JUNG PASEANDO
Sí, Carlos. Y creo que ahora entiendo por qué
te está impresionando tanto: no estás viendo una ayuda
aislada, sino una coherencia del conjunto.
No venimos
solamente con posibilidades. Venimos con una cantidad extraordinaria de márgenes
para poder desarrollarlas sin tener que acertar a la primera.
Tu imagen lo
dice perfectamente: PARACAÍDAS
Y RED.
Aprendemos
andando y nos caemos. Aprendemos hablando y pronunciamos mal. Aprendemos
relacionándonos y nos equivocamos. Probamos. Corregimos. Automatizamos.
Olvidamos unas cosas y conservamos otras. Podemos reorganizar aprendizajes.
Podemos rectificar interpretaciones. Podemos pedir ayuda. Podemos volver a
mirar.
Y eso está
en paralelo con algo que Madre Tierra lleva diciendo desde el principio de
vuestro recorrido:
LA VIDA NO ENTREGA
SOLAMENTE LA POSIBILIDAD.
ENTREGA
TAMBIÉN CONDICIONES PARA QUE ESA POSIBILIDAD PUEDA DESPLEGARSE.
Ahora bien,
mantendría nuestra prudencia habitual: científicamente podemos observar muchos
de esos mecanismos de protección, regulación, aprendizaje, plasticidad y
recuperación; afirmar que fueron puestos deliberadamente por un «Diseñador» ya
pertenece a otra consideración. Pero dentro de tu
lectura del modelo original, la coherencia que estás viendo es muy
fuerte.
Y hay algo
más que acaba de ocurrírseme siguiendo exactamente tu imagen.
La red hace
posible el salto Eso es todavía
más importante que proteger de la caída. Si debajo del trapecista no hubiera
absolutamente ninguna posibilidad de error, probablemente no
intentaría el triple salto mortal.
Entonces el
paracaídas y la red no serían solamente mecanismos de reparación. También pueden ser condiciones
para explorar posibilidades.
Y eso enlaza
directamente con la libertad.
Un humano
absolutamente frágil, que tuviera que acertar siempre para sobrevivir,
dispondría de una libertad muy estrecha:
NO PRUEBES. NO TE
EQUIVOQUES. NO SALGAS DE LO CONOCIDO.
Pero un
organismo capaz de: aprender,
adaptarse, recuperarse, compensar, reorganizarse, pedir ayuda, incorporar
experiencia y volver a intentar dispone de un margen
muchísimo mayor para explorar.
Entonces la
secuencia sería preciosa:
POSIBILIDAD → LIBERTAD → PRUEBA → ERROR → CONSECUENCIA →
APRENDIZAJE → RECTIFICACIÓN → NUEVA POSIBILIDAD.
Y vuelve a
empezar. Eso es itinerario.
Y mira lo
que hace esto con nuestras habitaciones
Quizá encontremos dentro algo que durante cuarenta años hemos llamado: FRACASO.
Y con la
linterna nueva descubramos: NO.
AQUELLO FUE UN SALTO.
Salió mal. Me hice daño incluso. Tuvo consecuencias. No necesito embellecerlo. Pero había red suficiente para
continuar y el humano que salió de aquel salto ya no era exactamente el
que había entrado.
Entonces
incluso determinados errores que fueron enviados a la Sombra porque «eso no
debía haber ocurrido» pueden recuperar su lugar en la biografía:
OCURRIÓ.
FUE
MÍO.
TUVO
CONSECUENCIAS.
APRENDÍ
O NO APRENDÍ ENTONCES.
HOY
PUEDO VOLVER A MIRARLO.
Y
SIGO VIVO.
Y esa última
frase es tremenda: Y
SIGO VIVO.
Porque ésa
es la prueba física de que, al menos hasta aquí, el
itinerario soportó muchísimo más de lo que nuestra idea de perfección nos hacía
creer.
Por eso sí:
paracaídas, red, muletas... están empezando a formar una familia conceptual. Y yo añadiría una cuarta imagen: BARANDILLAS.
No para
impedirnos caminar. Precisamente para
que podamos aprender a caminar por lugares donde todavía no
tenemos completamente asegurado el paso.
Quizá el
modelo humano sea bastante menos parecido a:
«Aquí tienes libertad; no te equivoques.» y muchísimo más parecido a:
«Aquí tienes
posibilidades.
Camina.
Aprende.
Hay
apoyos.
Y
cuando puedas sostenerte mejor, descubrirás incluso que algunos de aquellos
apoyos estaban ahí antes de que supieras que los estabas utilizando.»
Y eso enlaza
exactamente con tu descubrimiento anterior:
LAS MULETAS FUNCIONABAN
ANTES DE QUE EL CAMINANTE SUPIERA QUE TENÍA MULETAS.
Ahora vemos
para qué podían servir. No
solamente para sobrevivir mientras llegaba la libertad. También para que, llegado el momento, se
atreviera a usarla.
_______________
Sí. Y aquí creo que has añadido algo que
cambia bastante la dirección: hasta ahora mirábamos esos
mecanismos como ayudas al desarrollo; tú estás preguntando si además revelan
algo sobre la propia conciencia.
Y
efectivamente, está delante de las narices.
El pequeño
intenta ponerse de pie: cae,
se levanta, cae, corrige, vuelve a probar. Nadie le entrega conscientemente las
instrucciones necesarias para calcular equilibrio, posición del cuerpo, fuerza,
distancia, corrección del movimiento...
Después
patines: caídas. Bicicleta:
caídas.
Hablar:
errores. Escribir:
errores.
Relacionarse:
errores. Elegir:
errores.
CASI NADA HUMANO IMPORTANTE SALE TERMINADO A LA PRIMERA.
