MADRE TIERRA
de la Vida.
Has llegado aquí. Estás en casa
Sí. Y aquí
haría una distinción importante: la cuna no es un engaño en sí misma; es
cuidado, protección, una construcción humana útil. El problema aparece si
confundimos esa primera construcción protectora con la realidad de fondo que
sostiene al niño.
Porque antes
de la cuna ya están:
Tierra firme. Agua. Atmósfera. Temperatura. Gravedad.
Luz. Vida. Otros humanos.
El bebé no
sabe nada de ello, naturalmente. Pero ya depende absolutamente de ello.
La cuna vino
después como una maravillosa construcción humana para cuidarte. La casa vino después. La ciudad vino después. El documento de identidad vino
después. El colegio vino después. El dinero vino después. La profesión vino después.
Pero TÚ
llegaste primero como un organismo vivo a MADRE TIERRA.
Y entonces
aparece una cuestión enorme para lo que estamos haciendo:
el humano nace dependiendo de la realidad antes de
poder conocerla.
¡Eso es formidable! No necesita comprender la atmósfera para
respirar. No necesita saber química
para necesitar agua. No necesita
conocer la gravedad para estar sometido a ella. No necesita estudiar biología para ser
biología viva.
PRIMERO
PERTENECE.
MUCHO DESPUÉS COMPRENDE.
Y quizá
parte de nuestro recorrido de adulto consista precisamente en hacernos
conscientes de aquello a lo que pertenecíamos desde el primer segundo sin
saberlo.
Por eso esos
pies de bebé pueden convertirse en otra imagen importantísima de esta serie.
Los pies
adultos de la portada dicen: «Vuelve
a tocar suelo.»
Los pies del
recién nacido dirían: «Aquí fue
donde llegaste.»
Y entre
ambas imágenes está casi toda una vida de construcciones humanas.
Eso sí que da para pensar.
Sí. Ahora
aparece la diferencia entre los libros también en la imagen.
El segundo
libro ya presupone a una persona que ha vivido dentro del constructo humano
durante años. Sale, camina, hace una excursión, toca tierra, ve agua, cielo,
vegetación… y ocurre algo:
TOMA
CONCIENCIA DE DÓNDE ESTÁ.
No está
descubriendo la Tierra porque no la conociera. Está reconociendo
conscientemente aquello dentro de lo que siempre había vivido.
Y entonces
los pies adultos que acabamos de poner tienen todo el sentido:
HE LLEGADO
HASTA AQUÍ DESPUÉS DE UNA VIDA.
Y AHORA MIRO ABAJO Y DESCUBRO SOBRE QUÉ HE ESTADO VIVIENDO.
Pero el
primer libro puede ir todavía más atrás.
No
sería: ATERRIZA.
Sería: ATERRIZASTE.
Naciste. Y cuando naciste no llegaste a una
economía, ni a una profesión, ni a una nacionalidad, ni a una ciudad en el
sentido profundo de la palabra.
Llegaste primero a unas condiciones de Vida.
Después los
humanos te recibieron dentro de sus construcciones —familia, casa, cuna,
lenguaje, cultura, educación…— necesarias muchas de ellas, preciosas algunas.
Pero debajo de todas seguían estando Tierra, agua, atmósfera, temperatura,
gravedad, alimento, otros seres vivos.
Y esto nos
proporciona incluso una secuencia visual extraordinaria para los tres libros:
LIBRO I —
NACER Los pies de un bebé. «Has llegado aquí.»
LIBRO II —
RECONOCER
Los pies del adulto sobre el terreno, mirando Tierra, agua y cielo.
«Después de tantos años, mira dónde estás.»
LIBRO III —
PARTICIPAR
El mini-mini. Ya no necesita prácticamente explicar.
«Ahora que sabes dónde estás, ¿cómo participas?»
Y además
cada libro hace exactamente lo que decías antes: vuelve a presentar la misma
realidad desde otro paso, y por ello descubre algo diferente.
El niño pertenece
sin saberlo. El adulto puede reconocer
que pertenece. Y desde ese
reconocimiento puede comenzar a participar conscientemente.
Ahí tenemos
una progresión preciosa:
PERTENECER → RECONOCER →
PARTICIPAR
Y fíjate
adónde hemos llegado simplemente pensando en unos pies.
Otra
mina. No hubo que ir a buscarla. Estaba a
un paso.
Sí. Y
creo que así la imagen gana muchísimo. Porque ya no tendríamos
que sacar al bebé artificialmente de su realidad humana para colocarlo solo
sobre la hierba. Puede estar en brazos de sus padres.
Y los padres
tampoco serían protagonistas heroicos. Estarían sencillamente allí, quizá
sentados sobre la hierba, con el bebé entre ellos, mirando hacia ese horizonte
de tierra, mar y cielo.
Y entonces
la imagen contiene varias verdades simultáneas.
El bebé ha
llegado a Madre Tierra.
Pero ha
llegado también a través
de otros humanos y dependiendo de ellos.
Los padres
son su primera protección, alimentación, vínculo, calor, cuidado, lenguaje
futuro... Es decir: la
pertenencia humana también forma parte de su realidad.
Y detrás de
los tres:
TIERRA
— AGUA — AIRE — LUZ — VIDA.
Y hay algo
precioso: los padres pueden estar mirando aquello que algún día tendrán que
enseñarle.
