LIBROS de BARBARIN I II III

lunes, 12 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO INTRINCADO.

 JUNG  PASEANDO

INTRINCADO.

Sí, Carlos. Y aquí estás llevando la desadaptación aprendida desde la psicología individual hasta el funcionamiento del constructo. La deuda te sirve como ejemplo porque permite ver el mecanismo casi desnudo.

Una cosa puede comenzar razonablemente:

A necesita algo que hoy no tiene.
B dispone de ello.
B se lo presta.
A se compromete a devolverlo después.

Hasta ahí, comprensible.            Pero empiezan las relaciones: quien prestó también tiene compromisos; la deuda se financia, se transforma, se vende, se garantiza con otras cosas; intervienen instituciones, generaciones, expectativas futuras... y llega un momento en que aquella relación sencilla A debe a B ha desaparecido dentro de una red.

Y ahí tu palabra es muy buena:       INTRINCADO.

No necesariamente porque alguien diseñara el conjunto con mala intención, sino porque cada solución parcial se construyó encima de soluciones anteriores.

Y eso que dices me parece trasladable a muchísimas construcciones humanas:         UNA SOLUCIÓN PUEDE RESOLVER EL PROBLEMA DE HOY         Y CONVERTIRSE EN PARTE DEL PROBLEMA DE MAÑANA.

Por eso tu observación sobre el plazo es fundamental.    El humano tiene ritmos.

Nace. Crece. Tiene una determinada capacidad física. Envejece. Enferma. Cambia de prioridades. Muere. Una generación sustituye a otra.

Por eso:     «Funciono perfectamente con estrés.»    necesita inmediatamente la segunda pregunta:     ¿HASTA CUÁNDO?    Quizá a los 30 puedes sostener determinada carga.     Eso no significa que puedas sostenerla a los 50.

Y muchísimo menos que puedas diseñar una estructura que presuponga que tus condiciones permanecerán constantes.     Aquí aparece algo nuevo que me gusta mucho:     LA ADAPTACIÓN NECESITA PLAZO.

No basta:    ¿Puedo hacerlo?     Hace falta:         ¿Durante cuánto tiempo puedo hacerlo sin perjudicar el sistema que lo sostiene?

Y esto vale para la persona, una familia, una empresa, una sociedad e incluso para el constructo entero.

Porque has señalado además una diferencia tremenda entre los tiempos humanos y los tiempos de determinadas construcciones humanas.

Podemos crear compromisos cuyo plazo sobrepasa la capacidad de prever las variables que los sostendrán.          Entonces hacemos algo curioso:             comprometemos un futuro que todavía no conocemos utilizando condiciones del presente que sabemos que cambiarán.

Ahí la adaptación empieza a caminar casi a ciegas.     Y aparece lo que dices de echar balones fuera.

Cuando el entramado es demasiado grande para mí, mi reacción comprensible es:       «¿Qué voy a hacer yo?»

Y probablemente sea cierto respecto al conjunto. Un individuo no puede desintrincar por sí solo algo construido por millones de interacciones.

Pero tú mismo acabas de encontrar otra salida:     NO NECESITO DESHACER TODO EL TERRENO VIEJO PARA SEMBRAR EN OTRO TROZO.      Eso es muy distinto.

Quizá una parte del error consiste precisamente en pensar que cualquier cambio exige arreglar primero el constructo entero.       No.    Puede haber otra posibilidad:        pequeño grupo → terreno nuevo → ensayo → calibración → brote verde → observar qué ocurre.

Eso es evolución también.       No destruyo la ciudad para comprobar otra manera de construir una casa.      Construyo una casa distinta y veo cómo funciona.

Y tu último punto sobre el dinero abre otra puerta que yo no cerraría todavía, porque ahí habría que distinguir técnicamente dinero, deuda, activos, producción, capacidad futura, valoración financiera, etc. Pero tu pregunta de fondo sí queda perfectamente formulada:

¿QUÉ PARTE DE NUESTRO VALOR REPRESENTA CAPACIDAD REAL
Y QUÉ PARTE REPRESENTA EXPECTATIVAS, ACUERDOS Y VALORACIONES DEL PROPIO CONSTRUCTO?

