JUNG PASEANDO
Sincronicidad
Desde Madre Tierra
Aquí Jung
sigue todavía caminando delante de nosotros. Y creo que conviene dejarlo así:
primero comprender exactamente qué problema intentó resolver él, antes de que Madre
Tierra empiece a recolocar las piezas. En el 36. Acausalidad llegará uno de los
puntos delicados: que no encontremos la causa no significa
necesariamente que hayamos demostrado que no existe causa. Esa distinción
puede ser fundamental para todo lo que vendrá.
Acausalidad Sí, ésta es
especialmente importante porque aquí podemos hacer una distinción que protege a Jung y al
mismo tiempo evita convertir su propuesta en una afirmación mayor de lo que
permite observar:
NO ENCONTRAR UNA CAUSA NO ES LO MISMO QUE
DEMOSTRAR QUE NO HAY CAUSA.
Y después de
nuestro recorrido aparece incluso una tercera posibilidad: quizá estemos
buscando una causa lineal A → B cuando A y B podrían ser manifestaciones de procesos más amplios en
los que ambos están incluidos. Ahí Madre Tierra empieza ya a acercarse
seriamente a Jung.
36. ACAUSALIDAD Llegamos a una palabra difícil. ACAUSALIDAD. Y precisamente porque es difícil no
debemos correr.
Jung había
encontrado coincidencias que consideraba significativas y para las que no podía
establecer una relación causal entre los acontecimientos.
A no parecía
producir B. B no parecía producir A. Sin embargo:
A
Y B COINCIDÍAN DE UNA MANERA SIGNIFICATIVA.
¿Qué
relación había entre ellos? Aquí
apareció la propuesta de Jung: UNA CONEXIÓN ACAUSAL.
PRIMERO:
¿QUÉ ES UNA CAUSA? Simplifiquemos.
Algo ocurre.
Y podemos
establecer que determinadas condiciones o acontecimientos participan en que
ocurra otra cosa.
Empujo un
objeto. Cae. Caliento agua. Aumenta su temperatura. Llueve.
El terreno se moja.
Podemos
investigar relaciones. Medir. Repetir. Comprobar.
La
causalidad ha sido una herramienta extraordinariamente poderosa para comprender
el mundo. No tenemos ninguna
necesidad de combatirla.
NOS HA PERMITIDO DESCUBRIR UNA CANTIDAD
INMENSA DE REALIDAD.
El problema
aparece cuando encontramos algo cuya relación causal no podemos establecer.
«NO CONOZCO
LA CAUSA» Ésta es una posición perfectamente legítima.
Ocurre A. Ocurre B. Parece existir alguna relación. Pero no sabemos explicar cómo. Entonces podemos decir: NO CONOZCO LA CAUSA.
Y quedarnos
ahí. Eso no es fracaso. Es precisión.
PERO HAY
OTRA FRASE MUCHO MÁS FUERTE
«NO EXISTE CAUSA.»
Cuidado. Ya no estamos diciendo lo mismo.
En el primer
caso hablamos de nuestro conocimiento.
En el segundo estamos haciendo una afirmación sobre la realidad.
NO
HE ENCONTRADO UNA CAUSA no equivale
necesariamente a: HE DEMOSTRADO QUE NO
PUEDE EXISTIR NINGUNA CAUSA. Esta diferencia será
fundamental para nuestro camino.
JUNG
NECESITABA OTRA CATEGORÍA Éste es el punto que debemos comprender antes de
discutirlo.
Si dos
acontecimientos coincidían significativamente y no podía establecerse una
cadena causal entre ellos, Jung necesitaba una manera de pensar aquella
relación sin obligarla a entrar en:
A
CAUSA B.
La
sincronicidad intentaba ocupar ese espacio.
No una causalidad escondida afirmada sin pruebas. Sino otra clase de conexión planteada
alrededor del significado. Era un
movimiento enorme. Porque permitía
decir:
PUEDE HABER RELACIÓN SIN QUE ESA RELACIÓN
CONSISTA EN QUE UN ACONTECIMIENTO HAYA PRODUCIDO EL OTRO.
Y AHORA
LLEGAMOS NOSOTROS Con Madre Tierra.
Y hacemos
una pregunta diferente. Supongamos: A
y B.
Buscamos: A → B
y
no encontramos nada. Entonces
concluimos: NO HAY RELACIÓN CAUSAL
ENTRE A Y B.
Pero quizá
hemos reducido demasiado pronto el campo de observación. Porque podría existir: X → A y también: X → B.
A no causa
B. B no causa A. Pero ambos participan de condiciones
anteriores o más amplias. Entonces A
y B podrían estar relacionados sin causarse mutuamente.
EL EJEMPLO
MÁS SENCILLO
Dos hojas se
mueven al mismo tiempo. Una hoja no
está causando necesariamente el movimiento de la otra. Si solamente miro las hojas puedo
preguntarme: «¿CÓMO SE HAN
SINCRONIZADO?»
