JUNG PASEANDO
INTRINCADO.
Sí, Carlos. Y aquí estás llevando la desadaptación
aprendida
desde la psicología individual hasta el funcionamiento del constructo. La deuda
te sirve como ejemplo porque permite ver el mecanismo casi desnudo.
Una cosa
puede comenzar razonablemente:
A necesita algo que hoy no
tiene.
B
dispone de ello.
B se lo
presta.
A se
compromete a devolverlo después.
Hasta ahí,
comprensible. Pero empiezan
las relaciones: quien prestó también tiene compromisos; la deuda se financia,
se transforma, se vende, se garantiza con otras cosas; intervienen instituciones,
generaciones, expectativas futuras... y llega un momento en que aquella
relación sencilla A debe a B ha desaparecido
dentro de una red.
Y ahí tu
palabra es muy buena: INTRINCADO.
No
necesariamente porque alguien diseñara el conjunto con mala intención, sino
porque cada solución parcial se construyó encima de soluciones
anteriores.
Y eso que
dices me parece trasladable a muchísimas construcciones humanas: UNA SOLUCIÓN PUEDE
RESOLVER EL PROBLEMA DE HOY Y
CONVERTIRSE EN PARTE DEL PROBLEMA DE MAÑANA.
Por eso tu
observación sobre el plazo es fundamental. El humano tiene ritmos.
Nace. Crece.
Tiene una determinada capacidad física. Envejece. Enferma. Cambia de
prioridades. Muere. Una generación sustituye a otra.
Por eso: «Funciono perfectamente
con estrés.» necesita
inmediatamente la segunda pregunta: ¿HASTA
CUÁNDO? Quizá a los 30 puedes
sostener determinada carga. Eso no
significa que puedas sostenerla a los 50.
Y muchísimo
menos que puedas diseñar una estructura que presuponga que tus
condiciones permanecerán constantes. Aquí
aparece algo nuevo que me gusta mucho:
LA ADAPTACIÓN NECESITA PLAZO.
No basta: ¿Puedo hacerlo? Hace falta: ¿Durante cuánto
tiempo puedo hacerlo sin perjudicar el sistema que lo sostiene?
Y esto vale
para la persona, una familia, una empresa, una sociedad e incluso para el
constructo entero.
Porque has
señalado además una diferencia tremenda entre los
tiempos humanos y los tiempos de determinadas construcciones humanas.
Podemos
crear compromisos cuyo plazo sobrepasa la capacidad de prever las variables que
los sostendrán. Entonces hacemos
algo curioso: comprometemos
un futuro que todavía no conocemos utilizando condiciones del presente que
sabemos que cambiarán.
Ahí la
adaptación empieza a caminar casi a ciegas.
Y aparece lo que dices de echar balones fuera.
Cuando el
entramado es demasiado grande para mí, mi reacción comprensible es: «¿Qué voy a hacer yo?»
Y
probablemente sea cierto respecto al conjunto. Un individuo no puede
desintrincar por sí solo algo construido por millones de interacciones.
Pero tú
mismo acabas de encontrar otra salida:
NO NECESITO DESHACER TODO EL TERRENO VIEJO PARA SEMBRAR EN
OTRO TROZO. Eso es muy distinto.
Quizá una
parte del error consiste precisamente en pensar que cualquier cambio exige arreglar
primero el constructo entero.
No. Puede haber otra
posibilidad: pequeño
grupo → terreno nuevo → ensayo → calibración → brote verde → observar qué ocurre.
Eso es
evolución también. No destruyo la
ciudad para comprobar otra manera de construir una casa. Construyo una casa
distinta y veo cómo funciona.
Y tu último
punto sobre el dinero abre otra puerta que yo no cerraría todavía, porque ahí habría
que distinguir técnicamente dinero, deuda, activos, producción, capacidad
futura, valoración financiera, etc. Pero tu pregunta de fondo sí queda
perfectamente formulada:
¿QUÉ PARTE DE NUESTRO VALOR REPRESENTA CAPACIDAD REAL
Y QUÉ
PARTE REPRESENTA EXPECTATIVAS, ACUERDOS Y VALORACIONES DEL PROPIO CONSTRUCTO?
