LIBROS de BARBARIN I II III

martes, 13 de octubre de 2026

MADRE TIERRA y JUNG Sentimiento Valoración y relación con lo vivido.

   MADRE TIERRA y JUNG

Sentimiento      Valoración y relación con lo vivido.

Después del pensamiento, Jung coloca otra función que puede producir cierta confusión si utilizamos la palabra sentimiento únicamente como sinónimo de emoción.      Para Jung, la función sentimiento hace algo fundamental:     VALORA.

Esto me importa.    Esto me atrae.    Esto me desagrada.    Esto merece ser conservado.    Esto lo rechazo.    Esto tiene valor para mí.    El pensamiento intenta establecer:    ¿QUÉ ES ESTO?

El sentimiento introduce otra pregunta:    ¿QUÉ SIGNIFICA ESTO PARA MÍ?       Y con Madre Tierra podemos añadir inmediatamente:   ¿CÓMO LLEGÓ A TENER ESE VALOR PARA MÍ?     Ahí vuelve a aparecer el itinerario.


NO VIVIMOS EN UN MUNDO NEUTRO

Una piedra puede ser simplemente una piedra.     Pero puede ser también:     la piedra que recogí con mi padre,    la piedra de una tumba,    la piedra de una casa perdida,   un recuerdo de infancia,   un objeto religioso,      un símbolo,    algo sin ninguna importancia.

Físicamente puede ser la misma clase de objeto.     Psicológicamente:    NO ES LO MISMO.   Porque el ser humano no solamente reconoce cosas.    SE RELACIONA CON ELLAS.   Y esa relación adquiere valor.      Aquí Jung encuentra otra habitación imprescindible.


EL PENSAMIENTO CLASIFICA; EL SENTIMIENTO VALORA

Podemos simplificar para ver la diferencia.    El pensamiento pregunta:    ¿QUÉ ES?      El sentimiento:     ¿QUÉ VALOR TIENE?       No significa que pensamiento y sentimiento trabajen siempre separados.

En una persona viva todo se mezcla, coopera, se contradice y se modifica.      Pero la distinción de Jung nos permite observar dos operaciones diferentes.      Puedo comprender perfectamente qué es algo...      y al mismo tiempo experimentar que para mí tiene un valor enorme.

O al contrario.     Puedo saber intelectualmente:     «ESTO NO TIENE IMPORTANCIA.»    y descubrir que dentro de mi itinerario:    SÍ LA TIENE.

Entonces no basta con razonar.      Hay que investigar la valoración.


LA VALORACIÓN TAMBIÉN TIENE HISTORIA

Aquí entra Madre Tierra.        Porque si las habitaciones reciben contenido durante el camino, nuestras valoraciones tampoco aparecen necesariamente terminadas al nacer.     Aprendemos que determinadas cosas son:   buenas,   malas,   deseables,   vergonzosas,   prestigiosas,  vulgares,   sagradas,   peligrosas,   admirables,   inaceptables.  

Y algunas de esas valoraciones pueden llegar a sentirse profundamente propias.    Entonces preguntamos:       ¿CÓMO LLEGÓ ESTO A TENER ESTE VALOR PARA MÍ?   No para demostrar que no sea mío.       Ahora es mío, porque forma parte de mi itinerario.        La cuestión es conocer su historia.


«ME GUSTA» TAMBIÉN PUEDE INVESTIGARSE

Esto es precioso porque normalmente damos por terminada la investigación cuando alguien dice:      «ME GUSTA.»       Perfecto.

Pero podemos continuar:    ¿Por qué?    ¿Desde cuándo?   ¿Qué encuentro ahí?    ¿Qué me produce?   ¿Con qué lo relaciono?    ¿Siempre fue así?    ¿Cambió?   ¿Lo descubrí yo?    ¿Me lo enseñaron?    ¿Está asociado a alguna persona?    ¿A algún momento?   ¿A alguna necesidad?

