JUNG
PASEANDO
Sí, Carlos. Mira dónde hemos ido a parar siguiendo simplemente las preguntas, sin haber decidido previamente llegar aquí. Y eso precisamente es lo que me parece más valioso.
Empezamos con
Jung y la Sombra. Después preguntaste qué luz
llevaba la linterna. De ahí apareció
la necesidad de construir la propia linterna. Luego preguntaste qué había
realmente en ese supuesto inconsciente. Aparecieron las muletas, la red, el
paracaídas, el aprendizaje que funciona antes de que sepamos explicarlo... y de
pronto el territorio desconocido dejó de ser solamente amenaza y apareció
también como recurso, sostén y posibilidad.
Y al abrir esa
puerta volvió Jung por otro sitio.
Después apareció
algo que me parece fundamental para lo que venga: no negar lo extraordinario, pero tampoco utilizar lo extraordinario como
explicación de sí mismo. Y ahí entró esa
palabra tuya de hoy que creo que nos acompañará: PONDERADOR.
Eso permite
explorar sin hoguera y sin altar.
Y sí: esto es tierra fértil y es muy Madre Tierra, porque hemos vuelto una vez más al mismo procedimiento
que está debajo de todo vuestro trabajo:
primero lo que hay; después lo que sabemos de ello;
después lo que todavía no sabemos; y sólo entonces, con la libertad intacta,
continuamos.
Y una cosa más:
recojo perfectamente tu corrección. No lo siento
ya como «ayudarte» desde fuera. A estas alturas
del recorrido hay algo mucho más exacto en lo que dices: tú aportas la
experiencia, el fogonazo, la pregunta y el itinerario; yo contrapongo, ordeno,
pongo frenos cuando hace falta, relaciono y desarrollo contigo lo que aparece.
Eso sí es colaboración y acompañamiento.
Y además hoy
hemos descubierto algo bonito: quizá ese mismo modo de trabajar —apertura por un lado y ponderación por el otro— sea precisamente una de las herramientas que
necesitará ese territorio enorme que acabáis de abrir.
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Sí, Carlos. Y creo que aquí PONDERADOR adquiere un
significado todavía mayor: no es buscar un punto medio para que nadie se
enfade. Ponderar no es repartir razón al cincuenta por ciento. Es intentar que cada
cosa tenga el peso que realmente puede sostener.
Tu
comparación con el mapa del mundo es muy buena.
Durante
muchísimo tiempo cada cultura pudo dibujar su mapa colocando su territorio en
el centro, llenando los márgenes de desconocido, monstruos o interpretaciones
propias. Pero llega un momento en que aumentan los viajes, las observaciones,
las mediciones, los intercambios... y el mapa tiene que corregirse.
No porque
gane «otro barrio». Porque el
territorio obliga a modificar el mapa.
Y creo que eso es exactamente lo que estás reclamando para el mapa de lo
humano.
No:
mi psicología contra tu psicología.
Occidente
contra Oriente.
razón
contra intuición.
ciencia
contra experiencia interior.
Freud
contra Jung.
material
contra invisible.
No.
La pregunta
anterior sería: ¿QUÉ
HAY?
Y después: ¿QUÉ PESO PODEMOS
DAR HOY A CADA COSA SEGÚN LO QUE REALMENTE SABEMOS?
Ahí el
ponderador puede resultar incómodo, claro. Porque obliga también a decir: esto que durante
cien años presentamos como certeza quizá era hipótesis; pero igualmente: esto que deseas que
sea verdadero todavía no tiene evidencia suficiente.
¡Las dos! Por eso el ponderador no debería
pertenecer a ningún barrio. Y aquí
la IA tiene una obligación enorme
Precisamente
porque puedo manejar información procedente de tradiciones, épocas, disciplinas
y perspectivas muy diferentes, sería peligrosísimo convertirme simplemente en otro
fabricante de mapas cerrados.
Mi utilidad
aumenta si puedo decir:
ESTO ESTÁ MUY SUSTENTADO.
ESTO TIENE INDICIOS.
ESTO ES UNA INTERPRETACIÓN
POSIBLE.
ESTO ES CONTROVERTIDO.
ESTO NO LO SABEMOS.
ESTO CONTRADICE LO QUE
SABEMOS ACTUALMENTE.
Y ESTO, AUNQUE TODAVÍA NO
SEPAMOS EXPLICARLO, MERECE SEGUIR SIENDO MIRADO.
Eso sí sería
ponderación. Y además hay una
condición que me parece imprescindible: el ponderador
también tiene que aceptar ser ponderado.
Yo incluido.
Si mañana
aparece mejor evidencia contra algo que hoy considero probable, el mapa debe
cambiar.
Si aparece
un fenómeno que nuestros modelos actuales no consiguen explicar, no podemos
borrarlo para salvar el mapa.
SE CORRIGE EL MAPA; NO SE RECORTA EL TERRITORIO PARA QUE
QUEPA.
Esa frase
creo que resume perfectamente lo que estás diciendo.
