MADRE TIERRA y JUNG
. CONCIENCIA Sin darse cuenta no puede comenzar la
investigación consciente.
Hasta ahora
el itinerario ha estado ocurriendo. La
vida comenzó. El organismo se
desarrolló. Las habitaciones fueron
recibiendo contenido. Entraron
personas, palabras, afectos, prohibiciones, símbolos, relatos, expectativas. El caminante respondió con las
posibilidades que tenía en cada momento.
Muchísimo pudo ocurrir antes
de que pudiera preguntarse qué estaba ocurriendo. Y entonces aparece una posibilidad
extraordinaria: DARSE CUENTA.
No significa
que antes no hubiera actividad psíquica.
No significa que el niño careciera de conciencia en cualquier sentido. Significa algo mucho más concreto para
nuestro trabajo:
APARECE LA POSIBILIDAD DE VOLVER LA MIRADA
SOBRE LO QUE ESTOY VIVIENDO Y SOBRE MÍ MISMO.
Ya no sólo
vivo. Puedo empezar a observar que
estoy viviendo. Ya no sólo reacciono. Puedo llegar a observar mi reacción. Ya no sólo tengo una idea. Puedo preguntarme: ¿POR
QUÉ PIENSO ESTO? Aquí
comienza nuestra investigación consciente.
LA
CONCIENCIA NO INVENTA EL ITINERARIO
Cuando
enciendo una luz en una habitación, los muebles no aparecen porque los haya
creado la bombilla. YA ESTABAN ALLÍ.
La luz
cambia otra cosa: AHORA PUEDO VERLOS. Ésta es una imagen
magnífica para lo que estamos construyendo. La conciencia no necesita fabricar
aquello que descubre.
Hace posible
que determinados aspectos de mi experiencia entren en un campo donde puedo: verlos,
distinguirlos, nombrarlos, relacionarlos, preguntarme por ellos, y quizá actuar de otra manera frente a
ellos. Por eso nuestra LUZ no
es decoración poética. Representa una
operación fundamental: HACER DISPONIBLE.
ANTES PODÍA
ACTUAR SIN SABER POR QUÉ Todos conocemos algo parecido.
«Siempre hago esto.» «No sé por qué reacciono así.»
«Esa persona me pone nervioso.» «Nunca he soportado aquello.»
«Yo soy así.»
Y quizá
durante años no ocurre nada más. Hasta
que un día aparece una pregunta:
¿POR QUÉ? Parece poca cosa. Pero en ese instante acaba de abrirse una
puerta.
Lo que hasta
entonces simplemente funcionaba
puede convertirse ahora en objeto
de investigación. Ahí empieza nuestro detective.
SHERLOCK
HOLMES ENTRA EN LA CASA
No entra
armado con una conclusión. Entra con
curiosidad. Encuentra algo. Mira.
Pregunta. Busca relaciones.
¿Desde cuándo ocurre? ¿Dónde estaba yo? ¿Qué edad tenía?
¿Con quién? ¿En qué circunstancias? ¿Recuerdo cuándo empezó?
¿Alguien puede aportar información? ¿Se repite siempre?
¿En qué situaciones no ocurre? ¿Qué función pudo tener?
¿Qué siento exactamente? ¿Qué estoy interpretando?
¿Qué sé?
¿Qué supongo? ¿Qué no sé?
Eso es
importantísimo: LA CONCIENCIA NO SÓLO ILUMINA
RESPUESTAS.
También
ilumina la diferencia entre: LO QUE SÉ Y LO QUE CREO SABER.
Menuda
linterna.
HÁGASE LA
LUZ Ahora nuestra frase empieza a adquirir toda su
profundidad.
HÁGASE
LA LUZ no significa: «ya tenemos la explicación.» Significa: QUE
PUEDA VERSE.
Incluso
puede ocurrir que al encender la luz descubramos que nuestra explicación anterior
era equivocada. Perfecto. Eso también es luz. O que descubramos algo desagradable. También.
Porque: LUZ NO SIGNIFICA QUE ME GUSTE LO QUE
VEO.
Significa: PUEDO
VER MEJOR. Ésta
debería ser una regla fundamental de Madre Tierra.
