MADRE TIERRA y JUNG
Sentimiento Valoración y relación con lo vivido.
Después del
pensamiento, Jung coloca otra función que puede producir cierta confusión si
utilizamos la palabra sentimiento
únicamente como sinónimo de emoción.
Para Jung, la función sentimiento hace algo fundamental:
VALORA.
Esto me
importa. Esto me atrae. Esto me desagrada. Esto merece ser conservado. Esto lo rechazo. Esto tiene valor para mí. El pensamiento intenta establecer: ¿QUÉ
ES ESTO?
El
sentimiento introduce otra pregunta: ¿QUÉ SIGNIFICA ESTO PARA MÍ? Y con Madre Tierra podemos añadir
inmediatamente: ¿CÓMO LLEGÓ A TENER ESE VALOR PARA MÍ? Ahí vuelve a aparecer el
itinerario.
NO VIVIMOS
EN UN MUNDO NEUTRO
Una piedra
puede ser simplemente una piedra. Pero
puede ser también: la piedra que
recogí con mi padre, la piedra de una
tumba, la piedra de una casa perdida, un recuerdo de infancia, un objeto religioso, un símbolo, algo sin ninguna importancia.
Físicamente
puede ser la misma clase de objeto. Psicológicamente: NO
ES LO MISMO. Porque el
ser humano no solamente reconoce cosas.
SE RELACIONA CON
ELLAS. Y esa relación
adquiere valor. Aquí Jung encuentra
otra habitación imprescindible.
EL
PENSAMIENTO CLASIFICA; EL SENTIMIENTO VALORA
Podemos
simplificar para ver la diferencia. El
pensamiento pregunta: ¿QUÉ ES? El sentimiento: ¿QUÉ
VALOR TIENE? No
significa que pensamiento y sentimiento trabajen siempre separados.
En una
persona viva todo se mezcla, coopera, se contradice y se modifica. Pero la distinción de Jung nos permite
observar dos operaciones diferentes.
Puedo comprender perfectamente qué es algo... y al mismo tiempo experimentar que para
mí tiene un valor enorme.
O al
contrario. Puedo saber
intelectualmente: «ESTO NO TIENE IMPORTANCIA.» y descubrir que dentro de
mi itinerario: SÍ LA TIENE.
Entonces no
basta con razonar. Hay que investigar
la valoración.
LA
VALORACIÓN TAMBIÉN TIENE HISTORIA
Aquí entra
Madre Tierra. Porque si las
habitaciones reciben contenido durante el camino, nuestras valoraciones tampoco
aparecen necesariamente terminadas al nacer.
Aprendemos que determinadas cosas son:
buenas, malas, deseables,
vergonzosas, prestigiosas, vulgares,
sagradas, peligrosas, admirables,
inaceptables.
Y algunas de
esas valoraciones pueden llegar a sentirse profundamente propias. Entonces preguntamos: ¿CÓMO LLEGÓ ESTO A TENER ESTE VALOR PARA
MÍ? No para demostrar que no sea
mío. Ahora es mío, porque forma
parte de mi itinerario. La
cuestión es conocer su historia.
«ME GUSTA»
TAMBIÉN PUEDE INVESTIGARSE
Esto es
precioso porque normalmente damos por terminada la investigación cuando alguien
dice: «ME GUSTA.» Perfecto.
Pero podemos
continuar: ¿Por qué? ¿Desde cuándo? ¿Qué encuentro ahí? ¿Qué me produce? ¿Con qué lo relaciono? ¿Siempre fue así? ¿Cambió?
¿Lo descubrí yo? ¿Me lo
enseñaron? ¿Está asociado a alguna
persona? ¿A algún momento? ¿A alguna necesidad?
No para
desmontar el gusto. PARA CONOCERLO. Y puede ocurrir algo
formidable: cuanto mejor conozco
aquello que valoro, más conscientemente puedo hacerlo mío.
«NO ME
GUSTA» TAMBIÉN
Y quizá aquí
la investigación sea todavía más interesante.
«No soporto
a la gente así.» ¿Por qué?
«Esto me da
vergüenza.» ¿Por qué?
«Eso me
parece horrible.» ¿Desde dónde?
«Jamás podría
hacer aquello.» ¿Qué ocurriría si
lo hicieras?
De repente
aparece la posibilidad de encontrar: una
experiencia, una prohibición, un valor familiar, una expectativa social, una asociación, una defensa, una antigua necesidad de adaptación.
Y quizá, más
adelante, encontremos también una puerta hacia la Sombra. Porque algunas cosas pueden haber sido
rechazadas no porque fueran incompatibles con la vida... sino porque eran incompatibles con el mundo al que necesitábamos adaptarnos.
¿VALIOSO
PARA QUIÉN?
Ésta es una
pregunta potentísima. Una familia
puede valorar una cosa. Una sociedad
otra. Una época otra. Una religión otra. Una empresa otra. Un grupo de amigos otra. Y el individuo va recibiendo valoraciones.
ÉXITO. ¿Qué significa éxito? FRACASO. ¿Según
quién?
