JUNG PASEANDO
Sincronicidad
Desde Madre Tierra
.
Coincidencia significativa Sí. Y aquí debemos
respetar mucho la palabra que Jung añadió a «coincidencia»: significativa. Porque dos cosas
pueden coincidir constantemente y no producir nada especial. El problema
comienza cuando esa coincidencia encaja de una manera extraordinaria en la
situación psíquica de quien la vive.
Pero después
de todo nuestro recorrido aparece inmediatamente una pregunta nueva: ¿el
significado estaba «entre» los dos acontecimientos, estaba en quien los
recibió, venía de su biografía, o surgió precisamente del encuentro entre
acontecimiento y receptor? No conviene resolverlo todavía. Ahí está la
riqueza del apartado.
COINCIDENCIA SIGNIFICATIVA
Dos
acontecimientos coinciden. Eso ocurre
continuamente. Miro el reloj y pasa un
automóvil. Pienso en una palabra y
canta un pájaro. Abro una puerta
mientras alguien estornuda. Dos
acontecimientos han coincidido en el tiempo.
Y
normalmente continuamos viviendo. No
ocurre nada especial. Por tanto, para
Jung no bastaba: COINCIDENCIA. Había otra palabra.
SIGNIFICATIVA. Y esa palabra cambia completamente el
problema.
NO ES
SOLAMENTE «OCURRIERON A LA VEZ»
Volvamos al
ejemplo más conocido. Una persona
está relatando un sueño relacionado con un escarabajo dorado. En ese momento aparece un insecto
semejante.
Lo que llamó
la atención de Jung no fue solamente que un insecto hubiera llegado a la
ventana. Insectos existen. Ventanas existen. Sueños existen.
Lo
extraordinario para aquella situación era la correspondencia entre el contenido
psíquico que estaba siendo relatado y el acontecimiento que aparecía en aquel
momento. Entonces tenemos:
ACONTECIMIENTO
A algo psíquico.
ACONTECIMIENTO
B algo que ocurre fuera
de aquella experiencia psíquica. Y
después:
A Y B ADQUIEREN UNA RELACIÓN POR SU
SIGNIFICADO.
Ahí empieza
el problema de Jung.
PERO ¿DÓNDE
ESTÁ EL SIGNIFICADO? Ahora podemos hacer una pregunta que parece pequeña
y es enorme. ¿DÓNDE
ESTÁ EL SIGNIFICADO?
¿Está en A? ¿Está en B? ¿Está entre A y B?
¿Está en la
persona que relaciona A con B? ¿Está
en su memoria? ¿En su biografía? ¿En la situación que está viviendo? ¿En una combinación de todo ello?
Todavía no
respondamos. Pero ya hemos encontrado
algo fundamental: EL SIGNIFICADO NECESITA
UN RECEPTOR.
EL
ESCARABAJO NO LLEVA UNA ETIQUETA
El insecto
no llega diciendo: «HE VENIDO A CONFIRMAR
EL SUEÑO.» Eso lo debemos añadir
nosotros al análisis. El
acontecimiento ocurre. Después alguien
lo recibe. Lo relaciona. Y descubre una correspondencia. Por tanto, vuelve nuestra secuencia:
ACONTECIMIENTO. CAPTACIÓN. RELACIÓN.
SIGNIFICADO. INTERPRETACIÓN.
Y conviene
no confundirlas.
SIGNIFICATIVO
NO SIGNIFICA TODAVÍA EXPLICADO Esto es importantísimo.
Que una
coincidencia tenga un significado extraordinario para mí no explica por qué
ocurrió. Son dos cuestiones
diferentes. Puedo decir:
«ESTO
HA SIDO MUY SIGNIFICATIVO PARA MÍ.»
sin tener
que decir: «SÉ QUÉ LO HA
PRODUCIDO.» Qué limpieza
proporciona esta distinción. Nos
permite respetar completamente una experiencia sin inventar su mecanismo.
TAMPOCO
SIGNIFICA QUE SEA FALSO Podríamos cometer el error contrario. «Como el significado depende de la
persona, entonces no vale nada.»
Tampoco. El significado puede
producir consecuencias completamente reales.
Una
coincidencia puede: hacerme pensar, recordarme algo, romper una resistencia, hacerme formular una pregunta, modificar una decisión, obligarme a mirar una parte de mi
biografía, hacerme descubrir una
relación que no había visto.
Entonces el
significado forma parte del acontecimiento tal como fue vivido. Otra cuestión será explicar su origen.
AQUÍ ENTRA
LA BIOGRAFÍA
Ahora
tenemos una ventaja sobre el punto desde el que comenzamos el libro. Ya hemos pasado por ella. BIOGRAFÍA.
