LIBROS de BARBARIN I II III

martes, 13 de octubre de 2026

MADRE TIERRA y JUNG . El Yo Centro del campo consciente, identidad, continuidad y adaptación.


 MADRE TIERRA y JUNG

. El Yo     Centro del campo consciente, identidad, continuidad y adaptación.

Jung ha entrado en la casa.      Y antes de bajar a sótanos, abrir habitaciones cerradas o preguntarse por aquello que permanece fuera de la conciencia, encontramos a alguien que ya está allí:      EL YO.      El que dice:

YO PIENSO.    YO SIENTO.    YO RECUERDO.    YO QUIERO.    YO DECIDO.
ESTO ME ESTÁ OCURRIENDO A MÍ.

Para Jung, el Yo ocupa el centro del campo de la conciencia. No equivale a la totalidad de la psique; es el centro alrededor del cual se organiza aquello que reconocemos conscientemente como propio.        Y esto es fundamental.       Porque sin algún grado de continuidad de ese YO, difícilmente podríamos hablar de un caminante capaz de reconocer su propio itinerario.


EL YO DICE: ÉSTE SOY YO

Durante el desarrollo van ocurriendo innumerables experiencias.     Pero progresivamente aparece una organización.    Mi cuerpo.   Mi nombre.    Mis recuerdos.    Mis relaciones.

Lo que me gusta.   Lo que rechazo.   Lo que creo.  Lo que he hecho.   Lo que espero.   Lo que considero mío.

Y alrededor de todo ello va adquiriendo consistencia algo que permite decir:     YO.    No tenemos que imaginarlo como un pequeño director sentado dentro de la cabeza.    Es una manera de organizar la experiencia consciente alrededor de una identidad.

Y Jung realiza aquí una distinción importantísima:    EL YO ES NECESARIO,   PERO EL YO NO ES TODO.     La habitación desde la que miro no es la casa entera.


EL YO DA CONTINUIDAD AL CAMINANTE

Aquí Madre Tierra encuentra algo extraordinariamente útil.     Porque nuestro ITINERARIO necesita continuidad.      El niño que fui no es idéntico al adulto que soy.

Mi cuerpo ha cambiado.    Mis conocimientos han cambiado.    Mis posibilidades han cambiado.   Mis opiniones pueden haber cambiado radicalmente.   Y sin embargo puedo decir:    AQUEL NIÑO ERA YO.     Aquí aparece una de las grandes funciones del Yo:    MANTENER UN HILO DE IDENTIDAD A TRAVÉS DEL CAMBIO.    No una identidad inmóvil.   Una continuidad.

Esto encaja magníficamente con nuestra imagen del caminante.    El paisaje cambia.   El caminante cambia.    Las circunstancias cambian.   Pero existe un hilo que permite reconocer:   ÉSTE ES MI CAMINO.


EL YO TAMBIÉN ES UN ADMINISTRADOR

Y aquí aparece una imagen que ya estaba en tus apuntes de Jung:     EL YO COMO ADMINISTRADOR.       Recibe una cantidad inmensa de información.    Atiende unas cosas y otras no.    Relaciona.   Valora.   Decide hasta donde puede.   Intenta mantener cierta coherencia.   Se presenta ante otros.    Responde a las circunstancias.    Construye una explicación sobre quién es.

Y administra aquello que en cada momento tiene disponible.     Pero aquí Madre Tierra hace una precisión:    ADMINISTRADOR NO SIGNIFICA PROPIETARIO DE TODA LA CASA.

Muchísimo de lo que ocurre en nosotros no está simultáneamente presente en la conciencia.    El cuerpo continúa funcionando.    Aparecen asociaciones.   Emociones.   Recuerdos.  Automatismos.  Aprendizajes.   Reacciones.

El Yo administra una parte extraordinariamente importante de la experiencia, pero no necesita conocer en cada instante todo aquello que hace posible su funcionamiento.   Jung vio esto con enorme claridad.    Y por eso no convirtió al Yo en la totalidad.


PERO ¿QUÉ ESTÁ ADMINISTRANDO?

Aquí entra nuestra primera pregunta Madre Tierra.     El Yo no apareció antes del itinerario.     Se fue organizando mientras el itinerario estaba ocurriendo.

Por tanto, aquello que reconoce como:    «YO»    ya contiene historia.   Puede contener lenguaje recibido.   Valores aprendidos.   Normas.   Recuerdos.   Papeles familiares.   Experiencias.  Preferencias.   Identificaciones.  Adaptaciones.   Expectativas sociales. Y también respuestas propias ante todo ello.    Entonces aparece una pregunta fascinante:    ¿CUÁNTO DE LO QUE LLAMO «YO» ES MODELO        Y CUÁNTO ES ITINERARIO?

