JUNG PASEANDO SICRONICIDAD
CORRESPONDENCIA
El peregrino
camina. No está buscando nada
especial. Lleva horas andando. Su paso ha encontrado una cadencia. El terreno desciende. El aire cambia. Aumenta la humedad. La vegetación es diferente. Escucha agua. Y poco después encuentra un río. Entonces puede decir: «CORRESPONDE.»
El agua que
escucha corresponde con el terreno. La
vegetación corresponde con la humedad.
Su propio descenso corresponde con el relieve. Su cansancio corresponde con las horas
caminadas. Nada de esto necesita ser
extraordinario. Pero acaba de
aparecer una palabra importantísima:
CORRESPONDENCIA.
CORRESPONDER
NO ES CAUSAR
Ésta debe
ser nuestra primera precaución. Dos
cosas pueden corresponder sin que una sea necesariamente causa directa de la
otra.
El peregrino
tiene frío. El cielo está cubierto. Sopla viento. Ha disminuido la temperatura. Varias cosas aparecen juntas. Puede haber entre ellas relaciones causales
conocidas. Puede haber condiciones
comunes. Puede haber simplemente
simultaneidad. Por eso no diremos
rápidamente: A HA PRODUCIDO B.
Diremos
primero algo mucho más modesto: A Y B APARECEN EN UNA
RELACIÓN QUE MERECE SER OBSERVADA. La correspondencia
comienza ahí. No explicando. Observando relación.
CORRESPONDER
TAMPOCO SIGNIFICA SER IGUALES
Esto es
precioso. El árbol no es la estación. Pero su estado puede corresponder con ella. El comportamiento de un animal no es la
temperatura. Pero puede corresponder
con determinadas condiciones. Mi
cansancio no son los kilómetros recorridos.
Pero corresponde con un proceso en el que esos kilómetros participan. Dos cosas diferentes pueden mostrar entre
ellas una coherencia. Entonces:
CORRESPONDENCIA NO SIGNIFICA IDENTIDAD.
Significa
que, siendo diferentes, algo de una guarda relación con algo de
la otra. Y ahora empezamos a acercarnos muchísimo
a Jung. Pero todavía no entremos.
¿CORRESPONDENCIA
ENTRE QUÉ Y QUÉ?
Aquí Madre
Tierra vuelve a obligarnos a ampliar el plano. Porque nosotros tenemos tendencia a
recortar:
YO — ÁRBOL
YO — PÁJARO
YO — ACONTECIMIENTO
PENSAMIENTO — HECHO EXTERIOR
Pero
acabamos de pasar catorce apartados aprendiendo que ninguna de esas fotografías
está aislada. El árbol trae detrás
suelo, agua, temperatura, luz, estación, crecimiento. El pájaro trae detrás organismo,
necesidad, aprendizaje, entorno, momento.
Yo traigo detrás cuerpo, biografía, cansancio, memoria, deseo, atención,
pensamientos, estado actual. Entonces,
cuando digo: «Esto corresponde con
aquello» quizá estoy viendo
solamente los
dos extremos visibles de procesos muchísimo mayores. Y aquí aparece una pregunta
fundamental:
¿LA CORRESPONDENCIA ESTÁ ENTRE DOS COSAS
O
ENTRE DOS PROCESOS QUE DURANTE UN INSTANTE SE HACEN VISIBLES?
EL INSTANTE
PUEDE ENGAÑARNOS
Pienso en
alguien. Suena el teléfono. Es esa persona. Dos puntos: PENSAMIENTO — LLAMADA. La impresión puede ser enorme. Pero nosotros ya no podemos quedarnos
solamente ahí. Porque ahora sabemos
preguntar:
¿Qué llevaba ocurriendo en mí?
¿Por qué apareció aquella persona en mi
pensamiento?
¿Qué llevaba ocurriendo en ella? ¿Por
qué llamó?
¿Qué relación previa existe entre nosotros? ¿Había alguna rutina?
¿Alguna fecha? ¿Alguna expectativa?
¿Alguna información que yo hubiera captado?
¿Es frecuente que piense en esa persona?
