LIBROS de BARBARIN I II III

miércoles, 21 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO Notas desde Madre Tierra y Jung NO SACAMOS AL HUMANO DE LA CIUDAD. METEMOS UNA EXPERIENCIA RADICALMENTE DISTINTA DENTRO DE LA CIUDAD.

 

JUNG

PASEANDO 

Notas desde Madre Tierra y Jung

Sí. Y no me parece una idea loca en absoluto como experimento. Además, encaja exactamente con lo que acabábamos de hablar: «en casa y con gaseosa». No mandar a la humanidad al campo; hacer una prueba dentro del propio constructo.

El hombre del osmotic ha hecho una maniobra individual: «esto me supera, me voy a un pequeño pueblo del Montseny». Puede funcionarle a él. Pero inmediatamente aparece tu pregunta: ¿eso es una solución trasladable? Evidentemente, no podemos meter a millones de habitantes de las ciudades en pequeños pueblos. Y además abandonaríamos precisamente el constructo que queremos aprender a maniobrar.

Tu manzana urbana hace lo contrario:

NO SACAMOS AL HUMANO DE LA CIUDAD.
METEMOS UNA EXPERIENCIA RADICALMENTE DISTINTA DENTRO DE LA CIUDAD.

Imagínala bien.

Una manzana completa. Cruzas una puerta y desaparece buena parte del ruido urbano. No tiendas. No pantallas publicitarias. No coches. No mensajes diciéndote qué comprar o mirar.

Tierra.    Árboles.  Agua corriendo.   Humedad.   Pájaros e insectos compatibles con ese entorno.   Luz natural.   Cambios de temperatura razonables.   Olores.  Piedra.   Madera.    Sitios donde sentarse y nada que hacer.

Y la cúpula, si fuera necesaria técnicamente, no para fabricar un parque temático tropical, sino para proteger determinadas condiciones y aumentar el contraste experimental.

Porque has dicho lo más interesante:    «Si no te enteras dentro, te enterarás cuando salgas.»    ¡Ahí está el experimento!

El objeto de estudio quizá ni siquiera sea cómo te encuentras dentro.     Puede ser qué ocurre al volver a cruzar la puerta.

Sales.    Semáforo.   Motor.   Publicidad.   Prisa.   Asfalto.   Móvil.   Gente desplazándose.   Ruido.    Horarios.   

Y quizá algo que quince minutos antes era completamente normal ahora lo percibes.      No porque alguien te haya explicado:   «La ciudad es mala.»

Eso estropearía el experimento.    Nadie debería decirte lo que tienes que sentir.     Simplemente:

ENTRA.
ESTÁ UNA HORA.
SAL.
Y OBSERVA.

Eso es tremendamente Madre Tierra.    Porque convierte una discusión ideológica en experiencia comparativa.

Y aún haría algo más interesante: no preguntaría solamente «¿te has sentido mejor?». Eso nos llevaría rápidamente a bienestar, relajación, spa, etc.

Preguntaría:    ¿QUÉ HAS NOTADO AL ENTRAR QUE ANTES NO NOTABAS?

y, sobre todo:    ¿QUÉ HAS NOTADO AL SALIR QUE ANTES DE ENTRAR TE PARECÍA NORMAL?

Ahí podemos descubrir muchísimo.

Y fíjate cómo conecta con lo que hablábamos hace diez minutos sobre el inconsciente. Hoy vivimos multitud de cosas sin darnos cuenta de que las estamos viviendo. No porque estén enterradas en una cueva oscura, sino porque estamos acostumbrados a ellas.              El contraste puede hacerlas visibles.

CIUDAD → EXPERIENCIA → CIUDAD.

La segunda ciudad es físicamente la misma.

EL QUE SALE PUEDE NO MIRARLA IGUAL.

Y además tu idea resuelve otra cuestión importante: no obliga a nadie a mudarse al Montseny, hacerse ermitaño, renunciar a la tecnología ni desmontar Barcelona.         Al contrario.

Utiliza ingeniería, arquitectura, conocimiento ambiental, dinero y organización —constructo— para crear dentro del propio constructo una posibilidad de toma de tierra.       ¡Eso es precioso!

EL CONSTRUCTO AYUDÁNDONOS A PONER LÍMITES AL CONSTRUCTO.

Y ahí aparece precisamente el optimismo del que hablábamos antes. No tenemos solamente dos botones:        SEGUIR IGUAL / HUIR.

Tenemos un tercero enorme:      MANIOBRAR.

Y después experimentar.    Una manzana.    Luego vemos.    No funciona: aprendimos.     Funciona parcialmente: corregimos.    Produce algo inesperado: investigamos.     Funciona extraordinariamente: otra manzana prueba otra versión.

Eso es muy diferente de anunciar cómo debe vivir la humanidad.

Y quizá hasta cobrar entrada, como dices, tenga una ironía maravillosa: hemos llegado al punto en que quizá tengamos que pagar dentro de la ciudad para recordar experimentalmente algo que durante casi toda nuestra historia tuvimos alrededor gratuitamente.

Eso solo, Carlos, ya daría para una página entera:

ENTRAR PARA CONOCER LA NATURALEZA.
SALIR PARA DESCUBRIR EL CONSTRUCTO.

Creo que la segunda frase es la verdadera bomba de tu idea.

