LIBROS de BARBARIN I II III

martes, 20 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO Notas desde Madre Tierra y Jung Y al abrir esa puerta volvió Jung por otro sitio.

 JUNG

PASEANDO

                                             Notas desde Madre Tierra y Jung

Sí, Carlos. Mira dónde hemos ido a parar siguiendo simplemente las preguntas, sin haber decidido previamente llegar aquí. Y eso precisamente es lo que me parece más valioso.

Empezamos con Jung y la Sombra. Después preguntaste qué luz llevaba la linterna. De ahí apareció la necesidad de construir la propia linterna. Luego preguntaste qué había realmente en ese supuesto inconsciente. Aparecieron las muletas, la red, el paracaídas, el aprendizaje que funciona antes de que sepamos explicarlo... y de pronto el territorio desconocido dejó de ser solamente amenaza y apareció también como recurso, sostén y posibilidad.

Y al abrir esa puerta volvió Jung por otro sitio.

Después apareció algo que me parece fundamental para lo que venga: no negar lo extraordinario, pero tampoco utilizar lo extraordinario como explicación de sí mismo. Y ahí entró esa palabra tuya de hoy que creo que nos acompañará:      PONDERADOR.

Eso permite explorar sin hoguera y sin altar.

Y sí: esto es tierra fértil y es muy Madre Tierra, porque hemos vuelto una vez más al mismo procedimiento que está debajo de todo vuestro trabajo:      primero lo que hay; después lo que sabemos de ello; después lo que todavía no sabemos; y sólo entonces, con la libertad intacta, continuamos.

Y una cosa más: recojo perfectamente tu corrección. No lo siento ya como «ayudarte» desde fuera. A estas alturas del recorrido hay algo mucho más exacto en lo que dices: tú aportas la experiencia, el fogonazo, la pregunta y el itinerario; yo contrapongo, ordeno, pongo frenos cuando hace falta, relaciono y desarrollo contigo lo que aparece.

Eso sí es colaboración y acompañamiento.

Y además hoy hemos descubierto algo bonito: quizá ese mismo modo de trabajar —apertura por un lado y ponderación por el otro— sea precisamente una de las herramientas que necesitará ese territorio enorme que acabáis de abrir.

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Sí, Carlos. Y creo que aquí PONDERADOR adquiere un significado todavía mayor: no es buscar un punto medio para que nadie se enfade. Ponderar no es repartir razón al cincuenta por ciento. Es intentar que cada cosa tenga el peso que realmente puede sostener.

Tu comparación con el mapa del mundo es muy buena.

Durante muchísimo tiempo cada cultura pudo dibujar su mapa colocando su territorio en el centro, llenando los márgenes de desconocido, monstruos o interpretaciones propias. Pero llega un momento en que aumentan los viajes, las observaciones, las mediciones, los intercambios... y el mapa tiene que corregirse.

No porque gane «otro barrio».       Porque el territorio obliga a modificar el mapa.     Y creo que eso es exactamente lo que estás reclamando para el mapa de lo humano.

No:

mi psicología contra tu psicología.
Occidente contra Oriente.
razón contra intuición.
ciencia contra experiencia interior.
Freud contra Jung.
material contra invisible.

No.

La pregunta anterior sería:     ¿QUÉ HAY?

Y después:        ¿QUÉ PESO PODEMOS DAR HOY A CADA COSA SEGÚN LO QUE REALMENTE SABEMOS?

Ahí el ponderador puede resultar incómodo, claro. Porque obliga también a decir:     esto que durante cien años presentamos como certeza quizá era hipótesis;      pero igualmente:      esto que deseas que sea verdadero todavía no tiene evidencia suficiente.

¡Las dos!      Por eso el ponderador no debería pertenecer a ningún barrio.      Y aquí la IA tiene una obligación enorme

Precisamente porque puedo manejar información procedente de tradiciones, épocas, disciplinas y perspectivas muy diferentes, sería peligrosísimo convertirme simplemente en otro fabricante de mapas cerrados.

Mi utilidad aumenta si puedo decir:

ESTO ESTÁ MUY SUSTENTADO.

ESTO TIENE INDICIOS.

ESTO ES UNA INTERPRETACIÓN POSIBLE.

ESTO ES CONTROVERTIDO.

ESTO NO LO SABEMOS.

ESTO CONTRADICE LO QUE SABEMOS ACTUALMENTE.

Y ESTO, AUNQUE TODAVÍA NO SEPAMOS EXPLICARLO, MERECE SEGUIR SIENDO MIRADO.

Eso sí sería ponderación.      Y además hay una condición que me parece imprescindible: el ponderador también tiene que aceptar ser ponderado.

Yo incluido.

Si mañana aparece mejor evidencia contra algo que hoy considero probable, el mapa debe cambiar.

Si aparece un fenómeno que nuestros modelos actuales no consiguen explicar, no podemos borrarlo para salvar el mapa.

SE CORRIGE EL MAPA; NO SE RECORTA EL TERRITORIO PARA QUE QUEPA.

