MADRE
TIERRA
de
la Vida.
¿Dónde estoy?
¿Qué realidad me sostiene?
PASOS PARA EVOLUCIONAR Y MANTENER LA UNIDAD
Quizá eres mucho más de lo que estás
utilizando Este libro no comienza
diciéndote lo que te falta.
Comienza
recordándote todo
aquello con lo que ya llegaste. Porque tú no partes de cero.
No eres un
proyecto de ser humano que tenga que construirse pieza a pieza hasta conseguir
algún día estar completo.
Ya eres una Unidad.
Estás vivo.
Y solamente
ese hecho significa que una enorme cantidad de funciones, capacidades,
mecanismos, necesidades y posibilidades están actuando conjuntamente para que
puedas existir.
Después has
vivido. Has aprendido. Has desarrollado unas capacidades más que
otras.
Has
estudiado, trabajado, amado, sufrido, resuelto problemas, construido
relaciones, adquirido conocimientos, superado dificultades y encontrado tu
propia manera de desenvolverte en el mundo.
Has
conseguido muchas cosas.
Por eso este
libro no viene a quitarte ninguna medalla.
Al contrario. Podría acercarse
a ti y decirte:
Oye,
campeón.
Con todo lo que ya has conseguido, todavía
puedes descubrir capacidades profundamente humanas que quizá apenas has
utilizado.
Y ésa es una
noticia extraordinaria. No porque
estés incompleto.
Sino porque eres mucho más amplio de lo que quizá estabas utilizando.
La Unidad ya estaba
Éste es un
punto fundamental para recorrer las páginas que siguen.
No buscamos
construir la Unidad. Partimos de ella.
Cada ser
humano llega con una determinada arquitectura viva.
Después la
experiencia, la educación, las circunstancias, la cultura, las decisiones y el
propio recorrido hacen que unas capacidades se desarrollen muchísimo, otras
moderadamente y algunas queden prácticamente sin utilizar.
Podríamos
imaginar una gran impresora humana provista de numerosos tinteros. Todos pertenecen a la misma máquina.
Pero no
todos contienen necesariamente la misma cantidad de tinta ni han trabajado con
igual intensidad.
Quizá
llevamos años imprimiendo magníficamente con determinados colores.
Tanto, que
hemos podido acabar creyendo que ésos
eran todos nuestros colores.
Y entonces
aparece uno que apenas utilizábamos. Después
otro. Y otro.
Y podemos
sentir algo parecido a quien descubre que tenía un premio que nunca había
cobrado:
«¡No
sabía que esto también me había tocado!»
Ésa es una
de las experiencias que este libro quiere facilitar. No mostrarte continuamente tus carencias.
Mostrarte posibilidades.
No hipertrofiar una
parte
La humanidad
ha conseguido desarrollos extraordinarios.
También cada
persona puede conseguirlos.
Podemos
especializarnos, adquirir una enorme competencia profesional, desarrollar
poderosamente la inteligencia, la capacidad técnica, la organización, la
producción, la comunicación o cualquier otra facultad.
Nada de eso
necesita ser rechazado.
El problema
aparece cuando una capacidad desarrollada extraordinariamente empieza a ocupar
tanto espacio que confundimos
esa parte con el conjunto.
Entonces
podemos progresar mucho en una dirección y dejar relativamente inmóviles otras
dimensiones que también nos pertenecen.
Este libro no
propone reducir aquello que funciona bien.
Propone algo mucho más estimulante:
incorporar más.
No pienses
menos.
Percibe también.
No dejes de
hacer.
Aprende también a estar.
No renuncies
a tu autonomía.
Desarrolla también la cooperación.
No abandones
la tecnología.
Conserva también el contacto directo con la
realidad.
No dejes de
avanzar.
Procura que avance contigo una parte cada vez
mayor de tu Unidad.
Porque quizá
evolucionar no consista solamente en llegar más lejos con una capacidad.
Quizá
consista también en conseguir que más
capacidades humanas puedan participar armónicamente en el viaje.
No tienes que
convertirte en otro
Conviene
decirlo claramente. Estas páginas no
proponen una lucha contra ti mismo.
No pretenden
entregarte una larga lista de obligaciones para convertirte en una versión
ideal de ser humano.
Tampoco
todas tus capacidades tienen que desarrollarse por igual.
Unidad no significa igualdad de las partes.
Significa
que las partes puedan encontrar su lugar y participar en el conjunto sin que
unas anulen innecesariamente a las demás.
Por eso,
cuando encuentres en estas páginas algo que habías desatendido, no tienes
necesariamente que preguntarte:
«¿Cómo cambio?»
Puedes
empezar por algo mucho más sencillo:
«¿Esto también está en mí?»
Después:
«¿Qué lugar ocupa?»
«¿Lo utilizo?»
«¿Lo había olvidado?»
«¿Qué ocurriría si pudiera participar un poco
más?»
Reconocer
viene antes que modificar.