El mismo
acontecimiento no tiene necesariamente el mismo significado para dos personas. Un árbol.
Una canción. Un perro. Una estación. Una palabra. Un número.
Una casa. Un escarabajo.
Para una
persona puede no significar absolutamente nada especial. Para otra puede contener décadas de
historia. Entonces debemos preguntar:
¿CUÁNTO DEL SIGNIFICADO PROCEDE DE LA
COINCIDENCIA Y CUÁNTO DE LA BIOGRAFÍA QUE LA RECIBE?
Quizá la
pregunta esté mal planteada. Quizá
el significado aparezca precisamente cuando ambas cosas se encuentran.
NO HAY
SIGNIFICADO SIN HISTORIA
Imaginemos
que pienso intensamente en una persona a la que no veo desde hace treinta años. Suena el teléfono. Es ella.
La coincidencia puede impresionarme enormemente. Pero para comprender su significado
tendremos que conocer algo más. ¿Quién
es esa persona? ¿Qué vivimos juntos? ¿Por qué llevaba treinta años sin verla? ¿Por qué estaba pensando precisamente hoy
en ella? ¿Qué estaba ocurriendo en mi
vida? ¿Qué ocurrió después?
El
significado no flota encima de los acontecimientos. ENTRA EN UNA BIOGRAFÍA.
Y AQUÍ
APARECE NUEVAMENTE LA MEMORIA
Porque para
decir: «ESTO COINCIDE CON
AQUELLO» tengo que conservar
aquello.
El
acontecimiento B necesita encontrarse con algo que recuerdo de A. Entonces memoria y significado están
profundamente relacionados.
Y sabemos ya
que la memoria: conserva, selecciona, reconstruye, relaciona.
Por tanto,
una coincidencia significativa merece todavía más cuidado. No para destruirla. Para verla mejor.
¿CUÁNDO SE
HIZO SIGNIFICATIVA? Magnífica pregunta.
¿En el mismo
instante? ¿Cinco minutos después? ¿Al explicársela a alguien? ¿Cuando ocurrió una tercera cosa? ¿Años después?
Esto puede
cambiarlo todo. Hay coincidencias cuyo
significado parece inmediato. Y
otras que solamente adquieren significado retrospectivamente. Entonces:
EL MOMENTO DE LA COINCIDENCIA Y EL
MOMENTO DEL SIGNIFICADO PUEDEN NO SER EL MISMO.
Otra pieza
para nuestra investigación.
TAMBIÉN
PUEDE OCURRIR AL REVÉS
Algo nos impresiona
enormemente en el momento. Pasan los
años. Y pierde importancia. Entonces también debemos admitir: EL SIGNIFICADO PUEDE
CAMBIAR. Igual que cambiaban
nuestros símbolos. Porque continúa
la biografía.
Lo que
parecía central a los veinte años puede colocarse de otra manera a los setenta. No necesariamente porque fuera falso
entonces. Porque nosotros hemos
seguido caminando.
¿SIGNIFICATIVO
PARA QUIÉN? Ésta es probablemente una de las preguntas
esenciales.
Una
coincidencia puede ser significativa: para
mí, para otra persona, para una familia, para quien está observando una situación, para un terapeuta que interpreta lo
sucedido. Y los significados pueden
no coincidir. Esto nos obliga
nuevamente a preguntar:
¿QUIÉN
ESTÁ DICIENDO QUE ESTA COINCIDENCIA ES SIGNIFICATIVA?
No para
desacreditarla. Para saber desde
dónde estamos mirando.
JUNG PUSO
EL SIGNIFICADO EN PRIMER PLANO
Y aquí
debemos reconocer otra vez la importancia de su movimiento. No se limitó a preguntar: «¿QUÉ CAUSÓ ESTO?»
Introdujo
también: «¿QUÉ SIGNIFICA ESTA
COINCIDENCIA PARA QUIEN LA ESTÁ VIVIENDO?»
Eso abrió
una dimensión que una descripción puramente mecánica del acontecimiento podía
dejar fuera. Porque dos
acontecimientos pueden ser físicamente ordinarios y, sin embargo, su encuentro
adquirir una enorme importancia en una vida humana.
PERO NOSOTROS TENEMOS QUE AÑADIR UNA
PRECAUCIÓN
SIGNIFICATIVO NO SIGNIFICA DIRIGIDO. Esto es decisivo.
Que algo
tenga significado para mí no demuestra que haya sido producido para mí.
Un paisaje
puede emocionarme profundamente. No
necesito afirmar que la montaña se colocó allí para emocionarme. Una canción escuchada accidentalmente
puede hacerme comprender algo. No
necesito afirmar que alguien hizo sonar aquella canción para enviarme una
respuesta.
Un acontecimiento puede adquirir significado sin haber sido
organizado intencionadamente para producir ese significado.
