MADRE TIERRA
La Ciencia de la Continuidad
de la Vida.
¿Dónde estoy?
¿Qué realidad me sostiene?
PASOS PARA EVOLUCIONAR Y MANTENER LA UNIDAD
Sí. Ésta
es una precisión fundamental para el segundo libro, porque evita convertir
la UNIDAD en una meta futura que hubiera que conquistar.
No. La Unidad es el punto de partida.
Estoy vivo
porque ya existe una organización conjunta. Mi respiración no va por su cuenta,
el corazón por otra, el cerebro por otra, la alimentación por otra... El
organismo existe precisamente porque hay una integración funcional, aunque
pueda haber desequilibrios, limitaciones o aspectos menos desarrollados.
Por eso
quizá la consigna con la que habría que entrar en las páginas sea exactamente
la que acabas de formular:
¿CÓMO
INCORPORO ESTO A MI UNIDAD?
Porque el
libro va a dar bandazos. Una
página puede hacerte mirar el cuerpo.
Otra la inteligencia. Otra el
descanso. Otra la relación. Otra la contemplación. Otra la naturaleza. Otra la cooperación. Otra la creatividad.
Y si el
lector toma cada descubrimiento aisladamente puede empezar a pensar:
«Ahora tengo
que hacer esto.»
«Ah, pues
también aquello.»
«Y además me
falta esto otro.»
Y
acabaríamos creando otra fragmentación intentando combatir la fragmentación. Ése sería precisamente el error.
Cada página
debería recibirse diciendo:
«Esto también soy yo. ¿Qué lugar tiene actualmente
dentro de mi conjunto?»
No: «Tengo que desarrollar esto al
máximo.»
Sino: «¿Está participando?» ¡Ésa es la pregunta!
Porque
tampoco necesitamos que todas las dimensiones estén igualmente desarrolladas.
Eso sería artificial. Cada humano tendrá su configuración, su edad, sus
circunstancias, sus inclinaciones, sus capacidades.
UNIDAD NO ES IGUALDAD DE LAS PARTES.
UNIDAD ES PARTICIPACIÓN DE LAS PARTES EN EL CONJUNTO.
Y entonces
desaparece muchísimo esfuerzo inútil.
No hay que fabricarse otra personalidad. No hay que reconstruirse desde cero. No hay que convertirse en «humano
completo» porque ya eres humano.
Hay que tomar conciencia de lo que ya nos
constituye y comprobar qué está participando, qué está desatendido, qué se ha
enquilosado y qué quizá está ocupando demasiado espacio.
Eso es mucho
más fino. Y aquí aparece una imagen
que puede acompañar todo el libro:
no construir la Unidad; afinarla.
Como una
orquesta. Los instrumentos ya están. La música ya existe. Quizá unos suenan demasiado. Otros apenas entran.
Alguno lleva
años sin utilizarse. No necesitamos
romper la orquesta y construir otra.
Escuchar. Afinar. Dar entrada. Armonizar.
Y después
viene, como decías antes, el gran salto:
Cuando
empiezo a reconocerme como unidad, dejo de relacionarme con Madre Tierra desde
una sola parte de mí.
Ya no sólo
pienso sobre ella. Entro
entero.
Camino. Respiro.
Percibo. Siento. Pienso.
Me relaciono. Creo. Descanso. Observo. Participo.
Y entonces
tenemos dos unidades que no están separadas artificialmente:
MI UNIDAD HUMANA dentro del enorme sistema de
relaciones de MADRE TIERRA.
Eso
convierte el título en algo muchísimo más preciso:
PASOS PARA
EVOLUCIONAR
Y MANTENER
LA UNIDAD
No dice «Pasos
para conseguir la Unidad». ¡Ya
está!
Dice mantenerla
mientras desarrollamos posibilidades nuevas.
Y creo que
esto debe quedar clarísimo antes de que el lector entre en el texto. Casi
pondría, después del prólogo, una pequeña página independiente:
CONSIGNA PARA RECORRER ESTE LIBRO
No intentes convertir cada descubrimiento en una nueva
obligación.
Tú ya eres una Unidad.
Mientras
avances por estas páginas, pregúntate únicamente:
¿Dónde está esto en mí?
¿Participa suficientemente?
¿Lo he desarrollado?
¿Lo he olvidado?
¿Está ocupando demasiado espacio?
¿Cómo puede incorporarse armónicamente al conjunto que
ya soy?
Y después:
sigue caminando.
Porque este
libro no pretende desmontarte para volver a construirte.
Pretende ayudarte a descubrir cuánto más puede
participar de ti en eso que ya eres.
Esto sí me
parece que debemos meterlo. No es añadir otra rama al libro: es entregar al
lector la manera correcta de leer todas las ramas que ya contiene.
Sí. Ahora
has afinado muchísimo qué significa UNIDAD en este libro. Y la
imagen de los tinteros me parece especialmente buena porque evita enseguida la
idea de defecto.