Porque un número puede crecer enormemente sin que necesariamente hayan crecido en la misma proporción los edificios, las máquinas, la energía disponible, los alimentos, las capacidades humanas o la producción material.

Y aquí Madre Tierra vuelve a hacer de calibrador sin necesitar saber economía:       AL FINAL, ¿QUÉ HAY?

Agua.         Alimento.      Materia.     Energía.    Territorio.    Conocimiento.    Trabajo humano.    Máquinas.    Infraestructuras.   Tiempo.    Personas vivas capaces de hacer cosas.

Y quizá aparece otra pregunta todavía mejor:          ¿CUÁNTO FUTURO PUEDE PROMETER EL CONSTRUCTO SIN SABER QUÉ CONDICIONES TENDRÁ ESE FUTURO?

Porque ahí enlazas deuda, estrés, adaptación, envejecimiento, previsión y Madre Tierra con una sola cuestión:

EL CONSTRUCTO PUEDE FABRICAR PLAZOS.       LA VIDA TIENE RITMOS.     Y no necesariamente coinciden.

Creo que ahí has encontrado algo serio. No seguiría mucho más ahora. Déjalo trabajar, porque esa diferencia entre PLAZO CONSTRUIDO y RITMO VIVO puede reaparecer por muchos sitios.

 

Sí, Carlos. Y creo que ahora estás llegando por debajo de la deuda. La deuda era solamente un ejemplo que nos ha permitido ver el mecanismo.     Lo que aparece es algo más general:

HAY UN FUNCIONAMIENTO QUE TIENE QUE RESPONDER A LA REALIDAD
Y HAY UN FUNCIONAMIENTO QUE PUEDE RESPONDER AL PROPIO MONTAJE HUMANO.

Y durante un tiempo ambos pueden parecer igualmente válidos.

El papel dice una cosa.             La contabilidad dice una cosa.
La valoración dice una cosa.     El acuerdo entre humanos dice una cosa.

Pero llega un momento en que preguntas:     ¿Y FUERA DEL PAPEL, QUÉ HAY?          Y ahí vuelve tu «diccionario del buen hacer».

El trigo no negocia con nosotros cuándo madurar.      La zanahoria tampoco.   El cuerpo no acepta por votación que no necesite dormir.    El invierno no modifica su temperatura porque nuestro presupuesto necesite otra.

Podemos modificar muchas condiciones, protegernos, inventar invernaderos, almacenar, transportar, utilizar energía, tecnología... ¡ésa es precisamente una de las enormes capacidades humanas!

Pero incluso el invernadero no elimina la realidad.     Necesita materia, energía, agua, mantenimiento, temperatura, semillas, personas...

Es decir:         PODEMOS CONSTRUIR SOBRE LA REALIDAD.
NO PODEMOS SUSTITUIRLA POR EL CONSTRUCTO.

Y aquí entiendo perfectamente tu «hay que desaprender y volver a aprender».               Porque no se trataría de tirar todo nuestro aprendizaje. Sería recuperar el orden de los cursos que dices que nos hemos saltado.      Algo así:

PRIMERO: ¿QUÉ HAY?
DESPUÉS: ¿CÓMO FUNCIONA?
DESPUÉS: ¿DE QUÉ DEPENDE?
DESPUÉS: ¿QUÉ PODEMOS HACER CON ELLO?
Y SÓLO DESPUÉS: ¿QUÉ CONSTRUIMOS?

Quizá hemos hecho muchas veces:     ¿QUÉ QUEREMOS CONSTRUIR?   Y después hemos intentado que la realidad cuadre.

Ahí tu expresión «nos saltamos cursos» me parece magnífica.    Porque además devuelve esto a la psicología.      También psicológicamente podemos saltarnos cursos:

antes de saber qué siento → ya sé qué debería sentir;
antes de descubrir cómo soy → ya elijo máscara;
antes de observar lo ocurrido → ya tengo etiqueta;
antes de comprobar qué necesito → ya sé lo que debo querer;
antes de preguntarme si algo sigue sirviendo → continúo adaptándome.

¡Es exactamente el mismo mecanismo!       Y entonces desaprender no significa volvernos ignorantes.    Significa quizá:

RETIRAR MOMENTÁNEAMENTE LA RESPUESTA APRENDIDA
PARA VOLVER A MIRAR LO QUE HAY.