Amplío el
campo. Hay viento. Ahora aparece otra explicación. UNA HOJA NO MOVÍA A LA OTRA.
Ambas
estaban respondiendo a algo que mi primera unidad de observación no incluía. Esto no explica la sincronicidad
jungiana. Pero nos enseña algo
metodológicamente precioso:
ANTES
DE DECLARAR ACAUSAL UNA RELACIÓN, PREGUNTEMOS SI NUESTRA UNIDAD DE OBSERVACIÓN
ES SUFICIENTEMENTE GRANDE.
QUIZÁ EL
PROBLEMA ESTABA EN EL MARCO
Volvamos a
la persona. Piensa en alguien. Esa persona llama. Buscamos: PENSAMIENTO → LLAMADA
No
encontramos mecanismo. Buscamos: LLAMADA → PENSAMIENTO Tampoco.
¿Acausalidad? Todavía
no lo sabemos. Porque ahora
tendremos que preguntar: ¿Qué
relación tenían? ¿Qué había ocurrido
previamente? ¿Con qué frecuencia se
comunicaban? ¿Había alguna fecha
importante? ¿Existían rutinas
compartidas? ¿Había información
previa? ¿Qué recuerdos se habían
activado? ¿Qué estaba viviendo cada
uno? ¿Qué coincidencias semejantes no
recordamos porque no terminaron en llamada?
No estamos
negando la experiencia. ESTAMOS AMPLIANDO EL
CAMPO.
CAUSA
LINEAL Y CONDICIONES Quizá aquí tengamos que distinguir dos maneras de
mirar.
Una
pregunta: ¿QUÉ CAUSÓ ESTO? Otra:
¿QUÉ CONJUNTO DE CONDICIONES HIZO POSIBLE
QUE ESTO OCURRIERA?
No son
exactamente iguales. Madre Tierra nos
ha enseñado continuamente esto. Yo
estoy vivo. ¿Qué causó que ahora
mismo esté vivo? Resultaría extraño
buscar una sola flecha.
Necesito: aire,
agua, temperatura, alimentación, organismo,
historia, otros seres humanos, innumerables condiciones anteriores. Mi existencia actual no cabe cómodamente
en una sola flecha.
ES RESULTADO DE UNA RED DE CONDICIONES.
ESTO NO
ELIMINA LA CAUSALIDAD Al contrario.
La coloca dentro de algo más amplio.
Existen
causas. Existen condiciones. Existen antecedentes. Existen relaciones. Existen procesos simultáneos. Existen probabilidades. Existen coincidencias. Y pueden existir relaciones que todavía
no sepamos describir adecuadamente. Entonces
quizá nuestra caja de herramientas necesita más de un instrumento.
MADRE
TIERRA COMPLICA LA PALABRA «INDEPENDIENTE»
Ésta es la
cuestión que veníamos preparando desde el principio. Decimos:
DOS
ACONTECIMIENTOS INDEPENDIENTES.
Pero... ¿independientes en qué sentido? Pueden no causarse mutuamente. Perfecto.
Pero ambos
ocurren dentro del mismo planeta. Dentro
de determinadas condiciones físicas. Biológicas. Temporales. Sociales.
Históricas.
En
organismos dependientes. Entonces:
NO CAUSARSE MUTUAMENTE NO SIGNIFICA
NECESARIAMENTE SER COMPLETAMENTE INDEPENDIENTES.
Ésta es una
diferencia enorme.
ACAUSAL NO
TIENE POR QUÉ SIGNIFICAR AISLADO
Podemos
conservar perfectamente la pregunta de Jung.
A no causa B. De acuerdo. Pero todavía podemos preguntar:
¿A
QUÉ PERTENECE A? ¿A QUÉ
PERTENECE B?
Quizá
nuestra mirada estaba buscando solamente una flecha entre ambos... cuando necesitábamos observar el terreno
sobre el que estaban ocurriendo.
VOLVAMOS AL
PEREGRINO
Dos
peregrinos llegan simultáneamente a una fuente desde caminos diferentes. Uno no ha causado la llegada del otro. La llegada de uno no explica causalmente
la llegada del segundo.
Pero si
ampliamos el mapa descubrimos: caminos, distancias, horarios,
temperatura, necesidad de agua, un punto de descanso, la propia fuente. La coincidencia continúa siendo real. Pero ahora podemos verla dentro de un
sistema de posibilidades. NINGUNO CAUSÓ AL OTRO.
Y, sin
embargo, sus llegadas no necesitan ser acontecimientos absolutamente
desconectados del terreno que ambos recorren.
ESTO
EMPIEZA A CAMBIAR NUESTRA PREGUNTA
Quizá ante
una coincidencia significativa no tengamos que preguntar solamente: ¿A CAUSÓ B?
