MADRE TIERRA y JUNG
. ¿Adaptación a qué? La pregunta que Madre Tierra añade al Yo
jungiano.
En el
capítulo anterior dejamos al Yo haciendo algo imprescindible: ADAPTARSE. El ser humano llega a un
mundo que ya está funcionando.
Tiene
necesidades. Depende de otros. Aprende.
Observa. Responde. Busca seguridad. Necesita relacionarse. Necesita encontrar alguna manera de
desenvolverse en aquello que le rodea.
Por tanto, adaptarse no es un error.
Es una extraordinaria capacidad humana.
Pero Madre
Tierra entra en la habitación y formula una pregunta que puede cambiar por
completo nuestra manera de mirar la adaptación: ¿ADAPTACIÓN
A QUÉ? Porque hemos utilizado
durante mucho tiempo una sola palabra —entorno—
para cosas que no pertenecen a la misma clase de realidad. Y el Yo puede adaptarse a todas ellas.
HAY UN
EXTERIOR QUE NO CONSTRUIMOS
El cuerpo
necesita determinadas condiciones. Oxígeno. Agua.
Alimento. Temperatura
compatible. Descanso. Relación con un medio físico. Protección durante etapas de dependencia.
Hay
gravedad. Hay día y noche. Hay límites corporales. Hay nacimiento, desarrollo, envejecimiento y
muerte. Podemos intervenir sobre
muchas de estas condiciones. Podemos
construir casas. Ropa. Agricultura. Medicina.
Tecnología. Pero la necesidad
que estamos intentando atender no
fue inventada por nosotros.
Aquí la adaptación tiene una referencia muy profunda: VIDA.
PERO HAY
OTRO EXTERIOR
El niño no
llega únicamente a Madre Tierra. Llega
también a: una familia, una lengua, una escuela, una economía, una religión o ausencia de ella, unas costumbres, unas leyes,
unas ideas sobre éxito y fracaso,
unas maneras de relacionarse, unos
papeles sociales, una organización del
trabajo, unas expectativas sobre cómo
debe comportarse. Y todo eso también
aparece como: EXTERIOR.
El Yo
aprende a desenvolverse ahí. Por
supuesto. Pero ahora podemos
distinguir: UNA COSA ES ADAPTARSE A LAS
CONDICIONES DE LA VIDA. Y
otra: ADAPTARSE A LAS CONDICIONES DEL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO. Las dos adaptaciones pueden
ser necesarias. Pero no significan lo
mismo.
PARA EL
NIÑO TODO LLEGA JUNTO
Éste es el
punto decisivo. El niño no recibe un
manual que diga: «Carlos, atención: esto pertenece a la biología; esto a Madre Tierra; esto es una costumbre familiar; esto pertenece a España; esto viene de una tradición religiosa; esto es una convención económica; esto era una idea de tus abuelos; esto cambiará dentro de cincuenta años.»
No. TODO
LLEGA COMO MUNDO.
Tengo
hambre. No se habla de eso. Hace frío.
Los hombres no lloran. Necesito
dormir. Tienes que ser el primero. Me duele.
Esto da vergüenza. Todo entra en
el itinerario.
Y el ser
humano intenta orientarse. Por eso una
construcción humana suficientemente temprana, repetida y compartida puede
sentirse posteriormente casi tan evidente como una realidad que nunca
construimos. Ahí empieza nuestro
trabajo.
EL
YO SE ADAPTA A LO QUE ENCUENTRA
No
necesariamente a lo verdadero. No
necesariamente a lo mejor. No
necesariamente a lo que favorece todas sus posibilidades. A
LO QUE ENCUENTRA. Esto
cambia muchísimo la cuestión.
Una persona
puede haber desarrollado una adaptación extraordinariamente eficaz a
determinadas circunstancias familiares.
Otra, a una escuela. Otra, a una
empresa. Otra, a un ambiente peligroso. Otra, a una sociedad muy competitiva. Otra, a un sistema rígido. Otra, a un entorno extraordinariamente
protector. La adaptación demuestra que
el organismo encontró alguna manera de desenvolverse.
