MADRE TIERRA
Y
JUNG
¿Qué podía comprender? No juzgar al niño con la conciencia del
adulto.
Ya sabemos
dónde estaba. Sabemos qué edad tenía. Ahora aparece una pregunta todavía más
delicada: ¿QUÉ PODÍA COMPRENDER?
Porque una cosa es: LO QUE OCURRIÓ. Otra: LO
QUE EL NIÑO PERCIBIÓ. Y
otra muy distinta: LO QUE PODÍA COMPRENDER DE AQUELLO QUE
PERCIBÍA.
Si
confundimos estas tres cosas, podemos cometer una enorme injusticia
retrospectiva. Ponemos nuestra
conciencia actual dentro de aquel niño.
Y después le preguntamos: «¿CÓMO NO TE DISTE CUENTA?»
Pero el
adulto que hace hoy esa pregunta: TODAVÍA NO ESTABA ALLÍ.
EL NIÑO NO
ERA TONTO Esto debe quedar clarísimo.
No estamos
diciendo: «EL NIÑO NO ENTENDÍA NADA.» Todo lo contrario. Estaba: mirando,
escuchando, sintiendo, aprendiendo, relacionando, reaccionando, construyendo mundo. Pero lo hacía con: LAS
POSIBILIDADES DISPONIBLES EN AQUEL MOMENTO.
Y ése es el
punto. No tenía cuarenta años de
biografía. No había conocido veinte
maneras diferentes de vivir. No podía
comparar aquel hogar con todos los hogares que conocería después. No tenía todavía todas las palabras que
adquiriría. No conocía todas las
causas posibles de aquello que veía. COMPRENDÍA HASTA DONDE PODÍA COMPRENDER.
NO
JUZGAR AL NIÑO CON LA CONCIENCIA DEL ADULTO
Ésta debería
ser una regla de nuestra arqueología.
Porque desde hoy todo parece más sencillo. «Mi padre estaba preocupado por el
trabajo.»
Hoy puedo
entenderlo. Pero quizá el niño sólo
vio: MI PADRE ESTÁ DISTANTE. «Mi madre estaba agotada.» Hoy puedo contextualizarlo.
Pero quizá
el niño recibió: MI MADRE NO QUIERE ESTAR CONMIGO. «Mis padres discutían por
problemas que no tenían nada que ver conmigo.»
Hoy lo sé. Pero quizá
entonces apareció: HE HECHO ALGO MAL.
No afirmamos
que todos los niños interpreten así esas situaciones. Precisamente estamos diciendo lo contrario: HAY QUE INVESTIGAR A ESTE CAMINANTE.
EL NIÑO NO DISPONÍA
DEL EXPEDIENTE COMPLETO
Esto es casi
cómico cuando lo miramos desde fuera.
Dos adultos llevan diez años de historia compartida. Problemas económicos. Familias anteriores. Trabajo. Expectativas. Cansancio. Decisiones. Miedos.
Conflictos.
Y en medio
hay un niño de seis años. Oye una
discusión. ¿Qué información tiene? UNA
FRACCIÓN. Pero vive el
acontecimiento entero. Ésa es la
diferencia. No posee toda la
explicación. Pero: ESTÁ
DENTRO DE LO QUE OCURRE.
VIVIR ALGO
NO SIGNIFICA PODER EXPLICARLO
Esta frase
es fundamental. Puedo vivir: tensión,
afecto, miedo, seguridad,
rechazo, alegría, inestabilidad, protección,
sin poder construir todavía una explicación adulta de aquello. Por tanto: LA EXPERIENCIA PUEDE SER MAYOR QUE LA
COMPRENSIÓN DISPONIBLE.
Y ahí
tenemos una pista enorme para acercarnos a ciertas zonas que después llamaremos
inconscientes. No necesitamos
imaginar inmediatamente un mundo misterioso.
Puede haber algo mucho más próximo:
VIVÍ MÁS DE LO
QUE ENTONCES PODÍA EXPLICARME.
