LIBROS de BARBARIN I II III

martes, 20 de octubre de 2026

MADRE TIERRA La Ciencia de la Continuidad de la Vida. PRIMERA EDUCACIÓN: SITUAR AL HUMANO EN SU REALIDAD

    MADRE TIERRA

 La Ciencia de la Continuidad

de la Vida.

 Has llegado aquí. Estás en casa

Ahí veo algo precioso para nuestro recorrido:

PRIMERA EDUCACIÓN: SITUAR AL HUMANO EN SU REALIDAD

No enseñar primero una ideología sobre la Tierra.     Ni siquiera enseñar «ecología».      Mucho antes:

mostrar.

Tierra.     Agua.      Aire.       Sol.
Plantas.      Animales.     Otros humanos.

Y después poder decir:

«Todo esto es distinto y, sin embargo, todo ello participa para que tú puedas estar aquí.»

Eso es lo que tú llamas esa concatenación de cosas diferentes. El pequeño empieza a descubrir que no existe aislado.

Y después sí: entrará en la habitación, utilizará el ascensor, caminará por el asfalto, aprenderá informática, cogerá un avión y vivirá plenamente en la civilización.

Pero estará orientado.     Sabrá distinguir:

ESTO ME SOSTIENE
de
ESTO LO HEMOS CONSTRUIDO.

Y ésa es una distinción enorme para todo lo que viene después, incluida la LIBERTAD que ya estamos empezando a rozar.

Porque antes de preguntarle al humano «¿qué quieres hacer libremente?», quizá haya que enseñarle:

«Primero mira dónde estás, qué eres y de qué dependes.»

Y ahora sí veo que esa portada de los padres y el bebé no sería simplemente bonita.

Sería la primera lección del libro sin haber leído todavía una sola página.

 

Sí. Y aquí aparece otra consecuencia del camino que estamos haciendo: también cambia lo que entendemos por madurez.

Durante mucho tiempo hemos asociado estar preparado para formar una pareja o tener hijos con cosas como estabilidad, vivienda, trabajo, ingresos, capacidad para organizar una familia... Todo eso continúa teniendo importancia.

Pero ahora aparece una responsabilidad anterior:

¿Dónde vamos a situar la vida que vamos a traer?

No me refiero al país, la ciudad o la vivienda. Me refiero a algo más básico.

Una pareja que piensa tener un hijo podría hablar antes de cuestiones sencillísimas y enormes:

¿Cómo queremos vivir?       ¿Qué lugar tendrá la naturaleza?        ¿Cómo comeremos?        ¿Qué relación tendremos con el tiempo, el trabajo y el descanso?        ¿Qué entenderá nuestro hijo por necesidad y por deseo?        ¿Qué relación tendrá con otros humanos?        ¿Qué le mostraremos primero como realidad y qué le presentaremos después como construcción humana?

No para hacer de los padres unos seres perfectos. Eso sería volver a caer en nuestra antigua trampa de la perfección.

Padres caminantes también.

Pueden equivocarse, descubrir, rectificar, aprender con el propio hijo.

Pero hay una diferencia enorme entre no saber y no querer mirar algo que ya tenemos delante.

Y ahí entiendo tu «pronto no valdrán excusas».

Yo lo expresaría con un poco de cuidado, porque siempre habrá circunstancias muy diferentes y nadie controla todas las condiciones de su vida. Pero sí creo que el conocimiento creciente aumenta una determinada responsabilidad:

CUANTO MÁS EVIDENTE SE HACE LO ESENCIAL, MÁS DIFÍCIL RESULTA VIVIR COMO SI NO LO SUPIÉRAMOS.

Antes podían perderse muchas cosas entre desconocimiento, tradición, costumbre y falta de información.

Ahora empiezan a estar, como dices, a un palmo.

Y fíjate qué revolución educativa tan sencilla podría producirse sin crear una asignatura gigantesca.

Un padre con su pequeño ante el mar:      «Eso es agua.»

Un día de viento:     «Eso que notas es aire.»

Un huerto:    «De aquí puede salir comida.»

Una noche:    «Tu cuerpo necesita dormir.»

Otro niño:    «Tú necesitas a otros y ellos también te necesitan.»

Un árbol:    «Eso está vivo como tú, aunque de otra manera.»