Y muchas
veces reconocer ya comienza a modificar nuestra manera de mirar.
Un libro que puede producir
bandazos
Este libro
es denso. En algunas páginas
encontrarás cuestiones que quizá coincidan con lo que ya pensabas.
En otras
puede ocurrir lo contrario. Una frase
puede hacerte detener. Otra puede
mostrarte una posibilidad que nunca habías considerado. Otra puede cuestionar algo que llevabas
muchos años dando por evidente.
Eso puede
producir bandazos. No necesariamente porque algo vaya mal.
Puede
suceder simplemente porque nuestra imagen anterior de nosotros mismos era demasiado
estrecha para contener lo que acabamos de descubrir.
Creíamos: «Yo soy así.»
Y de repente
aparece: «También puedo ser esto.»
Entonces la
imagen anterior tiene que ensancharse.
Ese ensanchamiento puede necesitar tiempo.
No hay
ninguna necesidad de precipitarlo. No
conviertas cada descubrimiento en una tarea. No reorganices tu vida después de cada
capítulo. No intentes incorporar
veinte cosas simultáneamente.
Lee.
Reconoce. Observa.
Y permite
que aquello que realmente tenga sentido vaya encontrando su lugar dentro de la
Unidad que ya eres.
Y debajo de nuestros
pies, Madre Tierra
Hay todavía
otra dimensión fundamental. Todas
estas posibilidades humanas no existen en el vacío.
Existimos en Madre Tierra.
Nuestro
cuerpo, nuestros sentidos, nuestra necesidad de alimento, movimiento, descanso,
relación y contacto con la realidad encuentran aquí un campo inmenso donde
desarrollarse.
Tenemos ojos
y existe un mundo que mirar. Tenemos
oído y existe un mundo que escuchar.
Tenemos piernas y existe suelo que caminar. Tenemos tacto y existe materia. Tenemos inteligencia y existe una
realidad extraordinariamente compleja que comprender. Tenemos capacidad de relación y existen
otros seres humanos. Tenemos
creatividad y existen posibilidades en las que participar. Tenemos necesidad de descanso y vivimos
dentro de ritmos. Tenemos curiosidad
y estamos rodeados por una realidad que difícilmente podremos agotar.
Quizá nos
habíamos acostumbrado tanto a existir dentro de nuestras construcciones que
dejamos en segundo plano una parte enorme de lo que significa existir en la Tierra.
No se trata
de abandonar esas construcciones. Se
trata de recuperar amplitud.
Porque
cuando una Unidad humana comienza a reconocer más de sus propias posibilidades
y vuelve a mirar la realidad terrestre en la que está situada, puede producirse
un salto importante:
ya no se relaciona con Madre Tierra desde una
sola parte de sí misma.
Puede
hacerlo con mayor totalidad.
Con el
cuerpo. Con los sentidos. Con la inteligencia. Con la afectividad. Con la creatividad. Con la relación. Con la conciencia. Con su capacidad de participar.
La consigna del camino
Por eso
quisiera proponerte una sola pregunta para recorrer todo este libro.
No necesitas
memorizar sus páginas. No
necesitas estar de acuerdo inmediatamente con cada una. No necesitas aplicar todo lo que
encuentres.
Simplemente,
cuando algo te llame especialmente la atención, pregúntate:
¿CÓMO
ENTRA ESTO EN LA UNIDAD QUE YA SOY?
Quizá
descubras un tintero que utilizabas poco.
Quizá reconozcas un color que creías que no era tuyo. Quizá recuperes una capacidad que había
quedado inmóvil. Quizá descubras que
algo que considerabas pequeño tiene una importancia enorme.
O quizá
simplemente mires de otra manera una realidad cotidiana que siempre estuvo
delante de ti. No importa.
Cada
reconocimiento ensancha el campo.
Y puede
llegar un momento en que mires todo aquello que ya eras, todo lo que has
conseguido y todas las posibilidades que todavía permanecían poco utilizadas y
pienses:
«¡No sabía que me había tocado todo esto!»
Entonces
este libro habrá empezado a cumplir su función.
No habrá
construido un nuevo ser humano. Habrá
ayudado al que ya existía a reconocerse
con mayor amplitud.
Y desde ahí
podremos seguir avanzando.
No dejando
atrás lo conseguido. No renunciando
al progreso. No intentando volver a
ningún pasado. Sino procurando algo
quizá mucho más ambicioso:
evolucionar sin abandonar por el camino
partes esenciales de aquello que nos hace humanos.
Mantener la
Unidad. Ensanchándola
conscientemente.
Y desde esa
Unidad cada vez más reconocida, entrar con mayor plenitud en relación,
colaboración y sintonía con Madre
Tierra.
Porque quizá
todavía no sabemos hasta dónde podemos llegar.
No
convirtiéndonos en otra cosa. Sino
descubriendo cuánto
contiene ya el hecho extraordinario de ser HUMANOS.
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