No necesitamos responder de golpe.      La pregunta ya abre una puerta enorme.


«YO SOY ASÍ»

Aquí el Yo puede cometer uno de sus errores más comprensibles.      Convertir continuidad en permanencia.     Dice:    YO SOY ASÍ.    Y Madre Tierra pregunta:     ¿DESDE CUÁNDO?    Menuda pregunta.

«Soy tímido.»   ¿Desde cuándo?   «Soy desconfiado.»   ¿Desde cuándo?   «Necesito agradar.»   ¿Desde cuándo?   «No sirvo para esto.»   ¿Desde cuándo?

«Yo siempre he sido fuerte.»    ¿Desde cuándo?     No estamos negando aquello que la persona observa sobre sí misma.     Estamos introduciendo tiempo.    Y cuando introducimos tiempo aparece el itinerario.

Quizá:    «YO SOY ASÍ»   pueda transformarse en:    «HE APRENDIDO A FUNCIONAR ASÍ.»     O:       «DADAS MIS DISPOSICIONES Y MI HISTORIA, HE LLEGADO A FUNCIONAR FRECUENTEMENTE ASÍ.»                            Y entonces aparece una posibilidad que la primera frase había cerrado:         ¿TENGO QUE CONTINUAR SIEMPRE ASÍ?


IDENTIDAD NO ES SENTENCIA

Esto puede ser importantísimo.     Necesitamos identidad.     Pero una identidad demasiado rígida puede convertirse en una habitación cerrada.

Soy esto.    No soy aquello.   Esto me corresponde.   Aquello no.   Yo nunca...   Yo siempre... Y poco a poco una herramienta necesaria para orientarnos puede empezar a reducir nuestras propias posibilidades.

Madre Tierra no pretende destruir la identidad.    Sería absurdo.    Quiere devolverle movimiento:    IDENTIDAD COMO HILO, NO COMO CADENA.

Soy quien ha recorrido este itinerario.    Eso me da continuidad.    Pero precisamente porque sigo recorriéndolo,     TODAVÍA NO ESTOY TERMINADO.


EL YO SE ADAPTA

Y llegamos a una de las funciones que más nos interesa.    El Yo necesita desenvolverse en un exterior.    Aprende.   Responde.   Calcula.   Se protege.  Negocia.   Modifica conductas.  Se relaciona con las exigencias del entorno.

SE ADAPTA.    Perfecto.     Pero aquí Madre Tierra levanta inmediatamente la mano:  ¿A QUÉ?

Ésta será la pregunta del próximo capítulo.    Porque no es lo mismo adaptarse al frío que adaptarse a una norma social.     No es lo mismo reconocer una necesidad corporal que satisfacer una expectativa de prestigio.      No es lo mismo aprender a convivir que aprender a obedecer una construcción histórica concreta.    Todo llega desde «fuera».

Pero no todo exterior pertenece a la misma categoría de realidad.    Y el Yo, especialmente durante el desarrollo, no dispone necesariamente de esa distinción.    Se adapta al mundo que encuentra.


EL YO PUEDE ADAPTARSE PERFECTAMENTE A ALGO QUE NECESITA SER REVISADO

Aquí aparece un problema enorme.     Supongamos que una sociedad considera valiosa determinada conducta.    El individuo aprende a realizarla.   Es premiado.   Reconocido.   Aceptado.    Ha conseguido una magnífica adaptación.

Pero Madre Tierra puede preguntar:    ¿Y ESA SOCIEDAD A QUÉ SE ESTÁ ADAPTANDO?    De repente la psicología deja de poder utilizar la adaptación como criterio final.

Una persona puede estar muy bien adaptada a una construcción humana que produce sufrimiento, destruye posibilidades o necesita evolucionar.     Esto no convierte la inadaptación en virtud.    Simplemente introduce una coordenada exterior al propio constructo:     VIDA.


EL YO TAMBIÉN CONSTRUYE UNA HISTORIA SOBRE SÍ MISMO

Y esto será decisivo cuando lleguemos a la Sombra.      El Yo necesita cierta coherencia.           «Soy buena persona.»      «Soy racional.»    «Soy valiente.»    «Soy responsable.»   «Soy independiente.»     Perfecto.