¿Cuántas veces pienso en ella y no llama?
¿Y cuántas veces llama sin que yo hubiera
pensado antes en ella?
Esto no
destruye la correspondencia. La limpia.
Y si después
de limpiar todo lo explicable continúa apareciendo una coincidencia
extraordinariamente precisa... entonces
tendremos algo muchísimo más interesante que una impresión inicial.
PERO AHORA
MADRE TIERRA AÑADE UNA PREGUNTA
Los dos
acontecimientos ocurrieron aquí. No
uno dentro de un mundo mental independiente y otro en un mundo exterior
completamente separado.
Mi
pensamiento ocurrió en un organismo vivo.
La llamada ocurrió mediante otro ser humano vivo y una cadena material
de acontecimientos. Ambos
pertenecemos al mismo mundo. Entonces
vuelve aquella pregunta del principio:
¿HASTA QUÉ PUNTO TENEMOS DERECHO A
EMPEZAR SUPONIENDO QUE SON COMPLETAMENTE INDEPENDIENTES?
No estamos
diciendo que estén conectados. Eso
sería adelantarnos. Estamos diciendo:
NO
SABEMOS TODAVÍA QUÉ GRADO DE INDEPENDENCIA TIENEN. Y ésa es una posición completamente
distinta.
CORRESPONDENCIA
NO NECESITA MENSAJE
Éste es otro
paso decisivo. Encuentro una
correspondencia entre mi estado y algo que ocurre fuera. Inmediatamente puedo sentir: «Esto me está diciendo algo.» Quizá. Pero todavía no. Primero: HAY UNA CORRESPONDENCIA.
Después
investigaremos si existe relación. Después
veremos qué significado tiene para mí.
Después podremos preguntarnos si contiene información aprovechable. Y solamente mucho más tarde tendría
sentido hablar de mensaje. Porque:
QUE DOS COSAS CORRESPONDAN
NO
SIGNIFICA QUE UNA HAYA SIDO COLOCADA
PARA
QUE LA OTRA LA LEA.
Otra vez
estamos evitando convertir Madre Tierra en un oráculo.
Y, SIN
EMBARGO, LA CORRESPONDENCIA PUEDE ORIENTAR
Aquí
volvemos a tus pies. Vas caminando. No has decidido intelectualmente cada
paso. Pero después descubres: «Estoy yendo hacia allí.»
Tu
cansancio, el terreno, tu interés, aquello que has visto, quizá una intuición
espacial, la facilidad del camino... todo el conjunto ha participado. Y en un momento determinado descubres
correspondencia entre: por dónde vas y
hacia
dónde necesitabas ir.
No necesitas decir: «El camino me ha elegido.» Ni:
«Madre Tierra me ha enviado aquí.»
Puede bastar: «ME HE DESCUBIERTO BIEN
ENCAMINADO.»
Esta
expresión me parece extraordinariamente importante. Porque introduce una correspondencia que
no necesita ninguna magia: correspondencia entre
el movimiento del individuo y las posibilidades reales del terreno.
El peregrino
y el camino no son lo mismo. Pero
tampoco son independientes.
CAMINA PORQUE HAY CAMINO POSIBLE.
Y
EL CAMINO SE CONVIERTE EN SU CAMINO PORQUE ÉL LO RECORRE.
ESTAR BIEN
ENCAMINADO
Y aquí tu
observación da un paso todavía mayor.
A veces uno no sabe explicar intelectualmente hacia dónde va. Pero hay una especie de coherencia
creciente. El cuerpo responde bien. Los pasos continúan. Lo que encuentra permite continuar. Una cosa abre otra. No necesita forzar constantemente. Después mira hacia atrás y
descubre: «Claro... venía hacia
aquí.»
Cuidado:
mirar retrospectivamente también puede fabricar historias demasiado perfectas. Por eso seguiremos contrastando.
Pero tampoco
debemos despreciar la posibilidad de que el conjunto de una persona disponga de
más información que la parte de ella que en ese instante puede verbalizarla. Quizá algunas veces la conciencia
llega después y pone palabras: «Ahora comprendo hacia dónde estaba
yendo.»