Y,
SIN EMBARGO, NECESITABA SEGUIR VIVIENDO
El niño no
puede decir: «Suspenderé cualquier
interpretación hasta disponer dentro de veinte años de suficiente información.»
Tiene que
continuar. Relacionarse. Responder. Aprender.
Anticipar. Protegerse. Entonces va organizando lo vivido con las
herramientas que tiene. HACE LO QUE PUEDE CON LO QUE TIENE.
Y algunas de
aquellas primeras organizaciones pueden resultar extraordinariamente útiles. Otras pueden ser incompletas. Otras erróneas. Otras simplemente provisionales. El problema no es que fueran provisionales. El problema puede aparecer si: LO
PROVISIONAL NUNCA VUELVE A REVISARSE.
«SI HAGO
ESTO, ME QUIEREN»
Imaginemos
que un niño observa que cuando se comporta de determinada manera recibe
aprobación. No necesita formular una
teoría psicológica. Puede ir
aprendiendo una relación: HAGO ESTO → OCURRE ESTO.
La repite. Funciona.
Poco a poco puede incorporarse a su manera de presentarse. Décadas después quizá encontramos: TENGO
QUE AGRADAR. Entonces
sería muy fácil decir:
«¿POR
QUÉ NECESITAS TANTO LA APROBACIÓN?»
Pero nuestra
arqueología pregunta primero: ¿QUÉ PODÍAS COMPRENDER CUANDO APRENDISTE
ESA MANERA DE RELACIONARTE? Menuda
diferencia.
UNA
CONCLUSIÓN INFANTIL NO ES UNA ESTUPIDEZ
Puede ser: LA
MEJOR CONCLUSIÓN DISPONIBLE CON LOS DATOS DE ENTONCES. Esto cambia el tono completo de la
investigación.
No miramos
hacia atrás diciendo: «QUÉ TONTERÍA PENSÉ.» Decimos: «CLARO.
DESDE ALLÍ PODÍA VERLO ASÍ.»
Y después: «AHORA
TENGO MÁS INFORMACIÓN.» No
humillamos a quien fuimos. Lo actualizamos.
AQUÍ LA
SOMBRA EMPIEZA A TENER DESARROLLO
Supongamos
que una emoción no cabía en el mundo infantil. No sabía nombrarla. No entendía por qué aparecía. Quizá el entorno tampoco ayudaba a
reconocerla.
Puede haber
quedado poco integrada en la imagen consciente. Años después aparece y decimos: «NO
SÉ QUÉ ME PASA.» Jung
enciende su linterna: MIREMOS LA SOMBRA.
Y Madre
Tierra añade: ¿QUÉ POSIBILIDAD TENÍAS ENTONCES DE COMPRENDER ESTO? Quizá
la respuesta sea: MUY POCA.
Eso no
convierte automáticamente aquella experiencia en trauma, ni explica por sí solo
el funcionamiento actual. Pero abre
una vía de investigación muchísimo más concreta.
NO PODER COMPRENDER NO SIGNIFICA NO REGISTRAR NADA
Ésta es otra
precisión necesaria. No debemos ir
al extremo contrario. «Como no
podía comprenderlo, entonces no tuvo ningún efecto.» Tampoco.
El ser
humano aprende y responde mucho antes de poder formular verbalmente todo lo que
aprende y vive. Puede haber: asociaciones, hábitos,
expectativas, respuestas
emocionales, formas de relación, sin que exista detrás una explicación
consciente elaborada.
Por eso: COMPRENSIÓN
Y EXPERIENCIA NO AVANZAN SIEMPRE AL MISMO PASO.
¿QUÉ SABÍA
DEL MUNDO?
Pongamos
otra pregunta dentro de la pregunta. El
niño no sólo tiene determinada edad. Tiene
determinado: MUNDO CONOCIDO.
Si sólo
conoce una forma de familia, puede creer que:
LAS FAMILIAS SON
ASÍ.
