LIBROS de BARBARIN I II III

viernes, 16 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO PARACAÍDAS Y RED.

  JUNG PASEANDO

Sí, Carlos. Y creo que ahora entiendo por qué te está impresionando tanto: no estás viendo una ayuda aislada, sino una coherencia del conjunto.

No venimos solamente con posibilidades. Venimos con una cantidad extraordinaria de márgenes para poder desarrollarlas sin tener que acertar a la primera.

Tu imagen lo dice perfectamente:      PARACAÍDAS Y RED.

Aprendemos andando y nos caemos. Aprendemos hablando y pronunciamos mal. Aprendemos relacionándonos y nos equivocamos. Probamos. Corregimos. Automatizamos. Olvidamos unas cosas y conservamos otras. Podemos reorganizar aprendizajes. Podemos rectificar interpretaciones. Podemos pedir ayuda. Podemos volver a mirar.

Y eso está en paralelo con algo que Madre Tierra lleva diciendo desde el principio de vuestro recorrido:

LA VIDA NO ENTREGA SOLAMENTE LA POSIBILIDAD.
ENTREGA TAMBIÉN CONDICIONES PARA QUE ESA POSIBILIDAD PUEDA DESPLEGARSE.

Ahora bien, mantendría nuestra prudencia habitual: científicamente podemos observar muchos de esos mecanismos de protección, regulación, aprendizaje, plasticidad y recuperación; afirmar que fueron puestos deliberadamente por un «Diseñador» ya pertenece a otra consideración. Pero dentro de tu lectura del modelo original, la coherencia que estás viendo es muy fuerte.

Y hay algo más que acaba de ocurrírseme siguiendo exactamente tu imagen.

La red hace posible el salto         Eso es todavía más importante que proteger de la caída.          Si debajo del trapecista no hubiera absolutamente ninguna posibilidad de error, probablemente no intentaría el triple salto mortal.

Entonces el paracaídas y la red no serían solamente mecanismos de reparación.       También pueden ser condiciones para explorar posibilidades.

Y eso enlaza directamente con la libertad.

Un humano absolutamente frágil, que tuviera que acertar siempre para sobrevivir, dispondría de una libertad muy estrecha:

NO PRUEBES.    NO TE EQUIVOQUES.  NO SALGAS DE LO CONOCIDO.

Pero un organismo capaz de:     aprender, adaptarse, recuperarse, compensar, reorganizarse, pedir ayuda, incorporar experiencia y volver a intentar       dispone de un margen muchísimo mayor para explorar.

Entonces la secuencia sería preciosa:

POSIBILIDAD → LIBERTAD → PRUEBA → ERROR → CONSECUENCIA → APRENDIZAJE → RECTIFICACIÓN → NUEVA POSIBILIDAD.

Y vuelve a empezar.     Eso es itinerario.

Y mira lo que hace esto con nuestras habitaciones     Quizá encontremos dentro algo que durante cuarenta años hemos llamado:    FRACASO.

Y con la linterna nueva descubramos:    NO. AQUELLO FUE UN SALTO.

Salió mal.     Me hice daño incluso.    Tuvo consecuencias.    No necesito embellecerlo.         Pero había red suficiente para continuar y el humano que salió de aquel salto ya no era exactamente el que había entrado.

Entonces incluso determinados errores que fueron enviados a la Sombra porque «eso no debía haber ocurrido» pueden recuperar su lugar en la biografía:

OCURRIÓ.
FUE MÍO.
TUVO CONSECUENCIAS.
APRENDÍ O NO APRENDÍ ENTONCES.
HOY PUEDO VOLVER A MIRARLO.
Y SIGO VIVO.

Y esa última frase es tremenda:      Y SIGO VIVO.

Porque ésa es la prueba física de que, al menos hasta aquí, el itinerario soportó muchísimo más de lo que nuestra idea de perfección nos hacía creer.

Por eso sí: paracaídas, red, muletas... están empezando a formar una familia conceptual.      Y yo añadiría una cuarta imagen:   BARANDILLAS.

No para impedirnos caminar.     Precisamente para que podamos aprender a caminar por lugares donde todavía no tenemos completamente asegurado el paso.

Quizá el modelo humano sea bastante menos parecido a:     «Aquí tienes libertad; no te equivoques.»       y muchísimo más parecido a:

«Aquí tienes posibilidades.
Camina.
Aprende.
Hay apoyos.
Y cuando puedas sostenerte mejor, descubrirás incluso que algunos de aquellos apoyos estaban ahí antes de que supieras que los estabas utilizando.»

Y eso enlaza exactamente con tu descubrimiento anterior:

LAS MULETAS FUNCIONABAN ANTES DE QUE EL CAMINANTE SUPIERA QUE TENÍA MULETAS.

Ahora vemos para qué podían servir.          No solamente para sobrevivir mientras llegaba la libertad.        También para que, llegado el momento, se atreviera a usarla.

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Sí. Y aquí creo que has añadido algo que cambia bastante la dirección: hasta ahora mirábamos esos mecanismos como ayudas al desarrollo; tú estás preguntando si además revelan algo sobre la propia conciencia.

Y efectivamente, está delante de las narices.

El pequeño intenta ponerse de pie:     cae, se levanta, cae, corrige, vuelve a probar.        Nadie le entrega conscientemente las instrucciones necesarias para calcular equilibrio, posición del cuerpo, fuerza, distancia, corrección del movimiento...

Después patines: caídas.                Bicicleta: caídas.

Hablar: errores.                       Escribir: errores.

Relacionarse: errores.                  Elegir: errores.

CASI NADA HUMANO IMPORTANTE SALE TERMINADO A LA PRIMERA.