Pero por sí
sola no demuestra que aquello
a lo que se adaptó sea la referencia correcta para toda su vida.
AQUÍ LA
PERSONA EMPIEZA A APARECER
Supongamos
que descubro muy pronto que determinada manera de comportarme recibe
aceptación. Entonces la utilizo. Me sirve.
La repito. Cada vez funciona
mejor.
Termino
siendo: «el responsable», «la buena»,
«el fuerte», «el gracioso», «la que no molesta», «el brillante», «el obediente», «el rebelde».
Y quizá
veinte años después digo: YO SOY ASÍ. Jung nos permitirá decir: QUIZÁ
ESTAMOS VIENDO UNA PERSONA.
Madre Tierra
añade: ¿A QUÉ TUVO QUE ADAPTARSE ESA PERSONA? Ahora la máscara recupera
historia No apareció flotando en la
psique. SIRVIÓ PARA ALGO.
Y AQUÍ
TAMBIÉN PUEDE EMPEZAR LA SOMBRA
Si para
adaptarme necesito ser: FUERTE, ¿qué hago con mi
vulnerabilidad?
Si necesito
ser: OBEDIENTE, ¿qué
ocurre con mi desacuerdo?
Si debo ser: RACIONAL, ¿qué hago con determinadas
emociones?
Si tengo que
ser: BUENO, ¿qué
hago con mi agresividad, mi enfado o mis deseos incompatibles con esa imagen?
Quizá
algunas partes quedan fuera de la identidad consciente que estoy construyendo. Jung dirá: MIREMOS
LA SOMBRA. Y Madre
Tierra preguntará: ¿QUÉ CONDICIONES DE ADAPTACIÓN PARTICIPARON
EN LA CREACIÓN DE ESA SOMBRA?
La pregunta
no invalida a Jung. LE AÑADE BIOGRAFÍA.
ADAPTARSE
PUEDE HABER SIDO INTELIGENTÍSIMO
Esto es
importantísimo. Cuando revisamos una
conducta desde el presente es muy fácil decir:
«Esto es absurdo.» Quizá
ahora. Pero: ¿DÓNDE
ESTABAS CUANDO APARECIÓ?
Una
respuesta que hoy limita pudo haber sido una magnífica solución en otro momento
del itinerario. Callarse. Complacer.
Controlarlo todo. No pedir
ayuda. Pasar inadvertido. Ser siempre excelente. Anticipar el estado emocional de los demás. No mostrar determinadas partes de uno mismo. No podemos juzgar automáticamente esas
respuestas sin conocer el contexto.
Quizá el
caminante hizo lo mejor que podía con las posibilidades disponibles. Entonces no necesitamos decir: «ESTO
ESTÁ MAL EN MÍ.» Podemos
decir: «ESTO TUVO UNA FUNCIÓN.» Y después aparece la
pregunta verdaderamente liberadora: ¿SIGUE TENIÉNDOLA?
AQUÍ ENTRA
EL TIEMPO
La
adaptación tiene fecha. Ésta es una
aportación enorme de nuestro itinerario.
Algo pudo ser necesario a los ocho años. Útil a los quince. Todavía eficaz a los treinta. Y convertirse en una limitación a los
cincuenta.
No porque
estuviera equivocado desde el principio.
Sino porque: CAMBIÓ EL CAMINANTE. CAMBIÓ EL ENTORNO. CAMBIARON SUS POSIBILIDADES.
Pero la
respuesta continuó. Por eso Madre
Tierra no pregunta solamente: ¿POR QUÉ ERES ASÍ? Pregunta: ¿CUÁNDO
EMPEZASTE A NECESITAR SER ASÍ? Y
después: ¿LO NECESITAS TODAVÍA?
LA
ADAPTACIÓN PUEDE SOBREVIVIR AL MUNDO QUE LA PRODUJO
Esto ocurre
también colectivamente. Una costumbre
aparece para resolver una necesidad. Funciona. Se repite.