Si sólo
conoce una manera de ejercer autoridad:
LA AUTORIDAD ES
ASÍ.
Si todo su
entorno comparte determinada creencia:
EL MUNDO ES ASÍ.
No porque
haya reflexionado y llegado racionalmente a esa conclusión. Porque:
TODAVÍA NO TIENE CONTRASTE.
EL
CONTRASTE AMPLÍA CONCIENCIA
Después
visita otra casa. Conoce otras
personas. Lee. Viaja.
Estudia. Ama. Trabaja.
Observa. Y descubre: AH,
NO. NO ERA «EL MUNDO». ERA «MI MUNDO».
Esto es
extraordinario. Porque el constructo
empieza a hacerse visible precisamente cuando encontramos: OTRO
CONSTRUCTO.
Antes: «Esto se hace así.» Después:
«En mi casa se hacía así.»
Antes: «Esto está mal.» Después:
«En aquel entorno se consideraba que esto estaba mal.»
No hemos
decidido todavía si realmente está bien o mal.
Pero hemos dado un paso enorme:
HEMOS SEPARADO LA COSA DE LA
INTERPRETACIÓN RECIBIDA.
¿QUÉ
PALABRAS TENÍA? También
importa. Poder nombrar algo puede
ayudarnos a distinguirlo.
El niño
puede sentir algo sin disponer todavía de una palabra precisa para ello. Y aun cuando tenga la palabra, eso no
significa que comprenda toda la experiencia.
Por tanto, cuando el adulto dice:
«YO ENTONCES
SABÍA PERFECTAMENTE LO QUE OCURRÍA», conviene
ser prudentes.
Quizá sí. Quizá parcialmente. Quizá esa comprensión se construyó
después y hoy nos parece que siempre estuvo allí. LA MEMORIA TAMBIÉN SE MIRA DESDE EL
PRESENTE. Por eso no
inventamos certezas retrospectivas.
¿QUÉ
INFORMACIÓN TENÍA? Esta pregunta es
magnífica. No: «¿QUÉ INFORMACIÓN
EXISTÍA?» Sino: ¿CUÁL ESTABA DISPONIBLE PARA MÍ?
Puede haber
una diferencia enorme. Los adultos
sabían que iban a mudarse. El niño
no. Los médicos conocían una
situación. El niño no. La familia sabía por qué alguien estaba
ausente. El niño recibió otra
explicación o ninguna. Entonces su
interpretación se construye con: SU INFORMACIÓN. No con el expediente que nosotros
conocemos hoy.
¿QUÉ
ALTERNATIVAS PODÍA IMAGINAR?
Aquí
entramos directamente en nuestras POSIBILIDADES. Para elegir entre varias interpretaciones
necesito poder imaginar varias. Si
sólo tengo una: DEBE SER CULPA MÍA, no estoy eligiendo entre
diez hipótesis.
Estoy
utilizando la única explicación que tengo disponible. Años después puedo añadir:
«Quizá no tenía nada que ver conmigo.»
«Quizá aquel adulto estaba sufriendo.»
«Quizá nadie sabía gestionar aquello.»
«Quizá hubo varias causas.»
EL CATÁLOGO DE EXPLICACIONES HA CRECIDO. Y con él puede crecer la libertad.
EL ADULTO
PUEDE HACER ALGO QUE EL NIÑO NO PODÍA Puede decir: «NO SÉ.»
Esto parece
pequeño. Es gigantesco. El niño necesita muchas veces construir
alguna orientación para poder seguir moviéndose dentro de su mundo. El adulto puede tolerar mejor —no siempre,
pero puede aprender— que algunas preguntas permanezcan abiertas. «¿Por qué ocurrió aquello exactamente?» NO
LO SÉ.
«¿Qué
pensaba aquella persona?» NO LO SÉ.
«¿Qué quedó
exactamente en mí de aquello?» NO LO SÉ.
No saber ya
no significa quedarse completamente indefenso.