No para desmontar el gusto.    PARA CONOCERLO.    Y puede ocurrir algo formidable:       cuanto mejor conozco aquello que valoro, más conscientemente puedo hacerlo mío.


«NO ME GUSTA» TAMBIÉN

Y quizá aquí la investigación sea todavía más interesante.

«No soporto a la gente así.»       ¿Por qué?

«Esto me da vergüenza.»      ¿Por qué?

«Eso me parece horrible.»      ¿Desde dónde?

«Jamás podría hacer aquello.»       ¿Qué ocurriría si lo hicieras?

De repente aparece la posibilidad de encontrar:   una experiencia,    una prohibición,   un valor familiar,   una expectativa social,   una asociación,   una defensa,   una antigua necesidad de adaptación.

Y quizá, más adelante, encontremos también una puerta hacia la Sombra.      Porque algunas cosas pueden haber sido rechazadas no porque fueran incompatibles con la vida...     sino porque eran incompatibles con el mundo al que necesitábamos adaptarnos.


¿VALIOSO PARA QUIÉN?

Ésta es una pregunta potentísima.     Una familia puede valorar una cosa.    Una sociedad otra.   Una época otra.   Una religión otra.   Una empresa otra.   Un grupo de amigos otra.   Y el individuo va recibiendo valoraciones.

ÉXITO.       ¿Qué significa éxito?               FRACASO.       ¿Según quién?

RESPETABLE.     ¿En qué sociedad?          NORMAL.    ¿Dentro de qué construcción?

IMPORTANTE.    ¿Importante para qué?

Madre Tierra no responde automáticamente.    Hace algo mucho más útil:     PREGUNTA.


EL CONSTRUCTO FABRICA ESCALAS DE VALOR

Esto es enorme.      El dinero no sólo permite intercambiar.     Puede convertirse en medida de éxito.     Una profesión puede convertirse en prestigio.      Una determinada apariencia puede convertirse en valor.

Un título.    Una casa.   Una posición.   Una manera de hablar.   Un apellido.   Una forma de comportarse.     Y una persona puede organizar gran parte de su vida alrededor de esas valoraciones.        No porque sea estúpida.       Porque:     ENTRÓ EN UN MUNDO DONDE YA ESTABAN FUNCIONANDO.      

Y tuvo que aprender a orientarse dentro de él.    Otra vez:     ADAPTACIÓN.


MADRE TIERRA INTRODUCE OTRA ESCALA

Y aquí nuestra perspectiva puede aportar algo extraordinario.    No necesitamos eliminar las valoraciones humanas.    Pero podemos poner junto a ellas una referencia anterior:     VIDA.

Entonces podemos preguntar:     ¿Esto favorece vida?    ¿Amplía posibilidades?   ¿Permite relación?    ¿Aumenta autonomía compatible con dependencia?    ¿Favorece continuidad?   ¿Reduce innecesariamente posibilidades?    ¿Me acerca o me aleja de aquello que necesito para vivir?

No obtenemos así una calculadora moral infalible.     La vida humana es demasiado compleja para eso.       Pero recuperamos una referencia que no depende únicamente del interior del constructo.


SENTIMIENTO NO ES DEBILIDAD

Aquí también Jung resulta enormemente útil.     Una cultura puede haber identificado pensar con fortaleza y sentir con debilidad.       Pero Jung coloca pensamiento y sentimiento como funciones psicológicas.      El sentimiento no es un pensamiento defectuoso.

REALIZA OTRA OPERACIÓN.     Valorar es indispensable.     Podemos construir el razonamiento más perfecto del mundo y todavía necesitaremos responder:      ¿QUEREMOS ESTO?

La ciencia puede decirnos qué podemos hacer.     Pero de ahí no se desprende automáticamente qué merece hacerse.      La técnica puede ofrecer posibilidades.    El ser humano tiene que valorar.      Y esa valoración necesita conciencia.