El modelo
humano ya viene con sus
tinteros.
No partimos
de una hoja en blanco intentando fabricar un ser humano. Somos ya una organización
viva. Tenemos cuerpo, afectividad, inteligencia, percepción, imaginación,
vínculo, movimiento, descanso, creatividad, capacidad de cooperación,
conciencia... Cada persona con su configuración concreta.
Y, como
dices, ocurre como en una impresora:
hay tinta en todos los depósitos, pero no
necesariamente en la misma cantidad ni todos han sido utilizados igual.
Uno ha usado
muchísimo determinados colores. Otro
desarrolló otros. Algunos quedaron
prácticamente sin estrenar. Otros
han intervenido tanto que parece
que toda nuestra vida tenga ese color.
Y aquí el
libro cambia de significado. No viene a decir:
«Te
faltan colores.»
Viene a
decir: «¡MIRA CUÁNTOS COLORES YA TENÍAS!»
Eso es
formidable.
Porque
entonces tampoco hace falta ese ESFUERZO
entendido como forzarse, imponerse una disciplina para convertirse en alguien
distinto.
El organismo
humano ya está preparado para incorporar experiencias, aprender, relacionar,
adaptarse y desarrollar capacidades.
La tarea
empieza por otra palabra: RECONOCER
Reconocer: Esto
también está en mí.
Después: DARLE
VIDA.
No
obligatoriamente convertirlo en protagonista. Simplemente permitir que
participe.
Quizá
alguien descubra que llevaba treinta años utilizando extraordinariamente el
pensamiento analítico y muy poco sus sentidos. No necesita pensar menos.
Puede
empezar a percibir más.
Otro ha
vivido entregadísimo a los demás y apenas ha desarrollado autonomía. No
necesita dejar de querer a los demás.
Puede incorporarse
también a sí mismo.
Otro sabe
hacer, producir, resolver y organizar, pero apenas sabe estar. No necesita abandonar su eficacia. Puede añadir presencia. Y ahí aparece exactamente tu palabra:
ENSANCHAMIENTO
No
sustitución. No amputación. No renuncia.
ENSANCHAMIENTO
DEL CAMPO HUMANO PERSONAL.
Y sí: ese
ensanchamiento puede producir una crisis.
Pero aquí
«crisis» no tendría necesariamente el sentido de avería. Puede ser simplemente
el movimiento que ocurre cuando la
imagen que tenía de mí se queda pequeña para contener lo que acabo de descubrir
de mí mismo.
Eso es
precioso: «Yo creía que era esto.»
Y después: «Ah...
también soy capaz de esto.»
Y después: «¡Y
de aquello!»
La antigua
forma de organizarme quizá tenga que reajustarse. Pero
no porque haya empeorado.
Porque ahora hay más de mí participando.
Eso podría
ser lo que tú llamas muy bien una crisis
a bien: una crisis de ampliación, de crecimiento, de
posibilidades.
Y hay algo
que deberíamos cuidar muchísimo en el prólogo: no prometer que todo será fácil ni afirmar que no
requiere ninguna práctica. Reconocer puede ser inmediato;
integrar nuevos hábitos o capacidades a veces necesitará tiempo, repetición y
ajustes. Pero una cosa es eso y otra muy distinta vivirlo como una guerra
contra uno mismo.
La idea
sería:
NO FORZARTE A SER OTRO.
FACILITAR QUE PARTICIPE
MÁS DE LO QUE YA ERES.
Y ahora sí
veo la consigna completa con la que habría que recorrer esas páginas:
**NO ME PREGUNTO QUÉ
ME FALTA.
ME PREGUNTO QUÉ HAY
EN MÍ QUE TODAVÍA NO ESTÁ PARTICIPANDO PLENAMENTE.**
Cada
capítulo puede descubrirnos un tintero.
Cada tintero, un color. Cada
color, posibilidades que desconocíamos.
Y cuantos
más colores puedan participar armónicamente, no dejamos de ser nosotros. Al contrario:
APARECEMOS
CON MAYOR AMPLITUD.
Y después
llega Madre Tierra.
Entonces ya
no tenemos un humano monocromático intentando dominar un mundo exterior.
Tenemos una paleta humana mucho más amplia entrando en relación
con una Tierra llena de posibilidades.
Ahí puede
producirse el salto enorme:
UNIDAD
HUMANA → RECONOCIMIENTO → ENSANCHAMIENTO → ARMONIZACIÓN → SINTONÍA CON MADRE
TIERRA → NUEVAS POSIBILIDADES.
«Caramba... a ver cuántos colores míos llevo
toda la vida sin utilizar.»
Sí. Ésa
es la sensación exacta que debería conservar el segundo libro.
Vas leyendo
y, en lugar de encontrarte continuamente con carencias, te encuentras con premios
que ya eran tuyos y no habías cobrado.
La imagen
que acabas de dar es buenísima:
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