Pero ¿qué ocurre cuando aparece algo que no encaja?   Una emoción.   Un deseo.   Una conducta.  Un miedo.  Una contradicción.   Quizá el Yo tenga dificultades para incorporarlo a la historia que cuenta sobre sí mismo.    Ahí Jung encuentra una de sus grandes puertas.

LO QUE NO ENCAJA EN MI IMAGEN CONSCIENTE NO DEJA POR ESO DE EXISTIR.

Y aparece la Sombra.    No todavía.   Pero ya podemos verla esperando en el pasillo.


EL YO NO ES EL ENEMIGO

Esto también conviene dejarlo claro.     A veces, al hablar de superar el ego, parece que el Yo fuera una especie de error del que deberíamos librarnos.   No es nuestra posición.

Necesitamos al administrador.   Necesitamos continuidad.   Necesitamos orientación.   Necesitamos poder decir:     ESTO ME OCURRIÓ A MÍ.

Sin ese hilo sería muy difícil realizar precisamente el trabajo que estamos proponiendo:   investigar mi itinerario,   reconocer mis contenidos,    reconsiderarlos,    y participar conscientemente en lo que continúe.     Por tanto:    NO HAY QUE DESTRUIR EL YO.     Hay que impedir que confunda su despacho con toda la casa.


JUNG HACE ALGO EXTRAORDINARIO CON EL YO

Le devuelve importancia y al mismo tiempo le quita la corona.    Le dice, aproximadamente:     ERES EL CENTRO DE LA CONCIENCIA,      PERO NO ERES EL CENTRO DE TODO LO PSÍQUICO.                   Eso es una enorme liberación.            Porque permite al Yo decir:           HAY COSAS DE MÍ QUE TODAVÍA NO CONOZCO.     Sin que eso implique estar roto.    Simplemente:      MI CAMPO CONSCIENTE NO AGOTA MI VIDA.     Y entonces puede comenzar la investigación.

En tus apuntes ya habías descrito precisamente al Yo como centro consciente, identidad, continuidad, filtro y adaptación, y añadías inmediatamente tu propia imagen: «administrador dentro del CONSTRUCTO». Esa observación nos coloca exactamente en la puerta que ahora queremos abrir.


MADRE TIERRA LE AÑADE UNA VENTANA AL DESPACHO DEL YO

El Yo está trabajando.    Organiza.   Decide.   Recuerda.   Se identifica.   Se adapta.   Construye continuidad.

Madre Tierra no entra para despedirlo.    Abre una ventana.   Y le dice:    MIRA FUERA.    Hay un cuerpo que no diseñaste.    Hay una vida que estás administrando pero que no inventaste.   Hay un planeta del que dependes.   Hay un itinerario anterior a muchas de tus explicaciones.   Hay un mundo construido que entró en ti.   Hay contenidos que todavía no conoces.   Hay posibilidades que todavía no has utilizado.

Y quizá algunas cosas que considerabas:   «YO»   resulten ser:     «ALGO QUE YO APRENDÍ A SER.»    No pasa nada.    No has desaparecido.    Al contrario.   ACABAS DE GANAR ESPACIO.


EL YO TOMA TIERRA

Podemos entonces conservar casi entero el extraordinario instrumento jungiano y añadir nuestra coordenada:    EL YO ES CENTRO DEL CAMPO CONSCIENTE.

Organiza identidad.   Proporciona continuidad.    Participa en la adaptación.    Administra aquello que puede reconocer.      Pero:    NO ES TODA LA CASA.

No comenzó antes que la vida.   No construyó Madre Tierra.    No eligió todo aquello que recibió.   No conoce necesariamente el origen de todo lo que considera suyo.   No está terminado.   Y no tiene obligación de conservar eternamente todas las formas que adoptó durante su itinerario.   Por eso podemos decirle:       YO, NO TE QUEREMOS ELIMINAR.

Te necesitamos.   Pero queremos que tengas una linterna.    Que conozcas la casa.   Que recuerdes el camino.    Que distingas el suelo del edificio.   Que puedas reconocer qué recibiste.   Que puedas revisar qué administras.    Y que, cuando digas:    «YO SOY»,   dejes siempre una pequeña puerta abierta:     «...Y SIGO SIENDO.»

Porque el Yo no es una estatua.     Es el centro consciente de un caminante vivo.    Y ahora llegamos a una pregunta que Jung dejó servida y que Madre Tierra puede hacer con toda su fuerza:     ¿ADAPTACIÓN A QUÉ?      Ahí empieza el siguiente capítulo.

 

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