MADRE TIERRA
La Ciencia de la Continuidad
de la Vida.
¿Dónde estoy?
¿Qué realidad me sostiene?
PASOS PARA EVOLUCIONAR Y MANTENER LA UNIDAD
Recorrer la propia amplitud
Hay libros
que transmiten información. Otros
proponen una idea. Y hay libros
cuyo contenido puede empezar a actuar mientras todavía se están leyendo.
Éste
pertenece, en buena medida, a ese último grupo.
No porque
contenga fórmulas extraordinarias ni porque pretenda transformar a nadie. Sucede algo mucho más sencillo.
A lo largo
de estas páginas iremos acercándonos a dimensiones, capacidades, necesidades,
posibilidades y formas de relación que pertenecen a la condición humana.
Algunas
serán inmediatamente reconocibles. Otras
quizá hayan ocupado una parte importante de tu vida. Y algunas pueden producir una pequeña
sorpresa:
«Nunca había pensado que esto también formaba
parte de mí.»
Ésa es una
de las razones por las que conviene saber, antes de comenzar, desde dónde vamos a recorrer este
libro.
Partimos de la Unidad
No vamos en
busca de un ser humano perfecto. Tampoco
vamos a construir un modelo humano desde cero. El punto de partida es mucho más
sencillo:
ya existes.
Y existes
como una organización viva.
Tu cuerpo
mantiene innumerables procesos simultáneamente.
Percibes. Piensas. Sientes. Te relacionas. Aprendes. Recuerdas. Te adaptas. Actúas. Descansas.
Respondes a
lo que ocurre.
Todo ello
puede encontrarse en estados muy diferentes de desarrollo, atención y
utilización, pero pertenece a un mismo organismo y a una misma existencia. Por eso utilizaremos repetidamente una
palabra:
UNIDAD
Unidad no
significa perfección. No significa
equilibrio permanente. No significa
que todas nuestras capacidades tengan que estar igualmente desarrolladas. Tampoco significa ausencia de
contradicciones.
Significa, en el sentido que utilizaremos
aquí, que las diferentes
dimensiones que nos constituyen pertenecen a un conjunto y encuentran en él su
lugar, su relación y su posibilidad de participación.
No tenemos
que fabricar esa Unidad. Partimos de ella.
La cuestión
será observar qué estamos haciendo con ella.
Nuestros muchos colores
Podemos
imaginar por un momento al ser humano como una impresora provista de numerosos
depósitos de tinta.
Los colores
están disponibles. Pero nuestra
historia personal ha utilizado unos mucho más que otros.
Quizá hemos
impreso miles de páginas con determinados colores mientras otros apenas
aparecían. Eso no significa
necesariamente que los primeros sean malos.
Puede significar exactamente lo contrario:
hemos aprendido a utilizarlos extraordinariamente
bien.
El problema
comenzaría si acabáramos creyendo que son los únicos que tenemos.
Este libro
irá abriendo, uno tras otro, distintos tinteros. Y ante cada uno convendrá evitar dos
reacciones.
La primera: «Esto
me falta.»
La segunda: «Ahora
tengo que desarrollarlo.»
Antes de
ambas existe una pregunta mucho más interesante:
«¿Qué lugar tiene esto dentro de mí?»
Quizá
descubramos que siempre estuvo presente.
Quizá lo utilizamos sin haberlo reconocido. Quizá quedó poco desarrollado. Quizá lo habíamos relegado.
O quizá
descubramos que una capacidad extraordinariamente desarrollada estaba ocupando
tanto espacio que otras apenas podían participar. No hay que decidirlo anticipadamente.
Primero
observaremos. Evolucionar no es hipertrofiarse
Una
capacidad humana puede alcanzar desarrollos extraordinarios. Eso constituye una de nuestras grandes
posibilidades. Podemos
especializarnos. Podemos adquirir
conocimientos profundos. Podemos
entrenar determinadas habilidades durante décadas. Podemos conseguir resultados que
anteriormente parecían imposibles.
Todo eso
forma parte del progreso humano. Pero
existe una pregunta que merece acompañarlo:
¿qué está ocurriendo con el conjunto mientras
una de sus partes avanza extraordinariamente?