TAMPOCO TODA VALORACIÓN ES VERDAD

Pero cuidado con el extremo contrario.     Que algo tenga un enorme valor para mí no demuestra que sea una verdad universal.     Puedo sentir profundamente:   «ESTO ES IMPERDONABLE.»

Y esa valoración merece ser escuchada.    Pero también investigada.    Puedo considerar algo sagrado.     Otro ser humano no.      Puedo experimentar una reacción intensísima.    Eso nos informa de mi relación con aquello.    No necesariamente de la naturaleza última de aquello.

Por eso:    SENTIR VALOR NO ES LO MISMO QUE DEMOSTRAR VERDAD.     Otra vez estamos separando habitación y contenido.


AQUÍ LA SOMBRA VUELVE A ASOMARSE

Porque la Sombra no se construye solamente alrededor de aquello que no conocemos.       También puede relacionarse con aquello que nuestra conciencia valora negativamente y no quiere reconocer como propio.

«Yo nunca sería envidioso.»    «Yo no soy agresivo.»    «A mí no me importa el reconocimiento.»    «Yo jamás tendría ese deseo.»

Quizá.    Pero Jung dice:     MIREMOS.                 Y Madre Tierra añade:    ¿QUIÉN DECIDIÓ QUE ESTO ERA INACEPTABLE?

¿La vida?    ¿Tu experiencia?    ¿Tu familia?   ¿Una religión?   ¿Tu época?   ¿La imagen que construiste de ti?

No estamos diciendo que todo lo rechazado deba ser aprobado.     Sería absurdo.    Estamos diciendo:       ANTES DE CONDENARLO O INTEGRARLO, CONOZCAMOS SU HISTORIA.


EL SENTIMIENTO TAMBIÉN PUEDE QUEDAR ATRAPADO EN EL TIEMPO

Algo tuvo un valor enorme cuando tenía diez años.    Y quizá continúa teniéndolo a los sesenta.   Perfecto.     Puede ser maravilloso.     Pero también puede ocurrir que una valoración que nació bajo determinadas circunstancias continúe funcionando cuando esas circunstancias ya no existen.

Entonces aparece nuestra herramienta:    RECONSIDERAR.

No puedo ordenar:    «A partir de mañana esto ya no me importa.»     Las valoraciones humanas no funcionan como interruptores.    Pero sí puedo investigar.   Comprender.   Relacionar.    Darles contexto.     Exponerlas a experiencias nuevas.    Y quizá lentamente:     REUBICAR.


EL VALOR PUEDE CAMBIAR SIN QUE CAMBIE EL PASADO

Esto es importantísimo.     Aquello que ocurrió, ocurrió.    Pero su lugar dentro de mi vida puede cambiar.     Una experiencia que durante años significó:   

FRACASO        puede acabar significando:

APRENDIZAJE.        Algo que significó:

VERGÜENZA        puede convertirse en:

ALGO HUMANO QUE AHORA COMPRENDO.     Algo que parecía:

PÉRDIDA        puede adquirir además otros significados.

No estamos falsificando el pasado.      ESTAMOS MODIFICANDO NUESTRA RELACIÓN ACTUAL CON ÉL.      Y eso encaja perfectamente con nuestra idea de libertad.


JUNG NECESITA ESTA FUNCIÓN PARA LA INDIVIDUACIÓN

Porque individuarse no puede consistir únicamente en comprender intelectualmente todas las partes de uno mismo.       Puedo conocer perfectamente la definición de Sombra y continuar rechazando la mía.      Puedo explicar qué es la Persona y seguir completamente identificado con ella.       Puedo escribir un tratado sobre individuación sin haber reconsiderado una sola valoración profunda de mi propia vida.

Jung exige algo más.    Lo encontrado tiene que entrar en relación con la persona.     Tiene que adquirir valor.      Tiene que afectar a la manera en que uno se reconoce.     Por eso pensamiento y sentimiento no son dos adornos.

