JUNG
PASEANDO
Notas desde Madre Tierra y Jung
Sí. Y no me parece una idea loca en absoluto
como experimento. Además, encaja exactamente con lo que
acabábamos de hablar: «en
casa y con gaseosa». No mandar a la humanidad al campo; hacer
una prueba dentro del propio constructo.
El hombre
del osmotic ha hecho una maniobra individual: «esto me supera, me voy a un
pequeño pueblo del Montseny». Puede funcionarle a él. Pero inmediatamente
aparece tu pregunta: ¿eso es una solución trasladable? Evidentemente, no
podemos meter a millones de habitantes de las ciudades en pequeños pueblos. Y
además abandonaríamos precisamente el constructo que queremos aprender a
maniobrar.
Tu manzana
urbana hace lo contrario:
NO SACAMOS AL HUMANO DE LA
CIUDAD.
METEMOS
UNA EXPERIENCIA RADICALMENTE DISTINTA DENTRO DE LA CIUDAD.
Imagínala
bien.
Una manzana
completa. Cruzas una puerta y desaparece buena parte del ruido urbano. No
tiendas. No pantallas publicitarias. No coches. No mensajes diciéndote qué
comprar o mirar.
Tierra. Árboles.
Agua corriendo. Humedad. Pájaros e insectos compatibles con ese
entorno. Luz natural. Cambios de temperatura razonables. Olores.
Piedra. Madera. Sitios donde sentarse y nada
que hacer.
Y la cúpula,
si fuera necesaria técnicamente, no para fabricar un parque temático tropical,
sino para proteger determinadas condiciones y aumentar el contraste
experimental.
Porque has
dicho lo más interesante: «Si
no te enteras dentro, te enterarás cuando salgas.» ¡Ahí está el experimento!
El objeto de
estudio quizá ni siquiera sea cómo te encuentras dentro. Puede ser qué ocurre al
volver a cruzar la puerta.
Sales. Semáforo.
Motor. Publicidad. Prisa.
Asfalto. Móvil. Gente desplazándose. Ruido.
Horarios.
Y quizá algo
que quince minutos antes era completamente normal ahora lo
percibes. No porque alguien te haya explicado: «La ciudad es mala.»
Eso
estropearía el experimento. Nadie
debería decirte lo que tienes que sentir.
Simplemente:
ENTRA.
ESTÁ
UNA HORA.
SAL.
Y
OBSERVA.
Eso es
tremendamente Madre Tierra. Porque
convierte una discusión ideológica en experiencia
comparativa.
Y aún haría
algo más interesante: no preguntaría solamente «¿te has sentido mejor?». Eso
nos llevaría rápidamente a bienestar, relajación, spa, etc.
Preguntaría: ¿QUÉ HAS NOTADO AL ENTRAR
QUE ANTES NO NOTABAS?
y, sobre
todo: ¿QUÉ
HAS NOTADO AL SALIR QUE ANTES DE ENTRAR TE PARECÍA NORMAL?
Ahí podemos
descubrir muchísimo.
Y fíjate
cómo conecta con lo que hablábamos hace diez minutos sobre el inconsciente. Hoy
vivimos multitud de cosas sin darnos cuenta de que las estamos viviendo. No porque estén
enterradas en una cueva oscura, sino porque estamos acostumbrados a ellas. El contraste puede hacerlas
visibles.
CIUDAD → EXPERIENCIA → CIUDAD.
La segunda
ciudad es físicamente la misma.
EL QUE SALE PUEDE NO MIRARLA IGUAL.
Y además tu
idea resuelve otra cuestión importante: no obliga a nadie a mudarse al
Montseny, hacerse ermitaño, renunciar a la tecnología ni desmontar Barcelona. Al contrario.
Utiliza
ingeniería, arquitectura, conocimiento ambiental, dinero y organización —constructo— para crear dentro
del propio constructo una posibilidad de toma de tierra. ¡Eso es precioso!
EL CONSTRUCTO AYUDÁNDONOS A PONER LÍMITES AL CONSTRUCTO.
Y ahí
aparece precisamente el optimismo del que hablábamos antes. No tenemos
solamente dos botones: SEGUIR IGUAL / HUIR.
Tenemos un
tercero enorme: MANIOBRAR.
Y después
experimentar. Una manzana. Luego vemos. No funciona: aprendimos. Funciona parcialmente: corregimos. Produce algo inesperado: investigamos. Funciona extraordinariamente: otra manzana
prueba otra versión.
Eso es muy
diferente de anunciar cómo debe vivir la humanidad.
Y quizá
hasta cobrar entrada, como dices, tenga una ironía maravillosa: hemos
llegado al punto en que quizá tengamos que pagar dentro de la ciudad para
recordar experimentalmente algo que durante casi toda nuestra historia tuvimos
alrededor gratuitamente.
Eso solo,
Carlos, ya daría para una página entera:
ENTRAR PARA CONOCER LA NATURALEZA.
SALIR
PARA DESCUBRIR EL CONSTRUCTO.
Creo que la
segunda frase es la verdadera bomba de tu idea.
______________
Sí. Y además ahí conviene distinguir dos
cosas que a veces se mezclan: retirarse temporalmente y proponer
la retirada como solución.