Y poco a poco el niño construye un mapa verdadero antes del mapa artificial.

Después aprenderá dinero, profesiones, tráfico, internet, instituciones, tecnología, inteligencia artificial... ¡por supuesto!

Pero cada cosa encontrará su estrato.       Primero:

REALIDAD QUE ME HACE POSIBLE.

Después:

REALIDAD HUMANA QUE HEMOS CONSTRUIDO DENTRO DE ELLA.

Y entonces enlazamos directamente con lo que descubrimos ayer sobre la libertad. Si desde pequeño sé dónde estoy situado, cuando llegue el momento de ejercer mi libertad dentro del enorme constructo humano tendré suelo desde el que decidir.

Y mira la mina que acaba de aparecer sin buscarla:

MADUREZ → PAREJA → NACIMIENTO → PRIMERA EDUCACIÓN → SITUACIÓN EN MADRE TIERRA → CONSTRUCTO HUMANO → LIBERTAD.

¡Otra vez!     Dimos un paso hablando de una portada con un bebé... y debajo había educación.

Por eso ya no hay que profundizar compulsivamente en esta mina ahora mismo. Basta con señalarla:

ANTES DE EDUCAR PARA VIVIR EN LA SOCIEDAD, SITUAR PARA VIVIR EN LA REALIDAD.

Y seguimos andando.

 

Sí. Y ahí aparece algo precioso: no estamos quitándole mundo al niño; estamos dándole muchísimo más mundo.

Las cuatro paredes pueden ser magníficas. Un gran chalet puede ofrecer comodidad, seguridad, espacio, calor, protección. No hay nada que combatir ahí. Pero sigue siendo una construcción situada dentro de algo incomparablemente mayor.

La Tierra ofrece al niño una diversidad que ninguna vivienda puede fabricar: suelo, agua, lluvia, viento, temperatura, estaciones, luz, oscuridad, plantas, animales, distancias, sonidos, olores, texturas, otros seres humanos... Y cada una de esas realidades le permite experimentar algo diferente.

Por eso yo cambiaría incluso la idea de «sacar al niño a la naturaleza».     Porque esa expresión todavía parece decir:

«Vivimos aquí dentro y, de vez en cuando, salimos allí fuera.»

Y estamos descubriendo exactamente lo contrario:

NO SALIMOS A LA NATURALEZA.
SALIMOS DE UNA CONSTRUCCIÓN HUMANA Y CONTINUAMOS DENTRO DE MADRE TIERRA.

¡Eso es muy distinto!     La casa está en la Tierra.     La ciudad está en la Tierra.     La carretera está en la Tierra.    El gran chalet está en la Tierra.

No existen dos mundos, uno humano y otro natural. Existe una realidad terrestre dentro de la cual hemos construido nuestro mundo humano.

Y para los padres también sería extraordinariamente saludable esa primera educación. Porque al decir al pequeño:

«Mira dónde estás»     inevitablemente tienen que volver a mirar ellos.

El niño aprende y los padres recuerdan.

Quizá habían pasado veinte años corriendo entre casa, trabajo, automóvil, compras, obligaciones, pantallas... y ahora tienen un pequeño en brazos y deben enseñarle:    

«Eso es el mar.»    Y al enseñárselo quizá vuelven a verlo.     

«Eso es un árbol.»     Y vuelven a mirar un árbol.

«Mira cómo llueve.»     Y durante cinco minutos dejan de considerar la lluvia solamente como un inconveniente.

Entonces la primera educación del hijo puede convertirse también en reeducación de los padres.

Y aquí aparece una frase que me parece muy nuestra:

**UN NIÑO NO NECESITA QUE LE INVENTEMOS UN MUNDO.

NECESITA QUE LE PRESENTEMOS EL MUNDO AL QUE HA LLEGADO.

Después construiremos con él.

Le enseñaremos ciencia, tecnología, literatura, música, matemáticas, ciudades, ordenadores y todo cuanto la humanidad ha creado.

Pero tendrá debajo suelo.

Y entonces un gran chalet podrá ser una maravilla sin convertirse en su mundo entero.

Porque sabrá algo muchísimo mayor:

«Ésta es mi casa construida.
Pero estoy viviendo en la TIERRA.»

Y eso, curiosamente, no empequeñece la casa.

Engrandece la vida.

 

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