SON DOS MANERAS DIFERENTES DE ENTRAR EN RELACIÓN CON LA CASA.


Y AQUÍ MADRE TIERRA PUEDE HACER ALGO PRECIOSO

Sacar también el sentimiento a pasear.      Porque quizá he aprendido a valorar:    prestigio,   rendimiento,   acumulación,   posición,   reconocimiento,   velocidad,   competencia.

Y salgo.   Camino.  Respiro.  Tengo agua.   Veo un árbol.   Sale el Sol.   Mi cuerpo está vivo.    Y no hace falta que desprecie ninguna de mis valoraciones anteriores.    Simplemente aparece otra pregunta:     ¿QUÉ VALOR TIENE ESTO?     Quizá descubramos que nuestra escala estaba incompleta.     No equivocada necesariamente.    INCOMPLETA.      Madre Tierra acaba de añadir otro término.


EL SENTIMIENTO TAMBIÉN NECESITA TOMA DE TIERRA

Podemos entonces conservar perfectamente la función jungiana.    El sentimiento valora.    Establece qué significado o valor tiene algo para el sujeto.

Pero ahora añadimos:      ESA VALORACIÓN OCURRE EN UN CAMINANTE.    Tiene historia.   Puede haber sido aprendida.     Puede haberse transformado.    Puede estar relacionada con experiencias.    Puede contener valores colectivos.    Puede responder a necesidades de adaptación.    Puede revisarse.

Y puede incorporar una referencia que quizá había quedado fuera:

VIDA.

En nuestros apuntes ya aparecía esta necesidad de volver a poner VIDA y continuación de VIDA junto a las funciones jungianas y preguntarnos qué ocurre con ellas cuando dejan de contemplarse únicamente desde el interior del constructo.


PENSAMIENTO Y SENTIMIENTO EMPIEZAN A CAMINAR JUNTOS

El pensamiento dice:      ESTO ES LO QUE CREO QUE OCURRE.

El sentimiento:         ESTO ES LO QUE SIGNIFICA PARA MÍ.

Madre Tierra pregunta a ambos:     ¿CÓMO HABÉIS LLEGADO HASTA AQUÍ?

Y después:     ¿QUÉ OCURRE SI VOLVEMOS A MIRARLO DESDE LA VIDA?

Entonces quizá pensamiento y sentimiento dejen de pelear por gobernar la casa.     No necesitamos decidir cuál es superior.     NECESITAMOS AMBOS.     Porque puedo conocer algo y no saber todavía qué valor tiene para mí.            Y puedo valorar intensamente algo que todavía necesito comprender mejor.    Uno puede iluminar al otro.


SENTIMIENTO 

No solamente vivimos cosas.     LAS VALORAMOS.       Y esas valoraciones van formando parte de nuestra manera de estar en el mundo.     Esto importa.    Esto no.   Esto quiero.   Esto rechazo.   Esto admiro.   Esto temo perder.   Esto considero mío.   Esto no quiero ser.

Y un día la conciencia puede encender la luz sobre la propia valoración:   ¿POR QUÉ ESTO TIENE ESTE VALOR PARA MÍ?        Entonces comienza otra investigación.          Quizá lo conserve.   Quizá lo comprenda mejor.    Quizá descubra de dónde vino.    Quizá lo reubique.    Quizá lo elija por primera vez conscientemente.    Quizá deje de necesitarlo.     Pero ya no es simplemente una valoración funcionando en la oscuridad.

AHORA PUEDO RELACIONARME CON MI PROPIA MANERA DE VALORAR.

Y ahí vuelve la libertad.       Jung abrió la habitación.     Madre Tierra abre la ventana.    Y todavía nos quedan dos maneras extraordinarias de encontrarnos con el mundo.    Una de ellas no empieza preguntando qué es ni cuánto vale.       Simplemente dice:      ESTÁ AHÍ.     Ésa será la siguiente habitación:

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