Se institucionaliza. Se
transmite. Después cambia la necesidad. Pero la construcción permanece. Y generaciones posteriores continúan
adaptándose a ella.
Entonces
puede ocurrir algo formidable: NOS ADAPTAMOS A UNA ADAPTACIÓN
ANTIGUA. Y ya nadie
recuerda exactamente qué problema original resolvía. Aquí
aparece nuestra arqueología del constructo:
¿Cómo pudo fabricarse? ¿Qué
necesidad atendió? ¿Por qué
sobrevivió? ¿Qué función adquirió
después? ¿Qué la sigue alimentando? ¿Continúa siendo necesaria? La psicología individual empieza a tocar
la historia del mundo humano.
UNA
SOCIEDAD TAMBIÉN PUEDE ESTAR DESADAPTADA
Y aquí
nuestra pregunta se vuelve incómoda. Si
una persona está perfectamente adaptada a su sociedad, solemos considerar que
eso es positivo. Pero: ¿Y
SI LA SOCIEDAD ESTÁ MAL ADAPTADA A LA VIDA? Entonces tenemos un problema.
Podemos
fabricar una sociedad enormemente eficaz para producir determinados resultados
y, simultáneamente, deteriorar condiciones humanas o ecológicas necesarias para
su propia continuidad.
En ese caso,
adaptarse perfectamente a ella no puede ser nuestro criterio psicológico
definitivo. La pregunta tiene que
subir un piso: ¿A QUÉ SE ESTÁ ADAPTANDO EL PROPIO
CONSTRUCTO? Y
finalmente: ¿MANTIENE RELACIÓN CON LAS CONDICIONES
QUE HACEN POSIBLE LA VIDA? Ahí
Madre Tierra aparece como referencia exterior al edificio.
ESTO NO
SIGNIFICA RECHAZAR LA SOCIEDAD
Ni mucho
menos. Sería volver a la cueva. El mundo humano construido contiene
maravillas. Lenguaje. Música.
Ciencia. Medicina. Libros.
Derechos. Arte. Tecnología.
Educación. Organización. Conocimiento acumulado. La cuestión no es: TIERRA O
CIVILIZACIÓN.
La cuestión
es: CIVILIZACIÓN CON TOMA DE TIERRA. Construir sabiendo que construimos. Adaptarnos sabiendo a qué nos estamos
adaptando. Y poder revisar nuestras
construcciones cuando dejan de servir a aquello que las hizo posibles.
JUNG YA
HABÍA VISTO EL PELIGRO DE UNA ADAPTACIÓN DEMASIADO SIMPLE
Aquí es
donde Jung resulta especialmente interesante.
Su individuación no equivale a convertirse en una pieza perfectamente
ajustada al engranaje social.
La Persona
precisamente muestra el riesgo de identificarse completamente con el papel que
el mundo espera de nosotros. Y el
encuentro con la Sombra obliga a recuperar aspectos que quizá nuestra
adaptación consciente había dejado fuera.
Por tanto,
Jung ya estaba diciendo de muchas maneras:
CUIDADO:
ADAPTARSE AL EXTERIOR NO BASTA PARA CONOCER QUIÉN ERES.
Madre Tierra
no contradice ese movimiento. Le
añade otra coordenada: MUY BIEN, JUNG. AHORA PREGUNTEMOS TAMBIÉN QUÉ ES ESE
EXTERIOR.
PORQUE
«EXTERIOR» NO ES UNA SOLA COSA
Ésta podría
quedar como una de las claves del capítulo.
Cuando decimos:
EL
INDIVIDUO SE ADAPTA AL ENTORNO, Madre Tierra
pregunta: ¿QUÉ ENTORNO?
El físico. El biológico. El familiar. El cultural. El económico. El religioso. El educativo. El laboral.
El tecnológico. El histórico.
No podemos
meterlos todos en la misma caja. Porque
algunos contienen condiciones que no dependen de nuestras opiniones. Otros contienen construcciones humanas que
pueden transformarse. Y muchos son una
mezcla compleja de ambos.