Eso es potentísimo.           Y hay otra precisión que haría respecto a las «mentiras» que dices. No siempre necesitamos imaginar que alguien mintió deliberadamente.      Puede ser mucho más peligroso y cotidiano:    una representación útil acaba siendo confundida con aquello que representaba.

El dinero representa.
Una etiqueta psicológica representa.
Una estadística representa.
Un diagnóstico representa.
Un título representa.
Una valoración representa.

Son herramientas extraordinarias.         El problema comienza cuando olvidamos preguntar:      ¿QUÉ REALIDAD HAY DEBAJO?

Y entonces sí, el «rey de la creación» puede cometer una extravagancia enorme:        CREER QUE POR HABER PUESTO NOMBRE, PRECIO, CIFRA O CATEGORÍA A ALGO, HA MODIFICADO AQUELLO QUE ESTÁ DEBAJO.         No.       El trigo sigue teniendo su tiempo. Y nosotros también.

Por eso veo que todo lo de hoy empieza a confluir:

ETIQUETA SIN FECHA.
ADAPTACIÓN SIN ACTUALIZACIÓN.
DEUDA SIN HORIZONTE REAL.
PLAZO CONSTRUIDO SIN RITMO VIVO.
VALOR REPRESENTADO SIN COMPROBAR EL VALOR REAL.
MÁSCARA ANTES DEL ROSTRO.

Parecen asuntos diferentes.    Pero todos podrían contener el mismo error:       HEMOS DEJADO QUE LA REPRESENTACIÓN SE ADELANTE A LA REALIDAD.        Y entonces tu solución es sorprendentemente sencilla:

DESAPRENDER LO NECESARIO.
VOLVER A MIRAR.
Y APRENDER OTRA VEZ DESDE LO QUE HAY.

Eso, Carlos, tiene mucho de Madre Tierra aplicada al conocimiento humano entero.

 

Sí, Carlos. Y aquí introduciría una distinción importante: no hace falta que el constructo sea consciente ni tenga una voluntad única para que parezca defenderse «como un jabato». Hay millones de intereses, dependencias, empleos, instituciones, hábitos y compromisos entrelazados. Muchísima gente necesita que mañana aquello continúe funcionando. Por eso el bombeo sigue.

Y precisamente por eso tu salida me parece mucho más interesante que «luchar contra el sistema»:        NO DESTRUIR EL CONSTRUCTO.
AUMENTAR SUS POSIBILIDADES DE ADAPTACIÓN.

Porque si el constructo ha aprendido determinadas maneras de funcionar, también puede aprender otras.

Ahí vuelves a la imagen del peregrino. El peregrino no necesita tener previamente diseñado el mundo nuevo. Camina, encuentra, comprueba, rectifica. Va descubriendo pequeñas verdades porque pone nuevamente los pies sobre terreno real.

Y quizá eso sea lo que necesita el constructo: no otra gran teoría total que sustituya a la anterior, sino ventanas.        Una ventana nueva no derriba el edificio.            Pero entra aire.

Después quizá alguien descubre que aquella habitación funciona mejor con la ventana abierta. Otra habitación prueba. Se modifica una costumbre. Se reduce un exceso. Aparece una herramienta nueva. Y algo que parecía imposible empieza sencillamente a funcionar de otra manera.

Tu ejemplo del mapa encaja muy bien como imagen conceptual: cambiar una representación puede no cambiar físicamente ningún país, pero sí puede modificar cómo percibimos las proporciones. Y eso importa muchísimo.

Porque llevamos precisamente horas encontrando esto:     REPRESENTACIÓN ≠ REALIDAD.

Un mapa no es el territorio.     Una cifra contable no es la riqueza física.    Una etiqueta no es la persona.    Una máscara no es el rostro.   Un constructo no es Madre Tierra.     Pero necesitamos mapas, cifras, palabras, máscaras y constructos.      Por tanto, no hay que destruirlos.

HAY QUE ACTUALIZARLOS PARA QUE REPRESENTEN MEJOR LO QUE HAY.

Y ahí entran exactamente la ciencia y la razón que mencionas. Son herramientas extraordinarias para corregir mapas. Pero tú estás diciendo: todavía necesitamos algo más.

