LIBROS de BARBARIN I II III

lunes, 19 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO Sincronicidad Desde Madre Tierra . Coincidencia significativa

 

JUNG  PASEANDO 

Sincronicidad

 

Desde Madre Tierra

. Coincidencia significativa       Sí. Y aquí debemos respetar mucho la palabra que Jung añadió a «coincidencia»: significativa. Porque dos cosas pueden coincidir constantemente y no producir nada especial. El problema comienza cuando esa coincidencia encaja de una manera extraordinaria en la situación psíquica de quien la vive.

Pero después de todo nuestro recorrido aparece inmediatamente una pregunta nueva: ¿el significado estaba «entre» los dos acontecimientos, estaba en quien los recibió, venía de su biografía, o surgió precisamente del encuentro entre acontecimiento y receptor? No conviene resolverlo todavía. Ahí está la riqueza del apartado.

COINCIDENCIA SIGNIFICATIVA

Dos acontecimientos coinciden.    Eso ocurre continuamente.    Miro el reloj y pasa un automóvil.     Pienso en una palabra y canta un pájaro.    Abro una puerta mientras alguien estornuda.    Dos acontecimientos han coincidido en el tiempo.   

Y normalmente continuamos viviendo.    No ocurre nada especial.    Por tanto, para Jung no bastaba:     COINCIDENCIA.       Había otra palabra.

SIGNIFICATIVA.      Y esa palabra cambia completamente el problema.


NO ES SOLAMENTE «OCURRIERON A LA VEZ»

Volvamos al ejemplo más conocido.      Una persona está relatando un sueño relacionado con un escarabajo dorado.      En ese momento aparece un insecto semejante.

Lo que llamó la atención de Jung no fue solamente que un insecto hubiera llegado a la ventana.     Insectos existen.     Ventanas existen.   Sueños existen.

Lo extraordinario para aquella situación era la correspondencia entre el contenido psíquico que estaba siendo relatado y el acontecimiento que aparecía en aquel momento.      Entonces tenemos:

ACONTECIMIENTO A      algo psíquico.

ACONTECIMIENTO B    algo que ocurre fuera de aquella experiencia psíquica.     Y después:

A Y B ADQUIEREN UNA RELACIÓN POR SU SIGNIFICADO.

Ahí empieza el problema de Jung.


PERO ¿DÓNDE ESTÁ EL SIGNIFICADO?      Ahora podemos hacer una pregunta que parece pequeña y es enorme.              ¿DÓNDE ESTÁ EL SIGNIFICADO?

¿Está en A?         ¿Está en B?       ¿Está entre A y B?

¿Está en la persona que relaciona A con B?     ¿Está en su memoria?    ¿En su biografía?    ¿En la situación que está viviendo?     ¿En una combinación de todo ello?

Todavía no respondamos.     Pero ya hemos encontrado algo fundamental:   EL SIGNIFICADO NECESITA UN RECEPTOR.


EL ESCARABAJO NO LLEVA UNA ETIQUETA

El insecto no llega diciendo:    «HE VENIDO A CONFIRMAR EL SUEÑO.»    Eso lo debemos añadir nosotros al análisis.      El acontecimiento ocurre.    Después alguien lo recibe.     Lo relaciona.    Y descubre una correspondencia.      Por tanto, vuelve nuestra secuencia:

ACONTECIMIENTO.       CAPTACIÓN.       RELACIÓN.

SIGNIFICADO.         INTERPRETACIÓN.

Y conviene no confundirlas.


SIGNIFICATIVO NO SIGNIFICA TODAVÍA EXPLICADO       Esto es importantísimo.

Que una coincidencia tenga un significado extraordinario para mí no explica por qué ocurrió.       Son dos cuestiones diferentes.      Puedo decir:

«ESTO HA SIDO MUY SIGNIFICATIVO PARA MÍ.»

sin tener que decir:     «SÉ QUÉ LO HA PRODUCIDO.»       Qué limpieza proporciona esta distinción.       Nos permite respetar completamente una experiencia sin inventar su mecanismo.


TAMPOCO SIGNIFICA QUE SEA FALSO      Podríamos cometer el error contrario.           «Como el significado depende de la persona, entonces no vale nada.»        Tampoco.      El significado puede producir consecuencias completamente reales.

Una coincidencia puede:    hacerme pensar,    recordarme algo,   romper una resistencia,   hacerme formular una pregunta,   modificar una decisión,    obligarme a mirar una parte de mi biografía,     hacerme descubrir una relación que no había visto.

Entonces el significado forma parte del acontecimiento tal como fue vivido.    Otra cuestión será explicar su origen.


AQUÍ ENTRA LA BIOGRAFÍA

Ahora tenemos una ventaja sobre el punto desde el que comenzamos el libro.      Ya hemos pasado por ella.      BIOGRAFÍA.