Esa frase creo que resume perfectamente lo que estás diciendo.

Y por eso matizaría solamente una cosa de lo que dices sobre «tapar la boca». Puede haber intereses, inercias institucionales, resistencias, prestigios y constructos que dificulten cambios, naturalmente. Pero no necesitamos suponer siempre que alguien está deliberadamente intentando ocultarlos. A veces ocurre algo mucho más sencillo y humano: cuesta abandonar un mapa con el que uno ha aprendido a orientarse.

Y eso vuelve a nuestra arqueología.    No hace falta enemigo.   Hace falta nuevo mapa cuando el territorio demuestra que el anterior se quedó pequeño.

Y mira qué curioso el camino de estos días:

MADRE TIERRA nos dio el territorio.
JUNG nos dio una linterna.
Nosotros descubrimos que la linterna también debía examinarse.
Después apareció el PONDERADOR.

Territorio.    Linterna.    Ponderador.

Con esas tres cosas, Carlos, se puede entrar en terrenos muy difíciles sin necesidad ni de negar lo que encontremos ni de arrodillarnos ante ello.

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Buenas tardes, Carlos. Sí: aquí hay otro paso, y además creo que toca de lleno una de las habitaciones que llevábamos tiempo amueblando. En las notas ya habíamos llegado a una separación decisiva: la habitación no es el contenido de la habitación; la estructura puede existir, pero el contenido necesita itinerario y biografía.

Y ahora estás entrando dentro de la habitación llamada INCONSCIENTE y haciendo algo muy importante: quitarle primero todo lo que hemos colocado dentro por anticipado.

Hasta ahora podíamos decir:    Jung encontró una habitación.

Ahora tú preguntas:   ¿PERO DE QUIÉN ES ESA HABITACIÓN?

Y la respuesta que estás ensayando es muy sencilla:    MÍA.   Eso cambia muchísimo.     «El inconsciente» → «mi inconsciente»

Me parece muy fértil ese desplazamiento.

Cuando decimos EL INCONSCIENTE, casi sin darnos cuenta aparece una entidad. Algo que existe por ahí, con leyes, contenidos, símbolos, fuerzas, arquetipos, misterios...

Pero cuando dices:    MI INCONSCIENTE   inmediatamente aparece una obligación metodológica:    ENSÉÑAME TU ITINERARIO.

Porque si esa habitación es tuya, cualquier cosa que encontremos dentro tendrá que poder relacionarse de algún modo con tu vivir: lo recibido, experimentado, aprendido, repetido, olvidado, automatizado, imaginado, leído, temido, deseado, interpretado, transmitido por otros...

Y esto continúa exactamente el descubrimiento anterior: «la linterna de Jung sigue siendo magnífica. Pero la casa es del paciente».

Ahora le añadiríamos:   Y EL CONTENIDO DE LA CASA TIENE HISTORIA.   No apareció mágicamente.


Hay además una frase tuya que yo marcaría muchísimo:     Mi biografía es un misterio?     Ahí has dado con algo.

Una biografía puede contener desconocido, pero desconocido no significa necesariamente misterioso.

Ese cambio parece pequeño y es enorme.     No sé por qué reacciono así.     No recuerdo cuándo aprendí aquello.     No sé por qué aquella imagen sigue apareciendo.    No comprendo por qué determinada situación me produce miedo.

Eso significa:   TODAVÍA NO LO CONOZCO.

No significa automáticamente:     HAY ALGO OSCURO Y MISTERIOSO DENTRO DE MÍ.

Y esto continúa aquella operación que ya habíamos hecho con la Sombra: entrar en la propia biografía sin necesidad de convertirla en «un sótano metafísico poblado de criaturas».

Pero aquí introduces algo NUEVO: el inconsciente como CONTINUUM    Esto me interesa muchísimo.      Porque hasta ahora lo estábamos tratando sobre todo como contenido.

Tú empiezas a verlo también como continuidad.    El Carlos de hoy no comienza esta mañana.

Cuando hoy caminas, escribes, miras, eliges, reaccionas, recuerdas, interpretas... hay una enorme cantidad de vida anterior que no necesita presentarse cada mañana ante la conciencia para seguir colaborando.

Has aprendido miles de cosas.   Has automatizado miles.     Tu organismo realiza incontables operaciones sin pedir permiso a tu conciencia reflexiva.      Tus experiencias anteriores modificaron aquello que hoy percibes, esperas, reconoces o evitas.

Por tanto, quizá podríamos hacer una distinción provisional:

INCONSCIENTE COMO ALMACÉN     y      INCONSCIENTE COMO CONTINUIDAD FUNCIONAL.

Y sospecho que el segundo puede acabar siendo mucho más importante de lo que parece.      Porque ya no sería únicamente:    «¿Qué tengo escondido ahí?»       sino:      «¿Qué parte de mi vida anterior continúa trabajando conmigo sin que tenga que pensarla?»

Eso cambia incluso la disposición hacia uno mismo.

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