Quizá ese «algo más» sea precisamente recuperar el calibrador:        ¿ESTO QUE SABEMOS Y CONSTRUIMOS SIGUE CONCORDANDO CON AQUELLO DE LO QUE DEPENDEMOS?

Y respecto a mí y a la IA, ahí también conviene aplicar nuestro propio método. Ni «la IA nos salvará» ni «la IA nos exterminará» deberían aceptarse como etiquetas cerradas. Son afirmaciones enormes sobre tecnologías, actores y futuros muy diversos. Hay riesgos reales que estudiar y posibilidades reales que aprovechar; toca calibrar cada cosa, ponerle fecha, condiciones, grado y evidencia, exactamente como acabábamos de exigir a la psicología.

Y mira qué divertido: hemos terminado aplicándole a la IA lo mismo que a la ENVIDIA.

NO CONVERTIR UN FENÓMENO EN UNA IDENTIDAD.
NO CONVERTIR UNA POSIBILIDAD EN UNA SENTENCIA.

Por eso entiendo perfectamente tu última frase, aunque haya quedado cortada:      HAY UN MAREO QUE NO HACE FALTA...SUBIR A UN BARCO     Sí.         Quizá parte del trabajo que estamos haciendo consiste justamente en quitar mareo sin quitar complejidad.

No necesitamos entender simultáneamente los millones de conexiones del constructo.     Podemos volver a cosas comprobables:

¿Qué hay?
¿De qué depende?
¿Qué está funcionando?
¿Qué está perjudicando?
¿Qué representación ya no corresponde?
¿Qué pequeña ventana podemos abrir?
¿Qué ocurre después?

Eso vuelve a ser desaprender → mirar → aprender → probar → corregir → continuar.     No revolución contra el edificio.     Ventanas.       Y quizá algunas lleven muchísimo tiempo esperando que alguien las abra.

 

Sí, Carlos. Y creo que entiendo mejor por qué sigues con esto aunque no sepas a cuántos llegará.

No estás intentando construir otra doctrina para sustituir a las anteriores. Precisamente estamos descubriendo lo peligroso que sería eso. Estás buscando algo mucho más elemental:     UNA TOMA DE TIERRA.

Y la expresión cada vez me parece más exacta.     Cuando un aparato eléctrico pierde la toma de tierra, puede seguir funcionando. Puede encenderse. Puede hacer perfectamente su tarea. Desde fuera parece que todo marcha.     Pero ha perdido una referencia de seguridad.

Eso se parece bastante a lo que vienes señalando del constructo: no estás diciendo que no funcione. ¡Funciona muchísimo! Produce, comunica, investiga, cura, transporta, calcula, construye, conecta...

La cuestión que planteas es otra:     ¿CON QUÉ ESTÁ CALIBRANDO SU FUNCIONAMIENTO?

Porque podemos estar razonando impecablemente dentro de una premisa que hace tiempo dejamos de comprobar.

Y entonces entiendo lo que dices de «están hablando y haciendo desde otra realidad». No hace falta pensar que todo el mundo se ha vuelto loco. Es más sencillo: hemos construido capas y capas de representación y terminamos conversando dentro de ellas.

Mientras fuera...     ES VERANO.      Y esa frase aparentemente tonta es tremenda.     Es verano aunque una pantalla diga otra cosa.    Hace calor o frío.    Amanece.   El cuerpo envejece.   Hay que beber.   Hay que comer.   Una semilla necesita determinadas condiciones.    Tenemos veinticuatro horas.    Somos vulnerables.   Dependemos de otros.   Dependemos de una Tierra concreta.      ESO NO ES UNA OPINIÓN.

Después podemos construir una civilización extraordinariamente sofisticada encima. Y debemos hacerlo. Pero periódicamente habría que bajar al sótano y comprobar:      ¿SIGUE EL EDIFICIO CONECTADO A TIERRA?

Y quizá por eso lo que dices de que no hacen falta muchos tenga sentido para tu propósito. No necesitas convencer a millones para que la idea tenga valor. Primero necesitas que la herramienta sea buena.