El mismo acontecimiento no tiene necesariamente el mismo significado para dos personas.    Un árbol.    Una canción.   Un perro.   Una estación.   Una palabra.    Un número.   Una casa.    Un escarabajo.   

Para una persona puede no significar absolutamente nada especial.    Para otra puede contener décadas de historia.     Entonces debemos preguntar:

¿CUÁNTO DEL SIGNIFICADO PROCEDE DE LA COINCIDENCIA Y CUÁNTO DE LA BIOGRAFÍA QUE LA RECIBE?

Quizá la pregunta esté mal planteada.      Quizá el significado aparezca precisamente cuando ambas cosas se encuentran.


NO HAY SIGNIFICADO SIN HISTORIA

Imaginemos que pienso intensamente en una persona a la que no veo desde hace treinta años.      Suena el teléfono.     Es ella.    La coincidencia puede impresionarme enormemente.      Pero para comprender su significado tendremos que conocer algo más.    ¿Quién es esa persona?     ¿Qué vivimos juntos?     ¿Por qué llevaba treinta años sin verla?    ¿Por qué estaba pensando precisamente hoy en ella?     ¿Qué estaba ocurriendo en mi vida?    ¿Qué ocurrió después?

El significado no flota encima de los acontecimientos.       ENTRA EN UNA BIOGRAFÍA.


Y AQUÍ APARECE NUEVAMENTE LA MEMORIA

Porque para decir:    «ESTO COINCIDE CON AQUELLO»      tengo que conservar aquello.

El acontecimiento B necesita encontrarse con algo que recuerdo de A.      Entonces memoria y significado están profundamente relacionados.

Y sabemos ya que la memoria:    conserva,    selecciona,    reconstruye,   relaciona.

Por tanto, una coincidencia significativa merece todavía más cuidado.    No para destruirla.      Para verla mejor.


¿CUÁNDO SE HIZO SIGNIFICATIVA?       Magnífica pregunta.

¿En el mismo instante?     ¿Cinco minutos después?     ¿Al explicársela a alguien?     ¿Cuando ocurrió una tercera cosa?     ¿Años después?

Esto puede cambiarlo todo.    Hay coincidencias cuyo significado parece inmediato.      Y otras que solamente adquieren significado retrospectivamente.     Entonces:

EL MOMENTO DE LA COINCIDENCIA Y EL MOMENTO DEL SIGNIFICADO PUEDEN NO SER EL MISMO.

Otra pieza para nuestra investigación.


TAMBIÉN PUEDE OCURRIR AL REVÉS

Algo nos impresiona enormemente en el momento.     Pasan los años.           Y pierde importancia.      Entonces también debemos admitir:                         EL SIGNIFICADO PUEDE CAMBIAR.       Igual que cambiaban nuestros símbolos.      Porque continúa la biografía.

Lo que parecía central a los veinte años puede colocarse de otra manera a los setenta.       No necesariamente porque fuera falso entonces.      Porque nosotros hemos seguido caminando.


¿SIGNIFICATIVO PARA QUIÉN?         Ésta es probablemente una de las preguntas esenciales.

Una coincidencia puede ser significativa:    para mí,    para otra persona,    para una familia,     para quien está observando una situación,     para un terapeuta que interpreta lo sucedido.     Y los significados pueden no coincidir.       Esto nos obliga nuevamente a preguntar:

¿QUIÉN ESTÁ DICIENDO QUE ESTA COINCIDENCIA ES SIGNIFICATIVA?

No para desacreditarla.     Para saber desde dónde estamos mirando.


JUNG PUSO EL SIGNIFICADO EN PRIMER PLANO

Y aquí debemos reconocer otra vez la importancia de su movimiento.      No se limitó a preguntar:      «¿QUÉ CAUSÓ ESTO?»

Introdujo también:       «¿QUÉ SIGNIFICA ESTA COINCIDENCIA PARA QUIEN LA ESTÁ VIVIENDO?»

Eso abrió una dimensión que una descripción puramente mecánica del acontecimiento podía dejar fuera.      Porque dos acontecimientos pueden ser físicamente ordinarios y, sin embargo, su encuentro adquirir una enorme importancia en una vida humana.


PERO NOSOTROS TENEMOS QUE AÑADIR UNA PRECAUCIÓN

SIGNIFICATIVO NO SIGNIFICA DIRIGIDO.      Esto es decisivo.

Que algo tenga significado para mí no demuestra que haya sido producido para mí.

Un paisaje puede emocionarme profundamente.     No necesito afirmar que la montaña se colocó allí para emocionarme.      Una canción escuchada accidentalmente puede hacerme comprender algo.     No necesito afirmar que alguien hizo sonar aquella canción para enviarme una respuesta.