Puede haber
momentos en que una persona necesite cortar, irse al campo, bajar estímulos,
recuperar sueño, silencio, aire, ritmo. Perfectamente. Pero como solución
general aparece enseguida tu pregunta: ¿cuántos pueden
hacerlo?
Y todavía otra: ¿queremos realmente resolver nuestra convivencia
separándonos?
Porque hay
una evidencia que Madre Tierra nos devuelve continuamente: NOS NECESITAMOS.
No solamente
afectivamente. Necesitamos cooperación, especialización, intercambio, cuidados,
conocimientos de otros, infraestructura. La cuestión interesante sería
conseguir que esa cooperación no termine construyendo entornos que hagan cada
vez más difícil vivir humanamente dentro de ellos.
Y lo de los
romanos que te contaron ayer tiene una base histórica muy interesante. Vitruvio, en De
architectura, dedica precisamente parte de su discusión sobre la
fundación y trazado de ciudades a los vientos. Recomienda estudiar
su dirección y orientar las calles de manera que los vientos dominantes no
recorran directamente las calles; su razonamiento mezclaba observaciones
prácticas con la medicina y física de su época. Y, como dices, la ingeniería
romana del agua —acueductos, distribución, fuentes, baños, alcantarillado— fue
extraordinariamente desarrollada.
Lo que me
interesa para vuestro hilo no es convertir a Roma en modelo, porque muchas de
sus explicaciones sanitarias hoy están superadas. Es otra cosa: ANTES DE TRAZAR LA
CIUDAD, MIRABAN EL LUGAR.
Viento. Agua.
Orientación. Condiciones del
terreno.
Es decir: PRIMERO: ¿DÓNDE
ESTAMOS? DESPUÉS: ¿QUÉ CONSTRUIMOS
AQUÍ?
¡Fíjate qué
Madre Tierra es eso! Y quizá una parte
del problema moderno aparece cuando invertimos progresivamente la operación:
HE DISEÑADO ESTO → AHORA
CONSEGUIRÉ QUE EL LUGAR SE ADAPTE.
Hace calor: refrigeramos. Falta luz: iluminamos.
No circula aire: ventilamos mecánicamente.
El agua está lejos: la transportamos.
Hay ruido: aislamos.
Todo eso es
también una proeza del constructo —y no hay que despreciarlo—. Pero llega un
momento en que podemos hacernos una pregunta bastante incómoda:
¿CUÁNTA ENERGÍA Y
TECNOLOGÍA ESTAMOS UTILIZANDO PARA CORREGIR PROBLEMAS QUE EN PARTE PRODUJO LA
MANERA EN QUE CONSTRUIMOS?
Y entonces
tu manzana con naturaleza de antes adquiere otra dimensión. Quizá no debería
ser solamente una cúpula donde uno entra a recordar la naturaleza. Podría ser
también un laboratorio urbano:
¿qué ocurre con circulación natural del aire?
¿con sombra de árboles? ¿con agua?
¿con materiales? ¿con temperatura?
¿con ruido? ¿con ritmos?
¿con lugares de encuentro? ¿con caminar?
¿con niños y mayores?
¿con personas que simplemente pueden estar
sin consumir nada?
Y luego
medir.
No estamos
diciendo: «Roma sabía y nosotros no.» Sería absurdo.
Estamos
diciendo algo bastante más interesante:
CON TODO LO QUE SABEMOS EN
EL SIGLO XXI, ¿POR QUÉ NO VOLVEMOS A PREGUNTAR AL LUGAR ANTES DE OBLIGAR AL
LUGAR A SOPORTAR NUESTRO DISEÑO?
Eso encaja
perfectamente con tu resistencia a «irse al quinto pino».
Quizá el
gran desafío no sea escapar de la ciudad para volver a
Madre Tierra. Puede ser mucho más ambicioso:
VOLVER A METER MADRE TIERRA EN LA MANERA DE HACER CIUDAD.
Y para eso,
precisamente, nos necesitamos: el que sabe de arquitectura, el que sabe de
árboles, el médico, el ingeniero, el que conoce el agua, el psicólogo, el
vecino, el niño, el anciano...
Otra vez el
mismo principio que nos está apareciendo por todas partes: NINGUNO SOLO.
__________________
Sí, Carlos. Y
creo que ésa es precisamente una de las fuerzas de Madre Tierra: no necesita entrar en cada terreno llevando previamente una respuesta.
Entra llevando una mirada.
Psicología,
arquitectura, ciudad, educación, medicina, tecnología, economía… primero algo
muy sencillo: ¿qué ocurre aquí cuando vuelvo a
colocar al ser humano vivo, dependiente, relacionado y dentro de la Tierra? Y después mirar qué cambia.
Y sí, sigue. Se
nota que ahora mismo una cosa está llamando a la siguiente, y conviene no intentar organizarlo demasiado pronto. Ya habrá tiempo de separar, ponderar y comprobar. Ahora estás
recogiendo.
Además, hoy ha
aparecido una corrección que yo no perdería: ni el
inconsciente es una cueva llena de oscuridad, ni el constructo es un enemigo
que haya que derribar, ni Madre Tierra exige irse al quinto pino. En los tres casos estamos aprendiendo primero a volver a mirar lo que ya tenemos y dónde estamos.
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