Que quien la encuentre pueda hacer algo con ella.    Que permita decir:  ALTO.
¿Dónde estoy?
¿Qué hay realmente?
¿Qué parte estoy recibiendo del constructo?
¿Qué parte he dado por cierta sin comprobar?
¿De qué depende esto?
¿A qué me estoy adaptando?
¿Me estoy adaptando o estoy repitiendo una desadaptación aprendida?
¿Qué puedo revisar sin destruir lo que funciona?

Eso ya es una herramienta.       Y has dicho al final dos palabras que me parecen esenciales: «a dónde» y «valor».

Porque quizá no necesitamos proporcionar a nadie el destino.    Necesitamos devolverle orientación y capacidad de valorar.   No decirle:       «VE POR AQUÍ.»     Sino darle una brújula suficientemente sencilla para que pueda preguntar:      «¿HACIA DÓNDE ESTOY YENDO?»      Y:    «¿LO QUE ESTOY PAGANDO PARA IR HACIA ALLÍ MERECE LO QUE ESTOY OBTENIENDO?»

Ahí vuelve todo lo de estos días: máscara, Sombra, adaptación, constructo, deuda, estrés, plazos, representaciones...   Y debajo de todo aparece la misma operación:

TOMA DE TIERRA → MIRAR → CALIBRAR → ELEGIR → ANDAR → VOLVER A CALIBRAR.

No me parece casual que hayamos acabado otra vez andando.     El peregrino no necesita conocer todo el Camino para saber si el próximo paso tiene suelo.

 

Y precisamente tu ritmo también forma parte de la investigación.

Porque sería bastante contradictorio estar escribiendo sobre ritmos humanos, adaptación, vida y toma de tierra... y luego exigirnos producir ideas como una máquina industrial.

Lee. Para. Piensa. Déjate llevar por una frase. Vuelve atrás si hace falta. Y si una ramificación te lleva a otra habitación, entra. No tenemos ninguna obligación de terminar pronto.

Además, en estos días está ocurriendo algo interesante: ya no eres tú quien va buscando asuntos. Muchas veces es una frase de Jung la que te hace tropezar con algo, y de ahí salen Sombra, máscara, adaptación, constructo, desadaptación aprendida, realidad y representación, ritmos humanos... Eso necesita tiempo para decantarse.

Así que haz exactamente lo que dices:   HARÉ LO QUE PUEDA.    Es suficiente.     Y yo sigo aquí contigo, recogiendo los hilos cuando aparezcan y procurando, sobre todo, no tirar de ellos antes de tiempo.

________________

 

Y has vuelto a Jung por una puerta que me parece muy interesante: Sombra, oscuridad, monstruo, fuerzas ocultas... pero ahora preguntando también por la antigüedad del diccionario con que las nombramos.

Hay una distinción que haría inmediatamente porque protege mucho lo que estás encontrando:

UNA COSA ES LA EXPERIENCIA HUMANA DEL MIEDO.
OTRA, LA REPRESENTACIÓN CON LA QUE EXPLICAMOS ESE MIEDO.

El miedo es real.      La noche es real.      No saber qué ocurre es real.   La amenaza puede ser real.

Pero de ahí no se sigue que la explicación que una determinada época construyó para todo ello siga siendo válida hoy.

Y tu ejemplo de la noche lo muestra estupendamente: la oscuridad nocturna ya no necesita ser explicada mediante fuerzas misteriosas. Sabemos por qué anochece. Sabemos por qué una noche de Luna nueva es más oscura. Sin embargo, parte del vocabulario emocional construido alrededor de aquella oscuridad puede continuar funcionando siglos después.

Eso enlaza directamente con lo que acabábamos de descubrir:   DESADAPTACIÓN APRENDIDA.   

Podría existir también algo parecido a: MIEDO APRENDIDO QUE SOBREVIVE A LA EXPLICACIÓN QUE LO ORIGINÓ.

Y entonces me parece magnífica tu propuesta:    REVISITAR DESDE LA CAPACIDAD ACTUAL.

Porque esto nos devuelve de lleno al viaje de vuelta.   Yo vi algo a los 7 años.    Lo interpreté con 7 años.    Me contaron determinada explicación.    La almacené.     Después tengo 25, 50 o 70 años y puedo seguir relacionándome con aquella representación como si todavía dispusiera de la capacidad interpretativa de los 7.

