LIBROS de BARBARIN I II III

lunes, 19 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO Sincronicidad Desde Madre Tierra Acausalidad

 JUNG  PASEANDO 

Sincronicidad

 

Desde Madre Tierra

Aquí Jung sigue todavía caminando delante de nosotros. Y creo que conviene dejarlo así: primero comprender exactamente qué problema intentó resolver él, antes de que Madre Tierra empiece a recolocar las piezas. En el 36. Acausalidad llegará uno de los puntos delicados: que no encontremos la causa no significa necesariamente que hayamos demostrado que no existe causa. Esa distinción puede ser fundamental para todo lo que vendrá.

Acausalidad  Sí, ésta es especialmente importante porque aquí podemos hacer una distinción que protege a Jung y al mismo tiempo evita convertir su propuesta en una afirmación mayor de lo que permite observar:

NO ENCONTRAR UNA CAUSA NO ES LO MISMO QUE DEMOSTRAR QUE NO HAY CAUSA.

Y después de nuestro recorrido aparece incluso una tercera posibilidad: quizá estemos buscando una causa lineal A → B cuando A y B podrían ser manifestaciones de procesos más amplios en los que ambos están incluidos. Ahí Madre Tierra empieza ya a acercarse seriamente a Jung.

36. ACAUSALIDAD     Llegamos a una palabra difícil.      ACAUSALIDAD.    Y precisamente porque es difícil no debemos correr.

Jung había encontrado coincidencias que consideraba significativas y para las que no podía establecer una relación causal entre los acontecimientos.

A no parecía producir B.      B no parecía producir A.      Sin embargo:

A Y B COINCIDÍAN DE UNA MANERA SIGNIFICATIVA.

¿Qué relación había entre ellos?      Aquí apareció la propuesta de Jung:     UNA CONEXIÓN ACAUSAL.


PRIMERO: ¿QUÉ ES UNA CAUSA?      Simplifiquemos.     Algo ocurre.

Y podemos establecer que determinadas condiciones o acontecimientos participan en que ocurra otra cosa.

Empujo un objeto.      Cae.           Caliento agua.     Aumenta su temperatura.    Llueve.    El terreno se moja.

Podemos investigar relaciones.    Medir.    Repetir.      Comprobar.

La causalidad ha sido una herramienta extraordinariamente poderosa para comprender el mundo.      No tenemos ninguna necesidad de combatirla.

NOS HA PERMITIDO DESCUBRIR UNA CANTIDAD INMENSA DE REALIDAD.

El problema aparece cuando encontramos algo cuya relación causal no podemos establecer.


«NO CONOZCO LA CAUSA»         Ésta es una posición perfectamente legítima.

Ocurre A.      Ocurre B.      Parece existir alguna relación.    Pero no sabemos explicar cómo.      Entonces podemos decir:     NO CONOZCO LA CAUSA.

Y quedarnos ahí.     Eso no es fracaso.      Es precisión.


PERO HAY OTRA FRASE MUCHO MÁS FUERTE    

«NO EXISTE CAUSA.»       Cuidado.     Ya no estamos diciendo lo mismo.

En el primer caso hablamos de nuestro conocimiento.      En el segundo estamos haciendo una afirmación sobre la realidad.

NO HE ENCONTRADO UNA CAUSA       no equivale necesariamente a:       HE DEMOSTRADO QUE NO PUEDE EXISTIR NINGUNA CAUSA.       Esta diferencia será fundamental para nuestro camino.


JUNG NECESITABA OTRA CATEGORÍA         Éste es el punto que debemos comprender antes de discutirlo.

Si dos acontecimientos coincidían significativamente y no podía establecerse una cadena causal entre ellos, Jung necesitaba una manera de pensar aquella relación sin obligarla a entrar en:        A CAUSA B.

La sincronicidad intentaba ocupar ese espacio.     No una causalidad escondida afirmada sin pruebas.      Sino otra clase de conexión planteada alrededor del significado.      Era un movimiento enorme.    Porque permitía decir:

PUEDE HABER RELACIÓN SIN QUE ESA RELACIÓN CONSISTA EN QUE UN ACONTECIMIENTO HAYA PRODUCIDO EL OTRO.


Y AHORA LLEGAMOS NOSOTROS          Con Madre Tierra.

Y hacemos una pregunta diferente.     Supongamos:    A    y    B.

Buscamos:    A → B     y no encontramos nada.    Entonces concluimos:    NO HAY RELACIÓN CAUSAL ENTRE A Y B.

Pero quizá hemos reducido demasiado pronto el campo de observación.    Porque podría existir:      X → A        y también:      X → B.

A no causa B.      B no causa A.     Pero ambos participan de condiciones anteriores o más amplias.      Entonces A y B podrían estar relacionados sin causarse mutuamente.