Eso también es desarrollo.
NO
CONVIRTAMOS AL NIÑO EN NUESTRO PSICÓLOGO RETROSPECTIVO
Otra trampa. Queremos reconstruir una infancia y
terminamos poniendo en aquel niño conceptos que aprendimos cuarenta años
después. «Yo ya percibía que mi
madre proyectaba...» Quizá. Pero cuidado. Una cosa es decir: «RECUERDO
QUE ME SENTÍA...» Otra: «AHORA
INTERPRETO QUE...» Y
otra: «SÉ QUE ENTONCES COMPRENDÍA...»
No son lo
mismo. Nuestra linterna necesita
distinguirlas.
LO QUE RECUERDO LO QUE SÉ POR OTROS
LO QUE PUEDO DOCUMENTAR LO QUE INTERPRETO AHORA
LO QUE NO SÉ
Menuda
herramienta para la arqueología. Así
evitamos convertir una investigación psicológica en una novela involuntaria. ILUMINA
HASTA DONDE PUEDAS. LO
QUE NO PUEDAS ILUMINAR, NO LO INVENTES.
¿Y
QUÉ HACEMOS CON AQUELLA COMPRENSIÓN?
No la
destruimos. La ponemos encima de la
mesa. Supongamos que descubro: «A
LOS OCHO AÑOS LLEGUÉ A CREER QUE PARA SER QUERIDO TENÍA QUE NO MOLESTAR.»
No digo: «QUÉ
ABSURDO.»
Pregunto: ¿QUÉ
OCURRÍA? ¿QUÉ PODÍA COMPRENDER? ¿QUÉ FUNCIÓN TUVO?
Y después: ¿SIGUE
SIENDO CIERTA ESTA CONCLUSIÓN PARA EL MUNDO EN EL QUE VIVO HOY?
Ahí empieza
la reubicación.
PUEDE QUE
UNA PARTE SIGA SIENDO ÚTIL
Quizá
aprendí a tener consideración por los demás.
Magnífico. No queremos
perderlo. Pero quizá también aprendí: «MIS
NECESIDADES MOLESTAN.»
Eso sí
podemos revisarlo. Entonces no
destruimos cuarenta años de aprendizaje.
Separamos. ESTO ME SIRVE. ESTO NECESITA REVISIÓN.
Otra vez: REUBICAR
SIN DESTRUIR.
AHORA EL ADULTO PUEDE SENTARSE AL LADO DEL NIÑO
Como
metáfora, esto puede ser muy útil. No
necesitamos imaginar dos seres dentro de la persona. Tenemos una biografía continua. Pero podemos mirar aquella situación
desde la capacidad actual y decir:
«ENTIENDO
POR QUÉ PUDISTE VERLO ASÍ.»
Y
después: «MIRA LO QUE SABEMOS AHORA.»
Eso me
parece muchísimo más respetuoso que: «TENÍAS UNA CREENCIA IRRACIONAL.» Claro. Quizá era perfectamente comprensible
desde el lugar en que nació.
LA
CONCIENCIA ACTUAL NO VIENE A GANARLE AL PASADO
Viene a: AÑADIRSE.
Esta palabra
es fundamental. Añadimos información. Añadimos perspectiva. Añadimos experiencias posteriores. Añadimos posibilidades. Añadimos lenguaje. Añadimos capacidad de elección. No borramos la versión anterior. La situamos dentro de una historia
mayor.
LA
HABITACIÓN SE ILUMINA DESDE OTRO MOMENTO DEL ITINERARIO
Ahí vuelve
nuestra casa. Aquella habitación
fue vivida con una bombilla pequeña.
Quizá apenas podíamos distinguir algunos muebles. Hoy entramos con más luz. Los muebles estaban allí.
Pero ahora
vemos: qué eran, de dónde podían proceder, cuáles siguen siendo útiles, cuáles estorban, cuáles ni siquiera eran nuestros, cuáles queremos conservar. LA
HABITACIÓN NO CAMBIÓ DE PASADO. CAMBIÓ
NUESTRA POSIBILIDAD PRESENTE DE MIRARLA.