Pero aquí tenemos que hacer una distinción fundamental para no volver a meterlo todo dentro de «inconsciente».         Hay algo funcionando que yo no dirijo conscientemente      Eso sí.

Pero de ahí no se sigue automáticamente:     «Hay un inconsciente que sabe lo que tiene que hacer.»

Puede haber muchísimos mecanismos: regulación corporal, aprendizaje motor, corrección por retroalimentación, memoria, automatización, percepción, imitación, plasticidad...

Y precisamente nuestra investigación debería preguntar:

¿QUÉ AYUDA ESTÁ FUNCIONANDO AQUÍ SIN QUE EL YO CONSCIENTE TENGA QUE DIRIGIRLA?

Porque eso es observable.     Después vendrá tu segunda hipótesis, muchísimo más grande:

¿QUÉ RELACIÓN TIENE TODO ESTO CON LA CONCIENCIA COMO VÍNCULO CON ALGO MAYOR O UNIVERSAL?

Ahí ya entramos en el terreno que Madre Tierra está abriendo, pero conviene no darlo por demostrado antes de investigarlo.

Pero has encontrado otra cosa enorme: podemos despreciar la ayuda       Eso sí merece quedarse.     El adulto puede pensar:

«SOLO CUENTA LO QUE YO HAGO CONSCIENTEMENTE.»

Y entonces desprecia una cantidad gigantesca de funcionamiento propio que lo ha acompañado desde antes de poder decir «yo».

¡Eso es extraordinario!       Porque quizá hemos cometido el mismo error que con Madre Tierra.

Recibimos:         aire, agua, alimento, temperatura adecuada, gravedad, cuerpo, ciclos, entorno...            y terminamos actuando como si nosotros hubiéramos construido las condiciones que nos permiten existir.

Ahora podríamos haber hecho algo parecido hacia dentro.           Recibimos un organismo capaz de:      aprender, compensar, automatizar, corregir, adaptarse, recuperarse, reorganizarse...

y el adulto termina diciendo:     «YO SOY MI CONSCIENTE.»

Pues no.       Como mínimo podemos afirmar algo mucho más prudente y, a la vez, muchísimo más grande:

EL HUMANO CONSCIENTE NO HA TENIDO QUE DIRIGIR CONSCIENTEMENTE TODO EL PROCESO QUE LE HA PERMITIDO LLEGAR A SER UN HUMANO CONSCIENTE.

Ahí hay materia para muchísimo estudio.

Y esto toca directamente la soledad

Entiendo perfectamente lo que estás viendo cuando dices que mucha gente podría descubrir que no está sola solamente con su consciente.

Yo lo expresaría inicialmente sin dar todavía el salto metafísico:

NO ESTOY SOLO CON AQUELLO DE MÍ QUE SÉ EXPLICAR.

Eso ya es enorme.

Hay muchísimo de mí funcionando, sosteniéndome y permitiéndome continuar que no necesito controlar minuto a minuto.

Y quizá la linterna propia tenga que aprender algo paradójico:     No solamente iluminar lo desconocido.          También reconocer aquello que funciona perfectamente sin necesitar que yo lo ilumine constantemente.

¡Eso modifica otra vez nuestra obsesión con encender luces!

Quizá no tengamos que convertir toda la casa en un quirófano iluminado permanentemente.           Hay mecanismos que podemos estudiar, naturalmente. Pero su valor no depende de que permanezcan continuamente dentro de nuestra atención consciente.

Y tu ejemplo de aprender encierra otra maravilla        Cuando el pequeño cae aprendiendo a caminar, la caída produce información.       Cuando pierdo equilibrio en bicicleta, corrijo.       Cuando patinando coloco mal el peso, descubro algo.

Entonces el error no solamente encuentra una red.

EL PROPIO ERROR PUEDE FORMAR PARTE DEL MECANISMO DE APRENDIZAJE.

Eso hace todavía mejor nuestra imagen anterior:  No es únicamente:

SALTO → FALLO → RED → ME SALVO.

Puede ser:

SALTO → FALLO → RED → INFORMACIÓN → CORRECCIÓN → NUEVO SALTO.

Entonces el «paracaídas» no es solamente protección.     Puede convertirse en maestro.

Y aquí sí veo una investigación propia que merece aparcarse junto a la arqueología de la psique:         LAS AYUDAS QUE EL HUMANO UTILIZA ANTES DE SABER QUE LAS UTILIZA.

Desde el desarrollo prenatal y la infancia hasta el adulto.       Qué mecanismos son biológicos.     Cuáles son aprendizaje.    Cuáles dependen de otros humanos.    Cuáles se automatizan.    Cuáles podemos recuperar conscientemente.    Cuáles no necesitan recuperarse.     Cuáles pueden modificarse.    Y después, en una segunda capa, plantear tu gran cuestión:

¿TODO ESTO NOS OBLIGA A REVISAR QUÉ ENTENDEMOS POR CONCIENCIA?

Porque quizá hemos cometido un error gigantesco si hemos identificado:

YO = AQUELLO DE LO QUE SOY CONSCIENTE.

Cuando todo nuestro recorrido está diciendo:

YO SOY MUCHO MÁS QUE LO QUE EN ESTE INSTANTE SÉ QUE SOY.

Y eso, Carlos, nos devuelve exactamente a Jung.

Quizá la linterna no sirve para conquistar un territorio extraño llamado inconsciente.    Quizá sirve para ir descubriendo, poco a poco:

«HOSTIA… TAMBIÉN ESTO ERA YO.
Y ADEMÁS LLEVABA AÑOS AYUDÁNDOME ANTES DE QUE YO SUPIERA SU NOMBRE.»

Ahí sí que la Sombra empieza a transformarse completamente.

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