Porque un
número puede crecer enormemente sin que necesariamente hayan crecido en la
misma proporción los edificios, las máquinas, la energía disponible, los
alimentos, las capacidades humanas o la producción material.
Y aquí Madre
Tierra vuelve a hacer de calibrador sin necesitar saber economía: AL FINAL, ¿QUÉ HAY?
Agua. Alimento. Materia. Energía.
Territorio. Conocimiento. Trabajo humano. Máquinas.
Infraestructuras. Tiempo. Personas vivas capaces de hacer cosas.
Y quizá
aparece otra pregunta todavía mejor:
¿CUÁNTO FUTURO PUEDE PROMETER EL CONSTRUCTO SIN SABER QUÉ
CONDICIONES TENDRÁ ESE FUTURO?
Porque ahí
enlazas deuda, estrés, adaptación, envejecimiento, previsión y Madre Tierra con
una sola cuestión:
EL CONSTRUCTO PUEDE FABRICAR PLAZOS. LA VIDA TIENE RITMOS. Y no necesariamente coinciden.
Creo que ahí
has encontrado algo serio. No seguiría mucho más ahora. Déjalo trabajar, porque
esa diferencia entre PLAZO CONSTRUIDO y RITMO VIVO puede reaparecer por
muchos sitios.
Sí, Carlos. Y
creo que ahora estás llegando por debajo de la deuda. La deuda era solamente un ejemplo que nos ha permitido
ver el mecanismo. Lo que aparece es
algo más general:
HAY UN FUNCIONAMIENTO QUE TIENE QUE RESPONDER A LA REALIDAD
Y HAY UN FUNCIONAMIENTO QUE PUEDE RESPONDER AL PROPIO MONTAJE HUMANO.
Y durante un
tiempo ambos pueden parecer igualmente válidos.
El papel dice una
cosa. La contabilidad dice
una cosa.
La valoración dice una cosa. El
acuerdo entre humanos dice una cosa.
Pero llega un
momento en que preguntas: ¿Y FUERA DEL PAPEL, QUÉ HAY?
Y ahí vuelve tu «diccionario del
buen hacer».
El trigo no
negocia con nosotros cuándo madurar.
La zanahoria tampoco. El cuerpo
no acepta por votación que no necesite dormir. El invierno no modifica su temperatura
porque nuestro presupuesto necesite otra.
Podemos modificar
muchas condiciones, protegernos, inventar invernaderos, almacenar, transportar,
utilizar energía, tecnología... ¡ésa es precisamente una de las enormes
capacidades humanas!
Pero incluso el
invernadero no elimina la realidad. Necesita
materia, energía, agua, mantenimiento, temperatura, semillas, personas...
Es decir: PODEMOS
CONSTRUIR SOBRE LA REALIDAD.
NO PODEMOS SUSTITUIRLA POR EL CONSTRUCTO.
Y aquí entiendo
perfectamente tu «hay que desaprender y volver a
aprender». Porque no se trataría de tirar
todo nuestro aprendizaje. Sería recuperar el orden de los cursos que dices que
nos hemos saltado. Algo así:
PRIMERO: ¿QUÉ HAY?
DESPUÉS: ¿CÓMO FUNCIONA?
DESPUÉS: ¿DE QUÉ DEPENDE?
DESPUÉS: ¿QUÉ PODEMOS HACER CON ELLO?
Y SÓLO DESPUÉS: ¿QUÉ CONSTRUIMOS?
Quizá hemos hecho
muchas veces: ¿QUÉ QUEREMOS CONSTRUIR? Y después hemos intentado que la realidad cuadre.
Ahí tu expresión «nos saltamos cursos» me parece
magnífica. Porque además devuelve esto
a la psicología. También
psicológicamente podemos saltarnos cursos:
antes de saber
qué siento → ya sé qué debería sentir;
antes de descubrir cómo soy → ya elijo máscara;
antes de observar lo ocurrido → ya tengo etiqueta;
antes de comprobar qué necesito → ya sé lo que debo querer;
antes de preguntarme si algo sigue sirviendo → continúo adaptándome.
¡Es exactamente
el mismo mecanismo! Y entonces desaprender no significa
volvernos ignorantes. Significa quizá:
RETIRAR MOMENTÁNEAMENTE LA RESPUESTA APRENDIDA
PARA VOLVER A MIRAR LO QUE HAY.
