
es una herramienta. Eso también es
conciencia. Eso también amplía
posibilidades. Y nos deja delante de
la siguiente pregunta inevitable.
Porque saber
qué edad tenía todavía no nos dice qué
podía comprender realmente de aquello que estaba viviendo. Ésa es otra excavación.
¿QUÉ PODÍA COMPRENDER
ENTONCES? Ahí la linterna entra
todavía más profundamente, pero sin salir ni un centímetro del itinerario.
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