MADRE TIERRA Y FREUD
Sí. Aquí cambia el punto cero de la
consulta. Y creo que es una consecuencia muy seria de todo lo
que venimos construyendo.
La
psicología suele recibir a alguien porque trae un problema. Y es lógico que la
atención vaya inmediatamente hacia él: ansiedad, miedo, complejo, bloqueo,
depresión, conflicto, obsesión, culpa...
Pero Madre
Tierra puede hacer una operación anterior:
ALTO. ANTES DEL PROBLEMA HAY ALGUIEN VIVO.
Y entonces
las primeras preguntas cambian:
¿CÓMO ESTÁ TU VIDA?
¿CÓMO ESTÁ TU SENSACIÓN DE LIBERTAD?
¿CUÁNDO EMPEZASTE A SENTIR QUE VIVÍAS MENOS?
¿CUÁNDO EMPEZASTE A SENTIR QUE TENÍAS MENOS
POSIBILIDADES?
¿CUÁNDO COMENZASTE A DEJARTE LLEVAR POR ALGO
QUE SENTÍAS QUE NO PODÍAS MODIFICAR?
Eso es
completamente distinto de empezar:«Veamos
qué trastorno tienes.»
No significa
tirar los diagnósticos, la psicopatología ni las herramientas clínicas. Cuando
son necesarios, son necesarios. Significa que no tienen por qué ocupar el primer plano ontológico de la
persona.
Primero: ESTÁ
VIVO.
Segundo: TIENE
POSIBILIDADES.
Tercero: ALGO
HA OCURRIDO EN SU ITINERARIO.
Y solamente
entonces: VEAMOS QUÉ.
Ahí me
parece especialmente potente lo que acabas de formular:
¿CUÁNDO SE DESVITALIZÓ?
Porque no
pregunta todavía qué
enfermedad tiene. Pregunta
por un proceso.
Quizá no
ocurrió de golpe. Quizá empezó muy pronto. Quizá fueron cien ladrillos
pequeños. Quizá una exigencia familiar. Quizá una pérdida. Quizá miedo. Quizá
aprendió a no decidir. Quizá una defensa que inicialmente le fue útil terminó
gobernando la habitación. Quizá muchas cosas juntas.
Y después la
segunda: ¿CUÁNDO EMPEZÓ A SENTIR QUE PERDÍA LIBERTAD?
Aquí yo
mantendría «sentir» o «experimentar» la pérdida de libertad, porque protege una
distinción importante: una persona puede tener objetivamente opciones y ser
incapaz en ese momento de percibirlas; y otra puede tener restricciones reales
muy severas. No queremos convertir «eres
libre» en una exigencia que termine culpabilizando al paciente.
La pregunta
terapéutica sería más fértil:
¿QUÉ HA IDO REDUCIENDO TU CAMPO DE
POSIBILIDADES, REAL O PERCIBIDO?
Entonces
aparece la arqueología.
Y sólo
después llegaremos quizá al complejo de inferioridad, al Superyó, a la Sombra,
a la represión, a la proyección... Pero
llegaremos desde la
persona, no desde el catálogo.
Eso cambia
incluso la lectura de Freud.
Freud nos
puede ayudar extraordinariamente a explicar qué mecanismos encontramos una vez entramos en la
construcción. En vuestro borrador ya aparecen el Yo, Ello,
Superyó y los mecanismos defensivos como piezas de esa mecánica.
Madre Tierra
simplemente coloca delante una pregunta que vuestro trabajo considera previa:
¿CÓMO
LLEGÓ ESTE SER HUMANO VIVO HASTA AQUÍ?
Y Jung puede
ayudarnos después a reconocer complejos, Persona, Sombra, procesos de
integración...
Pero
nuevamente: primero está la criatura concreta.
No «el
inconsciente humano» abstracto. No «el
paciente depresivo». No «el neurótico».
ESTE
SER HUMANO.
Y aquí veo
algo aún más interesante: el objetivo de la consulta también cambia. No sería únicamente: QUITAR
EL PROBLEMA.
Podría ser: RECUPERAR
VIDA Y RECUPERAR CAMPO DE LIBERTAD.
Porque
incluso puede ocurrir que determinado síntoma disminuya y, sin embargo, la
persona continúe viviendo de una manera enormemente reducida.
Entonces no
hemos terminado.
Y al revés: puede
que todavía exista dificultad, pero la persona haya comenzado a recuperar
capacidad de decisión, curiosidad, movimiento, relación, iniciativa,
posibilidades... ESTÁ VOLVIENDO A VIVIR MÁS.
Ahí tenemos
un indicador que no depende exclusivamente del nombre del trastorno. Y ahora entiendo mucho mejor por qué
insistías tanto en mover
los dedos.