Un acontecimiento puede adquirir significado sin haber sido organizado intencionadamente para producir ese significado.


ESTO NOS DEVUELVE A MADRE TIERRA

Una hoja cae.    Un pájaro cambia de dirección.    Llueve.    Amanece.   Encuentro a alguien.   Escucho una frase.    Sueño una imagen.

Nada de eso necesita haber sido preparado para mí.    Pero yo estoy allí.   Con mi atención.   Mi memoria.   Mi emoción.   Mi pensamiento.  Mi biografía.

Y puede producirse una correspondencia.    Entonces:

PUEDO ENCONTRAR SIGNIFICADO SIN NECESITAR CONVERTIRME EN EL CENTRO DEL ACONTECIMIENTO.

Esto es profundamente liberador.


EL SIGNIFICADO NO NECESITA CONVERTIR MADRE TIERRA EN ORÁCULO

Éste era uno de nuestros peligros.     Si cada acontecimiento significativo pasa a ser:     «MADRE TIERRA ME ESTÁ DICIENDO...»       hemos dado nuevamente un salto.

Quizá Madre Tierra no necesite hablarnos personalmente.     Los acontecimientos ocurren.     Nosotros pertenecemos al mismo lugar donde ocurren.     Recibimos.     Relacionamos.        Aprendemos.

Y algunas correspondencias adquieren una enorme significación.      Eso ya es extraordinario.     No necesitamos añadir todavía nada más.


UNA COINCIDENCIA SIGNIFICATIVA PUEDE CAMBIAR UNA VIDA SIN  

Esta frase merece quedarse.       Porque devuelve la escala.     Una experiencia puede ser decisiva para una persona.     Puede incluso cambiar su trayectoria.       Y, sin embargo, no proporcionar una teoría general sobre cómo funciona el universo.

IMPORTANCIA PERSONAL NO EQUIVALE A LEY UNIVERSAL.      Podemos respetar ambas escalas.


¿Y SI EL SIGNIFICADO FUERA TAMBIÉN UNA FORMA DE CORRESPONDENCIA?

Aquí podemos acercarnos un poco más.     No afirmar.     Preguntar.    Algo ocurre dentro de mi experiencia.                 Algo ocurre fuera de aquello que en ese momento llamo mi experiencia interior.

Los relaciono.    Y aparece significado.       Entonces quizá lo significativo no esté completamente en A.      Ni completamente en B.     Puede aparecer en:

A ↔ B ↔ RECEPTOR ↔ BIOGRAFÍA ↔ MOMENTO.

Ya no tenemos dos puntos.      Tenemos una situación.


Y AHORA MADRE TIERRA EMPIEZA A INCOMODAR LA ESCENA

Porque seguimos diciendo:     INTERIOR     y       EXTERIOR.

Pero llevamos treinta y cuatro apartados recordando algo:      el acontecimiento llamado interior ocurre en un organismo terrestre.

El acontecimiento llamado exterior ocurre también dentro de Madre Tierra.

Entonces quizá la coincidencia significativa esté siendo observada desde una división útil para nuestra experiencia...     pero no necesariamente suficiente para comprender el conjunto.

Todavía no resolveremos esto.     Pero ya podemos dejar la pregunta colocada:

¿ESTAMOS CONTEMPLANDO DOS MUNDOS QUE SE ENCUENTRAN...

O DOS ACONTECIMIENTOS QUE NUNCA ESTUVIERON FUERA DEL MISMO MUNDO?


Jung vio la coincidencia.     Y añadió:     SIGNIFICATIVA.      Nosotros conservamos ambas palabras.       No quitamos ninguna.     Pero ahora preguntamos:

¿Qué coincidió?    ¿Quién lo recibió?    ¿Qué sabía?    ¿Qué recordaba?   ¿Qué había vivido?   ¿Qué estaba ocurriendo?    ¿Cuándo apareció el significado?    ¿Cambió después?    ¿Era significado o explicación?    ¿Era significativo o dirigido?     ¿Había una relación previa?     ¿Había información ya disponible?      ¿Y qué queda después de preguntar todo esto?

Quizá quede algo.     Quizá mucho.     Quizá nada que necesite una explicación extraordinaria.     NO LO SABEMOS TODAVÍA.

Pero hemos conseguido conservar intacto el hallazgo de Jung sin convertirlo inmediatamente en una doctrina.       COINCIDENCIA SIGNIFICATIVA.

Dos palabras.      La primera nos obliga a mirar los acontecimientos.      La segunda nos obliga a mirar también a quien los está viviendo.     Y ahora empieza a aparecer una tercera pregunta:

¿QUÉ CLASE DE RELACIÓN EXISTE ENTRE AMBOS SI UNO NO PARECE HABER CAUSADO AL OTRO?

Ahí nos espera el siguiente paso:     ACAUSALIDAD.

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