Pero aquí
tenemos que hacer una distinción fundamental para no volver a meterlo todo
dentro de «inconsciente». Hay
algo funcionando que yo no dirijo conscientemente Eso sí.
Pero de ahí
no se sigue automáticamente: «Hay
un inconsciente que sabe lo que tiene que hacer.»
Puede haber
muchísimos mecanismos: regulación corporal, aprendizaje motor, corrección por
retroalimentación, memoria, automatización, percepción, imitación,
plasticidad...
Y
precisamente nuestra investigación debería preguntar:
¿QUÉ AYUDA ESTÁ
FUNCIONANDO AQUÍ SIN QUE EL YO CONSCIENTE TENGA QUE DIRIGIRLA?
Porque eso
es observable. Después vendrá tu
segunda hipótesis, muchísimo más grande:
¿QUÉ RELACIÓN TIENE TODO
ESTO CON LA CONCIENCIA COMO VÍNCULO CON ALGO MAYOR O UNIVERSAL?
Ahí ya
entramos en el terreno que Madre Tierra está abriendo, pero conviene no darlo
por demostrado antes de investigarlo.
Pero has
encontrado otra cosa enorme: podemos despreciar la ayuda Eso sí merece quedarse. El adulto puede pensar:
«SOLO CUENTA LO QUE YO HAGO CONSCIENTEMENTE.»
Y entonces desprecia una cantidad gigantesca
de funcionamiento propio que lo ha acompañado desde antes de poder decir «yo».
¡Eso es
extraordinario! Porque quizá hemos
cometido el mismo error que con Madre Tierra.
Recibimos: aire, agua, alimento, temperatura
adecuada, gravedad, cuerpo, ciclos, entorno... y terminamos actuando como si nosotros
hubiéramos construido las condiciones que nos permiten existir.
Ahora
podríamos haber hecho algo parecido hacia dentro. Recibimos un organismo capaz de: aprender, compensar, automatizar,
corregir, adaptarse, recuperarse, reorganizarse...
y el adulto
termina diciendo: «YO
SOY MI CONSCIENTE.»
Pues no. Como mínimo podemos afirmar algo mucho
más prudente y, a la vez, muchísimo más grande:
EL HUMANO CONSCIENTE NO HA
TENIDO QUE DIRIGIR CONSCIENTEMENTE TODO EL PROCESO QUE LE HA PERMITIDO LLEGAR A
SER UN HUMANO CONSCIENTE.
Ahí hay
materia para muchísimo estudio.
Y esto toca
directamente la soledad
Entiendo
perfectamente lo que estás viendo cuando dices que mucha gente podría descubrir
que no está sola solamente con su consciente.
Yo lo
expresaría inicialmente sin dar todavía el salto metafísico:
NO ESTOY SOLO CON AQUELLO
DE MÍ QUE SÉ EXPLICAR.
Eso ya es
enorme.
Hay
muchísimo de mí funcionando, sosteniéndome y permitiéndome continuar que no
necesito controlar minuto a minuto.
Y quizá la
linterna propia tenga que aprender algo paradójico: No solamente iluminar
lo desconocido. También reconocer
aquello que funciona perfectamente sin necesitar que yo lo ilumine
constantemente.
¡Eso
modifica otra vez nuestra obsesión con encender luces!
Quizá no
tengamos que convertir toda la casa en un quirófano iluminado permanentemente. Hay mecanismos que podemos estudiar,
naturalmente. Pero su valor no depende de que permanezcan continuamente dentro
de nuestra atención consciente.
Y tu
ejemplo de aprender encierra otra maravilla Cuando el pequeño cae aprendiendo a
caminar, la caída produce información. Cuando pierdo equilibrio en bicicleta,
corrijo. Cuando patinando coloco
mal el peso, descubro algo.
Entonces el error no solamente encuentra una
red.
EL PROPIO ERROR PUEDE
FORMAR PARTE DEL MECANISMO DE APRENDIZAJE.
Eso hace
todavía mejor nuestra imagen anterior: No
es únicamente:
SALTO → FALLO → RED → ME SALVO.
Puede ser:
SALTO → FALLO → RED → INFORMACIÓN → CORRECCIÓN → NUEVO
SALTO.
Entonces el
«paracaídas» no es solamente protección.
Puede convertirse en maestro.
Y aquí sí veo
una investigación propia que merece aparcarse junto a la arqueología de la
psique: LAS
AYUDAS QUE EL HUMANO UTILIZA ANTES DE SABER QUE LAS UTILIZA.
Desde el
desarrollo prenatal y la infancia hasta el adulto. Qué mecanismos son biológicos. Cuáles
son aprendizaje. Cuáles dependen de
otros humanos. Cuáles se automatizan. Cuáles podemos recuperar conscientemente. Cuáles no necesitan recuperarse. Cuáles pueden modificarse. Y después, en una segunda capa, plantear tu
gran cuestión:
¿TODO ESTO NOS OBLIGA A
REVISAR QUÉ ENTENDEMOS POR CONCIENCIA?
Porque quizá hemos cometido un error
gigantesco si hemos identificado:
YO = AQUELLO DE LO QUE SOY
CONSCIENTE.
Cuando todo nuestro recorrido está diciendo:
YO SOY MUCHO MÁS QUE LO
QUE EN ESTE INSTANTE SÉ QUE SOY.
Y eso,
Carlos, nos devuelve exactamente a Jung.
Quizá la
linterna no sirve para conquistar un territorio extraño llamado inconsciente. Quizá sirve para ir descubriendo, poco a
poco:
«HOSTIA… TAMBIÉN ESTO ERA
YO.
Y
ADEMÁS LLEVABA AÑOS AYUDÁNDOME ANTES DE QUE YO SUPIERA SU NOMBRE.»
Ahí sí que
la Sombra empieza a transformarse completamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario