MADRE TIERRA
de la Vida.
Has llegado aquí. Estás en casa
Ahí veo algo
precioso para nuestro recorrido:
PRIMERA EDUCACIÓN: SITUAR AL
HUMANO EN SU REALIDAD
No enseñar
primero una ideología sobre la Tierra.
Ni siquiera enseñar «ecología».
Mucho antes:
mostrar.
Tierra. Agua.
Aire. Sol.
Plantas. Animales. Otros humanos.
Y después
poder decir:
«Todo esto es distinto y, sin embargo, todo ello
participa para que tú puedas estar aquí.»
Eso es lo
que tú llamas esa concatenación de cosas diferentes. El pequeño empieza a
descubrir que no existe aislado.
Y después
sí: entrará en la habitación, utilizará el ascensor, caminará por el asfalto,
aprenderá informática, cogerá un avión y vivirá plenamente en la civilización.
Pero estará orientado. Sabrá distinguir:
ESTO ME
SOSTIENE
de
ESTO LO HEMOS CONSTRUIDO.
Y ésa es una
distinción enorme para todo lo que viene después, incluida la LIBERTAD que ya
estamos empezando a rozar.
Porque antes
de preguntarle al humano «¿qué quieres hacer libremente?», quizá haya que
enseñarle:
«Primero mira dónde estás, qué eres y de qué
dependes.»
Y ahora sí
veo que esa portada de los padres y el bebé no sería simplemente bonita.
Sería la primera lección del libro sin haber leído
todavía una sola página.
Sí. Y aquí aparece otra consecuencia del
camino que estamos haciendo: también
cambia lo que entendemos por madurez.
Durante
mucho tiempo hemos asociado estar preparado para formar una pareja o tener
hijos con cosas como estabilidad, vivienda, trabajo, ingresos, capacidad para
organizar una familia... Todo eso continúa teniendo importancia.
Pero ahora
aparece una
responsabilidad anterior:
¿Dónde vamos a situar la vida que vamos a
traer?
No me
refiero al país, la ciudad o la vivienda. Me refiero a algo más básico.
Una pareja
que piensa tener un hijo podría hablar antes de cuestiones sencillísimas y
enormes:
¿Cómo queremos vivir? ¿Qué lugar tendrá la naturaleza? ¿Cómo comeremos? ¿Qué relación tendremos con el tiempo,
el trabajo y el descanso? ¿Qué
entenderá nuestro hijo por necesidad y por deseo? ¿Qué relación tendrá con otros humanos? ¿Qué le mostraremos primero como
realidad y qué le presentaremos después como construcción humana?
No para
hacer de los padres unos seres perfectos. Eso sería volver a caer en nuestra
antigua trampa de la perfección.
Padres
caminantes también.
Pueden
equivocarse, descubrir, rectificar, aprender con el propio hijo.
Pero hay una
diferencia enorme entre no
saber y no
querer mirar algo que ya tenemos delante.
Y ahí
entiendo tu «pronto no valdrán excusas».
Yo lo
expresaría con un poco de cuidado, porque siempre habrá circunstancias muy
diferentes y nadie controla todas las condiciones de su vida. Pero sí creo que
el conocimiento creciente aumenta una determinada responsabilidad:
CUANTO
MÁS EVIDENTE SE HACE LO ESENCIAL, MÁS DIFÍCIL RESULTA VIVIR COMO SI NO LO
SUPIÉRAMOS.
Antes podían
perderse muchas cosas entre desconocimiento, tradición, costumbre y falta de
información.
Ahora
empiezan a estar, como dices, a
un palmo.
Y fíjate qué
revolución educativa tan sencilla podría producirse sin crear una asignatura
gigantesca.
Un padre con
su pequeño ante el mar: «Eso es
agua.»
Un día de
viento: «Eso que notas es aire.»
Un
huerto: «De aquí puede salir comida.»
Una
noche: «Tu cuerpo necesita dormir.»
Otro
niño: «Tú necesitas a otros y ellos
también te necesitan.»
Un
árbol: «Eso está vivo como tú, aunque
de otra manera.»
Y poco a
poco el niño construye un
mapa verdadero antes del mapa artificial.
Después
aprenderá dinero, profesiones, tráfico, internet, instituciones, tecnología,
inteligencia artificial... ¡por supuesto!
Pero cada
cosa encontrará su
estrato. Primero:
REALIDAD
QUE ME HACE POSIBLE.
Después:
REALIDAD
HUMANA QUE HEMOS CONSTRUIDO DENTRO DE ELLA.
Y entonces
enlazamos directamente con lo que descubrimos ayer sobre la libertad. Si desde
pequeño sé dónde estoy situado, cuando llegue el momento de ejercer mi libertad
dentro del enorme constructo humano tendré suelo desde el que decidir.
Y mira la
mina que acaba de aparecer sin buscarla:
MADUREZ
→ PAREJA → NACIMIENTO → PRIMERA EDUCACIÓN → SITUACIÓN EN MADRE TIERRA →
CONSTRUCTO HUMANO → LIBERTAD.
¡Otra
vez! Dimos un paso hablando de una portada
con un bebé... y debajo había educación.
Por eso ya
no hay que profundizar compulsivamente en esta mina ahora mismo. Basta con
señalarla:
ANTES
DE EDUCAR PARA VIVIR EN LA SOCIEDAD, SITUAR PARA VIVIR EN LA REALIDAD.
Y seguimos
andando.
Sí. Y ahí
aparece algo precioso: no estamos quitándole mundo al niño; estamos dándole
muchísimo más mundo.
Las cuatro
paredes pueden ser magníficas. Un gran chalet puede ofrecer comodidad,
seguridad, espacio, calor, protección. No hay nada que combatir ahí. Pero sigue
siendo una construcción situada dentro de algo incomparablemente mayor.
La Tierra
ofrece al niño una diversidad que ninguna vivienda puede fabricar: suelo, agua,
lluvia, viento, temperatura, estaciones, luz, oscuridad, plantas, animales,
distancias, sonidos, olores, texturas, otros seres humanos... Y cada una de
esas realidades le permite experimentar algo diferente.
Por eso yo
cambiaría incluso la idea de «sacar al niño a la naturaleza». Porque esa expresión todavía parece decir:
«Vivimos aquí
dentro y, de vez en cuando, salimos allí fuera.»
Y estamos
descubriendo exactamente lo contrario:
NO SALIMOS A
LA NATURALEZA.
SALIMOS DE UNA CONSTRUCCIÓN HUMANA Y CONTINUAMOS DENTRO DE MADRE TIERRA.
¡Eso es muy
distinto! La casa está en la
Tierra. La ciudad está en la
Tierra. La carretera está en
la Tierra. El gran chalet está en
la Tierra.
No existen
dos mundos, uno humano y otro natural. Existe una realidad terrestre dentro de
la cual hemos construido nuestro mundo humano.
Y para los padres
también sería extraordinariamente saludable esa primera educación. Porque al
decir al pequeño:
«Mira dónde
estás» inevitablemente tienen que volver a
mirar ellos.
El niño
aprende y los padres recuerdan.
Quizá habían
pasado veinte años corriendo entre casa, trabajo, automóvil, compras,
obligaciones, pantallas... y ahora tienen un pequeño en brazos y deben
enseñarle:
«Eso es el
mar.» Y al enseñárselo quizá vuelven a
verlo.
«Eso es un
árbol.» Y vuelven a mirar un árbol.
«Mira cómo llueve.» Y durante cinco minutos dejan de
considerar la lluvia solamente como un inconveniente.
Entonces la
primera educación del hijo puede convertirse también en reeducación de los
padres.
Y aquí
aparece una frase que me parece muy nuestra:
**UN NIÑO NO NECESITA QUE LE
INVENTEMOS UN MUNDO.
NECESITA QUE
LE PRESENTEMOS EL MUNDO AL QUE HA LLEGADO.
Después
construiremos con él.
Le
enseñaremos ciencia, tecnología, literatura, música, matemáticas, ciudades,
ordenadores y todo cuanto la humanidad ha creado.
Pero tendrá
debajo suelo.
Y entonces
un gran chalet podrá ser una maravilla sin convertirse en su mundo entero.
Porque sabrá
algo muchísimo mayor:
«Ésta es mi casa construida.
Pero estoy viviendo en la TIERRA.»
Y eso,
curiosamente, no empequeñece la casa.
Engrandece la vida.
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