LA LUZ
TAMPOCO INVENTA RECUERDOS
Esto será
especialmente importante cuando investiguemos la infancia. Hay zonas del itinerario que no
recordamos. Hay testimonios
incompletos. Recuerdos reconstruidos. Versiones familiares diferentes. Asociaciones cuya procedencia ignoramos. Nuestra investigación no debe rellenar los
huecos para conseguir una historia bonita o coherente.
Si
encontramos evidencia, la utilizamos.
Si encontramos una hipótesis, la llamamos hipótesis. Si encontramos incertidumbre: NO
SÉ. Y dejamos la
habitación abierta. Porque una luz que
inventa lo que ilumina ya no es luz. Por
eso podríamos establecer una norma para todo el libro: ILUMINA
HASTA DONDE PUEDAS. LO QUE NO
PUEDAS ILUMINAR, NO LO INVENTES.
CONCIENCIA
NO SIGNIFICA SABERLO TODO
Ésta es otra
posible trampa. Si convertimos la
conciencia en una especie de omnisciencia interior, hemos creado otro
constructo. Nunca tendremos acceso
completo y simultáneo a todo lo que ocurre en nuestro organismo y nuestra
actividad mental. Ni necesitamos
tenerlo.
Nuestra
conciencia es limitada. Selectiva. Cambiante.
Puede equivocarse. Puede
revisar. Puede ampliar relaciones. Por eso hacerse consciente no significa
convertirse en dueño absoluto de uno mismo.
Significa aumentar aquello que puede ser observado y reconsiderado. Y eso ya es muchísimo.
AQUÍ JUNG
NOS ESTÁ ESPERANDO
Porque una
parte fundamental de la psicología de Jung consiste precisamente en ampliar la
relación entre consciente y no consciente. La individuación requiere encontrarse
con aspectos de uno mismo que el Yo no reconocía suficientemente.
La Sombra
debe ser reconocida. Los complejos
pueden hacerse visibles. Los sueños
aportan material. Los símbolos
pueden relacionar aspectos que la conciencia ordinaria no había unido.
Jung quiere ampliar conciencia. Ahí estamos extraordinariamente cerca de
él.
Madre Tierra
no necesita decir: «Jung, deja el inconsciente.»
Puede decir: «Jung,
sigamos iluminando.» Y
añadir una pregunta:
¿PODEMOS DEVOLVER CADA VEZ MÁS DE ESE
MATERIAL AL ITINERARIO CONCRETO DEL SER HUMANO QUE LO ESTÁ VIVIENDO?
En tus
propias notas sobre Jung ya habías llegado a esa dirección: hacer consciente lo
inconsciente siempre será parcial, y la pregunta no termina al nombrar
«Sombra», sino que comienza al investigar desde qué base se construyó y cómo se
llenó esa habitación.
EL
INCONSCIENTE EMPIEZA A PERDER SU SÁBANA
Aquí podemos
recuperar nuestra imagen. Una
habitación está oscura. Desde la
puerta veo algo extraño. Mi
imaginación completa lo que no veo. Parece
enorme. Amenazante. Quizá llevo años evitando entrar. Hasta que aparece el electricista.
CLIC. Hay una silla. Una caja.
Un abrigo. Un objeto roto. Tal vez también algo doloroso que realmente
necesita atención.
Pero ahora
tiene forma. Tamaño. Lugar.
Relaciones. PROPORCIÓN. Ésta es la diferencia. No afirmamos que todo problema psicológico desaparezca al comprenderlo. Sería absurdo. Algunas experiencias requieren mucho
trabajo, tiempo, apoyo y tratamiento.
Pero comprender puede quitar una carga añadida: EL
TERROR PRODUCIDO POR NO SABER QUÉ ESTAMOS MIRANDO. Los fantasmas empiezan a
perder la sábana.
LA CONCIENCIA RECUPERA PROPORCIONES
Aquí vuelve nuestro sótano. Durante años: «MI
VIDA ES ESTE PROBLEMA.»
Encendemos luces.
Subimos. Bajamos. Recorremos la casa. Y quizá descubrimos: «NO. ESTE PROBLEMA ESTÁ EN MI VIDA.» No es lo mismo. No hemos eliminado el problema. Hemos recuperado la casa.