Porque
desarrollar muchísimo una capacidad no significa necesariamente desarrollar en
la misma medida a toda la persona. Podemos
llegar muy lejos en una dirección y haber recorrido muy poco otras.
No se trata
entonces de retroceder. Ni de
disminuir lo conseguido.
Se trata de
descubrir que todavía
quedan direcciones disponibles. Ésa es una de las propuestas centrales
de estas páginas:
evolucionar ampliando la participación de nuestra
propia Unidad.
No ser menos
de aquello que ya somos.
Ser más ampliamente lo que somos.
No venimos a esforzarnos contra nosotros
mismos
También esto
debe quedar claro desde el comienzo.
No proponemos una lucha interior.
No pretendemos convertir cada capacidad poco utilizada en una nueva
obligación.
Sería
absurdo intentar recuperar nuestra Unidad mediante una nueva acumulación de
exigencias.
El ser
humano ya dispone de una extraordinaria capacidad para aprender, incorporar
experiencias, establecer relaciones, modificar hábitos y encontrar nuevas
formas de respuesta.
Por eso
nuestro primer movimiento será siempre:
RECONOCER
Reconocer
antes de corregir. Reconocer antes
de exigir. Reconocer antes de
cambiar.
Porque
aquello que reconocemos puede empezar a ocupar espontáneamente un lugar
diferente en nuestra conciencia y en nuestra vida cotidiana.
Después
habrá cosas que queramos practicar. Otras
necesitarán tiempo. Algunas quizá
no tengan especial importancia en nuestra vida concreta. Y otras producirán inmediatamente una
sensación de ampliación.
No existe un
programa idéntico para todos. Existe
una Unidad distinta en cada persona que empieza a mirarse con mayor amplitud.
Algunos
descubrimientos pueden movernos
Conviene
advertirlo con tranquilidad. Este
libro es denso.
No
necesariamente porque sea difícil de comprender, sino porque algunas cuestiones
pueden afectar directamente a nuestra manera cotidiana de vivir.
Una frase
puede cuestionar una costumbre. Otra puede descubrir una posibilidad. Otra puede hacernos mirar de manera
diferente algo que llevábamos años haciendo. Y alguna quizá contradiga una idea que
considerábamos evidente.
Cuando
ocurra, no hay ninguna necesidad de precipitar una conclusión. Un descubrimiento no exige
inmediatamente una decisión. Puede
simplemente necesitar espacio.
Quizá
durante los días siguientes aparezca espontáneamente en nuestra manera de
mirar, caminar, descansar, relacionarnos, trabajar o percibir el entorno. Entonces el libro habrá salido de la
página.
No porque
nosotros hayamos obedecido una instrucción.
Sino porque hemos
empezado a ver algo que antes no veíamos.
Cómo recorrer estas páginas
Por eso no
recomendaríamos leer este libro con prisa.
Tampoco
existe ninguna obligación de terminar un capítulo porque se haya comenzado.
Si una idea
produce un reconocimiento importante, quizá sea suficiente para ese día. Déjala estar. Obsérvala en tu vida.
No intentes
convertirla inmediatamente en conducta.
Y, sobre todo, evita hacer una lista creciente de cosas que
supuestamente deberías mejorar.
Ésa no es la
intención.
Durante todo
el recorrido puede bastar una sola pregunta:
¿CÓMO ENTRA ESTO EN
LA UNIDAD QUE YA SOY?
¿Está presente?
¿Lo utilizo?
¿Lo había olvidado?
¿Está poco desarrollado?
¿Participa naturalmente?
¿Otra capacidad ocupa casi todo el espacio?
¿Podría incorporarlo sin perder nada de lo
que ya funciona?
No necesitas
responder siempre.
La
propia pregunta ya orienta la observación.
Y hay una
recomendación todavía más sencilla:
No cambies tu vida porque acabas de leer
algo.
Observa tu vida después
de haberlo leído.
Existe una
diferencia enorme.