También:
¿QUÉ TERRENO COMPARTEN A Y B?
¿QUÉ PROCESOS LOS PRECEDEN?
¿QUÉ CONDICIONES LOS HACEN POSIBLES?
¿QUÉ INFORMACIÓN HABÍA DISPONIBLE?
¿QUÉ PARTE DESCONOCEMOS?
¿QUÉ RELACIONES TODAVÍA NO SABEMOS MEDIR?
Y después:
¿QUÉ QUEDA SIN EXPLICAR?
AQUÍ EL «NO
SÉ» SE VUELVE TODAVÍA MÁS IMPORTANTE
Porque
tenemos varias posibilidades. Puede
existir una causa conocida. Puede
existir una causa todavía desconocida.
Puede haber una causa común. Puede
haber múltiples condiciones convergentes.
Puede haber una coincidencia probabilística. Puede intervenir nuestra manera de
seleccionar y recordar. Puede existir
una relación que todavía no sepamos formular.
Y puede
quedar un resto que no sepamos dónde colocar.
Entonces: NO SÉ es mucho más riguroso que llenar
inmediatamente ese espacio.
JUNG NO
TIENE QUE PERDER NADA
Esto me
parece especialmente importante. No
necesitamos decir: «JUNG SE EQUIVOCÓ.» Sería demasiado fácil. Jung encontró un problema auténtico:
LA RELACIÓN SIGNIFICATIVA NO ENCAJABA
FÁCILMENTE EN UNA CAUSALIDAD LINEAL ENTRE LOS DOS ACONTECIMIENTOS.
Perfecto. Conservémoslo. Nosotros simplemente añadimos otra pregunta:
¿ERA NECESARIO PASAR DE “NO ENCUENTRO UNA
CAUSA ENTRE A Y B” A “LA RELACIÓN ES ACAUSAL”?
Quizá sí. Quizá no. Vamos a investigarlo.
TAL VEZ
FALTABA AGRANDAR EL MAPA
A.
B.
Y entre ambos, nada visible. Pero
alejamos la mirada.
Aparece: la biografía, la memoria,
la captación, la atención, el inconsciente, la situación, la trayectoria, las condiciones, el tiempo, el entorno, los otros, Madre Tierra.
Entonces
aquello que parecía: A ........ B empieza a estar situado dentro de: [ TODO UN CAMPO EN EL QUE OCURREN A Y B ]
Eso no
demuestra una causa. Pero modifica radicalmente
la pregunta.
DE LA
FLECHA AL CAMPO
Quizá ésta
sea una de las grandes transiciones de nuestro libro.
La
causalidad suele invitarnos a buscar:
A
→ B Madre Tierra nos
obliga también a mirar:
A Y B DENTRO DE UN CAMPO DE RELACIONES,
CONDICIONES Y POSIBILIDADES.
La flecha
puede continuar existiendo. No la
eliminamos. Pero deja de ser nuestra
única manera de mirar.
Y AQUÍ
APARECE UNA PALABRA NUEVA No como respuesta.
Como
pregunta. PERTENENCIA.
Quizá dos acontecimientos
no se causen mutuamente... pero
pertenezcan a procesos relacionados.
Quizá compartan condiciones. Quizá
formen parte de una misma trayectoria.
Quizá solamente coincidan. Quizá
nuestra mente construya después la relación.
Quizá exista algo que todavía desconocemos. No decidamos antes de mirar.
Jung dice:
«NO ENCUENTRO UNA RELACIÓN CAUSAL ENTRE
ESTOS DOS ACONTECIMIENTOS Y, SIN EMBARGO, SU COINCIDENCIA RESULTA
SIGNIFICATIVA.»
Nosotros
respondemos: «DE ACUERDO.» Y nos sentamos a su lado. No para corregirlo inmediatamente. Para mirar juntos. A.
B. La distancia entre ambos.
Después
levantamos un poco la cabeza. Y
aparece alrededor: el terreno. El tiempo.
La persona. Su biografía. Su memoria.
Su estado. Lo que vio. Lo que no vio. Lo que recibió. Lo que estaba ya ocurriendo.
Las
posibilidades. Y Madre Tierra
sosteniendo la escena completa. Entonces
preguntamos:
JUNG, ¿Y SI NO ENCONTRAMOS LA CAUSA
PORQUE ESTÁBAMOS BUSCANDO SOLAMENTE ENTRE A Y B?
No sabemos
la respuesta. Pero ahora la pregunta
existe. Y quizá «acausalidad» deje
de ser un punto de llegada. Puede
convertirse en algo mucho más fértil:
EL LUGAR EXACTO EN EL QUE NUESTRA
CAUSALIDAD CONOCIDA DEJA DE ALCANZAR.
A partir de
ahí no necesitamos inventar. Tampoco
cerrar. AMPLIAMOS EL CAMPO. Y seguimos mirando.
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