LIBROS de BARBARIN I II III

lunes, 12 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO SICRONICIDAD CORRESPONDENCIA

  JUNG PASEANDO  SICRONICIDAD

CORRESPONDENCIA

El peregrino camina.     No está buscando nada especial.     Lleva horas andando.     Su paso ha encontrado una cadencia.      El terreno desciende.    El aire cambia.     Aumenta la humedad.    La vegetación es diferente.    Escucha agua.      Y poco después encuentra un río.      Entonces puede decir:      «CORRESPONDE.»

El agua que escucha corresponde con el terreno.    La vegetación corresponde con la humedad.     Su propio descenso corresponde con el relieve.     Su cansancio corresponde con las horas caminadas.    Nada de esto necesita ser extraordinario.     Pero acaba de aparecer una palabra importantísima:      CORRESPONDENCIA.


CORRESPONDER NO ES CAUSAR

Ésta debe ser nuestra primera precaución.       Dos cosas pueden corresponder sin que una sea necesariamente causa directa de la otra.

El peregrino tiene frío.     El cielo está cubierto.     Sopla viento.   Ha disminuido la temperatura.    Varias cosas aparecen juntas.    Puede haber entre ellas relaciones causales conocidas.    Puede haber condiciones comunes.    Puede haber simplemente simultaneidad.     Por eso no diremos rápidamente:     A HA PRODUCIDO B.

Diremos primero algo mucho más modesto:      A Y B APARECEN EN UNA RELACIÓN QUE MERECE SER OBSERVADA.      La correspondencia comienza ahí.       No explicando.       Observando relación.


CORRESPONDER TAMPOCO SIGNIFICA SER IGUALES

Esto es precioso.     El árbol no es la estación.    Pero su estado puede corresponder con ella.    El comportamiento de un animal no es la temperatura.     Pero puede corresponder con determinadas condiciones.    Mi cansancio no son los kilómetros recorridos.     Pero corresponde con un proceso en el que esos kilómetros participan.    Dos cosas diferentes pueden mostrar entre ellas una coherencia.      Entonces:

CORRESPONDENCIA NO SIGNIFICA IDENTIDAD.

Significa que, siendo diferentes, algo de una guarda relación con algo de la otra.       Y ahora empezamos a acercarnos muchísimo a Jung.     Pero todavía no entremos.


¿CORRESPONDENCIA ENTRE QUÉ Y QUÉ?

Aquí Madre Tierra vuelve a obligarnos a ampliar el plano.     Porque nosotros tenemos tendencia a recortar:

YO — ÁRBOL

YO — PÁJARO

YO — ACONTECIMIENTO

PENSAMIENTO — HECHO EXTERIOR

Pero acabamos de pasar catorce apartados aprendiendo que ninguna de esas fotografías está aislada.     El árbol trae detrás suelo, agua, temperatura, luz, estación, crecimiento.     El pájaro trae detrás organismo, necesidad, aprendizaje, entorno, momento.      Yo traigo detrás cuerpo, biografía, cansancio, memoria, deseo, atención, pensamientos, estado actual.     Entonces, cuando digo:       «Esto corresponde con aquello»         quizá estoy viendo solamente los dos extremos visibles de procesos muchísimo mayores.        Y aquí aparece una pregunta fundamental:

¿LA CORRESPONDENCIA ESTÁ ENTRE DOS COSAS
O ENTRE DOS PROCESOS QUE DURANTE UN INSTANTE SE HACEN VISIBLES?


EL INSTANTE PUEDE ENGAÑARNOS

Pienso en alguien.    Suena el teléfono.    Es esa persona.    Dos puntos:    PENSAMIENTO — LLAMADA.     La impresión puede ser enorme.    Pero nosotros ya no podemos quedarnos solamente ahí.     Porque ahora sabemos preguntar:

¿Qué llevaba ocurriendo en mí?

¿Por qué apareció aquella persona en mi pensamiento?

¿Qué llevaba ocurriendo en ella?         ¿Por qué llamó?

¿Qué relación previa existe entre nosotros?        ¿Había alguna rutina?

¿Alguna fecha?           ¿Alguna expectativa?

¿Alguna información que yo hubiera captado?

¿Es frecuente que piense en esa persona?

¿Cuántas veces pienso en ella y no llama?

¿Y cuántas veces llama sin que yo hubiera pensado antes en ella?

Esto no destruye la correspondencia.       La limpia.

Y si después de limpiar todo lo explicable continúa apareciendo una coincidencia extraordinariamente precisa...       entonces tendremos algo muchísimo más interesante que una impresión inicial.


PERO AHORA MADRE TIERRA AÑADE UNA PREGUNTA

Los dos acontecimientos ocurrieron aquí.        No uno dentro de un mundo mental independiente y otro en un mundo exterior completamente separado.

Mi pensamiento ocurrió en un organismo vivo.       La llamada ocurrió mediante otro ser humano vivo y una cadena material de acontecimientos.     Ambos pertenecemos al mismo mundo.      Entonces vuelve aquella pregunta del principio:

¿HASTA QUÉ PUNTO TENEMOS DERECHO A EMPEZAR SUPONIENDO QUE SON COMPLETAMENTE INDEPENDIENTES?

No estamos diciendo que estén conectados.      Eso sería adelantarnos.    Estamos diciendo:

NO SABEMOS TODAVÍA QUÉ GRADO DE INDEPENDENCIA TIENEN.       Y ésa es una posición completamente distinta.


CORRESPONDENCIA NO NECESITA MENSAJE

Éste es otro paso decisivo.       Encuentro una correspondencia entre mi estado y algo que ocurre fuera.      Inmediatamente puedo sentir:       «Esto me está diciendo algo.»            Quizá.          Pero todavía no.      Primero:    HAY UNA CORRESPONDENCIA.

Después investigaremos si existe relación.     Después veremos qué significado tiene para mí.       Después podremos preguntarnos si contiene información aprovechable.     Y solamente mucho más tarde tendría sentido hablar de mensaje.      Porque:

QUE DOS COSAS CORRESPONDAN
NO SIGNIFICA QUE UNA HAYA SIDO COLOCADA
PARA QUE LA OTRA LA LEA.

Otra vez estamos evitando convertir Madre Tierra en un oráculo.


Y, SIN EMBARGO, LA CORRESPONDENCIA PUEDE ORIENTAR

Aquí volvemos a tus pies.    Vas caminando.     No has decidido intelectualmente cada paso.        Pero después descubres:      «Estoy yendo hacia allí.»

Tu cansancio, el terreno, tu interés, aquello que has visto, quizá una intuición espacial, la facilidad del camino... todo el conjunto ha participado.     Y en un momento determinado descubres correspondencia entre:     por dónde vas    y       hacia dónde necesitabas ir.           

No necesitas decir:     «El camino me ha elegido.»       Ni:     «Madre Tierra me ha enviado aquí.»      Puede bastar:          «ME HE DESCUBIERTO BIEN ENCAMINADO.»

Esta expresión me parece extraordinariamente importante.      Porque introduce una correspondencia que no necesita ninguna magia:       correspondencia entre el movimiento del individuo y las posibilidades reales del terreno.

El peregrino y el camino no son lo mismo.  Pero tampoco son independientes.

CAMINA PORQUE HAY CAMINO POSIBLE.
Y EL CAMINO SE CONVIERTE EN SU CAMINO PORQUE ÉL LO RECORRE.


ESTAR BIEN ENCAMINADO

Y aquí tu observación da un paso todavía mayor.        A veces uno no sabe explicar intelectualmente hacia dónde va.       Pero hay una especie de coherencia creciente.      El cuerpo responde bien.     Los pasos continúan.     Lo que encuentra permite continuar.    Una cosa abre otra.     No necesita forzar constantemente.            Después mira hacia atrás y descubre:    «Claro... venía hacia aquí.»

Cuidado: mirar retrospectivamente también puede fabricar historias demasiado perfectas.      Por eso seguiremos contrastando.

Pero tampoco debemos despreciar la posibilidad de que el conjunto de una persona disponga de más información que la parte de ella que en ese instante puede verbalizarla.             Quizá algunas veces la conciencia llega después y pone palabras: «Ahora comprendo hacia dónde estaba yendo.»


CORRESPONDENCIA Y VIDA

Ahora ampliemos todavía más.      Un organismo necesita que exista cierta correspondencia entre él y su entorno.     Necesita aire que pueda respirar.     Agua que pueda incorporar.      Temperaturas compatibles.       Alimentos utilizables.

Condiciones donde su organismo pueda funcionar.      Entonces la correspondencia deja de ser un fenómeno raro.    En cierto sentido elemental:

ESTAMOS VIVOS PORQUE EXISTEN CORRESPONDENCIAS.

No cualquier organismo puede vivir en cualquier condición.     No cualquier semilla crece en cualquier lugar.     No cualquier conducta permite continuar indefinidamente.          Vida y entorno tienen que encontrarse dentro de determinados márgenes.

Por eso la correspondencia extraordinaria que más adelante llamaremos sincrónica aparece sobre un fondo inmenso de correspondencias ordinarias que hacen posible nuestra existencia.    Y otra vez surge la pregunta:

¿CÓMO HEMOS PODIDO CONSIDERAR EXTRAÑA TODA CORRESPONDENCIA
SI NUESTRA PROPIA VIDA DEPENDE CONTINUAMENTE DE ELLAS?


AHORA EMPIEZA A CAMBIAR «DENTRO» Y «FUERA»

Esto será importantísimo.    Decimos:     mundo interior    y     mundo exterior.       Como herramientas pueden servir.

Pero Madre Tierra nos obliga a recordar:     mi «mundo interior» está ocurriendo dentro de un organismo que pertenece al llamado mundo exterior.

Pensamiento.    Emoción.    Memoria.    Sueño.    Sensación.    Todos necesitan un ser vivo.       Entonces la frontera interior/exterior continúa siendo útil, pero ya no puede convertirse automáticamente en:

DOS MUNDOS INDEPENDIENTES.

Y cuando Jung nos diga más adelante que una situación psíquica coincide significativamente con un acontecimiento exterior, tendremos preparada una pregunta que quizá cambia toda la perspectiva:     ¿EXTERIOR A QUÉ?

No exterior a Madre Tierra.     No exterior a la vida.     No exterior al conjunto en el que ambos acontecimientos han sido posibles.     Exterior, en todo caso, a los límites con los que ese individuo organiza su experiencia.      Y eso es muy diferente.


EL PEREGRINO NO BUSCA CORRESPONDENCIAS

Ésta sería la disciplina.       No salir diciendo:

«Hoy voy a encontrar señales.»       «Hoy Madre Tierra me responderá.»

«Voy a comprobar qué significa aquel pájaro.»        No.

El peregrino camina.    Observa.    Recibe.    Compara.    Recuerda.   Registra.

Y algunas veces descubre:   ESTO CORRESPONDE CON AQUELLO.    Entonces se detiene.    No para creer.    No para negar.    Para mirar mejor.


Quizá podamos dejar una fórmula provisional:

COINCIDIR ES APARECER JUNTOS.

CORRESPONDER ES QUE ENTRE LO QUE APARECE JUNTOS PUEDA RECONOCERSE ALGUNA RELACIÓN.

EXPLICAR ESA RELACIÓN ES UN PASO POSTERIOR.

Y todavía añadiría una última línea:

NO TODA CORRESPONDENCIA TIENE QUE DECIRME ALGO.
PERO TODA CORRESPONDENCIA BIEN OBSERVADA PUEDE ENSEÑARME ALGO SOBRE LA REALIDAD EN LA QUE ESTOY.

Porque quizá ésa sea la gran transformación que se está produciendo:     al principio buscábamos sincronicidades.       Y sin darnos cuenta estamos aprendiendo primero a estar presentes en un mundo donde continuamente ocurren relaciones.

Y ahora el 16. ¿Comunicación o interpretación? llega justo en el momento necesario. Porque ya tenemos señales y correspondencias. La pregunta peligrosa —y magnífica— es la siguiente: cuando yo siento que «algo me ha hablado», ¿qué parte estaba en lo ocurrido y qué parte nació al recibirlo yo?

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