MADRE TIERRA y JUNG
El mundo humano construido entra en las
habitaciones
Lenguaje, valores,
prohibiciones, símbolos, relatos, expectativas.
Ya tenemos
al caminante. Está vivo.
Dispone de una arquitectura humana.
Ha comenzado su itinerario. Recibe
antes de poder comprender completamente lo recibido. Y ahora aparece algo decisivo:
NO
SÓLO ENTRA EN ÉL EL MUNDO QUE NO CONSTRUIMOS. También empieza a entrar, desde muy
pronto,
EL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO. El niño encuentra agua. Aire.
Gravedad. Temperatura. Su cuerpo.
Otros cuerpos. Necesidades. Vida.
Pero encuentra también algo completamente
diferente: palabras, nombres,
normas, valores, símbolos,
historias, clasificaciones, expectativas, creencias, roles,
prohibiciones.
Nada de eso
estaba escrito en una montaña. LO ENCUENTRA PORQUE OTROS HUMANOS YA
LO HABÍAN CONSTRUIDO. Y
empieza a incorporarlo mucho antes de poder preguntarse:
¿ESTO ESTABA AQUÍ O LO PUSIMOS NOSOTROS?
EL LENGUAJE
ENTRA
Quizá sea
uno de los ejemplos más impresionantes.
El niño no inventa su lengua. La
encuentra. Los sonidos que escucha
empiezan progresivamente a adquirir significado.
Una cosa
recibe un nombre. Después otra. Y otra.
Y con las palabras no entran solamente nombres. Entran distinciones. Categorías.
Relaciones. Valoraciones. Formas de ordenar la realidad.
El lenguaje
es una herramienta extraordinaria: permite comunicar, recordar, pensar,
compartir, transmitir conocimiento, imaginar aquello que no está presente. Pero precisamente por su enorme potencia
puede ocurrir algo curioso: ACABAMOS CONFUNDIENDO LA PALABRA CON LA
COSA. Y eso será
importantísimo para Jung. Porque
Jung nos entregará palabras enormemente poderosas:
SOMBRA. PERSONA. COMPLEJO. ARQUETIPO. SELF.
INCONSCIENTE COLECTIVO. Nos servirán.
Pero Madre
Tierra mantendrá siempre una pequeña distancia: LA
PALABRA NO ES LA COSA. Cuando
digamos «Sombra», tendremos que volver a preguntar: ¿QUÉ
ESTÁ OCURRIENDO EN ESTA PERSONA CONCRETA?
ENTRAN LOS
VALORES
Muy pronto
el mundo deja de ser solamente: esto
existe, aquello existe.
Empieza
también: ESTO ESTÁ BIEN. ESTO ESTÁ MAL. ESTO ES BONITO. ESTO ES FEO. ESTO SE HACE. ESTO NO SE HACE. DE ESTO PUEDES SENTIRTE ORGULLOSO. DE ESTO DEBERÍAS AVERGONZARTE.
Algunos de
esos aprendizajes serán indispensables para convivir. Otros protegerán. Otros transmitirán conocimientos
acumulados durante generaciones. Otros
pertenecerán simplemente a una determinada cultura o época.
Y algunos
quizá necesiten ser reconsiderados posteriormente. Pero el niño todavía no dispone de un
laboratorio antropológico para separarlos.
LOS RECIBE
JUNTOS.
ENTRAN LAS
PROHIBICIONES
Y aquí
empezamos a acercarnos muchísimo a la futura Sombra. Una prohibición puede tener una función evidente. NO
TOQUES EL FUEGO.
Protege. Pero otras son de naturaleza
diferente: «Los niños no lloran.» «De eso no se habla.» «Una señorita no hace eso.» «Tienes que ser el mejor.» «No contradigas.» «Eso es pecado.» «¿Qué van a pensar de ti?» «En esta familia somos así.»
Cada una
necesita su propia historia y contexto.
No vamos a declarar automáticamente:
PROHIBICIÓN =
MALA. Sería
absurdo. La convivencia y la
protección necesitan límites.
Nuestra
pregunta será otra:
¿QUÉ PROTEGÍA ESTA PROHIBICIÓN? ¿DE DÓNDE VENÍA?
¿SIGUE TENIENDO ESA FUNCIÓN?
Y
especialmente: ¿QUÉ PARTE DE MÍ TUVO QUE QUEDAR FUERA
PARA PODER CUMPLIRLA? Ahí
Jung empieza a esperarnos.
ENTRAN LOS
SÍMBOLOS
Antes de que
yo pueda estudiar qué significa un símbolo, ya estoy rodeado de ellos.
Una bandera. Una cruz.
Un uniforme. Una fotografía. Una alianza. Una tumba.