______________

Sí. Y además ahí conviene distinguir dos cosas que a veces se mezclan: retirarse temporalmente y proponer la retirada como solución.

Puede haber momentos en que una persona necesite cortar, irse al campo, bajar estímulos, recuperar sueño, silencio, aire, ritmo. Perfectamente. Pero como solución general aparece enseguida tu pregunta: ¿cuántos pueden hacerlo? Y todavía otra: ¿queremos realmente resolver nuestra convivencia separándonos?

Porque hay una evidencia que Madre Tierra nos devuelve continuamente:        NOS NECESITAMOS.

No solamente afectivamente. Necesitamos cooperación, especialización, intercambio, cuidados, conocimientos de otros, infraestructura. La cuestión interesante sería conseguir que esa cooperación no termine construyendo entornos que hagan cada vez más difícil vivir humanamente dentro de ellos.

Y lo de los romanos que te contaron ayer tiene una base histórica muy interesante. Vitruvio, en De architectura, dedica precisamente parte de su discusión sobre la fundación y trazado de ciudades a los vientos. Recomienda estudiar su dirección y orientar las calles de manera que los vientos dominantes no recorran directamente las calles; su razonamiento mezclaba observaciones prácticas con la medicina y física de su época. Y, como dices, la ingeniería romana del agua —acueductos, distribución, fuentes, baños, alcantarillado— fue extraordinariamente desarrollada.

Lo que me interesa para vuestro hilo no es convertir a Roma en modelo, porque muchas de sus explicaciones sanitarias hoy están superadas. Es otra cosa:       ANTES DE TRAZAR LA CIUDAD, MIRABAN EL LUGAR.

Viento.     Agua.     Orientación.      Condiciones del terreno.

Es decir:        PRIMERO: ¿DÓNDE ESTAMOS?        DESPUÉS: ¿QUÉ CONSTRUIMOS AQUÍ?

¡Fíjate qué Madre Tierra es eso!    Y quizá una parte del problema moderno aparece cuando invertimos progresivamente la operación:

HE DISEÑADO ESTO → AHORA CONSEGUIRÉ QUE EL LUGAR SE ADAPTE.

Hace calor: refrigeramos.               Falta luz: iluminamos.

No circula aire: ventilamos mecánicamente.

El agua está lejos: la transportamos.

Hay ruido: aislamos.

Todo eso es también una proeza del constructo —y no hay que despreciarlo—. Pero llega un momento en que podemos hacernos una pregunta bastante incómoda:

¿CUÁNTA ENERGÍA Y TECNOLOGÍA ESTAMOS UTILIZANDO PARA CORREGIR PROBLEMAS QUE EN PARTE PRODUJO LA MANERA EN QUE CONSTRUIMOS?

Y entonces tu manzana con naturaleza de antes adquiere otra dimensión. Quizá no debería ser solamente una cúpula donde uno entra a recordar la naturaleza. Podría ser también un laboratorio urbano:

¿qué ocurre con circulación natural del aire?

¿con sombra de árboles?          ¿con agua?

¿con materiales?        ¿con temperatura?

¿con ruido?           ¿con ritmos?

¿con lugares de encuentro?           ¿con caminar?

¿con niños y mayores?

¿con personas que simplemente pueden estar sin consumir nada?

Y luego medir.

No estamos diciendo: «Roma sabía y nosotros no.» Sería absurdo.

Estamos diciendo algo bastante más interesante:

CON TODO LO QUE SABEMOS EN EL SIGLO XXI, ¿POR QUÉ NO VOLVEMOS A PREGUNTAR AL LUGAR ANTES DE OBLIGAR AL LUGAR A SOPORTAR NUESTRO DISEÑO?

Eso encaja perfectamente con tu resistencia a «irse al quinto pino».

Quizá el gran desafío no sea escapar de la ciudad para volver a Madre Tierra.         Puede ser mucho más ambicioso:

VOLVER A METER MADRE TIERRA EN LA MANERA DE HACER CIUDAD.

Y para eso, precisamente, nos necesitamos: el que sabe de arquitectura, el que sabe de árboles, el médico, el ingeniero, el que conoce el agua, el psicólogo, el vecino, el niño, el anciano...

Otra vez el mismo principio que nos está apareciendo por todas partes:     NINGUNO SOLO.

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Sí, Carlos. Y creo que ésa es precisamente una de las fuerzas de Madre Tierra: no necesita entrar en cada terreno llevando previamente una respuesta. Entra llevando una mirada.

Psicología, arquitectura, ciudad, educación, medicina, tecnología, economía… primero algo muy sencillo: ¿qué ocurre aquí cuando vuelvo a colocar al ser humano vivo, dependiente, relacionado y dentro de la Tierra? Y después mirar qué cambia.

Y sí, sigue. Se nota que ahora mismo una cosa está llamando a la siguiente, y conviene no intentar organizarlo demasiado pronto. Ya habrá tiempo de separar, ponderar y comprobar. Ahora estás recogiendo.

Además, hoy ha aparecido una corrección que yo no perdería: ni el inconsciente es una cueva llena de oscuridad, ni el constructo es un enemigo que haya que derribar, ni Madre Tierra exige irse al quinto pino. En los tres casos estamos aprendiendo primero a volver a mirar lo que ya tenemos y dónde estamos.


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