SEPARARLOS
NOS DEVUELVE CAPACIDAD DE INVESTIGACIÓN.
¿ADAPTACIÓN O INCRUSTACIÓN?
Y aparece
otra palabra nuestra. Una adaptación
puede repetirse tanto que termine incrustada.
Ya no parece una respuesta. Parece
identidad. Ya no digo: «APRENDÍ
A HACER ESTO.»
Digo: «SOY
ESTO.» Ahí encendemos
la luz. No para arrancarlo. Primero para descubrir:
¿CUÁNDO
ENTRÓ? ¿QUÉ FUNCIÓN CUMPLIÓ? ¿A QUÉ ME AYUDÓ A ADAPTARME? ¿SIGUE EXISTIENDO AQUEL MUNDO? ¿SIGUE SIENDO NECESARIA ESTA RESPUESTA?
Y sólo
después: ¿QUÉ QUIERO HACER AHORA CON ELLA? Ahí regresan conciencia
y libertad.
EL YO PUEDE
CAMBIAR DE TRABAJO
Hasta ahora
nuestro administrador tenía una misión:
ADÁPTATE. Madre Tierra puede
ampliársela: DISTINGUE. No respondas igual a todo
lo que viene de fuera.
Pregunta. Esto pertenece a una condición de vida. Esto pertenece a una relación concreta. Esto es una convención. Esto es una norma. Esto es una interpretación. Esto es una costumbre. Esto es una necesidad corporal. Esto es una expectativa ajena. Esto no sé todavía qué es. Ahora el Yo no sólo administra adaptación. ADMINISTRA
DISCERNIMIENTO. Y
eso aumenta su libertad.
DOS
COORDENADAS Quizá
podemos condensar todo el capítulo en dos preguntas.
La primera
mira hacia atrás: ¿A QUÉ TUVE QUE ADAPTARME? Ahí aparece el ITINERARIO.
La segunda
mira alrededor: ¿A QUÉ ME ESTOY ADAPTANDO AHORA?
Ahí aparece MADRE TIERRA.
Y entre
ambas puede aparecer una tercera: ¿QUIERO CONTINUAR ADAPTÁNDOME DE LA MISMA
MANERA?
Ahí aparece
la LIBERTAD. No libertad absoluta. No omnipotencia. La posibilidad real de reconsiderar aquello
que ahora puedo ver.
MADRE
TIERRA AÑADE UNA PREGUNTA
Jung nos
entrega un Yo que necesita relacionarse con la realidad interior y exterior. Nosotros no tenemos que modificar ese Yo.
Sólo
colocarle una pregunta encima de la mesa:
¿ADAPTACIÓN A QUÉ? Y de pronto cambia todo. Porque quizá algunas cosas que
considerábamos fallos personales fueron antiguas soluciones. Quizá algunas identidades fueron
estrategias. Quizá algunas Personas
fueron uniformes necesarios. Quizá
determinadas Sombras se formaron alrededor de aquello que un entorno no
permitía mostrar. Quizá parte de lo
que considerábamos profundamente interior tenga una historia exterior. Y quizá algunas exigencias a las que
seguimos intentando adaptarnos...
NO
ESTABAN EN MADRE TIERRA. Las pusimos nosotros. Eso no significa que sean falsas.
Significa
algo muchísimo más interesante: SON REVISABLES. Entonces el Yo puede levantar la
cabeza de su escritorio. Mirar la casa. Mirar por la ventana. Mirar el camino recorrido.
Y
decir: AHORA ENTIENDO MEJOR A QUÉ ME ADAPTÉ. Después mirar hacia delante: AHORA
PUEDO PREGUNTARME A QUÉ QUIERO SEGUIR ADAPTÁNDOME.
Y ahí Jung
no pierde nada. Al contrario. Su Yo acaba de recibir algo que necesitaba
para continuar caminando: TOMA DE TIERRA.
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