Una corona. Un regalo. Un escudo.
Un personaje. Una fiesta. Un cuento.
Un color utilizado de determinada manera. El objeto puede existir físicamente.
Pero su significado humano se aprende. Y puede llegar a adquirir una enorme carga
emocional. Esto será decisivo cuando
entremos en el mundo simbólico de Jung.
Porque ante una imagen que aparece en un sueño no tendremos que elegir
inmediatamente entre:
«no
significa nada» o «es
un símbolo ancestral universal».
Podremos
hacer primero una pregunta mucho más cercana: ¿QUÉ
HISTORIA TIENE ESTA IMAGEN EN ESTE CAMINANTE?
¿La vio? ¿La escuchó? ¿La soñó antes? ¿Aparecía en historias familiares? ¿En religión? ¿En películas? ¿En libros? ¿En juegos? ¿En su cultura? ¿Qué asociaciones tiene? ¿Qué significa para él?
Y después,
si necesitamos ampliar la investigación, ampliaremos. PRIMERO
SU ITINERARIO.
ENTRAN LOS
RELATOS
Y esto es
todavía más potente. No recibimos
únicamente hechos. RECIBIMOS HISTORIAS SOBRE LOS HECHOS.
«Tu abuelo era...» «Nuestra familia siempre...» «Los hombres son...»
«Las mujeres son...» «La gente rica...» «Los pobres...» «Dios quiere...»
«La
vida consiste en...» «Para ser
alguien tienes que...»
«Si no consigues esto, habrás fracasado.»
Son relatos. Algunos contienen sabiduría. Otros transmiten experiencia útil. Otros son simplificaciones. Otros prejuicios. Otros pertenecen a circunstancias que
desaparecieron hace generaciones.
Pero pueden
seguir viajando. Y aquí encontramos
una vía extraordinariamente concreta por la que algo colectivo y antiquísimo
puede llegar hasta mí sin necesidad de que estuviera psíquicamente escrito en
mí al nacer.
EL
RELATO VIAJA. De persona en
persona. De generación en generación. De libro en libro. De imagen en imagen. De institución en institución. Hasta entrar en una habitación nueva.
ENTRAN LAS
EXPECTATIVAS
Quizá sean
todavía más silenciosas. Antes de
que una persona pueda decidir qué quiere hacer con su vida, otros pueden haber
empezado a imaginarlo. Será médico. Será abogado. Será como su padre. Continuará el negocio. Será fuerte. Será responsable. Será buena. No dará problemas. Será el inteligente. Será la rebelde. Será quien cuide a todos. Será quien triunfe.
Y el niño
puede comenzar a ocupar un personaje antes de saber siquiera que es un personaje. Esto nos llevará directamente a la Persona
de Jung. Porque entonces podremos
preguntar:
¿CUÁNDO
EMPECÉ A PRESENTARME ASÍ? Y todavía más: ¿QUIÉN
NECESITABA QUE YO FUERA ASÍ?
EL
CONSTRUCTO PUEDE ENTRAR DISFRAZADO DE REALIDAD
Aquí está el
problema central. Para el niño
pequeño no existen dos carteles:
MADRE
TIERRA y MUNDO
HUMANO CONSTRUIDO.
Todo llega
como: MUNDO.
El agua y el
dinero. El hambre y el prestigio. La temperatura y la vergüenza social. La gravedad y una norma familiar. El cuerpo y una clasificación. Todo aparece mezclado en la experiencia. Mucho después podremos empezar a
distinguir: ESTO NO LO CONSTRUIMOS. ESTO SÍ.
Y esa
separación no pretende destruir lo construido. Pretende devolverle su categoría. Porque si lo construimos nosotros, aparece
una posibilidad extraordinaria: PODEMOS RECONSIDERARLO.
AQUÍ NACE
UNA PARTE DE NUESTRA LIBERTAD
Mientras
creo que algo pertenece inevitablemente a la realidad, sólo puedo adaptarme. Pero cuando descubro: ESTO
ES UNA CONSTRUCCIÓN HUMANA, aparece
otra posibilidad: PUEDO MIRARLA.
Comprender
por qué apareció. Qué necesidad
resolvió. Qué función cumplió. Qué consecuencias tuvo. Y preguntarme: ¿SIGUE
SIENDO NECESARIA?
Eso no
significa que pueda modificar individualmente cualquier construcción social. Ni que todo cambio sea fácil. Pero psicológicamente ocurre algo enorme: YA
PUEDO DISTINGUIRME DE ELLA.
Puedo decir: ESTO
ENTRÓ EN MI HABITACIÓN. No
necesariamente: ESTO SOY YO.