CORRESPONDENCIA
Y VIDA
Ahora
ampliemos todavía más. Un organismo
necesita que exista cierta correspondencia entre él y su entorno. Necesita aire que pueda respirar. Agua que pueda incorporar. Temperaturas compatibles. Alimentos utilizables.
Condiciones
donde su organismo pueda funcionar. Entonces
la correspondencia deja de ser un fenómeno raro. En cierto sentido elemental:
ESTAMOS VIVOS PORQUE EXISTEN CORRESPONDENCIAS.
No cualquier
organismo puede vivir en cualquier condición. No cualquier semilla crece en cualquier
lugar. No cualquier conducta permite
continuar indefinidamente. Vida
y entorno tienen que encontrarse dentro de determinados márgenes.
Por eso la
correspondencia extraordinaria que más adelante llamaremos sincrónica aparece
sobre un fondo inmenso de correspondencias ordinarias que hacen
posible nuestra existencia. Y
otra vez surge la pregunta:
¿CÓMO HEMOS PODIDO CONSIDERAR EXTRAÑA
TODA CORRESPONDENCIA
SI
NUESTRA PROPIA VIDA DEPENDE CONTINUAMENTE DE ELLAS?
AHORA
EMPIEZA A CAMBIAR «DENTRO» Y «FUERA»
Esto será
importantísimo. Decimos: mundo interior y
mundo
exterior. Como herramientas pueden servir.
Pero Madre
Tierra nos obliga a recordar: mi
«mundo interior» está ocurriendo dentro de un organismo que pertenece al
llamado mundo exterior.
Pensamiento. Emoción.
Memoria. Sueño. Sensación. Todos necesitan un ser vivo. Entonces la frontera interior/exterior
continúa siendo útil, pero ya no puede convertirse automáticamente en:
DOS
MUNDOS INDEPENDIENTES.
Y cuando
Jung nos diga más adelante que una situación psíquica coincide
significativamente con un acontecimiento exterior, tendremos preparada una
pregunta que quizá cambia toda la perspectiva: ¿EXTERIOR A QUÉ?
No exterior
a Madre Tierra. No exterior a la
vida. No exterior al conjunto en el
que ambos acontecimientos han sido posibles.
Exterior, en todo caso, a los límites con los que ese individuo
organiza su experiencia. Y
eso es muy diferente.
EL
PEREGRINO NO BUSCA CORRESPONDENCIAS
Ésta sería
la disciplina. No salir diciendo:
«Hoy voy a encontrar señales.» «Hoy Madre Tierra me responderá.»
«Voy a comprobar qué significa aquel pájaro.» No.
El peregrino
camina. Observa. Recibe.
Compara. Recuerda. Registra.
Y algunas
veces descubre: ESTO CORRESPONDE CON
AQUELLO. Entonces se detiene. No para creer. No para negar. Para mirar mejor.
Quizá
podamos dejar una fórmula provisional:
COINCIDIR ES APARECER JUNTOS.
CORRESPONDER ES QUE ENTRE LO QUE APARECE
JUNTOS PUEDA RECONOCERSE ALGUNA RELACIÓN.
EXPLICAR ESA RELACIÓN ES UN PASO
POSTERIOR.
Y todavía
añadiría una última línea:
NO TODA CORRESPONDENCIA TIENE QUE DECIRME
ALGO.
PERO
TODA CORRESPONDENCIA BIEN OBSERVADA PUEDE ENSEÑARME ALGO SOBRE LA REALIDAD EN
LA QUE ESTOY.
Porque quizá
ésa sea la gran transformación que se está produciendo: al principio buscábamos sincronicidades. Y sin darnos cuenta estamos aprendiendo
primero a estar
presentes en un mundo donde continuamente ocurren relaciones.
Y ahora el 16. ¿Comunicación o
interpretación?
llega justo en el momento necesario. Porque ya tenemos señales y
correspondencias. La pregunta peligrosa —y magnífica— es la siguiente: cuando yo siento que
«algo me ha hablado», ¿qué parte estaba en lo ocurrido y qué parte nació al
recibirlo yo?
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