No necesitan
señalarle con el dedo como una lección escolar. Simplemente estar los tres delante de ello.
La imagen
diría:
MIRA
DÓNDE HAS LLEGADO.
Todavía no
sabes qué es. Todavía no puedes
comprenderlo. Pero ya respiras su
aire. Ya necesitas su agua. Ya dependes de sus alimentos. Ya estás sometido a sus condiciones. Ya
formas parte de su Vida.
Y nosotros,
que llegamos antes que tú, tenemos
la responsabilidad de enseñártelo y entregártelo.
¡Ahí entra
además la CONTINUIDAD sin escribir siquiera la palabra!
PADRES
→ BEBÉ → TIERRA.
Una
generación recibe a la siguiente dentro
de la misma Madre Tierra.
Y fíjate qué
diferencia con la cuna: la cuna sigue siendo buena, necesaria, protectora. Pero
es una construcción
dentro de esta realidad mayor. La imagen simplemente devuelve
el orden:
primero la Vida y Madre Tierra; dentro de
ellas, la familia; y dentro del cuidado humano, todas nuestras construcciones.
Creo que ésa
puede ser la imagen
exacta del primer libro.
Y entonces
la que acabamos de crear con los pies adultos no la perdería en absoluto: ésa pertenece muchísimo más al segundo.
Primero: «HAS
LLEGADO AQUÍ.»
Después,
muchos años más tarde:
«AHORA DATE CUENTA DE DÓNDE ESTÁS.»
Y el tercero
podrá decir: «AHORA
PARTICIPA.»
Ahí los tres
libros empiezan incluso a tener una
narración visual propia.
Sí. Y ahí
aparece algo que antes no habíamos introducido con suficiente fuerza: los
padres son los primeros que sitúan al recién llegado.
El bebé no
puede orientarse. Llega absolutamente dependiente. Y quienes lo reciben
empiezan a enseñarle, mucho antes incluso de que pueda comprender palabras:
esto es calor, esto es alimento, esto es agua, esto es
descanso, esto es protección, esto es otro ser humano, esto es el mundo en el
que has llegado.
Después
vendrán nombres, explicaciones, colegio, conocimientos, construcciones... pero la
primera orientación comienza viviendo.
Y por eso la
imagen de los padres con el bebé delante de tierra, mar y atmósfera tiene mucha
más profundidad de la que parecía al principio.
Los padres
podrían estar diciendo silenciosamente:
«Mira. Ésta es tu casa antes de todas las casas.»
No porque
una vivienda no sea su casa, sino porque incluso esa vivienda está construida dentro
de ésta.
Y además
introduce perfectamente la Continuidad: esos padres recibieron la Vida y
ahora tienen delante una nueva generación a la que no solamente entregarán
conocimientos, propiedades o cultura; le entregarán, en la medida que puedan, las
condiciones para continuar viviendo.
Eso enlaza
directamente con el corazón del libro.
Y
visualmente yo lo haría sin grandilocuencia: padre y madre sentados en el
suelo, quizá vistos ligeramente desde atrás, bebé entre ellos o en brazos
de uno, los tres pequeños respecto al paisaje. Mucho verde abajo; después el
agua; arriba una atmósfera azul enorme. Luz natural. Nada fantástico.
La
proporción sería importante: no una enorme familia ocupando la portada y un
paisaje decorativo detrás.
Al
contrario. La gran presencia es MADRE
TIERRA.
Y dentro de
ella, discretamente:
una
generación mostrando a la siguiente dónde ha llegado. Ahí tenemos portada.
Y además
completamente coherente con aquello que acabamos de decidir para el libro: no
inventar una maravilla para representarlo; mostrar con sencillez la maravilla
que ya estaba ahí.
Sí. Primera
educación me parece la expresión exacta.
Antes de
enseñar al niño letras, números, normas, profesiones o cómo funciona el mundo
humano, existe una educación anterior:
situarlo en la realidad en la que acaba de aparecer.
Y lo
formidable es que los padres no necesitan inventar absolutamente nada. La
lección está delante de sus narices.
«Mira,
pequeño: esto es suelo. Sobre él vivirás y caminarás. Esto es agua; tu cuerpo
la necesita. Esto es aire; ya lo estás respirando aunque todavía no sabes que
existe. Esto es luz. Esto es calor. Hay plantas, animales, otros humanos. Tu
cuerpo pertenece a todo este entramado. Y nosotros también.»
No hace
falta que el bebé lo comprenda intelectualmente. Primero lo vive.
Después podrá reconocerlo.
Y ahí está
el contraste que señalas. Para muchísimos niños, la primera representación
visible del mundo no es ésa. Es:
habitación →
casa → escalera/ascensor → automóvil → asfalto → acera → edificios → comercios
→ colegio...
Todo ello es
real y buena parte es necesaria. Pero es ya realidad transformada y
organizada por humanos.
El peligro
no es el cemento.
El peligro
sería que el niño terminara creyendo, sin que nadie se lo haya dicho
expresamente, que el cemento es el suelo original del mundo.
Que el
alimento «viene» del supermercado.
Que el agua «viene» del grifo.
Que la luz «viene» del interruptor.
Que la temperatura «viene» de la calefacción.
¡Claro que
cuando sea mayor sabrá que no! Pero una cosa es saberlo y otra muy
diferente estar situado desde pequeño en esa realidad.
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