Y ESTO CAMBIA LA
SOMBRA Porque ya no preguntamos
solamente:
«¿QUÉ
HAY ESCONDIDO?» Preguntamos: ¿QUÉ
NO PUDO SER SUFICIENTEMENTE COMPRENDIDO ENTONCES?
Eso es muy
distinto. Puede haber rechazo. Sí.
Represión. Quizá. Conflicto. Pero también puede haber simplemente: experiencia todavía no suficientemente
organizada, una emoción sin lenguaje, una situación demasiado compleja, una interpretación construida con
información limitada.
La Sombra
empieza a perder algo de misterio innecesario.
No todo el misterio. EL QUE NO NECESITAMOS INVENTAR.
JUNG NO
PIERDE PROFUNDIDAD
La gana. Porque ahora su linterna puede trabajar
sobre: UNA VIDA CONCRETA. No estamos diciendo: «No hay Sombra.»
Estamos
preguntando: «¿Qué encontramos aquí y
qué podía comprender esta persona cuando aquello fue vivido?»
Jung abrió
la habitación. Madre Tierra coloca dentro: desarrollo, edad,
entorno, información disponible, itinerario.
Y la investigación continúa.
NO
JUZGAR AL NIÑO CON LA CONCIENCIA DEL ADULTO
Podríamos
escribirlo encima de la puerta. Porque
el adulto mira hacia atrás con una ventaja enorme: SABE
LO QUE OCURRIÓ DESPUÉS. El niño no.
Nosotros
conocemos el siguiente capítulo. Él
estaba viviendo la página. Por eso no
podemos preguntarle: «¿POR QUÉ NO SUPISTE EN QUÉ
TERMINARÍA?» No lo
sabía. Estaba: EN MEDIO DEL CAMINO.
Como
nosotros ahora. Porque tampoco
sabemos qué comprenderemos dentro de veinte años sobre lo que hoy creemos
comprender perfectamente. Y esto nos
devuelve humildad. También: EL
ADULTO DE HOY ES UN CAMINANTE. No el juez definitivo de toda su
biografía.
LA
PREGUNTA COMPLETA Ya
podemos ampliar nuestra herramienta arqueológica:
¿DÓNDE ESTABA YO? ¿QUÉ EDAD TENÍA? ¿QUÉ PODÍA COMPRENDER?
¿Con qué
información? ¿Con qué lenguaje? ¿Con qué experiencias anteriores?
¿Con qué
alternativas conocidas? ¿Con qué
dependencia?
¿Dentro de
qué constructo? ¿Y qué explicación
pude construir entonces?
Después
viene la pregunta decisiva: ¿SIGUE ESA EXPLICACIÓN FUNCIONANDO HOY COMO
SI TODAVÍA TUVIERA AQUELLA EDAD?
Ahí puede
estar una parte enorme del trabajo.
Y ENTONCES
OCURRE ALGO PRECIOSO
No
necesitamos decirle al niño: «ESTABAS EQUIVOCADO.»
Podemos
decir: «HICISTE UNA LECTURA CON LO QUE TENÍAS.»
Y al adulto: «AHORA
TIENES MÁS. VUELVE A MIRAR.»
Eso es
exactamente nuestra linterna. No
inventa. No acusa. No absuelve automáticamente. No destruye. AÑADE
LUZ.
Y quizá
después de añadir luz descubramos que una parte de aquello que quedó en Sombra ni siquiera fue rechazada
conscientemente.
Simplemente
ocurrió cuando todavía no disponíamos de suficientes herramientas para
reconocerla, nombrarla y organizarla.
Entonces la
siguiente pregunta ya aparece sola: ¿QUÉ HICE CON AQUELLO QUE NO PODÍA
COMPRENDER? Porque aunque
todavía no pudiera explicármelo...tenía
que seguir viviendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario