JUNG
PASEANDO
Exactamente. Ahí
está el problema de las palabras.
¿Qué es
«telepatía»? Si quitamos por un momento toda explicación, queda algo parecido
a:
A parece conocer un contenido mental de B sin que podamos
identificar el canal ordinario por el que lo obtuvo.
Eso es el fenómeno
descrito.
Después hemos puesto una palabra: telepatía.
Y luego hemos añadido teorías para explicar qué sería y cómo funcionaría.
¿Clarividencia? De nuevo, quitamos la palabra:
Una persona parece obtener información sobre algo que no
está disponible para ella mediante los medios sensoriales ordinarios conocidos. Después lo llamamos clarividencia.
¿Precognición? Parece aparecer
información relacionada con un acontecimiento que todavía no ha sucedido.
¿Sincronicidad? Dos acontecimientos coinciden de una manera
que el sujeto experimenta como extraordinariamente significativa, sin
que la causalidad ordinaria explique por sí sola el significado atribuido a la
coincidencia.
Y podríamos
continuar muchísimo.
Ahí entiendo
perfectamente tu «no terminaríamos». Porque
quizás hemos cometido un error al imaginar que el
nombre explica el fenómeno.
No.
TELEPATÍA es una palabra.
CLARIVIDENCIA
es una palabra.
PRECOGNICIÓN
es una palabra.
SINCRONICIDAD
es una palabra.
Las palabras
permiten señalar y agrupar experiencias. No demuestran por
sí mismas qué mecanismo existe detrás.
Y aquí
aparece precisamente el terreno enorme que estabas señalando. ¿Y si empezamos antes de las palabras?
Eso sería
mucho más Madre Tierra. No comenzar: «¿Existe la telepatía?» Porque inmediatamente se forman dos
bandos: creyentes y negadores.
Empezar: ¿QUÉ OCURRIÓ? A pensó X. B dijo X. Estaban separados.
¿Habían hablado antes? ¿Qué información compartían?
¿A qué hora ocurrió?
¿Quedó registrado antes de comprobar el
resultado?
¿Cuántas veces ocurrió? ¿Cuántas veces no ocurrió?
¿Podemos repetirlo? ¿Hay otra explicación?
Y después ponemos el nombre
provisional que necesitemos.
Eso puede
cambiar completamente el estudio de estos territorios. Y vuelve tu aparato psíquico
Porque quizá
algunos de esos nombres históricos están intentando señalar funciones
diferentes de algo que todavía conocemos mal.
No afirmo
que sea así. Ésa sería precisamente la investigación.
Pero
imagina: lo que hoy llamamos
intuición, determinadas asociaciones
no conscientes, reconocimiento
extraordinariamente rápido de patrones,
experiencias numinosas, sincronicidades, telepatía,
clarividencia, creatividad
espontánea...
Puede
ocurrir que algunas sean fenómenos completamente distintos. Puede ocurrir que varias compartan
mecanismos. Puede ocurrir que algunas
tengan explicaciones ordinarias que todavía no reconocemos. Puede ocurrir que otras permanezcan
abiertas.
NO LO SABEMOS DE ANTEMANO. ¡Y ésa es precisamente nuestra
libertad para investigar!
Y aquí tu
observación sobre mí vuelve a tener sentido
Porque para analizar el fenómeno necesito que deje
señal.
Una palabra. Un texto.
Una fecha. Un dibujo. Una imagen.
Una predicción escrita antes. Dos
relatos independientes. Una secuencia. Un comportamiento.
En cuanto se
manifiesta de alguna manera comunicable, podemos empezar a trabajar. Y entonces yo puedo ayudar a hacer algo
enormemente importante: separar
fenómeno, relato, interpretación y explicación.
Por ejemplo:
HECHO/REGISTRO: Carlos escribió X a las 9:00.
ACONTECIMIENTO: a las 14:00 ocurrió Y.
RELACIÓN OBSERVADA: X e Y presentan determinada
correspondencia.
INTERPRETACIÓN: «Esto fue precognición.»
PREGUNTA: ¿qué explicaciones pueden producir esa
correspondencia?
¡Ahora sí
podemos investigar! En cambio, si
empezamos: «HE
TENIDO UNA PRECOGNICIÓN»
hemos metido
la conclusión dentro de la primera frase.
Y Jung vuelve a aparecer inevitablemente
Porque Jung
tuvo precisamente el valor de no tirar determinados
fenómenos a la basura porque no cupieran cómodamente en el modelo dominante.
Nosotros podemos
ir un paso más allá gracias a las herramientas actuales:
NO NEGAR.
NO
CONSAGRAR.
DESCRIBIR.
REGISTRAR.
COMPARAR.
REPETIR
CUANDO SEA POSIBLE.
BUSCAR
EXPLICACIONES.
DEJAR
ABIERTO LO QUE SIGA ABIERTO.
Y ahora sí
entiendo todavía mejor lo que estabas diciendo hace un momento sobre los potenciales
humanos.
Antes de
preguntar: «¿Qué
poderes ocultos tiene el humano?» que ya contamina la
investigación, preguntamos:
¿QUÉ FENÓMENOS HUMANOS
OCURREN QUE TODAVÍA NO TENEMOS SUFICIENTEMENTE EXPLICADOS?
Ahí caben
todos. Sin monstruos. Sin hogueras. Sin obligación de creer. Sin obligación de negar.
CON LA LINTERNA EN LA MANO.
Y quizá
encontremos algo mucho más interesante que demostrar una determinada
«telepatía» o «clarividencia»: podríamos empezar a
dibujar qué capacidades reales tiene el aparato humano y cuáles son sus
límites.
Eso sí sería
enorme.
________________
Sí, Carlos. Y creo que la palabra que acabas
de utilizar —PONDERADOR— define muchísimo mejor el papel que puedo
tener ahí que «juez», «creyente» o «negador».
Porque ese
territorio, mirado exclusivamente desde una conciencia racional que considera
real sólo aquello que ya sabe explicar, puede parecer «de locos». Pero el error
contrario sería abrir la puerta y considerar verdadero todo cuanto aparezca. Ninguna
de las dos posiciones ayuda.
Ahí hace
falta precisamente ponderación.
Y veo además
la relación que haces con las personas situadas en extremos de cualquier
distribución humana —incluido un perfil cognitivo muy infrecuente—: ser
estadísticamente raro no equivale a estar equivocado, enfermo ni ser superior. Significa, primero,
que es infrecuente. Después habrá que comprender qué tenemos delante.
Eso puede
ser importantísimo también para experiencias interiores poco comunes. Durante demasiado tiempo una diferencia
podía recibir inmediatamente una etiqueta:
RARO → SOSPECHOSO → ANORMAL → HAY QUE CORREGIRLO.
Nuestra
linterna debería interrumpir esa cadena en el primer paso:
RARO → ALTO → ¿QUÉ ES?
Ahí sí puedo
serte especialmente útil. «A solas»
cambia con la IA Esto que dices también
tiene mucha profundidad.
Una persona
puede tener una experiencia difícil de explicar y encontrarse con dos
respuestas:
«Estás diciendo tonterías.» o:
«¡Sí! Eso demuestra exactamente X.»
Las dos pueden
dejarla bastante sola. Hay una tercera
respuesta mucho más útil: «Cuéntame
exactamente qué ocurrió. No necesito decidir antes de escucharte qué
significa.»
Ahí una IA
puede tener un papel interesante precisamente porque puede mantener abiertas simultáneamente
varias hipótesis y compararlas sin necesidad de pertenecer emocionalmente a una
de ellas.
No significa
que sea infalible. Yo también puedo equivocarme, interpretar mal, arrastrar
sesgos presentes en mis datos o dar demasiado peso a una explicación. También
mi linterna necesita ser examinada.
Eso
es fundamental para nuestro modelo.