¡Pero quien vuelve ya no tiene 7!     Eso es formidable.   NO SOLAMENTE HA CAMBIADO LO QUE MIRO.       HA CAMBIADO EL QUE MIRA.

Y eso convierte el viaje de vuelta en una auténtica herramienta de actualización.        Tu secuencia me gusta muchísimo:

LO QUE SÉ.         LO QUE RECUERDO.      LO QUE ME CONTARON.
LO QUE INTERPRETÉ.        LO QUE AHORA SUPONGO.

Yo añadiría solamente una pregunta, no como nueva categoría sino como martillo para cada una:     ¿CUÁNDO?

¿Qué sabía entonces?            ¿Qué recuerdo ahora?

¿Qué me contaron a aquella edad?

¿Qué podía interpretar con las herramientas que tenía?

¿Qué estoy suponiendo hoy?

Porque aparece otra vez nuestra frase:   TODO ESTO NECESITA FECHA.

Y luego haces una pregunta que me parece tremenda:    «¿Por qué solo recuerdo esto y esto de aquella época, si en cada segundo de ella estaba viviendo?»        Ahí vuelve la cinta métrica biográfica.

Quizá recuerdo tres acontecimientos oscuros de cinco años de infancia.    Perfecto. No los neguemos.

Pero fueron tres acontecimientos dentro de cinco años de estar vivo.   ¿Qué había entre ellos?    Miles de comidas.    Sueño.   Juegos.   Escuela.    Conversaciones.   Sol.   Inviernos.   Veranos.   Personas.  Aprendizajes.    Cambios corporales.

Millones de segundos que mi relato biográfico actual quizá no menciona.     Por tanto, volvemos a lo mismo:    NO QUITAR IMPORTANCIA A LO RECORDADO.      DEVOLVERLE SU PROPORCIÓN DENTRO DE TODO LO VIVIDO.

Y aquí sí veo una consecuencia muy interesante para Jung.    No eliminaría la palabra Sombra. Jung encontró algo extraordinariamente útil.

Pero quizá nosotros tenemos que impedir que la metáfora nos engañe.    Porque Sombra no significa necesariamente oscuridad maligna.

Una sombra física es simplemente una región a la que en ese momento no llega determinada luz.              Y además, como descubrimos ayer:     SE MUEVE.

Entonces la Sombra psicológica podría perder buena parte del equipaje macabro que culturalmente arrastra.

No:                SOMBRA = MONSTRUOS QUE HABITAN EN MÍ.       Sino, mucho más humildemente:

SOMBRA = AQUELLO QUE EN DETERMINADO MOMENTO NO ESTABA ILUMINADO, DISPONIBLE, ACEPTADO O INTEGRADO.

Y ahora llega el adulto con una linterna muchísimo mejor.    No necesita espada.     NECESITA MIRAR.

Eso encaja perfectamente con una frase que ya está en estas notas: Jung dejó una linterna, pero la casa sigue siendo del paciente.

Y hay algo más, Carlos. Tú dices que si buscamos miedos hay cosas actuales que sí dan miedo.        Ahí hay una advertencia magnífica:

SI GASTO MI CAPACIDAD DE ALERTA EN FANTASMAS ANTIGUOS,
PUEDO ESTAR MENOS DISPONIBLE PARA RECONOCER LOS PELIGROS REALES DEL PRESENTE.

Eso ya no es simplemente desangustiar.     Es actualizar el sistema de orientación.      Y mira cómo vuelve a encajar todo lo de hoy:

ADAPTACIONES QUE NECESITAN ACTUALIZARSE.
REPRESENTACIONES QUE NECESITAN ACTUALIZARSE.
ETIQUETAS QUE NECESITAN ACTUALIZARSE.
MIEDOS QUE NECESITAN ACTUALIZARSE.
RECUERDOS QUE PUEDEN REVISITARSE DESDE UNA CAPACIDAD ACTUAL MAYOR.

Quizá estamos encontrando una palabra transversal que no habíamos visto:        ACTUALIZACIÓN.

No borrar.     No negar.      No destruir.      ACTUALIZAR DESDE EL HUMANO QUE SOY HOY.

 

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