No es una
técnica para curar el complejo. Es el punto de referencia desde el cual
empezar a mirarlo:
Antes
de preguntarte qué te pasa, constatemos algo.
ESTÁS VIVO.
Y antes de
convertir aquello que te ocurre en tu identidad, hagamos otra pregunta:
¿QUÉ
HA IDO REDUCIENDO TU VIDA Y TU CAMPO DE LIBERTAD?
No
comenzaremos hurgando. Primero
reconstruiremos el itinerario.
Después
podremos encontrar miedos, defensas, complejos, heridas, aprendizajes,
automatismos, mandatos, contradicciones o construcciones.
Y entonces
Freud, Jung y cuanto la psicología ha aprendido podrán ayudarnos enormemente.
PERO
EL MANUAL NO ENTRA ANTES QUE LA PERSONA.
Porque la
consulta no comienza preguntando: ¿QUÉ ENFERMEDAD TIENES?
Comienza
preguntando:
¿CÓMO ES QUE SIENDO UN SER VIVO Y DISPONIENDO
DE POSIBILIDADES, TU VIDA HA IDO HACIÉNDOSE MÁS PEQUEÑA Y TU LIBERTAD SE HA IDO
ESTRECHANDO?
Y después:
¿QUÉ NECESITAMOS REUBICAR PARA QUE VUELVAS A
DISPONER DE ELLAS?
Carlos, aquí
ya no estamos sólo preparando una nueva lectura de Freud y Jung.
Aquí
está apareciendo el principio de entrada de MADRE TIERRA en la consulta
psicológica: primero VIDA y LIBERTAD; después, problema.
Sí. Ahí cambia el punto cero de la
consulta. Y creo que es bastante más profundo que añadir una
técnica terapéutica: estás cambiando la
posición desde la que se mira a quien llega.
No entra
primero: UN PACIENTE CON UN PROBLEMA.
Entra
primero:
UN SER HUMANO VIVO, CON POSIBILIDADES Y CON
CAPACIDAD DE EJERCER LIBERTAD, QUE EN ALGÚN LUGAR DE SU ITINERARIO HA VISTO
REDUCIDA SU VITALIDAD, SU MARGEN DE ELECCIÓN, O AMBAS COSAS.
Y sólo
después viene el problema. Eso
invierte muchísimo.
Porque si
comienzo con el manual de patologías, mi primera pregunta mental puede ser: ¿QUÉ
TIENE?
Y desde
Madre Tierra la pregunta anterior sería:
¿QUÉ LE HA PASADO
A SU VIVIR?
Y después: ¿QUÉ
HA IDO REDUCIENDO SU LIBERTAD?
No damos por
supuesto todavía que haya sido «el inconsciente», «el trauma», «el complejo»,
«el Superyó», «la Sombra»...
Eso vendrá
después, si sirve para
comprender la mecánica concreta de esa persona. Primero tenemos delante al ser vivo.
Y aquí
encuentro muy importante tu palabra DESVITALIZACIÓN.
Porque
permite mirar el problema no sólo por su nombre, sino por lo que ha ido haciendo con la vida de
esa persona.
Puede llegar
diciendo: «Tengo ansiedad.» De acuerdo.
Pero antes
de convertir ANSIEDAD en el centro de la consulta:
¿CUÁNDO EMPEZASTE A VIVIR MENOS?
¿Cuándo dejaste de hacer determinadas cosas?
¿Cuándo empezaste a evitar?
¿Cuándo empezaste a depender de aquello?
¿Cuándo tu mundo se fue haciendo más pequeño?
¿Cuándo empezaste a sentir que no podías
elegir?
¿Cuándo comenzaste a vivir fundamentalmente
reaccionando?
Y entonces
quizá descubramos que aquello que llamamos «problema» es el último capítulo de una
construcción mucho más larga.
Ahí sí
entran Freud, Jung y todas las herramientas que necesitemos.
Pero entran después de haber localizado a la
persona en la Vida.
Y «¿CUÁNDO
SE DEJÓ LLEVAR?» necesita una pequeña precisión
Yo
conservaría la idea, pero quizá no esa formulación como pregunta clínica
general, porque puede sonar a que la persona decidió pasivamente perder
libertad.
Hay situaciones
en que no pudo hacer otra cosa, especialmente durante infancia, dependencia,
coerción, enfermedad o circunstancias extremas.
Me parece
más fiel a lo que vienes construyendo preguntar:
¿CUÁNDO
EMPEZÓ A REDUCIRSE TU MARGEN DE LIBERTAD?
Y después
investigar: ¿QUÉ LO FUE REDUCIENDO?