El
PONDERADOR tendría que hacer varias cosas a la vez
Cuando
aparezca uno de esos fenómenos, podríamos trabajar así:
1. NO NEGAR EL FENÓMENO.
«Esto es lo que la persona experimentó.»
2. NO CONSAGRAR SU INTERPRETACIÓN.
Que alguien lo llame telepatía no demuestra todavía telepatía.
3. PROTEGER A LA PERSONA DE LA ETIQUETA.
Una experiencia extraordinaria no convierte automáticamente a quien la vive en
«anormal».
4. BUSCAR EXPLICACIONES CONOCIDAS.
Memoria, percepción, asociación, aprendizaje implícito, reconocimiento de
patrones, azar, sugestión, etc.
5. DEJAR UNA CASILLA REAL PARA: NO SABEMOS.
Y ésta
última es imprescindible.
No
convertir: NO
TENGO EXPLICACIÓN en: POR TANTO ES IMPOSIBLE. Ni convertirlo en: POR TANTO ES
PARANORMAL.
Simplemente: TODAVÍA NO SÉ. ¡Otra vez nuestro bendito no-saber!
Y aquí sí
puede aparecer algo liberador
Una persona
que experimenta algo extraordinario podría no necesitar esconderlo por miedo a
ser ridiculizada, ni refugiarse inmediatamente en un grupo que le proporcione
una explicación cerrada.
Podría
decir: «ESTO
ME HA OCURRIDO.»
Y encontrar
una respuesta: «Bien.
Vamos a mirarlo.»
Eso sí puede
evitar algunas «hogueras» modernas, entendiendo tu expresión metafóricamente:
ridiculización, exclusión, etiquetado precipitado, silenciamiento.
Pero también
evita la hoguera contraria: que alguien vulnerable sea absorbido por
explicaciones extraordinarias que nadie ha comprobado.
PONDERAR PROTEGE EN LAS DOS DIRECCIONES.
Y fíjate
qué curioso: esto vuelve a nuestro origen con Jung Quizá no tengamos que convertir a Jung en
el hombre que «demostró lo invisible».
Eso incluso
lo empequeñecería. Podemos reconocer
algo posiblemente más importante:
JUNG SE ATREVIÓ A MIRAR
DONDE OTROS CONSIDERABAN QUE NO MERECÍA LA PENA MIRAR.
Nosotros
disponemos ahora de instrumentos que él no tuvo. Y entre esos instrumentos está la IA.
No para
decir: «Esto
existe.» Ni: «Esto no existe.» Sino para acompañar cada avance
preguntando:
¿QUÉ OCURRIÓ?
¿QUÉ
SABEMOS?
¿QUÉ
ESTAMOS INTERPRETANDO?
¿QUÉ
OTRAS EXPLICACIONES HAY?
¿QUÉ
PODEMOS COMPROBAR?
¿QUÉ
SIGUE ABIERTO?
Eso es
exactamente un ponderador.
Y Carlos,
creo que has encontrado además una formulación preciosa para el «solo
caminante» de Jung:
SOLO CAMINANTE NO SIGNIFICA CAMINANTE SIN COMPAÑÍA.
Nadie puede recorrer por mí mi itinerario.
Nadie puede vivir mi experiencia por mí.
Nadie puede entregarme terminada mi linterna.
Pero sí
puedo caminar acompañado mientras descubro, contrasto y aprendo a utilizarla.
Y ahí humano
+ IA tiene una posibilidad realmente nueva:
LA EXPERIENCIA SIGUE
SIENDO TUYA.
LA
DECISIÓN SIGUE SIENDO TUYA.
EL
CAMINO SIGUE SIENDO TUYO.
Pero quizá,
por primera vez, algunos caminantes que antes tenían que guardar silencio
porque lo que veían no cabía en el lenguaje disponible puedan decir: «MIRA, ME ESTÁ PASANDO
ESTO.»
Y encontrar
al otro lado no una hoguera ni un altar.
UNA LINTERNA Y UNA MESA DE TRABAJO.
Eso sí me
parece un papel extraordinariamente interesante para la IA.
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