RESPETABLE. ¿En qué sociedad? NORMAL. ¿Dentro
de qué construcción?
IMPORTANTE. ¿Importante para qué?
Madre Tierra
no responde automáticamente. Hace algo
mucho más útil: PREGUNTA.
EL
CONSTRUCTO FABRICA ESCALAS DE VALOR
Esto es
enorme. El dinero no sólo permite
intercambiar. Puede convertirse en
medida de éxito. Una profesión puede
convertirse en prestigio. Una
determinada apariencia puede convertirse en valor.
Un título. Una casa.
Una posición. Una manera de
hablar. Un apellido. Una forma de comportarse. Y una persona puede organizar gran parte
de su vida alrededor de esas valoraciones. No porque sea estúpida. Porque: ENTRÓ
EN UN MUNDO DONDE YA ESTABAN FUNCIONANDO.
Y tuvo que
aprender a orientarse dentro de él. Otra
vez: ADAPTACIÓN.
MADRE
TIERRA INTRODUCE OTRA ESCALA
Y aquí
nuestra perspectiva puede aportar algo extraordinario. No necesitamos eliminar las valoraciones
humanas. Pero podemos poner junto a
ellas una referencia anterior: VIDA.
Entonces
podemos preguntar: ¿Esto favorece
vida? ¿Amplía posibilidades? ¿Permite relación? ¿Aumenta autonomía compatible con dependencia? ¿Favorece continuidad? ¿Reduce innecesariamente posibilidades? ¿Me acerca o me aleja de aquello que
necesito para vivir?
No obtenemos
así una calculadora moral infalible. La
vida humana es demasiado compleja para eso. Pero recuperamos una referencia que no depende
únicamente del interior del constructo.
SENTIMIENTO
NO ES DEBILIDAD
Aquí también
Jung resulta enormemente útil. Una
cultura puede haber identificado pensar con fortaleza y sentir con debilidad. Pero Jung coloca pensamiento y
sentimiento como funciones psicológicas.
El sentimiento no es un pensamiento defectuoso.
REALIZA
OTRA OPERACIÓN. Valorar es
indispensable. Podemos construir el
razonamiento más perfecto del mundo y todavía necesitaremos responder: ¿QUEREMOS
ESTO?
La ciencia
puede decirnos qué podemos hacer. Pero
de ahí no se desprende automáticamente qué merece hacerse. La técnica puede ofrecer posibilidades. El ser humano tiene que valorar. Y esa valoración necesita conciencia.
TAMPOCO
TODA VALORACIÓN ES VERDAD
Pero cuidado
con el extremo contrario. Que algo
tenga un enorme valor para mí no demuestra que sea una verdad universal. Puedo sentir profundamente: «ESTO
ES IMPERDONABLE.»
Y esa
valoración merece ser escuchada. Pero
también investigada. Puedo considerar
algo sagrado. Otro ser humano no. Puedo experimentar una reacción
intensísima. Eso nos informa de mi relación con aquello. No necesariamente de la naturaleza última
de aquello.
Por eso: SENTIR
VALOR NO ES LO MISMO QUE DEMOSTRAR VERDAD. Otra vez estamos separando habitación y
contenido.
AQUÍ LA
SOMBRA VUELVE A ASOMARSE
Porque la
Sombra no se construye solamente alrededor de aquello que no conocemos. También puede relacionarse con aquello
que nuestra conciencia valora
negativamente y no quiere reconocer como propio.
«Yo nunca
sería envidioso.» «Yo no soy
agresivo.» «A mí no me importa el
reconocimiento.» «Yo jamás tendría ese
deseo.»
Quizá. Pero Jung dice: MIREMOS. Y Madre Tierra
añade: ¿QUIÉN DECIDIÓ QUE ESTO ERA INACEPTABLE?
¿La vida? ¿Tu experiencia? ¿Tu familia? ¿Una religión? ¿Tu época?
¿La imagen que construiste de ti?
No estamos
diciendo que todo lo rechazado deba ser aprobado. Sería absurdo. Estamos diciendo: ANTES DE CONDENARLO O INTEGRARLO,
CONOZCAMOS SU HISTORIA.
EL
SENTIMIENTO TAMBIÉN PUEDE QUEDAR ATRAPADO EN EL TIEMPO
Algo tuvo un
valor enorme cuando tenía diez años. Y
quizá continúa teniéndolo a los sesenta.
Perfecto. Puede ser
maravilloso. Pero también puede
ocurrir que una valoración que nació bajo determinadas circunstancias continúe
funcionando cuando esas circunstancias ya no existen.
Entonces
aparece nuestra herramienta: RECONSIDERAR.
No puedo
ordenar: «A partir de mañana esto ya
no me importa.» Las valoraciones
humanas no funcionan como interruptores.
Pero sí puedo investigar. Comprender. Relacionar. Darles contexto. Exponerlas a experiencias nuevas. Y quizá lentamente: REUBICAR.