EL EJEMPLO MÁS SENCILLO

Dos hojas se mueven al mismo tiempo.      Una hoja no está causando necesariamente el movimiento de la otra.     Si solamente miro las hojas puedo preguntarme:     «¿CÓMO SE HAN SINCRONIZADO?»

Amplío el campo.     Hay viento.        Ahora aparece otra explicación.        UNA HOJA NO MOVÍA A LA OTRA.

Ambas estaban respondiendo a algo que mi primera unidad de observación no incluía.      Esto no explica la sincronicidad jungiana.     Pero nos enseña algo metodológicamente precioso:

ANTES DE DECLARAR ACAUSAL UNA RELACIÓN, PREGUNTEMOS SI NUESTRA UNIDAD DE OBSERVACIÓN ES SUFICIENTEMENTE GRANDE.


QUIZÁ EL PROBLEMA ESTABA EN EL MARCO

Volvamos a la persona.      Piensa en alguien.     Esa persona llama.    Buscamos:     PENSAMIENTO → LLAMADA

No encontramos mecanismo.     Buscamos:  LLAMADA → PENSAMIENTO    Tampoco.

¿Acausalidad?    Todavía no lo sabemos.      Porque ahora tendremos que preguntar:     ¿Qué relación tenían?      ¿Qué había ocurrido previamente?     ¿Con qué frecuencia se comunicaban?     ¿Había alguna fecha importante?    ¿Existían rutinas compartidas?        ¿Había información previa?      ¿Qué recuerdos se habían activado?     ¿Qué estaba viviendo cada uno?   ¿Qué coincidencias semejantes no recordamos porque no terminaron en llamada?

No estamos negando la experiencia.     ESTAMOS AMPLIANDO EL CAMPO.


CAUSA LINEAL Y CONDICIONES       Quizá aquí tengamos que distinguir dos maneras de mirar.

Una pregunta:       ¿QUÉ CAUSÓ ESTO?       Otra:

¿QUÉ CONJUNTO DE CONDICIONES HIZO POSIBLE QUE ESTO OCURRIERA?

No son exactamente iguales.     Madre Tierra nos ha enseñado continuamente esto.       Yo estoy vivo.      ¿Qué causó que ahora mismo esté vivo?       Resultaría extraño buscar una sola flecha.

Necesito:   aire,   agua,   temperatura,   alimentación,   organismo,   historia,   otros seres humanos,    innumerables condiciones anteriores.      Mi existencia actual no cabe cómodamente en una sola flecha.

ES RESULTADO DE UNA RED DE CONDICIONES.


ESTO NO ELIMINA LA CAUSALIDAD       Al contrario.      La coloca dentro de algo más amplio.

Existen causas.    Existen condiciones.    Existen antecedentes.    Existen relaciones.   Existen procesos simultáneos.   Existen probabilidades.   Existen coincidencias.      Y pueden existir relaciones que todavía no sepamos describir adecuadamente.      Entonces quizá nuestra caja de herramientas necesita más de un instrumento.


MADRE TIERRA COMPLICA LA PALABRA «INDEPENDIENTE»

Ésta es la cuestión que veníamos preparando desde el principio.    Decimos:     DOS ACONTECIMIENTOS INDEPENDIENTES.

Pero...     ¿independientes en qué sentido?     Pueden no causarse mutuamente.      Perfecto.

Pero ambos ocurren dentro del mismo planeta.    Dentro de determinadas condiciones físicas.   Biológicas.    Temporales.    Sociales.    Históricas.

En organismos dependientes.    Entonces:

NO CAUSARSE MUTUAMENTE NO SIGNIFICA NECESARIAMENTE SER COMPLETAMENTE INDEPENDIENTES.

Ésta es una diferencia enorme.


ACAUSAL NO TIENE POR QUÉ SIGNIFICAR AISLADO

Podemos conservar perfectamente la pregunta de Jung.     A no causa B.    De acuerdo.      Pero todavía podemos preguntar:

¿A QUÉ PERTENECE A?          ¿A QUÉ PERTENECE B?

Quizá nuestra mirada estaba buscando solamente una flecha entre ambos...     cuando necesitábamos observar el terreno sobre el que estaban ocurriendo.


VOLVAMOS AL PEREGRINO

Dos peregrinos llegan simultáneamente a una fuente desde caminos diferentes.         Uno no ha causado la llegada del otro.       La llegada de uno no explica causalmente la llegada del segundo.

Pero si ampliamos el mapa descubrimos:    caminos,    distancias,    horarios,   temperatura,   necesidad de agua,   un punto de descanso,   la propia fuente.    La coincidencia continúa siendo real.     Pero ahora podemos verla dentro de un sistema de posibilidades.      NINGUNO CAUSÓ AL OTRO.

Y, sin embargo, sus llegadas no necesitan ser acontecimientos absolutamente desconectados del terreno que ambos recorren.


ESTO EMPIEZA A CAMBIAR NUESTRA PREGUNTA

Quizá ante una coincidencia significativa no tengamos que preguntar solamente:       ¿A CAUSÓ B?