Una ampliación que puede llegar muy lejos
A medida que
diferentes capacidades empiezan a ser reconocidas, puede aparecer una sensación
inesperada.
No la
sensación de estar incompletos. Sino
precisamente la contraria:
«¡No sabía que tenía tantas posibilidades!»
Como
descubrir un premio que ya era nuestro.
Como encontrar colores que llevábamos años transportando sin
utilizarlos.
Y entonces
puede producirse un ensanchamiento.
La antigua
definición que teníamos de nosotros mismos empieza a resultar pequeña. No porque fuera falsa. Quizá simplemente era parcial.
«Yo soy
así.»
Sí. Pero quizá también puedas ser de otras
maneras sin dejar de ser tú.
Quizá puedas
utilizar capacidades que nunca consideraste propias. Quizá puedas relacionar dimensiones que
mantenías separadas. Quizá puedas
descubrir que algunas aparentes contradicciones encuentran su lugar cuando se
contemplan desde el conjunto.
Eso también
es evolución.
Y entonces
aparece Madre Tierra
Todo este
recorrido ocurre en algún lugar. No
somos una Unidad suspendida en el vacío.
Somos una forma de Vida que existe en unas condiciones determinadas y
dentro de una realidad extraordinariamente rica:
Madre Tierra.
Aquí
adquiere el recorrido otra dimensión.
Porque
muchas de nuestras capacidades encuentran precisamente en ella un campo inmenso
de expresión. Nuestros sentidos
encuentran realidad que percibir. Nuestro
cuerpo encuentra espacio, gravedad, movimiento, temperatura y materia. Nuestra inteligencia encuentra
relaciones que comprender. Nuestra
necesidad de alimento encuentra una extraordinaria red de procesos vivos. Nuestra capacidad de relación encuentra
otros humanos y otras formas de Vida.
Nuestra creatividad encuentra materiales y posibilidades. Nuestros ritmos encuentran días, noches,
estaciones, actividad y descanso.
Y nuestra
conciencia puede empezar a reconocer dónde
está situada.
Entonces
comprendemos que desarrollar nuestra Unidad no significa encerrarnos cada vez
más dentro de nosotros mismos. Puede
significar exactamente lo contrario:
estar en condiciones de relacionarnos con
mayor amplitud con aquello de lo que formamos parte.
Del reconocimiento a la sintonía
Quizá ahí se
encuentre uno de los movimientos profundos de este libro.
Primero
reconocemos. Después incorporamos. Poco a poco armonizamos.
Y cuanto
mayor sea la participación de nuestra propia Unidad, mayor puede ser también
nuestra capacidad para relacionarnos con el conjunto que nos rodea.
No sólo
pensar sobre Madre Tierra.
Vivir
en ella conscientemente.
Percibirla. Caminarla. Comprenderla. Recibir de ella. Colaborar. Crear dentro de ella.
Participar
sin olvidar las condiciones que hacen posible nuestra propia existencia.
No
necesitamos convertirnos en otra especie.
No necesitamos abandonar el progreso. No necesitamos renunciar a las
extraordinarias construcciones humanas.
Necesitamos
quizá algo más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más ambicioso:
SEGUIR EVOLUCIONANDO SIN DEJAR DE LLEVAR CON
NOSOTROS AL HUMANO ENTERO.
Ése es el
recorrido que comienza ahora.
No sabemos
qué página te mostrará un color que tenías olvidado. Ni qué capacidad reconocerás
inmediatamente. Ni qué cuestión
necesitará semanas para encontrar su lugar.
No importa. No hay que llegar rápidamente al final. Hay que ir incorporando el camino a la Unidad.
Porque quizá
cada una de estas páginas pueda decirnos, de una manera diferente:
«Esto
también eres tú.»
Y nosotros
podamos responder tranquilamente:
«Sí.
Ahora lo veo.»
Entonces seguimos. Con un color más disponible. Con algo más de amplitud. Con mayor conciencia de nuestra Unidad.
Y con una
posibilidad cada vez mayor de entrar plenamente en relación con la
extraordinaria realidad de Madre
Tierra en la que esa Unidad nació, vive, evoluciona y continúa.
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