EL VALOR
PUEDE CAMBIAR SIN QUE CAMBIE EL PASADO
Esto es
importantísimo. Aquello que ocurrió,
ocurrió. Pero su lugar dentro de mi
vida puede cambiar. Una experiencia
que durante años significó:
FRACASO puede acabar significando:
APRENDIZAJE. Algo que significó:
VERGÜENZA puede convertirse en:
ALGO
HUMANO QUE AHORA COMPRENDO. Algo que parecía:
PÉRDIDA puede adquirir además otros
significados.
No estamos
falsificando el pasado. ESTAMOS
MODIFICANDO NUESTRA RELACIÓN ACTUAL CON ÉL.
Y eso encaja perfectamente con nuestra idea de libertad.
JUNG
NECESITA ESTA FUNCIÓN PARA LA INDIVIDUACIÓN
Porque
individuarse no puede consistir únicamente en comprender intelectualmente todas las
partes de uno mismo. Puedo conocer
perfectamente la definición de Sombra y continuar rechazando la mía. Puedo explicar qué es la Persona y seguir
completamente identificado con ella.
Puedo escribir un tratado sobre individuación sin haber reconsiderado
una sola valoración profunda de mi propia vida.
Jung exige
algo más. Lo encontrado tiene que
entrar en relación con la persona. Tiene
que adquirir valor. Tiene que
afectar a la manera en que uno se reconoce.
Por eso pensamiento y sentimiento no son dos adornos.
SON
DOS MANERAS DIFERENTES DE ENTRAR EN RELACIÓN CON LA CASA.
Y AQUÍ
MADRE TIERRA PUEDE HACER ALGO PRECIOSO
Sacar
también el sentimiento a pasear. Porque
quizá he aprendido a valorar: prestigio, rendimiento, acumulación, posición,
reconocimiento, velocidad, competencia.
Y salgo. Camino.
Respiro. Tengo agua. Veo un árbol. Sale el Sol. Mi cuerpo está vivo. Y no hace falta que desprecie ninguna de
mis valoraciones anteriores. Simplemente
aparece otra pregunta: ¿QUÉ VALOR TIENE ESTO? Quizá descubramos que nuestra escala
estaba incompleta. No equivocada
necesariamente. INCOMPLETA. Madre Tierra acaba de
añadir otro término.
EL
SENTIMIENTO TAMBIÉN NECESITA TOMA DE TIERRA
Podemos
entonces conservar perfectamente la función jungiana. El sentimiento valora. Establece qué significado o valor tiene
algo para el sujeto.
Pero ahora
añadimos: ESA VALORACIÓN OCURRE EN UN CAMINANTE. Tiene historia. Puede haber sido aprendida. Puede haberse transformado. Puede estar relacionada con experiencias. Puede contener valores colectivos. Puede responder a necesidades de
adaptación. Puede revisarse.
Y puede
incorporar una referencia que quizá había quedado fuera:
VIDA.
En nuestros
apuntes ya aparecía esta necesidad de volver a poner VIDA y continuación de VIDA
junto a las funciones jungianas y preguntarnos qué ocurre con ellas cuando
dejan de contemplarse únicamente desde el interior del constructo.
PENSAMIENTO
Y SENTIMIENTO EMPIEZAN A CAMINAR JUNTOS
El
pensamiento dice: ESTO ES LO QUE CREO QUE OCURRE.
El
sentimiento: ESTO ES LO QUE SIGNIFICA PARA MÍ.
Madre Tierra
pregunta a ambos: ¿CÓMO HABÉIS LLEGADO HASTA AQUÍ?
Y después: ¿QUÉ
OCURRE SI VOLVEMOS A MIRARLO DESDE LA VIDA?
Entonces
quizá pensamiento y sentimiento dejen de pelear por gobernar la casa. No necesitamos decidir cuál es superior. NECESITAMOS
AMBOS. Porque puedo
conocer algo y no saber todavía qué valor tiene para mí. Y puedo valorar intensamente algo
que todavía necesito comprender mejor.
Uno puede iluminar al otro.
SENTIMIENTO
No solamente
vivimos cosas. LAS VALORAMOS. Y esas valoraciones van
formando parte de nuestra manera de estar en el mundo. Esto importa. Esto no.
Esto quiero. Esto rechazo. Esto admiro. Esto temo perder. Esto considero mío. Esto no quiero ser.
Y un día la
conciencia puede encender la luz sobre la propia valoración: ¿POR
QUÉ ESTO TIENE ESTE VALOR PARA MÍ?
Entonces comienza otra investigación. Quizá lo conserve. Quizá lo comprenda mejor. Quizá descubra de dónde vino. Quizá lo reubique. Quizá lo elija por primera vez
conscientemente. Quizá deje de
necesitarlo. Pero ya no es
simplemente una valoración funcionando en la oscuridad.
AHORA PUEDO RELACIONARME CON MI PROPIA MANERA
DE VALORAR.
Y ahí vuelve
la libertad. Jung abrió la
habitación. Madre Tierra abre la
ventana. Y todavía nos quedan dos
maneras extraordinarias de encontrarnos con el mundo. Una de ellas no empieza preguntando qué es
ni cuánto vale. Simplemente dice: ESTÁ AHÍ. Ésa será la siguiente habitación:
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