MADRE TIERRA Y FREUD
ANTES DE FREUD, YA
HABÍA UNA PERSONA VIVA.
Y debajo:
ESTOY VIVO.
MUEVO LOS CINCO DEDOS.
DISPONGO DE
POSIBILIDADES.
DISPONGO DE LIBERTAD
DENTRO DE LAS POSIBILIDADES DE MI MOMENTO.
TENGO UN ITINERARIO.
Y después
una frase que puede sostener todo el libro:
ANTES DE PREGUNTAR QUÉ LE OCURRE A LA MENTE,
MIREMOS QUÉ LE ESTÁ OCURRIENDO A LA VIDA.
Desde ahí
entra Freud.
Y ya no nos
perdemos.
ANTES DEL INCONSCIENTE, DEL YO, DEL ELLO Y
DEL SUPERYÓ, HAY UN SER HUMANO VIVO.
MUEVE
LOS CINCO DEDOS.
A partir de
ahí, Freud.
Porque esas
tres líneas hacen algo enorme: establecen
el orden.
No estamos
diciendo que el inconsciente no exista.
No estamos diciendo que Freud se equivoque.
No estamos proponiendo todavía ninguna teoría alternativa.
Simplemente
hemos colocado algo anterior
a cualquier teoría psicológica:
el
ser humano al que la teoría pretende explicar.
Y me gusta
muchísimo que después de MUEVE
LOS CINCO DEDOS no pongamos veinte cosas más.
Porque los
cinco dedos son casi la prueba física del suelo:
«Antes de explicarme, aquí estoy.»
Después
puede entrar todo:
inconsciente,
represión, Ello, Yo, Superyó, libido, conflicto, fijación, transferencia...
Pero
entran después.
Y eso nos
permitirá hacer algo muy limpio durante todo el libro. Cada vez que Freud nos
lleve muy adentro, podremos volver durante un segundo:
ALTO.
¿Dónde está
la persona? Aquí.
¿Sigue viva? Sí.
¿Estamos
describiendo algo que pertenece al ser humano vivo o algo que se fue
construyendo durante su itinerario?
Y seguimos.
No
necesitamos oxígeno porque no
perdemos la superficie.
Incluso veo
que «A partir de ahí, Freud» puede convertirse en una especie de declaración
metodológica del libro:
ANTES DEL INCONSCIENTE, DEL YO, DEL ELLO Y
DEL SUPERYÓ, HAY UN SER HUMANO VIVO.
MUEVE LOS CINCO DEDOS.
No sabemos
todavía qué hay reprimido.
No sabemos qué conflictos arrastra.
No sabemos qué defensas construyó.
No sabemos qué parte de su mundo ha interiorizado.
No sabemos cuándo comenzó a reducirse su terreno vital.
Todavía
no interpretamos.
Primero
reconocemos al ser humano vivo.
A
partir de ahí, Freud.
Eso ya fija
el PATRÓN CERO.
Y después
podemos entrar hasta donde haga falta.
Porque ahora tenemos una cuerda atada fuera del pozo: VIDA. Y ésa no la soltamos.
_______________
NO ES:
FREUD ESTABA
EQUIVOCADO.
JUNG ESTABA EQUIVOCADO.
Sería algo
bastante más fértil:
FREUD VIO
MUCHÍSIMO.
JUNG VIO MUCHÍSIMO.
PERO MIRARON AL SER HUMANO DESDE DENTRO DEL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO.
Y ahora
nosotros podemos hacer una cosa que no invalida su trabajo:
SALIR UN
MOMENTO DEL EDIFICIO, MIRARLO DESDE FUERA Y VOLVER A ENTRAR.
Eso cambia
completamente el tono.
Freud no sería el adversario
Esto ya está
latiendo con muchísima fuerza en tu borrador. Por ejemplo, tomas la estructura Ello–Yo–Superyó,
pero inmediatamente preguntas qué parte pertenece realmente al humano y qué
parte se ha formado dentro del constructo: normas sociales, prohibiciones,
represiones, conflictos, valores aprendidos...