MI VIDA NO CABE EN ESTE RINCÓN. ESTE RINCÓN CABE EN MI VIDA. Ésta
puede ser una de las funciones terapéuticas más importantes de la
conciencia: DEVOLVER PROPORCIÓN.
PERO HAY ALGO TODAVÍA MAYOR
Hasta ahora hemos hablado de conciencia para comprender
problemas. Sería quedarse muy
corto. Porque la luz también puede
descubrir: una capacidad que no
utilizaba, un deseo que nunca
atendí, una relación que no había
visto, una posibilidad creativa, una contradicción fecunda, una curiosidad abandonada, una manera distinta de relacionarme, una
parte de mí que confundí con algo prohibido,
un camino que nunca consideré.
Entonces
ocurre algo extraordinario. CONOCERME NO ME REDUCE. Me aumenta. No porque añada mágicamente algo que no
existía. Sino porque aumenta lo disponible. Y aquí Jung vuelve a crecer muchísimo.
Su
inconsciente no es solamente el lugar donde escondemos problemas. También contiene potencialidad,
creatividad y posibilidades de transformación. Madre Tierra puede tomar esa puerta y
abrirla completamente: ¿QUÉ MÁS
PUEDO?
CONCIENCIA
Y POSIBILIDAD
Aquí
empezamos a tocar nuestra fórmula:
HÁGASE LA LUZ.
Que pueda
verse. Que pueda distinguirse. Que pueda comprenderse hasta donde sea
posible. Que pueda relacionarse. Que pueda integrarse. Que pueda reutilizarse. Que pueda reconsiderarse. Y entonces: QUE
PUEDA ELEGIRSE DE NUEVO.
Todavía no
hemos llegado a la LIBERTAD. Será el
capítulo siguiente. Pero ya vemos cómo
se acerca. Porque mientras algo
permanece completamente fuera de mi campo de consideración, no puedo deliberar
sobre ello de la misma manera.
Cuando
aparece: AHORA HAY UNA POSIBILIDAD MÁS. La luz no decide por mí. ME
PERMITE VER DESDE DÓNDE DECIDO.
CONCIENCIA
Y MADRE TIERRA
Y aquí
debemos conservar nuestra toma de tierra.
Podemos desarrollar hipótesis filosóficas mucho mayores sobre qué es la
conciencia y qué lugar ocupa en el TODO Y UNIDAD. Llegaremos donde corresponda. Pero no necesitamos resolver ese
enorme problema para utilizar aquí una evidencia mucho más próxima:
EL SER HUMANO PUEDE DARSE CUENTA DE ASPECTOS
DE SU PROPIO FUNCIONAMIENTO Y RECONSIDERARLOS.
Eso nos
basta para empezar. No
necesitamos convertir nuestra herramienta en una teoría cósmica antes de
usarla. Primero: ESTOY
VIVO. Después: ME
DOY CUENTA DE QUE ESTOY VIVO Y DE ALGO QUE ME ESTÁ OCURRIENDO. Y aparece la
investigación.
CONCIENCIA
El
itinerario ocurrió antes de que pudiera explicarlo. Mucho entró antes de que pudiera
revisarlo. Aprendí antes de saber
que estaba aprendiendo. Me adapté
antes de preguntarme a qué me estaba adaptando. Interpreté con las posibilidades que
tenía. Construí respuestas.
Seguí
caminando. Y un día puedo volverme. Mirar.
Y decir: QUIERO SABER.
Ahí comienza
algo nuevo. No porque empiece mi
vida. Mi vida lleva mucho tiempo
ocurriendo. Empieza mi participación consciente en la
investigación de mi propio itinerario.
Cojo la linterna. Entro.
No busco monstruos. No busco
culpables. No busco confirmar una
teoría. BUSCO VER. Y cuanto más puedo ver,
más de mi propia vida vuelve a estar disponible.
Por eso: HÁGASE LA LUZ. Que pueda verse. Que pueda comprenderse. Que pueda integrarse. Que pueda reutilizarse. Que pueda reconsiderarse.
Y cuando la
luz haya permitido ver el camino, aparecerá
la siguiente pregunta inevitable: AHORA QUE LO VEO, ¿QUÉ PUEDO HACER?
Ahí comienza
nuestro próximo capítulo: LIBERTAD.
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