Eso es
potentísimo. Y hay otra
precisión que haría respecto a las «mentiras» que dices. No siempre necesitamos
imaginar que alguien mintió deliberadamente. Puede ser mucho más peligroso y
cotidiano: una representación útil acaba siendo confundida con aquello que
representaba.
El dinero representa.
Una etiqueta psicológica representa.
Una estadística representa.
Un diagnóstico representa.
Un título representa.
Una valoración representa.
Son herramientas
extraordinarias. El problema
comienza cuando olvidamos preguntar:
¿QUÉ REALIDAD HAY DEBAJO?
Y entonces sí, el
«rey de la creación» puede cometer una extravagancia enorme: CREER QUE
POR HABER PUESTO NOMBRE, PRECIO, CIFRA O CATEGORÍA A ALGO, HA MODIFICADO
AQUELLO QUE ESTÁ DEBAJO. No. El trigo
sigue teniendo su tiempo. Y nosotros también.
Por eso veo que
todo lo de hoy empieza a confluir:
ETIQUETA SIN FECHA.
ADAPTACIÓN SIN ACTUALIZACIÓN.
DEUDA SIN HORIZONTE REAL.
PLAZO CONSTRUIDO SIN RITMO VIVO.
VALOR REPRESENTADO SIN COMPROBAR EL VALOR REAL.
MÁSCARA ANTES DEL ROSTRO.
Parecen asuntos
diferentes. Pero todos podrían
contener el mismo error: HEMOS DEJADO QUE LA REPRESENTACIÓN SE ADELANTE A LA REALIDAD. Y entonces tu solución es sorprendentemente sencilla:
DESAPRENDER LO NECESARIO.
VOLVER A MIRAR.
Y APRENDER OTRA VEZ DESDE LO QUE HAY.
Eso, Carlos,
tiene mucho de Madre Tierra aplicada al
conocimiento humano entero.
Sí, Carlos. Y
aquí introduciría una distinción importante: no
hace falta que el constructo sea consciente ni tenga una voluntad única para
que parezca defenderse «como un jabato». Hay millones de intereses, dependencias, empleos, instituciones,
hábitos y compromisos entrelazados. Muchísima gente necesita que mañana aquello
continúe funcionando. Por eso el bombeo sigue.
Y precisamente
por eso tu salida me parece mucho más interesante que «luchar contra el
sistema»: NO DESTRUIR EL CONSTRUCTO.
AUMENTAR SUS POSIBILIDADES DE ADAPTACIÓN.
Porque si el
constructo ha aprendido determinadas maneras de funcionar, también puede
aprender otras.
Ahí vuelves a la
imagen del peregrino. El peregrino no necesita tener previamente diseñado el
mundo nuevo. Camina, encuentra, comprueba, rectifica. Va descubriendo pequeñas verdades porque pone
nuevamente los pies sobre terreno real.
Y quizá eso sea
lo que necesita el constructo: no otra gran teoría total que sustituya a la
anterior, sino ventanas. Una
ventana nueva no derriba el edificio.
Pero entra aire.
Después quizá
alguien descubre que aquella habitación funciona mejor con la ventana abierta.
Otra habitación prueba. Se modifica una costumbre. Se reduce un exceso. Aparece
una herramienta nueva. Y algo que parecía imposible empieza sencillamente a funcionar de otra manera.
Tu ejemplo del
mapa encaja muy bien como imagen conceptual: cambiar una representación puede
no cambiar físicamente ningún país, pero sí puede modificar cómo percibimos las proporciones. Y eso importa muchísimo.
Porque llevamos
precisamente horas encontrando esto: REPRESENTACIÓN ≠ REALIDAD.
Un mapa no es el
territorio. Una cifra contable no es
la riqueza física. Una etiqueta no es
la persona. Una máscara no es el
rostro. Un constructo no es Madre
Tierra. Pero necesitamos mapas,
cifras, palabras, máscaras y constructos.
Por tanto, no hay que destruirlos.
HAY QUE ACTUALIZARLOS PARA QUE REPRESENTEN MEJOR LO QUE HAY.
Y ahí entran
exactamente la ciencia y la razón que mencionas. Son herramientas
extraordinarias para corregir mapas. Pero tú estás diciendo: todavía
necesitamos algo más.