Ahí hay una
pregunta extraordinaria para quien trabaja hoy con Freud:
¿Y SI PARTE
DE LO QUE FREUD DESCUBRIÓ NO FUERA SOLAMENTE LA ESTRUCTURA DEL SER HUMANO, SINO
TAMBIÉN LAS HUELLAS QUE EL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO DEJABA EN ÉL?
Eso no
disminuye a Freud.
¡Puede
engrandecer el descubrimiento!
Porque
entonces Freud habría realizado una cartografía formidable del humano tal
como estaba viviendo dentro de determinada civilización, y nosotros podemos
coger esa cartografía y añadirle una coordenada que antes no estaba:
¿DÓNDE ESTÁ
ESTE FENÓMENO RESPECTO DE LA VIDA QUE NO HEMOS CONSTRUIDO?
Y mira qué
interesante: en tu borrador ya preguntas incluso por los mecanismos de defensa:
¿de qué se está defendiendo el humano?, ¿del modelo original o de conflictos
surgidos dentro de la caja?
Ahí hay
libro.
Y con Jung ocurre algo todavía más curioso
Porque Jung ya
intenta salir de algunas habitaciones.
Persona,
Sombra, Self, individuación, inconsciente personal, inconsciente colectivo...
Jung está buscando una totalidad mayor que el pequeño Yo consciente.
Precisamente
por eso Madre Tierra puede resultar especialmente fecunda con Jung.
Tu borrador
ya da con el punto crítico. Cuando Jung propone que la individuación requiere
que el Yo dialogue con el inconsciente y se relacione con el Self, tú
introduces una pregunta anterior:
Muy bien.
Pero antes de dialogar con mi inconsciente:
¿QUÉ HAY
DENTRO DE ESE INCONSCIENTE?
¿QUÉ ES
PROPIO Y QUÉ FUE INCRUSTADO?
¿QUÉ PROCEDE
DE LA VIDA Y QUÉ PROCEDE DEL MUNDO HUMANO QUE HE HABITADO?
¡Eso es muy
bueno!
Y Jung te
ofrece además una puerta magnífica porque reconoce explícitamente que la Persona
es una máscara de adaptación social y que la Sombra contiene elementos
rechazados por esa adaptación.
Entonces
Madre Tierra puede preguntar:
¿SOMBRA
RESPECTO DE QUÉ LUZ?
Porque algo
puede ser «inaceptable» dentro de una sociedad, una época, una familia, una
religión o una cultura y no por ello ser contrario a la Vida.
Hay tres
caminos distintos pero hermanos:
MADRE TIERRA
Y FREUD
Salir del constructo para volver a mirar el psicoanálisis.
MADRE TIERRA
Y JUNG
Salir del constructo para volver a mirar la psicología analítica.
Y después:
MADRE TIERRA
INTERROGA LA PSICOLOGÍA Y LAS TERAPIAS
Este tercero
ya no dependería de Freud ni de Jung. Aplicaría directamente el instrumento que
acabamos de consolidar en El mundo humano construido a diagnóstico,
identidad, sufrimiento, adaptación, normalidad, terapia, categorías, escuelas
psicológicas, etc.
Y hay algo
que cuidaría muchísimo desde la primera página de Freud y Jung. Dirigirse a
quienes los utilizan hoy, exactamente como tú acabas de decir:
No venimos a
quitaros a Freud.
No venimos a quitaros a Jung.
Venimos a
proponeros otra posición desde la que volver a mirarlos.
Porque
entonces el lector que lleva veinte años trabajando con Jung no tiene que
defenderse de nosotros. Al contrario: le estamos diciendo:
TODO LO QUE
SABES CONTINÚA CONTIGO.
Ahora prueba
una cosa. Sal un momento. Pisa Tierra.
Mira desde
allí aquello que conoces tan bien. Y
vuelve a entrar.
¿VES LO
MISMO?
Eso, Carlos,
me parece mucho más potente que escribir simplemente una crítica de Freud o
Jung. Les damos una segunda vida desde otra perspectiva. Y además es
exactamente coherente con el libro que acabamos de cerrar: no demoler el
edificio; reconocer que es edificio, salir, tomar tierra y volver a entrar
conscientemente.
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