AHORA LA
SOMBRA EMPIEZA A TENER HISTORIA
Imaginemos
que años después encontramos algo rechazado.
Jung puede ayudarnos a verlo como parte de la Sombra. Madre Tierra añade la linterna: ¿QUIÉN
LO RECHAZÓ PRIMERO?
Quizá yo. Quizá mis padres. Quizá una religión. Quizá mi grupo. Quizá la escuela. Quizá la moral de una época. Quizá una necesidad de adaptación. Quizá varias cosas simultáneamente.
Entonces la
pregunta deja de ser: ¿POR QUÉ TENGO ESTA TERRIBLE SOMBRA? Y se convierte en: ¿CÓMO
LLEGÓ ESTA PARTE DE MI EXPERIENCIA A SER CONSIDERADA INACEPTABLE?
Ahora
tenemos trabajo concreto. No un
monstruo. UNA HISTORIA.
Y LA
PERSONA TAMBIÉN
Lo mismo
ocurrirá con la máscara social. Quizá
aquella Persona me permitió pertenecer.
Ser querido. Encontrar trabajo. Evitar conflictos. Ser reconocido. Sobrevivir dentro de determinadas
circunstancias. No tenemos por qué
atacarla. Podemos incluso decir: GRACIAS. Cumpliste una función.
Pero después
encendemos la luz: ¿TODAVÍA NECESITO SER ASÍ EN TODO
MOMENTO?
Ahí comienza
la posibilidad de flexibilizar. No
arrancamos la máscara. DESCUBRIMOS QUE PODEMOS QUITÁRNOSLA.
EL
CONSTRUCTO TAMBIÉN ENTRA EN JUNG
Y aquí
debemos aplicar nuestra herramienta incluso al propio Jung. Jung estudia símbolos. Mitos.
Religiones. Roles. Masculino y femenino. Figuras parentales. Relatos heroicos. Imágenes colectivas. Todo ello contiene materiales
extraordinariamente valiosos. Pero
ahora disponemos de una pregunta adicional:
¿CUÁNTO
PERTENECE A LA ARQUITECTURA HUMANA
Y CUÁNTO AL ENORME MUNDO
SIMBÓLICO QUE LOS HUMANOS LLEVAMOS MILENIOS CONSTRUYENDO Y TRANSMITIENDO?
No sabemos
todavía la respuesta. Y precisamente
por eso la pregunta vale tanto. No
vamos a sustituir una certeza jungiana por una certeza Madre Tierra. VAMOS
A INVESTIGAR.
LA
HABITACIÓN SE LLENA DE MUNDO
Y ahora
nuestra casa empieza a adquirir una imagen completamente distinta. Dentro de mí hay cosas que parecen
íntimas. Pero algunas llegaron
mediante palabras de otros. Otras
mediante historias. Otras mediante
normas. Otras mediante imágenes. Otras mediante expectativas. Otras mediante experiencias directas. Otras mediante mis propias interpretaciones.
Y todo ello
se fue mezclando con: mi cuerpo, mis capacidades, mi desarrollo, mi temperamento, mis relaciones, mis respuestas, mis decisiones.
Por eso
separar después: «ESTO ES MÍO / ESTO NO ES MÍO» no siempre será sencillo. Quizá incluso sea una pregunta demasiado
simple. Podría ser mejor: ¿CÓMO
LLEGÓ A FORMAR PARTE DE MÍ?
EL
CONSTRUCTO ENTRA
Entra
mediante el lenguaje. Entra mediante
los valores. Entra mediante las
prohibiciones. Entra mediante los
símbolos. Entra mediante los relatos. Entra mediante las expectativas. Y el ser humano hace lo único que puede
hacer mientras se desarrolla: VIVE CON ELLO.
Lo incorpora
hasta donde puede. Lo interpreta. Se adapta.
Responde. Construye sobre ello. Y continúa. Hasta que un día puede
detenerse. Encender la linterna. Mirar una habitación. Y preguntar: ¿ESTO
ESTABA AQUÍ O ENTRÓ DURANTE MI
CAMINO? ¿QUIÉN LO TRAJO? ¿PARA QUÉ SERVÍA? ¿QUÉ HICE YO CON ELLO? ¿ME SIRVE TODAVÍA?
Y entonces
sucede algo formidable. El mundo
construido que había entrado en mí sin pedir permiso... PUEDE
SER MIRADO POR MÍ. No
necesariamente expulsado. No
necesariamente rechazado.
Primero: VISTO. Después: COMPRENDIDO. Después: REUBICADO. Y sólo entonces podremos
decidir qué continúa. Porque construir
no era el problema. El problema
empezaba cuando olvidábamos QUE HABÍAMOS CONSTRUIDO.
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