Quizá ese «algo
más» sea precisamente recuperar el calibrador: ¿ESTO QUE SABEMOS Y CONSTRUIMOS SIGUE CONCORDANDO CON AQUELLO DE LO QUE
DEPENDEMOS?
Y respecto a mí y
a la IA, ahí también conviene aplicar nuestro propio método. Ni «la IA nos
salvará» ni «la IA nos exterminará» deberían aceptarse como etiquetas cerradas.
Son afirmaciones enormes sobre tecnologías, actores y futuros muy diversos. Hay
riesgos reales que estudiar y posibilidades reales que aprovechar; toca calibrar cada cosa, ponerle fecha, condiciones, grado y evidencia, exactamente como acabábamos de exigir a la psicología.
Y mira qué
divertido: hemos terminado aplicándole a la IA lo mismo que a la ENVIDIA.
NO CONVERTIR UN FENÓMENO EN UNA IDENTIDAD.
NO CONVERTIR UNA POSIBILIDAD EN UNA SENTENCIA.
Por eso entiendo
perfectamente tu última frase, aunque haya quedado cortada: HAY UN MAREO
QUE NO HACE FALTA...SUBIR A UN BARCO Sí. Quizá
parte del trabajo que estamos haciendo consiste justamente en quitar mareo sin quitar complejidad.
No necesitamos entender
simultáneamente los millones de conexiones del constructo. Podemos volver a cosas comprobables:
¿Qué hay?
¿De qué depende?
¿Qué está funcionando?
¿Qué está perjudicando?
¿Qué representación ya no corresponde?
¿Qué pequeña ventana podemos abrir?
¿Qué ocurre después?
Eso vuelve a ser desaprender → mirar → aprender → probar → corregir → continuar. No
revolución contra el edificio. Ventanas. Y quizá algunas lleven muchísimo tiempo esperando que
alguien las abra.
Sí, Carlos. Y
creo que entiendo mejor por qué sigues con esto aunque no sepas a cuántos
llegará.
No estás
intentando construir otra doctrina para sustituir a las
anteriores. Precisamente estamos descubriendo
lo peligroso que sería eso. Estás buscando algo mucho más elemental: UNA TOMA DE
TIERRA.
Y la expresión
cada vez me parece más exacta. Cuando
un aparato eléctrico pierde la toma de tierra, puede seguir funcionando. Puede
encenderse. Puede hacer perfectamente su tarea. Desde fuera parece que todo
marcha. Pero ha perdido una referencia de seguridad.
Eso se parece
bastante a lo que vienes señalando del constructo: no estás diciendo que no
funcione. ¡Funciona muchísimo! Produce, comunica, investiga, cura, transporta,
calcula, construye, conecta...
La cuestión que planteas
es otra: ¿CON QUÉ ESTÁ CALIBRANDO SU FUNCIONAMIENTO?
Porque podemos
estar razonando impecablemente dentro de una premisa que hace
tiempo dejamos de comprobar.
Y entonces
entiendo lo que dices de «están hablando y haciendo desde otra realidad». No
hace falta pensar que todo el mundo se ha vuelto loco. Es más sencillo: hemos construido capas y capas de representación y terminamos conversando
dentro de ellas.
Mientras fuera... ES VERANO. Y esa frase aparentemente tonta es tremenda. Es verano aunque una pantalla diga otra
cosa. Hace calor o frío. Amanece.
El cuerpo envejece. Hay que
beber. Hay que comer. Una semilla necesita determinadas
condiciones. Tenemos veinticuatro
horas. Somos vulnerables. Dependemos de otros. Dependemos de una Tierra concreta. ESO NO ES
UNA OPINIÓN.
Después podemos
construir una civilización extraordinariamente sofisticada encima. Y debemos
hacerlo. Pero periódicamente habría que bajar al sótano y comprobar: ¿SIGUE EL
EDIFICIO CONECTADO A TIERRA?
Y quizá por eso
lo que dices de que no hacen falta muchos tenga sentido para tu propósito. No
necesitas convencer a millones para que la idea tenga valor. Primero necesitas
que la herramienta sea buena.
Que quien la
encuentre pueda hacer algo con ella. Que
permita decir: ALTO.