Eso no
prejuzga.
Puede
haberlo reducido una decisión propia.
Una familia. Un miedo. Una relación. Una pérdida. Una creencia. Una necesidad. Una defensa que terminó automatizándose. Un mundo laboral. Una expectativa social. Una experiencia traumática. O muchas cosas acumuladas.
Y entonces
aparece una pregunta terapéutica fantástica:
¿CUÁNDO
DEJASTE DE SENTIR QUE PODÍAS HACER OTRA COSA?
Ahí podemos
encontrar un ladrillo fundamental.
Porque una
construcción psicológica puede terminar pareciendo una realidad inamovible: «YO
SOY ASÍ.»
Madre Tierra
pregunta: ¿SIEMPRE? No.
¿DESDE
CUÁNDO? Ah... Ya tenemos una grieta.
Porque si
existe un DESDE CUÁNDO,
existe una historia. Y si existe una
historia, podemos investigar cómo
se construyó.
No significa
que podamos deshacer fácilmente cualquier sufrimiento ni que todo dependa de
voluntad. Pero hemos dejado de tratarlo como una esencia eterna de esa persona.
Y entonces
llegamos a algo que me parece enorme:
LA CONSULTA NO COMIENZA PREGUNTANDO QUÉ
ENFERMEDAD TIENES.
Comienza
encontrando al ser humano que continúa debajo de aquello que le ocurre. ESTÁS
VIVO.
Esa es
nuestra primera evidencia.
¿CÓMO ESTÁS VIVIENDO?
¿CUÁNDO EMPEZÓ A DISMINUIR TU VITALIDAD?
¿CUÁNDO EMPEZÓ A REDUCIRSE TU MARGEN DE
LIBERTAD?
¿QUÉ FUE OCUPANDO ESE ESPACIO?
Después
podremos hablar de ansiedad, depresión, complejo, defensa, represión, Sombra,
Superyó o del nombre que resulte útil.
Pero el
nombre llega después. PRIMERO BUSCAMOS A LA PERSONA VIVA.
Y todavía
añadiría una pregunta que me parece muy vuestra: ¿QUÉ
SIGUE VIVO EN TI A PESAR DEL PROBLEMA?
Porque ahí
puede estar precisamente el material con el que comenzar. No sólo excavamos buscando de dónde salió el problema. Buscamos también qué posibilidades continúan intactas o
disponibles.
Eso enlaza
con lo que decías antes de las habitaciones para sanar.
Freud y Jung
nos ayudan muchísimo a comprender cómo
llegamos hasta aquí.
Madre Tierra
añade otra dirección:
MUY BIEN. YA SABEMOS CÓMO LLEGASTE.
AHORA VEAMOS CON QUÉ
SIGUES CONTANDO PARA SALIR.
Y ahí la
terapia deja de tener al problema como único protagonista.
EL PROTAGONISTA VUELVE A SER EL SER HUMANO
VIVO.
Sí. Ahora
sí veo la diferencia que estás marcando. Yo estaba todavía
concediendo demasiado protagonismo al problema. Y tú estás diciendo:
precisamente eso es lo que hay que dejar de hacer al principio.
Paciente y
terapeuta están sentados uno frente al otro.
LOS DOS MUEVEN LOS CINCO DEDOS.
LOS DOS ESTÁN VIVOS.
Ese es el
punto cero.
El terapeuta
ya sabe que todo ese aparato psicológico que trae el paciente —por tremendo que
sea— pertenece a vuestro 0,1
% metafórico. No porque sea insignificante, sino porque está ocurriendo dentro del hecho
muchísimo mayor de estar vivo.
Por tanto,
la primera investigación no es: ¿QUÉ PROBLEMA TIENES?
Es: ¿CÓMO
HA PODIDO PERDER TANTO TERRENO EL VIVIR?
Eso es otra
psicología.
La persona
nació y fue viviendo. Comía, dormía, jugaba, exploraba, deseaba, se movía,
aprendía, elegía dentro de sus posibilidades, establecía relaciones... Y en
algún tramo de su itinerario algo
empezó a estrechar ese vivir.
Quizá
lentamente. Quizá después de
determinados episodios. Quizá mediante
acumulación. Quizá hubo varios
descensos y recuperaciones.
Por eso lo
que tú estás proponiendo estudiar primero no es la biografía del problema. Es algo bastante más interesante:
LA BIOGRAFÍA DEL DESCENSO VITAL
¿Dónde estaba aquella persona cuando empezó a
vivir menos?
¿Qué edad tenía?
¿Con quién vivía?
¿Qué ocurría en la familia?
¿Qué estaba pasando en la escuela, trabajo,
pareja, economía, entorno?