También:

¿QUÉ TERRENO COMPARTEN A Y B?

¿QUÉ PROCESOS LOS PRECEDEN?

¿QUÉ CONDICIONES LOS HACEN POSIBLES?

¿QUÉ INFORMACIÓN HABÍA DISPONIBLE?

¿QUÉ PARTE DESCONOCEMOS?

¿QUÉ RELACIONES TODAVÍA NO SABEMOS MEDIR?

Y después:

¿QUÉ QUEDA SIN EXPLICAR?


AQUÍ EL «NO SÉ» SE VUELVE TODAVÍA MÁS IMPORTANTE

Porque tenemos varias posibilidades.     Puede existir una causa conocida.     Puede existir una causa todavía desconocida.      Puede haber una causa común.     Puede haber múltiples condiciones convergentes.    Puede haber una coincidencia probabilística.    Puede intervenir nuestra manera de seleccionar y recordar.    Puede existir una relación que todavía no sepamos formular.

Y puede quedar un resto que no sepamos dónde colocar.    Entonces:  NO SÉ     es mucho más riguroso que llenar inmediatamente ese espacio.


JUNG NO TIENE QUE PERDER NADA

Esto me parece especialmente importante.      No necesitamos decir:    «JUNG SE EQUIVOCÓ.»      Sería demasiado fácil.    Jung encontró un problema auténtico:

LA RELACIÓN SIGNIFICATIVA NO ENCAJABA FÁCILMENTE EN UNA CAUSALIDAD LINEAL ENTRE LOS DOS ACONTECIMIENTOS.

Perfecto.      Conservémoslo.  Nosotros simplemente añadimos otra pregunta:

¿ERA NECESARIO PASAR DE “NO ENCUENTRO UNA CAUSA ENTRE A Y B” A “LA RELACIÓN ES ACAUSAL”?

Quizá sí.      Quizá no.      Vamos a investigarlo.


TAL VEZ FALTABA AGRANDAR EL MAPA

A.             B.      Y entre ambos, nada visible.    Pero alejamos la mirada.

Aparece:    la biografía,   la memoria,   la captación,   la atención,   el inconsciente,    la situación,    la trayectoria,    las condiciones,    el tiempo,    el entorno,    los otros,     Madre Tierra.

Entonces aquello que parecía:     A ........ B    empieza a estar situado dentro de:     [ TODO UN CAMPO EN EL QUE OCURREN A Y B ]

Eso no demuestra una causa.      Pero modifica radicalmente la pregunta.


DE LA FLECHA AL CAMPO

Quizá ésta sea una de las grandes transiciones de nuestro libro.

La causalidad suele invitarnos a buscar:      A → B          Madre Tierra nos obliga también a mirar:

A Y B DENTRO DE UN CAMPO DE RELACIONES, CONDICIONES Y POSIBILIDADES.

La flecha puede continuar existiendo.     No la eliminamos.    Pero deja de ser nuestra única manera de mirar.


Y AQUÍ APARECE UNA PALABRA NUEVA      No como respuesta.

Como pregunta.     PERTENENCIA.

Quizá dos acontecimientos no se causen mutuamente...      pero pertenezcan a procesos relacionados.      Quizá compartan condiciones.      Quizá formen parte de una misma trayectoria.     Quizá solamente coincidan.    Quizá nuestra mente construya después la relación.     Quizá exista algo que todavía desconocemos.     No decidamos antes de mirar.


Jung dice:

«NO ENCUENTRO UNA RELACIÓN CAUSAL ENTRE ESTOS DOS ACONTECIMIENTOS Y, SIN EMBARGO, SU COINCIDENCIA RESULTA SIGNIFICATIVA.»

Nosotros respondemos:     «DE ACUERDO.»   Y nos sentamos a su lado.    No para corregirlo inmediatamente.       Para mirar juntos.    A.      B.    La distancia entre ambos.

Después levantamos un poco la cabeza.    Y aparece alrededor:   el terreno.   El tiempo.   La persona.  Su biografía.   Su memoria.   Su estado.   Lo que vio.   Lo que no vio.   Lo que recibió.   Lo que estaba ya ocurriendo.

Las posibilidades.     Y Madre Tierra sosteniendo la escena completa.   Entonces preguntamos:

JUNG, ¿Y SI NO ENCONTRAMOS LA CAUSA PORQUE ESTÁBAMOS BUSCANDO SOLAMENTE ENTRE A Y B?

No sabemos la respuesta.      Pero ahora la pregunta existe.      Y quizá «acausalidad» deje de ser un punto de llegada.      Puede convertirse en algo mucho más fértil:

EL LUGAR EXACTO EN EL QUE NUESTRA CAUSALIDAD CONOCIDA DEJA DE ALCANZAR.

A partir de ahí no necesitamos inventar.      Tampoco cerrar.          AMPLIAMOS EL CAMPO.     Y seguimos mirando.

 

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