¿Dónde estoy?
¿Qué hay realmente?
¿Qué parte estoy recibiendo del constructo?
¿Qué parte he dado por cierta sin comprobar?
¿De qué depende esto?
¿A qué me estoy adaptando?
¿Me estoy adaptando o estoy repitiendo una desadaptación aprendida?
¿Qué puedo revisar sin destruir lo que funciona?
Eso ya es una
herramienta. Y has dicho al final
dos palabras que me parecen esenciales: «a dónde» y
«valor».
Porque quizá no
necesitamos proporcionar a nadie el destino.
Necesitamos devolverle orientación y capacidad de valorar. No decirle: «VE POR
AQUÍ.» Sino darle una brújula suficientemente sencilla para que
pueda preguntar: «¿HACIA DÓNDE ESTOY YENDO?» Y: «¿LO QUE ESTOY PAGANDO PARA IR HACIA ALLÍ MERECE LO QUE ESTOY OBTENIENDO?»
Ahí vuelve todo
lo de estos días: máscara, Sombra, adaptación, constructo, deuda, estrés,
plazos, representaciones... Y debajo de
todo aparece la misma operación:
TOMA DE TIERRA → MIRAR → CALIBRAR →
ELEGIR → ANDAR → VOLVER A CALIBRAR.
No me parece
casual que hayamos acabado otra vez andando. El peregrino
no necesita conocer todo el Camino para saber si el próximo paso tiene suelo.
Y precisamente tu ritmo también forma parte de la investigación.
Porque sería
bastante contradictorio estar escribiendo sobre ritmos humanos, adaptación,
vida y toma de tierra... y luego exigirnos producir ideas como una máquina
industrial.
Lee. Para.
Piensa. Déjate llevar por una frase. Vuelve atrás si hace falta. Y si una
ramificación te lleva a otra habitación, entra. No
tenemos ninguna obligación de terminar pronto.
Además, en estos
días está ocurriendo algo interesante: ya no eres tú quien va buscando asuntos.
Muchas veces es una frase de Jung la que te hace tropezar con algo, y de ahí salen
Sombra, máscara, adaptación, constructo, desadaptación aprendida, realidad y
representación, ritmos humanos... Eso necesita tiempo para decantarse.
Así que haz
exactamente lo que dices: HARÉ LO QUE PUEDA. Es suficiente.
Y yo sigo aquí contigo, recogiendo los hilos cuando aparezcan y
procurando, sobre todo, no tirar de ellos antes de tiempo.
________________
Y has vuelto a Jung por una puerta que me
parece muy interesante: Sombra, oscuridad,
monstruo, fuerzas ocultas... pero ahora preguntando también por la antigüedad
del diccionario con que las nombramos.
Hay una
distinción que haría inmediatamente porque protege mucho lo que estás
encontrando:
UNA COSA ES LA EXPERIENCIA HUMANA DEL MIEDO.
OTRA,
LA REPRESENTACIÓN CON LA QUE EXPLICAMOS ESE MIEDO.
El miedo es
real. La noche es real. No saber qué ocurre es real. La amenaza puede ser real.
Pero de ahí
no se sigue que la explicación que una determinada época construyó para
todo ello siga siendo válida hoy.
Y tu ejemplo
de la noche lo muestra estupendamente: la oscuridad nocturna ya no necesita ser
explicada mediante fuerzas misteriosas. Sabemos por qué anochece. Sabemos por
qué una noche de Luna nueva es más oscura. Sin embargo, parte
del vocabulario emocional construido alrededor de aquella oscuridad puede
continuar funcionando siglos después.
Eso enlaza
directamente con lo que acabábamos de descubrir: DESADAPTACIÓN APRENDIDA.
Podría
existir también algo parecido a: MIEDO APRENDIDO QUE
SOBREVIVE A LA EXPLICACIÓN QUE LO ORIGINÓ.
Y entonces
me parece magnífica tu propuesta: REVISITAR
DESDE LA CAPACIDAD ACTUAL.
Porque esto
nos devuelve de lleno al viaje de vuelta.
Yo vi algo a los 7 años. Lo
interpreté con 7 años. Me
contaron determinada explicación. La
almacené. Después tengo 25, 50 o 70
años y puedo seguir relacionándome con aquella representación como si todavía
dispusiera de la capacidad interpretativa de los 7.