ESTO NOS
DEVUELVE A MADRE TIERRA
Una hoja
cae. Un pájaro cambia de dirección. Llueve.
Amanece. Encuentro a alguien. Escucho una frase. Sueño una imagen.
Nada de eso
necesita haber sido preparado para mí.
Pero yo estoy allí. Con mi
atención. Mi memoria. Mi emoción.
Mi pensamiento. Mi biografía.
Y puede
producirse una correspondencia. Entonces:
PUEDO ENCONTRAR SIGNIFICADO SIN NECESITAR
CONVERTIRME EN EL CENTRO DEL ACONTECIMIENTO.
Esto es
profundamente liberador.
EL
SIGNIFICADO NO NECESITA CONVERTIR MADRE TIERRA EN ORÁCULO
Éste era uno
de nuestros peligros. Si cada
acontecimiento significativo pasa a ser:
«MADRE
TIERRA ME ESTÁ DICIENDO...» hemos dado nuevamente
un salto.
Quizá Madre
Tierra no necesite hablarnos personalmente.
Los acontecimientos ocurren. Nosotros
pertenecemos al mismo lugar donde ocurren.
Recibimos. Relacionamos. Aprendemos.
Y algunas
correspondencias adquieren una enorme significación. Eso ya es extraordinario. No necesitamos añadir todavía nada más.
UNA
COINCIDENCIA SIGNIFICATIVA PUEDE CAMBIAR UNA VIDA SIN
Esta frase
merece quedarse. Porque devuelve la
escala. Una experiencia puede ser
decisiva para una persona. Puede
incluso cambiar su trayectoria. Y,
sin embargo, no proporcionar una teoría general sobre cómo funciona el
universo.
IMPORTANCIA
PERSONAL NO EQUIVALE A LEY UNIVERSAL.
Podemos
respetar ambas escalas.
¿Y SI EL
SIGNIFICADO FUERA TAMBIÉN UNA FORMA DE CORRESPONDENCIA?
Aquí podemos
acercarnos un poco más. No afirmar. Preguntar. Algo ocurre dentro de mi experiencia. Algo ocurre fuera de aquello
que en ese momento llamo mi experiencia interior.
Los
relaciono. Y aparece significado. Entonces quizá lo significativo no esté
completamente en A. Ni completamente
en B. Puede aparecer en:
A ↔ B ↔ RECEPTOR ↔ BIOGRAFÍA ↔ MOMENTO.
Ya no
tenemos dos puntos. Tenemos una
situación.
Y AHORA
MADRE TIERRA EMPIEZA A INCOMODAR LA ESCENA
Porque
seguimos diciendo: INTERIOR y
EXTERIOR.
Pero
llevamos treinta y cuatro apartados recordando algo: el acontecimiento llamado interior ocurre
en un organismo terrestre.
El
acontecimiento llamado exterior ocurre también dentro de Madre Tierra.
Entonces
quizá la coincidencia significativa esté siendo observada desde una división
útil para nuestra experiencia... pero
no necesariamente suficiente para comprender el conjunto.
Todavía no
resolveremos esto. Pero ya podemos
dejar la pregunta colocada:
¿ESTAMOS CONTEMPLANDO DOS MUNDOS QUE SE
ENCUENTRAN...
O DOS ACONTECIMIENTOS QUE NUNCA
ESTUVIERON FUERA DEL MISMO MUNDO?
Jung vio la
coincidencia. Y añadió: SIGNIFICATIVA. Nosotros conservamos ambas palabras. No quitamos ninguna. Pero ahora preguntamos:
¿Qué
coincidió? ¿Quién lo recibió? ¿Qué sabía? ¿Qué recordaba? ¿Qué había vivido? ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Cuándo apareció el significado? ¿Cambió después? ¿Era significado o explicación? ¿Era significativo o dirigido? ¿Había una relación previa? ¿Había información ya disponible? ¿Y qué queda después de preguntar todo
esto?
Quizá quede
algo. Quizá mucho. Quizá nada que necesite una explicación
extraordinaria. NO LO SABEMOS TODAVÍA.
Pero hemos
conseguido conservar intacto el hallazgo de Jung sin convertirlo inmediatamente
en una doctrina. COINCIDENCIA
SIGNIFICATIVA.
Dos
palabras. La primera nos obliga a
mirar los acontecimientos. La
segunda nos obliga a mirar también a quien los está viviendo. Y ahora empieza a aparecer una tercera
pregunta:
¿QUÉ CLASE DE RELACIÓN EXISTE ENTRE AMBOS
SI UNO NO PARECE HABER CAUSADO AL OTRO?
Ahí nos
espera el siguiente paso: ACAUSALIDAD.
No hay comentarios:
Publicar un comentario