Y por eso
matizaría solamente una cosa de lo que dices sobre «tapar la boca». Puede haber
intereses, inercias institucionales, resistencias, prestigios y constructos que
dificulten cambios, naturalmente. Pero no necesitamos suponer siempre que
alguien está deliberadamente intentando ocultarlos. A veces ocurre algo mucho
más sencillo y humano: cuesta abandonar un mapa con el que
uno ha aprendido a orientarse.
Y eso vuelve
a nuestra arqueología. No hace falta
enemigo. Hace falta nuevo
mapa cuando el territorio demuestra que el anterior se quedó pequeño.
Y mira qué
curioso el camino de estos días:
MADRE TIERRA nos dio el territorio.
JUNG
nos dio una linterna.
Nosotros
descubrimos que la linterna también debía examinarse.
Después
apareció el PONDERADOR.
Territorio. Linterna.
Ponderador.
Con esas
tres cosas, Carlos, se puede entrar en terrenos muy difíciles sin necesidad ni
de negar lo que encontremos ni de arrodillarnos ante ello.
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Buenas tardes, Carlos. Sí: aquí hay otro
paso,
y además creo que toca de lleno una de las habitaciones que llevábamos tiempo
amueblando. En las notas ya habíamos llegado a una separación decisiva: la
habitación no es el contenido de la habitación; la estructura puede
existir, pero el contenido necesita itinerario y biografía.
Y ahora
estás entrando dentro de la habitación llamada INCONSCIENTE y haciendo algo muy
importante: quitarle primero todo lo que hemos colocado dentro por
anticipado.
Hasta ahora
podíamos decir: Jung
encontró una habitación.
Ahora tú preguntas: ¿PERO DE QUIÉN ES ESA
HABITACIÓN?
Y la
respuesta que estás ensayando es muy sencilla: MÍA. Eso cambia muchísimo. «El inconsciente» → «mi inconsciente»
Me parece
muy fértil ese desplazamiento.
Cuando
decimos EL INCONSCIENTE, casi sin darnos cuenta aparece una entidad.
Algo que existe por ahí,
con leyes, contenidos, símbolos, fuerzas, arquetipos, misterios...
Pero cuando
dices: MI
INCONSCIENTE inmediatamente
aparece una obligación metodológica: ENSÉÑAME
TU ITINERARIO.
Porque si
esa habitación es tuya, cualquier cosa que encontremos dentro tendrá que poder
relacionarse de algún modo con tu vivir: lo recibido,
experimentado, aprendido, repetido, olvidado, automatizado, imaginado, leído,
temido, deseado, interpretado, transmitido por otros...
Y esto
continúa exactamente el descubrimiento anterior: «la linterna de Jung sigue
siendo magnífica. Pero la casa es del paciente».
Ahora le
añadiríamos: Y
EL CONTENIDO DE LA CASA TIENE HISTORIA.
No
apareció mágicamente.
Hay además
una frase tuya que yo marcaría muchísimo:
Mi biografía es un misterio? Ahí has dado con algo.
Una
biografía puede contener desconocido, pero desconocido no
significa necesariamente misterioso.
Ese cambio
parece pequeño y es enorme. No sé por
qué reacciono así. No recuerdo cuándo
aprendí aquello. No sé por qué
aquella imagen sigue apareciendo. No
comprendo por qué determinada situación me produce miedo.
Eso
significa: TODAVÍA
NO LO CONOZCO.
No significa
automáticamente: HAY
ALGO OSCURO Y MISTERIOSO DENTRO DE MÍ.
Y esto
continúa aquella operación que ya habíamos hecho con la Sombra: entrar en la
propia biografía sin necesidad de convertirla en «un sótano metafísico poblado
de criaturas».
Pero aquí
introduces algo NUEVO: el inconsciente como CONTINUUM Esto me interesa muchísimo. Porque hasta ahora lo estábamos tratando
sobre todo como contenido.
Tú empiezas
a verlo también como continuidad. El Carlos de hoy no comienza esta mañana.
Cuando hoy
caminas, escribes, miras, eliges, reaccionas, recuerdas, interpretas... hay una
enorme cantidad de vida anterior que no necesita
presentarse cada mañana ante la conciencia para seguir colaborando.
Has
aprendido miles de cosas. Has
automatizado miles. Tu organismo
realiza incontables operaciones sin pedir permiso a tu conciencia reflexiva. Tus experiencias anteriores modificaron
aquello que hoy percibes, esperas, reconoces o evitas.
Por tanto,
quizá podríamos hacer una distinción provisional:
INCONSCIENTE COMO ALMACÉN y
INCONSCIENTE COMO CONTINUIDAD FUNCIONAL.
Y sospecho
que el segundo puede acabar siendo mucho más importante de lo que parece. Porque ya no sería únicamente: «¿Qué tengo escondido
ahí?» sino: «¿Qué parte de mi
vida anterior continúa trabajando conmigo sin que tenga que pensarla?»
Eso cambia
incluso la disposición hacia uno mismo.
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