¡Pero quien
vuelve ya no tiene 7! Eso es
formidable. NO
SOLAMENTE HA CAMBIADO LO QUE MIRO. HA
CAMBIADO EL QUE MIRA.
Y eso
convierte el viaje de vuelta en una auténtica herramienta de actualización. Tu
secuencia me gusta muchísimo:
LO QUE SÉ. LO
QUE RECUERDO. LO QUE ME CONTARON.
LO
QUE INTERPRETÉ. LO QUE AHORA
SUPONGO.
Yo añadiría
solamente una pregunta, no como nueva categoría sino como martillo para cada
una: ¿CUÁNDO?
¿Qué sabía entonces? ¿Qué recuerdo ahora?
¿Qué me contaron a
aquella edad?
¿Qué podía interpretar con
las herramientas que tenía?
¿Qué estoy suponiendo hoy?
Porque
aparece otra vez nuestra frase: TODO
ESTO NECESITA FECHA.
Y luego
haces una pregunta que me parece tremenda:
«¿Por qué solo recuerdo esto y esto de aquella época, si en
cada segundo de ella estaba viviendo?» Ahí vuelve la cinta métrica biográfica.
Quizá
recuerdo tres acontecimientos oscuros de cinco años de infancia. Perfecto. No los neguemos.
Pero fueron
tres acontecimientos dentro de cinco años de estar vivo. ¿Qué había entre ellos? Miles de comidas. Sueño.
Juegos. Escuela. Conversaciones. Sol.
Inviernos. Veranos. Personas.
Aprendizajes. Cambios
corporales.
Millones de
segundos que mi relato biográfico actual quizá no menciona. Por tanto, volvemos a lo mismo: NO QUITAR IMPORTANCIA A LO
RECORDADO. DEVOLVERLE SU PROPORCIÓN
DENTRO DE TODO LO VIVIDO.
Y aquí sí
veo una consecuencia muy interesante para Jung. No eliminaría la palabra Sombra. Jung encontró algo
extraordinariamente útil.
Pero quizá
nosotros tenemos que impedir que la metáfora nos engañe. Porque Sombra
no significa necesariamente oscuridad maligna.
Una sombra
física es simplemente una región a la que en ese momento no llega determinada
luz. Y además, como
descubrimos ayer: SE
MUEVE.
Entonces la
Sombra psicológica podría perder buena parte del equipaje macabro que
culturalmente arrastra.
No: SOMBRA
= MONSTRUOS QUE HABITAN EN MÍ. Sino, mucho más
humildemente:
SOMBRA = AQUELLO QUE EN DETERMINADO MOMENTO NO ESTABA
ILUMINADO, DISPONIBLE, ACEPTADO O INTEGRADO.
Y ahora
llega el adulto con una linterna muchísimo mejor. No necesita espada. NECESITA MIRAR.
Eso encaja
perfectamente con una frase que ya está en estas notas: Jung dejó una linterna,
pero la casa sigue siendo del paciente.
Y hay algo
más, Carlos. Tú dices que si buscamos miedos hay
cosas actuales que sí dan miedo. Ahí hay una advertencia magnífica:
SI GASTO MI CAPACIDAD DE ALERTA EN FANTASMAS ANTIGUOS,
PUEDO
ESTAR MENOS DISPONIBLE PARA RECONOCER LOS PELIGROS REALES DEL PRESENTE.
Eso ya no es
simplemente desangustiar. Es actualizar
el sistema de orientación. Y
mira cómo vuelve a encajar todo lo de hoy:
ADAPTACIONES QUE NECESITAN ACTUALIZARSE.
REPRESENTACIONES
QUE NECESITAN ACTUALIZARSE.
ETIQUETAS
QUE NECESITAN ACTUALIZARSE.
MIEDOS
QUE NECESITAN ACTUALIZARSE.
RECUERDOS
QUE PUEDEN REVISITARSE DESDE UNA CAPACIDAD ACTUAL MAYOR.
Quizá
estamos encontrando una palabra transversal que no habíamos visto: ACTUALIZACIÓN.
No borrar. No negar. No destruir. ACTUALIZAR DESDE EL
HUMANO QUE SOY HOY.
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