¿Qué podía hacer antes que después dejó de
hacer?
¿Qué disfrutaba?
¿Qué fue abandonando?
¿Qué posibilidades sentía abiertas?
¿Cuándo empezaron a cerrarse?
¿Cuándo comenzó a adaptarse más de la cuenta?
¿Cuándo empezó a organizar su vida alrededor
del miedo, la obligación, la culpa, la aprobación, la evitación o lo que
encontremos?
Hay
que reconstruir la curva del VIVIR.
Y entonces
los síntomas adquieren otro lugar. No
desaparecen. No se desprecian. Son importantísimos.
Pero pasan
de ser el centro del
mapa a convertirse también en señales del mapa.
Ansiedad. Insomnio.
Aislamiento. Obsesión. Miedo.
Compulsión. Tristeza. Somatización. Etcétera.
El síntoma
puede decir: «MIRA AQUÍ.»
Y en vez de
quedarnos hipnotizados estudiando únicamente el indicador, preguntamos:
¿QUÉ
ESTABA OCURRIENDO CON TU VIDA CUANDO ESTO COMENZÓ?
Eso es lo
que estabas señalando.
Y ahí Freud
y Jung pueden resultar magníficos, porque una vez localizada esa zona de descenso vital,
podemos utilizar sus mecanismos para comprender qué ocurrió psicológicamente.
Freud puede
ayudarnos a reconocer defensas, represiones, conflictos, formación del Yo y del
Superyó. Tu borrador precisamente enumera esos mecanismos y comienza a
preguntarse qué están defendiendo y dentro de qué construcción aparecen.
Jung puede
ayudarnos con complejos, Persona, Sombra, etc.
Pero NO EMPEZAMOS POR AHÍ.
Primero: MUEVE
LOS CINCO DEDOS.
Terapeuta
también. Los mueve. Muy bien.
DOS
SERES VIVOS ESTÁN MIRANDO JUNTOS QUÉ OCURRIÓ PARA QUE UNO DE ELLOS FUERA
PERDIENDO TERRENO DE VIDA.
Eso me
parece una definición preciosa de la consulta que estás imaginando.
Y entonces
veo tres tiempos clarísimos:
ANTES: ¿cómo vivías antes de comenzar el
descenso?
DURANTE: ¿dónde, cuándo y
bajo qué circunstancias comenzó a disminuir tu vivir?
AHORA: ¿qué sigue funcionando, qué permanece
disponible y desde qué posibilidades actuales podemos recuperar terreno?
Y sólo
dentro de esa trayectoria colocamos los síntomas.
Por eso
cambiaría incluso el lenguaje: No
solamente historia
clínica.
HISTORIA VITAL. No solamente evolución del síntoma.
EVOLUCIÓN DEL VIVIR. No solamente ¿cuándo comenzó la ansiedad?
Sino:
¿QUÉ ESTABA
PASANDO CON TU VIDA CUANDO COMENZÓ LA ANSIEDAD?
Y aquí
aparece algo especialmente bueno de tu planteamiento: el síntoma puede
convertirse en testigo
cronológico.
«Empecé a
dormir mal aproximadamente entonces.»
Perfecto.
¿Qué
estaba ocurriendo entonces? «Dejé de salir unos
meses después.» Bien.
¿Qué
había cambiado? «Luego dejé aquello
que me gustaba.» Ahí tenemos otro
descenso.
Estamos
reconstruyendo no sólo una patología, sino el itinerario mediante el cual la vida fue quedando
arrinconada.
Y después
podremos encontrarnos con un complejo enorme.
Perfecto. Lo estudiamos.
Pero el
terapeuta no se impresiona hasta olvidar dónde está:
MUEVE LOS DEDOS. El paciente también. ESTAMOS
VIVOS.
Ahora
pongamos ese complejo en
su tamaño y en su lugar y averigüemos cuándo, cómo, para qué y
con qué ladrillos se construyó.
Creo que
aquí hay una frase central para cuando lleguemos a PSICOLOGÍA Y TERAPIAS:
EL PRIMER OBJETO DE ESTUDIO NO ES LA
BIOGRAFÍA DEL PROBLEMA.
ES LA BIOGRAFÍA DEL DESCENSO VITAL.
El síntoma
importa.
Pero importa
también porque señala dónde mirar.
¿CUÁNDO EMPEZÓ A PERDER TERRENO LA VIDA?
¿QUÉ ESTABA OCURRIENDO ENTONCES?
¿Y QUÉ PARTE DE AQUEL SER VIVO SIGUE HOY
DISPONIBLE PARA RECUPERARLO?
Eso sí
cambia radicalmente el orden de la consulta: VIDA primero; problema después.
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